La supervivencia de Manrique como icono mediático dependerá de la supervivencia de la Lanzarote que él creó

La proyección de unas imágenes extraídas del documental Taro. El eco de Manrique, con palabras del artista ante las cámaras, abrió la última de las mesas redondas dedicadas a Manrique este año en la FCM, celebrada el 8 de noviembre de 2012. Siete periodistas, incluidos los dos moderadores, Manuel Riveiro e Isabel Lusarreta, disertaron sobre César Manrique como icono mediático. Comenzó Techi Acosta con una anécdota que ejemplifica la relación de Manrique y el uso de los medios que él hacía, recordando que Manrique entraba en Radio Lanzarote y le decía a su director, Agustín Acosta: “Agustín, voy a hablar”. El otro periodista lanzaroteño de la mesa, Salvador Hernández, destacó que le sorprendía de César su espíritu didáctico porque se esforzaba en que el periodista viera la importancia de su mensaje. Por su parte, Javier Durán, que se desplazó en varias ocasiones desde Las Palmas para entrevistar a Manrique, contó que en esas entrevistas siempre salía la misma pregunta: “¿Qué hacemos con el Sur de Gran Canaria?”, y la misma respuesta: “Ponerle una bomba”. Como un “animal mediático” definió Victoriano Suárez Álamo a Manrique: “Era un filón, un caramelo para un periodista y sabía el poder que tenían los medios para hacer llegar su mensaje al pueblo”. Algo que corroboró Juan Manuel Pardellas, para quien fue un privilegio entrevistarle porque “daba muchos palos al poder establecido”: “Cada palabra de César era un titular a cinco columnas”.

El debate se centró brevemente sobre la intimidad y la vida personal de Manrique, un aspecto en el que todos coincidieron que era secundario y que no le interesaba a la prensa del momento, y pasó a analizar el cambio del Manrique mediático amable que promociona Lanzarote al reivindicativo que se queja de la especulación. Ese icono ya comenzaba a molestar a los poderes fácticos. Salvador Hernández recordó que tras la entrevista a Der Spiegel en 1988, en la que denunciaba la situación de la Isla, se reunió el Patronato de Turismo para intentar hacerle callar, pero que “nadie fue capaz de hacer callar a César Manrique”. Según Javier Durán, Manrique es un icono mediático porque supo hacer algo insólito, como llevar a cabo un proyecto turístico diferente al de la época, en España y “sacar del hambre a una Isla”. Pardellas habló de la llegada de César a Tenerife “poniendo árboles del revés” en el Puerto de la Cruz, su contribución a la revalorización de ese destino turístico y su posible influencia para evitar el derribo de unas naves de carbón, último vestigio de aquella época en Santa Cruz y que los vecinos reclamaban que quedaran en pie.

Haciendo un ejercicio de imaginación motivado por los moderadores, Suárez Álamo, que aseguró que a César habría que estudiarlo en las escuelas de comunicación por su forma de emplear a los medios, dijo que tuvo suerte con los medios de aquella época porque tenía más peso el periodista que el empresario, mientras que ahora se desvirtuaría más su mensaje. Techi Acosta dijo que “se echa de menos un personaje como César Manrique”, que se movía en una Isla en la que los medios de comunicación pertenecían a periodistas y no a empresarios de la construcción: “En la actualidad sería peor tratado por los medios y quizá ni siquiera viviría en Lanzarote”. Cogiendo ese hilo, Hernández aseguró que los poderes fácticos le tenían acorralado en los últimos años de su vida y que se quería ir a vivir a Marrakech, y afirmó que el mensaje de César permanecerá porque en vida dejó preparado su relevo, depositado en la Fundación que lleva su nombre. Javier Durán concluyó sus intervenciones diciendo que el gran reto es el de mantener a Manrique como icono mediático frente a la corrupción y los escándalos: “La supervivencia de Manrique como icono mediático dependerá de la supervivencia de la Lanzarote que él creo”, y alentó a que Manrique no se convierta en un souvenir cultural o turístico sino que se mantenga como símbolo de lo que realmente fue. Finalmente, Juan Manuel Pardellas dijo que se queda de César con “cómo era temido por los gobernantes” y lamentó que su muerte “nos dejó huérfanos en la lucha ambiental”.

 

César Manrique. Recuerdos compartidos de su vida más íntima

Los dos hermanos de César Manrique, Carlos y Juana, el presidente de la FCM, José Juan Ramírez y el ex director de la Caja de Canarias y amigo del artista, Juan Marreo Portugués, compartieron, en la cuarta de las mesas redondas sobre César Manrique previstas para este año, celebrada el 25 de octubre de 2012, su memoria sobre el artista lanzaroteño, moderados por las periodistas Usoa Ibarra y María José Tabar.

