Guía para abordar el alquiler vacacional: soluciones urbanísticas, fiscales y turísticas

Alquiler vacacional. ¿Qué hacemos? Una realidad y una pregunta que abordó este seminario celebrado en la sala José Saramago los días 17 y 18 de mayo con la intervención de cinco profesoras de Derecho público de varias universidades. El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, abrió el seminario recordando que el tema supone “uno de los asuntos más candentes de interés público” sobre el que hay “una fuerte controversia”. Los datos que afectan a Canarias hablan de que este tipo de oferta supone el 23 por ciento de la total y un impacto de 1.500 millones de euros, mientras que en Lanzarote hay unas 72.500 plazas turísticas tradicionales oficiales, y se calcula que están en el mercado unas 31.000 camas en este tipo de viviendas. Gómez Aguilera dijo que asistimos a “signos de ruptura del modelo tradicional” y que se están generando problemas de convivencia, gentrificación, escasez de viviendas, economía sumergida o una confrontación con un derecho fundamental, como es el derecho a la vivienda digna. Apostó por buscar equilibrios: “El juego está cambiando y debe haber nuevas reglas”.

Ester Machancoses, Joana Socias, Ana Mª. de la Encarnación, Alba Nogueira y Mariola Rodríguez Font

Regulación

Alba Nogueira, de la Universidad de Santiago de Compostela, habló de la distribución de competencias en la regulación. Afirmó que era la primera vez que asistía a un encuentro en el que todas las ponentes eran mujeres y avanzó que el de la vivienda vacacional es un “panorama competencial complejo y difícil de regular con voluntades políticas contradictorias”. Hay que ordenar y hay que hacerlo en función de los objetivos de desarrollo sostenible y la economía circular, que aparecen en la nueva Agenda urbana de Naciones Unidas. Y hay que hacerlo con la Directiva Bolkenstein vigente, que obliga a demostrar que cualquier limitación para ofrecer servicios debe pasar el triple test: que las medidas sean proporcionadas, necesarias y de interés general.

En España, las normas de transposición de esta directiva son aún más liberales, por lo que “las autoridades españolas están por no controlar salvo causas muy justificadas”. Así pues, quienes han intentado regular, o limitar, son las comunidades autónomas y algunas ciudades, y la respuesta ha llegado de la mano de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC) recurriendo esas regulaciones porque limitan la competencia. Para Nogueira, “los decretos autonómicos pecan de un excesivo enfoque turístico”. La clave es saber qué medidas hay que tomar, y Nogueira apuntó dos tipos: las relacionadas con la ordenación territorial y las que tienen que ver con el derecho a la vivienda. En el primer caso, ya hay una sentencia en Holanda que avala estas medidas que prohibían que se instalara el comercio tradicional en las afueras con el fin de que el centro no se quede vacío y que sea más seguro. También se puede alegar el desarrollo sostenible como límite al crecimiento. En cuanto al derecho a la vivienda, el Tribunal Constitucional se está alineando “de forma clara” con la visión más liberalizadora. Para Nogueira, en definitiva, hay un papel impropio de la CNMC y una dejación del Estado, y hay que hacer normas más exhaustivas, que pasen el triple test.

En Cataluña

Mariola Rodríguez Font, de la Universidad de Barcelona, expuso la experiencia reguladora en Cataluña, que se remonta al año 2012 y que ahora se va a modificar. Habló del nacimiento de la figura del “prosumidor” (productor y consumidor), ya que los ciudadanos se ponen del lado de la oferta y de la demanda, y el reto es darles cobertura legal. “La cesión de viviendas se ha hecho siempre —señaló—, el problema es el auge”. Las plataformas de intercambio, sin embargo, se han llenado de profesionales, y hay que diferenciar el ejercicio profesional, del ocasional. En Cataluña, en cuanto a los hogares compartidos o “homesharing”, se proponen varias medidas para su regulación pero fuera de la normativa turística, con una intervención mínima.

Se plantea un registro voluntario aunque quedan dudas sobre si sólo se puede alquilar por habitaciones o la casa entera. Por otra parte, Cataluña sugiere un proyecto de Decreto de reglamento de turismo con el objetivo de simplificar y en el que los profesionales de la vivienda vacacional deban someterse a la regulación turística porque compiten con los tradicionales. Las dudas, según Rodríguez Font, son contrarias al principio de seguridad jurídica “porque el marco no es predecible ni estable”. Apostó por valorar, a nivel estatal, si se deben establecer o no unos criterios comunes que aclaren, o también poner unas condiciones a las plataformas, como actores clave, para mantener un control. Señaló que es vital esta colaboración público-privada y que es imprescindible dictar una normativa que establezca la obligación de supervisión sobre las plataformas.

Urbanismo

Las soluciones urbanísticas para el alquiler vacacional las analizó Ana María de la Encarnación, de la Universidad de Valencia. Señaló, en primer lugar, que el aumento de la oferta se debe a tres razones: la crisis económica, el gran número de casas vacías y las nuevas tecnologías, y que Airbnb está presente en 65.000 ciudades y en 191 países. La situación jurídica actual provoca tensiones entre el Gobierno y las comunidades autónomas que regulan. “Es un caos”. Además, la regulación no ha frenado el aumento de la oferta y ya hay ciudades que están preparando una moratoria. Para evitar lo que ha pasado, que es la turistificación y gentrificación de algunos barrios de algunas ciudades, “hay que buscar un equilibrio” y planificar para primar el derecho a la vivienda, al descanso, a la intimidad, a la ciudad… “La normativa actual no responde a una planificación previa ni a una estrategia, es un parcheado sin reflexión”, destacó, y apostó por una regulación integral, coordinando la normativa turística con la administrativa y la urbanística, porque el turismo influye en la configuración de las ciudades. Analizó los principales intentos de regulación.

Ana María de la Encarnación

En primer lugar el Plan de Barcelona, el PEUAT, que afecta también a los hoteles, establece dos licencias, divide la ciudad en cuatro zonas en función de su saturación y prohíbe en la más saturada renovar los permisos. En Baleares, la Ley 6/2017, que modifica la Ley de Turismo, también zonifica, fija un máximo de plazas y tiene otros dos instrumentos: entre ellos el Plan de Palma que considera saturada a toda la ciudad. En la Comunidad Valenciana hay un borrador de anteproyecto de ley de ocio, turismo y hospitalidad, y finalmente, en París y Londres se dan dos modelos diferentes. Londres se nombra capital de la economía colaborativa y facilita el alquiler turístico sin poner obligaciones si la casa se alquila menos de noventa días al año, y la capital francesa es más restrictiva y prima el bienestar de los parisinos. De la Encarnación dejó sobre la mesa varias propuestas: diferenciar entre actividad económica y aprovechamiento de vivienda habitual, fijar límites y requisitos, aportar criterios urbanísticos, como actuar de forma coordinada entre las administraciones y dotar a los ayuntamientos de competencias en esta materia, modificar las leyes para incluir esta modalidad, tener en cuenta a los terceros afectados (a los vecinos) y mejorar el funcionamiento de la inspección y el control.

