Jaime Vindel y la «trampa ideológica» de las energías fósiles

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Jaime Vindel, el día 10 de abril de 2025, en la Sala José Saramago, comenzó su conferencia titulada <<Paisaje-petróleo: una historia (anti)fascista del progreso y el crimen>>, intentando responder a la pregunta de por qué la civilización industrial ha recurrido a los combustibles fósiles como energía primaria de las sociedades modernas.

Algunos autores apuntan a que “respondió a motivaciones que excedían los elementos puramente físicos o materiales de las fuentes de energía fósiles”. Entre ellos, Andreas Malm plantea que el carbón no se eligió por ser más eficiente o más barato sino “más adaptable” al nuevo régimen productivo de las ciudades y por su carácter almacenable. Hubo, por tanto, una motivación “sociopolítica”.

Por otra parte, el carbón permitía a la clase obrera mantener cierta influencia por la posibilidad de bloquear el suministro, mientras que el auge del petróleo, que no requiere de tanta mano de obra, va minando esos derechos.

Vindel abordó la dimensión estética y cultural de la energía fósil. Ideas y conceptos como la libertad o la abundancia están muy ligadas a esta industria. “La relación que mantenemos con la energía y particularmente con la energía fósil se encuentra mediada por la producción de toda una serie de imágenes y de narrativas”, señaló.

El conferenciante expuso una serie de imágenes y películas que tienen una mirada pintoresca sobre el paisaje fósil, que naturalizan “una determinada relación con la energía que ha sido funcional al poder industrial, a los poderes económicos y a los políticos hegemónicos”. 

“Esa naturalización por la cual el humo de los combustibles fósiles se confunde con las nubes no deja ser una trampa ideológica, porque en realidad habría habido otros motivos para poder recurrir a otras fuentes de energía para el desarrollo de la modernidad industrial”, aseguró. Las infraestructuras energéticas aparecen en ocasiones como garantes de una paz social frente a los grandes enfrentamientos sociales y políticos.

Se refirió a la “desaparición de las luciérnagas” anunciada por Pier Paolo Passolini, tanto en sentido literal como metafórico, una especie de “genocidio cultural” ante el avance del petróleo como una nueva forma de poder y que además se alineaba en la Italia de los años 60 y 70 con nuevas formas de fascismo. Passolini denunciaba cómo las alianzas entre empresas y entes estatales configuraban un nuevo poder.

Se filmaron en aquellos años una serie de películas que trataban de funcionar como propaganda de  esas empresas y que pretendían que el progreso energético hiciera olvidar el conflicto entre fascismo y antifascismo. En esas películas se incluían elementos costumbristas o populares dentro de una narrativa energética y se intentaban presentar cómo esos recursos aseguraban el bienestar de los italianos.

Vindel expuso el caso de Enrico Mattei, presidente del Ente Nazionale Idrocarburi (ENI) que fue tejiendo unas alianzas con la Unión Soviética o Argelia y terminó siendo víctima de un complot que acabó con su vida. Fue una época turbulenta en Italia en la que crece la extrema derecha, se van conformando nuevas formas de poder económico y político en torno al petróleo y emergen nuevos movimientos sociales. También mencionó el desastre de la planta química de Seveso en 1976, “el Hiroshima italiano”, que dio lugar incluso a un protocolo a nivel europeo para la regulación de la seguridad en esas plantas.

Terminó acercando el asunto a la actualidad, al vínculo “entre el neofascismo fósil y un cierto sadismo social” que está conformando “una suerte de pulsión de muerte que puede ayudar a explicar la aparición de ciertos fenómenos políticos contemporáneos” como el caso de Donald Trump.

En ese sentido, “Petróleo”, el libro póstumo de Passolini relaciona la denuncia de esas nuevas formas de fascismo con el desarrollo de la industria fósil en Italia y el sadismo social. Vindel considera que el vínculo entre el neofascismo fósil y el sadismo social también se encuentra en la base del apoyo a Trump, principalmente por parte de sectores “masculinos blancos heterosexuales en Occidente” (la petromasculinidad), que lo apoyan, incluso siendo conscientes de los daños que puede provocar la quema de combustibles fósiles, “la perpetuación de la ideología fósil” que resulta “ecocida y genocida en un contexto de calentamiento global”. 