Marrero Portugués, muy locuaz toda la noche, calificó a Manrique como un ser humano “único e irrepetible”, mientras que su hermano Carlos recordó que César estaba “en otro mundo”: “Íbamos a pescar, yo me ponía con la caña y él hacía dibujos en la arena”. Juana añadió que dibujaba mujeres desnudas  “y nosotros no decíamos nada a las madres”. Todo eso ocurría en la playa de Famara, lugar de veraneo y de libertad “donde éramos muy felices”, según Juana. Los hermanos evocaron al César adolescente, que no acudía a las llamadas a la mesa porque estaba pintando, y que quería estudiar pintura frente a la opinión de su padre de que estudiara para ser aparejador a pesar de que “era un cero en matemáticas”. “Mi padre le decía que iba a ser un pintamonas”, dijo Juana. Un padre del que se acordó mucho César cuando le otorgaron el Premio “Europa Nostra”, y así se lo relató a José Juan Ramírez.

Tras una larga introducción sobre su llegada al Arrecife de principios de los años cincuenta, Marrero Portugués relató su primer encuentro con Manrique en 1954, en uno de sus viajes desde Madrid. Ya conocía su obra porque había visto los murales del Parador, y también sabía de él por boca de Pepín Ramírez, su amigo desde la infancia, y con quien Marrero trabó amistad y compartió responsabilidades en el Ayuntamiento, antes de convertirse en cuñados. En aquellos murales, dijo Carlos, César también había pintando unas mujeres desnudas, que provocaron la censura del obispo y a su vez la negativa de César a borrarlas, aunque acabó cediendo a vestirlas.

César fue a la Guerra Civil como voluntario con Pepín Ramírez y Juan Prats para que no les mandaran al frente de batalla. Primero llegaron a Ceuta, donde César preguntó, ante la visión de muchos hombres tumbados, si se acostaban pronto, cuando la realidad era que estaban muertos, “Eso le afectó mucho”, dijo José Juan Ramírez, que aseguró que ni César ni su padre hablaban sobre la Guerra. Después fueron a Cataluña y acabaron en el Desfile de la Victoria de Madrid, y según le contó Prats a Marrero Portugués, César pintó algunos cañones que salieron así en el desfile. Al volver a casa, según Juana, lo primero que hizo fue subir a la azotea, quitarse el uniforme y patear la ropa de soldado. Marrero Portugués, hablando sobre el franquismo,  dijo que “el tema político con César Manrique no se suscitaba, César estaba muy por encima, vivía en su mundo dedicado al arte”. “En su intimidad —señaló— no era un hombre excéntrico, era serio, cabal, ejemplar y se cuidaba muchísimo, era un atleta”. Eso sí, “le encantaba disfrazarse”, dijo Juana.

Repasando la vida de César Manrique, los participantes en la mesa llegaron a su etapa en Madrid como estudiante de Bellas Artes. Una época en la que, según Ramírez, lo pasó mal, sin apenas dinero y le costó salir adelante “pero estaba muy enamorado de la pintura”. Ya sabía que no era un bicho raro, que no estaba loco y que su sueño era realizable porque había conocido a la familia Millares, con quienes compartía inquietudes. Ramírez también repasó otro de los momentos críticos, del que tampoco César habló mucho posteriormente: la muerte de Pepi, su mujer. Lo tuvieron que sedar y estuvo dos días dormido. Tras su muerte decidió marcharse a Nueva York, “y allí es donde se dio cuenta de las posibilidades de desarrollo de Lanzarote y comenzó a escribir a las autoridades”.

Según Marrero, en la proyección mundial de César, jugó un papel muy destacado Pepín Ramírez “que no se le ha agradecido del todo”. “Pepín —dijo— influyó en que César orientase su sentimiento artístico en mejorar el paisaje de Lanzarote”. Marrero alabó la “ingeniería financiera” que hizo Ramírez para poder llevar a cabo las obras de César, que no hacía ni proyecto ni presupuestos, y dijo que fueron posibles por “el coraje, la valentía y la honestidad de Pepín”. Terminó contando una anécdota del entierro de Manrique, en el que el cura Miguel Lantigua dijo que César se sentaría a la derecha de Dios porque le dirá: “Has sido capaz de mejorar la Naturaleza que he creado”.

Los hermanos acabaron mostrando su “orgullo” de hermanos y José Juan Ramírez calificó a César como una persona entrañable y honesta “pero sobre todo “sincero y valiente”. “Con el paso de los años y las dificultades en hacer oír sus ideas, valoro más la actitud de César en la defensa de su visión de Lanzarote”, concluyó.

Se está lesgislando para desmontar todo lo que se ha hecho

Wolfredo Wildpret, Faustino García Márquez, Fernando Prats y Federico Aguilera Klink, los cuatro invitados a la mesa redonda celebrada el 27 de septiembre de 2012, César Manrique. Una conciencia pionera de los límites, comenzaron relatando, tras la introducción del periodista Gregorio Cabrera, uno de los dos moderadores junto a Jaime Puig, su primer recuerdo sobre la figura de César Manrique. Tras su intervención inicial, Wildpret, catedrático de Botánica, calificó a Manrique como “un profeta de lo que ha ocurrido en Canarias” y dijo que le asombró de él su valentía y su coherencia, así como su inteligencia natural. Terminó hablando de Lanzarote, de la que dijo que en los últimos años ha perdido gran parte de su valor.  

