Salvador Rueda en la FCM: “Resolviendo los problemas de movilidad se soluciona la mayor parte de los problemas de un territorio”

Salvador Rueda, director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, impulsor de las supermanzanas, ofreció en la Fundación César Manrique el pasado 22 de junio la conferencia La transformación de la movilidad y el espacio público de las ciudades, basado en las supermanzanas. Comenzó señalando que el cambio de hábitos “genera resistencias increíbles” y que “ganarán aquellos que estén a favor de moverse con medios alternativos al coche”. Al terminar su intervención, volvió al principio para asegurar que los opositores a estas medidas “chillan mucho”, pero no son nunca más del tres por ciento. Rueda trabaja en cincuenta ciudades en todo el mundo (Nueva York, Quito, Moscú Buenos Aires o Madrid, entre otras) y señaló que “hay que educar” a la población y que “resolviendo los problemas de movilidad se soluciona la mayor parte de los problemas de un territorio”.

Las supermanzanas son células urbanas de unos 400 metros por 400 metros, en cuyo interior se reduce al mínimo el aparcamiento de vehículos en superficie y el del tráfico motorizado (residentes, servicios, emergencias, carga y descarga). La velocidad a pie se iguala a la velocidad en coche. El tráfico circula por las vías perimetrales.

Rueda habló del Plan Cerdà, del ingeniero Ildefonso Cerdà, creador del Ensanche de Barcelona y precursor de las supermanzanas en el Siglo XIX. Partía de esa idea de célula urbana en su libro Teoría general de la urbanización, que no se conoció hasta 1972. Cerdà quería solucionar los problemas de higiene, equidad y movilidad. Era “un cambio total”, con más espacio para cada ciudadano, mayor anchura de las calles y muchas zonas verdes. Este planteamiento se produce antes de la llegada del ferrocarril y en la transición entre la ciudad orgánica y la ciudad industrial. “Cada modo de locomoción genera una forma de urbanización” –recordó Rueda, haciéndose eco de Cerdà–, “y ahora sufrimos de la enfermedad del transporte. Actualmente, nos hemos empeñado en que los coches vayan por todos los tramos de todas las calles, y las velocidades son ridículas. Es absurdo e ineficiente y tiene consecuencias negativas para los ciudadanos”.

Que los coches vayan por todas las calles da como resultado que uno de los pocos derechos ejercidos en la ciudad sea el del desplazamiento; y es la guardia urbana la que garantiza ese derecho. “Ellos gestionan la ciudad, y nuestra máxima aspiración es la de ser peatones –dijo Rueda–, aunque ‘peatón’ también es un modo de transporte… y no es la de ser un ciudadano. Hemos rebajado nuestras aspiraciones, nos han ganado la partida y nos han sorbido el seso”, señaló.

Rueda llegó a la idea de supermanzana en 1987, cuando dirigía los servicios técnicos del Ayuntamiento de Barcelona. “Entonces, me dijeron que estaba sonado y hoy, está aprobado el proyecto”. Explicó que, en las calles con vehículos, el ruido siempre está por encima de 65 decibelios, lo que impide entender una conversación a un metro de distancia. “…Y lo único que me preguntaban era si se iba a colapsar el tráfico”. Afirmó que reduciendo sólo un 13 por ciento de los vehículos, se libera un 70 por ciento más de espacio público. Además, mejoran las condiciones ambientales en toda la ciudad. Es una solución equitativa, y se garantizan otros derechos: “Ahora es imposible que un niño juegue en la calle si los coches van a más de 20 kilómetros por hora; y que un niño no tenga independencia en la ciudad es un fracaso”. “Sería el proyecto de reciclaje más importante del mundo, sin tirar una sola casa”, aseguró. Rueda considera que el vehículo del futuro para la ciudad es la bici eléctrica. No contamina, no hace ruido y es competitiva con el coche a distancias de hasta once kilómetros. “Imaginen las carreteras de Lanzarote acondicionadas para esta bici”, dijo.A su juicio, lo que define la ciudad son dos elementos: la existencia de espacio público, “que no es lo mismo que espacio urbanizado, porque en el espacio público se hacen efectivos los usos y derechos de los ciudadanos”, y, por otro lado, la reunión de personas jurídicas, que atesoran conocimientos, en un espacio limitado y trabajando conjuntamente. Frente a esto se encuentra ‘el suburbio’, que es el “desierto urbano”. La parte “más radical del proyecto de supermanzanas es cambiar el concepto y pasar de peatones a ciudadanos”. “La supermanzana está hecha para que la gente se desarrolle y crezca en el lugar donde vive, sin miedo a ocupar el espacio público”.

Por último, señaló las consecuencias del modelo actual: en Barcelona, cada año mueren 3.500 personas por la contaminación atmosférica, hay 54.000 ataques graves de asma y muchos otros problemas que relacionan los trastornos de salud con la polución. Las supermanzanas reducen “de forma muy importante” la contaminación atmosférica y el ruido. “El Born fue la primera supermanzana. Era una zona marginal y ahora casi se ha convertido en un exitoso parque temático; nos hemos pasado porque no tenemos mecanismos para competir con la inversión privada y combatir la gentrificación… y porque no se ha hecho lo mismo, simultáneamente, con otras zonas de la ciudad”. “Si alguien tiene una fórmula mejor para resolver todos los aspectos, de agua, energía, derecho al ocio, sanidad y movilidad, que la explique porque tendremos que publicitarla”, finalizó. 

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Alexis Ravelo: “El autor es dueño del significado de la novela pero no de sus sentidos”

El escritor Alexis Ravelo acudió a la sala José Saramago, de la Fundación César Manrique, el día 25 de mayo, para reflexionar en voz alta sobre el proceso de escritura de una obra literaria. Desechó, al inicio de su intervención, la lectura de una conferencia de doce páginas que él mismo había escrito porque le parecía “insoportable” y anunció que de literatura no sabe nada pero de escritura sí, y que el oficio de narrador es el de un artesano, no el de un artista. “Mi trabajo -señaló- es encontrar buenas historias, intentar contarlas lo mejor posible e incomodar un poco al lector para que no sea la misma persona al acabar la lectura”. “Será el tiempo el que dirá si soy o no un artista”, advirtió, aunque admitió no ser tan modesto porque le gustaría que dentro de 200 años hubiera calles con su nombre. Pero no ahora. “Ahora quiero escribir y publicar para poder seguir escribiendo”.

 

Así pues, con el paso del tiempo, el escritor reconoció que ha ido “afinando un método” pese a que en literatura “no hay nada escrito” y que el trabajo se parece mucho al de un simio: ensayo-error. Lo primero que hay que hacer es buscar el argumento, y para eso hay que tener “educados el olfato y la mirada”, porque “la inspiración está sobrevalorada”. Se trata, como dijo Borges, de “buscar asombro donde otros encuentran costumbre”. Un cuento sólo necesita de una buena idea, pero una novela necesita de varias ideas cruzadas, que se someten después a la “prueba del nueve”. ¿Esta historia podría haber ocurrido en cualquier lugar? ¿En cualquier época? Si la respuesta es que sí, sigue adelante. Es entonces cuando debe surgir el conflicto “porque sin conflicto no hay novela”.

