Por qué el arte es esencial para afrontar el necesario cambio de modelo de consumo

“Vivimos tiempos de transición hacia una sociedad de menor disponibilidad energética y de materiales”. El decrecimiento, según José Albelda, es inevitable. El modelo de consumo basado en un recurso como el petróleo, principalmente, se está acabando. “Vivimos tiempos de urgencias”. Albelda es doctor en Bellas Artes, pintor, ensayista y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia. Trabaja desde hace tres años en un programa de I+D, en coordinación con José María Parreño, que es profesor de Historia del Arte en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. En la Sala José Saragamo de la Fundación César Manrique impartieron, el día 26 de abril, la conferencia Humanidades ambientales: artes y humanidades en el camino hacia la sostenibilidad. Teoría y prácticas.

Albelda señaló que los datos son elocuentes pero no se difunden mucho “porque cuestionan nuestro modo de vida”. Destacó que el cambio climático, el clima extremo, ya es evidente, y que no es aconsejable, por tanto, mirar para otro lado, sino hacer una transición equilibrada. Continuar con este modelo de consumo ya no es posible. Subrayó la necesidad de conseguir el reto de la Cumbre del Clima para 2020, es decir, hay que intentar evitar llegar a un aumento de dos grados centígrados de media de la temperatura del Planeta. “Es la apuesta que nos queda, el gran reto, y para ello hay que cambiar la sociedad de forma radical”. Para ese cambio es preferible “saber dónde estamos”. “Eso es una apuesta por la lucidez”. “Debemos estar contentos por disponer de tanta información”, dijo, algo que no les ha ocurrido a otras civilizaciones. Y todas acabaron desapareciendo.

En todo caso, no es una tarea fácil, porque “la transición hacia las energías renovables es factible para el sistema energético, pero para el industrial y para el sistema de transportes es más difícil”. Ya hemos superado la tasa de reposición de los recursos naturales: hemos consumido ya un Planeta y medio. Estamos, por tanto, en el inicio de nuestro propio declive.

En el capítulo de las soluciones, “habría que evitar las respuestas tecnocientíficas porque es difícil que lo que crea el problema pueda aportar el remedio”. En su lugar, hay que trabajar el campo de las ideas. No va a servir delegar la responsabilidad en otros porque los problemas son estructurales y es un problema de todos y tampoco va a servir aplazar la solución para otra generación. Albelda apuntó algunas respuestas que pueden ser eficaces para que haya un cambio sólido hacia la cultura de la sostenibilidad, es decir, para decrecer de forma ordenada. Para crear este nuevo paradigma es esencial la creatividad que aportan las humanidades ambientales: trabajar un pensamiento creativo, impulsar una ética de la sostenibilidad. Y esa nueva cultura debería ser holística, con una economía circular y autocontención.

Pero, ¿cuál es el lugar del arte en este escenario? Pues el arte es diverso, imita a los medios de la naturaleza, es empático con lo modelos sostenibles, colabora con el activismo y pone el nosotros por encima del yo. “El arte -señaló- será útil porque siempre ha estado vinculado al cambio, nos permite ver lo que se oculta y diseñar nuevos modelos”.

Parreño tomó la palabra para afirmar, en primer lugar, que impartir conferencias como la de la FCM no sólo es un acto académico sino también de militancia, porque no basta con saber, hay que actuar. Se preguntó, entonces, por qué no actuamos si sabemos. Y dio cuatro razones: por la dificultad de comprender lo que pasa (el sistema climático es difícil de entender), por la dificultad de percibir ese cambio (las alteraciones son dispersas y las amenazas no están bien definidas), por la dificultad de percibir el efecto que tienen las acciones que se llevan a cabo para mitigar los efectos y, por último, por el sesgo que tienen los indicadores económicos, que no miden el coste de reposición ni de gestión de los residuos, al igual que tampoco se mide en el Producto Interior Bruto los valores humanos o ecológicos.

Explicó que no nos movemos por razones, sino por emociones o sentimientos, y sin que quiera decir que tomemos decisiones irracionales, sino que las emociones o sentimientos pueden ponernos en mejor disposición de tomar decisiones racionales. Y el arte nos afecta emocionalmente y nos traslada a escenarios hipotéticos.

A partir de ahí, mostró una relación de artistas y obras de arte que transitan, de manera muy distinta, el camino de la sostenibilidad. Empezó por Andreas Polli, después por Joana Moll, que pone de manifiesto que Internet es una industria y su gran consumo de energía y agua. Siguió con los cuadros de Diane Burko sobre la evolución de los glaciares con una precisión científica, y con los retratos sobre el cambio climático de Gideon Mendel, con las instalaciones de Mary Miss, los carteles de Hannah Rothsein comparando los parques nacionales de Estados Unidos con cómo podrán ser en 2050. También hay artistas que utilizan residuos, sobre todo plásticos, como Chris Jordan y su Monte Fuji, los paisajes de Yao Lu, de Noble & Webster o las esculturas del colectivo español Basurama. Y también expuso las muestras arqueológicas de restos modernos de Barbara Fluxá, el areoceno, un globo hecho con bolsas de plástico, de Tomás Saraceno, las instalaciones de Yann Tomas o la intervención Tube Greenfort que consiste solamente en bajar la temperatura del museo al que lo inviten, en dos grados. Además, están los panales de abejas de Lucía Lorea, las propuestas de R. Graves o de Isaac Cordal, las fotos aéreas de Louis Helbig que muestran la belleza de la destrucción, de paisajes contaminados, de minas a cielo abierto…, o las imágenes, también contaminadas, de Richard Misrach, más cercanas. Y finalmente, iniciativas de activistas dentro de la propia industria del arte, como las campañas para liberar a la Tate Modern o el Louvre del patrocinio de empresas petroleras.

Tanto Albelda como Parreño citaron a César Manrique como precursor en este campo y a la Fundación César Manrique como pionera en el vínculo entre arte y sostenibilidad. Parreño finalizó diciendo que el mundo no va a cambiar por estas propuestas artísticas, porque el mundo lo cambian las personas que toman decisiones, pero que el arte es necesario para que se genere una cultura del cambio que sea el sostén de los cambios individuales y colectivos.

