Emanuele Montibeller: “Necesitamos volver a establecer un vínculo entre nosotros y el infinito, y el arte sirve para eso”

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Arte Sella es un lugar único. Es un bosque, una montaña, un museo, una manifestación artística… Exhibe obras de arte realizadas por diversos artistas específicamente para ese lugar y que, en su mayoría, acaban desapareciendo. La película Arte Sella. La ciudad de las ideas muestra el proceso de trabajo de alguno de esos artistas. En Taro de Tahíche el día 10 de mayo, se exhibió este documental, en el que aparece uno de sus fundadores, Emanuele Montibeller, explicando cómo trabajan y cuál es la filosofía del lugar.

Al finalizar la película, Montibeller intervino para explicar a los asistentes cuál ha sido el camino. Contó que conoció en una ocasión a César Manrique, quien le dijo que creía “en este lugar”, en Lanzarote, “y ese sentimiento es muy importante”. Arte Sella tuvo tres promotores, vecinos de la aldea más cercana, Borgo Valsugana. Para empezar, no buscaron a intelectuales ni artistas, sino a personas con profesiones sencillas, “porque es importante para un modelo cultural contar con personas con trabajos comunes”. “Es importante partir desde la sencillez”, dijo.

En Arte Sella reciben a artistas “y cuando atraes visitantes debes cambiar de actitud” porque los artistas tienen otra visión del lugar “y hay que estar dispuesto a cambiar”. Contó Montibeller que ha sido muy difícil construirlo, que han tenido muchas dudas y ha habido decepciones, pero ese lugar, que es un lugar para los demás, les ha cambiado a ellos mismos.

Arte Sella transmite emociones “y rellena mentes”, y para Montibeller es un icono de la esperanza, porque la cultura es esperanza. También dijo que, igual que en Lanzarote hay miedo de que sea visitada por demasiadas personas, pasa lo mismo en Arte Sella y por eso hay que restringir la entrada y poner límites, que no sólo es bello y necesario, sino que es el acto más creativo que llevan a cabo. Señaló que, aunque Arte Sella tiene una vertiente económica y hay personas que viven de su trabajo ahí, sus decisiones nunca tienen un punto de vista económico, sino cultural. En el turno de preguntas explicó que los artistas no siempre entienden el lugar o se adaptan a él, pero les muestran sus sueños y en Arte Sella se encargan de construirlos. “Es bonito y divertido”.

En Arte Sella no quieren decidirlo todo y de hecho es la Naturaleza quien acaba terminando las obras de los artistas, y el 99 por ciento de ellas acaba desapareciendo. “Por eso siempre digo que mi obra favorita es la próxima”. Por eso, también, Arte Sella es “crecimiento absoluto”. Explicó que a pesar de que los tres promotores eran vecinos de esa comunidad, se convirtieron en extranjeros porque empezaron a hablar otro idioma. Cuando comenzaron con el proyecto, los vecinos se enfadaron porque cambió la identidad del pueblo, “algo inevitable”. Algunos vecinos renunciaron a querer entender Arte Sella, y a Montibeller eso le preocupó menos que si todos hubieran estado de acuerdo “porque eso sería una dictadura cultural”. “Nos interesa que nos entienda la comunidad pero a veces nosotros tampoco nos entendemos a nosotros mismos”.

El promotor de Arte Sella dijo que la identidad de la Fundación César Manrique es la identidad de su asociación porque “su planeta es nuestro planeta”. “Son lugares de excelencia y transmiten mensajes a las personas en el día a día”. Para Montibeller, “necesitamos la belleza para imaginar mundos distintos”. De hecho, la calidad de la belleza quizá se mida en términos que aún no conocemos: “La belleza nos ayuda a imaginar un mundo infinito”. Para explicar esto, se remontó al nacimiento de Arte Sella, cuyo catalizador fue la catástrofe de Chernóbil (1986). “Ahí entendimos que el mundo era frágil, y somos la primera generación en pensar que quizá el planeta no sobreviva a nuestra existencia”. Según Montibeller, “hemos roto esa relación con lo infinito, que no son las estrellas, sino las plantas y las flores”. “Necesitamos volver a establecer un vínculo entre nosotros y el infinito. Y el arte, en esta época, sirve para eso”.

Terminó señalando que, igual que hizo César con Lanzarote, ellos intentan entender lo que el lugar les regala. “El legado más importante es el espacio para vivir, ése el verdadero patrimonio, no las obras de arte”.

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