Una nueva sentencia del TSJC zanja definitivamente la anulación del Plan Parcial Playa Blanca

El Tribunal Superior de Justicia de Canarias cita en la sentencia que la anulación conlleva la nulidad de todas las licencias concedidas en el Plan Parcial y "el restablecimiento de la realidad alterada".

Más información en la nota de prensa.El Tribunal Superior de Justicia de Canarias cita en la sentencia que la anulación conlleva la nulidad de todas las licencias concedidas en el Plan Parcial y "el restablecimiento de la realidad alterada".

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Vicente Verdú: Hay más interés en comunicar que en conocer más allá




Hubo un tiempo en que un aura mística recubría a los artistas. El escritor y periodista Vicente Verdú   recordó que en el siglo XIX se produjo una sorprendente deriva que llevó desde “la veneración religiosa al monarca” hacia la “sacralización del artista” a ojos de todos. Se transformaron en seres de los que se esperaba que navegaran por las entrañas del alma humana para descubrir sus misterios y sacarlos a la superficie. “El artista se convirtió en un creador de mundos nuevos. Se le vio, junto a la ciencia, como una aportación al conocimiento de la condición humana. Era el conocedor del sentido de la vida, el que transmitía una revelación”, apuntó el autor de El planeta americano durante su intervención en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (FCM) el 18 de junio de 2009, dentro del ciclo El autor y su obra. Curiosamente, se daba por bueno que estaban hechos casi a partes iguales de luz y de oscuridad, pues se les acomodaba en el perfil de “gente por lo general tuberculosa, que vivía penosamente, alcohólicos y que, indispensablemente, creaban con dolor”. El autor señaló que “se ha venido arrastrando la ecuación del arte basado en el dolor”.

 Pero esta figura entre mágica y tenebrosa comenzó a desdibujarse en la siguiente centuria. “En el siglo XX había sobre todo que comunicar y el artista ha ido a la par de esa evolución. No bastaba con crear, sino que tenían que ser grandes comunicadores. A día de hoy, el triunfador no es tanto el que descubre mundos, sino el que crea acontecimientos del que participan miles o millones de personas”, expuso Verdú. “El escritor contemporáneo juega con las emociones. Hay que combatir para captar. Actualmente, incluso un profesor que no sepa comunicar es un fracasado”, manifestó. “Yo tengo amigos que escribían novelas experimentales y ahora hacen novelas policiacas. Nunca han estado en una comisaría ni han traficado con estupefacientes, pero sacan libros de esos de los que se dice: ‘No lo podrás dejar’. ¿Qué tiene que ver eso con la creación? Tiene que ver con la distracción y el entretenimiento”, sentenció. “Los artistas ya inventan poco. La provocación ya no provoca, no escandaliza y hay más interés en comunicar que en el pilar de apoyo de conocer más allá. Más o menos todos estamos metidos en ello. Cada uno hace lo que puede…”.

Podría decirse que Verdú, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona, miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard, colaborador habitual del diario El País, donde ocupó los cargos de Jefe de Opinión y de Cultura, y escritor de éxito, ha hecho bastante en el proceloso mar de las letras. Tenía un escritor dentro. “Es una voz poderosa que te conduce en esa dirección y si no lo cumples tienes un sentimiento de culpa tremendo. Otros piensan que si escriben serán más queridos, pero no piensan que a lo mejor te odian el doble. Y hay también quien dice que no sabe hacer otra cosa”, comentó. Parafraseando a Marañón, matizó que “hay mucha gente que siente esa voz, pero es necesario que se cruce con el talento”. La certeza de su aptitud le vino a Verdú por un camino un tanto retorcido: “Ya estoy harto. O me dices de quién copias o se lo digo al prefecto”, le amenazó un tutor en su etapa de estudiante. “Me estaba alabando dudando de mi capacidad”, subrayó Verdú.

 Este hombre con un escritor encerrado en su interior cursó antes una ingeniería, carrera que no llegó a culminar: “Le dije a mi padre: Mira, no quiero ser ingeniero. Y mi padre, que era abogado, se llevó una alegría. Me pasé a Económicas y obtuve magníficas calificaciones. Y todos decidieron que tenía que ser economista. Pero tenía dudas, lo cual me llevó a suspender cinco asignaturas y a desconcertar a los demás”. En esta deriva se encontraba cuando le surgió la oportunidad de hacer un curso en la Sorbona. Allí se fraguó una decisión vital. “Cuando tuve que volver a España me grabé lo siguiente en la cabeza: no vivirás sino de la escritura. Y me hice periodista. Primero escribía sobre la bolsa, pero como yo lo que quería era escribir poesía pues tarbada en hacer el artículo unas dos horas y media. Hasta que un día el director me dijo: ‘Escribir bien es escribir bien deprisa’. Siempre me despedían por rojo y porque cerraban a menudo”, rememoró.

Con la beca Nieman, y tras su etapa como Jefe de Opinión de El País, se escapó a Estados Unidos. De su experiencia en este país nació El planeta americano. “Todos los libros tienen que ver con la biografía”, afirmó. De sus propias experiencias han surgido también Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso o Nuevos amores, nuevas familias. En cuanto a su estilo, Verdú reconoció que “el periodismo te enseña a ser claro”.




Hubo un tiempo en que un aura mística recubría a los artistas. El escritor y periodista Vicente Verdú   recordó que en el siglo XIX se produjo una sorprendente deriva que llevó desde “la veneración religiosa al monarca” hacia la “sacralización del artista” a ojos de todos. Se transformaron en seres de los que se esperaba que navegaran por las entrañas del alma humana para descubrir sus misterios y sacarlos a la superficie. “El artista se convirtió en un creador de mundos nuevos. Se le vio, junto a la ciencia, como una aportación al conocimiento de la condición humana. Era el conocedor del sentido de la vida, el que transmitía una revelación”, apuntó el autor de El planeta americano durante su intervención en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (FCM) el 18 de junio de 2009, dentro del ciclo El autor y su obra. Curiosamente, se daba por bueno que estaban hechos casi a partes iguales de luz y de oscuridad, pues se les acomodaba en el perfil de “gente por lo general tuberculosa, que vivía penosamente, alcohólicos y que, indispensablemente, creaban con dolor”. El autor señaló que “se ha venido arrastrando la ecuación del arte basado en el dolor”.

