Lanzarote. Arquitectura [in]édita

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La exposición «Lanzarote. Arquitectura [in]édita» conmemora el cincuentenario de la edición del libro homónimo de César Manrique que vio la luz en 1974 (reeditado por el Cabildo de Lanzarote en 1988 y por la Fundación César Manrique en 2024, con motivo de esta efeméride). De carácter documental, la muestra despliega más de un centenar de reproducciones fotográficas incluidas en la publicación, que se acompañan de imágenes inéditas de arquitectura tradicional procedentes del archivo del artista, además de materiales tales como cartas o artículos de periódicos y objetos vinculados a la realización del libro. Se añaden, por otro lado, recreaciones de elementos arquitectónicos característicos ―horno, muro, palomares…―, dibujos originales y fragmentos de los textos que acompañaban a las fotografías, entre otros contenidos.

Manrique dedicó el título Lanzarote. Arquitectura inédita a las construcciones populares de su isla natal, tras concebirlo en 1966, compartiendo estrechamente sus ideas con el pintor Manolo Millares, a su regreso de Nueva York, donde residió durante dos años para consolidar su carrera como artista plástico. A lo largo de siete años trabajó en la publicación, cuyos contenidos sufrieron diversos procesos de reformulación hasta alcanzar el resultado final, si bien la idea original permaneció inalterable: reunir un repertorio de fotografías que reflejara las características y variedad de la arquitectura vernácula insular para evitar su desaparición.

 

César Manrique. Es un placer

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Exposición conmemorativa del centenario del nacimiento del artista «César Manrique. Es un placer. (Un icono popular del siglo XX)», comisariada por el director de la institución, Fernando Gómez Aguilera, y producida por la FCM. La muestra dialoga e interacciona con Taro de Tahíche (cuya colección permanente ha sido desmontada para dejar espacio a esta propuesta temporal) y presenta una lectura icónica del artista. Más de 400 fotografías, tanto de la esfera pública como privada del artista César Manrique, y un total de 17 audiovisuales, componen el grueso de esta exposición de gran formato, que ocupa una superficie total de 1.600 metros cuadrados.

Los audiovisuales de nueva creación son un encargo del comisario al cineasta Miguel G. Morales e incluyen 10 documentos testimoniales de nueva creación con entrevistas a personalidades de diversos ámbitos de la cultura reflexionando sobre César Manrique: Joaquín Araújo (naturalista), Alberto Corazón (diseñador gráfico y artista), Juan Cruz (escritor y periodista), Waldo Díaz Balart (pintor), Elvireta Escobio (escritora), Elvira González (galerista), Fernando Menis (arquitecto), Frei Otto (arquitecto), Fernando Prats (urbanista y arquitecto) y Wolfredo Wildpret (Catedrático de Biología).

Asimismo, se exhiben reproducciones de sus máscaras del Carnaval, cerámicas que diseñó en los años cincuenta, cuadros pintados por el artista; se ambientan distintas estancias de su casa Taro de Tahíche; y se muestran numerosos objetos pertenecientes al creador de los Jameos del Agua (maniquíes, libros, prendas de vestir, esculturas africanas…), diarios personales, carteles originales de sus exposiciones tanto nacionales como internacionales, reportajes de revistas, postales de sus viajes y álbumes-collage de gran tamaño realizados por el artista.

Esta muestra única y singular, producida por la FCM como su exposición central del Centenario, explora “el proceso de construcción de Manrique como personaje público”, a través de una intensa proyección mediática, asociado a Lanzarote y a su casa Taro de Tahíche, “donde desarrolló una estética del placer que transformó el arte en vida y la vida en arte de habitar”. A juicio de Gómez Aguilera, “César se convierte en el logotipo de la isla, en la imagen icónica no sólo de sí mismo sino de un proyecto de modernización, transformación turística y puesta en valor de un paisaje que él abandera y simboliza inmerso en un reino de imágenes fascinantes que el artista crea mientras, a su vez, lo crean a él”.

