Joaquín Araújo durante su conferencia en la FCM
Joaquín Araújo durante su conferencia en la FCM
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Joaquín Araújo: Renunciar al petróleo no provocaría un colapso, porque el colapso ya lo ha provocado este modelo energético

El problema del petróleo en Canarias es “crucial y urgente” porque supone “plantearse si debemos seguir por la vía de la trampa con nosotros mismos o entregarnos más a los designios de los devoradores que lo saquean todo”. Así comenzó Joaquín Araújo su conferencia ‘Hacia la transparencia. Canarias sin prospecciones: un nuevo modelo energético’, dentro del espacio de reflexión Fronteras y direcciones del progreso. Para el naturalista, que inauguró las actividades de la Fundación César Manrique (FCM) este año, al igual que ya lo hiciera en 2007, la FCM se alinea en la pelea más importante del momento, la de la transparencia. “Devorados los elementos básicos de la economía, descuartizado el territorio, comprometido de forma irracional el porvenir, el último asalto es hacia las ciudadelas de la inteligencia”, dijo Araújo, que considera que lo que le ocurre al aire no se puede desligar de lo que ocurre a lo social, lo político o lo cultural porque “la contaminación del aire es vírica y se contagia a los espíritus”. La transparencia, para él, es más que básica, porque es la primera materia prima de casi todo lo que importa. “No hay un solo proceso esencial para la vida que no tenga como primer manantial la transparencia”, señaló. Y al igual que la transparencia es materia prima, también lo es la comprensión, para la comunicación, que está amenazada de una opacidad creciente.

Por lo tanto, no se puede comprender sin partir de la transparencia, mientras que su carencia, “el encadenamiento de mentiras”, es precisamente el punto de partida de la crisis, que ha puesto en el filo de la navaja al proyecto de una civilización entera. “La transgresión de las normas —según Araújo— es lo que nos lleva a esta situación” y de forma paralela “no le pasa nada distinto al medio ambiente de lo que sucede a su sociedad y su modelo energético”. Para definir a ese modelo recurrió a María Zambrano, que afirmaba que “toda exacerbación acaba por negar lo que pretendía afirmar”, porque “a fuerza de buscar la comodidad y la velocidad hemos llegado a esta situación. Nuestro modelo energético es bulímico, es un insaciable consumidor de muchísima más energía de la necesaria y eso se ha considerado imprescindible”. Según el naturalista, se puede hacer lo mismo consumiendo un cincuenta por ciento menos de energía. No haberlo logrado supone también un fracaso de la tecnología, por no haber alcanzado a imitar la eficiencia de la Naturaleza, que consigue mucho con muy poco. Las máquinas consiguen una eficiencia energética del diez por ciento, las personas del sesenta y la mayoría de los animales del ochenta. El mosquitero musical, un pájaro de siete gramos de peso, es 30.000 veces más eficiente que los cohetes que propulsan naves al espacio. 

Frente a estas materias primas, “algunos convierten la mentira en su materia prima” y dicen que “está bien destruir la transparencia porque es rentable”. Según Araújo, para comenzar a contemplar las cosas con transparencia no se puede argumentar permanentemente que la renuncia al petróleo provocaría un colapso, porque el colapso ya está provocado por este modelo energético “y es demostrable científicamente”. Araújo se preguntó cuánto dinero se habría ahorrado Japón si hubiera cerrado su última central nuclear hace un año y no ahora, y trasladó esa misma lógica a las prospecciones en Canarias, advirtiendo de que ante un accidente de segundo o tercer orden, ya hay que poner en la contabilidad cuánto se merma de lo esencial, de las comunidades vivientes. Dijo que aunque el petróleo haya traído beneficios indiscutibles, desde el punto de vista de la economía ecológica, no ha obtenido beneficios. “Sólo con restar las vidas humanas que este modelo energético se ha llevado por delante ya no salen las cuentas”, subrayó el conferenciante, que cree que apostar por no erradicar este modelo energético ya nos puede estar costando mucho, y puso varios ejemplos. El primero, el del economista Nicholas Stern, que trabajó para el Banco Mundial y el Gobierno británico y concluyó en un informe en el que informaba que si no dedicamos el uno por ciento del Producto Interior Bruto al cambio de modelo energético, en treinta años el cambio climático hará que merme entre el quince y el veinte por ciento la economía mundial. El segundo: en la década de los setenta las compañías de seguros pagaron 40.000 millones de euros por catástrofes relacionadas con el petróleo mientras que en la primera década del Siglo XXI esa cifra llega hasta los 740.000. Y el tercer ejemplo: España pagó a la Unión Europea el año pasado 1.600 millones de euros por incumplir con la contaminación atmosférica. Araújo insistió en que “lo que le hacemos a la atmósfera genera una deuda económica directa con la sociedad”. En la historia de la industria petrolera ha habido 2.500 accidentes, 200 de ellos graves y 20 han sido catástrofes “y nos dicen que es seguro, como nos dicen que son seguros el sistema financiero y las centrales nucleares”.

Para Araújo, este modelo energético también es injusto y perverso porque los que no contraen deudas con la Naturaleza también son deudores: el noventa por ciento de las catástrofes ocurre en países pobres, que son los que menos contaminan, además del daño social y político, ya que la estrategia bélica de Estados Unidos está basada en el control del petróleo. Por eso aboga por una radicalidad necesaria: elegir entre el alfa y el omega, porque en unos cuarenta años el clima no podrá soportar la contaminación, “y el clima es la ubre de todo lo que palpita en este mundo”. “No podemos vivir sin clima pero podemos vivir sin petróleo”.

Para terminar, este naturalista y escritor recordó que el modelo energético está basado en la ocultación y es una forma más de atentar contra la transparencia. Frente a esto señaló que “pelear por la transparencia de aguas y aires es igual que pedir más democracia y más visibilidad en las decisiones” y que necesitamos otra materia prima fundamental, que es la de la convivencia. Aseguró que planta cada año mil árboles “porque son fábricas de transparencia —que es la búsqueda hallada de la lucidez— porque es sensato y no se pueden agotar”. “El mejor descubrimiento que he hecho en la ética —señaló — es la palabra honesto, traducida del chino al español, que es ‘el que se alegra al contemplar el agua limpia’. No hay honestidad en este mundo si no lo somos con la transparencia del aire y el agua”.

 

Fundacin Csar Manrique - el 10/05/2012

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