El arquitecto Faustino García Márquez retomó el hilo para señalar que se ha producido en la isla una pérdida paulatina y constante y que Canarias es el relato de un fracaso por haber construido discursos de sostenibilidad coherentes plasmados en el planeamiento pero que no se han llevado a la práctica “seguramente porque quienes propugnaban esas soluciones no creían en ellas”.

Por su parte, el urbanista Fernando Prats dijo sobre César que fue un genio y un visionario y que aún hoy en día su visión sobre la ética y el medio ambiente sigue siendo pionera porque César aludía a los límites de la isla cuando nadie hablaba de ellos. “Como líder social, hoy sería un maestro en el 15-M”, añadió.

Federico Aguilera Klink, que no conoció al artista, dijo que su escuela, como reconoce Manrique en sus escritos, fue su capacidad de asombro, y destacó la necesidad de cambiar la educación “porque aprendemos a perder el juicio pero con títulos”. “El desastre financiero lo han montado personas que han estudiado en las mejores universidades”, apuntó Prats. 

Los ponentes hablaron sobre el modelo de desarrollo de España, de Canarias y de Lanzarote y sobre su futuro. García Márquez dijo que se debe recuperar la visión de que existen límites. Para Wildpret, el modelo actual se ha acabado y los gobernantes no tienen ni iniciativa ni ideas. “Se debe producir una revolución porque hay un retroceso incluso en las libertades”, aseguró, y puso como ejemplo el caso del puerto de Granadilla para ilustrar que los poderes fácticos siguen controlando el poder político en Canarias. Según Aguilera Klink, “a la conciencia de los límites que vamos teniendo se opone la educación, que te enseña que no hay límites”. Destacó que el desarrollo económico está saqueando el Planeta y que “estamos en un estado de guerra continua”.

Prats volvió al caso de Lanzarote para preguntarse la diferencia entre el prestigio de la isla en el exterior y la autocrítica interna y se respondió que “en Lanzarote nos medimos con lo que pudo ser, con ese Camelot utópico que soñó Manrique”, y en el que creyó la población. Ahora, según Prats, el verdadero problema es que la sociedad está incluso pero que el territorio, afirmando que “o renace (la sociedad civil), o no hay nada que hacer”. Afirmó que hoy no se puede comprender nada sin entender que estamos en un cambio de época profundo porque hay un desbordamiento de los límites del Planeta, con dos tercios de los ecosistemas básicos en riesgo “y frente a esto no hay el más mínimo debate, obnubilados por la crisis económica”.

Respecto al futuro de Canarias, García Márquez habló de las nuevas leyes de armonización para la recualificación turística que prepara el Gobierno de Canarias: “Se está legislando para desmontar todo lo que se ha hecho”, dijo, y aportó varios datos: la afluencia de turistas a Canarias entre 1999 y 2010 bajó un trece por ciento mientras que las plazas alojativas crecieron un 22%, y en Lanzarote aumentaron un 34 por ciento; o que en 15 años, entre 1987 y 2002, se asfaltó, se urbanizó y se construyó en Lanzarote el 60 por ciento de la superficie que se había urbanizado en toda su historia. Sin embargo, en lugar de volver a poner límites “ahora vuelven a cambiar la legislación para acelerar esos procesos. La Ley de armonización y sobre todo, la recualificación, es el fin de los límites, porque se liberaliza la posibilidad de construir hoteles de cinco estrellas y es posible que, en el trámite parlamentario, se amplíe esa posibilidad a los de cuatro ya que así lo ha pedido el Consejo Económico y Social de Canarias. Lo que viene es un acelerón”, señaló recordando el caso de las Directrices del Turismo de 2003, que intentaron contener el crecimiento y que “cuando se terminaron de redactar comenzó su voladura oficial”.

Prats coincidió con García Márquez en que esas nuevas leyes incentivan el crecimiento a pesar de que están basadas en la renovación como clave, y finalizó sus intervenciones alertando del atasco del modelo turístico de la costa en España, algo que reconoce la propia patronal turística Exceltur, porque bajan las pernoctaciones, los ingresos y los precios. También apuntó a la energía como el mayor de los retos para Canarias y dijo que pocos sitios como Lanzarote están tan preparados para afrontar ese reto. Aguilera Klink afirmó que el binomio crecimiento y creación de puestos de trabajo es falso y que hay que aprender a vivir de otra manera, mientras que Wildpret dijo que en estos momentos de crisis, quedarse en silencio y resignarse es un delito, y respecto al futuro de Canarias aseguró que tiene dos recursos: el clima (“que es de lo poco que no nos podemos cargar los canarios”) y el paisaje, que vuelve a estar amenazado. García Márquez concluyó hablando de la huella ecológica y señalando que si todos los habitantes del Planeta vivieran con las condiciones que lo hacen los habitantes del primer mundo “necesitaríamos diez planetas y medio para vivir”.

