Màrius Navazo: « Para cambiar la movilidad hay que pasar a la acción »

Désolé, cet article est seulement disponible en Espagnol Européen. Pour le confort de l’utilisateur, le contenu est affiché ci-dessous dans une autre langue. Vous pouvez cliquer le lien pour changer de langue active.

El geógrafo Màrius Navazo explicó en seis pasos el cambio “De la ciudad tránsito a la ciudad hogar”, el nombre de su conferencia, que se celebró el 16 de noviembre en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

Para hacer ese tránsito primero surge una pregunta: ¿podemos planificar como queramos el espacio público? “Lo primero que tiene que estar presente es que hay un marco legal que hay que cumplir”, y que regula sobre todo la salud pública (calidad del aire, acústica, seguridad vial…), y después hay otros retos, que no son obligados pero son recomendables, como la autonomía de las personas, los vínculos entre éstas y su entorno urbano o la seguridad ciudadana. “Hay una tendencia entre los técnicos -señaló Navazo -, a decir que todo se va a solucionar con las nuevas tecnologías, y son bienvenidas, pero se solucionará si hay menos coches en circulación”. La mitad de los desplazamientos en coche en España son de menos de tres kilómetros, así que se podrían hacer a pie o en bici, pero “tenemos un síndrome de Estocolmo con el coche”. “Hablamos de una vaca sagrada y no sabemos cómo tocarla”, apuntó. También hay que tener en cuenta que el espacio público es escaso, lo conforman “esos hilillos que rodean a la propiedad privada”, es decir, las calles. Y hay mucha competencia por un recurso “escaso y finito”, así que no se puede contentar a todos. Si se gana espacio para el coche se le quita al peatón y viceversa. Muchas calles se han convertido en calles pasillo, sirven para circular, “pero las calles no son carreteras”. Para iniciar el cambio, según Navazo, “la respuesta debe tener poco de técnico y mucho de ideológico”. “Las calles son espacios de conflicto y no hay soluciones mágicas”.

Llegamos al segundo punto: de las calles pasillo a las calles habitación. En las calles pasillo hemos entregado la parte central a los coches y lo que sobra, las aceras, a los peatones. Para que la gente disfrute del espacio público la hemos mandado a las zonas verdes “pero su espacio natural es la puerta de su casa”. Navazo pidió un acto de fe: afirmó que después de décadas diseñando aparcamientos y calles de paso, si reducimos ambos no pasa nada, “la actividad económica no se hunde”. Comparó el diseño de las calles con el de las casas. “¿Por qué no hacemos lo mismo que hacemos con las viviendas? Las cosas ocurren en la habitaciones, no en los pasillos, “pero el espacio público es casi todo pasillo”. En una calle habitación, el coche es el invitado, no el anfitrión, su papel el de “un invitado que pasa con pudor”, y eso se logra reduciendo la velocidad de los coches, pero no sólo con esa medida.

La tercera cuestión es dónde actuar, hay que buscar los espacios para transformar. Sólo una de cada cuatro calles de las ciudades pertenece a la red principal, aquella que te permite llegar de una punta a otra. El resto son calles secundarias. Esas son, pues, las calles para transformar.

Después del lugar, la forma. ¿Cómo actuar? “Cambiando las reglas del juego pero sin cambiar el tablero”. El reto es recortar el statu quo del coche, sin hacer obras. “Es la manera más inteligente de hacerlo”, según Navazo. Así lo hicieron en Nueva York, donde peatonalizaron Times Square sólo con pintura y mobiliario urbano. Y la intervención duró ocho años, hasta que se pudieron acometer las obras definitivas. ¿Por qué actuar así? Si se plantea una obra se acaba confrontando el modelo que ya se conoce, con algo que no se sabe cómo va a ser. Se debate una realidad frente a una propuesta, y sólo se especula. Una intervención sin hacer obras es una prueba, y sobre una prueba “no puede haber argumentos en contra, se trata de experimentar”. Dos o tres meses después se evalúa la intervención y se debate lo que es acertado y lo que no, y así se confrontan ya, dos modelos que se conocen. Tanto si la calle se queda como está como si vuelve a su estado anterior, será el resultado de una decisión colectiva, no de un cargo público ni de un técnico. “Suele ocurrir -señaló Navazo- que si no pasas a la acción sólo oyes a los que lo ven todo negro. Y, a los que les parece bien, no los conocemos porque no dan la cara, pero si cambias la calle y luego quieres volver a la situación que había, ahí aparecerán los que les parece bien el cambio para pedir que no se revierta la situación”.

Una caso práctico es la calle Ricomá, en Granollers, una calle pasillo, estrecha, con coches aparcados a un lado y poca vida. Se cambió sin coste. Se pusieron dos piezas de cemento en mitad de la longitud de la calle, con lo cual los coches podían llegar hasta esa mitad pero no traspasarla, se colocó un banco y la gente empezó a llenar el espacio público: los niños jugaban en la calle, los bares sacaron terrazas, la gente se sentaba en su puerta… A los dos meses decidieron que querían seguir así, cambiaron el cemento por un árbol, y poco después, vecinos que no se conocían unos meses antes, ya organizaron en la calle una castañada, y después una calçotada y una butifarrada.

El epílogo es el final de la conferencia pero responde a la pregunta de por dónde empezar. “Por donde tengas un aliado”. Navazo asegura que lo que tienen en común todos los lugares, todas las ciudades, es que va a haber personas y colectivos en contra del cambio, “pero en algún lugar habrá un aliado, una asociación de vecinos, un AMPA de una escuela… que esté a favor”. “Hay que hacer lo posible para que la primera experiencia funcione bien, porque si no, estás perdido”. Y si funciona bien se sumará otra aliada: “la envidia sana”. Los vecinos de otras calles querrán que también se intervenga en la suya y se quiten los coches. “Esa envidia sana sólo se activa si se pasa a la acción”, concluyó.

Nota de prensa en PDF:

fc-manrique-conferencia-marius-navazo