 

El autor de Los milagros prohibidos no empieza sus novelas hasta que no sabe cómo van a acabar. “Primero imagino el final y el resto está hecho para llegar ahí”. Y a partir de ahí se plantea la presentación de los personajes, los posibles giros o los capítulos de postergación del desenlace.El autor es dueño del significado de la novela porque es dueño de su argumento, pero no es dueño de los sentidos de la novela, y si es de calidad, habrá sentidos que el autor no sospechaba”.

 

Para escribir una novela hacen falta límites, muy necesarios, porque “el arte, cuantos más límites tiene, más libre es”. Están los límites temporales (“los lectores de hoy tienen más prisa que los del Siglo XIX”) y los límites espaciales (“hay que escoger la geografía adecuada y convertirla en nuestro paisaje”, “los autores, cuando hablan de sus barrios o de sus pueblos, escriben novelas espléndidas, pero van a Nueva York y se vuelven tontos”). El tercer límite está en la búsqueda de objetos (“En Caperucita, si no hubiera habido cesta no habría cuento, porque no sale de casa”) cotidianos, habituales, que se convierten en objetos simbólicos, mágicos, en “túneles que conectan la ficción con la realidad” y que “originan, mueven o solucionan un conflicto”. “En todas las historias hay objetos importantes”.

 

Después van surgiendo los personajes, y los protagonistas, “que son aquellos que al final de la novela, no son los mismos que al principio”. Los protagonistas tienen dos características: tienen que querer algo y les tienen que ocurrir cosas horribles. Esto último es por dos motivos: para saber de qué pasta están hechos y para que se produzca el cambio, la catarsis.

 

Ya sólo queda “la decisión más crucial”, quién va a contar la historia y cómo. “Hay dos tipos de escritores, los que encuentran una voz, un estilo propio y los que nos vamos dando hostias traicionando nuestro estilo”. “Yo quiero ser Miguel Delibes” dijo Ravelo, porque era un escritor que se ponía al servicio de la historia, de cómo necesitaba contarse cada historia.

 

El resto ya es “picar piedra y administrar el tiempo”. Él escribe cada día desde las siete de la mañana, tres páginas. Escribe un primer borrador y lo deja reposar. Después lo lee “como si lo hubiera escrito otra persona, y ahí empieza la labor de composición”. Elimina, aproximadamente, una cuarta parte del borrador, lo deja reposar de nuevo, vuelve a eliminar, lo deja leer a amigos que no tienen que ver con el mundo literario “y que no te quieran mucho”… Ese proceso se puede repetir hasta siete u ocho veces. “Al final -concluyó- publicas la novela para dejar de corregirla”. Y al final llega el principio, porque, cuando la novela ya tiene título, y cuando está a punto de maquetarse, sólo unos días antes, escribe las primeras páginas “porque ya conoces la mejor manera de entrar a la historia”.

 

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Sami Naïr: “La crisis de los refugiados ha dañado de forma casi irrecuperable el proyecto europeo”

Propone tres soluciones: otorgar un pasaporte de tránsito a los refugiados, aumentar los visados legales para los inmigrantes e invertir en los países en desarrollo y dar libertad de circulación a sus ciudadanos

 

Con la conferencia de Sami Naïr, el pasado 30 de marzo, Refugiados: Frente a la catástrofe humanitaria, una solución real, la Fundación César Manrique abre una “programación estable” para 2017, como anunció su director, Fernando Gómez Aguilera, con el objetivo de “enfocar” 2019, año del centenario del nacimiento de César Manrique. Aguilera dijo que se escogió esta conferencia “para hablar de un problema que nos interpela a todos, la mayor catástrofe en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”, “una vergüenza”, no sólo por los campos de refugiados sino también por la reacción de los gobiernos europeos: “Es un asunto de barbarie civilizada, que es la peor de las barbaries”, señaló.

 

Naïr comenzó añadiendo que no sólo es la mayor tragedia sino que revela la impotencia y el fracaso de los proyectos europeos: “Con esta crisis, una parte del alma europea ha desaparecido y ha dañado de forma casi irrecuperable el proyecto europeo”.

 

El conferenciante explicó el contexto. El año 2015 supone “un antes y un después”. Cinco millones de sirios salen de su país huyendo de la guerra y se encuentran con un muro de insolidaridad. Pero, “¿cómo hemos llegado hasta aquí?”. Lo primero es diferenciar refugiados de inmigrantes económicos: un refugiado se encuentra en peligro de muerte por sus convicciones, su raza o por una dominación, y la Convención de Ginebra de 1951 fue hecha para otorgarles protección. Ahora se da una paradoja en la Historia. Esa Convención fue elaborada para acoger a ciudadanos de países del Este de Europa que huían de regímenes comunistas, y los más beneficiados fueron los húngaros. Hoy, esos países son los que rechazan su aplicación. “No hay memoria; las víctimas de ayer pueden ser los verdugos de hoy”, señaló Naïr.

 

Con la destrucción de Irak en 2003 salieron de sus países millones de iraquíes y de afganos, que llegaron, principalmente, a Pakistán (nueve millones) y a Turquía (diez millones). “Esto explica lo que pasó en Turquía en 2015”. Con la llegada de los sirios, abren sus fronteras. Mientras que países empobrecidos como Egipto, Túnez o Líbano acogen a centenares de miles de personas, Europa, con el 23 por ciento, del PIB mundial, cierra sus puertas “con la idea de una invasión”. Así que nos encontramos “ante algo que nos interroga sobre lo que somos y lo que tenemos que hacer”.

 

Merkel, según señaló Sami Naïr, a pesar de su orientación liberal y la defensa de la austeridad, reaccionó de forma humanista diciendo: “Si mi país no ayuda a las víctimas, no es mi país”. Prometió acoger a un millón de refugiados y desató una reacción negativa del resto de países, excepto de Grecia e Italia. Acabaron entrando 745.000. Lo hizo por tres razones: porque ella misma es refugiada, de Alemania del Este, es hija de un pastor protestante y es una mujer inteligente que sabe que Alemania va a tener un problema demográfico y va ser adelantada por Francia en población. El resto de los países dijo que no y Merkel se echó atrás y acabó imponiendo a Turquía un pacto, logrando un “Golpe de Estado semántico” al transformar a los refugiados en inmigrantes ilegales, a quienes ya no hay obligación jurídica de ayudar. De los tres millones de refugiados que llamaban a la puerta de Europa, la Unión Europea acordó acoger a 160.000 en un plazo de dos años, tras los cuales ha acogido sólo a 13.000. El resto “vaga ilegalmente” por Grecia e Italia. El comisario europeo de Derechos Humanos acaba de reconocer el fracaso pero no propone nada, y los refugiados ni siquiera pueden salir de los campos donde se encuentran. Además, el pacto con Turquía es muy frágil porque Alemania aceptó dos cesiones que no se han cumplido: otorgar 6.000 millones de euros para ayudar a Turquía al acogimiento (y no ha llegado ni la mitad del dinero) y negociar la integración de Turquía en la UE. Para esto último, aún queda por superar una barrera de diez puntos difíciles de negociar. Erdogan, por tanto, amenaza con volver a abrir las fronteras. “Estamos en un callejón sin salida: la gente de los campos está bloqueada, no tienen solución para su futuro”.

