Juan Cruz: «He ido a los escritores como si estuviera inaugurando la vida con ellos»

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

“Un libro despojado de ira”. Así definió el director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, la última obra de Juan Cruz, Egos revueltos, que se presentó en la sede de la Fundación César Manrique, en Tahíche ante un aforo completo, el 25 de marzo. “Un libro de abrazos de un hombre con suerte, que reconoce su vida como la de un ser afortunado”, completó. “Una fiesta literaria”.

La presentación del libro coincidió con esta última descripción de la obra. Tomó la palabra la periodista Pilar del Río, también amiga del escritor, que pasó a narrar un sueño sobrevenido tras la lectura de Egos revueltos. Un sueño en el que aparecían los escritores que desfilan por la obra, y otros más, intercalado con anécdotas propias o contadas sobre Miguel Ángel Asturias, Juan García Hortelano o Antonio Machado. De Juan Cruz dijo que habla de los escritores con guante blanco y apuntó que en el libro aparecen pocas mujeres: “Tú no tienes la culpa porque es la triste realidad”, le dijo al autor, de quien aseguró que “se limita a ser testigo de lo que ha visto”.

Comenzó Juan Cruz su intervención señalando que la carencia de mujeres en la historia de la literatura corresponde al periodo que a él le ha tocado vivir, pero “que, en la generación que viene, hay una especial calidad literaria en las mujeres”. “Yo trato de la época en la que se produjo nuestro descubrimiento de la literatura”. Citó el libro Los nuestros de Luis Harss, “un profeta”, ya que supo en 1966, que Vargas Llosa o García Márquez iban a ser los escritores que marcarían la época y esto, cuando tenían poco más de treinta años. “Mi libro es una revisita a los personajes de esa generación —dijo Cruz—, que fue un periodo de lectores”. En Egos revueltos, de hecho, no habla bajo la perspectiva del editor que fue, sino como lector. Lo que quiere contar es “el deslumbramiento que produce en un lector conocer a los escritores a los que admira”. “He ido a todos los escritores como si estuviera inaugurando la vida con ellos. He querido saber cómo era yo conociendo gente”.

Y así empezó a contar… De Saramago y su primera conversación telefónica mientras Lisboa ardía, de César Manrique, que le dejaba quedarse en su casa “si no armaba jaleo”. “César era como un conmutador de la luz, te hacía vivir en un sueño”, dijo de él.

De Camilo José Cela contó una de las anécdotas más divertidas de la noche, que destapó la primera de las muchas carcajadas que vinieron después. Ocurrió en 1970 en Tenerife. Cela había ido a dar una conferencia. Estaba enfermo, sin su mujer y tenía cierta aprehensión a dormir solo. El joven Cruz, “Juanito”, con 22 años, fue el encargado de adormecer al futuro Premio Nobel (“algo que le desbarató”) en el Hotel Mencey. Don Camilo se sentó en un butacón a escribir, Cruz se empeñaba en darle conversación y Cela en evitarla. Finalmente fue al baño, volvió con un pijama y una bata de seda y se acostó. “¿Don Camilo, me puedo marchar ya?”, preguntó el joven periodista. “Tú sigue hablando hasta que me duerma”, contestó. “A partir de entonces tuvimos una relación muy íntima”, dijo Juan Cruz entre la risa general del público.

Contó dos anécdotas de Borges: cómo acabó dándole de comer una vichisoise en un restaurante de Madrid, junto a su hija, a su mujer y a Fernando Delgado, en un fin de semana que le encargaron acompañarle por la capital, y cómo, un día, mientras le cerraba la maleta en el hotel le dijo el escritor argentino: “Deje una ranurita, para que respiren las camisas”.
 

A Cortázar se lo encontró en una calle de Amsterdam y este le dio su dirección de París pero no su teléfono. Buscó en la guía de teléfonos (“que antes era Google”) todos los números de esa calle, dispuesto a llamar al escritor argentino. Eligió uno al azar, marcó y preguntó por el señor Cortázar. C´est moi, fue la respuesta. “Ahora parecen batallitas de viejo, pero son sueños de adolescente”, dijo Cruz, que volvió a Cela, espoleado por Pilar del Río, para contar sus vicisitudes con la concesión del Nobel, su polémica con otros escritores, el discurso y la segunda esposa del autor de La familia de Pascual Duarte.  

“Susan Sontag era muy inteligente pero difícil de llevar”. Tuvo que invitarla a Lanzarote, acompañada de su hijo, porque quería conocer a José Saramago y la alojó en el Hotel Fariones. Ella, quizá acostumbrada a un lujo mayor, preguntó si el hotel era inadecuado. A Sontag, que le gustaba mucho conocer gente famosa y sentirse querida, cuando fue a la Feria del Libro a Madrid tuvo la suerte de que la Reina Sofía visitara ese día las casetas lo que supuso ocupar la portada de El País, disparándose las ventas de su libro y alimentando el ego de la escritora.

Con el ego, precisamente, terminó la presentación, que duró casi lo que dura un partido de fútbol —Juan Cruz es un gran aficionado a este deporte y seguidor del Barcelona—. “Sin ego no se puede hacer nada, es fundamental, pero hay muchas clases y creo que se debe perseguir el ego gobernado. El ego no es peyorativo, depende de los adjetivos: los hay insoportables, redondos, picudos escalfados… El ego sin adjetivo no es nada”, concluyó.

Maillard: «O seguimos consumiendo y la tierra se muere o lo dejamos y la civilización se colapsa»