 Pero esta figura entre mágica y tenebrosa comenzó a desdibujarse en la siguiente centuria. “En el siglo XX había sobre todo que comunicar y el artista ha ido a la par de esa evolución. No bastaba con crear, sino que tenían que ser grandes comunicadores. A día de hoy, el triunfador no es tanto el que descubre mundos, sino el que crea acontecimientos del que participan miles o millones de personas”, expuso Verdú. “El escritor contemporáneo juega con las emociones. Hay que combatir para captar. Actualmente, incluso un profesor que no sepa comunicar es un fracasado”, manifestó. “Yo tengo amigos que escribían novelas experimentales y ahora hacen novelas policiacas. Nunca han estado en una comisaría ni han traficado con estupefacientes, pero sacan libros de esos de los que se dice: ‘No lo podrás dejar’. ¿Qué tiene que ver eso con la creación? Tiene que ver con la distracción y el entretenimiento”, sentenció. “Los artistas ya inventan poco. La provocación ya no provoca, no escandaliza y hay más interés en comunicar que en el pilar de apoyo de conocer más allá. Más o menos todos estamos metidos en ello. Cada uno hace lo que puede…”.

Podría decirse que Verdú, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona, miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard, colaborador habitual del diario El País, donde ocupó los cargos de Jefe de Opinión y de Cultura, y escritor de éxito, ha hecho bastante en el proceloso mar de las letras. Tenía un escritor dentro. “Es una voz poderosa que te conduce en esa dirección y si no lo cumples tienes un sentimiento de culpa tremendo. Otros piensan que si escriben serán más queridos, pero no piensan que a lo mejor te odian el doble. Y hay también quien dice que no sabe hacer otra cosa”, comentó. Parafraseando a Marañón, matizó que “hay mucha gente que siente esa voz, pero es necesario que se cruce con el talento”. La certeza de su aptitud le vino a Verdú por un camino un tanto retorcido: “Ya estoy harto. O me dices de quién copias o se lo digo al prefecto”, le amenazó un tutor en su etapa de estudiante. “Me estaba alabando dudando de mi capacidad”, subrayó Verdú.

 Este hombre con un escritor encerrado en su interior cursó antes una ingeniería, carrera que no llegó a culminar: “Le dije a mi padre: Mira, no quiero ser ingeniero. Y mi padre, que era abogado, se llevó una alegría. Me pasé a Económicas y obtuve magníficas calificaciones. Y todos decidieron que tenía que ser economista. Pero tenía dudas, lo cual me llevó a suspender cinco asignaturas y a desconcertar a los demás”. En esta deriva se encontraba cuando le surgió la oportunidad de hacer un curso en la Sorbona. Allí se fraguó una decisión vital. “Cuando tuve que volver a España me grabé lo siguiente en la cabeza: no vivirás sino de la escritura. Y me hice periodista. Primero escribía sobre la bolsa, pero como yo lo que quería era escribir poesía pues tarbada en hacer el artículo unas dos horas y media. Hasta que un día el director me dijo: ‘Escribir bien es escribir bien deprisa’. Siempre me despedían por rojo y porque cerraban a menudo”, rememoró.

Con la beca Nieman, y tras su etapa como Jefe de Opinión de El País, se escapó a Estados Unidos. De su experiencia en este país nació El planeta americano. “Todos los libros tienen que ver con la biografía”, afirmó. De sus propias experiencias han surgido también Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso o Nuevos amores, nuevas familias. En cuanto a su estilo, Verdú reconoció que “el periodismo te enseña a ser claro”.

25 de junio a 18 de octubre. Exposición. Souvenir, souvenir. La colección de [los] turistas




El próximo jueves 25 de junio, a las 20,30 h., en la sede de la Fundación César Manrique de Taro de Tahíche, tendrá lugar la inauguración de la exposición Souvenir Souvenir. La colección de [los] turistas,que podrá verse hasta el 18 de octubre. La muesta está coproducida por la FCM y el Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHAT), y cuenta con el patrocinio de La Caja de Canarias.

La exposición, que se desarrolla en dos espacios expositivos paralelos y complementarios, la FCM y el MHAT (donde se inaugura el viernes 26 de junio), está comisariada por Fernando Estévez, Mayte Henríquez y Mariano de Santa Ana. Fernando Estévez es profesor titular de Antropología Social de la Universidad de La Laguna y coordinador del MHAT; Mayte Henríquez es antropóloga y subdirectora del MHAT; y Mariano de Santa Ana es periodista e historiador del arte.

Aunque la exposición ocupa simultáneamente dos instalaciones, en Lanzarote y Tenerife, ambas están integradas visualmente mediante webcams, de tal modo que el visitante de una sede puede observar en tiempo real un aspecto de la otra mediante estos dispositivos. Dos espacios que, aun compartiendo un mismo esquema conceptual, son, sin embargo, totalmente autónomos desde el punto de vista expositivo, donde se muestran las muy ricas y diferentes dimensiones de ese objeto universal, el más significativo del consumo turístico, que es el souvenir,  el más ubicuo de los objetos viajeros que presenta, detrás de su atribuida banalidad, una sorprendente complejidad.

El turismo es una de las prácticas culturales que caracterizan a las sociedades contemporáneas, pero el prejuicio de considerarlo como mera actividad de ocio ha minimizado el estudio de su naturaleza, alcance e impacto ocultando su carácter complejo y multidimensional.