Fiscalidad

Ester Machancoses, de la Universidad de Valencia, habló sobre los aspectos fiscales. Dijo que las plataformas no estaban pensadas para desarrollarse como lo han hecho y han perdido el ideal romántico que tenían. Por ejemplo, en Madrid, el tres por ciento de los ofertantes controlan el 14 por ciento de las ofertas. Señaló que primero hay que documentar los efectos para saber qué medidas hay que tomar y analizó los impuestos que se pagan o se pueden pagar. En cuanto al IRPF, los propietarios de las casas pueden tributar por actividad económica o por rendimiento de capital inmobiliario. Habló de la posibilidad de poner un impuesto sobre estancias turísticas, como la ecotasa, que en Cataluña ya existe y no ha afectado a que los turistas quieran seguir visitando la región. 

Ester Machancoses y Joana Socias

Respecto a las plataformas, señaló que el reto es conseguir que tributen más que ahora. En la actualidad, solo pagan en España si tienen un establecimiento permanente. Airbnb facturó el año pasado 35 millones de euros y pagó 80.000. Francia, Italia, Alemania o España están buscando la fórmula para que tributen más pero no puede ser una solución individual, sino de todos los países de la Unión Europea, y hay países, como Luxemburgo o Irlanda “que no van a querer”. Propuso dos medidas: la llamada tasa google, que se pagaría en función del valor que generan los usuarios, y otras más a largo plazo, como cambiar el concepto de establecimiento permanente. También propone la colaboración de las plataformas para que en ellas se anuncien sólo particulares y no empresas, como ha hecho Amsterdam en una de ellas.

Modelo insostenible

La última ponente fue Joana Socias, de la Universidad de Baleares. Destacó, en primer lugar, que el Derecho público, del que son profesoras las cinco ponentes, tiene mucho que decir en este caso en favor del interés general. Dijo que es innegable que el alquiler vacacional es un modelo de negocio y que en algunas partes, como Venecia, Amsterdam o Palma se ha vuelto “casi insostenible” e interfiere en la economía de la ciudad, y que, frente a esto, hacen falta “negocios y ciudades “con alma”. Esta forma de turismo no sólo altera el modelo turístico sino que penetra en el tejido de la ciudad y la transforma y aunque genera riqueza y se reparte, también genera contaminación, gentrificación, falta de dotaciones y causa problemas en el acceso a la vivienda. Como afecta a muchos sectores se pueden poner límites, como la zonificación, fijar un techo de plazas, prohibirlos en edificios plurifamiliares o en viviendas que tengan menos de cinco años… El Consell insular de Mallorca está preparando unas normas que vincularán a los ayuntamientos. Pero además de las competencias urbanísticas es necesario cambiar las estructuras internas porque sigue habiendo una gran carencia, por ejemplo, de inspectores. Sobre la regulación en Canarias, dijo que es una de las más conflictivas porque no quiere afrontar la situación, sino favorecer a la oferta ya implantada. Socias considera que el Estado debe implicarse porque hasta ahora se ha limitado a recurrir, a través de la CNMC, las leyes autonómicas, que no suelen justificar bien su regulación en la exposición de motivos en la que hay que aludir a razones de interés general. De todas formas, las sentencias en contra sólo anulan algunos aspectos de esas leyes, pero la mayoría de los artículos siguen en vigor.

Algunas soluciones

El seminario terminó con una mesa redonda con todas las ponentes en la que se abordaron posibles soluciones desde diversos puntos de vista. En primer lugar, se planteó la necesidad de diferenciar entre particulares y empresas e incrementar los requisitos para éstas con el fin de limitar la oferta o igualarla al resto de la oferta turística. También se habló de la exigencia de tomar otras medidas en políticas de vivienda para garantizar el acceso de los ciudadanos. Se apuntó la condición de colaborar con las plataformas y sacar a los profesionales de ese ámbito, de adaptar la regulación a la realidad de cada ciudad o comunidad autónoma y de la importancia de coordinar las medidas entre las diferentes administraciones.

Más información del seminario: Programa y horarios

Más información: Nota de prensa

Emanuele Montibeller: «Necesitamos volver a establecer un vínculo entre nosotros y el infinito, y el arte sirve para eso»

Arte Sella es un lugar único. Es un bosque, una montaña, un museo, una manifestación artística… Exhibe obras de arte realizadas por diversos artistas específicamente para ese lugar y que, en su mayoría, acaban desapareciendo. La película Arte Sella. La ciudad de las ideas muestra el proceso de trabajo de alguno de esos artistas. En Taro de Tahíche el día 10 de mayo, se exhibió este documental, en el que aparece uno de sus fundadores, Emanuele Montibeller, explicando cómo trabajan y cuál es la filosofía del lugar.

Al finalizar la película, Montibeller intervino para explicar a los asistentes cuál ha sido el camino. Contó que conoció en una ocasión a César Manrique, quien le dijo que creía “en este lugar”, en Lanzarote, “y ese sentimiento es muy importante”. Arte Sella tuvo tres promotores, vecinos de la aldea más cercana, Borgo Valsugana. Para empezar, no buscaron a intelectuales ni artistas, sino a personas con profesiones sencillas, “porque es importante para un modelo cultural contar con personas con trabajos comunes”. “Es importante partir desde la sencillez”, dijo.

En Arte Sella reciben a artistas “y cuando atraes visitantes debes cambiar de actitud” porque los artistas tienen otra visión del lugar “y hay que estar dispuesto a cambiar”. Contó Montibeller que ha sido muy difícil construirlo, que han tenido muchas dudas y ha habido decepciones, pero ese lugar, que es un lugar para los demás, les ha cambiado a ellos mismos.

Arte Sella transmite emociones “y rellena mentes”, y para Montibeller es un icono de la esperanza, porque la cultura es esperanza. También dijo que, igual que en Lanzarote hay miedo de que sea visitada por demasiadas personas, pasa lo mismo en Arte Sella y por eso hay que restringir la entrada y poner límites, que no sólo es bello y necesario, sino que es el acto más creativo que llevan a cabo. Señaló que, aunque Arte Sella tiene una vertiente económica y hay personas que viven de su trabajo ahí, sus decisiones nunca tienen un punto de vista económico, sino cultural. En el turno de preguntas explicó que los artistas no siempre entienden el lugar o se adaptan a él, pero les muestran sus sueños y en Arte Sella se encargan de construirlos. “Es bonito y divertido”.