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

Nunca tal vez aún apenas sea posible. Así se conforma el “no libro” La tierra prometida de la poeta Chantal Maillard, según lo calificó ella misma. Así se conforma la letanía, el grito de alerta que clama por la desaparición de las especies, que se presentó en la sala Taro, en la Fundación César Manrique, el pasado 18 de marzo.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. Se trata de una publicación insólita, que repite estas palabras a lo largo de sus páginas y que intercala los nombres de especies que ya han desparecido o están a punto de desaparecer. El texto, editado por milrazones con la colaboración de la FCM, se acompaña de las ilustraciones de Joan Cruspinera: esqueletos, huellas y restos de animales. “Lo que queda de un animal cuando desaparece”, señaló Maillard.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. Maillard agradeció el apoyo de la FCM y explicó la finalidad de la publicación como canto por la desaparición de las especies. “No sé si a estas alturas podemos hacer algo ya por evitar lo que parece que está por llegar, pero no podía dejar de intentarlo”, señaló, en una intervención sentida, poética… “Sólo sé escribir, no tengo cuerpo para salvar tortugas ni ballenas, si no, lo haría”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. En Bruselas, cada once de noviembre se celebraba el armisticio de la Primera Guerra Mundial. En la escuela comunal en la que estudiaba la autora del libro se cantaba un himno al sol, se alababa a una placa de mármol gris “que era importante porque era importante” y una comitiva se acercaba a presentar sus respetos al soldado desconocido. “El libro cumple esta función, es un memorial”. En él figuran los nombres de los animales que desaparecieron o desaparecerán. “Es fuego y obelisco, columna y ofrenda”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. Los animales no han participado en ninguna guerra y sin embargo desaparecen por el ansia de otros animales que proliferan por encima de los demás. Nosotros. “¿Por qué —se preguntó— hacemos leyes de los grandes simios? Porque se nos parecen, ¿si no por qué?”. “Respetamos a las ballenas y los delfines porque sabemos que tienen un lenguaje. ¿No será que nuestra mente es tan limitada que no entendemos el lenguaje del resto de las especies?”

…nunca tal vez aún apenas sea posible. “Sólo empezamos a pensar en la desaparición de los animales cuando nos atañe, así que no hablamos desde la compasión sino desde el miedo”. La autora de Matar a Platón se preguntó, de nuevo, si es desde el raciocinio desde donde la Tierra inicia su destrucción; si el ser humano no sería el gran verdugo de la Naturaleza.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. “Utilizamos nuestra racionalidad para prolongar la vida más allá de lo que sería natural” y alteramos el equilibrio. “El consumo —dijo Maillard— empezó siendo un osito de peluche y acabó convirtiéndose en el monstruo que nos tiene cautivos en la cueva de los juguetes”. “Estamos ante una disyuntiva: o seguimos consumiendo y la Tierra se muere o lo dejamos y la civilización se colapsa. ¿Acumular pasa salvar? No soy economista, no tengo la respuesta”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. “Los saberes de la mente han suplantado a los del cuerpo”, aunque queda un reducto en el ser humano, una capacidad cordial: el aire que respiramos ha pasado por los pulmones de otras personas. “Respiramos lo que otros exhalan, por el aire estamos todos conectados”. Esa capacidad cordial es compasión, “la capacidad de dolerse en el otro”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. Dolor más ternura. “El animal es inocente, también el ser humano, aunque encubierto en su falso paternalismo”. ¿Habéis mirado a los ojos de un animal?, preguntó Maillard a la sala. “Es un pozo en cuyo fondo está escrita la Historia del Universo”. “Mirad los ojos del lobo, de la serpiente, del lince… Es lo que erais antes de las palabras, ese pozo, esa inocencia… Pedidles que nos perdonen porque nuestro derecho a la vida es su sentencia de muerte”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. “Esa inocencia me mueve a producir esta letanía. Si repetimos sus nombres con insistencia podemos evitar la desaparición de estos animales. Si yo creyese en algo sería en el deseo proyectado sobre un objeto. Antes, la poesía tenía un fin concreto, mágico, ritual, no se hacía para el ensalzamiento de su autoría. Son malos tiempos para la poesía antigua”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. “El poema es otra cosa. Cuando la poesía se hace comercial se desvirtúa. Lo desvirtuado no nos satisface y al mercado le interesa que estemos insatisfechos para consumir más”. Por eso satisface que instituciones como la Fundación César Manrique, dijo la autora, ayude a algo que no está apoyado por el mercado, “algo que vale la pena”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. “Esto no es un libro de poesía, no lo pretende. A la manera de las tradiciones ancestrales, es algo así como un mantra, que no tiene sentido pero tiene virtud. La virtud es fuerza. Lo desvirtuado es a lo que se le quita la fuerza. Si una palabra recupera la fuerza se convierte en poema, en letanía”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. “Convertir las palabras del libro en palabras mágicas porque puede llegar un día en que no sepamos qué designaron. Por compasión y como animal que soy, pronunció el ensalmo. También por ellos, y aunque nunca deba servir como argumento para protegerlos, porque sin ellos no sobreviviremos”.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. La autora comenzó a leer la letanía, en pie, en el centro de la sala. A su lado, cinco lectores, trabajadores y defensores del medio ambiente: Ezequiel Navío, Ana Carrasco, Victoria Rosado, Mario Alberto Perdomo e Idoya Cabrera, que fueron nombrando a cada una de las especies intercaladas en el texto e incorporándose a la lectura del salmo.

…nunca tal vez aún apenas sea posible. La oración envolvió la sala. El público, al que se le había repartido páginas del texto, fue protegiendo las especies a su cargo al transformar en voz los nombres de aquellas que le habían correspondido. Los pelos de punta. Un largo y sonoro aplauso. Nunca tal vez aún apenas sea posible…

Alegaciones a la Aprobación Inicial del Plan Especial de La Geria presentadas por la FCM

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

En febrero de 2010, la FCM presentó ante la Dirección General de Ordenación del Territorio, alegaciones a la Aprobación Inicial del Plan Especial del Paisaje Protegido de La Geria, durante el período de información pública.

En el documento presentado por la FCM se realizaron consideraciones a las reestructuraciones agrícolas que se están produciendo actualmente en La Geria, proponiendo la necesidad de fijar criterios para limitar la extracción de picón de las fincas y las zonas susceptibles de ser protegidas plenamente frente a estas reestructuraciones.

Otros aspectos incluidos en el documento fueron:

– La actividad bodeguera como recurso económico y turístico y la atención a la posibilidad latente que supone que el paisaje se convierta en parque temático

– Aspectos relacionados con la carretera que atraviesa el paisaje protegido

– Las nuevas edificaciones en el suelo rústico clasificado como de asentamiento agrícola

– Los perjuicios de instalar un mirador en Tinasoria, favoreciendo la explotación masiva de turismo en cotas altas y la alteración del entorno

– La posibilidad de subvencionar cuadrillas de personas que trabajen en tareas de mantenimiento del paisaje y el apoyo para asociarse en cooperativas

– La restauración ambiental de zonas degradadas y la adecuación de un depósito de materiales volcánicos gestionado por la administración pública.

Claudio Magris. Entre el Danubio y el mar. Itinerario de un escritor

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.




