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La Fundación César Manrique solicita al Cabildo de Lanzarote que, en concierto con los Ayuntamientos, cree un marco normativo que regule la publicidad en la isla y acabe con el desbarajuste actual

Evitar o mitigar el impacto de los soportes publicitarios en el territorio constituyó un ingrediente estético y simbólico en el modelo paisajístico defendido por César Manrique para Lanzarote. Proteger y mantener el territorio insular limpio de los impactos visuales de las vallas publicitarias fue un empeño del artista del que siempre se sintió orgulloso. Del mismo modo, defendió que, en los entornos urbanos y zonas industriales, la presencia de la publicidad y la señalética comercial estuvieran reguladas por ordenanzas y directrices claras que limitaran su potencial impacto negativo y no afearan los entornos. Trabajó en esta dirección asociándose a las instituciones públicas insulares.

Esta sensibilidad contribuyó a dotar de carácter propio y estético a buena parte de dichos elementos, atendiendo a su diseño, localización y escala, compatible con la imagen paisajística integral de Lanzarote que se deseaba proyectar y con su propósito de dotar de singularidad a la isla en su conjunto. De hecho, hasta hace algunos años, la contención de los grandes soportes publicitarios (que ayudó asimismo a dibujar la “marca Lanzarote”), pionera en Canarias, fue reconocida, dentro y fuera, como un valor añadido y distintivo del patrimonio cultural y paisajístico insular en el contexto de la industria turística.

Sin embargo, asistimos hoy a un proceso de degradación paulatino, creciente y alarmante, que menoscaba y empeora la calidad del paisaje natural y urbano de Lanzarote, en particular en los polígonos comerciales e industriales, amparado por la pasividad de las administraciones públicas. Como ocurre en otros aspectos de la realidad insular, se está produciendo un preocupante alejamiento de las pautas del ideario estético de César Manrique que durante décadas imperó en la isla y que la sociedad lanzaroteña ha reconocido como parte de su identidad moderna. Sin duda, una merma patrimonial que afecta también a la cultura territorial insular, y que nos adentra en la estandarización, el mal gusto y la cultura de la franquicia, desdibujando los rasgos de singularidad propios.

En la actualidad, se multiplican fachadas y paredes medianeras en zonas urbanas e industriales —que son en sí mismas verdaderas vallas publicitarias—, con rótulos, luminosos, carteles, murales, pinturas llamativas, letreros…, con publicidad de gran tamaño y presencia, en un caótico desorden, escalas desproporcionadas y banalización impropia de la tradición moderna de la isla. Sucede lo mismo con los soportes exentos en equipamientos de negocios, que estandarizan y vulgarizan los paisajes urbanos. Por desgracia, la proliferación farragosa de la publicidad se ha extendido también en su aplicación a las guaguas públicas y privadas, hasta hace poco tiempo al margen de esa función de soporte publicitario.

Desde la Fundación César Manrique, se hace un llamamiento a las instituciones públicas de Lanzarote para que se interesen por este asunto que afecta severamente a la percepción paisajística de la isla. En este sentido, se solicita al Cabildo de Lanzarote que adopte las medidas que estime oportunas para que, en concierto con los Ayuntamientos, aborde de inmediato esta problemática implantando marcos normativos coordinados de carácter insular y municipal que permitan frenar y reorientar sin dilación la anarquía existente en materia publicitaria. Y, mientras tanto, que se apliquen con celo y se hagan cumplir las ordenanzas municipales e insulares existentes en relación con este asunto. 

28 de abril de 2017