En lugares como Canarias, en los que la industria del viaje es el principal recurso económico, no habría que justificar exposiciones sobre el turismo; sin embargo, en raras ocasiones el turismo ha sido objeto de tratamiento museístico. En contra de esa tendencia, Souvenir, souvenir. La colección de [los] turistas se fundamenta en la oportunidad de realizar no sólo una exposición para que puedan ser visitadas por los turistas sino, desde una perspectiva más amplia, para que también los nativos se vean y reconozcan a sí mismos en su condición de turistas en su propia tierra, para que los turistas se vean vistos desde la óptica de los nativos, y para que los museos, asumiendo que viven del turismo, contribuyan a su mejor conocimiento y se conviertan en una abierta “zona de contacto” entre los diferentes agentes de esta industria. En esa línea, se toma el souvenir justamente para mostrar cómo, más allá de su aparente trivialidad, este objeto aglutina todos los trasuntos que operan en las relaciones turistas-nativos, articuladas en un vasto terreno de negociación, apropiación, adaptación y resistencia.           

Este proyecto toma a Canarias como un cronotopo, una constelación espacio-temporal en la que ocurren particulares interacciones entre turistas y nativos, expresadas en y a través de los souvenirs. En ese cronotopo, y a partir de una colección de souvenirs como encarnación de los deseos y proyecciones del turista, se muestran algunos de los aspectos más relevantes de la sociedad contemporánea, con su incesante tráfico transcultural en el que se desvanecen las viejas y nítidas fronteras entre arte y artesanía, historia y relato, realidad y ficción.

Souvenir, souvenir.La colección de [los] turistas asume, desde esa perspectiva, que los souvenirs no pueden ser entendidos como creaciones de los nativos que, inspirados en su cultura, se venden a los turistas que los adquieren en tanto que condensación material de la cultura local y constatación de su estancia en un lugar. Por el contrario, es el turismo el que induce a los nativos a elaborar souvenirs con arreglo a las visiones estereotipadas, previamente establecidas, de la cultura nativa. De esta forma, el turista satisface su demanda, no la de la cultura local que visita sino de ésta tal y como la percibe y le gusta consumirla. Por ello mismo, el souvenir dice más sobre el turista que sobre la cultura del lugar a la que supuestamente representa. De esta forma, una colección de souvenirs no es, en último término, otra cosa que una colección de turistas.

El montaje de cada una de las exposiciones se inspira en dos diferentes metáforas que aluden, en un sentido genérico, a la industria y al consumo turístico, y sobre las que se desarrollan los distintos ámbitos temáticos. Así, en la Fundación César Manrique, se apela al “museo” como uno de los espacios más recurrentes del turismo cultural, mientras que en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife la instalación recrea un “comedor” de hotel en tanto que un lugar prominente del consumo turístico.

Finalmente, las dos exposiciones enfatizan la pertinencia del tratamiento museístico del souvenir turístico. Al incrustar los souvenirs -los objetos banales del turismo- en el seno del museo, se desestabilizan tanto las visiones estereotipadas de los visitantes sobre la objetividad, imparcialidad y cientificidad de los museos, como la autocomplacencia de los museos en su otorgada autoridad cultural. Souvenir, souvenir.La colección de [los] turistas contribuye así no sólo a que los nativos sean vistos como turistas y los turistas como nativos, sino a asumir la naturaleza esencialmente turística del museo en la modernidad tardía.

La FCM recibió de manos del Rey el premio de la Real Fundación de Toledo

La Fundación César Manrique comunica a la opinión pública que ha sido galardonada con uno de los dos premios nacionales-internacionales que anualmente concede la Real Fundación de Toledo, destinados a reconocer contribuciones destacadas en el ámbito de la salvaguarda y revitalización del patrimonio histórico, cultural y artístico.

Más información en la nota de prensa.

La Fundación César Manrique comunica a la opinión pública que ha sido galardonada con uno de los dos premios nacionales-internacionales que anualmente concede la Real Fundación de Toledo, destinados a reconocer contribuciones destacadas en el ámbito de la salvaguarda y revitalización del patrimonio histórico, cultural y artístico.

Más información en la nota de prensa.

Julio Alguacil: La ciudad ya no puede satisfacer las necesidades de las personas




El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, presentó al director del taller, Julio Alguacil, al que definió como “una de las cabezas que mejor piensan alternativas desde la izquierda española”. El profesor de la Universidad Carlos III comenzó la primera de las jornadas del taller “Recuperar la ciudad de los ciudadanos: el derecho a la ciudad” poniendo de relieve los factores y fenómenos que motivan una nueva ciudadanía. Entre ellos se pueden destacar la pérdida de vigencia en la sociedad actual de las organizaciones tradicionales y la vuelta a una sociedad de redes, el desajuste entre las viejas normas y los nuevos valores, la pérdida de centralidad del Estado-nación en favor de las fuerzas económicas o el ensanchamiento de la brecha entre ciudadanos y políticos.  También citó Alguacil el concepto de la exclusión social que aparece a partir de los años setenta y que cambia la escala social, ya que hasta entonces los pobres estaban en la parte baja de esa escala pero pertenecían a ella, mientras que ahora, tras la deslegitimación del estado del bienestar por parte de las políticas neoliberales practicadas por los gobiernos de Thatcher y Reagan, están fuera.

Otro de los fenómenos de la nueva ciudadanía es la llamada sociedad del riesgo, según el sociólogo Ulrich Beck; una sociedad en la que todos, incluso los más poderosos, somos vulnerables.  Por último, analizó dos aspectos positivos entre estos factores: el nacimiento de novísimos movimientos sociales, como el llamado movimiento antiglobalización, que supone una vuelta al internacionalismo y que incluye a un grupo muy heterogéneo de colectivos y personas; y la emergencia de un nuevo sujeto ético con el desarrollo de dos nuevas clases de derechos: los ambientales y los culturales.