Más información: Nota de prensa 

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Anatxu Zabalbeascoa: «Una acera es la verdadera democracia»

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Una de las ventajas de ser periodista es la de ver el mundo con un gran angular, de lo micro a lo macro. “Por eso acabamos elaborando una idea conectada de las cosas”. Esa visión periodística es la que expuso Anatxu Zabalbeascoa en su conferencia ‘Reconquista y renaturalización del espacio público’, el día 7 de noviembre. Un recorrido apoyado en imágenes sobre “cómo hemos pasado de construir ciudades a destruirlas” que añadió también iniciativas esperanzadoras.

Tras ese cambio destructivo se esconden varios motivos: el fundamental es el económico, la mercantilización del espacio público, pero también la relación con la naturaleza, que antes era algo temible “y después pasó a ser algo de lo que cuidar sin darnos cuenta de que nosotros también somos naturaleza”.

El coche es otro de los grandes problemas. Ha tenido un éxito incontestable y las ciudades se han adaptado a los vehículos, pero en toda ciudad llega un momento en que genera más problemas que soluciones. Y muchas de las cosas que ocurren localmente acaban ocurriendo globalmente.

Otro cambio es el paso de la ciudad informal a la ciudad formal. En España convivían las dos formas, pero la informal se ha ido borrando. “La manera informal de vivir tiene algunas ventajas que nosotros hemos perdido”.

Una consecuencia de hacer que las ciudades sean rentables es lo que pasa con las aceras. ¿Quién las hace? Porque en algunos lugares es un lujo y, sin embargo, “una acera es la verdadera democracia”. Con la misma lógica, se va privatizando el espacio público a pesar de que la calle también es un lugar de encuentro, no solo de conexión. La calle puede ser un lugar de juegos, una extensión de la casa, una escuela… “Con gente, la calle es más segura”, señaló Zabalbeascoa. Pero, en lugar de promover el encuentro, se hacen “ciudades que pinchan”, que colocan mobiliario para evitar que la gente se siente o se tumbe, como en la Puerta del Sol de Madrid. “Se invierte dinero en vallarlo todo”.

Frente a esto, la periodista de ‘El País’ puso ejemplos de intervenciones más humanas, como una acera-calle en el Carmelo (Barcelona) o una intervención relacionada con el patrimonio en Mérida que hace posible su protección y su disfrute.

Zalbeascoa abordó la irrupción de las smart city. “Los periodistas debemos sospechar siempre, pero si ponen el nombre en inglés, ya sospecho más rápido”. Anoté que estuvo indagando durante años  cuáles serían sus grandes ventajas y no encontró muchas relevantes. “La inteligencia, en la ciudad, sería, por ejemplo, que invitara a caminar”.

Comenzó a enumerar situaciones que acaban por modificar la manera de relacionarse entre las personas en una ciudad y la transforman. Una es la gentrificación, que acaba expulsando de un barrio o una ciudad a sus habitantes más antiguos a pesar de ofrecer una aparente mejora. “Si ves una galería de arte en tu barrio, ponte a temblar”. La gentrificación provoca la desaparición de la esencia de las ciudades: la pluralidad. Otra es la densificación, el hecho de crecer en altura, que ahora se cuestiona porque se considera que las ciudades intermedias son las más adecuadas.

La ‘comodificación’ (del inglés commodity) es la conversión de la ciudad, de sus inmuebles, en un bien de inversión: comprar para invertir, no para vivir, lo que altera la ciudad, por los precios y porque muchos lugares quedan vacíos. Zabalbeascoa cuestionó el empeño en construir iconos, cuando no acaban transformando la realidad de la ciudad, sino convirtiéndose tan solo en un símbolo.

La desconexión urbanística-especulativa es otro aspecto recurrente. Apuntó el caso de la urbanización que construyó Paco el ‘Pocero’, en Seseña, en medio de la nada y junto a un vertedero de neumáticos. “La arquitectura y el urbanismo tienen una relación brutal con la corrupción”. Además de este tipo de urbanizaciones, “la lacra del siglo XXI” son los adosados, que sin el coche “no funcionan”.

