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Agustín Hernández Aja: «La resiliencia urbana: enfocar los problemas como palancas de transformación»

“De la vulnerabilidad a la resiliencia urbana”. Un camino aún por recorrer que transitó Agustín Hernández Aja en la sala José Saramago el día 7 de junio. El destino de ese camino, la resiliencia, es un concepto aún novedoso para el urbanismo, donde no tiene una definición clara, pero que sí aparece en las políticas nacionales e internacionales. El ponente señaló que “podemos aprovechar en esa ambigüedad del término para realizar nuestro análisis”. Dentro del planeamiento urbanístico, apostó por centrar ese análisis en buscar soluciones complejas, no solo locales, y que se puedan mantener en el tiempo.

La resiliencia es la capacidad de volver al estado original después de haberse provocado una deformación o un trauma, aunque en lo social no está claro cuál es ese estado original. Aplicada a una ciudad o espacio urbano, podría ser la capacidad de un espacio para volver a ser funcional, o al menos de mantener su estructura social. El concepto se ha incorporado a los 17 objetivos de desarrollo sostenible en la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Está en el objetivo número 11, que habla de lograr que los asentamientos urbanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Por otro lado, instituciones y empresas ya han incorporado estos 17 objetivos “que antes eran considerados inadecuados pero ahora están revestidos del lenguaje que da el documento aprobado por la ONU; es una marea que ya ha llegado a todos los sitios”.

Hernández Aja, profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, estudia la vulnerabilidad urbana en los barrios desde los años noventa. En esos estudios se analizan tres parámetros: población sin estudios, desempleo, y viviendas sin servicio o infraviviendas, y en base a esos estudios periódicos obtiene herramientas suficientes para determinar la vulnerabilidad: todos los problemas pero también todas las oportunidades de cada barrio. “Algunos autores —señaló el ponente— sugieren que la resiliencia y la vulnerabilidad son polos opuestos del mismo continuo”. Es una forma de ver los problemas como palancas de transformación.

A esos problemas hay que incorporar también los problemas ambientales, y el reto sería saber qué hay que hacer para acercarse a un equilibrio en recursos y en residuos, ya que gran parte de los problemas sociales ocurren por falta de recursos, porque se han superado los límites, y se han originado ciudades, lugares y territorios vulnerables y degradados. Hernández Aja señaló que van a realizar un estudio sobre la construcción institucional para la sostenibilidad urbana y el derecho a la ciudad, que aporte las herramientas en accesibilidad, movilidad, bienestar o paisaje urbano… para poder actuar en todas las categorías de regeneración urbana.

Sobre la participación ciudadana, señaló que hay que huir de la “cultura del ‘post-it”, que supone que varias personas se reúnen y plantean una serie de soluciones escribiéndolas en esos pequeños cuadrados de papel de color amarillo, pero sin información y sin estructura, tan sólo fijándose en sus necesidades personales o de su colectivo. Hernández Aja dijo que la participación ciudadana “es una negociación en base a una información” y que necesita que haya confianza sobre la información de que se dispone. “La participación es un compromiso del que llama a la participación, y debe aportar sus objetivos y la información que tiene”.

El proceso de participación también es un proceso de resiliencia porque permite conocer a los ciudadanos. La resiliencia puede ser un motor de la transición, pero también tiene unos peligros asociados a ese concepto. Entre ellos, la adaptación como resignación a las agresiones, el abandono de políticas para solucionar problemas y sustitución de ellas por programas para paliar sus efectos, tener una visión conformista o renunciar al potencial transformador de la sociedad. Frente a esto, una “resiliencia fuerte”, según el ponente, sería hablar de oportunidades y no de problemas, articular dimensiones frente a la crisis ecosocial, tener capacidad para adaptarse a los cambios, contar con equidad, información, una conciencia de los límites ambientales y el respeto a los ciclos naturales. La polarización, señaló Hernández Aja, entre lo actual y lo posible, que necesita a su vez de la participación.

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08 de junio de 2018