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Óscar Carpintero: «Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas»

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“Desde cualquier perspectiva, si nos remontamos a cincuenta años atrás, ecológicamente estamos peor”. Según Óscar Carpintero, profesor de Economía de la Universidad de Valladolid, es paradójico, porque “ahora sabemos mejor por qué estamos peor” pero sin embargo “cuanto más sabemos, menos hacemos por remediarlo”. El día 27 de junio, en la sala José Saramago, Carpintero impartió la conferencia titulada ‘Límites, transición energética y escenarios postcrecimiento’, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’. “Si atendemos a las emisiones que se han producido en el periodo en que se han celebrado las últimas cumbres sobre el clima, cuanto más nos preparamos para afrontar el problema, más aumentan las emisiones: Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas”, expresó el ponente.

El cambio climático, en el fondo, no es más que una manifestación de los límites. Estamos dentro de una crisis energética, pero también en una crisis de los límites, tanto por el lado de los residuos como por el lado de los recursos. Nos enfrentamos, eso sí, a una novedad histórica. A lo largo de la Historia todas las transiciones se han saldado con un uso de energía mayor, tanto total como per capita. La novedad es que en esta transición la disponibilidad de energía va a ser menor que en el pasado. En 2035 se prevé extraer un tercio del petróleo convencional que se extraía en 2010. Incluso, aunque el petróleo no tuviera un techo, cabría preguntarse si podríamos quemar todo el petróleo que quisiéramos. La respuesta es sencilla: no, porque tenemos el límite del cambio climático.

Carpintero destacó que es esencial hablar de economía cuando nos referimos al cambio climático. La relación entre el Producto Interior Bruto (PIB) y las emisiones es muy estrecha. Es difícil reflexionar sobre el cambio climático sin profundizar en el sistema económico. De esta manera, ¿cuánto tendríamos que reducir las emisiones para no tener que sobrepasar ese aumento de 0,5 grados centígrados de temperatura media en el planeta? Aunque no hiciéramos nada, la inercia nos llevaría ya a ese escenario, pero es que no estamos reduciendo las emisiones, sino que las seguimos incrementando a un ritmo de un seis por ciento anual. Es más, si se cumplieran los planes de reducción de emisiones que han presentado los 168 países, las emisiones aumentarían entre un 19 y un 37 por ciento, porque las reducciones previstas no son totales, sino relativas, por unidad de PIB. Con este escenario, el incremento de la temperatura podría ser de entre 3 y 4 grados.

¿Qué se tendría que haber hecho en la Cumbre de París para que llegáramos a un escenario razonable? ¿Cuánto petróleo deberíamos quemar para cumplir el objetivo? ¿O cuánto deberíamos dejar de quemar para mantener la temperatura por debajo de un aumento de 0,5 grados? Deberíamos dejar de extraer el 58 por ciento del petróleo que queda, el 59 por ciento del gas y el 90 por ciento del carbón. Lo que pasa es que esos recursos pertenecen a empresas, por lo que hace falta una negociación para compensarlas, algo que no se ha abordado. De manera más coloquial: “Llevamos treinta años mareando la perdiz” en unas cumbres del clima que tienen, como dice Federico Aguilera Klink, una “función ceremonial”. La única vez que se planteó algo similar lo hizo Ecuador, que estaba dispuesto a no extraer petróleo si se le compensaba por ello. La comunidad internacional no respondió. Tan solo se cubrió el cinco por ciento del fondo de compensación previsto.

Prosiguió Carpintero que cuando hablamos de cambio climático estamos abordando un debate sobre la igualdad. Ahora, el 1 por ciento de los países que más emiten son responsables del 17 por ciento de las emisiones totales y el 10 por ciento de los países emite más del 30. En el otro lado, la mitad de la población mundial es responsable solo del 12 por ciento de las emisiones. En España deberíamos reducir el 90 por ciento de nuestras emisiones brutas, quedarnos solo con la cifra de las que hoy genera Andalucía. Eso supone “una transformación muy importante”.