Instalación de un móvil de la serie Juguetes del viento en la FCM

En el marco de actividades programadas durante 2012 por la Fundación César Manrique (FCM), en conmemoración del 20º aniversario de su inauguración y, al mismo tiempo, de la desaparición de su fundador, el martes 25 de septiembre, coincidiendo con la efeméride de la desaparición de César Manrique, se instaló una escultura móvil de la serie Juguetes del viento en la sede de la FCM. La escultura fue realizada por César Manrique en los años 70 y, tras ser restaurada, ha sido emplazada en su ubicación original, de la que había sido sustituida en 1998 por otra obra del artista, Energía de la pirámide (Serie Juguetes del viento), de los años 1990-91.

El móvil, Sin título, cuyas medidas son 2,3 x 2,2 x 2,2 m, había sido retirado de su emplazamiento exterior para evitar que se acentuara la fatiga de los materiales que la constituyen y proceder, en su momento, a la restauración. La pieza, que es única, ha sido restaurada en los talleres Magisa, en Madrid.

Proyección de la película Taro. El eco de Manrique

En el marco de actividades programadas durante 2012 por la Fundación César Manrique (FCM), en conmemoración del 20º aniversario de su inauguración y, al mismo tiempo, de la desaparición de su fundador, el martes 25 de septiembre, coincidiendo con la efeméride de la desaparición de César Manrique, se proyectó el largometraje-documental titulado Taro. El eco de Manrique. Es una película de Miguel G. Morales que se aproxima a César Manrique, subrayando su activismo medioambiental y territorial, su lucha contra la especulación, y su pasión por la naturaleza de Lanzarote.

Taro. El eco de Manrique está coproducida por Televisión Española, Televisión Canaria, Obra Social de CajaCanarias, Miguel Morales y DXT Producciones, así como la coproducción en Alemania de Allary Film TV & Media.

Miguel Morales, el director del largometraje-documental proyectado, ha simultaneado su carrera entre el cine documental y la televisión, haciendo incursiones en la video-creación. En sus trabajos, ha realizado funciones como guionista, director, realizador, cámara, montador y productor ejecutivo. Muchas de sus obras han participado en festivales nacionales e internacionales y recibido premios y menciones especiales. Con esta nueva entrega, García Morales continúa su serie de documentales biográficos sobre artistas o escritores ilustres vinculados a las islas, como Óscar Domínguez, Juan Ismael, Cristino de Vera, Pepe Dámaso o, más recientemente, Domingo Pérez Minik, Ignacio Aldecoa y José Saramago.

En la película, se recuperan abundantes imágenes de archivo, en las que aparece el artista con su vibrante discurso crítico y de defensa de Lanzarote. Asimismo, se recoge el testimonio de diversos colaboradores suyos como José Juan Ramírez, Fernando Gómez Aguilera, Luis Morales, Santiago Hernández, Feliciano Luzardo, Antonio de León y José Manuel Curbelo, además de valoraciones de personalidades del ecologismo y la arquitectura, como el naturalista Joaquín Araújo y el arquitecto Frei Otto.

Al acto asistió Miguel G. Morales, que se dirigió al público al finalizar la proyección y también estuvieron presentes los colaboradores de César Manrique que participan en la película.

Video promocional:

http://www.youtube.com/watch?v=Q-j8WKq6Ntw&feature=player_detailpage

Juan Cruz: Ignacio Aldecoa supo ver el carácter arriscado y complejo que tenemos los canarios

“Ignacio Aldecoa es el cuentista español más solvente del Siglo XX”. Fernando Gómez Aguilera recordó al inicio del acto, en la mesa redonda previa a la proyección del documental Aldecoa, la huida al paraíso, esas palabras de Miguel García de Posada sobre el escritor vitoriano. El director de la Fundación César Manrique añadió que Aldecoa es mucho más, “un personaje extraordinario”, y contó que tras su estancia de cuatro semanas en 1961 en La Graciosa, el escritor le dijo a su mujer: “He descubierto el paraíso, iremos algún día”. No volvió nunca. Gómez Aguilera dio la palabra al escritor Juan Cruz, de quien partió la idea de hacer este documental sobre la relación de Aldecoa con Canarias y su visón de ellas, plasmada en el libro Cuaderno de godo.

Cruz conoció vio por primera vez a Aldecoa en una foto que tenía en su despacho José Arozena, un abogado tinerfeño amigo del escritor, al igual que Domingo Pérez Minik. Años más tarde, cuando era responsable editorial de Alfaguara, conoció a su viuda, Josefina Aldecoa, y decidió publicar también la obra de su marido. Eso fue a partir del hallazgo, en la librería Dedalus de Madrid, de Cuaderno de godo, el libro que recorre el documental, “un libro para enamorarse de las islas”. ¿Y por qué recuperar a Aldecoa? “Pues porque los canarios cultivamos el desrecuerdo, que tiene una grave repercusión porque impide crear zonas de recuerdos y gratitud para edificar historias sobre ellos.”