Claudio Magris: “Sólo se disfruta de la identidad propia cuando uno se olvida de ella”

El escritor italiano Claudio Magris inauguró las actividades culturales del presente año en la Fundación César Manrique, con la conferencia Entre el Danubio y el mar. Itinerario de un escritor. Ejerció de presentador el poeta y traductor Rafael-José Díaz, quien recordó que el pensamiento sobre la frontera constituye uno de los ejes principales de la obra de Magris. Otro de esos ejes, estaría conformado por el debate sobre la identidad, en realidad, sobre los diferentes tipos de identidad. Y un tercer eje vendría a situarse en torno a la alternativa entre utopía y desencanto. El introductor del escritor se refirió a Claudio Magris como “viajero incansable por confines que van desde Islandia hasta Australia sin olvidarse nunca de su Trieste natal”, que dialoga no sólo con su propia literatura sino con las tradiciones y obras centrales de Oriente y de Occidente. A su juicio, “Magris escribe siempre contra el olvido y a favor de una vida más plena, en la que los horrores de la historia no sean escamoteados, pero tampoco lastren las esperanzas de un mundo mejor”.

Por su parte, el autor de Microcosmos adelantó que no iba a hablar de sus libros, sino de los temas que trata en ellos considerando que de esa manera, “uno acaba por hablar de sí mismo”. El Danubio, Trieste, el mar, los territorios fronterizos y las identidades, son cuestiones a las que hace referencia en su trabajo. Recordó un viaje y una conferencia que pronunció en Tenerife en 1990, para hablar de la obsesión identitaria, de la que dijo que no se puede hablar en singular, pues tenemos muchas identidades: la nacional, la cultural, religiosa, sexual, etc. Esas identidades, expresa Magris, no se pueden retratar porque no son rígidas, sino que deben narrarse. Citando a Italo Svevo, que decía que uno sólo disfruta de la vida cuando se olvida de ella, señaló que con la identidad ocurre lo mismo.

Esta reflexión le indujo a hablar sobre sus orígenes y sobre las situaciones ridículas o absurdas de la historia. Nació, como Svevo, en Trieste, junto a la frontera con la antigua Yugoslavia. Trieste, hasta 1954, fue un protectorado de Estados Unidos, Rusia, Francia y Gran Bretaña. Por desacuerdo entre estas potencias nunca se nombró gobernador, hasta que se debatió en 1975, veinte años después de que ya fuera territorio italiano. “La historia está llena de situaciones grotescas”, afirmó Magris, para quien la realidad las sirve en bandeja: “el escritor sólo copia”.

Siguiendo el itinerario de su vida, contó que fue a estudiar a Turín, una ciudad muy diferente de Trieste, repoblada con gente del sur del país. Por nostalgia, confesó, comenzó a leer libros sobre la historia de su ciudad y a autores austriacos, a cuyo imperio había pertenecido la ciudad: “El Imperio había dejado una gran nostalgia pero también una gran literatura”. Explicó igualmente el proceso de escritura de El mito habsbúrgico en la literatura austriaca moderna, recopilación de su tesis doctoral. Comenzó a abordarlo sin saber qué es lo que iba a escribir, una situación que se ha repetido cada vez que afronta una obra: “Se descubre mientras se escribe”. A pesar de tratarse de un ensayo, lo calificó como una “autobiografía indirecta”.

Otros libros

Pasó a continuación a comentar brevemente algunos de sus otros títulos: Lejos de dónde, El Danubio, Microcosmos, en el que se cuenta la vida y la muerte de una persona sin que se sepa nada más sobre él, tan sólo lo que él ve y vive, y Otro mar, que es la búsqueda de una vida auténtica. Sobre el tema del viaje o de los viajes, al que recurre permanentemente, dijo que “el modelo siempre será la Odisea”, y distinguió entre la obra de Homero y el Ulises de Joyce, asegurando que el primero es más contemporáneo e inquietante, ya que el viaje no tiene fin; mientras que el relato de Joyce, “es más confortante”.

Conjeturas sobre un sable fue su primer libro de ficción, aunque esté basado en hechos reales: en la situación de Udine a finales de la Segunda Guerra Mundial. Magris vivía en Udine, al norte de Italia, que era una ciudad ocupada y en la que se quería levantar un estado cosaco. Lo que le interesaba de esta situación, tan absurda, era el deseo de tener una patria, incluso a través de una alianza con el mal: “Hacer una tierra cosaca en Friuli era algo artificial y grotesco. Yo creo en la búsqueda de lo auténtico”, añadió. La novela cuenta la historia de Piotr Krasnov, un coronel cosaco que era una marioneta de los alemanes, pero que soñaba con ese gran estado cosaco.

El desencanto

Para terminar se refirió a su obra A ciegas, para la que necesitó dieciocho años de trabajo. Los elementos tratados en el libro son la utopía y el desencanto. La historia de la lucha por una causa, de la lucha por el comunismo, de la resistencia y del rechazo social.

La conferencia, ya en su ronda de preguntas, finalizó con el mismo asunto con el que empezó: los nacionalismos. Magris se refirió a ellos señalando que tratan de oponerse a una identidad mayor convirtiéndose en un “fetichismo de idolatría local, que acaba por cerrar el mundo”. “Ser italianos o españoles es una forma de ser pero no un valor, es una base para formar un valor, para comenzar a dialogar.”

Catálogo de Especies Protegidas

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

Apoyo de la FCM a las iniciativas promovidas como rechazo del nuevo Catálogo de Especies Protegidas

El 27 de noviembre de 2009, la Fundación César Manrique remitió una carta al Presidente de la Federación Ben Magec-Ecologistas en Acción, como adhesión a las protestas contra el nuevo Catálogo de Especies Protegidas del Gobierno de Canarias. La carta fue enviada en los siguientes términos:

La Fundación César Manrique apoya las iniciativas promovidas por asociaciones ecologistas y miembros de la comunidad científica canaria destinadas a rechazar el nuevo Catálogo de Especies Protegidas propuesta por el Gobierno de Canarias.

A juicio de nuestra institución, la actual proposición de Ley supone un gravísimo retroceso para la conservación del maltratado patrimonio natural de la Islas, que profundiza en la insostenibilidad general de nuestro modelo económico y territorial. Caben pocas dudas de que el perfil del marco normativo que se pretende para la flora y la fauna de Canarias, además de menoscabar la integridad patrimonial, supone de facto allanar el camino para implantar con mayor libertad infraestructuras y procesos urbanizadores que acentuarán los riegos para los ecosistemas y para los equilibrios sociales y territoriales.

En la línea señalada por la Ley de Medidas Urgentes, este nuevo paso concreta una manifiesta voluntad política de rebajar al mínimo los mecanismos de control y protección tanto del suelo como de los recursos naturales de nuestras islas, primando un paradigma desarrollista y corto de miras que no tiene ningún futuro.