Apertura al público de la exposición «César Manrique. Es un placer»: Crónica

Inauguración de exposición «César Manrique. Es un placer», presidida por Su Majestad el Rey: Crónica

César Manrique. El taller de los sueños

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Inaugurada en la Fundación César Manrique la exposición César Manrique. El taller de los sueños

El día 28 de junio, la Fundación César Manrique (FCM) inauguró en su sede de Taro de Tahíche, la exposición César Manrique. El taller de los sueños, una actividad enmarcada en los actos de conmemoración del 20º aniversario de la inauguración de la FCM y, al mismo tiempo, de la desaparición de su fundador. La muestra se podrá visitar hasta el día 13 de enero de 2013.

César Manrique. El taller de los sueños, está producida y organizada por la Fundación César Manrique. El proyecto expositivo es de Fernando Gómez Aguilera, director de la FCM. La exposición está dedicada a recrear el último estudio del artista lanzaroteño en su casa de Haría. Se pretende, por un lado, poner al alcance del público el ámbito de trabajo de un pintor, al que habitualmente no se tiene acceso; y, por otro, recordar al artista a través de las huellas que dejó en ese espacio, utilizando objetos originales pertenecientes a César Manrique, con la intención de recuperar emociones a través de la impronta del artista, veinte años después de su desaparición.

En la muestra se recrean fielmente diversos ambientes del estudio-taller de Manrique en Haría, adonde se traslada en 1988. Se pueden observar fotografías y objetos personales (teléfono, revistas, notas, lápices…), diarios, mobiliario original, agendas, cuadros inacabados, ropa de faena, anilinas, pinceles, pinturas plásticas, caballetes… y material audiovisual referido a su actividad como pintor. También pueden verse carteles que César Manrique colgaba en su estudio, además de otros dedicados a sus propias exposiciones. Se incluye el automóvil que pintó para la casa SEAT, restaurado recientemente, además de una maqueta del que pintó para la BMW. Podrán verse también los últimos cuadros que estaba realizando cuando le sobrevino la muerte, presentados tal y como quedaron en su estudio.

El propósito de la exposición César Manrique. El taller de los sueños, concebida como una metáfora escénica del refugio íntimo de trabajo del artista, donde imagina, esboza y ejecuta sus ideas plásticas, es proporcionar al visitante argumentos para vivir una experiencia emocional y visual de aproximación a César Manrique artista a partir del ambiente y de los objetos que le rodearon en su lugar de trabajo.

Manrique. Última pintura (1992)

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Manrique. Última pintura (1992) se expuso en la sede de la Fundación César Manrique entre el 15 de junio y el 8 de septiembre de 1995. La muestra, producida por la FCM, ofrecía una selección representativa de las obras pintadas por César Manrique en el que había de ser el último año de su vida, 1992.

Diez de las once piezas expuestas nunca habían sido mostradas al público. En la exposición se exhibían una pintura y cuatro dibujos que quedaron inacabados a la muerte del artista y se cerraba con la última pintura firmada, Parecidos.

Con la propuesta se pretendía reconstruir su itinerario creativo durante ese periodo postrero, a través de obras y documentos realizados en todo tipo de soportes: a las pinturas y dibujos se añadían el diario de César Manrique de 1992, diferentes textos manuscritos de ese mismo año y la proyección del vídeo César Manrique. Arte y Naturaleza.

La exposición recibió 69.000 visitantes.

César Manrique. Nueva York

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La exposición César Manrique. Nueva York permaneció expuesta entre el 19 de noviembre de 1996 y el 19 de enero de 1997, y siguió a la celebrada el año anterior, César Manrique. Última pintura (1992), que se ocupó de enseñar las obras pertenecientes a los fondos de la FCM realizadas por el artista en el último año de su vida. Se avanzó así un paso más en el estudio y difusión de la obra del fundador, dando cumplimiento a los fines fundacionales y se prosiguió la labor de difundir y dar a conocer los fondos artísticos y documentales que la FCM custodia y alberga.

La muestra, producida por la FCM, abordaba una etapa central en la vida y en la trayectoria artística de César Manrique comprendida entre 1964, fecha de su primer traslado e instalación en Nueva York —decisión que adopta tras la muerte de su compañera, Pepi Gómez, en 1963— y 1968, año de su última estancia en la ciudad durante la década de los setenta —aunque su colaboración con la galería Catherine Viviano se prolongaría hasta 1970—.