 

La primera consecuencia “gravísima” de esto es la renacionalización de las potencias europeas. Francia empieza a rechazar, en lugar de dejarlos transitar libremente, a los inmigrantes que acoge Italia y pasan a su territorio. Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia deciden no aceptar las cuotas “cortando la solidaridad europea”, y hace tres semanas, Hollande propone crear una Europa de dos velocidades con seis o siete países solamente, y mientras tanto Gran Bretaña sale de la UE. “Es el fin de la política común europea, y las instituciones no saben qué hacer”. “Todo esto ocurre- señala Naïr- por la falta de un proyecto político”.

 

 

Las propuestas

Ante esta situación se abren dos posibilidades: volver atrás o ir hacia adelante, hacia una política no sólo económica, sino una Europa solidaria, confederal, “que hable con una sola voz a escala planetaria”. En su último libro, titulado como la conferencia, Naïr propone tres orientaciones, que explicó al público:

1. La Unión Europa debe dar un pasaporte de tránsito para circular libremente por la UE y “poder buscar su suerte en el mundo entero” a los sirios, afganos e iraquíes. Una solución que ya se aplicó, con el pasaporte Nansen, tras la Primera Guerra Mundial.

2. Para los inmigrantes económicos indocumentados, la situación está empeorando cada vez más, se está endureciendo. Habría que lanzar políticas de ayuda a los países fronterizos para estabilizar sus sociedades. Europa tiene una población de 550 millones y se trata sólo de cinco millones de personas. Hay que aumentar el número de visados legales. “España puede hacerlo porque hay sectores económicos que necesitan esa mano de obra”.

3. En 2008 estalló la crisis de la globalización liberal. Si no cayó del todo fue porque China la sostuvo, convirtiéndose en la principal potencia liberal del mundo. Desde entonces, “Europa no sabe dónde ir, Estados Unidos se ha vuelto proteccionista y China se ha volcado en su mercado interior”. Para Naïr, hay que invertir en los países en desarrollo y dar libertad de circulación a sus ciudadanos.

 

Hay tres grandes desafíos para el futuro inmediato: controlar las reglas del sistema económico, regular el medioambiente y atajar el problema del desplazamiento de las poblaciones. “En el mundo hay más de 22 millones de inmigrantes y Europa, con una vista a largo plazo, debe saber responder. Para ello necesita la participación democrática de su población”.

 

 

Nota de prensa en PDF de la conferencia el día 30 de marzo:

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Naredo: No se puede avanzar hacia una sociedad de personas libres e iguales con instituciones y organizaciones jerárquicas y elitistas

El economista pronunció el día 11 de abril en la sala Jose Saramago la conferencia “Ideología económica y naturaleza humana. Claves para un cambio de paradigma”

José Manuel Naredo es un economista que habla como un filósofo y estudia antropología. En la Sala José Saramago impartió la conferencia “Ideología económica y naturaleza humana. Claves para un cambio de paradigma”, que nace del afán de “actualizar” sus preocupaciones.

La primera parte de la conferencia se centró en demostrar que la antropología desmonta algunos de los principios que hoy se toman como verdades universales. Naredo considera que la ideología orienta nuestro enfoque y que la percepción del pasado condiciona el futuro y por tanto las posibilidades de cambio. Así, señala que hay una ilusión occidental de la naturaleza humana que es sobre la que se alza la ciencia económica. “Se propone como normal una idea de naturaleza humana malvada”, aseguró. Esta idea, en la que el único motor fijo parece ser el afán de acumular dinero, que pasa de ser un vicio a una virtud, se consolida con el dualismo cartesiano, que también consolida la separación entre sociedad e individuo o entre especie humana y naturaleza.

Al mismo tiempo, la economía comienza a abrirse paso como una disciplina independiente, que gestiona la riqueza, mientras la política gestiona el poder, cuando en realidad no es así, “porque están entrelazadas”. Comienza a aparecer también la idea de crecimiento, que se basa en la metáfora de la producción, cuando se consideraba que los continentes crecían, como las cosechas y los minerales. Después llega la Revolución industrial y se pone en evidencia que la noción de producción no es universal y que se trata de una extracción de los recursos naturales; entonces la economía se consolida a base de aislarse en el reduccionismo monetario. “La metáfora absoluta de la producción y la mitología del trabajo y el crecimiento encubren los procesos de adquisición y los daños físicos y sociales que provoca”, según Naredo. El enfoque económico estándar soslaya las raíces del deterioro porque ignora el coste de reposición de la naturaleza y tiene en cuenta únicamente el coste de extracción. Se manifiestan los daños al medio ambiente, que se puede abordar de dos maneras: dentro del sistema o integrando el conocimiento de otros sistemas. La diferencia es que en la primera, el mercado es la panacea y en la otra, el mercado es sólo un instrumento.

La propuesta que hace Naredo es la de un enfoque ecointegrador en el que el primer paso es ampliar el objeto de estudio y pasar del sistema económico a una economía de sistemas, donde la simbiosis y la cooperación, son las que propician que las cosas funcionen, frente al sistema actual con escasez de recursos y exceso de residuos. La Tierra, según Naredo, evoluciona hacia “Tanatia”, hacia un estado muerto.

Se produce, además, una polarización, una desigualdad, que favorece el propio marco institucional: los pobres venden barato y los ricos atraen el dinero de los pobres. Por otra parte, el comercio de activos patrimoniales, no ya de productos, da más poder a los poderosos, produciéndose la paradoja de que el país más rico del mundo es el más endeudado.

Ahora, con el predominio de la extracción, adquisición y deterioro, las empresas controlan los Estados, los medios de comunicación… Hay un neocaciquismo democrático. Se repiten, por ejemplo, megaproyectos que ya se sabe que no son beneficiosos para toda la población sino sólo para unos pocos, con un componente especulativo y de extracción de recursos.

Al final de la conferencia, Naredo apuntó que “hay una emergencia de un nuevo paradigma sociocultural”, pero que para ese cambio de paradigma no valen falsos atajos: “No se puede avanzar hacia una sociedad de personas libres e iguales apoyándose en esta idea de naturaleza humana y con instituciones y organizaciones jerárquicas y elitistas”, señaló. Además, la competencia, el egoísmo, la avaricia o la desconfianza son el caldo de cultivo de la tiranía.