Taller «Recuperar la ciudad de los ciudadanos: el derecho a la ciudad»

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

 Los días 1 y 2 de junio de 2009, Julio Alguacil impartió en la Sala José Saramago de Arrecife el taller “Recuperar la ciudad de los ciudadanos: el derecho a la ciudad”. El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, presentó al director del taller, Julio Alguacil, al que definió como “una de las cabezas que mejor piensan alternativas desde la izquierda española”. El profesor de la Universidad Carlos III comenzó la primera de las jornadas del taller poniendo de relieve los factores y fenómenos que motivan una nueva ciudadanía. Entre ellos se pueden destacar la pérdida de vigencia en la sociedad actual de las organizaciones tradicionales y la vuelta a una sociedad de redes, el desajuste entre las viejas normas y los nuevos valores, la pérdida de centralidad del Estado-nación en favor de las fuerzas económicas o el ensanchamiento de la brecha entre ciudadanos y políticos.  También citó Alguacil el concepto de la exclusión social que aparece a partir de los años setenta y que cambia la escala social, ya que hasta entonces los pobres estaban en la parte baja de esa escala pero pertenecían a ella, mientras que ahora, tras la deslegitimación del estado del bienestar por parte de las políticas neoliberales practicadas por los gobiernos de Thatcher y Reagan, están fuera.

Otro de los fenómenos de la nueva ciudadanía es la llamada sociedad del riesgo, según el sociólogo Ulrich Beck; una sociedad en la que todos, incluso los más poderosos, somos vulnerables.  Por último, analizó dos aspectos positivos entre estos factores: el nacimiento de novísimos movimientos sociales, como el llamado movimiento antiglobalización, que supone una vuelta al internacionalismo y que incluye a un grupo muy heterogéneo de colectivos y personas; y la emergencia de un nuevo sujeto ético con el desarrollo de dos nuevas clases de derechos: los ambientales y los culturales.

Tras esta exposición, Alguacil hizo un repaso por cómo se han generado los derechos de ciudadanía, comenzando por los civiles y políticos, los sociales y los económicos, hasta llegar a los republicanos y a los de participación, los más nuevos y los que suponen una mayor complejidad y una doble dirección: pensar globalmente y actuar localmente pero también pensar localmente y actuar globalmente.

El mejor invento
 

“La ciudad es el mejor invento de la humanidad porque es el soporte que mejor ha permitido satisfacer las necesidades humanas”, señaló Alguacil, y lo dijo en pasado porque actualmente la ciudad ya no puede satisfacer esas necesidades, ha dejado de hacerlo.  Éstas, la necesidades, son “pocas, finitas, fácilmente identificables y universales”, es decir, tenemos las mismas necesidades aquí que en otra parte del mundo y ahora que hace cinco mil años. Alguacil nombró tres clases de necesidades: la autonomía, la salud y la autonomía crítica (libertad de acción y de política) pero se centró en el esquena de Max-Neff y Antonio Elizalde, que habla de nueve necesidades: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, creación, recreo, identidad, libertad y participación, esta última tomada como necesidad transversal: sin ella no se puede satisfacer el resto. La ciudad, hasta ahora, era un satisfactor sinérgico, nos permitía dar cumplimiento a las nueve, pero ahora ya no es así. Incluso la participación se ha complicado y  parece que se ha sustituido simplemente por el consumo. La mayoría de las necesidades no se satisface, en definitiva.

 La segunda parte de la jornada comenzó con un repaso por la evolución de las  ciudades, surgidas en la primera y segunda revolución industrial a través de un sistema de acumulación de capital. En la segunda, ya se va separando la ciudad por zonas, según su uso. En la tercera, la revolución científico-técnica, surgida a partir de la crisis del petróleo de 1973, se produce la acumulación por desposesión, la privatización de los recursos naturales, la mercantilización creciente de todas las relaciones sociales, en definitiva el crecimiento económico meramente especulativo. Como ejemplo, en España hay siete millones y medio de viviendas que no están habitadas y otros siete millones de personas que tienen problemas de acceso a la vivienda.
 
Complejidad
 

La ciudad moderna está vinculada a la complejidad. En contraste con el artesano, que “produce, se reproduce y distribuye” (las funciones en una ciudad) en un mismo lugar,  surge un ciudadano que se mueve en distintos espacios mezclados. La ciudad es compleja pero a la vez es sencilla, está llena de códigos para hacerla práctica.

La ciudad, por lo tanto, comienza a deconstruirse, se zonifica, se separan las funciones urbanas y aparece la necesidad del transporte y de las zonas dedicadas a él: nace la anticiudad. Madrid, por ejemplo, es la segunda área metropolitana del mundo tras Singapur en acumular más kilómetros de autovía por habitante. Este uso ocupa más superficie que el resto de espacios dedicados a las otras funciones de la ciudad por separado. La zonificación, seña del urbanismo progresista, está ahora en entredicho.  Además, se produce la dispersión territorial: la ciudad sin límites. “Todo el globo terráqueo está al servicio de las necesidades de consumo de las ciudades”, señaló el director del taller. La ciudad moderna también es una ciudad dual: tiene dos velocidades; un centro frente a una periferia, que no necesariamente coincide con la periferia geográfica; y se produce el fenómeno de la gentrificación, que supone que la población tradicional de una zona no puede garantizar su subsistencia en ese espacio por la revalorización del espacio.

Surgen en esta ciudad actual tres tipos de barrios, que dan como resultado un abandono del espacio público: las comunidades cerradas o barrios búnker —en los que vive gente con un gran poder adquisitivo—, los barrios de adosados y las manzanas cerradas con patio interior. “Hemos roto la sociabilidad de la ciudad”, dijo Alguacil, que destacó que se rompe también la continuidad en los espacios porque se multiplican los traslados en coche. “El lugar público es un espacio de sospecha”, señaló, “que acaban ocupando los más desfavorecidos, en la actualidad los inmigrantes”. Y como el espacio público se ocupa por estas personas, pues no se invierte en él, y se acaba por destruir la ciudad.

Si la primera jornada del taller terminó con el anuncio de la destrucción de la ciudad y la evidencia de que la ciudad ya no satisface las necesidades humanas, Julio Alguacil abrió la segunda analizando las condiciones imprescindibles “para volver a la ciudad”, para poder desarrollar procesos participativos. Esas condiciones se resumen en tres dimensiones: la temporal, la espacial y la estructural.