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La aventura de Felipe Boso: un poeta experimental conectado por carta con el mundo

Juan Antonio González Fuentes comenzó su intervención explicando quién era Felipe Boso. “Yo tampoco lo sabía antes de iniciar este libro”, aseguró. González ha hecho la selección, edición y el prólogo del libro Felipe Boso. Mi jaula es una celda. Correspondencia, 1969-1983. (Ediciones La Bahía), que presentó en la Sala José Saramago, el día 19 de abril. Pero para explicar quién fue Boso, primero explicó cómo llegó a él.

González trabaja en el Archivo Lafuente, el archivo privado en torno a las vanguardias, más importante de España, con sede en Santander, creado por un empresario quesero, José María Lafuente, que comenzó a coleccionar fondos bibliográficos para crear ese archivo. En una exposición sobre Fernando Millán, otro autor de poesía experimental, Lafuente conoce a Antje Reumann, la viuda de Boso, y aunque no llegaron a un acuerdo para adquirir su archivo personal, sí llegan a un compromiso de publicar su correspondencia, que acaba plasmada en este libro.

El libro recoge 1.001 cartas escritas o recibidas por Felipe Boso (Villarramiel de Campos, Palencia, 1924 – Meckenheim, Alemania, 1983). Nació en una familia burguesa, se traslada a Santander, después a Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), estudia en Valladolid y cursa Historia en Santiago de Compostela. Prosigue sus estudios en Salamanca y en Madrid y consigue una beca para estudiar Geología en Bonn (Alemania). Cuando iba a volver a España, en 1955, conoce a la que será su mujer y se queda en aquel país. Se convierte en traductor de escritores y poetas, tanto españoles como alemanes, y logra un gran prestigio. Trabaja de forma incansable y sufre dos infartos.

Comienza a escribir poesía experimental, en soledad, de noche, desde Alemania, y piensa que “era el único que se dedicaba a ese tipo de poesía”, señaló González, que explicó que en la poesía experimental, “todo tiene importancia, pero lo menos importante es el significado”. Boso llegó a confesar en una carta, que él se conformaba con ser “un juglar del lenguaje” y en vida tan sólo vio editado uno de sus libros: T de trama.

El editor del libro de esta correspondencia contó que a Felipe Boso se le hacía muy difícil vivir alejado de España, y así lo expresa en alguna de sus miles de cartas cruzadas con poetas y escritores. En ocasiones llega a escribir cerca de veinte cartas al día. Descubre un día a Enrique Uribe, otro poeta experimental, y a través de él contacta con más poetas, sobre todo con Millán e Ignacio Gómez de Liaño, al que ya conocía de Peñaranda de Bracamonte. Y empieza a intentar hacer una antología de poesía experimental de autores españoles. “Se complicó la vida —señaló González— porque había rivalidades que desconocía”. Su correspondencia con otros autores sí evidencia que había grupos de poetas experimentales que editaban revistas y organizaban actos en toda España, y no sólo en Cataluña, como se ha creído durante mucho tiempo. También conoce a Julio Campal, que organizaba recitales de poesía en las reuniones de las Juventudes musicales españolas, y al Grupo Problemática 63, que se acaba escindiendo y del que salen dos grupos irreconciliables, liderados por Millán y Gómez de Liaño. “Todo esto le estalla a Boso”, afirmó González, que destacó que ocurría “en un mundo minúsculo, donde no había dinero ni fama”. Boso acaba harto, se desencanta, se desilusiona, se aleja de la poesía experimental y visual y se acerca a la poesía más convencional pero siempre cercano a los poetas más alternativos. A pesar de ello, en 1978 publica en la revista Akzente un monográfico sobre literatura española y también una antología en alemán. “Escribe muchas antologías pero salen muy pocas”, dijo González: “No vio los resultados de tanto trabajo”.

La conferencia terminó con el autor reflexionando sobre el lenguaje, la cultura, las vanguardias y la capacidad del arte para ensanchar la realidad.

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La tesis de Alejandro Scarpa demuestra la influencia de la obra de César Manrique en la transformación de Lanzarote

La acupuntura urbana es “una chispa que acaba provocando un incendio”. Es un término acuñado por Jaime Lerner que se aplica a aquellas obras que han transformado una ciudad o un lugar, como el Parque Güell de Barcelona, el Museo Guggenheim de Bilbao o la Torre Eiffel de París. O como los Centros de arte, cultura y turismo de Lanzarote.

Alejandro Scarpa presentó en la sala José Saramago su trabajo de varios años, su tesis doctoral: César Manrique. Acupuntura urbana en Lanzarote. Un trabajo “que se ha convertido en una pasión”. Aseguró que se trataba de un “momento muy emotivo”. Scarpa es arquitecto y llegó a Lanzarote por primera vez en 2008. En la Facultad no había oído hablar de César Manrique, pero su obra le impresionó. “Descubrí que no era arquitecto pero lo que hacía era arquitectura”, así que decidió trabajar sobre su obra. Consiguió algunos planos, midió las obras sobre el terreno, hizo muchos dibujos, leyó cientos de artículos de prensa y entrevistó a quienes trabajaron con él. Para valorar su dimensión, también se entrevistó con algunos de los mejores arquitectos del mundo: con Fernando Menis, el arquitecto canario de mayor repercusión, y con dos premios Pritzker: Jacques Herzog y Álvaro de Siza, e indirectamente con un tercero, Frei Otto, fallecido en 2015. Los cuatro estaban fascinados por la obra de Manrique.

Scarpa explicó brevemente la biografía de César Manrique y también sus principales obras espaciales en Lanzarote, los Centros de arte, cultura y turismo. Se centró en los elementos comunes de estas obras: están realizadas en lugares degradados que fueron así revalorizados; reinterpretan la tradición en la línea de lo que decía Gaudí, que “la originalidad está en el origen”; aportan teatralidad ocultando las obras hasta el final como un elemento sorpresivo; son sostenibles incluso valorándolas con los parámetros con que se mide hoy en día; aportan desde el arte una función pedagógica y transformadora de la sociedad; se acentúan en ellas los espacios secundarios, como las escaleras e incluso los baños; están hechas en equipo, una de las claves del éxito; están desarrolladas por César de forma empírica, trabajando sobre el terreno, lo que le permite convertir los problemas en oportunidades… Y por último, se hicieron atreviéndose frente a grandes desafíos, como construir sobre un volcán o sobre un acantilado.