En Arte Sella no quieren decidirlo todo y de hecho es la Naturaleza quien acaba terminando las obras de los artistas, y el 99 por ciento de ellas acaba desapareciendo. “Por eso siempre digo que mi obra favorita es la próxima”. Por eso, también, Arte Sella es “crecimiento absoluto”. Explicó que a pesar de que los tres promotores eran vecinos de esa comunidad, se convirtieron en extranjeros porque empezaron a hablar otro idioma. Cuando comenzaron con el proyecto, los vecinos se enfadaron porque cambió la identidad del pueblo, “algo inevitable”. Algunos vecinos renunciaron a querer entender Arte Sella, y a Montibeller eso le preocupó menos que si todos hubieran estado de acuerdo “porque eso sería una dictadura cultural”. “Nos interesa que nos entienda la comunidad pero a veces nosotros tampoco nos entendemos a nosotros mismos”.

El promotor de Arte Sella dijo que la identidad de la Fundación César Manrique es la identidad de su asociación porque “su planeta es nuestro planeta”. “Son lugares de excelencia y transmiten mensajes a las personas en el día a día”. Para Montibeller, “necesitamos la belleza para imaginar mundos distintos”. De hecho, la calidad de la belleza quizá se mida en términos que aún no conocemos: “La belleza nos ayuda a imaginar un mundo infinito”. Para explicar esto, se remontó al nacimiento de Arte Sella, cuyo catalizador fue la catástrofe de Chernóbil (1986). “Ahí entendimos que el mundo era frágil, y somos la primera generación en pensar que quizá el planeta no sobreviva a nuestra existencia”. Según Montibeller, “hemos roto esa relación con lo infinito, que no son las estrellas, sino las plantas y las flores”. “Necesitamos volver a establecer un vínculo entre nosotros y el infinito. Y el arte, en esta época, sirve para eso”.

Terminó señalando que, igual que hizo César con Lanzarote, ellos intentan entender lo que el lugar les regala. “El legado más importante es el espacio para vivir, ese el verdadero patrimonio, no las obras de arte”.

Más información: Nota de prensa

Por qué el arte es esencial para afrontar el necesario cambio de modelo de consumo

“Vivimos tiempos de transición hacia una sociedad de menor disponibilidad energética y de materiales”. El decrecimiento, según José Albelda, es inevitable. El modelo de consumo basado en un recurso como el petróleo, principalmente, se está acabando. “Vivimos tiempos de urgencias”. Albelda es doctor en Bellas Artes, pintor, ensayista y profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia. Trabaja desde hace tres años en un programa de I+D, en coordinación con José María Parreño, que es profesor de Historia del Arte en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. En la Sala José Saragamo de la Fundación César Manrique impartieron, el día 26 de abril, la conferencia Humanidades ambientales: artes y humanidades en el camino hacia la sostenibilidad. Teoría y prácticas.

Albelda señaló que los datos son elocuentes pero no se difunden mucho “porque cuestionan nuestro modo de vida”. Destacó que el cambio climático, el clima extremo, ya es evidente, y que no es aconsejable, por tanto, mirar para otro lado, sino hacer una transición equilibrada. Continuar con este modelo de consumo ya no es posible. Subrayó la necesidad de conseguir el reto de la Cumbre del Clima para 2020, es decir, hay que intentar evitar llegar a un aumento de dos grados centígrados de media de la temperatura del Planeta. “Es la apuesta que nos queda, el gran reto, y para ello hay que cambiar la sociedad de forma radical”. Para ese cambio es preferible “saber dónde estamos”. “Eso es una apuesta por la lucidez”. “Debemos estar contentos por disponer de tanta información”, dijo, algo que no les ha ocurrido a otras civilizaciones. Y todas acabaron desapareciendo.

En todo caso, no es una tarea fácil, porque “la transición hacia las energías renovables es factible para el sistema energético, pero para el industrial y para el sistema de transportes es más difícil”. Ya hemos superado la tasa de reposición de los recursos naturales: hemos consumido ya un Planeta y medio. Estamos, por tanto, en el inicio de nuestro propio declive.

En el capítulo de las soluciones, “habría que evitar las respuestas tecnocientíficas porque es difícil que lo que crea el problema pueda aportar el remedio”. En su lugar, hay que trabajar el campo de las ideas. No va a servir delegar la responsabilidad en otros porque los problemas son estructurales y es un problema de todos y tampoco va a servir aplazar la solución para otra generación. Albelda apuntó algunas respuestas que pueden ser eficaces para que haya un cambio sólido hacia la cultura de la sostenibilidad, es decir, para decrecer de forma ordenada. Para crear este nuevo paradigma es esencial la creatividad que aportan las humanidades ambientales: trabajar un pensamiento creativo, impulsar una ética de la sostenibilidad. Y esa nueva cultura debería ser holística, con una economía circular y autocontención.

Pero, ¿cuál es el lugar del arte en este escenario? Pues el arte es diverso, imita a los medios de la naturaleza, es empático con lo modelos sostenibles, colabora con el activismo y pone el nosotros por encima del yo. “El arte -señaló- será útil porque siempre ha estado vinculado al cambio, nos permite ver lo que se oculta y diseñar nuevos modelos”.

Parreño tomó la palabra para afirmar, en primer lugar, que impartir conferencias como la de la FCM no sólo es un acto académico sino también de militancia, porque no basta con saber, hay que actuar. Se preguntó, entonces, por qué no actuamos si sabemos. Y dio cuatro razones: por la dificultad de comprender lo que pasa (el sistema climático es difícil de entender), por la dificultad de percibir ese cambio (las alteraciones son dispersas y las amenazas no están bien definidas), por la dificultad de percibir el efecto que tienen las acciones que se llevan a cabo para mitigar los efectos y, por último, por el sesgo que tienen los indicadores económicos, que no miden el coste de reposición ni de gestión de los residuos, al igual que tampoco se mide en el Producto Interior Bruto los valores humanos o ecológicos.

Explicó que no nos movemos por razones, sino por emociones o sentimientos, y sin que quiera decir que tomemos decisiones irracionales, sino que las emociones o sentimientos pueden ponernos en mejor disposición de tomar decisiones racionales. Y el arte nos afecta emocionalmente y nos traslada a escenarios hipotéticos.