La segunda parte de la conferencia de Carpintero, se centró en los escenarios posibles de la transición. Hay dos tipos de soluciones. El primero es acudir a las soluciones convencionales, como las del “pacto verde” o el “crecimiento verde”, que plantean que siga creciendo la actividad económica y el consumo pero, en lugar de con combustibles fósiles, mediante energías renovables. ¿Es factible sustituir toda la energía fósil por energía renovable? De momento, las renovables solo abarcan una cuarta parte de las necesidades energéticas y se centran principalmente en la electricidad.

“Llegamos 30 o 40 años tarde para esta sustitución”. Hay otra limitación: los costes ambientales. Con la lógica de la expansión, no se asumen los límites y “se peca de optimismo tecnológico, cuando la tecnología nunca ha sido un buen aliado ecológico”. No se tiene en cuenta que para instalar ahora y renovar después estas energías renovables, hace falta un gran consumo de energías fósiles y de materiales. Es la conocida como “trampa de la energía”. Si sustituyéramos todos los coches actuales que hay en el mundo, unos 1.400 millones, por coches eléctricos, acabaríamos con todas las reservas de aluminio, cobre, cobalto, magnesio o níquel solo para los vehículos, sin poder emplearlos en otros usos. En ese escenario, España debería dedicar toda su capacidad eléctrica solo para cargar los coches: “Cuando se hacen estas cuentas elementales, la burbuja explota”.

Millones de coches duermen en la calle en nuestro país. Para poder recargar esos coches durante la noche haría falta poner un poste eléctrico cada cinco metros de acera aproximadamente. Si fueran postes de 22KW, como los que quiere instalar el gobierno den las gasolineras, en ciento veinticinco metros de calle habría que tender un cableado junto con los postes para poder suministrar más de un megavatio (MW) de potencia. Una ciudad como Madrid, con más de mil kilómetros de calles, necesitaría cableados, subestaciones eléctricas y sistemas de control para disponer de unos 8GW de potencia (es decir, como todas las centrales nucleares de España). Si extrapolamos estos datos para el resto de España, estaríamos hablando de más de 100GW (igual que la capacidad eléctrica máxima de España). (Antonio Turiel, 2020, en Petrocalipsis, p. 145)

El segundo tipo de soluciones son las basadas en el decrecimiento o el post crecimiento, que no son sencillas pero “al menos miran el problema a la cara”. Carpintero dejó claro que es una propuesta que se hace a los países ricos, no a los países que aún no cubren sus necesidades. Para llegar a este este escenario es necesario hacer políticas de prevención del empleo y de reparto del trabajo, una reforma fiscal y del sistema financiero profunda y llevar a cabo una macroeconomía ecológica porque el PIB no es un buen objetivo ya que no tiene relación con el bienestar. Hace falta medir la economía de otra manera.

Carpintero recordó la “teoría de la rosquilla”, de la economista inglesa Kate Raworth, según la cual hay que buscar un espacio seguro y justo, tanto desde el punto de vista ecológico como social, que tenga en cuenta los límites ecológicos y el suelo social. Actualmente, ningún país entra dentro de estos parámetros. En el año 2050, para estar dentro de los límites de esa rosquilla, el consumo energético debería estar entre 13 y 18 gigajulios por habitante, y ahora está entre 5 y 200. En España está cerca de 100. Sería necesario un descenso en los niveles de consumo del 60 por ciento cuando va a haber un 30 por ciento más de población.

Como consideraciones finales, Carpintero señaló que “la distancia entre lo que tendríamos que hacer y lo que parece probable políticamente es muy grande”. También dijo que es muy improbable que asistamos a una transición tranquila y que puede haber un colapso, que no sería “de un día para otro”. Si se dirige la acción hacia un escenario de post crecimiento, que es un escenario a contracorriente, habrá que gestionar los conflictos. Acabó la conferencia solicitando no perder nunca la perspectiva global, poner el foco en la investigación, asumir la naturaleza humana y evitar la ilusión del optimismo tecnológico. “La solución óptima es minimizar los remordimientos futuros”.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia: Grabación

Monday July 1st, 2024