Para ese cambio de paradigma sería necesario apuntalar la negación de que la acumulación de riqueza sea una fuente de progreso, y también visibilizar otras relaciones de reciprocidad o redistribución, ir hacia una economía de sistemas con ciudadanos activos.

Naredo terminó asegurando que ahora se siente menos sólo con estas reflexiones que hace unos años y apuntó algunas características de ese nuevo paradigma: la regulación, el mercado como instrumento, una naturaleza humana cooperativa en simbiosis con la Naturaleza, pasar a una democracia participativa y considerar los recursos naturales sugerentes, no limitantes. Finalizó con una mención a César Manrique por su “gran sensibilidad” al transformar el territorio convirtiendo parajes inhabitables “en algo sugerente”.

Joaquín Araújo: «Renunciar al petróleo no provocaría un colapso, porque el colapso ya lo ha provocado este modelo energético»

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El problema del petróleo en Canarias es “crucial y urgente” porque supone “plantearse si debemos seguir por la vía de la trampa con nosotros mismos o entregarnos más a los designios de los devoradores que lo saquean todo”. Así comenzó Joaquín Araújo su conferencia ‘Hacia la transparencia. Canarias sin prospecciones: un nuevo modelo energético’, dentro del espacio de reflexión Fronteras y direcciones del progreso. Para el naturalista, que inauguró las actividades de la Fundación César Manrique (FCM) este año, al igual que ya lo hiciera en 2007, la FCM se alinea en la pelea más importante del momento, la de la transparencia. “Devorados los elementos básicos de la economía, descuartizado el territorio, comprometido de forma irracional el porvenir, el último asalto es hacia las ciudadelas de la inteligencia”, dijo Araújo, que considera que lo que le ocurre al aire no se puede desligar de lo que ocurre a lo social, lo político o lo cultural porque “la contaminación del aire es vírica y se contagia a los espíritus”. La transparencia, para él, es más que básica, porque es la primera materia prima de casi todo lo que importa. “No hay un solo proceso esencial para la vida que no tenga como primer manantial la transparencia”, señaló. Y al igual que la transparencia es materia prima, también lo es la comprensión, para la comunicación, que está amenazada de una opacidad creciente.

Por lo tanto, no se puede comprender sin partir de la transparencia, mientras que su carencia, “el encadenamiento de mentiras”, es precisamente el punto de partida de la crisis, que ha puesto en el filo de la navaja al proyecto de una civilización entera. “La transgresión de las normas —según Araújo— es lo que nos lleva a esta situación” y de forma paralela “no le pasa nada distinto al medio ambiente de lo que sucede a su sociedad y su modelo energético”. Para definir a ese modelo recurrió a María Zambrano, que afirmaba que “toda exacerbación acaba por negar lo que pretendía afirmar”, porque “a fuerza de buscar la comodidad y la velocidad hemos llegado a esta situación. Nuestro modelo energético es bulímico, es un insaciable consumidor de muchísima más energía de la necesaria y eso se ha considerado imprescindible”. Según el naturalista, se puede hacer lo mismo consumiendo un cincuenta por ciento menos de energía. No haberlo logrado supone también un fracaso de la tecnología, por no haber alcanzado a imitar la eficiencia de la Naturaleza, que consigue mucho con muy poco. Las máquinas consiguen una eficiencia energética del diez por ciento, las personas del sesenta y la mayoría de los animales del ochenta. El mosquitero musical, un pájaro de siete gramos de peso, es 30.000 veces más eficiente que los cohetes que propulsan naves al espacio. 

Frente a estas materias primas, “algunos convierten la mentira en su materia prima” y dicen que “está bien destruir la transparencia porque es rentable”. Según Araújo, para comenzar a contemplar las cosas con transparencia no se puede argumentar permanentemente que la renuncia al petróleo provocaría un colapso, porque el colapso ya está provocado por este modelo energético “y es demostrable científicamente”. Araújo se preguntó cuánto dinero se habría ahorrado Japón si hubiera cerrado su última central nuclear hace un año y no ahora, y trasladó esa misma lógica a las prospecciones en Canarias, advirtiendo de que ante un accidente de segundo o tercer orden, ya hay que poner en la contabilidad cuánto se merma de lo esencial, de las comunidades vivientes. Dijo que aunque el petróleo haya traído beneficios indiscutibles, desde el punto de vista de la economía ecológica, no ha obtenido beneficios. “Sólo con restar las vidas humanas que este modelo energético se ha llevado por delante ya no salen las cuentas”, subrayó el conferenciante, que cree que apostar por no erradicar este modelo energético ya nos puede estar costando mucho, y puso varios ejemplos. El primero, el del economista Nicholas Stern, que trabajó para el Banco Mundial y el Gobierno británico y concluyó en un informe en el que informaba que si no dedicamos el uno por ciento del Producto Interior Bruto al cambio de modelo energético, en treinta años el cambio climático hará que merme entre el quince y el veinte por ciento la economía mundial. El segundo: en la década de los setenta las compañías de seguros pagaron 40.000 millones de euros por catástrofes relacionadas con el petróleo mientras que en la primera década del Siglo XXI esa cifra llega hasta los 740.000. Y el tercer ejemplo: España pagó a la Unión Europea el año pasado 1.600 millones de euros por incumplir con la contaminación atmosférica. Araújo insistió en que “lo que le hacemos a la atmósfera genera una deuda económica directa con la sociedad”. En la historia de la industria petrolera ha habido 2.500 accidentes, 200 de ellos graves y 20 han sido catástrofes “y nos dicen que es seguro, como nos dicen que son seguros el sistema financiero y las centrales nucleares”.

Para Araújo, este modelo energético también es injusto y perverso porque los que no contraen deudas con la Naturaleza también son deudores: el noventa por ciento de las catástrofes ocurre en países pobres, que son los que menos contaminan, además del daño social y político, ya que la estrategia bélica de Estados Unidos está basada en el control del petróleo. Por eso aboga por una radicalidad necesaria: elegir entre el alfa y el omega, porque en unos cuarenta años el clima no podrá soportar la contaminación, “y el clima es la ubre de todo lo que palpita en este mundo”. “No podemos vivir sin clima pero podemos vivir sin petróleo”.

Para terminar, este naturalista y escritor recordó que el modelo energético está basado en la ocultación y es una forma más de atentar contra la transparencia. Frente a esto señaló que “pelear por la transparencia de aguas y aires es igual que pedir más democracia y más visibilidad en las decisiones” y que necesitamos otra materia prima fundamental, que es la de la convivencia. Aseguró que planta cada año mil árboles “porque son fábricas de transparencia —que es la búsqueda hallada de la lucidez— porque es sensato y no se pueden agotar”. “El mejor descubrimiento que he hecho en la ética —señaló — es la palabra honesto, traducida del chino al español, que es ‘el que se alegra al contemplar el agua limpia’. No hay honestidad en este mundo si no lo somos con la transparencia del aire y el agua”.