Tras esta exposición, Alguacil hizo un repaso por cómo se han generado los derechos de ciudadanía, comenzando por los civiles y políticos, los sociales y los económicos, hasta llegar a los republicanos y a los de participación, los más nuevos y los que suponen una mayor complejidad y una doble dirección: pensar globalmente y actuar localmente pero también pensar localmente y actuar globalmente.

El mejor invento

“La ciudad es el mejor invento de la humanidad porque es el soporte que mejor ha permitido satisfacer las necesidades humanas”, señaló Alguacil, y lo dijo en pasado porque actualmente la ciudad ya no puede satisfacer esas necesidades, ha dejado de hacerlo.  Éstas, la necesidades, son “pocas, finitas, fácilmente identificables y universales”, es decir, tenemos las mismas necesidades aquí que en otra parte del mundo y ahora que hace cinco mil años. Alguacil nombró tres clases de necesidades: la autonomía, la salud y la autonomía crítica (libertad de acción y de política) pero se centró en el esquena de Max-Neff y Antonio Elizalde, que habla de nueve necesidades: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, creación, recreo, identidad, libertad y participación, esta última tomada como necesidad transversal: sin ella no se puede satisfacer el resto. La ciudad, hasta ahora, era un satisfactor sinérgico, nos permitía dar cumplimiento a las nueve, pero ahora ya no es así. Incluso la participación se ha complicado y  parece que se ha sustituido simplemente por el consumo. La mayoría de las necesidades no se satisface, en definitiva.

La segunda parte de la jornada comenzó con un repaso por la evolución de las  ciudades, surgidas en la primera y segunda revolución industrial a través de un sistema de acumulación de capital. En la segunda, ya se va separando la ciudad por zonas, según su uso. En la tercera, la revolución científico-técnica, surgida a partir de la crisis del petróleo de 1973, se produce la acumulación por desposesión, la privatización de los recursos naturales, la mercantilización creciente de todas las relaciones sociales, en definitiva el crecimiento económico meramente especulativo. Como ejemplo, en España hay siete millones y medio de viviendas que no están habitadas y otros siete millones de personas que tienen problemas de acceso a la vivienda.

Complejidad

La ciudad moderna está vinculada a la complejidad. En contraste con el artesano, que “produce, se reproduce y distribuye” (las funciones en una ciudad) en un mismo lugar,  surge un ciudadano que se mueve en distintos espacios mezclados. La ciudad es compleja pero a la vez es sencilla, está llena de códigos para hacerla práctica.

La ciudad, por lo tanto, comienza a deconstruirse, se zonifica, se separan las funciones urbanas y aparece la necesidad del transporte y de las zonas dedicadas a él: nace la anticiudad. Madrid, por ejemplo, es la segunda área metropolitana del mundo tras Singapur en acumular más kilómetros de autovía por habitante. Este uso ocupa más superficie que el resto de espacios dedicados a las otras funciones de la ciudad por separado. La zonificación, seña del urbanismo progresista, está ahora en entredicho.  Además, se produce la dispersión territorial: la ciudad sin límites. “Todo el globo terráqueo está al servicio de las necesidades de consumo de las ciudades”, señaló el director del taller. La ciudad moderna también es una ciudad dual: tiene dos velocidades; un centro frente a una periferia, que no necesariamente coincide con la periferia geográfica; y se produce el fenómeno de la gentrificación, que supone que la población tradicional de una zona no puede garantizar su subsistencia en ese espacio por la revalorización del espacio.

Surgen en esta ciudad actual tres tipos de barrios, que dan como resultado un abandono del espacio público: las comunidades cerradas o barrios búnker —en los que vive gente con un gran poder adquisitivo—, los barrios de adosados y las manzanas cerradas con patio interior. “Hemos roto la sociabilidad de la ciudad”, dijo Alguacil, que destacó que se rompe también la continuidad en los espacios porque se multiplican los traslados en coche. “El lugar público es un espacio de sospecha”, señaló, “que acaban ocupando los más desfavorecidos, en la actualidad los inmigrantes”. Y como el espacio público se ocupa por estas personas, pues no se invierte en él, y se acaba por destruir la ciudad.


El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, presentó al director del taller, Julio Alguacil, al que definió como “una de las cabezas que mejor piensan alternativas desde la izquierda española”. El profesor de la Universidad Carlos III comenzó la primera de las jornadas del taller “Recuperar la ciudad de los ciudadanos: el derecho a la ciudad” poniendo de relieve los factores y fenómenos que motivan una nueva ciudadanía. Entre ellos se pueden destacar la pérdida de vigencia en la sociedad actual de las organizaciones tradicionales y la vuelta a una sociedad de redes, el desajuste entre las viejas normas y los nuevos valores, la pérdida de centralidad del Estado-nación en favor de las fuerzas económicas o el ensanchamiento de la brecha entre ciudadanos y políticos.  También citó Alguacil el concepto de la exclusión social que aparece a partir de los años setenta y que cambia la escala social, ya que hasta entonces los pobres estaban en la parte baja de esa escala pero pertenecían a ella, mientras que ahora, tras la deslegitimación del estado del bienestar por parte de las políticas neoliberales practicadas por los gobiernos de Thatcher y Reagan, están fuera.

Otro de los fenómenos de la nueva ciudadanía es la llamada sociedad del riesgo, según el sociólogo Ulrich Beck; una sociedad en la que todos, incluso los más poderosos, somos vulnerables.  Por último, analizó dos aspectos positivos entre estos factores: el nacimiento de novísimos movimientos sociales, como el llamado movimiento antiglobalización, que supone una vuelta al internacionalismo y que incluye a un grupo muy heterogéneo de colectivos y personas; y la emergencia de un nuevo sujeto ético con el desarrollo de dos nuevas clases de derechos: los ambientales y los culturales.

Tras esta exposición, Alguacil hizo un repaso por cómo se han generado los derechos de ciudadanía, comenzando por los civiles y políticos, los sociales y los económicos, hasta llegar a los republicanos y a los de participación, los más nuevos y los que suponen una mayor complejidad y una doble dirección: pensar globalmente y actuar localmente pero también pensar localmente y actuar globalmente.