El director del documental, Miguel G. Morales, dijo que Aldecoa le ha perseguido a lo largo de su vida. Su primera práctica de guión en la Escuela de Cine fue sobre un cuento de Aldecoa, a quien calificó como un outsider y “un personaje cinematográfico magnífico, de una película americana de los años 40 ó 50”.

Gómez Aguilera recordó la primera vez que Aldecoa llegó a Lanzarote y aseguró que hubo un tiempo en que la actividad del escritor era seguida por la prensa local de la época, que daba cuenta de sus conferencias en Madrid o en Nueva York. Aldecoa llegó a Arrecife en 1957 junto al fotógrafo José Pastor para hacer un reportaje de las islas encargado por el diario madrileño Arriba. Recala en el Parador de Turismo, donde duerme en un diván en el hall y traba amistad con Jesús López Socas, el médico José Molina, Leandro Fajardo y Andrés Betancort, que eran “buenos bebedores” como Aldecoa, con quien también compartían inquietudes literarias. Visitó Fuerteventura, donde asiste a una boda y a la botadura de la embarcación ‘La Peregrina’, de Antonio Fernández de Córdoba, apodado Buffalo Bill. En esa ocasión ya conoce al graciosero Jorge Toledo, y a La Graciosa volvería en 1961. Permaneció cuatro semanas en la Isla, pero antes de llegar, en el barco, les dijo a sus amigos lanzaroteños: “No me dejéis solo”. Pasaba por una crisis personal, “de destino, existencial”. En La Graciosa, durante ese tiempo, trasladado años después a su novela Parte de una historia, escribe, y corrige dos novelas, pero también vive, bebe, trabaja y se viste con y como los pescadores, según relatan las crónicas de Guillermo Topham. De allí regresa a Lanzarote y pronuncia una conferencia titulada “Mar de historias”, en el Círculo Mercantil del 28 de febrero. Posteriormente, sale a Tenerife para dar dos conferencias, declarando a la prensa “La Graciosa me ha servido para calmar los nervios y trabajar” y que “camino de Madrid me siento castigado con el paraíso a barlovento”, según contó al público Gómez Aguilera.

Miguel G. Morales añadió, por su parte, que la elaboración de la película se alargó durante ocho años y se exhibió en La Graciosa, aunque algunos gracioseros, según sus palabras, tienen reservas con la figura de Aldecoa. “La reacción de la Isla fue extraña”, dijo. Juan Cruz aseguró que Aldecoa vino a Canarias a buscar el paraíso pero a través de una huida y que estaba interesado en los riscos, lugares y rincones peligrosos, y que se asombró ante un paisaje que es “una metáfora de placer y riesgo” apreciando “el carácter arriscado y complejo que tenemos los canarios.” La mesa redonda concluyó con la lectura de una de las crónicas de Aldecoa publicada en Arriba en 1957, que describe el Archipiélago Chinijo. A continuación, se proyectó Aldecoa, la huida al paraíso.

César Manrique tenía sensibilidad no sólo para crear sino también para convencer a los que estaban con él

La segunda de las cinco mesas redondas previstas este año sobre la figura de César Manrique se celebró el 7 de junio, bajo el título César Manrique. Construcción del espacio público, y reunió a cuatro colaboradores del artista lanzaroteño: Luis Morales, Esteban Armas, José Luis Olcina y Antonio Ramos, moderados por los periodistas Saúl García y Domingo Rivero.

Luis Morales fue jefe del departamento de vías y obras del Cabildo de Lanzarote, comenzó a colaborar con Manrique en 1952 y lo hizo durante cuatro décadas. A mediados de los años sesenta se formó un “equipo” que se dedicaba a supervisar todas las obras los sábados por la tarde. Lo formaban Manrique, Pepín Ramírez, Antonio Álvarez, Jesús Soto y el propio jefe de obras. “Lo que más me gustaba de César era cómo cuidaba el medio ambiente”, dijo Morales. A lo largo de sus intervenciones, Morales fue contando cómo se gestaron los Centros de Arte, Cultura y Turismo y otras obras, partiendo de una isla en la que apenas había tres trozos de carretera asfaltados y en la que el dinero de los obras previstas por el Estado se devolvía porque no había empresas constructoras. El Cabildo creó su propia empresa y comenzó a asumir esas obras: carreteras, las galerías de agua de Famara, la Granja agrícola o la pista del aeropuerto, y con los remanentes se inició la construcción de Los Jameos del Agua, “a mano, porque no había máquinas”, retirando toneladas de piedras “para hacer la sala de fiestas mejor del mundo” como contó Morales que prometió César. Otra obra complicada fue el restaurante El Diablo, en las Montañas del Fuego. Para hacer el foso de la gran parrilla se hizo un pequeño cráter y se canalizó el fuego, con el apoyo, eso sí, de una bandeja llena de agua para apagar las llamas que se encendían en las botas de los trabajadores. En esas obras, según Morales, “todo el personal estaba entusiasmado, no hacía falta jefe” porque Manrique logró sensibilizar a cada uno de esos trabajadores (llegaron a trabajar simultáneamente más de 300). “Él se llevaba bien con todos, era muy cercano, tenía sensibilidad no sólo para crear sino también para convencer a los que estaban con él y nos enseñó a ver el paisaje de la manera que él lo veía”. Terminó dando gracias a César “y a todos los que trabajaron con él, porque  lo que se ha hecho es como una cosa milagrosa, ¡cómo fue posible reunir ese equipo, esa casualidad tan grande!”

