Carlos Verdaguer, en la FCM
Carlos Verdaguer, en la FCM
La ciudad de las tres ecologías

Los días 6 y 7 de octubre de 2008, Carlos Verdaguer dirigió el taller “La ciudad de las tres ecologías. Una posible introducción al eco-urbanismo”.

Carlos Verdaguer (Madrid, 1956) es arquitecto urbanista, consultor de la red gea 21 y profesor asociado del Departamento de Urbanismo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (Universidad Politécnica de Madrid).

Verdaguer es experto en el diseño de proyectos integrales de sostenibilidad urbana y en la aplicación y desarrollo de metodologías de participación ciudadana asociadas al urbanismo. Entre los proyectos en que ha intervenido destacan el Ecobarrio Trinitat Nova (Barcelona), los proyectos europeos Ecocity y Steer-Snowball, el ecobarrio de Soto del Henares (Torrejón de Ardoz, Madrid). Recientemente ha participado en un concurso para el diseño de sendos ecobarrios en Logroño. Ha codirigido el Informe Diagnóstico GEO-Vitoria Gasteiz sobre la sostenibilidad urbana en el municipio y ha coordinado numerosos talleres de participación ciudadana según la metodología EASW (European Awareness Scenario Workshop) desarrollada por la Comunidad Europea.

Verdaguer es miembro del comité de seguimiento de la iniciativa CF + S Ciudades para un Futuro más sostenible (www.habitat.aq.upm.es), del GIAU + S (Grupo de Investigación para una arquitectura y un urbanismo más sostenibles), de la Comisión de Sostenibilidad del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y de la recién creada ASA (Asociación Sostenibilidad y Arquitectura, www.canalasa.es). Es también asesor del Portal Ecourbano (www.ecourbano.es), impulsado por la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona.

El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, inauguró el taller ‘La ciudad de las tres ecologías: una posible introducción el eco-urbanismo’, impartido por Carlos Verdaguer, profesor universitario y arquitecto urbanista. Gómez Aguilera señaló como punto de partida que “la Humanidad se está jugando su futuro en el escenario de las ciudades” y se abre por lo tanto el reto de su “habitabilidad y su humanización”.

Las tres ecologías a las que hace referencia Verdaguer en el título del taller  son la social, la mental y la física, ninguna de las cuales tiene sentido sin las otras dos. El director del taller hizo un recorrido histórico por las ciudades, que crecen primero  como una creación anónima y colectiva, fruto de muchas mentes y de un proceso complejo y pasan posteriormente a necesitar una planificación. El cambio principal lo da la Revolución Industrial en el Siglo XIX. Se introduce la velocidad como elemento esencial. Aparece el proletariado, la calle como escenario de la vida y aparecen los “lugares inhabitables” por primera vez. Esto permite que surja el urbanismo como disciplina paliativa. La población urbana crece sin parar (del 2% de la población mundial en 1860 al 60% en 2010). “El fenómeno urbano es imparable” y el planeta adquiere “una lógica urbana”.

Con la irrupción del urbanismo nace el mito de la homogeneidad, “un modelo abocado al fracaso”, según Verdaguer, porque “lo urbano ha venido para quedarse”  y “la venganza del lugar siempre aparece”. El trazado urbano permanece, hasta en la ciudad de Hiroshima después de la bomba atómica. Sin embargo sí que desaparecen lugares en las ciudades. Verdaguer apuntó la importancia de la desaparición de la memoria  asociada a ciertos lugares y el largo plazo necesario para que surja una nueva memoria. “No hay que respetar cualquier lugar pero hay que saber lo que implica su destrucción”. El arquitecto señaló que el ecologismo no está en contra de “no tocar nada” sino que se plantea quién toma la decisión de sustituir un lugar y si es necesario.

Si no existe la planificación, la ciudad se crea a golpes de  espontaneidad del mercado y cuando se acaba esa espontaneidad aparece la espontaneidad de la desesperación, y con ella la aparición de las grandes urbes y los grandes espacios de marginación. Eso sí, según Verdaguer, “es necesario planificar pero hay que tener cuidado con la ciudad que se sueña”. “Las recetas para hacer ciudades están reñidas con la complejidad de lo real”.

El director del taller apuntó unos objetivos ideales del planeamiento aunque acabó señalando que actualmente, en la práctica, “el planeamiento se convierte en un simple mecanismo regulador del mercado inmobiliario ajeno a la creación de la ciudad”. “A veces – apuntó – es el mejor que se puede hacer”. Se preguntó en voz alta si no será hora de que el urbanismo responda a su vocación originaria y se convierta en un instrumento de cambio social y de resistencia frente al poder omnímodo del mercado.

La nueva conciencia ambiental
Verdaguer citó unos principios generales de sostenibilidad frente a  los principios básicos de un modelo en crisis que se han demostrado como falsos. Entre los primeros se puede destacar que el respeto al medio ambiente es inseparable del bienestar humano y éste a su vez lo es de la equidad y la solidaridad, así como que el proceso de agotamiento de recursos y el deterioro ambiental es exponencial, entre otros.

Expuso  también los objetivos básicos  para un nuevo urbanismo, que se pueden agrupar en tres:

    • La integración en el medio natural y artificial, partiendo de lo existente y mejorándolo, ya sea sustituyendo, renovando o conservando.
    • El ahorro de recursos energéticos y materiales.
    • La calidad de vida en términos de salud, confort y bienestar social, contando con la participación en el proceso de toma de decisiones.