Las conclusiones las dividió por parámetros. Desde el punto de vista urbano, César Manrique insistió en controlar el desarrollo de la Isla, intervino, aunque fuera de forma indirecta, en la redacción de los planes insulares de 1973 y de 1991 y esa normativa se acaba propagando al resto de las islas. Desde el punto de vista paisajístico, se llega a crear un marco legal para Timanfaya y se logra el galardón de Reserva de la Biosfera. Además hay una protección legal para sus obras como Bienes de Interés Cultural. Precisamente, desde un ángulo cultural, es muy relevante —destacó Scarpa— que Timanfaya lo visiten tantas personas cada año como las que van al Guggenheim, y que entre los quince monumentos más visitados de España, haya tres de Lanzarote: Timanfaya, Jameos del Agua y Mirador del Río. A nivel mundial, comparando con la Torre Eiffel, es una sexta parte de sus visitantes.

Arquitectónicamente, la influencia de su estilo es clara en Lanzarote e incluso es un argumento-reclamo a la hora de la venta inmobiliaria de viviendas en la isla. Desde el punto de vista turístico, César apostaba por un turismo de calidad y luchaba contra un turismo de masas. Comparando las encuestas realizadas por el Gobierno de Canarias a lo largo de los años en las diferentes islas, Scarpa llega a la conclusión de que las playas de Lanzarote no son el valor que más destaca. Sus visitantes destacan la tranquilidad, la limpieza y las actividades culturales, es decir, los Centros de arte, cultura y turismo. La valoración general está un diez por ciento por encima del resto de Canarias y eso demuestra que los Centros tienen una relación directa con esta valoración. Scarpa dijo que regresaba a Lanzarote después de 4 años sin visitarla, y que ha visto cómo, gota a gota, “antenas, cables y anuncios van degradando la limpieza de la Isla; ustedes a lo mejor no lo ven, pero deben ser conscientes de que eso está pasando”.

Por último, se refirió a los parámetros económicos. Los Centros representan el ocho por ciento del Producto Interior Bruto de Lanzarote y suponen una relación directa con el 13 por ciento del empleo. En cuanto a la rentabilidad de las obras, comparando lo que costaron al ser construidas, con los visitantes que atraen, la relación oscila entre los tres y los nueve euros por persona, mientras que esa proporción en el Guggenheim es de 130 euros por persona. “Con inteligencia, pocos medios y trabajando en equipo se llegó a esto”, señaló, a tener ya cincuenta millones de visitantes. Terminó asegurando que ahora tiene intención de transformar este trabajo en un libro de divulgación, con la vocación de que se convierta en una obra de referencia.

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Carmelo Vega: «Este libro es un intento de renovar la forma de entender la historia de la fotografía en España»

La presentación de Fotografía en España (1839-2015). Historia, tendencias, estéticas (Cátedra) de Carmelo Vega, el día 15 de marzo de 2018 fue, en palabras de su autor, “una invitación a la lectura del libro”, un libro extenso (“lo han llamado ladrillo o tocho”, señaló el autor) y riguroso. No es la primera publicación del autor sobre esta materia. De hecho, el origen de este nuevo volumen está en su libro de 2011 Lógicas turísticas de la fotografía.

Fotografía en España (1839-2015). Historia, tendencias, estéticas es un libro de consulta, de referencia, un manual, y está escrito a partir de la preocupación del autor por la manera en que se ha construido la historia de la fotografía y su interés en revisar la metodología, repensar cómo se ha escrito y averiguar cuál es el lugar que ocupa la historia de la fotografía en la historia del arte. Hay dos formas de ver esa historia: una historia general o las historias de la fotografía en cada región, provincia o ciudad. “O vemos desde una perspectiva lejana, o nos detenemos en la historia local, que deja ver el detalle pero no se aprecia el conjunto”, señaló. Google Earth sirve como metáfora para explicar estas dos visiones. O se ve el conjunto o se ve el detalle. “En la fotografía española -según el autor- faltan los detalles, y al contrario, muchos detalles no están conectados con las formas globales de la historia de la fotografía”.

Carmelo Vega pasó a explicar los capítulos del libro, escritos en orden cronológico, desde la llegada de la fotografía a España, sus aplicaciones, la fotografía artística, la de vanguardia o la fotografía durante la Guerra civil, hasta la reinvención turística y las bases para una fotografía contemporánea. Se añaden dos capítulos, dos ensayos: uno sobre las fotógrafas, sobre el problema de por qué no aparecen fotógrafas en la historia, que es “una falsa ausencia porque siempre han estado en la producción y creación fotográfica”, y otro sobre la historia de la crítica fotográfica. Después llegan las notas, muy extensas y minuciosas, que se convierten “casi en un libro paralelo”. En definitiva, es un libro de referencia, “que es para lo que sirven este tipo de trabajos, para que el libro funcione como un manual universitario, pero también va más allá e intenta aportar cosas nuevas en cuanto a la metodología”, aseguró Vega.

El recorrido de la historia de la fotografía en España, según el autor, es muy reciente. Nace en 1981 con la publicación de dos libros: La historia de la fotografía en España, desde sus orígenes hasta 1900, de Lee Fontanella e Historia de la fotografía, de Marie-Loup Sougez, aunque anteriormente hubo artículos en prensa y en revistas especializadas. “Siempre hubo interés”, señaló Vega, que también añadió a esa lista varios libros de divulgación en los años setenta, y “como culminación de un reconocimiento progresivo”, el número dedicado a la fotografía en 2001 de la revista Summa artis. Paralelamente a esa historia se van construyendo las historias locales sobre la fotografía y en 1986 se celebra en Sevilla el primer Congreso de la historia de la fotografía en España.