El urbanismo también está contra el peatón, en muchas ocasiones, pero algunas ciudades han revertido ese idilio con el coche, como Pontevedra, Copenhague, o Broadway, en Nueva York, porque “lo que hace las ciudades son las personas”. También hay actuaciones temporales, proyectos de espacios públicos que humanizan la ciudad, como el proyecto de Santo Domingo Savio en Medellín, las iniciativas del colectivo Boa Mistura pintando la calzada o los parques logrados gracias a la presión vecinal en Barcelona y otras ciudades.

De la misma manera, la aparición de vegetación en medio de las ciudades, la necesidad de combinar naturaleza y ciudad, como el proyecto Madrid Río, un parque de siete kilómetros sobre el soterramiento de la M-30 que ha sido un éxito rotundo. “Se trata de construir a favor de la naturaleza, aunque sean plazos más largos que los plazos políticos, que son de cuatro años”.

La conferenciante, antes de señalar seis puntos que se pueden poner en práctica en todas las ciudades, citó a Baudelaire: “la forma de la ciudad cambia más rápido que el corazón de un mortal”. Esos seis puntos son: asegurar la movilidad (ahí dijo que Lanzarote tiene mucho que mejorar porque se va en coche a todos lados); asegurar la diversidad; legislar y actuar contra la comodificación; restaurar (construir de forma sensible); controlar el turismo y reparar la relación con la naturaleza. Acabó con una frase de la urbanista y activista Jane Jacobs: “Las ciudades pueden proveer algo para cada uno de nosotros simplemente porque son creadas por todos nosotros”.

Más información: Nota de prensa

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Blanca de la Torre: «La cultura tiene la responsabilidad de construir relatos empoderadores para esos otros mundos que queremos habitar»

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Con la conferencia “Futuros habitables, relatos curatoriales y transiciones socioecológicas”, la historiadora del arte Blanca de la Torre quiso hacer entender al público que acudió a la Sala Saramago, el día 10 de octubre, cómo es la práctica curatorial y cómo crea la estructura de sus proyectos con el objetivo de aunar teoría y práctica.

Señaló que, en los últimos años, la práctica discursiva se ha ido alejando de la parte formal, que ella pretende acortar esas distancias y que existe un exceso de imaginarios distópicos, apocalípticos, que generan “un efecto paralizante”. Por eso, considera que el sector cultural, ante el pesimismo climático, tiene la responsabilidad de estimular la acción colectiva y construir relatos empoderadores con otros imaginarios para “esos otros mundos que queremos habitar”. En definitiva, “pensar cómo construimos nuevos modelos para entender el mundo”. De esta manera, comenzó una exposición a través de sus proyectos en el que explicaba, mediante imágenes, algunas de sus metodologías.

El primer proyecto es el más reciente: “Post Naturalis”, que acababa de inaugurar esa misma tarde en El Almacén. Es un proyecto de la artista grancanaria Cristina Déniz que se apropia de la idea de un antiguo Gabinete de curiosidades para proponer “modos más empáticos de relacionarnos con los no humanos”.

El proyecto “Isla” abarca once hectáreas en la localidad madrileña de Robledo de Chavela. Es un espacio de investigación en el que se han propuesto performances o instalaciones y cuyas intervenciones se pueden replicar en museos de otras ciudades, como Madrid o Nueva York.

De la Torre es curadora principal de la XV Bienal de Cuenca (Ecuador) y comisaria jefe de la Bienal 2025 de Helsinki (Finlandia). Dos lugares muy distintos “en las antípodas de la sostenibilidad”. Le interesa repensar el modelo de bienal, huir de aquellas que ofrecen muchos espacios para poder afrontar el reto de la sostenibilidad. Se plantea cómo hacer esas bienales “en tiempos de emergencia ecológica” y traslada las pautas que practica en los museos, a toda la ciudad. Así lo hizo en Cuenca, donde la Bienal pivota sobre tres ejes: el conocimiento ancestral y tradicional, los escenarios futuribles y un ecofeminismo crítico, que a su vez se trasforman en un decálogo de sostenibilidad que incluye, entre otros aspectos, la calidad, el concepto de kilómetro cero para evitar traslados de obras o materiales, un discurso positivo, reducción de huella de carbono, el uso de materiales naturales o la economía circular. La comisaria de arte fue mostrando las distintas intervenciones en esa Bienal.