A partir de ahí, mostró una relación de artistas y obras de arte que transitan, de manera muy distinta, el camino de la sostenibilidad. Empezó por Andreas Polli, después por Joana Moll, que pone de manifiesto que Internet es una industria y su gran consumo de energía y agua. Siguió con los cuadros de Diane Burko sobre la evolución de los glaciares con una precisión científica, y con los retratos sobre el cambio climático de Gideon Mendel, con las instalaciones de Mary Miss, los carteles de Hannah Rothsein comparando los parques nacionales de Estados Unidos con cómo podrán ser en 2050. También hay artistas que utilizan residuos, sobre todo plásticos, como Chris Jordan y su Monte Fuji, los paisajes de Yao Lu, de Noble & Webster o las esculturas del colectivo español Basurama. Y también expuso las muestras arqueológicas de restos modernos de Barbara Fluxá, el areoceno, un globo hecho con bolsas de plástico, de Tomás Saraceno, las instalaciones de Yann Tomas o la intervención Tube Greenfort que consiste solamente en bajar la temperatura del museo al que lo inviten, en dos grados. Además, están los panales de abejas de Lucía Lorea, las propuestas de R. Graves o de Isaac Cordal, las fotos aéreas de Louis Helbig que muestran la belleza de la destrucción, de paisajes contaminados, de minas a cielo abierto…, o las imágenes, también contaminadas, de Richard Misrach, más cercanas. Y finalmente, iniciativas de activistas dentro de la propia industria del arte, como las campañas para liberar a la Tate Modern o el Louvre del patrocinio de empresas petroleras.

Tanto Albelda como Parreño citaron a César Manrique como precursor en este campo y a la Fundación César Manrique como pionera en el vínculo entre arte y sostenibilidad. Parreño finalizó diciendo que el mundo no va a cambiar por estas propuestas artísticas, porque el mundo lo cambian las personas que toman decisiones, pero que el arte es necesario para que se genere una cultura del cambio que sea el sostén de los cambios individuales y colectivos.

Más información: Nota de prensa

La aventura de Felipe Boso: un poeta experimental conectado por carta con el mundo

Juan Antonio González Fuentes comenzó su intervención explicando quién era Felipe Boso. “Yo tampoco lo sabía antes de iniciar este libro”, aseguró. González ha hecho la selección, edición y el prólogo del libro Felipe Boso. Mi jaula es una celda. Correspondencia, 1969-1983. (Ediciones La Bahía), que presentó en la Sala José Saramago, el día 19 de abril. Pero para explicar quién fue Boso, primero explicó cómo llegó a él.

González trabaja en el Archivo Lafuente, el archivo privado en torno a las vanguardias, más importante de España, con sede en Santander, creado por un empresario quesero, José María Lafuente, que comenzó a coleccionar fondos bibliográficos para crear ese archivo. En una exposición sobre Fernando Millán, otro autor de poesía experimental, Lafuente conoce a Antje Reumann, la viuda de Boso, y aunque no llegaron a un acuerdo para adquirir su archivo personal, sí llegan a un compromiso de publicar su correspondencia, que acaba plasmada en este libro.

El libro recoge 1.001 cartas escritas o recibidas por Felipe Boso (Villarramiel de Campos, Palencia, 1924 – Meckenheim, Alemania, 1983). Nació en una familia burguesa, se traslada a Santander, después a Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), estudia en Valladolid y cursa Historia en Santiago de Compostela. Prosigue sus estudios en Salamanca y en Madrid y consigue una beca para estudiar Geología en Bonn (Alemania). Cuando iba a volver a España, en 1955, conoce a la que será su mujer y se queda en aquel país. Se convierte en traductor de escritores y poetas, tanto españoles como alemanes, y logra un gran prestigio. Trabaja de forma incansable y sufre dos infartos.

Comienza a escribir poesía experimental, en soledad, de noche, desde Alemania, y piensa que “era el único que se dedicaba a ese tipo de poesía”, señaló González, que explicó que en la poesía experimental, “todo tiene importancia, pero lo menos importante es el significado”. Boso llegó a confesar en una carta, que él se conformaba con ser “un juglar del lenguaje” y en vida tan sólo vio editado uno de sus libros: T de trama.

El editor del libro de esta correspondencia contó que a Felipe Boso se le hacía muy difícil vivir alejado de España, y así lo expresa en alguna de sus miles de cartas cruzadas con poetas y escritores. En ocasiones llega a escribir cerca de veinte cartas al día. Descubre un día a Enrique Uribe, otro poeta experimental, y a través de él contacta con más poetas, sobre todo con Millán e Ignacio Gómez de Liaño, al que ya conocía de Peñaranda de Bracamonte. Y empieza a intentar hacer una antología de poesía experimental de autores españoles. “Se complicó la vida —señaló González— porque había rivalidades que desconocía”. Su correspondencia con otros autores sí evidencia que había grupos de poetas experimentales que editaban revistas y organizaban actos en toda España, y no sólo en Cataluña, como se ha creído durante mucho tiempo. También conoce a Julio Campal, que organizaba recitales de poesía en las reuniones de las Juventudes musicales españolas, y al Grupo Problemática 63, que se acaba escindiendo y del que salen dos grupos irreconciliables, liderados por Millán y Gómez de Liaño. “Todo esto le estalla a Boso”, afirmó González, que destacó que ocurría “en un mundo minúsculo, donde no había dinero ni fama”. Boso acaba harto, se desencanta, se desilusiona, se aleja de la poesía experimental y visual y se acerca a la poesía más convencional pero siempre cercano a los poetas más alternativos. A pesar de ello, en 1978 publica en la revista Akzente un monográfico sobre literatura española y también una antología en alemán. “Escribe muchas antologías pero salen muy pocas”, dijo González: “No vio los resultados de tanto trabajo”.

La conferencia terminó con el autor reflexionando sobre el lenguaje, la cultura, las vanguardias y la capacidad del arte para ensanchar la realidad.

Más información: Nota de prensa

La tesis de Alejandro Scarpa demuestra la influencia de la obra de César Manrique en la transformación de Lanzarote

La acupuntura urbana es “una chispa que acaba provocando un incendio”. Es un término acuñado por Jaime Lerner que se aplica a aquellas obras que han transformado una ciudad o un lugar, como el Parque Güell de Barcelona, el Museo Guggenheim de Bilbao o la Torre Eiffel de París. O como los Centros de arte, cultura y turismo de Lanzarote.