El autor del libro destacó la importancia de los catálogos de las exposiciones y de los inventarios de los fondos de las diferentes instituciones, como hizo la Biblioteca Nacional en primer lugar, a la que le siguieron otras. Es fundamental esa labor para poder conocer a los autores y poder escribir la historia. También destacó otros modelos, digitales, como estrategias para recuperar el patrimonio fotográfico y puso como ejemplo la web de memoriadelanzarote.

Terminó señalando que no ha querido dividir la historia por regiones ni hacer un catálogo de los grandes fotógrafos, sino que aporta miles de nombres, desde los más conocidos hasta otros más olvidados, ya que ha tratado de centrar el ensayo en aspectos que tienen que ver con el contexto de la fotografía en cada momento histórico, difundiendo las grandes líneas de la fotografía sin ceñirse a las obras más significativas. El libro, en definitiva, en palabras del autor, aporta “un intento de renovar la forma de entender la historia de la fotografía en España”.

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Marc Femenia: «En España la gente piensa que el dinero público es gratis, que no es de nadie»

Marc Femenia, autor del libro España: error de sistema, que recorre fotográficamente los proyectos fallidos de la era del ladrillazo en España, mostró algunas de esas fotografías durante su intervención en la Sala José Saramago, el día 1 de marzo, y expuso algunos de los datos que recoge en el libro. “Una de las cosas que más me impresionó es la cantidad construida: entre 1987 y 2011, la superficie artificial de España se dobló, a mí eso me pone los pelos de punta”. En 2006, se iniciaron en España 900.000 viviendas, más que en Gran Bretaña, Alemania y Francia juntas, “y eso se consideraba normal”, aseguró. 

Escogió ejemplos de la burbuja inmobiliaria entre los 234 lugares que fotografió, como una urbanización “delirante” en Murcia, con 900 viviendas, 159 hangares y pista de aterrizaje, en la que sólo se terminó la pista y está sin uso. Gran parte de estas construcciones está vinculada con la corrupción: “En los papeles de Bárcenas aparecen las principales constructoras del país”, señaló. Después de las urbanizaciones llegó el turno de la obra pública: estaciones sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, edificios cerrados… Femenia destacó que la deuda pública española se mantuvo constante durante el boom y después se disparó, lo que revela que los impuestos, el dinero que generó la burbuja inmobiliaria, financió la burbuja de infraestructuras. “Y se ha seguido haciendo obras, por eso la deuda se ha multiplicado ahora”. El Plan E de Zapatero costó 13.000 millones de euros, que es la magnitud de los recortes en sanidad y educación, “es como apagar el fuego con gasolina”, creó 200.000 puestos de trabajo de una media de tres meses duración, pero la deuda que generó se sigue pagando aún hoy. Femenia señaló que “España tiene las mejores infraestructuras del mundo”, es el primer país en kilómetros de AVE y de autopistas por habitante, aunque en Francia hay cinco veces más pasajeros de AVE y en Japón, trece veces más. Muchas autopistas en España, no se usan. 

El periodista Saúl García inició la conversación con el autor y relató la historia de las dos fotografías de Lanzarote que aparecen en el libro: la urbanización Teguise Greens y el esqueleto de la empresa Hoteles Playa, ambas en Costa Teguise. El autor del libro, que reside en Suecia, explicó que fueron las últimas que hizo, aprovechando unas vacaciones. La periodista Isabel Lusarreta preguntó al autor si los ciudadanos deberían estar más indignados de lo que están porque se ha malgastado el dinero público y Femenia respondió que ha llegado a la conclusión de que en España la gente piensa que el dinero público no es de nadie, que es gratis, y por eso todo el mundo quiere obras públicas en su municipio, “y ese es un problema”. Contó que cuando iba a vender algunas de las fotos a los medios de comunicación de Suecia, había desconfianza en que se hubiera inventado las historias porque no se creían que se hicieran infraestructuras sin calcular si eran o no necesarias, sin hacer análisis previos. “A mí también me costó aceptar eso -aseguró-, lo que pasó en España no ha pasado en ningún otro sitio”.

Señaló que la cantidad que se ha invertido en construir infraestructuras, quizá se podía haber utilizado para intentar llegar a una economía de innovación y conocimiento y aseguró que no es verdad que nadie supiera “hacia dónde íbamos” porque hay muchos artículos que advierten de ello, incluso de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que fue después gobernador del Banco de España. A pesar de ello, dijo Marc que cuando comenzó con el proyecto no se imaginó la magnitud del desastre, que hubiera tantos proyectos fallidos. También pensó que la obra privada estaba desvinculada de los políticos, “pero a medida que me fui empapando del contexto me di cuenta de que se han hecho leyes para fomentar al máximo la construcción y que gran parte del dinero venía de las cajas de ahorros, que las controlaban los políticos”.

En la conversación surgió la Ley del suelo de Canarias, que vuelve a dejar en manos de los ayuntamientos la aprobación de proyectos, que es uno de los elementos que facilitó la burbuja. “A mí me falta oír -dijo Femenia- a algún político que entone un mea culpa, porque hasta el momento, hasta Montoro ha negado que haya habido una burbuja urbanística en España; y no solo es que no se quiere ver, es que ya la quieren repetir. Esos años no eran los buenos, son esos años lo que trajeron una crisis tan fuerte después”.

Lusarreta cerró el acto señalando el paralelismo con el caso de Lanzarote, donde se han dado todos los ejemplos que recoge el libro: proyectos icono, campos de golf, invasión de espacios protegidos, esqueletos de urbanizaciones, empresarios que se saltan la ley, corrupción municipal o cambios en el planeamiento para dar cabida a lo construido ilegalmente. También señaló que se han parado proyectos como Maciot Sport, las mil viviendas de Playa Blanca, la carretera de Mácher o el radar de Montaña Blanca, pero que hay “miedo” por lo que pueda venir por la Ley del Suelo, “como si fuera la gran oportunidad de la economía canaria”, porque después de que en los últimos años se ha multiplicado la población y el turismo, pero también el paro, “nos dicen que hay que continuar creciendo como si no hubiéramos aprendido nada, hacer más hoteles y ampliar la pista del aeropuerto”. “El peligro de la corrupción es que nos resignemos y que normalicemos conductas que no son normales; no podemos permitirnos dejar de escandalizarnos o indignarnos”, concluyó Lusarreta.