Otro de sus proyectos es “Overview effect”, en Belgrado. Ese concepto nace del choque cognitivo que sufren los astronautas cuando ven por primera vez La Tierra desde el espacio. La exposición se pregunta si es necesario salir del Planeta para tener esa perspectiva y aborda la comprensión de las complejidades de la justicia ambiental. La segunda parte de este proyecto discurre en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria en una exposición colectiva de setenta artistas en la que se cambia la perspectiva “con los pies en La Tierra”: “Si le damos la vuelta llegamos a las mismas conclusiones”. Señaló De la Torre, que en Belgrado ya había desarrollado pautas de sostenibilidad “muy radicales” que reforzó en Canarias, donde el cien por cien fue producción local y no se hizo ningún traslado de obras o materiales desde fuera de esa isla.

“Fabular un mundo diferente” nace de la propuesta de una exposición itinerante que la comisaria adapta para que cada proyecto esté relacionado con su entorno, con su contexto, partiendo de la premisa de que una exposición “no vale para cualquier sitio”. Así, planteó la muestra como una matriz que se desarrolla en cada ciudad de manera diferente. Las intervenciones tienen una base común pero recogen las características locales, como es el caso, por ejemplo, de ‘Diálogos desde la catástrofe’, que confronta el desastre del Prestige con otra catástrofe ambiental cercana al lugar donde se expone en cada ocasión.

Terminó con otro proyecto, recién inaugurado en Granada, “Hebras y urdimbres”, que explora todas las dimensiones metafóricas en torno a la idea de tejer, una práctica asociada al mundo femenino.

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Fernández Polanco: «Crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente»

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A grandes pasos, “calzando las botas de siete leguas”, la catedrática de Historia del Arte, Aurora Fernández Polanco, recorrió con su conferencia “La naturaleza como no-paisaje: acciones, estudios y labores desde el arte contemporáneo” el camino de la separación entre la cultura y la naturaleza desde el siglo XVIII. Fue un camino convertido en comedia del arte en tres actos: el primero, para contar el nacimiento de esa distancia, el segundo con las escenas que se apropian del territorio como lugar y el tercer acto, “aterrizados ya en la tierra”, en el que expuso las prácticas actuales desde la conciencia de la colaboración necesaria entre todas las disciplinas.

El camino comenzó por pensadores como Rousseau y su obsesión por la totalidad, que ya enmarca la naturaleza como paisaje, o Goethe que se mudó a una casa en el campo, o Kant que “si hubiera tomado tierra, otro gallo nos hubiera cantado”, señaló Fernández Polanco. Son autores influidos por lo que Almudena Hernando denomina la fantasía de la individualidad, “como si no dependiéramos unos de otros”. Es un momento de sublimación en el que domina la estética de “lo pintoresco que alegra el ojo”, pero no es una mirada inocente porque existe relación entre el paisaje y la ideología, y entre el paisaje y el poder. La conferenciante puso diversos ejemplos de cómo se separa el paisaje de la naturaleza. Esos paisajes, por otra parte, se encargan de hacer invisibles los procesos de industrialización que no aparecen en los cuadros de la época. “El impresionismo cumple esa función de enmascarar la industria”. Dicho de manera más gráfica: convierte el humo en nubes.

El segundo acto: el “chispazo del como no”, haciendo alusión al título de la conferencia. Fernández Polanco puso ejemplos del siglo XX de destrucción y construcción del territorio, miradas de artistas que ponen su atención en lo que ocurría en la periferia y el exceso de construcción. Ya se considera el territorio como espacio vivido. Se trata de “ir más allá de las apariencias y aproximarse a las experiencias”, alejarse de la naturaleza como paisaje.