 Verdaguer  dibujó con palabras el mapa de la ecociudad postindustrial y señaló que la reflexión urbano- ecológica a nivel territorial sigue siendo una asignatura pendiente porque está ligada a una transformación global del modelo energético. “Estamos abocados a velocidades más reducidas”, aseguró. A su vez, enumeró las directrices básicas de la ecorregión, que comienzan con poner límites a  la dispersión, la redistribución territorial de recursos, la gestión integrada de energía y materia, la reducción de la movilidad, el reequilibrio entre entorno natural, rural y urbanizado, el fomento de la autonomía de los núcleos urbanos y la inserción de las redes globales.

Finalmente, para acabar la primera jornada del taller, citó las condiciones básicas de la ciudad sostenible, entre las que destacó el ecobarrio como unidad principal y la rehabilitación y reutilización del Patrimonio construido como una directriz fundamental para la sostenibilidad. En España hay actualmente 24 millones de viviendas y 45 millones de habitantes. “Hay pocas justificaciones para construir una vivienda más”.

La segunda y última jornada del taller ‘La ciudad de las tres ecologías’ partió de la exposición de las herramientas básicas para un nuevo urbanismo, divididas en tres grandes ámbitos: un enfoque holístico y multidisciplinar, la participación y el control de los usuarios y la evaluación y monitorización durante y después del proceso.

El director, Carlos Verdaguer, insistió durante las dos jornadas en la importancia de avanzar en cualquier aspecto que conforme  el ecourbanismo y a la vez en que sólo se puede hablar de ecociudades o ecobarrios si se avanza en todos y cada uno de esos aspectos. Señaló que cada proyecto exige una identificación diferente en función de los objetivos que se buscan y explicó su experiencia en realizar matrices de análisis o de diagnóstico para analizar dichos proyectos. “Es necesario identificar los sectores clave para establecer los objetivos de sostenibilidad”.

En cuanto a la participación, este arquitecto urbanista parte del principio de subsidiariedad: resolver los problemas lo más cerca posible del origen. Los técnicos deben apoyar el proceso de toma de decisiones con soluciones argumentadas, pero la decisión antes calidades distintas o contradictorias no puede ser técnica. La verdadera participación – destacó - no consiste en informar ni en consultar (al estilo de las alegaciones en los planes generales). “La participación  se produce cuando puedo entrar en un sitio con la idea A y salir con al B o al menos con la A+1”. Hay dos modelos contrapuestos de participación: el habitual, de arriba abajo, que en el mejor de los casos se logra una homegeneización y el participativo, de abajo arriba. “La participación es un filón, ya que es conocimiento acumulado que puede sustituir mucha información urbanística”. Advirtió también de la importancia de no crear falsas expectativas en los procesos de participación, de integrar a todos los actores desde el inicio y de no buscar el consenso en sí mismo sino la identificación de los verdaderos conflictos.

Verdaguer hizo un repaso de algunos de los pioneros en el diseño sostenible, que aquí tan sólo se nombran: Lucien Kroll, Ralph Erskine, John F. Turner, Rod Hackney, Bernard Rudofsky, Giancarlo De Carlo, Charles Abrams, Henri Lefebvre, Félix Guattari, Michel Focault, Jim Diers, Yukio Nishimura o Christopher Alexander, entre otros.

La tercera de las grandes herramientas consiste en la necesidad y los métodos de evaluación del proceso, “para aprender del propio proceso”. Señaló en tono jocoso que “el arquitecto suele ser el que no vuelve por la escena del crimen” y volvió a insistir en la importancia de medir la complejidad  para no ‘vender’ como sostenibles proyectos que sólo cumplen una parte de los requisitos.
 

Una herramienta vigente: la Agenda 21

La Agenda 21 como herramienta metodológica, según el ponente, ya contiene todos los elementos necesarios para constituir la base de un nuevo urbanismo sostenible aunque en la práctica, en España, sólo ha estado a la altura de las expectativas “cuando los políticos han permitido su aplicación coherente”. Destacó que está lastrada por la inexistencia de un marco legal y que normalmente se ha quedado en la etapa de diagnóstico y en una marca de prestigio ambiental. Como ejemplo más claro de esto último citó el caso de Madrid, una ciudad claramente insostenible con Agenda 21.

Siguiendo esta línea advirtió de que el hecho de que no haya soluciones ni fórmulas únicas para medir la complejidad de los procesos no puede ser coartada para aceptar cualquier cosa como un proyecto sostenible. Puso dos visiones sobre la sostenibilidad que representan dos extremos: la de Richard Rogers, en la que el reto consiste en incorporar tecnologías sostenibles que reduzcan la contaminación y los costes de mantenimiento de los edificios y la de los que sostienen que la única arquitectura sostenible es la que no se llega a construir, porque un nuevo edificio nunca ahorra energía y toda urbanización de un nuevo suelo es antiecológica. En este sentido, según Gunther Moewes, la rehabilitación, la sustitución de edificios o el cierre de huecos entre estos es lo único válido en la actualidad. Terminó haciendo referencia al monofuncionalismo solar, es decir, a  los proyectos pensados solamente para atender a la orientación del sol, pero que en la mayoría de los casos desatienden otras necesidades y crean otros problemas.

Como colofón del curso expuso algunos de los proyectos en los que ha trabajado a través de la empresa consultora Gea 21, como el barrio de Soto del Henares en Torrejón de Ardoz, un concurso para dos ecobarrios en Logroño o el proyecto de Trinitat Nova en Barcelona, integrado en el proyecto Ecocity, del que señaló que el resultado se ha ido desviando del planteamiento realizado originariamente.

Fundacin Csar Manrique - el 06/10/2008