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La riqueza etnobotánica de Lanzarote: «Lo árido tiene sus sorpresas»

En el año 2000, Jaime Gil y Marta Peña, ingenieros agrícolas, comenzaron a recoger el conocimiento popular sobre las plantas silvestres de Lanzarote. Gran parte de ese conocimiento se ha plasmado en dos libros: Los cultivos tradicionales de la isla de Lanzarote y Usos culturales de las yerbas en los campos de Lanzarote, y están preparando la Guía visual de la flora de Lanzarote.

Ambos impartieron en la sala José Saramago, los días 20 y 21 de febrero de 2018, el taller Lanzarote, ilusión botánica. Etnoflora de una isla desértica. El director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, destacó en la presentación que uno de los objetivos del taller es el de poner en valor el medio natural de la Isla y ayudar a ver lo que no se ve a simple vista. Citó al poeta Amadou Hampaté Ba, “el más grande recopilador de historias africanas”, que como Gil y Peña, transmitía el saber de pastores y agricultores, y decía que “en África, cuando muere un anciano, arde una biblioteca”. En este caso, Gil y Peña han estado “anticipándose a las cenizas”.

El director del curso, Jaime Gil, comenzó la primera de sus intervenciones señalando que Lanzarote no es tan desértica como parece: “Lo árido tiene sus sorpresas”, dijo, y comparó La Palma, paradigma de la frondosidad, con 850 especies diferentes, con la árida Lanzarote, con 720. En Lanzarote se cuentan como endemismos doce especies, cinco subespecies y cinco variedades, aunque no son las que tienen mayor uso etnobotánico. Algunos de estos endemismos, como Gymnosporia, de la que sólo se encuentran seis ejemplares en la Isla, están en peligro de extinción.

La segunda parte de la primera jornada se centró en mostrar la metodología del trabajo etnobotánico. Para ello, definieron en primer lugar la etnobotánica, que es la disciplina que estudia la relación de las plantas con el ser humano y está “a caballo entre las ciencias naturales y las humanas”. En Canarias, esta disciplina está en manos de etnógrafos, principalmente, y en el pasado se dedicaron a ella maestros de escuela. “Es una cultura amplísima que abarca todos los aspectos de la vida”, señaló Gil. Por su parte, Peña explicó el trabajo de campo, que consiste en entrevistar a personas de avanzada edad para que transmitan el conocimiento sobre los usos de las plantas en su niñez, y remontarse así lo más atrás posible en el tiempo. Para la entrevista, recogen muestras de yerbas cercanas y se las muestran. Después se transcriben las entrevistas y, si se puede, se sale al campo con estas personas. Luego está la fase de herborización, con recogida de muestras, lo que permite vincular los nombres vernáculos con los científicos, porque es “muy importante una correcta determinación botánica”.

Gil abordó el origen de los nombres populares de las plantas, que son “de una riqueza extremada”. Distinguió entre nombre vernáculo, que es de los antepasados y nombre común, que puede ser reciente. Por ejemplo, se ha popularizado el aloe frente a su denominación como sábila, o la amapola por la majapola. En Lanzarote hay una gran presencia de nombres con sonoridad aborigen y también hay nombres distintos en cada isla para la misma especie. La rilla en Lanzarote es la collejera en Fuerteventura o el jarrabuey en El Hierro. Los nombres populares nacían por varios motivos: están los que se ponen porque su forma, principalmente la del fruto, se parece a algún objeto, los que se parecen a formas de animales, los que aluden a alguna cualidad o característica de la planta, a sus propiedades sanadoras, a su sabor… “Siempre son nombres prácticos, señaló.

La segunda jornada del taller se centró en los usos de las plantas. Primero en los usos alimenticios, que están asociados a épocas de hambruna. En Canarias se consumen unas cien especies, aunque no todas con la misma importancia en la dieta. Es común, por vergüenza, que las personas admitan que comían esas plantas, pero siempre señalan que lo hacían otros. Una de las más importantes es el cosco, con cuyas diminutas semillas se hacía gofio, y que provocó algún enfrentamiento porque no sólo era una planta de supervivencia sino que también se exportaba para fabricar piedra barrilla. Otras semillas comestibles de uso común eran las del cardo de burro y la majapola de corneta. De menor importancia, “tipo snack”, eran la chinipilla, la chabusquera, los frutos del moralillo, del espino o la vinagrera, las hojas de las cerrajas, del jaramago o del jediondo, muy parecido a la rúcula, y las papas crías. La tabaiba no se comía pero se recolectó con fines industriales para hacer chicles, y hubo una marca muy famosa, en Barcelona, que llegó a patrocinar un equipo de la Vuelta Ciclista a España en los años cuarenta: Chicles Tabay.

Como gran parte de la población no tenía acceso a médicos, buscaban un uso medicinal en las plantas. Peña advirtió que “las plantas no son inocuas” y que “el umbral entre el beneficio y el daño es muy pequeño”. Una característica que se repite en el Archipiélago es que, tanto las mezclas de varias yerbas, como las dosis, siempre son números impares: tres, cinco o siete.

Entre las plantas más usadas estaba el tajosé, que puede tener propiedades abortivas. Otras para el aparato reproductor, alivio de dolores menstruales o expulsión de la placenta, son el amuley, la servilleta o la alhucema. Para el aparato respiratorio se usaban la yerba clin, “para las puntadas de pulmonía”, la brotona, para catarros, la borraja, ya desaparecida de Lanzarote o la doradilla. Para la fiebre se usaba la estrella de mar o la sanguinaria. La cerraja, para los golpes y aliviar el dolor de muelas y el bobo, cuyas hojas son muy tóxicas, para cataplasmas y para curar bultos. Para las infecciones de orina se usaba la malva o el marrubio, y las majapolas para afecciones nerviosas.