Esteban Armas entró a trabajar en el Cabildo como arquitecto técnico en 1978. Dijo que en los años sesenta, los lanzaroteños creían que Lanzarote era fea porque no había verde “y César reivindicó la belleza de la piedra, de lo seco”. Armas habló de la conjunción de Manrique con el entonces presidente del Cabildo, Pepín Ramírez, porque eran amigos de la infancia, lo que facilitó que se llevara a cabo la obra pública del artista lanzaroteño. También habló de la construcción del Jardín de Cactus, una obra planificada desde los años setenta pero que concluyó en los años noventa y en la que el diseño de César “fue total, detalle por detalle”. Y habló de dos obras frustradas: el Mirador de El Golfo, que César, “que tenía una capacidad desbordante”, decidió no hacer porque ya veía la masificación de la Isla “y pensaba que se lo iban a cargar” y la adecuación de El Charco de San Ginés, porque César falleció durante su ejecución. Quiso terminar desmontando el mito de que César hacía tirar muchas de las cosas que se construían. “No tiraba nada, es un mito, porque cuando había un problema técnico o un exceso de coste, él hacía otra propuesta distinta en el momento”, y subrayó la labor de Luis Morales “porque fue el traductor perfecto de César.”

Antonio Ramos, ‘Toñín’, era un adolescente cuando se incorporó en 1969 como electricista  a la construcción de Los Jameos. “Ya me di cuenta de que César era un artista y luego de que era un genio, nos inculcaba que las piedras eran bonitas, que todo había que cuidarlo porque era importante para el ser humano, nos hizo comprender que Lanzarote no era la niña fea.” En una ocasión, César le comparó a Lanzarote con una mesa, en la que una pata era la agricultura, otra la pesca, otra el comercio y la cuarta, que estaban montando, era el turismo. “Como esto funcione —decía— aquí vamos a vivir de maravilla”. “Y así ha sido —dijo Ramos con ironía—, nos hemos cargado la agricultura y la pesca, pero tenemos el turismo.” ‘Toñín’, que recordó a otros trabajadores como Marcial Martín, Ildefonso Aguilar, Jesús Soto, Ramón Martínez o profesionales de la piedra y albañiles, era ‘el chico para todo’: “Sabíamos cuándo empezábamos, a las siete, pero no cuándo volvíamos”, porque a veces César les pedía que se quedaran en Los Jameos para enseñar el lugar a alguien importante. “Para él todos eran importantes”, según Toñín. Por allí pasaron Lindsay Kemp, Nuria Espert, Alberti, Marsillach, Kraus… “y  gente muy moderna, bien vestida.” En los Jameos, Ramos pinchaba unos discos que Manrique había traído de Nueva York y así conoció y se enamoró del blues, el soul o el country. Para Toñín, César, que trataba muy bien a todos, era “un genio, un hombre sencillo, amable y muy trabajador.”

El ingeniero José Luis Olcina conoció a César en 1969 en el Puerto de la Cruz, junto con Alfredo Amigó y el contratista Luis Díaz de Losada. Decidieron que interviniera para hacer las piscinas del Lago Martiánez y en una pizzería dibujó en cinco minutos, en una servilleta, la forma actual del lago con la isla en medio. “La cogimos y presentamos el proyecto”, dijo Olcina, que formó parte de lo que Manrique llamaba “la familia de Tenerife”, con quienes colaboró durante 25 años. La ilusión de los trabajadores de Lanzarote también se contagió a los tinerfeños: “estaban ilusionados, se sentían partícipes y orgullosos de las obras”, según Olcina, que contó varias anécdotas de César con las autoridades. “Manrique nos enseñó a ver la belleza, la naturaleza, tenía una capacidad creativa impresionante, transmitía ilusión a todos y tenía un gran factor humano”, concluyó.

El periodista Domingo Rivero cerró con unas palabras del artista y añadió que “en tiempos del todo vale, tenemos la obligación moral de preservar el legado que nos dejaron César Manrique y otras personas irrepetibles.”

Stipo Pranyko, durante su homenaje: Agradezco a mi destino que me haya traído a Lanzarote

La noche del homenaje a Stipo Pranyko (Bosnia, 1930) en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique comenzó con la proyección del documental ‘Stipo Pranyko con cuadros blancos’, dirigido por  David Delgado San Ginés. El documental muestra el “espíritu”, del pintor —según dijo Delgado— y en él aparece trabajando en su casa de Tahíche y hablando sobre su arte, su experiencia cercana a la muerte, su concepto de la creación, o explicando cómo y por que llegó a Lanzarote hace más de veinte años en busca de soledad y huyendo de la arrogancia del arte.