Y después de la naturaleza enmarcada y el territorio vivido, llega el tercer acto, el de “tomar tierra” o sentir la piedra del territorio en el zapato. Este último acto es una búsqueda de soluciones a la crisis ecosocial a través de un cruce entre los saberes populares y académicos y entre diferentes disciplinas. “La naturaleza no es exterior ni inerte” y en este acto se cuestionan las dicotomías anteriores.

Fernández Polanco destacó el trabajo de Jaime Vindel, doctor en Historia del Arte, cuya obra pone el dedo en la llaga sobre cuáles son los imaginarios “que nos han llevado a la estética de lo fósil” con el objetivo de salir de ese marco. La autora puso algunos ejemplos de trabajos de estudiantes de Bellas Artes que ya toman ese camino, con mecanismos de apropiación de espacios y “ganas de humanizar las ciudades”, como la propuesta de ‘A tomar la fresca, que es verano’, talleres de fabricación de bancos o el trabajo de la Fundación Antonino y Cinia en el pueblo leonés de Cerezales del Condado. Este tipo de proyectos toman el paisaje como un medio, no como un fin. En esa misma línea está la iniciativa titulada “El aula de las maravillas”, de Bárbara Fluxá, aparentemente un aula paleobotánica sobre las minas de Fabero que desafía la lógica dualista y en la que se cruzan la modernidad y la naturaleza, que acabó convertida en unas jornadas de diálogo. También expuso el proyecto de agrociudad de Amelie Aranguren sobre Roma y la videocreación Barruntaremos de Asunción Molinos Gordo, que habla de las Cabañuelas como método tradicional de predicción meteorológica.

Los tres actos, en definitiva, se funden en una sola preocupación: conocer y amar la pequeña parte del mundo que pisamos. Fernández Polanco terminó su intervención señalando que tanto los academicistas como aquellos que representan el saber popular, “están en el mismo saco” y estarían de acuerdo tanto en el Manifiesto por la sostenibilidad de Lanzarote de la Fundación César Manrique como en que “crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente”.

Más información: Nota de prensa

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Fernández-Galiano y la arquitectura apasionada de Herzog & De Meuron

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La mirada divergente de Luis Fernández-Galiano se posó en la sala José Saramago de la FCM sobre los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, “los más celebrados en el mundo”, según el propio conferenciante, que quiso aportar sobre ellos una mirada distinta de la habitual para revelar una arquitectura apasionada y en contacto con la Naturaleza frente al análisis habitual que los coloca en un minimalismo seco y contenido. De ahí el título de la conferencia: “Herzog & De Meuron, Dionisio en Basilea”. De los tres elementos, el primero, el nombre de los arquitectos se explica por sí sólo, el segundo, Dionisio, por la interpretación de sus obras como una pulsión hacia el paisaje y la materia, en contraposición a Apolo y lo apolíneo y la tercera, Basilea, porque es la ciudad donde nacieron ambos, donde tienen su estudio y donde han construido buena parte de sus edificios.

Basilea es el punto de partida de estos dos arquitectos que nacen en 1950, estudian juntos en Zurich y siempre han trabajado juntos. Basilea, ciudad suiza fronteriza con Francia y Alemania, “donde ha florecido la inteligencia”, según destacó el conferenciante, también es el punto de partida de su obra, que se inicia con una performance en el carnaval de la ciudad junto al artista alemán Joseph Beuys. Herzog & De Meuron comienzan su carrera influidos por su maestro Aldo Rossi quien les enseña que la arquitectura puede ser silenciosa y fría en tanto que es Beuys les muestra la exuberancia del arte.

Fernández-Galiano mostró la evolución de su trabajo a través de sus edificios, en orden cronológico. Su primera casa, la casa azul, “es una búsqueda del retorno a lo elemental que rompe con la arquitectura tecnocrática”. “Es la casa que hubiera dibujado un niño”, señaló. En esta primera etapa, también están influidos por Andy Warhol y el arte pop y utilizan elementos expresivos de ese universo.