Las plantas también servían para los animales. El uso veterinario lo han transmitido los pastores, que hacían “encañaos” para las fracturas de las patas de las cabras con palos de jiguerilla y usaban muchas otras plantas similares a las que se aplicaban a las personas. Y también sabían las que eran malas. La triguera es peligrosa para burros y caballos, otras provocan hemorragias porque acumulan nitrógeno, como el agonal o el cenizo, y otras, como el romerillo, son buenas en seco pero en verde “son un veneno”. Gil señaló que entre las plantas forrajeras, las más apreciadas por los ganaderos son las que tienen sonoridad aborigen, y probablemente ya las usaban los mahos.

Después de trabajar en todas las islas, Gil y Peña han podido comprobar que el conocimiento popular sobre las plantas en las islas orientales, que no tienen árboles, es mayor que en las otras islas, que son más verdes. Gil señaló, al finalizar el taller, que uno de sus objetivos era que los asistentes, más de setenta personas, salieran más sensibles de lo que entraron. Y otro, dignificar estos conocimientos populares.

Más información del taller: Contenidos y horarios

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Fernández-Palacios: «La laurisilva es el ecosistema más importante de Canarias»

El catedrático de Ecología presentó La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores, un libro que recoge “todo lo que conoce la ciencia sobre la laurisilva”.

El catedrático de Ecología de la Universidad de La Laguna, José María Fernández-Palacios, recordó, al comienzo de la presentación en la sala José Saramago, el día 14 de diciembre, su “larga relación” con la Fundación César Manrique, ya que en 1994 presentó en Taro de Tahíche su primer libro Canarias: economía, ecología y medio ambiente. En esta ocasión, llegó para presentar: La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores.

Después de pasar el capítulo de agradecimientos, el coordinador del libro señaló que en Lanzarote no hay laurisilva pero que sí la hubo hace más de diez millones de años, cuando el risco de Famara medía más de 2.000 metros de altura. La laurisilva es un ecosistema de la Era Terciaria que se extendía por Europa cuando no existía el mar Mediterráneo pero sí el Mar de Tetis. Después, al llegar los hielos de la Era Cuaternaria, desapareció de Europa pero siguió “encontrando cobijo” en Canarias, Madeira y Azores: “La laurisilva es el ecosistema más importante de Canarias”, señaló Fernández-Palacios.

Sobre el objetivo del libro, dijo que es el de rellenar el vacío existente en cuanto a divulgación de este tipo de bosques “porque lo que sabemos científicamente sí está en revistas especializadas y en inglés, pero no al alcance de la calle”. Fernández-Palacios pertenece al grupo de investigación de ecología y biogeografía insular de la Universidad de La Laguna: “Nos motiva —aseguró— ofrecer divulgación científica de calidad. Investigamos porque hay ciudadanos que pagan impuestos, y tenemos la obligación de devolver un retorno de conocimiento a la sociedad”.

La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores tiene 420 páginas, 200 fotos, 30 cuadros, mapas y gráficas y 13 capítulos. Recopila “todo lo que conoce la ciencia sobre la laurisilva” e incluye citas de este mismo año. Se está preparando la versión en inglés. Está editado por Macaronesia Editorial, una “editorial familiar” que busca ofrecer libros que no sólo tengan “textos cuidados” de divulgación científica de la Macaronesia (Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde) sino un diseño bonito y elementos gráficos. La editorial ya está trabajando en un nuevo proyecto, una guía de campo de árboles y arbustos de la Macaronesia.

En el libro participan profesores especializados en botánica, zoología, ecología, geografía e ingeniería de montes de la ULL, de la Universidad de Las Palmas, La Laguna, Madeira y Azores, además de un profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Los autores son José Ramón Arévalo, Rubén Barone, Eduardo Balguerías, Lea de Nascimento, Juan Domingo Delgado, Rui Miguel Bento Elías, Silvia Fernández-Lugo, Javier R. Méndez, Agustín Naranjo Cigala, Miguel Menezes de Sequeira y Rüdiger Otto.

El coordinador del libro describió los capítulos uno por uno. El primero repasa el concepto de Macaronesia: “Yo soy nacionalista macaronésico”, señaló Fernández-Palacios. El segundo, la historia de la laurisilva; el tercero, la laurisilva en el resto del mundo, que se extiende a lugares como Japón, el Sur de China, la vertiente india del Himalaya, los Apalaches, una parte de México, Brasil, Argentina, Chile, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, y se distribuye siempre en lugares con influencia oceánica. El cuarto capítulo ya se centra en la laurisilva de la Macaronesia, muy parecida en Canarias y Madeira y algo diferente en Azores. El mar de nubes ocupa otro capítulo porque es el elemento que permite la existencia de laurisilva “en una zona de veranos secos e inviernos húmedos”. “Si no fuera por el mar de nubes no habría laurisilva”.

Los dos siguientes capítulos están dedicados a la flora y la fauna. En el primer caso, desde los paleoendemismos al resto de especies arbóreas, con una gran diversidad, hasta los helechos, musgos, líquenes y hongos. En el capítulo de la fauna se describen las aves, mamíferos y reptiles, pero sobre todo “la riqueza la proporcionan los invertebrados”: moluscos y artrópodos. El octavo capítulo está dedicado a la ecología, a la regeneración del bosque y a entender el funcionamiento de la laurisilva. El noveno, a la dinámica forestal; el décimo al impacto que producen los humanos, tanto los aborígenes como los europeos, su agricultura, su ganadería y su urbanismo. El estado de conservación del medio natural, las estrategias y las especies amenazadas ocupan el capítulo once, y los dos últimos capítulos se ocupan de mostrar las referencias (más de 500 citas) y una clave identificativa para conocer los árboles. Cada capítulo tiene su propio color de referencia y cada uno está señalado con la forma de la hoja de un árbol presente en la laurisilva.