Emilio Ontiveros: Si lo que queremos es salvar la unión monetaria hay que dejar al margen nacionalismos económicos y asumir un presupuesto común

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El presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi), Emilio Ontiveros, inauguró las actividades de la Fundación César Manrique del año 2011 con la conferencia Recuperación y modernización económica en España, dentro del ciclo ‘Fronteras y direcciones del progreso’. Ontiveros comenzó con un elogio a la labor de la Fundación César Manrique, de la que dijo que “ayuda a vertebrar el país” y que es “una referencia en España y fuera de ella de lo que una institución civil puede hacer para mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos”.

Ontiveros analizó las causas y la situación de la crisis en el mundo, en Europa y en España y trazó los fundamentos de lo que podría ser la modernización de la economía española. Aseguró que “lo peor de la crisis en las economías avanzadas ya ha pasado” y la situó como la segunda en importancia después la Gran Depresión tras el crash bursátil de 1929. Desde la Segunda Guerra Mundial nunca se había entrado en recesión. La singularidad de esta crisis se manifiesta, entre otras razones, por el número de empresas que está expulsando el mercado, por el número y tipos de economías afectadas y porque “nunca una crisis fue tan selectiva con los ricos”. De hecho, Ontiveros aseguró que los llamados países emergentes como China, India o Brasil, se han beneficiado de la situación.

Las 32 economías más avanzadas del mundo entraron en recesión. “Lo nunca visto”. Tampoco se había visto nunca una crisis que tuviera su epicentro en Wall Street. Más cosas nunca vistas: el alto nivel de desempleo y las terapias aplicadas, que han aportado unos niveles bajísimos del tipo de interés. Recurrió a una anécdota que le sucedió al Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, a quien un alumno le preguntó qué pasaría si los tipos de interés estuvieran a cero y hubiera que seguir estimulando la economía: “Suban las sacas de dólares a los helicópteros y láncenlos”, fue la repuesta. “Pues eso es lo que están haciendo los bancos centrales, poner mucha liquidez en manos de los bancos”, dijo Ontiveros. Estados Unidos puso en circulación muchos dólares a pesar del riesgo de que cayera su valor, como así ocurrió, y sin embargo, su economía está creciendo.

Explicó cómo los gobiernos, incluido el de Estados Unidos, han puesto dinero del contribuyente para socorrer a los bancos por sus malas prácticas, y ahora, lógicamente hay más deuda pública, y al anticipar todo ese dinero público, “que se devolverá”, los gobiernos tienen menos margen de maniobra para manejar la deuda. El profesor de la Universidad Autónoma de Madrid también aseguró que los bancos optaron por contraer la financiación y que ahora, hasta que no haya una normalización en la actividad interbancaria mayorista, no llegará la recuperación. Por otra parte, la economía mundial ya está creciendo al cuatro por ciento, pero con desigualdad. Mientras los países emergentes crecen al 6,5 por ciento, otros crecen al dos por ciento, y este hecho va a tener implicaciones en la distribución del poder mundial.

En Europa, la crisis se caracteriza por la contracción del Producto Interior Bruto, la elevada tasa de paro y una alta tasa de mortalidad empresarial. “El mayor coste de la crisis en Europa —señaló Ontiveros— es el zarandeo a las instituciones europeas”, ya que es la primera vez que se cuestiona el euro, que es la principal realización de la integración europea. El profesor considera que lo que ha puesto la crisis de manifiesto es la necesidad de fortalecer las instituciones europeas, y sólo hay dos opciones: la fragmentación o el fortalecimiento y aceleración de la integración, es decir, llegar a gobernar la región económicamente, lo que supondría hacer cesiones de soberanía por parte de los países. “Si lo que queremos es salvar la unión monetaria hay que dejar al margen nacionalismos económicos y asumir un presupuesto común”. España, en ese caso, como el resto de los países, tendría que someter su presupuesto a Bruselas.

 
ESPAÑA

El autor de España en contraste. Crecimiento económico, comenzó analizando la situación de España por el peso específico de su sector inmobiliario, que es un sector tecnológicamente poco cualificado, lo que la hizo más vulnerable a la economía. A esto se sumaba el gran endeudamiento privado, incluida la deuda interbancaria. Lo que falló, según explicó Ontiveros, fue el eslabón interbancario. Se cerraron los mercados financieros y comenzaron los problemas para devolver los préstamos. Al depender de un sólo sector aumentó el paro, lo que dificultó aún más la devolución del crédito. “Nunca como hasta ahora son más convergentes los intereses de los bancos y los de los parados”, afirmó, ya que si no se presta dinero no crecerá el empleo.

En España no hay una excesiva deuda pública pero el exceso de la privada puede acabar por convertirla en pública ya que el Estado se ve obligado a gastar más. En todo caso, desde el mes de mayo de 2010, según Ontiveros, el Gobierno ya no tiene una política presupuestaria propia, desde que fue advertido que si quería alcanzar la estabilidad de la deuda pública debía reducir el nivel de gasto y subir algunos impuestos indirectos. “No cabe esperar más estímulos de las autoridades”, aseguró, así que “para la recuperación sólo cabe confiar en el sector exterior”, e hizo especial hincapié en el “bendito turismo” porque “por fortuna”, clientes como Alemania están creciendo más y es posible que esa renta la empleen en hacer turismo. “En eso hay que confiar”, señaló, aunque advirtió que no será suficiente para asentar la recuperación española ya que hace falta una inflexión en la tasa de paro “y esto al menos hasta el año 2012 no lo veremos”. España, en todo caso, no volverá a crecer por encima del 2,5 por ciento en muchos años, dijo Ontiveros, aunque matizó que probablemente “el crecimiento será menor pero será mejor”.

Para finalizar, Ontiveros habló de la posible modernización de la economía española. “Basta con que la tracción de la economía sea más homogénea”, para lo cual hay dos itinerarios: emplear a mucha gente o hacer las cosas bien, con una mayor productividad, “que no es sacarle el jugo al trabajador”. Habló de la importancia de rodear al trabajador de las mejores herramientas pero también de la necesidad de mejorar el capital humano y el capital tecnológico. Respecto a las infraestructuras dijo que “tenemos el país alicatado hasta el techo”, mientras que el capital humano es mejorable. También señaló la necesidad de mejorar el gobierno de las organizaciones y la figura del emprendedor. “Lo peor de esta crisis es que cercena la capacidad para emprender”, porque hay empresas que podrían ser viables y que sin embargo, no tienen acceso a crédito, y sin crédito no se puede innovar.

Por último destacó la importancia de ligar el crédito a las universidades. En España no hay fondos de capital riesgo arraigados en las universidades mientras que en Estados Unidos todas las grandes empresas de los últimos años han nacido con fondos de capital riesgo, incluida Microsoft. Es más, el sesenta por ciento de las empresas de Silicon Valley crece en las universidades y las financian personas y entidades privadas. Concluyó con una visón optimista porque en España “hemos mejorado a las personas y vemos gente con inquietud próxima a la asunción de riesgos, además de una mejor sociedad civil”.

