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Salvador Rueda en la FCM: “Resolviendo los problemas de movilidad se soluciona la mayor parte de los problemas de un territorio”

Salvador Rueda, director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, impulsor de las supermanzanas, ofreció en la Fundación César Manrique el pasado 22 de junio la conferencia La transformación de la movilidad y el espacio público de las ciudades, basado en las supermanzanas. Comenzó señalando que el cambio de hábitos “genera resistencias increíbles” y que “ganarán aquellos que estén a favor de moverse con medios alternativos al coche”. Al terminar su intervención, volvió al principio para asegurar que los opositores a estas medidas “chillan mucho”, pero no son nunca más del tres por ciento. Rueda trabaja en cincuenta ciudades en todo el mundo (Nueva York, Quito, Moscú Buenos Aires o Madrid, entre otras) y señaló que “hay que educar” a la población y que “resolviendo los problemas de movilidad se soluciona la mayor parte de los problemas de un territorio”.

Las supermanzanas son células urbanas de unos 400 metros por 400 metros, en cuyo interior se reduce al mínimo el aparcamiento de vehículos en superficie y el del tráfico motorizado (residentes, servicios, emergencias, carga y descarga). La velocidad a pie se iguala a la velocidad en coche. El tráfico circula por las vías perimetrales.

Rueda habló del Plan Cerdà, del ingeniero Ildefonso Cerdà, creador del Ensanche de Barcelona y precursor de las supermanzanas en el Siglo XIX. Partía de esa idea de célula urbana en su libro Teoría general de la urbanización, que no se conoció hasta 1972. Cerdà quería solucionar los problemas de higiene, equidad y movilidad. Era “un cambio total”, con más espacio para cada ciudadano, mayor anchura de las calles y muchas zonas verdes. Este planteamiento se produce antes de la llegada del ferrocarril y en la transición entre la ciudad orgánica y la ciudad industrial. “Cada modo de locomoción genera una forma de urbanización” –recordó Rueda, haciéndose eco de Cerdà–, “y ahora sufrimos de la enfermedad del transporte. Actualmente, nos hemos empeñado en que los coches vayan por todos los tramos de todas las calles, y las velocidades son ridículas. Es absurdo e ineficiente y tiene consecuencias negativas para los ciudadanos”.

Que los coches vayan por todas las calles da como resultado que uno de los pocos derechos ejercidos en la ciudad sea el del desplazamiento; y es la guardia urbana la que garantiza ese derecho. “Ellos gestionan la ciudad, y nuestra máxima aspiración es la de ser peatones –dijo Rueda–, aunque ‘peatón’ también es un modo de transporte… y no es la de ser un ciudadano. Hemos rebajado nuestras aspiraciones, nos han ganado la partida y nos han sorbido el seso”, señaló.

Rueda llegó a la idea de supermanzana en 1987, cuando dirigía los servicios técnicos del Ayuntamiento de Barcelona. “Entonces, me dijeron que estaba sonado y hoy, está aprobado el proyecto”. Explicó que, en las calles con vehículos, el ruido siempre está por encima de 65 decibelios, lo que impide entender una conversación a un metro de distancia. “…Y lo único que me preguntaban era si se iba a colapsar el tráfico”. Afirmó que reduciendo sólo un 13 por ciento de los vehículos, se libera un 70 por ciento más de espacio público. Además, mejoran las condiciones ambientales en toda la ciudad. Es una solución equitativa, y se garantizan otros derechos: “Ahora es imposible que un niño juegue en la calle si los coches van a más de 20 kilómetros por hora; y que un niño no tenga independencia en la ciudad es un fracaso”. “Sería el proyecto de reciclaje más importante del mundo, sin tirar una sola casa”, aseguró. Rueda considera que el vehículo del futuro para la ciudad es la bici eléctrica. No contamina, no hace ruido y es competitiva con el coche a distancias de hasta once kilómetros. “Imaginen las carreteras de Lanzarote acondicionadas para esta bici”, dijo.A su juicio, lo que define la ciudad son dos elementos: la existencia de espacio público, “que no es lo mismo que espacio urbanizado, porque en el espacio público se hacen efectivos los usos y derechos de los ciudadanos”, y, por otro lado, la reunión de personas jurídicas, que atesoran conocimientos, en un espacio limitado y trabajando conjuntamente. Frente a esto se encuentra ‘el suburbio’, que es el “desierto urbano”. La parte “más radical del proyecto de supermanzanas es cambiar el concepto y pasar de peatones a ciudadanos”. “La supermanzana está hecha para que la gente se desarrolle y crezca en el lugar donde vive, sin miedo a ocupar el espacio público”.

Por último, señaló las consecuencias del modelo actual: en Barcelona, cada año mueren 3.500 personas por la contaminación atmosférica, hay 54.000 ataques graves de asma y muchos otros problemas que relacionan los trastornos de salud con la polución. Las supermanzanas reducen “de forma muy importante” la contaminación atmosférica y el ruido. “El Born fue la primera supermanzana. Era una zona marginal y ahora casi se ha convertido en un exitoso parque temático; nos hemos pasado porque no tenemos mecanismos para competir con la inversión privada y combatir la gentrificación… y porque no se ha hecho lo mismo, simultáneamente, con otras zonas de la ciudad”. “Si alguien tiene una fórmula mejor para resolver todos los aspectos, de agua, energía, derecho al ocio, sanidad y movilidad, que la explique porque tendremos que publicitarla”, finalizó. 

Nota de prensa en PDF:

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26 de junio de 2017