Fernández-Palacios terminó señalando cómo puede afectar el cambio climático (o cambio global, “porque el clima es sólo un aspecto del cambio”) a la laurisilva. Dijo que hay tres modelos de futuro: uno, en el que el mar de nubes desciende en altura, que sería un problema porque las zonas ya están antropizadas; otro, en el que asciende, que sería menos problemático ya que hay normalmente zonas de pinar que pueden ser colonizadas por la laurisilva; y un tercero, en el que el mar de nubes se disipa, que podría provocar la desaparición del ecosistema. “Si este modelo fuera el que se cumpliera finalmente, la laurisilva tiene fecha de caducidad”, aseguró.

Más información: Nota de prensa

Taller «ECO-ESTéTICAS. El arte como medio para repensar la ecología» impartido por Blanca de la Torre

Blanca de la Torre aborda en Ecoestéticas las propuestas artísticas más relevantes sobre la ecología

“El desbordamiento de los límites del Planeta nos sitúa en un cambio de ciclo histórico que afecta a la médula ósea de la vida”. El director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, abrió el taller Ecoestéticas. El arte como medio para repensar la ecología, impartido por la comisaria de arte Blanca de la Torre los días 27 y 28 de noviembre en la sala José Saramago. “Nuestros patrones de consumo dicen que así la vida no aguanta”, señaló. En este contexto, el arte se hace eco de estos desafíos, dialoga con ellos y sirve como herramienta para plantear preguntas. Pero el tiempo apremia “y el Planeta no puede esperar por nuestra pasividad, hay que avanzar a escenarios más democráticos, más justos y más sostenibles”.

Blanca de la Torre comenzó con una cita sobre la urgencia, la advertencia de Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, de que 2017 sería el año en que la puerta se cerraría para impedir que la temperatura del Planeta subiera dos grados centígrados. De la Torre considera que la única forma de entender la ecología es a través de la ecología política y aseguró que el arte es necesario para afrontar la crisis ecológica por su capacidad de comunicación y porque puede activar cambios de comportamiento. “No basta con comprender los datos científicos”.

Primero expuso los precedentes de la ecología en el arte contemporáneo, desde 1843 con el primer libro ilustrado con fotografías de cianotipos de algas, de Anna Atkins, la primera fotógrafa, a otras manifestaciones artísticas, como el cuadro En el tiempo de la armonía (1893) de Paul Signac, la casa Dymaxion de Fuller en 1945 o La primavera silenciosa (1962), de Rachel Carson, un libro que advertía de los peligros para el medio ambiente y en el que se trató, por primera vez, el efecto que tiene la aplicación de insecticidas en los seres vivos, constituyendo un “punto de partida del pensamiento ecológico contemporáneo”.

Hybris

La directora del taller expuso durante la primera jornada distintas miradas de artistas sobre los problemas medioambientales, reunidas en la exposición Hybris. Una posible aproximación ecoestética, de la que ella misma es la comisaria y que se expone en el MUSAC de León. La exposición está dividida en tres capítulos. El primero es Soluciones, dedicado a intervenciones que aportan soluciones prácticas a problemas ecológicos. Están incluidos Alan Sonfist, Patricia Johanson o el proyecto de los 7.000 robles de Joseph Beuys en Kassel en 1982, pero también Zigor Barayazarra y sus abrigos vivos, Santiago Morilla con su “bicihuerta” para crear espacios verdes, Amy Balkin, que solicita la inclusión de la atmósfera como patrimonio a proteger o Nicole Dextras y sus jardines portátiles. Reutilizaciones es el segundo capítulo, que recoge obras realizadas con materiales naturales o encontrados en la basura, como los de Herman Prigann, que recupera espacios degradados, Carmen Casulá y su banco de memoria de agricultores, el ecografitti en forma de rana de Juan Zamora o la instalación de Juan Carrión que denuncia la sangre derramada para lograr el coltán que se usa en los teléfonos móviles. Otras propuestas son las de Jorge Barbi y sus fotos de excrementos de gaviotas, o los discos de agua congelada de glaciares de Islandia, de Kathy Paterson, que se derriten tras escucharlos una sola vez.

El tercer capítulo es el de Acciones, con la participación de Regina José Galindo, Fernando García-Dory, Agnes Denes, que creó una montaña artificial con 11.000 plantas sembradas por 11.000 personas, Nilo Gallego y Felipe Quintana con un coro de 3.000 ovejas o Hiroshi Sunairi, que recogió semillas de árboles supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima y las reparte por el mundo.

Teorías

La segunda parte de la primera jornada estuvo dedicada a las principales teorías en torno a la ecología en el pensamiento contemporáneo. Entre los principales teóricos están Félix Guattari, Gregory Bateson y su concepto de salud ética e incluso Ortega y Gasset, que ya advierte que el hombre adapta la naturaleza a sus necesidades. Otros clásicos son Murray Bookchain, que vincula la ecología social al anarquismo, Henry David Thoreau, que se fue a vivir a una cabaña en el bosque construida por él mismo en 1845 y Aldo Leopold, otro de los pioneros con su obra Almanac, en la que explica la necesidad de que la humanidad practique una ética natural. De la Torre también citó a Arne Naess y el concepto de ecología profunda, que critica las soluciones que siguen aplicando estrategias del capitalismo, o Timoty Morton, que aborda el problema desde la ironía y plantea renunciar a la idea de naturaleza para dar cabida a la ecocrítica y la cultura ambiental. Más actuales y más cercanos son Jorge Riechmann o Joan Martínez-Alier y su ecologismo de los pobres, o David Harvey que habla de la acumulación por desposesión, Rob Nixon que apunta la violencia lenta que reciben las capas más desfavorecidas de la sociedad y Razmig Keucheyan y el Movimiento por la justicia ambiental. Junto a estos, autoras ligadas al ecofeminismo, como la escritora Arundhati Roy, Vandana Shiva, que habla de la explotación de la naturaleza como la opresión de la mujer o Alicia Puleo, de la Universidad de Valladolid. Y finalmente, autores de la teoría del decrecimiento como Bruno Latour o Carlos Taibo, que plantean que en un Planeta con recursos limitados no puede haber un crecimiento ilimitado.