EL PRIMER EDIFICIO

Con el diseño de viviendas consiguen éxito y reciben numerosos encargos. Su primer edificio relevante será, sin embargo, un almacén para la empresa de caramelos Ricola, con quienes seguirán colaborando a lo largo de su carrera. Tras esta edificación, el proyecto que llama la atención de la crítica internacional es una cabina de señales de tren, envuelta en cobre, junto a un depósito de locomotoras. Una importante aportación inicial a la construcción moderna, explica Fernández-Galiano, será el estudio de un pintor en el que dejan una pared dispuesta para que el óxido y los líquenes completen la pieza, introduciendo de esta manera en la arquitectura, el factor tiempo, incorporando el envejecimiento al edificio como un elemento más. La siguiente solicitud de Ricola supone “una vuelta de tuerca a la historia de la arquitectura” ya que usan el ornamento profusamente y constituye la vuelta al mundo clásico por arquitectos modernos, dando más importancia al revestimiento que a la propia construcción.

La Bodega Dominus, en el Valle de Napa (California) es su primer encargo en Estados Unidos. Se trata de un edificio realizado con gaviones rellenos de piedras basálticas. “Una obra mágica”, según Fernández-Galiano: “es materia presentada en su esencia, algo más que una construcción, es arquitectura que se siente, que se toca…”. Tras esta bodega proyectan el museo Tate Gallery de Londres, sobre una vieja estación eléctrica en el Támesis. La Tate y su sala de turbinas, que dejan vacía, se convierten en el corazón del arte contemporáneo.

EN ESPAÑA

Fernández-Galiano repasó las obras que Jacques Herzog & Pierre de Meuron han desarrollado en las Islas Canarias: la recuperación del frente marítimo y plaza en Santa Cruz de Tenerife y el Tenerife Espacio de las Artes (TEA), que tardó once años en terminarse y que incorpora una fachada carcomida que constituye una seña de identidad de los arquitectos. Así mismo, el conferenciante comentó el edificio central del Forum de las Culturas de Barcelona o la Ciudad del Flamenco en Jerez de la Frontera, aún por realizar y el futuro museo dedicado a Goya en Zaragoza. El más importante, o el más significativo en todo caso, es el edificio de Caixa Forum en Madrid, que Luis Fernández-Galiano analizó con mayor detalle.

A finales de los años noventa, su trayectoria llega a un punto de inflexión, con el tercer encargo que hacen para Ricola. Es un edificio de marketing en el que ya cortan con la búsqueda de lo vernáculo y pasan definitivamente a la empatía con la naturaleza. También fue destacada por Fernández-Galiano la construcción que realizan en Tokio para la firma Prada. En esta ocasión, se ocupan de manera especial del espacio interior, “de las vísceras del edificio”, que hasta entonces no había sido su principal objetivo. Otro tránsito más supuso la biblioteca de la ciudad alemana de Cottbus, que es una obra “casi inmaterial” en la que se trata el espacio interior con dobles volúmenes y en la que se introduce el color.

VOCACIÓN Y EXCELENCIA

Por último, el conferenciante repasó la mala suerte de estos arquitectos con los rascacielos que han proyectado, que no se han llegado a construir, aunque está previsto uno, de forma circular, para la nueva sede del BBVA en Madrid. Se detuvo también en los tres estadios que han diseñado Herzog & De Meuron: el de St. Jakob en Basilea, el Allianz Arena en Munich y el famosísimo Nido de Pájaro, que fue el símbolo de los Juegos Olímpicos de Pekín.

“Herzog & De Meuron mezclan a la perfección la vocación artística y la excelencia profesional. Le proponen al cliente lo que espera de ellos”, terminó diciendo Fernández-Galiano. De hecho, su estudio de arquitectura es el único, de los grandes del mundo, en los que ha aumentado su plantilla en este último año de crisis.

Miguel Cereceda. Chillida / Tindaya

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El 25 de septiembre de 2008, Miguel Cereceda pronunció la conferencia titulada Chillida / Tindaya, dentro del espacio de reflexión Miradas divergentes.

Miguel Cereceda (Santander, 1958) es Profesor titular de Estética y Teoría de las Artes en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido Catedrático de Filosofía de Bachillerato y profesor de Sociología del Arte en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha. Actualmente es miembro de la Junta Directiva del Círculo de Bellas Artes de Madrid, crítico de arte en el diario ABC de Madrid y Profesor Invitado en el Departamento de Arte y Nuevos Medios de la Universidad de Potsdam (Alemania).