Respecto a la primera, y sobre el esquema de André Gorz, impulsor de la jornada de 35 horas en Francia, que diferencia el trabajo heterónimo (para otros) y el autónomo (llamado ‘el arte de vivir’), destacó que es posible disminuir el tiempo de trabajo a unos niveles importantes y facilitar la participación, ya que uno de los grandes problemas para que los ciudadanos participen es la falta de tiempo. “Si no hay tiempo no se pueden aplicar los derechos de ciudadanía de forma efectiva”.

En cuanto a la dimensión espacial, Alguacil habló de recuperar los espacios de socialización. Expuso las escalas en la ciudad, desde el vecindario hasta la metrópoli, y puso como la escala ideal el barrio-ciudad, que podría tener entre 20.000 y 50.000 habitantes, que albergaría equipamientos cotidianos y aproximadamente la mitad de los empleos de sus vecinos. Precisaría de cierta autonomía política, de cargos electos de manera directa, y de algún elemento singular que pudiera servir de foco de atracción para habitantes de otras zonas y de orgullo para los vecinos. Sería el espacio adecuado para desarrollar de forma óptima las relaciones sociales, ya que fuera de ese ámbito las relaciones se deterioran. Por encima de él estaría la ciudad, la gran ciudad y el área metropolitana, donde es más difícil satisfacer de manera efectiva las necesidades humanas. Por último, estaría la dimensión estructural, sobre la que apuntó lo que ya comentó en la primera jornada: el desajuste entre los partidos políticos, su estructura jerárquica y la población.

Barrios-ciudad
 

Para articular estos barrios-ciudad haría falta una descentralización administrativa, ejecutada como desconcentración, descentralización y desburocratización. La primera de ellas se aborda desde un punto de vista político-económico. El gasto público en España actualmente se divide en un 45% por parte del Estado, un 40% por las comunidades autónomas y un 15% por los ayuntamientos, mientras que la Unión Europea habla de una tendencia hacia un reparto que sea del 50%, 25%  y 25%. Los ayuntamientos están mal financiados, según señaló Julio Alguacil, que denunció además la excesiva privatización de los servicios y apostó por la promoción de la economía social y la formación de cooperativas que no sólo crean empleo sino que generan confianza entre la población de distintos estratos. Asimismo, destacó la puesta en marcha de presupuestos participativos.

La descentralización, por su parte, se aborda desde el ámbito político, propiciando la elección más directa, mientras que la desburocratización requiere de la distribución social del poder y de dejar de depender de especialistas (los políticos) que acaban por inhabilitar a los demás en la toma de decisiones.

Alguacil expuso las distintas relaciones entre los actores de la ciudad. Señaló que se está dando gran importancia a los agentes económicos, que se incorporan a la gestión de la ciudad vendiéndose ésta como una marca (expos, capitalidades culturales…) para atraer inversiones que, en ocasiones, acaban por suponer un gran gasto público. Con este modo de trabajar desaparece la planificación urbana en favor de los intereses económicos. También habló de la situación del tejido asociativo, débil, atomizado y competitivo entre sí, e instrumentalizado en muchas ocasiones por la Administración.

Hay tres modelos de Administración: el burocrático, que es el clásico, el gerencial que es el que se está llevando a cabo en muchas ciudades, como Madrid, con más de quinientos gerentes, y el relacional, que es por el que apuesta Alguacil y el que analizó en profundidad. Este modelo implica un reparto del poder. En él, la calidad de vida se entiende como un proceso y hay participación no sólo por parte de los especialistas, ya que “conocer la realidad es el elemento pedagógico más importante”. La función de los políticos sería en este modelo la de incorporar a los ciudadanos a la toma de decisiones. “Un buen líder político es aquel capaz de incorporar  a los ciudadanos a la toma de decisiones y liderar esas relaciones”, dijo Alguacil.

Se necesitan, por tanto, políticos que medien entre las distintas redes sociales, técnicos implicados, trabajadores municipales corresponsables y ciudadanos activos y participativos.

Movimientos sociales
 

El reto, según Alguacil, está en las ciudades organizadas. Para él, la historia de la  modernidad es la historia de la lucha de los movimientos sociales, gracias a los cuales han llegado los derechos ciudadanos. Y ahí, en esos movimientos sociales, está la base de la alternativa. El director del taller expuso un triángulo en el que en un lado está el movimiento obrero, en otro el ecologista y en otro los movimientos antiautoritarios. En el centro, en la confluencia, está el movimiento de movimientos, el llamado movimiento antiglobalización. Alguacil preguntó y se preguntó si no sería este movimiento el nuevo sujeto histórico del cambio en una sociedad en que los partidos políticos no representan ya a las clases sociales.

Por último diferenció el movimiento antisistema, que propone una alternativa, del movimiento antisocial que sólo funciona como destructor de otro colectivo,  y destacó el crecimiento en España de los movimientos de los desesperados, como se vio en Francia hace unos años y en Los Ángeles a principios de los noventa. La base para el futuro partiría de movimientos locales, anclados a un territorio, pero unidos en una alianza global.

Más información: Nota de prensa

Daniel Innerarity. Un mundo desincronizado

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

Daniel Innerarity participó en el espacio de reflexión "Fronteras y direcciones del progreso" el 30 de octubre de 2008.

Primero Daniel Innerarity marcó los tiempos de su conferencia ‘Un mundo desincronizado’. Tres partes, tres tiempos. Se propuso (y lo consiguió) explicar por qué las guerras actuales son conflictos de tiempo y ya no de espacio. Después explicó por qué en la sociedad hay muchos tiempos diversos y finalmente expuso su concepto de cronopolítica: cómo entender la política como una gestión de los tiempos.

“Todos sabemos que quien manda es quien controla el tiempo”, comenzó Innerarity, que lanzó preguntas al público: ¿quién controla el tiempo?, ¿cuál es la velocidad correcta? Su hipótesis es que los conflictos actuales, desde los domésticos a la geopolítica, son conflictos de tiempo. “En geopolítica antes se ocupaba espacio y ahora lo interesante es hacerse con el tiempo”. “La cronopolítica es más interesante que la geoestrategia”.

“En el fondo luchamos por quitar el tiempo a otros”, según Innerarity que considera que la manera moderna de exclusión es acelerar los procesos sociales, que imponiendo velocidades se crean fronteras. Según el filósofo, hay que volver a la idea del marginado, que es una idea espacial, como el retrasado. El marginado vive hoy en otro tiempo. ¿Y cuáles son las dos instancias que tratan de imponer sus tiempos al resto? La economía financiera y los medios de comunicación.

