Nilo Palenzuela: “Me gustaría comprender que el mundo no es solo lo que vemos”

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Animales impuros —dijo Oswaldo Guerra— es un libro muy singular”. Así comenzó la introducción o contextualización de la obra, en conversación con su autor, Nilo Palenzuela, el día 28 de junio, acercando al público que asistió a la presentación en la sala José Saramago, a lo que no es el libro, que no sólo es singular en sí mismo sino también en la trayectoria de publicaciones del autor. Animales impuros tiene como características centrales: la ironía, el humor y una visión poética, en su sentido etimológico de creación.

El libro, publicado por Editorial Libros del Innombrable, se acerca a los bestiarios contemporáneos, como El libro de los seres imaginarios, de Borges, o textos de Monterroso y de Cortázar. En cuanto a su tipología textual, por tanto, podría ser un bestiario contemporáneo, pero “solo se puede ver como un bestiario de forma irónica”, así que no es un bestiario aunque se acerque. Podría ser una prosopopeya o un tratado literario de animalística, o un tratado de zoología fantástica, pero tampoco. “No es nada de esto, pero tiene partes de todo esto”, señaló Guerra. Precisamente, el libro tiene cuatro partes. La primera, Animales impuros, ofrece un acercamiento a artefactos tecnológicos como el teléfono, el ordenador, la televisión o el avión. El autor diría al finalizar la presentación que cree que son animales de verdad y que no son inofensivos. La segunda, Otros seres de entendimiento, habla de peces y aves. Rezagados sin clasificar, la tercera, es una combinación de animales y artefactos y la última, la más “poética, ética y existencial” es Arañas y recuerdos. Guerra dijo que prefiere hablar del libro como un conjunto de microrrelatos con ironía, humor y un concepto como la reificación, visto este último desde un punto de vista marxista, no como una cosificación porque se trata de cosas, sino como una alienación radical.

Palenzuela comenzó su intervención manifestando su preferencia por no hablar de sí mismo y sacudirse la erudición como hace un perro cuando sale del agua. Avanzó, eso sí, que cree que con este libro se va volviendo “algo legible” y que el humor, en la obra, como la amistad, “abrazan e invitan a comprender de otra manera”.

Guerra abrió la conversación preguntando el porqué del interés por los peces y por las aves. Palenzuela contestó que las aves le fascinan desde que era un niño, y los peces le interesan por su presencia en diferentes ritos y en la pintura. “No sé explicarlo, es enigmático”. La primera parte que escribió del libro fue Arañas y recuerdos. Por las arañas siente temor y atracción desde que le picó una de ellas, en su infancia, cuando estaba con su hermano gemelo en el granero de su casa. “Las arañas construyen geometrías extraordinarias” y tienen relación con la condición humana. “Me gustaría comprender que el mundo no es solo lo que vemos”, dijo Palenzuela, y la conversación siguió por los caminos de la memoria, del viaje, del desplazamiento, del asombro…

Al autor, que leyó varios fragmentos del libro durante la presentación, también le es extraño el término microrrelato. El libro surge por necesidad y porque su estilo siempre es fragmentario. Según su propia definición, no es un escritor de fondo, de maratón, sino de los que se cansa en cuatro metros y queda asfixiado, “medio asmático”. “No hay voluntad de estilo, sale lo que sale y uno es lo que es”. De la misma forma, admira a la gente que es capaz de creer en algo y entusiasmarse, “pero yo soy de entusiasmo corto”, concluyó.

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