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Pancho Lasso. Retrospectiva.

Con la muestra Pancho Lasso. Retrospectiva, la FCM ha iniciado una nueva línea de su proyecto expositivo, dedicada a revisiones históricas, que atenderá a figuras, movimientos y periodos del arte o de autores que, por diversas causas, no han recibido la consideración crítica que merecen. Una apuesta por recoger manifestaciones artísticas descentradas o complementarias, ajenas a las atenciones dominantes, en sintonía con la situación periférica de la FCM.

En esta ocasión, a la oportunidad de reducir la mala fortuna crítica e histórica del artista elegido, Pancho Lasso, cuya personalidad está estrechamente vinculada a la recepción del arte moderno en nuestro país, se añadía, como señaló la comisaria, Josefina Alix, el hecho de que su concepción geológica, su plasticidad volcánica y su vinculación paisajística estén en el origen de la simbiosis arte-naturaleza que caracterizó la obra de César Manrique.

La exposición se articuló en torno a dos grandes apartados, que se corresponden con los dos periodos cruciales de su biografía, de lenguajes claramente diferenciados. En el primero, que cubre la producción anterior a la Guerra Civil, se recoge su etapa madrileña, determinada por su proximidad a la tertulia del “Café de Oriente”, la influencia indirecta de Rafael Barradas y fundamentalmente su fructífera relación con Alberto Sánchez y la aventura de la primera “Escuela de Vallecas”. Es la época del “arte nuevo”, de la vanguardia, de cierto primitivismo y neocubismo, que le emparenta con la renovación plástica española más radical de aquellos años.

El segundo apartado recoge la obra que realizó en Lanzarote, tras la Guerra Civil y, desde 1946, en su regreso a Madrid. Caracterizada por su proximidad a los postulados del realismo socialista, pervive en ella la proximidad a la naturaleza de su isla natal.

Nacido en Arrecife de Lanzarote, en 1904, Pancho Lasso recibió su primera formación artística en la Escuela de Artes y Oficios de la isla. En 1926, una beca del Cabildo Insular le permitió trasladarse a Madrid, donde se matriculó a la vez en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y en la Escuela de Artes y Oficios.

En la tertulia del “Café de Oriente” conoció a la figura más influyente en su carrera profesional, el escultor Alberto, que le acercó al “Arte Nuevo”. Asimiló rápidamente el ideario y las fórmulas de su maestro, con quien, junto a Benjamín Palencia, fundó la Escuela de Vallecas.

Al concluir la guerra, regresó a Lanzarote. Su arte se transformó y se inclinó por un realismo popular, cuyos motivos preferentes fueron los campesinos y pescadores de la isla, representantes del mundo del trabajo.

Volvió de nuevo a Madrid en 1946, y en esta ciudad falleció el 25 de enero de 1973.

La exposición recibió 23.323 visitantes.

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