Anatxu Zabalbeascoa: «Una acera es la verdadera democracia»
Una de las ventajas de ser periodista es la de ver el mundo con un gran angular, de lo micro a lo macro. “Por eso acabamos elaborando una idea conectada de las cosas”. Esa visión periodística es la que expuso Anatxu Zabalbeascoa en su conferencia ‘Reconquista y renaturalización del espacio público’, el día 7 de noviembre. Un recorrido apoyado en imágenes sobre “cómo hemos pasado de construir ciudades a destruirlas” que añadió también iniciativas esperanzadoras.
Tras ese cambio destructivo se esconden varios motivos: el fundamental es el económico, la mercantilización del espacio público, pero también la relación con la naturaleza, que antes era algo temible “y después pasó a ser algo de lo que cuidar sin darnos cuenta de que nosotros también somos naturaleza”.
El coche es otro de los grandes problemas. Ha tenido un éxito incontestable y las ciudades se han adaptado a los vehículos, pero en toda ciudad llega un momento en que genera más problemas que soluciones. Y muchas de las cosas que ocurren localmente acaban ocurriendo globalmente.
Otro cambio es el paso de la ciudad informal a la ciudad formal. En España convivían las dos formas, pero la informal se ha ido borrando. “La manera informal de vivir tiene algunas ventajas que nosotros hemos perdido”.
Una consecuencia de hacer que las ciudades sean rentables es lo que pasa con las aceras. ¿Quién las hace? Porque en algunos lugares es un lujo y, sin embargo, “una acera es la verdadera democracia”. Con la misma lógica, se va privatizando el espacio público a pesar de que la calle también es un lugar de encuentro, no solo de conexión. La calle puede ser un lugar de juegos, una extensión de la casa, una escuela… “Con gente, la calle es más segura”, señaló Zabalbeascoa. Pero, en lugar de promover el encuentro, se hacen “ciudades que pinchan”, que colocan mobiliario para evitar que la gente se siente o se tumbe, como en la Puerta del Sol de Madrid. “Se invierte dinero en vallarlo todo”.
Frente a esto, la periodista de ‘El País’ puso ejemplos de intervenciones más humanas, como una acera-calle en el Carmelo (Barcelona) o una intervención relacionada con el patrimonio en Mérida que hace posible su protección y su disfrute.
Zalbeascoa abordó la irrupción de las smart city. “Los periodistas debemos sospechar siempre, pero si ponen el nombre en inglés, ya sospecho más rápido”. Anoté que estuvo indagando durante años cuáles serían sus grandes ventajas y no encontró muchas relevantes. “La inteligencia, en la ciudad, sería, por ejemplo, que invitara a caminar”.
Comenzó a enumerar situaciones que acaban por modificar la manera de relacionarse entre las personas en una ciudad y la transforman. Una es la gentrificación, que acaba expulsando de un barrio o una ciudad a sus habitantes más antiguos a pesar de ofrecer una aparente mejora. “Si ves una galería de arte en tu barrio, ponte a temblar”. La gentrificación provoca la desaparición de la esencia de las ciudades: la pluralidad. Otra es la densificación, el hecho de crecer en altura, que ahora se cuestiona porque se considera que las ciudades intermedias son las más adecuadas.
La ‘comodificación’ (del inglés commodity) es la conversión de la ciudad, de sus inmuebles, en un bien de inversión: comprar para invertir, no para vivir, lo que altera la ciudad, por los precios y porque muchos lugares quedan vacíos. Zabalbeascoa cuestionó el empeño en construir iconos, cuando no acaban transformando la realidad de la ciudad, sino convirtiéndose tan solo en un símbolo.
La desconexión urbanística-especulativa es otro aspecto recurrente. Apuntó el caso de la urbanización que construyó Paco el ‘Pocero’, en Seseña, en medio de la nada y junto a un vertedero de neumáticos. “La arquitectura y el urbanismo tienen una relación brutal con la corrupción”. Además de este tipo de urbanizaciones, “la lacra del siglo XXI” son los adosados, que sin el coche “no funcionan”.
El urbanismo también está contra el peatón, en muchas ocasiones, pero algunas ciudades han revertido ese idilio con el coche, como Pontevedra, Copenhague, o Broadway, en Nueva York, porque “lo que hace las ciudades son las personas”. También hay actuaciones temporales, proyectos de espacios públicos que humanizan la ciudad, como el proyecto de Santo Domingo Savio en Medellín, las iniciativas del colectivo Boa Mistura pintando la calzada o los parques logrados gracias a la presión vecinal en Barcelona y otras ciudades.
De la misma manera, la aparición de vegetación en medio de las ciudades, la necesidad de combinar naturaleza y ciudad, como el proyecto Madrid Río, un parque de siete kilómetros sobre el soterramiento de la M-30 que ha sido un éxito rotundo. “Se trata de construir a favor de la naturaleza, aunque sean plazos más largos que los plazos políticos, que son de cuatro años”.
La conferenciante, antes de señalar seis puntos que se pueden poner en práctica en todas las ciudades, citó a Baudelaire: “la forma de la ciudad cambia más rápido que el corazón de un mortal”. Esos seis puntos son: asegurar la movilidad (ahí dijo que Lanzarote tiene mucho que mejorar porque se va en coche a todos lados); asegurar la diversidad; legislar y actuar contra la comodificación; restaurar (construir de forma sensible); controlar el turismo y reparar la relación con la naturaleza. Acabó con una frase de la urbanista y activista Jane Jacobs: “Las ciudades pueden proveer algo para cada uno de nosotros simplemente porque son creadas por todos nosotros”.
Más información: Nota de prensa
Grabación de la conferencia: Grabación
vendredi 8 novembre 2024