El mejor invento

“La ciudad es el mejor invento de la humanidad porque es el soporte que mejor ha permitido satisfacer las necesidades humanas”, señaló Alguacil, y lo dijo en pasado porque actualmente la ciudad ya no puede satisfacer esas necesidades, ha dejado de hacerlo.  Éstas, la necesidades, son “pocas, finitas, fácilmente identificables y universales”, es decir, tenemos las mismas necesidades aquí que en otra parte del mundo y ahora que hace cinco mil años. Alguacil nombró tres clases de necesidades: la autonomía, la salud y la autonomía crítica (libertad de acción y de política) pero se centró en el esquena de Max-Neff y Antonio Elizalde, que habla de nueve necesidades: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, creación, recreo, identidad, libertad y participación, esta última tomada como necesidad transversal: sin ella no se puede satisfacer el resto. La ciudad, hasta ahora, era un satisfactor sinérgico, nos permitía dar cumplimiento a las nueve, pero ahora ya no es así. Incluso la participación se ha complicado y  parece que se ha sustituido simplemente por el consumo. La mayoría de las necesidades no se satisface, en definitiva.

La segunda parte de la jornada comenzó con un repaso por la evolución de las  ciudades, surgidas en la primera y segunda revolución industrial a través de un sistema de acumulación de capital. En la segunda, ya se va separando la ciudad por zonas, según su uso. En la tercera, la revolución científico-técnica, surgida a partir de la crisis del petróleo de 1973, se produce la acumulación por desposesión, la privatización de los recursos naturales, la mercantilización creciente de todas las relaciones sociales, en definitiva el crecimiento económico meramente especulativo. Como ejemplo, en España hay siete millones y medio de viviendas que no están habitadas y otros siete millones de personas que tienen problemas de acceso a la vivienda.

Complejidad

La ciudad moderna está vinculada a la complejidad. En contraste con el artesano, que “produce, se reproduce y distribuye” (las funciones en una ciudad) en un mismo lugar,  surge un ciudadano que se mueve en distintos espacios mezclados. La ciudad es compleja pero a la vez es sencilla, está llena de códigos para hacerla práctica.

La ciudad, por lo tanto, comienza a deconstruirse, se zonifica, se separan las funciones urbanas y aparece la necesidad del transporte y de las zonas dedicadas a él: nace la anticiudad. Madrid, por ejemplo, es la segunda área metropolitana del mundo tras Singapur en acumular más kilómetros de autovía por habitante. Este uso ocupa más superficie que el resto de espacios dedicados a las otras funciones de la ciudad por separado. La zonificación, seña del urbanismo progresista, está ahora en entredicho.  Además, se produce la dispersión territorial: la ciudad sin límites. “Todo el globo terráqueo está al servicio de las necesidades de consumo de las ciudades”, señaló el director del taller. La ciudad moderna también es una ciudad dual: tiene dos velocidades; un centro frente a una periferia, que no necesariamente coincide con la periferia geográfica; y se produce el fenómeno de la gentrificación, que supone que la población tradicional de una zona no puede garantizar su subsistencia en ese espacio por la revalorización del espacio.

Surgen en esta ciudad actual tres tipos de barrios, que dan como resultado un abandono del espacio público: las comunidades cerradas o barrios búnker —en los que vive gente con un gran poder adquisitivo—, los barrios de adosados y las manzanas cerradas con patio interior. “Hemos roto la sociabilidad de la ciudad”, dijo Alguacil, que destacó que se rompe también la continuidad en los espacios porque se multiplican los traslados en coche. “El lugar público es un espacio de sospecha”, señaló, “que acaban ocupando los más desfavorecidos, en la actualidad los inmigrantes”. Y como el espacio público se ocupa por estas personas, pues no se invierte en él, y se acaba por destruir la ciudad.

18 de junio. Conferencia de Vicente Verdú




El jueves 18 de junio, a las 20,30 horas, en la sala José Saramago de Arrecife, Vicente Verdú ofrecerá una conferencia dentro del espacio de reflexión El autor y su obra. La conferencia será transmitida en directo a través de la web de la FCM.

Vicente Verdú es escritor y periodista. Se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura.

Entre sus libros se encuentran Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además, ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008). Su último título, muy esperado, es El capitalismo funeral, publicado este año en Anagrama.

En el transcurso de su intervención, Vicente Verdú abordará la ausencia de género en la literatura, ya que, en palabras del escritor, “lo peor que, hace medio siglo, le podía pasar a un autor en una sociedad con las cosas más claras y rectas, era no poseer género. Sin embargo, lo peor actualmente, en una sociedad turbia, confusa y mestiza, es tener muy claro el género, y el sexo”. A juicio de Verdú, “ser novelista-novelista es hoy tan antiguo, insufrible y empachoso como ser un hombre-hombre o una mujer-mujer. Lo que todos los contemporáneos pretendemos hacer ahora, dentro y fuera de la red, es tratar el mundo sin prejuicios, valores no absolutos y actitudes flexibles. De otro modo, no sólo nos equivocaremos: tampoco nos comunicaremos ni entenderemos nada”.

Según Vicente Verdú, “lo más específico de la escritura es lo que se deduce de su patrón poético. Igualmente para la narración interior no hay nada mejor que lo que llamaremos, en general, literatura introspectiva. Ahora bien, ni los relatos de paisajes, ni los argumentos de misterio, ni lo policiaco ni lo documental pueden competir en eficacia con los medios de expresión, creación y comunicación audiovisuales. Quien tenga ojos que vea y quien tenga oídos que oiga. La pintura y la música se dieron cuenta hace tiempo de que nuevas tecnologías habían mandado al museo el bodegón y la sonata. Pero los "literatos" —novelistas-novelistas— no parecen haberse enterado del paso del tiempo y sus circunstancias”.