Imbalance

La segunda jornada se abrió con otra exposición colectiva, Imbalance, comisariada también por De la Torre en la ciudad polaca de Gdansk, dividida en cuatro ejes y presidida por la Mesa de negociación de Antoni Muntadas, una mesa con doce mapas del reparto de la riqueza del mundo. La primera parte de la muestra, Domesticación del paisaje, muestra obras como las de Sergio Belinchón, que fotografía extrarradios de ciudades o el fotógrafo Xavier Ribas, que muestra los efectos secundarios del ocio en los modos de ocupación del territorio de las sociedades contemporáneas. La segunda parte, Catástrofes medioambientales, cuestiona que se trate de hechos naturales y no motivados por el ser humano. Incluye las obras de Allan Sekula sobre el Prestige, Jun Nguyen-Hatsushiba, denunciando las enfermedades por contaminación por mercurio en la región japonesa de Minamata, Máximo González y su proyecto para la reutilización de vehículos obsoletos, como maceteros de árboles frutales, después de la desaparición del petróleo. En la tercera parte, Gestión de recursos y hábitos de consumo, están las propuestas de Chus García Fraile o Andreas Gursky, y la cuarta, Mirando al Sur Global, está inspirada en teorías como la del ecologismo de los pobres, en quienes recae la mayor parte de las consecuencias negativas, con las obras de Marjetica Potrč y su Caracas House o el colectivo Superflex que construyeron en África unidades móviles para hacer gas metano a partir de la basura doméstica.

Otros aspectos

La última parte del taller estuvo dirigida a intervenciones artísticas que abordan diferentes aspectos de la ecología. En el apartado de derechos de los campesinos, De la Torre expuso las propuestas alternativas de Asunción Molinos-Gordo, basada en ejercicios de caligrafía en países de Oriente Próximo, Critical art ensemble para eliminar la agricultura multinacional, o Inland, un proyecto de aldea reconstruida en Asturias con el lema “arte, agricultura y territorio” o las propuestas de la mexicana Minerva Cuevas contra famosas marcas comerciales.

El racismo ambiental lo trata Mel Chin, que realizó un proyecto de creación de dinero en escuelas sacudidas por el huracán de Nueva Orleans que después fue cambiado por dinero real para donaciones. Sobre el petróleo y el gas trabajan Oilwatch, una red de resistencia a actividades petroleras, el colectivo Platform que actúa contra el arte esponsorizado por la industria petrolera o The yes men y su película The yes men are revolting en la que ridiculizan a directivos de grandes corporaciones. Por otra parte, Diego Arribas, Edgard Aragón, Ursula Biemann y Paulo Tavares trabajan sobre los efectos de la minería.

Denunciando la situación de los bosques trabaja Green belt movement, fundada por Wantari Matai en 1977 y que desde entonces ha plantado 51 millones de árboles y ha logrado que 31.000 mujeres se capaciten en la silvicultura, o el movimiento Chipko, precursor del ecofeminismo, que surgió en el Himalaya en 1973 para evitar la tala de árboles, abrazándolos. La polaca Cecylia Malik realizó una propuesta similar mediante fotografías, que se acaba convirtiendo en una acción colectiva. Otro movimiento destacado es el Seringueiro, de los recolectores de caucho en Brasil.

Aosis es una coalición de islas que denuncia los peligros del calentamiento global y la subida del nivel del mar. Re-locate Kivalina, en Alaska, es un proyecto para realojar una isla afectada por la erosión. En el apartado de refugiados climáticos, categoría aún no recogida por Acnur, trabaja el colectivo Argos, y sobre las semillas, alza la voz Vandana Shiva, contra Monsanto y su biopiratería y su política de propiedad intelectual de las semillas, que ha provocado en India el suicidio de muchos campesinos obligados a endeudarse. Se refirió De la Torre a la “cheap fashion” y la concienciación sobre la moda a bajo precio, el cultivo y el manejo del algodón, que esclaviza a las comunidades. Los problemas del agua, o de su escasez, los abordan Ichi Ikeda y Navjot Altaf, que crea una estructura para generar fuentes donde no hay acceso al agua.

El taller terminó con las aportaciones de los alumnos, con propuestas de alternativas ecológicas, un balance de las dos jornadas, y con esta frase de Ernst Bloch: “Incluso en los tiempos más oscuros, el arte proporciona al espectador la visión latente de la utopía”.

Más información del taller: Horarios y objetivos

Más información: Nota de prensa

La FCM incluida por el Gobierno de Canarias entre los 15 museos de mayor calidad del Archipiélago

El Gobierno de Canarias ha promovido una guía de los museos de las Islas y ha creado un sello distintivo que reconocerá a los centros de mayor calidad. La iniciativa se anunció el día 21 en la presentación de la primera edición de la guía difundida por el Ejecutivo canario, en un acto presidido por el consejero de Turismo, Cultura y Deportes regional, Isaac Castellano, y la directora de la Casa de Colón, Elena Acosta. 

El sello de calidad está reservado para los museos de Canarias que cumplan los requisitos exigidos por Unesco para poder ser catalogados oficialmente como museos.

En la guía se han incluido más de 155 espacios que se presentan públicamente como museos en las Islas. De todos ellos, sólo 15 han sido considerados oficialmente por el Gobierno como tales, por cumplir con los requisitos: 6 en Gran Canaria, 6 en Tenerife, el Museo Arqueológico de La Gomera, el Museo Insular de La Palma, y, en Lanzarote, la Fundación César Manrique.

La Fundación César Manrique se congratula de verse incluida en el selecto grupo de museos de Canarias que cumple con los requerimientos planteados por Unesco, y de contribuir al patrimonio museístico del Archipiélago aportando una oferta singular y cualificada desde la isla de Lanzarote. Este reconocimiento público supone una gratificación a la labor museística que ha desarrollado la institución, que en este año conmemora su 25 aniversario.  

Con esta iniciativa el Gobierno de Canarias pretende impulsar el valor de los museos como recurso turístico singular, como patrimonio cultural y fuente de investigación. La guía se actualizará cada año.   

Nota de prensa en PDF:

fc-manrique-guia-museos-de-calidad