Los sistemas más rápidos imponen su tiempo

Así llegó a la segunda parte, al segundo tiempo de la conferencia, la explicación de la policronía actual: cómo personas que viven en el mismo espacio, lo hacen en tiempos distintos. “Hay tantas velocidades que no hay una instancia  natural de las cosas”, señaló. Cada uno de nosotros reivindicamos nuestro ritmo. Existen, a la vez, los tiempos de las personas y los tiempos de los grupos.  Y hay choques. Hay lógicas temporales antagónicas y hay, por supuesto, lógicas temporales que pretenden imponerse sobre el resto.

Ese choque es especialmente importante entre los subsistemas sociales: la Economía, el Derecho, la Religión, la Política, los medios de comunicación… “Todos tienen tiempos muy diversos y chocan continuamente”. En esos choques, en esa “guerra desigual”, los sistemas más débiles, los más lentos, ven cómo los más rápidos les imponen su tiempo. Entre los más rápidos están—insistió Innerarity— la economía financiera y los medios de comunicación y entre los más débiles está la ecología (el tiempo de reposición natural es muy lento comparado con el tiempo del consumo), el Derecho (muy lento frente a los avances tecnológicos) o la política que necesita de la deliberación, de la búsqueda de razones.

“Se ha pensado que los progresos se armonizaban y el progreso se ha astillado: hay muchos avances en unos subsistemas y en otros no”. Dos ejemplos: la Unión Europea, de la que se pensó que el mercado único llevaría a una unión política, y China, que avanza hacia el capitalismo pero no hacia los Derechos Humanos. Y una desincronización clara respecto a las fuentes de energía: “hay ciclos naturales de regeneración que no están a la altura de la capacidad de uso de esos ciclos”. La velocidad de consumo es enorme.

La política debe democratizar el tiempo

Y llegó el tercer tiempo. ¿Cómo pensar un tiempo democrático? Esta es la función principal de la política, según Innerarity: democratizar el tiempo. Hay dos supuestos de la democracia moderna que hoy ya no son válidos: el concepto de la unidad del tiempo histórico y la compatibilidad entre el tiempo político y el tiempo social. “Nadie pensó que fueran incompatibles”.

La articulación del debate en torno al pasado, presente y futuro y la dicotomía entre conservador y progresista “hoy ya no está tan clara”. Es un anacronismo. “Ser progresista o conservador hoy significa poco”. Es más: “un reaccionario no es alguien que quiera conservar algo del pasado, es lo contrario”. “Un reaccionario destruye el futuro a través de la aceleración en nombre del futuro”. Como ejemplo, la batalla electoral entre Royal y Sarkozy: la izquierda es la del ritmo lento y la derecha la del ritmo rápido. “La lógica de la izquierda hoy es conservacionista”, mientras que los conservadores están a favor de la aceleración.

Y aquí señaló que “la aceleración dificulta y debilita la capacidad de deliberación y decisión del sistema político”. O dicho de otro modo: “La dinámica de la aceleración de la sociedad es una amenaza para la política porque dificulta la autodeterminación democrática”. Ese énfasis en agilizar las decisiones puede acabar siendo una coartada para tomar decisiones sin trámites democráticos. Así pues, la sociedad se va despolitizando. “Hoy el problema—señaló Innerarity—no es gobernar bien o mal, es gobernar. “El 90% de lo que hace un político es gestionar la reparación de los daños: la política es melancólica”. Llegamos a una democracia despolitizada en la que algunos pretenden que la política sea un anacronismo. Así que el desafío se traduce en cómo defender la democracia defendiendo las propiedades temporales de la democracia, cómo defenderse frente a los tiempos de la economía financiera y los medios de comunicación.

Innerarity, que miró varias veces su reloj, aseguró durante la conferencia que el tiempo de atención que una persona puede dedicar a escuchar a otra no suele pasar los cincuenta minutos. El ponente habló y contestó a las preguntas del público durante más de una hora y media. 

Eduardo Mendoza

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

Eduardo Mendoza participó el 23 de octubre de 2008 en el espacio de reflexión El autor y su obra, e hizo un recorrido por su vida, abordando los episodios fundamentales que arrojan luz sobre su vocación como narrador.

Con humor y una fina inteligencia, Eduardo Mendoza se aproximó a su trayectoria vital y literaria como si se tratara de uno de los personajes de sus novelas, comenzando con su infancia y las circunstancias del entorno familiar y social, para después hacer hincapié en su etapa de los años setenta, cuando escribió su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, poniendo en relación su literatura con las circunstancias históricas.

A partir de aquí, Mendoza reflexionó sobre buena parte de sus obras, y compartió con el público los rasgos principales de su actividad como escritor y los motivos que le impulsaron a escribir sus obras.

Eduardo Mendoza nació en 1943 en Barcelona, donde cursó todos sus estudios. Después de licenciarse en Derecho, estudió sociología en Londres y trabajó como abogado en varias empresas y más tarde como traductor e intérprete en las Naciones Unidas y en diversos organismos internacionales.

En 1975 publicó su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, con la editorial Seix Barral, a la que ha seguido siendo fiel hasta el día de hoy. Otras novelas suyas son: El misterio de la cripta embrujada, La ciudad de los prodigios, Sin noticias de Gurb y Una comedia ligera, hasta la más reciente, El asombroso viaje de Pomponio Flato, aparecida este mismo año. También ha escrito obras de teatro, en catalán, y ha hecho traducciones al castellano y al catalán.

Desde 1988, se dedica exclusivamente a la literatura, salvo un periodo en que impartió clases de interpretación en la universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha colaborado como columnista en el diario El País.

Taller «La ciudad de las tres ecologías»

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

Los días 6 y 7 de octubre de 2008, Carlos Verdaguer dirigió el taller “La ciudad de las tres ecologías. Una posible introducción al eco-urbanismo”.

Carlos Verdaguer (Madrid, 1956) es arquitecto urbanista, consultor de la red gea 21 y profesor asociado del Departamento de Urbanismo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (Universidad Politécnica de Madrid).