La propuesta expositiva desarrollaba una opción básicamente documental, que incluía un apartado específico dedicado a la obra plástica de César Manrique, con especial atención a la producida entre 1964 y 1969 —un total de 8 obras—. Se quiso reflejar la bipolaridad territorial y cultural en la que César Manrique se mueve en esos años y reconstruir los imaginarios de los puntos de origen y destino para, de este modo, contextualizar y explicar no sólo su estética, sino las determinaciones que toma respecto a su vida y a su carrera artística.

Es en Nueva York donde César Manrique esboza un conjunto de actuaciones dirigidas a establecer una nueva alternativa económica y un nuevo rostro para Lanzarote. Allí comenzó a intuir un modelo singular y pionero de desarrollo sostenible, que hoy caracteriza a la isla.

César Manrique. 1950-1957

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Exposición producida y organizada por la Fundación César Manrique

Esta muestra estaba vinculada al trabajo de catalogación de la obra plástica del artista que la Fundación comenzó a mediados de los años noventa, y completó la revisión de la pintura de César Manrique iniciada con la exposición retrospectiva que el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) le dedicó en 2005, referida en aquella ocasión al periodo 1958-1992, la de su obra pictórica de madurez, asociada a la metáfora del volcán.

Entre 1950 ―cuando concluye sus estudios de Bellas Artes en la Academia de San Fernando, Madrid― y 1957, César Manrique desarrolla una intensa vida creativa en la capital del Estado, planteando nuevos comportamientos y prácticas que contribuyen a renovar el clima artístico de la época. Son sus comienzos y su primera vinculación al arte moderno.

A comienzos de los cincuenta, Manrique produce composiciones de temática variada bajo el denominador común del monotipo, una técnica que le ofrece la posibilidad de investigar las texturas y de profundizar en su vocación de gran colorista. Muestra estas obras, por primera vez, en noviembre de 1953, en una exposición organizada por el Cabildo Insular de Lanzarote. Cuelga en torno a una veintena de obras, que había pintado durante el verano en su estudio de la Caleta de Famara (Lanzarote), donde pasaba sus vacaciones y se nutría de símbolos para conformar su imaginario. Manrique dota en esos años a la isla de su retrato moderno, construyendo así una mitología visual conductora, a través de detalles de la vida cotidiana (barcas, palmeras, camellos, volcanes, aljibes, cactus, campesinas y campesinos…).

En esos años de formación como artista moderno, su pintura evoluciona desde una figuración colorista y estrechamente relacionada con el imaginario insular, a una progresiva abstracción que oscila entre el geometrismo y el lirismo provocado por el trabajo de las texturas en el fondo. Una obra que realizó en sintonía con el espíritu de la época, marcada por la renovación de las artes plásticas de nuestro país, de la que fue protagonista.

La exposición permaneció abierta en la sede de la FCM entre el 29 de junio y el 10 de septiembre de 2006. Posteriormente itineró a la sala CICCA de Las Palmas de Gran Canaria, entre el 20 de septiembre y el 21 de octubre, y al antiguo Convento de Santo Domingo de La Laguna, Tenerife, entre el 3 de noviembre y el 3 de diciembre.

Más información: Catálogo de la exposición

Manrique en imágenes de Rojas Fariña

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La exposición, celebrada entre el 30 de junio y el 30 de agosto de 1994, reunía fotografías de César Manrique de diversa índole —retratos, trabajando, con amigos— realizadas por Rojas Fariña entre 1962 y 1992.

“Manrique y Fariña —leemos en el catálogo— se conocieron en 1945, en la travesía que ambos realizaban rumbo a Madrid, adonde se dirigían para iniciar sus estudios respectivos. De ese casual encuentro surgió una entrañable amistad, que a veces deparó en colaboración profesional —como fue el audiovisual sobre Lanzarote que el fotógrafo proyectó en la galería Skira en una inauguración del artista (1970)—, y que perduró en el tiempo hasta la muerte de Manrique en 1992.

“Casi medio siglo de relación, interrumpida en ocasiones por la lejanía física —Rojas retornó a la isla en 1952 y Manrique en 1968—, que ha dejado como fruto un importante fondo documental gráfico sobre el artista lanzaroteño, utilizado en diversas ocasiones para ilustrar sus catálogos y monografías”.

La muestra recibió 20.540 visitantes, y las obras de la exposición pasaron a formar parte del fondo documental gráfico de la FCM.