Alejandro Scarpa presentó en la sala José Saramago su trabajo de varios años, su tesis doctoral: César Manrique. Acupuntura urbana en Lanzarote. Un trabajo “que se ha convertido en una pasión”. Aseguró que se trataba de un “momento muy emotivo”. Scarpa es arquitecto y llegó a Lanzarote por primera vez en 2008. En la Facultad no había oído hablar de César Manrique, pero su obra le impresionó. “Descubrí que no era arquitecto pero lo que hacía era arquitectura”, así que decidió trabajar sobre su obra. Consiguió algunos planos, midió las obras sobre el terreno, hizo muchos dibujos, leyó cientos de artículos de prensa y entrevistó a quienes trabajaron con él. Para valorar su dimensión, también se entrevistó con algunos de los mejores arquitectos del mundo: con Fernando Menis, el arquitecto canario de mayor repercusión, y con dos premios Pritzker: Jacques Herzog y Álvaro de Siza, e indirectamente con un tercero, Frei Otto, fallecido en 2015. Los cuatro estaban fascinados por la obra de Manrique.

Scarpa explicó brevemente la biografía de César Manrique y también sus principales obras espaciales en Lanzarote, los Centros de arte, cultura y turismo. Se centró en los elementos comunes de estas obras: están realizadas en lugares degradados que fueron así revalorizados; reinterpretan la tradición en la línea de lo que decía Gaudí, que “la originalidad está en el origen”; aportan teatralidad ocultando las obras hasta el final como un elemento sorpresivo; son sostenibles incluso valorándolas con los parámetros con que se mide hoy en día; aportan desde el arte una función pedagógica y transformadora de la sociedad; se acentúan en ellas los espacios secundarios, como las escaleras e incluso los baños; están hechas en equipo, una de las claves del éxito; están desarrolladas por César de forma empírica, trabajando sobre el terreno, lo que le permite convertir los problemas en oportunidades… Y por último, se hicieron atreviéndose frente a grandes desafíos, como construir sobre un volcán o sobre un acantilado.

Las conclusiones las dividió por parámetros. Desde el punto de vista urbano, César Manrique insistió en controlar el desarrollo de la Isla, intervino, aunque fuera de forma indirecta, en la redacción de los planes insulares de 1973 y de 1991 y esa normativa se acaba propagando al resto de las islas. Desde el punto de vista paisajístico, se llega a crear un marco legal para Timanfaya y se logra el galardón de Reserva de la Biosfera. Además hay una protección legal para sus obras como Bienes de Interés Cultural. Precisamente, desde un ángulo cultural, es muy relevante —destacó Scarpa— que Timanfaya lo visiten tantas personas cada año como las que van al Guggenheim, y que entre los quince monumentos más visitados de España, haya tres de Lanzarote: Timanfaya, Jameos del Agua y Mirador del Río. A nivel mundial, comparando con la Torre Eiffel, es una sexta parte de sus visitantes.

Arquitectónicamente, la influencia de su estilo es clara en Lanzarote e incluso es un argumento-reclamo a la hora de la venta inmobiliaria de viviendas en la isla. Desde el punto de vista turístico, César apostaba por un turismo de calidad y luchaba contra un turismo de masas. Comparando las encuestas realizadas por el Gobierno de Canarias a lo largo de los años en las diferentes islas, Scarpa llega a la conclusión de que las playas de Lanzarote no son el valor que más destaca. Sus visitantes destacan la tranquilidad, la limpieza y las actividades culturales, es decir, los Centros de arte, cultura y turismo. La valoración general está un diez por ciento por encima del resto de Canarias y eso demuestra que los Centros tienen una relación directa con esta valoración. Scarpa dijo que regresaba a Lanzarote después de 4 años sin visitarla, y que ha visto cómo, gota a gota, “antenas, cables y anuncios van degradando la limpieza de la Isla; ustedes a lo mejor no lo ven, pero deben ser conscientes de que eso está pasando”.

Por último, se refirió a los parámetros económicos. Los Centros representan el ocho por ciento del Producto Interior Bruto de Lanzarote y suponen una relación directa con el 13 por ciento del empleo. En cuanto a la rentabilidad de las obras, comparando lo que costaron al ser construidas, con los visitantes que atraen, la relación oscila entre los tres y los nueve euros por persona, mientras que esa proporción en el Guggenheim es de 130 euros por persona. “Con inteligencia, pocos medios y trabajando en equipo se llegó a esto”, señaló, a tener ya cincuenta millones de visitantes. Terminó asegurando que ahora tiene intención de transformar este trabajo en un libro de divulgación, con la vocación de que se convierta en una obra de referencia.

Más información: Nota de prensa

Carmelo Vega: «Este libro es un intento de renovar la forma de entender la historia de la fotografía en España»

La presentación de Fotografía en España (1839-2015). Historia, tendencias, estéticas (Cátedra) de Carmelo Vega, el día 15 de marzo de 2018 fue, en palabras de su autor, “una invitación a la lectura del libro”, un libro extenso (“lo han llamado ladrillo o tocho”, señaló el autor) y riguroso. No es la primera publicación del autor sobre esta materia. De hecho, el origen de este nuevo volumen está en su libro de 2011 Lógicas turísticas de la fotografía.

Fotografía en España (1839-2015). Historia, tendencias, estéticas es un libro de consulta, de referencia, un manual, y está escrito a partir de la preocupación del autor por la manera en que se ha construido la historia de la fotografía y su interés en revisar la metodología, repensar cómo se ha escrito y averiguar cuál es el lugar que ocupa la historia de la fotografía en la historia del arte. Hay dos formas de ver esa historia: una historia general o las historias de la fotografía en cada región, provincia o ciudad. “O vemos desde una perspectiva lejana, o nos detenemos en la historia local, que deja ver el detalle pero no se aprecia el conjunto”, señaló. Google Earth sirve como metáfora para explicar estas dos visiones. O se ve el conjunto o se ve el detalle. “En la fotografía española -según el autor- faltan los detalles, y al contrario, muchos detalles no están conectados con las formas globales de la historia de la fotografía”.

Carmelo Vega pasó a explicar los capítulos del libro, escritos en orden cronológico, desde la llegada de la fotografía a España, sus aplicaciones, la fotografía artística, la de vanguardia o la fotografía durante la Guerra civil, hasta la reinvención turística y las bases para una fotografía contemporánea. Se añaden dos capítulos, dos ensayos: uno sobre las fotógrafas, sobre el problema de por qué no aparecen fotógrafas en la historia, que es “una falsa ausencia porque siempre han estado en la producción y creación fotográfica”, y otro sobre la historia de la crítica fotográfica. Después llegan las notas, muy extensas y minuciosas, que se convierten “casi en un libro paralelo”. En definitiva, es un libro de referencia, “que es para lo que sirven este tipo de trabajos, para que el libro funcione como un manual universitario, pero también va más allá e intenta aportar cosas nuevas en cuanto a la metodología”, aseguró Vega.