Verdaguer es experto en el diseño de proyectos integrales de sostenibilidad urbana y en la aplicación y desarrollo de metodologías de participación ciudadana asociadas al urbanismo. Entre los proyectos en que ha intervenido destacan el Ecobarrio Trinitat Nova (Barcelona), los proyectos europeos Ecocity y Steer-Snowball, el ecobarrio de Soto del Henares (Torrejón de Ardoz, Madrid). Recientemente ha participado en un concurso para el diseño de sendos ecobarrios en Logroño. Ha codirigido el Informe Diagnóstico GEO-Vitoria Gasteiz sobre la sostenibilidad urbana en el municipio y ha coordinado numerosos talleres de participación ciudadana según la metodología EASW (European Awareness Scenario Workshop) desarrollada por la Comunidad Europea.

Verdaguer es miembro del comité de seguimiento de la iniciativa CF + S Ciudades para un Futuro más sostenible (www.habitat.aq.upm.es), del GIAU + S (Grupo de Investigación para una arquitectura y un urbanismo más sostenibles), de la Comisión de Sostenibilidad del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y de la recién creada ASA (Asociación Sostenibilidad y Arquitectura, www.canalasa.es). Es también asesor del Portal Ecourbano (www.ecourbano.es), impulsado por la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona.

El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, inauguró el taller ‘La ciudad de las tres ecologías: una posible introducción el eco-urbanismo’, impartido por Carlos Verdaguer, profesor universitario y arquitecto urbanista. Gómez Aguilera señaló como punto de partida que “la Humanidad se está jugando su futuro en el escenario de las ciudades” y se abre por lo tanto el reto de su “habitabilidad y su humanización”.

Las tres ecologías a las que hace referencia Verdaguer en el título del taller  son la social, la mental y la física, ninguna de las cuales tiene sentido sin las otras dos. El director del taller hizo un recorrido histórico por las ciudades, que crecen primero  como una creación anónima y colectiva, fruto de muchas mentes y de un proceso complejo y pasan posteriormente a necesitar una planificación. El cambio principal lo da la Revolución Industrial en el Siglo XIX. Se introduce la velocidad como elemento esencial. Aparece el proletariado, la calle como escenario de la vida y aparecen los “lugares inhabitables” por primera vez. Esto permite que surja el urbanismo como disciplina paliativa. La población urbana crece sin parar (del 2% de la población mundial en 1860 al 60% en 2010). “El fenómeno urbano es imparable” y el planeta adquiere “una lógica urbana”.

Con la irrupción del urbanismo nace el mito de la homogeneidad, “un modelo abocado al fracaso”, según Verdaguer, porque “lo urbano ha venido para quedarse”  y “la venganza del lugar siempre aparece”. El trazado urbano permanece, hasta en la ciudad de Hiroshima después de la bomba atómica. Sin embargo sí que desaparecen lugares en las ciudades. Verdaguer apuntó la importancia de la desaparición de la memoria  asociada a ciertos lugares y el largo plazo necesario para que surja una nueva memoria. “No hay que respetar cualquier lugar pero hay que saber lo que implica su destrucción”. El arquitecto señaló que el ecologismo no está en contra de “no tocar nada” sino que se plantea quién toma la decisión de sustituir un lugar y si es necesario.

Si no existe la planificación, la ciudad se crea a golpes de  espontaneidad del mercado y cuando se acaba esa espontaneidad aparece la espontaneidad de la desesperación, y con ella la aparición de las grandes urbes y los grandes espacios de marginación. Eso sí, según Verdaguer, “es necesario planificar pero hay que tener cuidado con la ciudad que se sueña”. “Las recetas para hacer ciudades están reñidas con la complejidad de lo real”.

El director del taller apuntó unos objetivos ideales del planeamiento aunque acabó señalando que actualmente, en la práctica, “el planeamiento se convierte en un simple mecanismo regulador del mercado inmobiliario ajeno a la creación de la ciudad”. “A veces – apuntó – es el mejor que se puede hacer”. Se preguntó en voz alta si no será hora de que el urbanismo responda a su vocación originaria y se convierta en un instrumento de cambio social y de resistencia frente al poder omnímodo del mercado.

La nueva conciencia ambiental

Verdaguer citó unos principios generales de sostenibilidad frente a  los principios básicos de un modelo en crisis que se han demostrado como falsos. Entre los primeros se puede destacar que el respeto al medio ambiente es inseparable del bienestar humano y éste a su vez lo es de la equidad y la solidaridad, así como que el proceso de agotamiento de recursos y el deterioro ambiental es exponencial, entre otros.

Expuso  también los objetivos básicos  para un nuevo urbanismo, que se pueden agrupar en tres:

    • La integración en el medio natural y artificial, partiendo de lo existente y mejorándolo, ya sea sustituyendo, renovando o conservando.
    • El ahorro de recursos energéticos y materiales.
    • La calidad de vida en términos de salud, confort y bienestar social, contando con la participación en el proceso de toma de decisiones.

 Verdaguer  dibujó con palabras el mapa de la ecociudad postindustrial y señaló que la reflexión urbano- ecológica a nivel territorial sigue siendo una asignatura pendiente porque está ligada a una transformación global del modelo energético. “Estamos abocados a velocidades más reducidas”, aseguró. A su vez, enumeró las directrices básicas de la ecorregión, que comienzan con poner límites a  la dispersión, la redistribución territorial de recursos, la gestión integrada de energía y materia, la reducción de la movilidad, el reequilibrio entre entorno natural, rural y urbanizado, el fomento de la autonomía de los núcleos urbanos y la inserción de las redes globales.

Finalmente, para acabar la primera jornada del taller, citó las condiciones básicas de la ciudad sostenible, entre las que destacó el ecobarrio como unidad principal y la rehabilitación y reutilización del Patrimonio construido como una directriz fundamental para la sostenibilidad. En España hay actualmente 24 millones de viviendas y 45 millones de habitantes. “Hay pocas justificaciones para construir una vivienda más”.

La segunda y última jornada del taller ‘La ciudad de las tres ecologías’ partió de la exposición de las herramientas básicas para un nuevo urbanismo, divididas en tres grandes ámbitos: un enfoque holístico y multidisciplinar, la participación y el control de los usuarios y la evaluación y monitorización durante y después del proceso.

El director, Carlos Verdaguer, insistió durante las dos jornadas en la importancia de avanzar en cualquier aspecto que conforme  el ecourbanismo y a la vez en que sólo se puede hablar de ecociudades o ecobarrios si se avanza en todos y cada uno de esos aspectos. Señaló que cada proyecto exige una identificación diferente en función de los objetivos que se buscan y explicó su experiencia en realizar matrices de análisis o de diagnóstico para analizar dichos proyectos. “Es necesario identificar los sectores clave para establecer los objetivos de sostenibilidad”.