Hace varios meses que Pranyko trasladó su residencia a la ciudad alemana de Münich, y la FCM, según su director Fernando Gómez Aguilera, quiso realizar un acto de reconocimiento al pintor y de gratitud “por acompañarnos desde la discreción y por su constante devoción por la vida y por el arte”. Gómez Aguilera, que abrió una mesa redonda en la que participaron además, el poeta y amigo de Pranyko, Melchor López, el conservador del Tenerife Espacio de las Artes (TEA), Isidro Hernández y David Delgado, dijo que en Stipo “arte y vida se funden en una amalgama inseparable”, destacando “que siempre ha vivido con independencia en los bordes, en el silencio y el apartamiento, pasando desapercibido”, sin que las dificultades para vivir, constantes en su existencia, le hayan apartado de su camino. Señaló que el blanco que domina su arte no simboliza la pureza sino que está “roto por las impurezas”, como testimonio de esa andadura compleja, y adelantó que la mesa no trataría de hacer reflexiones sobre el artista sino de rendirle tributo para que se llevase el abrazo de “las palabras que le vamos a entregar esta noche”.

Melchor López, que ha frecuentado con asiduidad al pintor durante los dos últimos años, relató dos recuerdos sobre Pranyko. El primero de ellos se lo contó el propio artista, que en su juventud pasó varias semanas encerrado en una cámara oscura en Sarajevo. “Tras saturarse de oscuridad, cómo no buscar el blanco en sus cuadros”, dijo, y afirmó que pinta buscando también un estado de pensamiento en blanco. “Stipo —señaló— es un resucitado que conoce la luz de este mundo y de aquel, es el Lázaro de Lanzarote”. El otro recuerdo corresponde al día en que conoció al artista en su casa de Tahíche y sintió un “misterio religioso ante sus cuadros altares”. Dijo López que, en la obra de Pranyko, hasta el objeto más humilde puede ser una reliquia y que debería contemplarse su obra “arrodillado como el que contempla un altar”.

Por su parte, Isidro Hernández relató la grata experiencia de colaborar con Pranyko en el montaje de su gran exposición en el TEA. Aseguró que durante el montaje asistieron a un proceso de rejuvenecimiento del artista, que estaba en estado de gracia por el interés que le suscitaba la exposición. Asimismo, aludió a las simpatías y empatías que despertó no sólo en el equipo del museo, sino en numerosos visitantes de la muestra.

David Delgado explicó el método de rodaje del documental, que se elaboró sin guión, a través de experiencias vividas en la casa del artista. “Stipo es la persona que he conocido —dijo el cineasta— más cercana a lo que yo concibo como la luz”, y destacó que el artista trabaja con elementos de verdad, a partir de experiencias vitales y no de invenciones, trasmitiendo una sensación de espiritualidad.

Retomó la palabra Gómez Aguilera para manifestar que el homenajeado es un artista que suscita respeto entre los jóvenes, un artista secreto que, “por su coherencia y apartamiento de los circuitos culturales, tiene la singularidad de no levantar sospechas, dentro de un mundo, el del arte, lleno de banalidad y oropeles, y una cultura trufada de apariencia y espectacularidad”. Para el director de la FCM, la actitud de Stipo Pranyko encarna la veracidad en los comportamientos: “Detrás hay un ser humano de verdad, su vida es lo que hace, no hay trampa ni cartón, y esto confiere una rara dignidad a su actitud y una visible dignidad a su obra”, que calificó como antiacadémica, antigrandilocuente y nada solemne, apegada a consagrar lo banal y lo trivial. Aseguró que este artista nómada, desplazado, el eterno extranjero, “asume una profunda indiferencia ante la vida, como si se tratara de una derrota aceptada, pero capaz de dotar de un carácter luminoso ese espacio de la caída sin instalarse en la cultura de la queja, tan común en el mundo del arte”. “Es imposible —señaló—que un museo otorgue a un artista lo que el artista cree que se merece y es gratificante encontrarse con personas como Stipo Pranyko, que no piden nada”. Para Stipo, según Gómez Aguilera, el proceso acaba por convertirse en el tema. Igual que vivir es la esencia de la vida, para el arista, trabajar es el fundamento de su arte, aceptando el fatalismo de que está condenado a vivir en una pulsión que le produce una insatisfacción permanente. “Lo relevante es que eso nos produce emociones, que están por encima de los discursos”, terminó.

La mesa la cerró Melchor López, que recordó que, tras el visionado del documental hace unos meses, Pranyko dijo que iba a ser la mejor presentación para su nueva etapa en Alemania, “¡y tiene más de 80 años!”, señaló, asegurando que es un experto en resurrecciones.