El recorrido de la historia de la fotografía en España, según el autor, es muy reciente. Nace en 1981 con la publicación de dos libros: La historia de la fotografía en España, desde sus orígenes hasta 1900, de Lee Fontanella e Historia de la fotografía, de Marie-Loup Sougez, aunque anteriormente hubo artículos en prensa y en revistas especializadas. “Siempre hubo interés”, señaló Vega, que también añadió a esa lista varios libros de divulgación en los años setenta, y “como culminación de un reconocimiento progresivo”, el número dedicado a la fotografía en 2001 de la revista Summa artis. Paralelamente a esa historia se van construyendo las historias locales sobre la fotografía y en 1986 se celebra en Sevilla el primer Congreso de la historia de la fotografía en España.

El autor del libro destacó la importancia de los catálogos de las exposiciones y de los inventarios de los fondos de las diferentes instituciones, como hizo la Biblioteca Nacional en primer lugar, a la que le siguieron otras. Es fundamental esa labor para poder conocer a los autores y poder escribir la historia. También destacó otros modelos, digitales, como estrategias para recuperar el patrimonio fotográfico y puso como ejemplo la web de memoriadelanzarote.

Terminó señalando que no ha querido dividir la historia por regiones ni hacer un catálogo de los grandes fotógrafos, sino que aporta miles de nombres, desde los más conocidos hasta otros más olvidados, ya que ha tratado de centrar el ensayo en aspectos que tienen que ver con el contexto de la fotografía en cada momento histórico, difundiendo las grandes líneas de la fotografía sin ceñirse a las obras más significativas. El libro, en definitiva, en palabras del autor, aporta “un intento de renovar la forma de entender la historia de la fotografía en España”.

Más información: Nota de prensa

Marc Femenia: «En España la gente piensa que el dinero público es gratis, que no es de nadie»

Marc Femenia, autor del libro España: error de sistema, que recorre fotográficamente los proyectos fallidos de la era del ladrillazo en España, mostró algunas de esas fotografías durante su intervención en la Sala José Saramago, el día 1 de marzo, y expuso algunos de los datos que recoge en el libro. “Una de las cosas que más me impresionó es la cantidad construida: entre 1987 y 2011, la superficie artificial de España se dobló, a mí eso me pone los pelos de punta”. En 2006, se iniciaron en España 900.000 viviendas, más que en Gran Bretaña, Alemania y Francia juntas, “y eso se consideraba normal”, aseguró. 

Escogió ejemplos de la burbuja inmobiliaria entre los 234 lugares que fotografió, como una urbanización “delirante” en Murcia, con 900 viviendas, 159 hangares y pista de aterrizaje, en la que sólo se terminó la pista y está sin uso. Gran parte de estas construcciones está vinculada con la corrupción: “En los papeles de Bárcenas aparecen las principales constructoras del país”, señaló. Después de las urbanizaciones llegó el turno de la obra pública: estaciones sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, edificios cerrados… Femenia destacó que la deuda pública española se mantuvo constante durante el boom y después se disparó, lo que revela que los impuestos, el dinero que generó la burbuja inmobiliaria, financió la burbuja de infraestructuras. “Y se ha seguido haciendo obras, por eso la deuda se ha multiplicado ahora”. El Plan E de Zapatero costó 13.000 millones de euros, que es la magnitud de los recortes en sanidad y educación, “es como apagar el fuego con gasolina”, creó 200.000 puestos de trabajo de una media de tres meses duración, pero la deuda que generó se sigue pagando aún hoy. Femenia señaló que “España tiene las mejores infraestructuras del mundo”, es el primer país en kilómetros de AVE y de autopistas por habitante, aunque en Francia hay cinco veces más pasajeros de AVE y en Japón, trece veces más. Muchas autopistas en España, no se usan. 

El periodista Saúl García inició la conversación con el autor y relató la historia de las dos fotografías de Lanzarote que aparecen en el libro: la urbanización Teguise Greens y el esqueleto de la empresa Hoteles Playa, ambas en Costa Teguise. El autor del libro, que reside en Suecia, explicó que fueron las últimas que hizo, aprovechando unas vacaciones. La periodista Isabel Lusarreta preguntó al autor si los ciudadanos deberían estar más indignados de lo que están porque se ha malgastado el dinero público y Femenia respondió que ha llegado a la conclusión de que en España la gente piensa que el dinero público no es de nadie, que es gratis, y por eso todo el mundo quiere obras públicas en su municipio, “y ese es un problema”. Contó que cuando iba a vender algunas de las fotos a los medios de comunicación de Suecia, había desconfianza en que se hubiera inventado las historias porque no se creían que se hicieran infraestructuras sin calcular si eran o no necesarias, sin hacer análisis previos. “A mí también me costó aceptar eso -aseguró-, lo que pasó en España no ha pasado en ningún otro sitio”.

Señaló que la cantidad que se ha invertido en construir infraestructuras, quizá se podía haber utilizado para intentar llegar a una economía de innovación y conocimiento y aseguró que no es verdad que nadie supiera “hacia dónde íbamos” porque hay muchos artículos que advierten de ello, incluso de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que fue después gobernador del Banco de España. A pesar de ello, dijo Marc que cuando comenzó con el proyecto no se imaginó la magnitud del desastre, que hubiera tantos proyectos fallidos. También pensó que la obra privada estaba desvinculada de los políticos, “pero a medida que me fui empapando del contexto me di cuenta de que se han hecho leyes para fomentar al máximo la construcción y que gran parte del dinero venía de las cajas de ahorros, que las controlaban los políticos”.

En la conversación surgió la Ley del suelo de Canarias, que vuelve a dejar en manos de los ayuntamientos la aprobación de proyectos, que es uno de los elementos que facilitó la burbuja. “A mí me falta oír -dijo Femenia- a algún político que entone un mea culpa, porque hasta el momento, hasta Montoro ha negado que haya habido una burbuja urbanística en España; y no solo es que no se quiere ver, es que ya la quieren repetir. Esos años no eran los buenos, son esos años lo que trajeron una crisis tan fuerte después”.