La conferencia terminó con un turno de preguntas en el que el conferenciante se refirió al proceso de concentración de las cajas de ahorro; la diferencia entre los sistemas de financiación de Europa y Estados Unidos; el papel de los mercados en la crisis; la confianza del resto de países en la salud económica de España; la incapacidad de los dos grandes partidos para llegar a puntos de acuerdo para salir de la crisis o la necesidad de especializar el producto turístico en Canarias, para vender menos pero más caro, apostar por la calidad en vez de por la cantidad y en la viabilidad de hacer compatible la sostenibilidad y el bienestar con la eficiencia de las estructuras productivas turísticas.

Ángeles Mastretta

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Ángeles Mastretta: “Escribo para contar la certeza de que estos tiempos tienen remedio”

El pasado 25 de marzo Juan Cruz presentaba en la FCM junto a Pilar del Río su último libro Egos revueltos, en el que recoge anécdotas sobre los escritores que ha frecuentado a lo largo de su vida. La presidenta de la Fundación José Saramago recriminó al escritor tinerfeño que apenas hubiera nombres de mujer entre la relación de egos descritos y citó a algunas escritoras que merecían habitar en las páginas del libro. Una de ellas fue Ángeles Mastretta. “Decir su nombre en alto fue un conjuro”, dijo ayer Pilar del Río, que volvía a la FCM, en esta ocasión a la sala de la Plazuela, para acompañar precisamente a la escritora mexicana en su conferencia, dentro del ciclo El autor y su obra.

Mastretta es una conferenciante notable, cercana y aguda. Busca y encuentra la complicidad del público y es capaz de desatar carcajadas sin que se note cómo tira del nudo. Contó su vida, su obra, su enfermedad y acabó leyendo sus textos. Comenzó con una breve reflexión sobre el motivo de la escritura (“que estén ustedes aquí me ayuda a creer que vale la pena escribir”) y pasó a hablar de su infancia “febril y feliz”, su adolescencia “consternada”, su padre, que escribía los domingos para un periódico que nunca le pagó, su madre, “tímida y drástica”, su hermana, presente en la sala, sus hijos, su pareja… Estudió periodismo en México DF “para buscar la verdad como una mezcla de verdades” y se quedó a vivir en esa ciudad: “Bendigo mi desgracia de vivir en México DF”. Se definió como “indecisa, impuntual, friolenta, incapacitada para dar órdenes y para decir no”, seducida por las causas perdidas y regida por el deseo de contar el mundo y las cosas en las que cree.


Tras la vida, la obra. “¿Para qué escribe una un libro?, se preguntó. Primera razón: “Para sentirse acompañada”. “Los escritores somos menos certeros que los físicos y más empeñados en la magia que los médicos”, dijo después de explicar las dificultades a las que se enfrenta un escritor para hacer interesante y creíble aquello que escribe. Segunda razón: “Para poder vivir todas las vidas que no podemos vivir nosotros” y porque “nuestra realidad puede mejorar si convocamos otras realidades”. Reconoció que es experta en finales felices y que sólo una vez comenzó un libro sabiendo cómo iba a acabarlo, aunque no lo cumplió. Transmitió su “obsesión por las palabras”, “por cómo suenan y se combinan”. “Ésa es la parte más secreta de mi vida privada”, dijo. El desvelo por trazar la novela, por dibujar un destino para los personajes, es algo solitario. “A nadie le interesa”. Sólo apuntó una trampa sobre el oficio de escribir: “Para que las cosas parezcan naturales tiene que haber un artificio”. Y tercera razón: “Para contar la certeza de que estos tiempos tienen remedio, no son peores que otros”.
A partir de aquí comenzó un coloquio entre Pilar del Río y Ángeles Mastretta. La periodista invitó a la escritora a que hablara sobre su enfermedad, la epilepsia. “Una enfermedad de genios”, según le dijo el poeta Renato Leduc. La autora de Mujeres de ojos grandes explicó, entre carcajadas del público, su relación con la epilepsia desde que tuvo conocimiento de ella y su evolución hasta la actualidad, que ha ido desapareciendo. También explicó el motivo de su inmediato viaje a Milán con su hermana Verónica. Va a ir a conocer a Ludovica, una mujer que se enamoró de su padre porque le hacía reír mientras caían las bombas en Italia en la Segunda Guerra Mundial. Mastretta había comenzado la conferencia contando que José Saramago le había retado a que se centrara en escribir un nuevo libro y no tanto en el blog que escribe en El País (http://lacomunidad.elpais.com/puerto-libre) y terminó comprometiéndose con el público, con sus lectores, a escribir esa historia, “la de quiénes eran estas dos personas y el mundo en que vivieron antes de que naciéramos”. La autora mexicana cerró la conferencia leyendo textos propios, sobre la felicidad, sobre el juego…  y aunque había advertido que tiene la certidumbre de que no entiende nada, concluyó con una certeza: “La felicidad no se busca, se encuentra”.

Claudio Magris. Entre el Danubio y el mar. Itinerario de un escritor

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Claudio Magris: “Sólo se disfruta de la identidad propia cuando uno se olvida de ella”

El escritor italiano Claudio Magris inauguró las actividades culturales del presente año en la Fundación César Manrique, con la conferencia Entre el Danubio y el mar. Itinerario de un escritor. Ejerció de presentador el poeta y traductor Rafael-José Díaz, quien recordó que el pensamiento sobre la frontera constituye uno de los ejes principales de la obra de Magris. Otro de esos ejes, estaría conformado por el debate sobre la identidad, en realidad, sobre los diferentes tipos de identidad. Y un tercer eje vendría a situarse en torno a la alternativa entre utopía y desencanto. El introductor del escritor se refirió a Claudio Magris como “viajero incansable por confines que van desde Islandia hasta Australia sin olvidarse nunca de su Trieste natal”, que dialoga no sólo con su propia literatura sino con las tradiciones y obras centrales de Oriente y de Occidente. A su juicio, “Magris escribe siempre contra el olvido y a favor de una vida más plena, en la que los horrores de la historia no sean escamoteados, pero tampoco lastren las esperanzas de un mundo mejor”.

Por su parte, el autor de Microcosmos adelantó que no iba a hablar de sus libros, sino de los temas que trata en ellos considerando que de esa manera, “uno acaba por hablar de sí mismo”. El Danubio, Trieste, el mar, los territorios fronterizos y las identidades, son cuestiones a las que hace referencia en su trabajo. Recordó un viaje y una conferencia que pronunció en Tenerife en 1990, para hablar de la obsesión identitaria, de la que dijo que no se puede hablar en singular, pues tenemos muchas identidades: la nacional, la cultural, religiosa, sexual, etc. Esas identidades, expresa Magris, no se pueden retratar porque no son rígidas, sino que deben narrarse. Citando a Italo Svevo, que decía que uno sólo disfruta de la vida cuando se olvida de ella, señaló que con la identidad ocurre lo mismo.