Ha comisariado numerosas exposiciones, entre las que cabe destacar Hacia un nuevo clasicismo. Veinte años de pintura española, con obras de los escultores españoles más importantes de los años ochenta, y Desesculturas, con obras de una selección de escultores españoles de los años noventa.

Es autor de los libros El lenguaje y el deseo (1992); Kant: el uso teórico y el uso práctico de la razón (1992); El origen de la mujer sujeto (1996); Hacia un nuevo clasicismo. Veinte años de escultura española (1999); Desesculturas  (2002); El Barco del Arte (2005) y Problemas del arte contemporáne@ (2006, reed. 2008), además de diferentes publicaciones colectivas.

Ha publicado, además, numerosos textos de catálogos y colaboraciones en diversas revistas nacionales.

En el transcurso de su intervención, Cereceda hizo un recorrido por la historia de la construcción de las principales esculturas públicas y monumentales del s. XX, así como por las polémicas que suscitaron y su posterior recepción, para contextualizar el debate planteado en torno a la intervención de Eduardo Chillida en Fuerteventura desde el punto de vista del conferenciante.

Así, Cereceda citó ejemplos como la Torre Eiffel de París, La Sirenita de Copenhage, el monumento a Balzac de Rodin, la escultura de Picasso del Civic Center de Chicago, el museo Guggenheim de Bilbao o la escultura “Elogio del horizonte”, en Gijón, del propio Chillida, como casos en los que la implantación de determinadas esculturas monumentales han creado grandes controversias estéticas, sociales y económicas.

El conferenciante defendió la intervención de Eduardo Chillida en la montaña de Tindaya, en Fuerteventura, desde una perspectiva estética y por el alto valor artístico y la singularidad de la obra que, a su juicio, contribuiría a potenciar la conservación del entorno. Pidió que se desvincularan los problemas políticos y económicos del juicio estético y que se investigara en los tribunales las desviaciones que se hayan podido cometer en el desarrollo del proyecto, que censuró.

Juan José Lahuerta. Mies van der Rohe y la imagen popular de la arquitectura moderna

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El 1 de junio de 2006, Juan José Lahuerta pronunció en la FCM la conferencia Mies van der Rohe y la imagen popular de la arquitectura moderna.

Juan José Lahuerta (Barcelona, 1954) es arquitecto y profesor de Historia del Arte y la Arquitectura en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Es autor de distintos libros sobre temas de arte y arquitectura contemporáneos, como por ejemplo, entre otros,  1927. La abstracción necesaria (1989), Antoni Gaudí. Arquitectura, ideología y política (1993), Decir Anti es decir Pro. Escenas de la vanguardia en España (1999) Le Corbusier. “Espagne”. Carnets (2001), Gaudí. Antología contemporánea (2002); El fenómeno del éxtasis (2004), Japonecedades (2005), Destrucción de Barcelona (2005).

Lahuerta ha colaborado con distintos museos en el comisariado de exposiciones como Dalí. Arquitectura (Barcelona, 1996), Arte Moderno y revistas españolas (Madrid, Bilbao, 1996, con E. Carmona); Universo Gaudí (Barcelona, Madrid, 2002), o París-Barcelona (París, Barcelona, 2002). En la actualidad es asesor del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), redactor de Casabella (Milano) y fundador y director de la editorial Mudito&Co.

En el transcurso de su intervención, Juan José Lahuerta abordó la relación de la arquitectura moderna con la fotografía y los medios, un tema especialmente importante ya que, en gran parte, la imagen de esta arquitectura ha sido dada por la fotografía y las publicaciones.

La conferencia se centró en un autor, Mies van der Rohe, y, en especial, en sus obras de los años 20, desde sus proyectos de rascacielos para Berlín hasta el pabellón de Barcelona.

Lahuerta repasó la forma en que estos edificios son mostrados no en las revistas especializadas, sino en las revistas y los medios populares de la época. Un modo de intentar descubrir "otro punto de vista", no oficial, de esa arquitectura.