Lusarreta cerró el acto señalando el paralelismo con el caso de Lanzarote, donde se han dado todos los ejemplos que recoge el libro: proyectos icono, campos de golf, invasión de espacios protegidos, esqueletos de urbanizaciones, empresarios que se saltan la ley, corrupción municipal o cambios en el planeamiento para dar cabida a lo construido ilegalmente. También señaló que se han parado proyectos como Maciot Sport, las mil viviendas de Playa Blanca, la carretera de Mácher o el radar de Montaña Blanca, pero que hay “miedo” por lo que pueda venir por la Ley del Suelo, “como si fuera la gran oportunidad de la economía canaria”, porque después de que en los últimos años se ha multiplicado la población y el turismo, pero también el paro, “nos dicen que hay que continuar creciendo como si no hubiéramos aprendido nada, hacer más hoteles y ampliar la pista del aeropuerto”. “El peligro de la corrupción es que nos resignemos y que normalicemos conductas que no son normales; no podemos permitirnos dejar de escandalizarnos o indignarnos”, concluyó Lusarreta.

Más información: Nota de prensa

La riqueza etnobotánica de Lanzarote: «Lo árido tiene sus sorpresas»

En el año 2000, Jaime Gil y Marta Peña, ingenieros agrícolas, comenzaron a recoger el conocimiento popular sobre las plantas silvestres de Lanzarote. Gran parte de ese conocimiento se ha plasmado en dos libros: Los cultivos tradicionales de la isla de Lanzarote y Usos culturales de las yerbas en los campos de Lanzarote, y están preparando la Guía visual de la flora de Lanzarote.

Ambos impartieron en la sala José Saramago, los días 20 y 21 de febrero de 2018, el taller Lanzarote, ilusión botánica. Etnoflora de una isla desértica. El director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, destacó en la presentación que uno de los objetivos del taller es el de poner en valor el medio natural de la Isla y ayudar a ver lo que no se ve a simple vista. Citó al poeta Amadou Hampaté Ba, “el más grande recopilador de historias africanas”, que como Gil y Peña, transmitía el saber de pastores y agricultores, y decía que “en África, cuando muere un anciano, arde una biblioteca”. En este caso, Gil y Peña han estado “anticipándose a las cenizas”.

El director del curso, Jaime Gil, comenzó la primera de sus intervenciones señalando que Lanzarote no es tan desértica como parece: “Lo árido tiene sus sorpresas”, dijo, y comparó La Palma, paradigma de la frondosidad, con 850 especies diferentes, con la árida Lanzarote, con 720. En Lanzarote se cuentan como endemismos doce especies, cinco subespecies y cinco variedades, aunque no son las que tienen mayor uso etnobotánico. Algunos de estos endemismos, como Gymnosporia, de la que sólo se encuentran seis ejemplares en la Isla, están en peligro de extinción.

La segunda parte de la primera jornada se centró en mostrar la metodología del trabajo etnobotánico. Para ello, definieron en primer lugar la etnobotánica, que es la disciplina que estudia la relación de las plantas con el ser humano y está “a caballo entre las ciencias naturales y las humanas”. En Canarias, esta disciplina está en manos de etnógrafos, principalmente, y en el pasado se dedicaron a ella maestros de escuela. “Es una cultura amplísima que abarca todos los aspectos de la vida”, señaló Gil. Por su parte, Peña explicó el trabajo de campo, que consiste en entrevistar a personas de avanzada edad para que transmitan el conocimiento sobre los usos de las plantas en su niñez, y remontarse así lo más atrás posible en el tiempo. Para la entrevista, recogen muestras de yerbas cercanas y se las muestran. Después se transcriben las entrevistas y, si se puede, se sale al campo con estas personas. Luego está la fase de herborización, con recogida de muestras, lo que permite vincular los nombres vernáculos con los científicos, porque es “muy importante una correcta determinación botánica”.

Gil abordó el origen de los nombres populares de las plantas, que son “de una riqueza extremada”. Distinguió entre nombre vernáculo, que es de los antepasados y nombre común, que puede ser reciente. Por ejemplo, se ha popularizado el aloe frente a su denominación como sábila, o la amapola por la majapola. En Lanzarote hay una gran presencia de nombres con sonoridad aborigen y también hay nombres distintos en cada isla para la misma especie. La rilla en Lanzarote es la collejera en Fuerteventura o el jarrabuey en El Hierro. Los nombres populares nacían por varios motivos: están los que se ponen porque su forma, principalmente la del fruto, se parece a algún objeto, los que se parecen a formas de animales, los que aluden a alguna cualidad o característica de la planta, a sus propiedades sanadoras, a su sabor… “Siempre son nombres prácticos, señaló.

La segunda jornada del taller se centró en los usos de las plantas. Primero en los usos alimenticios, que están asociados a épocas de hambruna. En Canarias se consumen unas cien especies, aunque no todas con la misma importancia en la dieta. Es común, por vergüenza, que las personas admitan que comían esas plantas, pero siempre señalan que lo hacían otros. Una de las más importantes es el cosco, con cuyas diminutas semillas se hacía gofio, y que provocó algún enfrentamiento porque no sólo era una planta de supervivencia sino que también se exportaba para fabricar piedra barrilla. Otras semillas comestibles de uso común eran las del cardo de burro y la majapola de corneta. De menor importancia, “tipo snack”, eran la chinipilla, la chabusquera, los frutos del moralillo, del espino o la vinagrera, las hojas de las cerrajas, del jaramago o del jediondo, muy parecido a la rúcula, y las papas crías. La tabaiba no se comía pero se recolectó con fines industriales para hacer chicles, y hubo una marca muy famosa, en Barcelona, que llegó a patrocinar un equipo de la Vuelta Ciclista a España en los años cuarenta: Chicles Tabay.

Como gran parte de la población no tenía acceso a médicos, buscaban un uso medicinal en las plantas. Peña advirtió que “las plantas no son inocuas” y que “el umbral entre el beneficio y el daño es muy pequeño”. Una característica que se repite en el Archipiélago es que, tanto las mezclas de varias yerbas, como las dosis, siempre son números impares: tres, cinco o siete.

Entre las plantas más usadas estaba el tajosé, que puede tener propiedades abortivas. Otras para el aparato reproductor, alivio de dolores menstruales o expulsión de la placenta, son el amuley, la servilleta o la alhucema. Para el aparato respiratorio se usaban la yerba clin, “para las puntadas de pulmonía”, la brotona, para catarros, la borraja, ya desaparecida de Lanzarote o la doradilla. Para la fiebre se usaba la estrella de mar o la sanguinaria. La cerraja, para los golpes y aliviar el dolor de muelas y el bobo, cuyas hojas son muy tóxicas, para cataplasmas y para curar bultos. Para las infecciones de orina se usaba la malva o el marrubio, y las majapolas para afecciones nerviosas.