Esta reflexión le indujo a hablar sobre sus orígenes y sobre las situaciones ridículas o absurdas de la historia. Nació, como Svevo, en Trieste, junto a la frontera con la antigua Yugoslavia. Trieste, hasta 1954, fue un protectorado de Estados Unidos, Rusia, Francia y Gran Bretaña. Por desacuerdo entre estas potencias nunca se nombró gobernador, hasta que se debatió en 1975, veinte años después de que ya fuera territorio italiano. “La historia está llena de situaciones grotescas”, afirmó Magris, para quien la realidad las sirve en bandeja: “el escritor sólo copia”.

Siguiendo el itinerario de su vida, contó que fue a estudiar a Turín, una ciudad muy diferente de Trieste, repoblada con gente del sur del país. Por nostalgia, confesó, comenzó a leer libros sobre la historia de su ciudad y a autores austriacos, a cuyo imperio había pertenecido la ciudad: “El Imperio había dejado una gran nostalgia pero también una gran literatura”. Explicó igualmente el proceso de escritura de El mito habsbúrgico en la literatura austriaca moderna, recopilación de su tesis doctoral. Comenzó a abordarlo sin saber qué es lo que iba a escribir, una situación que se ha repetido cada vez que afronta una obra: “Se descubre mientras se escribe”. A pesar de tratarse de un ensayo, lo calificó como una “autobiografía indirecta”.

Otros libros

Pasó a continuación a comentar brevemente algunos de sus otros títulos: Lejos de dónde, El Danubio, Microcosmos, en el que se cuenta la vida y la muerte de una persona sin que se sepa nada más sobre él, tan sólo lo que él ve y vive, y Otro mar, que es la búsqueda de una vida auténtica. Sobre el tema del viaje o de los viajes, al que recurre permanentemente, dijo que “el modelo siempre será la Odisea”, y distinguió entre la obra de Homero y el Ulises de Joyce, asegurando que el primero es más contemporáneo e inquietante, ya que el viaje no tiene fin; mientras que el relato de Joyce, “es más confortante”.

Conjeturas sobre un sable fue su primer libro de ficción, aunque esté basado en hechos reales: en la situación de Udine a finales de la Segunda Guerra Mundial. Magris vivía en Udine, al norte de Italia, que era una ciudad ocupada y en la que se quería levantar un estado cosaco. Lo que le interesaba de esta situación, tan absurda, era el deseo de tener una patria, incluso a través de una alianza con el mal: “Hacer una tierra cosaca en Friuli era algo artificial y grotesco. Yo creo en la búsqueda de lo auténtico”, añadió. La novela cuenta la historia de Piotr Krasnov, un coronel cosaco que era una marioneta de los alemanes, pero que soñaba con ese gran estado cosaco.

El desencanto

Para terminar se refirió a su obra A ciegas, para la que necesitó dieciocho años de trabajo. Los elementos tratados en el libro son la utopía y el desencanto. La historia de la lucha por una causa, de la lucha por el comunismo, de la resistencia y del rechazo social.

La conferencia, ya en su ronda de preguntas, finalizó con el mismo asunto con el que empezó: los nacionalismos. Magris se refirió a ellos señalando que tratan de oponerse a una identidad mayor convirtiéndose en un “fetichismo de idolatría local, que acaba por cerrar el mundo”. “Ser italianos o españoles es una forma de ser pero no un valor, es una base para formar un valor, para comenzar a dialogar.”

Fernández-Galiano y la arquitectura apasionada de Herzog & De Meuron

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La mirada divergente de Luis Fernández-Galiano se posó en la sala José Saramago de la FCM sobre los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, “los más celebrados en el mundo”, según el propio conferenciante, que quiso aportar sobre ellos una mirada distinta de la habitual para revelar una arquitectura apasionada y en contacto con la Naturaleza frente al análisis habitual que los coloca en un minimalismo seco y contenido. De ahí el título de la conferencia: “Herzog & De Meuron, Dionisio en Basilea”. De los tres elementos, el primero, el nombre de los arquitectos se explica por sí sólo, el segundo, Dionisio, por la interpretación de sus obras como una pulsión hacia el paisaje y la materia, en contraposición a Apolo y lo apolíneo y la tercera, Basilea, porque es la ciudad donde nacieron ambos, donde tienen su estudio y donde han construido buena parte de sus edificios.

Basilea es el punto de partida de estos dos arquitectos que nacen en 1950, estudian juntos en Zurich y siempre han trabajado juntos. Basilea, ciudad suiza fronteriza con Francia y Alemania, “donde ha florecido la inteligencia”, según destacó el conferenciante, también es el punto de partida de su obra, que se inicia con una performance en el carnaval de la ciudad junto al artista alemán Joseph Beuys. Herzog & De Meuron comienzan su carrera influidos por su maestro Aldo Rossi quien les enseña que la arquitectura puede ser silenciosa y fría en tanto que es Beuys les muestra la exuberancia del arte.

Fernández-Galiano mostró la evolución de su trabajo a través de sus edificios, en orden cronológico. Su primera casa, la casa azul, “es una búsqueda del retorno a lo elemental que rompe con la arquitectura tecnocrática”. “Es la casa que hubiera dibujado un niño”, señaló. En esta primera etapa, también están influidos por Andy Warhol y el arte pop y utilizan elementos expresivos de ese universo.

EL PRIMER EDIFICIO

Con el diseño de viviendas consiguen éxito y reciben numerosos encargos. Su primer edificio relevante será, sin embargo, un almacén para la empresa de caramelos Ricola, con quienes seguirán colaborando a lo largo de su carrera. Tras esta edificación, el proyecto que llama la atención de la crítica internacional es una cabina de señales de tren, envuelta en cobre, junto a un depósito de locomotoras. Una importante aportación inicial a la construcción moderna, explica Fernández-Galiano, será el estudio de un pintor en el que dejan una pared dispuesta para que el óxido y los líquenes completen la pieza, introduciendo de esta manera en la arquitectura, el factor tiempo, incorporando el envejecimiento al edificio como un elemento más. La siguiente solicitud de Ricola supone “una vuelta de tuerca a la historia de la arquitectura” ya que usan el ornamento profusamente y constituye la vuelta al mundo clásico por arquitectos modernos, dando más importancia al revestimiento que a la propia construcción.

La Bodega Dominus, en el Valle de Napa (California) es su primer encargo en Estados Unidos. Se trata de un edificio realizado con gaviones rellenos de piedras basálticas. “Una obra mágica”, según Fernández-Galiano: “es materia presentada en su esencia, algo más que una construcción, es arquitectura que se siente, que se toca…”. Tras esta bodega proyectan el museo Tate Gallery de Londres, sobre una vieja estación eléctrica en el Támesis. La Tate y su sala de turbinas, que dejan vacía, se convierten en el corazón del arte contemporáneo.