En cuanto a la participación, este arquitecto urbanista parte del principio de subsidiariedad: resolver los problemas lo más cerca posible del origen. Los técnicos deben apoyar el proceso de toma de decisiones con soluciones argumentadas, pero la decisión antes calidades distintas o contradictorias no puede ser técnica. La verdadera participación – destacó – no consiste en informar ni en consultar (al estilo de las alegaciones en los planes generales). “La participación  se produce cuando puedo entrar en un sitio con la idea A y salir con al B o al menos con la A+1”. Hay dos modelos contrapuestos de participación: el habitual, de arriba abajo, que en el mejor de los casos se logra una homegeneización y el participativo, de abajo arriba. “La participación es un filón, ya que es conocimiento acumulado que puede sustituir mucha información urbanística”. Advirtió también de la importancia de no crear falsas expectativas en los procesos de participación, de integrar a todos los actores desde el inicio y de no buscar el consenso en sí mismo sino la identificación de los verdaderos conflictos.

Verdaguer hizo un repaso de algunos de los pioneros en el diseño sostenible, que aquí tan sólo se nombran: Lucien Kroll, Ralph Erskine, John F. Turner, Rod Hackney, Bernard Rudofsky, Giancarlo De Carlo, Charles Abrams, Henri Lefebvre, Félix Guattari, Michel Focault, Jim Diers, Yukio Nishimura o Christopher Alexander, entre otros.

La tercera de las grandes herramientas consiste en la necesidad y los métodos de evaluación del proceso, “para aprender del propio proceso”. Señaló en tono jocoso que “el arquitecto suele ser el que no vuelve por la escena del crimen” y volvió a insistir en la importancia de medir la complejidad  para no ‘vender’ como sostenibles proyectos que sólo cumplen una parte de los requisitos.

Una herramienta vigente: la Agenda 21

La Agenda 21 como herramienta metodológica, según el ponente, ya contiene todos los elementos necesarios para constituir la base de un nuevo urbanismo sostenible aunque en la práctica, en España, sólo ha estado a la altura de las expectativas “cuando los políticos han permitido su aplicación coherente”. Destacó que está lastrada por la inexistencia de un marco legal y que normalmente se ha quedado en la etapa de diagnóstico y en una marca de prestigio ambiental. Como ejemplo más claro de esto último citó el caso de Madrid, una ciudad claramente insostenible con Agenda 21.

Siguiendo esta línea advirtió de que el hecho de que no haya soluciones ni fórmulas únicas para medir la complejidad de los procesos no puede ser coartada para aceptar cualquier cosa como un proyecto sostenible. Puso dos visiones sobre la sostenibilidad que representan dos extremos: la de Richard Rogers, en la que el reto consiste en incorporar tecnologías sostenibles que reduzcan la contaminación y los costes de mantenimiento de los edificios y la de los que sostienen que la única arquitectura sostenible es la que no se llega a construir, porque un nuevo edificio nunca ahorra energía y toda urbanización de un nuevo suelo es antiecológica. En este sentido, según Gunther Moewes, la rehabilitación, la sustitución de edificios o el cierre de huecos entre estos es lo único válido en la actualidad. Terminó haciendo referencia al monofuncionalismo solar, es decir, a  los proyectos pensados solamente para atender a la orientación del sol, pero que en la mayoría de los casos desatienden otras necesidades y crean otros problemas.

Como colofón del curso expuso algunos de los proyectos en los que ha trabajado a través de la empresa consultora Gea 21, como el barrio de Soto del Henares en Torrejón de Ardoz, un concurso para dos ecobarrios en Logroño o el proyecto de Trinitat Nova en Barcelona, integrado en el proyecto Ecocity, del que señaló que el resultado se ha ido desviando del planteamiento realizado originariamente.

Miguel Cereceda. Chillida / Tindaya

Ci spiace, ma questo articolo è disponibile soltanto in ES.

El 25 de septiembre de 2008, Miguel Cereceda pronunció la conferencia titulada Chillida / Tindaya, dentro del espacio de reflexión Miradas divergentes.

Miguel Cereceda (Santander, 1958) es Profesor titular de Estética y Teoría de las Artes en el Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido Catedrático de Filosofía de Bachillerato y profesor de Sociología del Arte en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha. Actualmente es miembro de la Junta Directiva del Círculo de Bellas Artes de Madrid, crítico de arte en el diario ABC de Madrid y Profesor Invitado en el Departamento de Arte y Nuevos Medios de la Universidad de Potsdam (Alemania).

Ha comisariado numerosas exposiciones, entre las que cabe destacar Hacia un nuevo clasicismo. Veinte años de pintura española, con obras de los escultores españoles más importantes de los años ochenta, y Desesculturas, con obras de una selección de escultores españoles de los años noventa.

Es autor de los libros El lenguaje y el deseo (1992); Kant: el uso teórico y el uso práctico de la razón (1992); El origen de la mujer sujeto (1996); Hacia un nuevo clasicismo. Veinte años de escultura española (1999); Desesculturas  (2002); El Barco del Arte (2005) y Problemas del arte contemporáne@ (2006, reed. 2008), además de diferentes publicaciones colectivas.

Ha publicado, además, numerosos textos de catálogos y colaboraciones en diversas revistas nacionales.

En el transcurso de su intervención, Cereceda hizo un recorrido por la historia de la construcción de las principales esculturas públicas y monumentales del s. XX, así como por las polémicas que suscitaron y su posterior recepción, para contextualizar el debate planteado en torno a la intervención de Eduardo Chillida en Fuerteventura desde el punto de vista del conferenciante.

Así, Cereceda citó ejemplos como la Torre Eiffel de París, La Sirenita de Copenhage, el monumento a Balzac de Rodin, la escultura de Picasso del Civic Center de Chicago, el museo Guggenheim de Bilbao o la escultura “Elogio del horizonte”, en Gijón, del propio Chillida, como casos en los que la implantación de determinadas esculturas monumentales han creado grandes controversias estéticas, sociales y económicas.

El conferenciante defendió la intervención de Eduardo Chillida en la montaña de Tindaya, en Fuerteventura, desde una perspectiva estética y por el alto valor artístico y la singularidad de la obra que, a su juicio, contribuiría a potenciar la conservación del entorno. Pidió que se desvincularan los problemas políticos y económicos del juicio estético y que se investigara en los tribunales las desviaciones que se hayan podido cometer en el desarrollo del proyecto, que censuró.