La consecuencia, dice el escritor, es que “todos los novelistas-novelistas son hoy personajes de pensamiento y costumbres, de preferencias vicios y hasta aspecto, característicos de otro tiempo. Con esta opinión, netamente negativa, también yo me reflejo y a mi obra me refiero”. 

Lázaro Santana: A la crítica sobre los autores canarios le falta objetividad y le sobra chovinismo








El poeta y crítico literario Lázaro Santana, pronunció el jueves 21 de mayo, en la Sala Saramago de la FCM, la conferencia La memoria mixtificada, dentro del foro de reflexión Foro Archipiélago. Santana hizo un repaso por la crítica que se ha hecho en las islas en los últimos treinta años sobre autores canarios y señaló que a esta crítica “la falta objetividad y le sobra chovinismo”. “Es inflexible e intransigente —aseguró—y el que se opone no es un discrepante, es un enemigo que ataca a la esencia del ser canario”.

Para llegar a esta conclusión, Santana comenzó con unas consideraciones generales sobre el pasado y la memoria. Citó un cuento de Borges en el que al protagonista le dan la opción de conseguir una memoria prodigiosa y sin embargo escoge olvidarlo todo y citó también la máxima de “quien olvida su historia está condenado a repetirla”. Frente a estas dos concepciones negativas sobre el pasado, opuso la visión de la poesía, que tiende a considerar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

En ambos casos, lo que hay en común es el miedo al pasado, algo arraigado en nuestra mente y que genera la necesidad de falsearlo. “Solemos adaptar la realidad a nuestros intereses”, señaló Santana, a quien la falsedad le parece peor que la ignorancia. Para subrayarlo, recurrió a la alegoría del desván en el que se guardan los fantasmas familiares. Cuando se descubre que en el desván no hay más que una muñeca rota, se presenta la opción de aceptar lo que se ve, la realidad, o seguir creyendo que lo que se imaginaba es lo cierto. “En lo personal, cada uno es dueño de su imaginación, pero esa opción sobre la historia hay que denunciarla”.

Y eso es lo que comenzó a hacer Santana en su intervención respecto a la crítica sobre autores canarios en las últimas décadas. Señaló que “la mirada provinciana casi siempre falsea la realidad” y que, al analizar lo más cercano, “podemos perder la perspectiva y tendemos a magnificar lo que analizamos”. Destacó que, en ocasiones, esto se hace desde un enfoque político interesado y distorsionado y que, en otras ocasiones, se hace por u sentimiento de orfandad, “para sentirnos protegidos por el pasado”.

En este punto de su intervención, comenzó un repaso por las críticas realizadas sobre algunos autores canarios. Sobre la poesía de Domingo Rivero se ha llegado a decir que es superior a la de Unamuno, algo insostenible, a su juicio, pero que “se hace para construir un ascendente fuerte desde el que partir”. También destacó que la interpretación de Nicolás Estébanez como abanderado del nacionalismo canario es falsa, ya que fue universalista y anarquista y señaló que de su poema Canarias se ha hecho “una interpretación torcida”. Algo parecido ocurre con la figura de Cristóbal del Hoyo, que como poeta no escribió una sola línea propia ya que se dedicó a traducir poemas portugueses y sin embargo en su Oda al Teide algunos han visto “el poema de la libertad del hombre canario”.

Otra de las mixtificaciones realizadas con autores canarios se refiere a los surrealistas. Según Santana, se ha magnificado la visita de André Breton a Tenerife en 1935, para enlazar directamente a los autores canarios con los franceses y negar los lazos con los españoles., algo que atribuye a un “complejo de inferioridad”, ya que la influencia tanto de Alberti como de Jiménez Caballero, sobre los autores canarios es, en su opinión, clara. “La vinculación intelectual de los vanguardistas canarios se produce con autores de la Península casi exclusivamente”, afirmó el crítico literario, que también sostuvo que al surrealismo canario se le ha querido dar mucho peso cuando apenas tuvo influencia. Señaló que Canarias sí aportó dos buenas figura al surrealismo: el pintor Óscar Domínguez y Agustín Espinosa. Frente a esto destacó como un exceso insostenible que se haya dicho del libro Lo imprevisto de Domingo López Torres, que es “uno de los mejores libros del surrealismo”. Para Santana, estas consideraciones tenían cierto sentido en 1975 tras salir del franquismo “pero ahora ya no”.

Santana citó también el caso de una exposición del grupo Pajaritas de papel (1928-1930), formado entre otros por Domingo Pérez Minik, que organizó el Gobierno de Canarias. En el texto del comisario incluido en el catálogo de la muestra, Santana encontró otro “ejemplo de irresponsabilidad crítica”, ya que en ese texto se consideraba la “fundacional” e “ingente labor creativa” del grupo, cuando ellos mismos se definían como creadores de arte doméstico. Terminó con el ejemplo de Graciliano Afonso (1775-1861), del que se ha dicho que realizó una labor cultural “titánica” y que su obra había que entenderla comparándola con lo que se hacía en las islas en su época.

La conferencia finalizó con un ejemplo histórico de este tipo de mixtificaciones. Se refirió al pasaje narrando por el alférez Alonso Jaime Sotomayor que participó en 1483 en la conquista de Canarias junto a Juan Rejón. Cuenta que un canario viejo le dio a Rejón buena información para comenzar a invadir la isla de Gran Canaria. Después, algunas crónicas convirtieron a ese canario viejo en una canaria y posteriormente, en Santa Ana. Santana, el conferenciante, señaló que “los que se ocupan de la crítica deben elegir si al final de su estudio se quedan con el canario viejo o con Santa Ana”.

Tras su intervención comenzó un animado debate sobre el contenido de su ponencia.








El poeta y crítico literario Lázaro Santana, pronunció el jueves 21 de mayo, en la Sala Saramago de la FCM, la conferencia La memoria mixtificada, dentro del foro de reflexión Foro Archipiélago. Santana hizo un repaso por la crítica que se ha hecho en las islas en los últimos treinta años sobre autores canarios y señaló que a esta crítica “la falta objetividad y le sobra chovinismo”. “Es inflexible e intransigente —aseguró—y el que se opone no es un discrepante, es un enemigo que ataca a la esencia del ser canario”.

