El impacto del modelo eólico: «No se deben sustituir unos impactos por otros»
La Fundación César Manrique (FCM) presentó el jueves 25 de junio el informe titulado: “Diagnóstico del impacto potencial del desarrollo eólico integral en las islas Canarias y, en particular, en la isla de Lanzarote”, un estudio encargado en 2025 con el objetivo de analizar las posibles repercusiones ambientales, sociales y económicas del despliegue de la energía eólica en el Archipiélago. La investigación ha sido dirigida por Rosa María Regueiro, profesora titular del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) e integrante del Grupo de Bioeconomía. El equipo investigador se completa con Torcuato Teixeira, abogado y especialista en Economía Pesquera por la USC, y Damiano Volpi, técnico ambiental.
El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, abrió la presentación explicando las razones que llevaron a la institución a encargar este diagnóstico sobre el desarrollo eólico integral en Lanzarote. «Queríamos saber en qué punto nos encontrábamos y si realmente disponíamos de una estrategia en materia de energías renovables», afirmó. Durante su intervención, subrayó que la descarbonización constituye un objetivo necesario y deseable, aunque advirtió de que el proceso de transición energética no está exento de conflictos. En este sentido, señaló que el cambio de un modelo energético a otro afecta, al menos, a cuatro ámbitos fundamentales: la tecnología empleada para la generación de energía; la implantación de las infraestructuras necesarias para su producción y distribución, junto con los impactos que estas conllevan; el desarrollo y la aplicación de las tecnologías que posibilitan su consumo; y, finalmente, el modelo de producción y de propiedad de la energía. Por tanto, continuó explicando, “emergen desafíos y conflictos medioambientales, productivos y territoriales que no deben desatenderse” y que afectan, en gran medida, al sector primario.

La FCM respalda el contexto global de transición energética, pero eso no implica la aceptación acrítica de que la transición se desarrolle en ausencia de discusión y de deliberación ciudadana. La implantación acelerada de infraestructuras de energías renovables no puede abordarse únicamente desde criterios técnicos o climáticos, dijo al respecto Gómez Aguilera. El informe advierte de que una expansión no suficientemente planificada de los parques eólicos terrestres podría comprometer la superficie agraria útil disponible en la isla. Por otra parte, matizó que “no se trata de enfrentar energía, agua y agricultura o de contraponer transición energética y pesca” e hizo —en nombre de la Institución— una invitación a las administraciones a consensuar un modelo de desarrollo eólico integral con participación social activa y “con el mayor respeto hacia el territorio y la sociedad”. Ese modelo, explicó, debería estar basado en seis elementos: una planificación energética sistemática y a largo plazo que tenga en cuenta la realidad del territorio y el impacto, la protección de la propiedad local, un enfoque integral garantizado por ley en el que estén representados y participen activamente todos los agentes, la existencia mecanismos de garantía que permitan visibilizar los impactos globales, la integración de la estrategia energética en el marco del planeamiento insular e incentivar un proceso de I+D+I.
A continuación, los tres integrantes del equipo redactor explicaron las líneas generales del informe, comenzando por los aspectos socioeconómicos y energéticos de Lanzarote, después la eólica terrestre, seguida de la marina y, por último, las conclusiones y recomendaciones. En primer lugar, Regueiro puso sobre la mesa los indicadores socioeconómicos de la Isla, expresando que no existen datos fiables sobre la creación de empleo en el sector eólico: es un sector intensivo en cuanto al capital, pero no en cuanto al empleo que genera, sentenció. En Lanzarote, el 90 por ciento de la generación eléctrica sigue siendo fósil y aún no se puede apostar por una tecnología de generación intermitente sin resolver la gestión de sus picos de producción y consumo. El ciclo integral del agua consume más del 13 por ciento de la energía anual producida y Lanzarote es la única isla en la que la hostelería consume más energía que los hogares. Indicó también que la función de la eólica y la fotovoltaica sigue siendo complementaria dentro del sistema energético y que ninguna tecnología tiene un impacto cero. Por último, destacó la importancia de la participación pública en el modelo eólico y comparó la eólica marina, que no se asienta sobre el sector público y la terrestre, que en Lanzarote de momento está en su mayoría en manos públicas.

Por su parte, Damiano Volpi habló sobre la afectación del territorio, señalando que los parques eólicos terrestres afectarían casi al 5 por ciento “de una superficie agraria útil de una isla que ya ha perdido 1.323 hectáreas cultivables en los últimos treinta años”. Y dijo que, para las Zonas de Aceleración de Renovables (ZAR) se plantea una ocupación del 3,7 por ciento del territorio, cuando el informe estima que bastaría con el 0,23 por ciento para cumplir los objetivos de descarbonización. La delimitación de las ZAR apenas incorpora variables como el paisaje o la participación pública, recalcó. El informe recomienda que antes de sacrificar suelo agrícola y paisaje haya una repotenciación de los parques eólicos existentes, se instale energía fotovoltaica sobre los techos urbanos e industriales, se aprovechen las zonas ya degradadas y se impulsen las comunidades energéticas locales.
Torcuato Teixeira expresó la importancia de poner el foco en la eólica marina por parte de la FCM, ya que afecta al sector pesquero que está desprotegido. Afirmó que los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo proyectan dos posibles parques eólicos en la Isla, que tienen un gran impacto, tanto en el medio como visual. “Los parques eólicos son un polígono industrial instalado en el mar”, precisó el experto en Economía Pesquera. Y continuó explicando que, las zonas elegidas se solapan con las áreas de mayor densidad de esfuerzo pesquero y no se ha tenido en cuenta para su elaboración a este, que puede verse reducido por su impacto: “La flota artesanal es invisible en los mapas oficiales”. Se trata de un modelo extractivista y con una participación deficiente, añadió. El tamaño de los molinos que se proyectan en Lanzarote “es una barbaridad”, de unos 260 metros de altura —casi de la altura de la Torre Eiffel— y a menos de dos kilómetros de la costa. Propuso una estrategia defensiva en seis fases, con el recurso a los tribunales si fuera necesario. Para concluir, Teixeira dejó claro que la transición energética es irrenunciable, no obstante, su legitimidad dependerá de cómo y dónde se haga, y de que nadie pague un precio desproporcionado para que otros cobren el beneficio.
Para finalizar, el equipo redactor expuso las conclusiones y recomendaciones del informe, la más urgente y necesaria, es a su juicio, realizar un estudio científico de las afectaciones sobre el entorno, flora y fauna, “para conocer el impacto global del negocio eólico”. También se hizo hincapié en la democratización del acceso a la energía, con un modelo sustentable y equitativo, y prevenir su privatización mediante la aplicación de una participación activa que priorice la seguridad y la soberanía alimentaria. En el caso de la eólica marina, los expertos plantean solicitar la suspensión cautelar de los proyectos. Lanzarote “es un territorio frágil”, sostuvo Regueiro, quien defendió que no se deben sustituir unos impactos por otros, ni convertir a las comunidades costeras en zonas de sacrificio del nuevo modelo energético. “La tierra y el mar son sustento, memoria, cultura y atractivo turístico”, concluyó.

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Monday June 29th, 2026