Las plantas también servían para los animales. El uso veterinario lo han transmitido los pastores, que hacían “encañaos” para las fracturas de las patas de las cabras con palos de jiguerilla y usaban muchas otras plantas similares a las que se aplicaban a las personas. Y también sabían las que eran malas. La triguera es peligrosa para burros y caballos, otras provocan hemorragias porque acumulan nitrógeno, como el agonal o el cenizo, y otras, como el romerillo, son buenas en seco pero en verde “son un veneno”. Gil señaló que entre las plantas forrajeras, las más apreciadas por los ganaderos son las que tienen sonoridad aborigen, y probablemente ya las usaban los mahos.

Después de trabajar en todas las islas, Gil y Peña han podido comprobar que el conocimiento popular sobre las plantas en las islas orientales, que no tienen árboles, es mayor que en las otras islas, que son más verdes. Gil señaló, al finalizar el taller, que uno de sus objetivos era que los asistentes, más de setenta personas, salieran más sensibles de lo que entraron. Y otro, dignificar estos conocimientos populares.

Más información del taller: Contenidos y horarios

Más información: Nota de prensa

Fernández-Palacios: «La laurisilva es el ecosistema más importante de Canarias»

El catedrático de Ecología presentó La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores, un libro que recoge “todo lo que conoce la ciencia sobre la laurisilva”.

El catedrático de Ecología de la Universidad de La Laguna, José María Fernández-Palacios, recordó, al comienzo de la presentación en la sala José Saramago, el día 14 de diciembre, su “larga relación” con la Fundación César Manrique, ya que en 1994 presentó en Taro de Tahíche su primer libro Canarias: economía, ecología y medio ambiente. En esta ocasión, llegó para presentar: La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores.

Después de pasar el capítulo de agradecimientos, el coordinador del libro señaló que en Lanzarote no hay laurisilva pero que sí la hubo hace más de diez millones de años, cuando el risco de Famara medía más de 2.000 metros de altura. La laurisilva es un ecosistema de la Era Terciaria que se extendía por Europa cuando no existía el mar Mediterráneo pero sí el Mar de Tetis. Después, al llegar los hielos de la Era Cuaternaria, desapareció de Europa pero siguió “encontrando cobijo” en Canarias, Madeira y Azores: “La laurisilva es el ecosistema más importante de Canarias”, señaló Fernández-Palacios.

Sobre el objetivo del libro, dijo que es el de rellenar el vacío existente en cuanto a divulgación de este tipo de bosques “porque lo que sabemos científicamente sí está en revistas especializadas y en inglés, pero no al alcance de la calle”. Fernández-Palacios pertenece al grupo de investigación de ecología y biogeografía insular de la Universidad de La Laguna: “Nos motiva —aseguró— ofrecer divulgación científica de calidad. Investigamos porque hay ciudadanos que pagan impuestos, y tenemos la obligación de devolver un retorno de conocimiento a la sociedad”.

La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores tiene 420 páginas, 200 fotos, 30 cuadros, mapas y gráficas y 13 capítulos. Recopila “todo lo que conoce la ciencia sobre la laurisilva” e incluye citas de este mismo año. Se está preparando la versión en inglés. Está editado por Macaronesia Editorial, una “editorial familiar” que busca ofrecer libros que no sólo tengan “textos cuidados” de divulgación científica de la Macaronesia (Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde) sino un diseño bonito y elementos gráficos. La editorial ya está trabajando en un nuevo proyecto, una guía de campo de árboles y arbustos de la Macaronesia.

En el libro participan profesores especializados en botánica, zoología, ecología, geografía e ingeniería de montes de la ULL, de la Universidad de Las Palmas, La Laguna, Madeira y Azores, además de un profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Los autores son José Ramón Arévalo, Rubén Barone, Eduardo Balguerías, Lea de Nascimento, Juan Domingo Delgado, Rui Miguel Bento Elías, Silvia Fernández-Lugo, Javier R. Méndez, Agustín Naranjo Cigala, Miguel Menezes de Sequeira y Rüdiger Otto.

El coordinador del libro describió los capítulos uno por uno. El primero repasa el concepto de Macaronesia: “Yo soy nacionalista macaronésico”, señaló Fernández-Palacios. El segundo, la historia de la laurisilva; el tercero, la laurisilva en el resto del mundo, que se extiende a lugares como Japón, el Sur de China, la vertiente india del Himalaya, los Apalaches, una parte de México, Brasil, Argentina, Chile, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, y se distribuye siempre en lugares con influencia oceánica. El cuarto capítulo ya se centra en la laurisilva de la Macaronesia, muy parecida en Canarias y Madeira y algo diferente en Azores. El mar de nubes ocupa otro capítulo porque es el elemento que permite la existencia de laurisilva “en una zona de veranos secos e inviernos húmedos”. “Si no fuera por el mar de nubes no habría laurisilva”.

Los dos siguientes capítulos están dedicados a la flora y la fauna. En el primer caso, desde los paleoendemismos al resto de especies arbóreas, con una gran diversidad, hasta los helechos, musgos, líquenes y hongos. En el capítulo de la fauna se describen las aves, mamíferos y reptiles, pero sobre todo “la riqueza la proporcionan los invertebrados”: moluscos y artrópodos. El octavo capítulo está dedicado a la ecología, a la regeneración del bosque y a entender el funcionamiento de la laurisilva. El noveno, a la dinámica forestal; el décimo al impacto que producen los humanos, tanto los aborígenes como los europeos, su agricultura, su ganadería y su urbanismo. El estado de conservación del medio natural, las estrategias y las especies amenazadas ocupan el capítulo once, y los dos últimos capítulos se ocupan de mostrar las referencias (más de 500 citas) y una clave identificativa para conocer los árboles. Cada capítulo tiene su propio color de referencia y cada uno está señalado con la forma de la hoja de un árbol presente en la laurisilva.

Fernández-Palacios terminó señalando cómo puede afectar el cambio climático (o cambio global, “porque el clima es sólo un aspecto del cambio”) a la laurisilva. Dijo que hay tres modelos de futuro: uno, en el que el mar de nubes desciende en altura, que sería un problema porque las zonas ya están antropizadas; otro, en el que asciende, que sería menos problemático ya que hay normalmente zonas de pinar que pueden ser colonizadas por la laurisilva; y un tercero, en el que el mar de nubes se disipa, que podría provocar la desaparición del ecosistema. “Si este modelo fuera el que se cumpliera finalmente, la laurisilva tiene fecha de caducidad”, aseguró.

Más información: Nota de prensa