Para llegar a esta conclusión, Santana comenzó con unas consideraciones generales sobre el pasado y la memoria. Citó un cuento de Borges en el que al protagonista le dan la opción de conseguir una memoria prodigiosa y sin embargo escoge olvidarlo todo y citó también la máxima de “quien olvida su historia está condenado a repetirla”. Frente a estas dos concepciones negativas sobre el pasado, opuso la visión de la poesía, que tiende a considerar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

En ambos casos, lo que hay en común es el miedo al pasado, algo arraigado en nuestra mente y que genera la necesidad de falsearlo. “Solemos adaptar la realidad a nuestros intereses”, señaló Santana, a quien la falsedad le parece peor que la ignorancia. Para subrayarlo, recurrió a la alegoría del desván en el que se guardan los fantasmas familiares. Cuando se descubre que en el desván no hay más que una muñeca rota, se presenta la opción de aceptar lo que se ve, la realidad, o seguir creyendo que lo que se imaginaba es lo cierto. “En lo personal, cada uno es dueño de su imaginación, pero esa opción sobre la historia hay que denunciarla”.

Y eso es lo que comenzó a hacer Santana en su intervención respecto a la crítica sobre autores canarios en las últimas décadas. Señaló que “la mirada provinciana casi siempre falsea la realidad” y que, al analizar lo más cercano, “podemos perder la perspectiva y tendemos a magnificar lo que analizamos”. Destacó que, en ocasiones, esto se hace desde un enfoque político interesado y distorsionado y que, en otras ocasiones, se hace por u sentimiento de orfandad, “para sentirnos protegidos por el pasado”.

En este punto de su intervención, comenzó un repaso por las críticas realizadas sobre algunos autores canarios. Sobre la poesía de Domingo Rivero se ha llegado a decir que es superior a la de Unamuno, algo insostenible, a su juicio, pero que “se hace para construir un ascendente fuerte desde el que partir”. También destacó que la interpretación de Nicolás Estébanez como abanderado del nacionalismo canario es falsa, ya que fue universalista y anarquista y señaló que de su poema Canarias se ha hecho “una interpretación torcida”. Algo parecido ocurre con la figura de Cristóbal del Hoyo, que como poeta no escribió una sola línea propia ya que se dedicó a traducir poemas portugueses y sin embargo en su Oda al Teide algunos han visto “el poema de la libertad del hombre canario”.

Otra de las mixtificaciones realizadas con autores canarios se refiere a los surrealistas. Según Santana, se ha magnificado la visita de André Breton a Tenerife en 1935, para enlazar directamente a los autores canarios con los franceses y negar los lazos con los españoles., algo que atribuye a un “complejo de inferioridad”, ya que la influencia tanto de Alberti como de Jiménez Caballero, sobre los autores canarios es, en su opinión, clara. “La vinculación intelectual de los vanguardistas canarios se produce con autores de la Península casi exclusivamente”, afirmó el crítico literario, que también sostuvo que al surrealismo canario se le ha querido dar mucho peso cuando apenas tuvo influencia. Señaló que Canarias sí aportó dos buenas figura al surrealismo: el pintor Óscar Domínguez y Agustín Espinosa. Frente a esto destacó como un exceso insostenible que se haya dicho del libro Lo imprevisto de Domingo López Torres, que es “uno de los mejores libros del surrealismo”. Para Santana, estas consideraciones tenían cierto sentido en 1975 tras salir del franquismo “pero ahora ya no”.

Santana citó también el caso de una exposición del grupo Pajaritas de papel (1928-1930), formado entre otros por Domingo Pérez Minik, que organizó el Gobierno de Canarias. En el texto del comisario incluido en el catálogo de la muestra, Santana encontró otro “ejemplo de irresponsabilidad crítica”, ya que en ese texto se consideraba la “fundacional” e “ingente labor creativa” del grupo, cuando ellos mismos se definían como creadores de arte doméstico. Terminó con el ejemplo de Graciliano Afonso (1775-1861), del que se ha dicho que realizó una labor cultural “titánica” y que su obra había que entenderla comparándola con lo que se hacía en las islas en su época.

La conferencia finalizó con un ejemplo histórico de este tipo de mixtificaciones. Se refirió al pasaje narrando por el alférez Alonso Jaime Sotomayor que participó en 1483 en la conquista de Canarias junto a Juan Rejón. Cuenta que un canario viejo le dio a Rejón buena información para comenzar a invadir la isla de Gran Canaria. Después, algunas crónicas convirtieron a ese canario viejo en una canaria y posteriormente, en Santa Ana. Santana, el conferenciante, señaló que “los que se ocupan de la crítica deben elegir si al final de su estudio se quedan con el canario viejo o con Santa Ana”.

Tras su intervención comenzó un animado debate sobre el contenido de su ponencia.

1 y 2 de junio. Taller. Recuperar la ciudad de los ciudadanos. El derecho a la ciudad




Los días 1 y 2 de junio, Julio Alguacil dirigirá el taller “Recuperar la ciudad de los ciudadanos. El derecho a la ciudad”, que se impartirá en la sala José Saramago de Arrecife (La Plazuela), organizado por la Fundación César Manrique.




El objetivo del taller es poner de relieve las condiciones necesarias para recuperar la ciudad, para desarrollar los derechos de ciudadanía, viejos y en ciernes, y dar cuenta de aquellos enfoques innovadores que se traducen en nuevas figuras participativas que despuntan una necesaria nueva cultura política.