EN ESPAÑA

Fernández-Galiano repasó las obras que Jacques Herzog & Pierre de Meuron han desarrollado en las Islas Canarias: la recuperación del frente marítimo y plaza en Santa Cruz de Tenerife y el Tenerife Espacio de las Artes (TEA), que tardó once años en terminarse y que incorpora una fachada carcomida que constituye una seña de identidad de los arquitectos. Así mismo, el conferenciante comentó el edificio central del Forum de las Culturas de Barcelona o la Ciudad del Flamenco en Jerez de la Frontera, aún por realizar y el futuro museo dedicado a Goya en Zaragoza. El más importante, o el más significativo en todo caso, es el edificio de Caixa Forum en Madrid, que Luis Fernández-Galiano analizó con mayor detalle.

A finales de los años noventa, su trayectoria llega a un punto de inflexión, con el tercer encargo que hacen para Ricola. Es un edificio de marketing en el que ya cortan con la búsqueda de lo vernáculo y pasan definitivamente a la empatía con la naturaleza. También fue destacada por Fernández-Galiano la construcción que realizan en Tokio para la firma Prada. En esta ocasión, se ocupan de manera especial del espacio interior, “de las vísceras del edificio”, que hasta entonces no había sido su principal objetivo. Otro tránsito más supuso la biblioteca de la ciudad alemana de Cottbus, que es una obra “casi inmaterial” en la que se trata el espacio interior con dobles volúmenes y en la que se introduce el color.

VOCACIÓN Y EXCELENCIA

Por último, el conferenciante repasó la mala suerte de estos arquitectos con los rascacielos que han proyectado, que no se han llegado a construir, aunque está previsto uno, de forma circular, para la nueva sede del BBVA en Madrid. Se detuvo también en los tres estadios que han diseñado Herzog & De Meuron: el de St. Jakob en Basilea, el Allianz Arena en Munich y el famosísimo Nido de Pájaro, que fue el símbolo de los Juegos Olímpicos de Pekín.

“Herzog & De Meuron mezclan a la perfección la vocación artística y la excelencia profesional. Le proponen al cliente lo que espera de ellos”, terminó diciendo Fernández-Galiano. De hecho, su estudio de arquitectura es el único, de los grandes del mundo, en los que ha aumentado su plantilla en este último año de crisis.

Vicente Verdú

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Hubo un tiempo en que un aura mística recubría a los artistas. El escritor y periodista Vicente Verdú   recordó que en el siglo XIX se produjo una sorprendente deriva que llevó desde “la veneración religiosa al monarca” hacia la “sacralización del artista” a ojos de todos. Se transformaron en seres de los que se esperaba que navegaran por las entrañas del alma humana para descubrir sus misterios y sacarlos a la superficie. “El artista se convirtió en un creador de mundos nuevos. Se le vio, junto a la ciencia, como una aportación al conocimiento de la condición humana. Era el conocedor del sentido de la vida, el que transmitía una revelación”, apuntó el autor de El planeta americano durante su intervención en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (FCM) el 18 de junio de 2009, dentro del ciclo El autor y su obra. Curiosamente, se daba por bueno que estaban hechos casi a partes iguales de luz y de oscuridad, pues se les acomodaba en el perfil de “gente por lo general tuberculosa, que vivía penosamente, alcohólicos y que, indispensablemente, creaban con dolor”. El autor señaló que “se ha venido arrastrando la ecuación del arte basado en el dolor”.

 Pero esta figura entre mágica y tenebrosa comenzó a desdibujarse en la siguiente centuria. “En el siglo XX había sobre todo que comunicar y el artista ha ido a la par de esa evolución. No bastaba con crear, sino que tenían que ser grandes comunicadores. A día de hoy, el triunfador no es tanto el que descubre mundos, sino el que crea acontecimientos del que participan miles o millones de personas”, expuso Verdú. “El escritor contemporáneo juega con las emociones. Hay que combatir para captar. Actualmente, incluso un profesor que no sepa comunicar es un fracasado”, manifestó. “Yo tengo amigos que escribían novelas experimentales y ahora hacen novelas policiacas. Nunca han estado en una comisaría ni han traficado con estupefacientes, pero sacan libros de esos de los que se dice: ‘No lo podrás dejar’. ¿Qué tiene que ver eso con la creación? Tiene que ver con la distracción y el entretenimiento”, sentenció. “Los artistas ya inventan poco. La provocación ya no provoca, no escandaliza y hay más interés en comunicar que en el pilar de apoyo de conocer más allá. Más o menos todos estamos metidos en ello. Cada uno hace lo que puede…”.

Podría decirse que Verdú, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona, miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard, colaborador habitual del diario El País, donde ocupó los cargos de Jefe de Opinión y de Cultura, y escritor de éxito, ha hecho bastante en el proceloso mar de las letras. Tenía un escritor dentro. “Es una voz poderosa que te conduce en esa dirección y si no lo cumples tienes un sentimiento de culpa tremendo. Otros piensan que si escriben serán más queridos, pero no piensan que a lo mejor te odian el doble. Y hay también quien dice que no sabe hacer otra cosa”, comentó. Parafraseando a Marañón, matizó que “hay mucha gente que siente esa voz, pero es necesario que se cruce con el talento”. La certeza de su aptitud le vino a Verdú por un camino un tanto retorcido: “Ya estoy harto. O me dices de quién copias o se lo digo al prefecto”, le amenazó un tutor en su etapa de estudiante. “Me estaba alabando dudando de mi capacidad”, subrayó Verdú.

 Este hombre con un escritor encerrado en su interior cursó antes una ingeniería, carrera que no llegó a culminar: “Le dije a mi padre: Mira, no quiero ser ingeniero. Y mi padre, que era abogado, se llevó una alegría. Me pasé a Económicas y obtuve magníficas calificaciones. Y todos decidieron que tenía que ser economista. Pero tenía dudas, lo cual me llevó a suspender cinco asignaturas y a desconcertar a los demás”. En esta deriva se encontraba cuando le surgió la oportunidad de hacer un curso en la Sorbona. Allí se fraguó una decisión vital. “Cuando tuve que volver a España me grabé lo siguiente en la cabeza: no vivirás sino de la escritura. Y me hice periodista. Primero escribía sobre la bolsa, pero como yo lo que quería era escribir poesía pues tarbada en hacer el artículo unas dos horas y media. Hasta que un día el director me dijo: ‘Escribir bien es escribir bien deprisa’. Siempre me despedían por rojo y porque cerraban a menudo”, rememoró.

Con la beca Nieman, y tras su etapa como Jefe de Opinión de El País, se escapó a Estados Unidos. De su experiencia en este país nació El planeta americano. “Todos los libros tienen que ver con la biografía”, afirmó. De sus propias experiencias han surgido también Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso o Nuevos amores, nuevas familias. En cuanto a su estilo, Verdú reconoció que “el periodismo te enseña a ser claro”.