La intervención sobre la ciudad ha ido perdiendo su carácter político, y sus instrumentos, como la planificación democrática, han dado rienda suelta al crecimiento insostenible motivado por intereses económicos progresivamente incontrolados. Se pone en evidencia, así, cómo las ciudades son focos de crecientes y complejos problemas de carácter social y ambiental, de pobreza e insostenibilidad… pero, sin embargo, a la misma vez son espacios de esperanza para acometer una reconversión social, económica, política y ambiental. La incorporación de nuevas generaciones de derechos establecen una nueva síntesis: el derecho al desarrollo, que puede concretarse en un rearme del derecho a la ciudad. A estas y otras cuestiones atenderá el taller impartido por Julio Alguacil.

Julio Alguacil Gómez es doctor en Sociología, y desarrolla su actividad docente como profesor titular de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid siendo, además, director y colaborador de numerosos cursos de postgrado, seminarios y master cursados por distintas instituciones y universidades españolas.

Alguacil es miembro del Comité Hábitat Español, miembro del consejo de redacción de la revista Nexos de la Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado de Madrid y miembro del Consejo del Instituto “Fermín Caballero” de Política y Gobernanza.

Centra su actividad profesional en el campo de los movimientos sociales, el desarrollo local, las políticas locales y la participación ciudadana, habiendo participado y dirigido como consultor, para distintas administraciones públicas y ONGs, distintos estudios relacionados con estas áreas de investigación de los que buena parte han sido publicados en revistas especializadas y libros colectivos.

En la actualidad es director de un Plan de Desarrollo Comunitario en el barrio madrileño de San Cristóbal de los Ángeles, y de la elaboración del “Plan Director de Participación del Ayuntamiento de Getafe”.

Entre sus últimas publicaciones cabe destacar: Calidad de vida y praxis urbana: nuevas iniciativas de gestión ciudadana en la periferia sur de Madrid. Madrid, Monografías del CIS / Siglo XXI, 2000; Equipamientos municipales de proximidad. Plan estratégico y de participación. Gijón, Kaleidos.red / Trea, 2003; “El desarrollo del Tercer Sector”, en R. Adell y M. J. Funes (eds.): Movimientos Sociales: cambio social y participación. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid, 2003; Poder local y participación democrática. Editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

La inscripción se podrá formalizar llamando por teléfono (928 84 31 38) a la FCM desde el 18 de mayo hasta el 31 de mayo. El número de plazas es limitado y se adjudicarán por riguroso orden de matrícula.


Los días 1 y 2 de junio, Julio Alguacil dirigirá el taller “Recuperar la ciudad de los ciudadanos. El derecho a la ciudad”, que se impartirá en la sala José Saramago de Arrecife (La Plazuela), organizado por la Fundación César Manrique.




El objetivo del taller es poner de relieve las condiciones necesarias para recuperar la ciudad, para desarrollar los derechos de ciudadanía, viejos y en ciernes, y dar cuenta de aquellos enfoques innovadores que se traducen en nuevas figuras participativas que despuntan una necesaria nueva cultura política.

La intervención sobre la ciudad ha ido perdiendo su carácter político, y sus instrumentos, como la planificación democrática, han dado rienda suelta al crecimiento insostenible motivado por intereses económicos progresivamente incontrolados. Se pone en evidencia, así, cómo las ciudades son focos de crecientes y complejos problemas de carácter social y ambiental, de pobreza e insostenibilidad… pero, sin embargo, a la misma vez son espacios de esperanza para acometer una reconversión social, económica, política y ambiental. La incorporación de nuevas generaciones de derechos establecen una nueva síntesis: el derecho al desarrollo, que puede concretarse en un rearme del derecho a la ciudad. A estas y otras cuestiones atenderá el taller impartido por Julio Alguacil.

Julio Alguacil Gómez es doctor en Sociología, y desarrolla su actividad docente como profesor titular de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid siendo, además, director y colaborador de numerosos cursos de postgrado, seminarios y master cursados por distintas instituciones y universidades españolas.

Alguacil es miembro del Comité Hábitat Español, miembro del consejo de redacción de la revista Nexos de la Unión de Cooperativas de Trabajo Asociado de Madrid y miembro del Consejo del Instituto “Fermín Caballero” de Política y Gobernanza.

Centra su actividad profesional en el campo de los movimientos sociales, el desarrollo local, las políticas locales y la participación ciudadana, habiendo participado y dirigido como consultor, para distintas administraciones públicas y ONGs, distintos estudios relacionados con estas áreas de investigación de los que buena parte han sido publicados en revistas especializadas y libros colectivos.

En la actualidad es director de un Plan de Desarrollo Comunitario en el barrio madrileño de San Cristóbal de los Ángeles, y de la elaboración del “Plan Director de Participación del Ayuntamiento de Getafe”.

Entre sus últimas publicaciones cabe destacar: Calidad de vida y praxis urbana: nuevas iniciativas de gestión ciudadana en la periferia sur de Madrid. Madrid, Monografías del CIS / Siglo XXI, 2000; Equipamientos municipales de proximidad. Plan estratégico y de participación. Gijón, Kaleidos.red / Trea, 2003; “El desarrollo del Tercer Sector”, en R. Adell y M. J. Funes (eds.): Movimientos Sociales: cambio social y participación. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid, 2003; Poder local y participación democrática. Editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

La inscripción se podrá formalizar llamando por teléfono (928 84 31 38) a la FCM desde el 18 de mayo hasta el 31 de mayo. El número de plazas es limitado y se adjudicarán por riguroso orden de matrícula.

La exposición Grandes paisajes de Europa, producida por la FCM, se inaugura en Lausanne (Suiza)

La exposición “Grandes paisajes de Europa”, producida por la Fundación César Manrique y comisariada por Lorette Coen, que pudo verse en la sede de la FCM y en la sala José Saramago entre el 28 de febrero y el 4 de mayo de 2008, se inaugurará hoy, 14 de mayo, en Lausanne, Suiza, organizada por la Galería Lucy Mackintosh, en el marco de uno de los mayores eventos europeos en materia paisajística, el “Lausanne Jardins 2009”.

Más información en la nota de prensa.