El acto lo cerró el artista, que tan sólo habló del destino. “Si existe o no, no me interesa y no hablo de ello, lo dejo a los filósofos, pero agradezco a mi destino que me haya traído a Lanzarote”. Citó a Nietzsche, que hablaba del amor por el destino, para decir que eso le permite dar gracias a su destino por haber llegado a Lanzarote, donde ha pasado gran parte de su vida, y unos “años felices, productivos y creativos” y de éxito por sus exposiciones en la FCM, el IVAM y el TEA. Agradeció el homenaje y su asistencia al público, que le entregó una cerrada ovación. El artista, que se había dirigido al público de pie, fiel a sí mismo y confirmando las palabras que se habían dicho de él durante el acto, prefirió recibir sentado el aplauso.

César estaba solo y desesperado pero tenía mucha voluntad y era indestructible

La Sala José Saramago de la FCM en la Plazuela (Arrecife) acogió la primera de la cinco mesas redondas previstas este año para abordar la figura de César Manrique desde distintos puntos de vista, cuando se cumplen veinte años de la apertura de la Fundación y de la muerte del artista. La mesa, moderada por los periodistas Soraya Morales y Gonzalo Mejías, y bajo el título César Manrique en Lanzarote. Artista moderno y agitador social, reunió a Ginés Díaz Pallarés, primer presidente de la asociación ecologista El Guincho; Mario Alberto Perdomo, periodista y economista, además de patrono de la FCM; y a Carlos Matallana, artista, patrono de la FCM y sobrino de César Manrique.

Matallana comenzó haciendo referencia al primer recuerdo sobre su tío, cuando regresó a la Isla desde Nueva York en 1965, con un gato en una jaula, un collar de brillantes falso y unas bermudas. “Me impresionó”, dijo, sobre todo por el contraste con la vida gris de la Isla en aquel momento. Díaz Pallarés también compartió sus primeros recuerdos de César, al que conoció gracias a que su padre era el único traductor de inglés en la Isla y “César estaba en todo”. “Me enseñó a ver las cosas de otra manera, te sentías pleno con él”, aseguró, y relató los inicios de la asociación ecologista El Guincho, de la que Manrique fue presidente de honor: “Aquello fue una bronca permanente, todos los días nos peleábamos”. Reivindicó la entrega y la energía de César Manrique en aquella época, con 55 años. “Lo de César era increíble —según Pallarés—, sólo con que los trabajadores del Cabildo nos pusiéramos a trabajar de verdad, le dábamos la vuelta a la Isla”. Mario Alberto Perdomo recordó que tanto él como otras personas de su edad accedieron a Manrique a raíz de la apertura de El Almacén, donde tuvo su primera sede social El Guincho, por una peseta de simbólico alquiler anual. Sobre este centro cultural dijo que “a mucha gente le abrió los ojos”, por la posibilidad de ver obras de teatro, cine o, por ejemplo, poder oír recitar a Rafael Alberti. Añadió que gran parte de la sociedad lo consideraba como un espacio de élite, como ahora ocurre con la FCM.

Los tres reflexionaron sobre la acogida de la sociedad lanzaroteña hacia Manrique. Matallana dijo que en los años 60 y 70 “César era el diablo” porque creaba polémica y la sociedad era muy conservadora mientras que él era muy moderno. Entonces era criticado e insultado pero, según Matallana, la situación después fue cambiando. Reveló que una vez César le dijo que estaba a años luz de la realidad de Lanzarote, y sin embargo seguía luchando por ella. Para Díaz Pallarés, el rechazo hacia Manrique no cambió nunca. “César estaba solo y desesperado pero tenía mucha voluntad y era indestructible, nunca estaba cansado”. Recordó que Dimas Martín “ganó unas elecciones llamando maricón a César Manrique”, para evidenciar que nunca tuvo grandes apoyos, excepto de la colonia alemana de Lanzarote. “César creó proyectos que suponían ‘pelas’ y entonces se lanzó todo el mundo, y después no hemos sido capaces de hacer nada de lo que él proponía”, dijo el ex presidente de El Guincho, que se refirió al ‘caso Unión’, asegurando que si César se enterara de esas cosas, “por la afinidad con algunas familias, se le rompería el corazón”. Añadió que la visión de César era insular y que las decisiones en la Isla han sido municipales. “Si en Lanzarote hubiera habido sólo un ayuntamiento la cosas habrían sido diferentes”, señaló.

Avanzando en el tiempo, Carlos Matallana fijó el año 1985 como la fecha en que la sociedad comenzó a darse cuenta del valor de César Manrique. Mario Alberto Perdomo traspasó un año más y colocó a 1986 como una fecha clave en la que el artista se plantó ante las autoridades. En ese año, César convocó a los alcaldes de la Isla en su estudio e hizo el Manifiesto ‘Lanzarote se está muriendo’. Perdomo explicó la relación dual entre el artista y las autoridades: César convenía para embellecer una zona y atraer inversiones y turismo pero no interesaba que hablara de territorio o ecología. “Interesaba un César parcial, el creador, uno domeñado, acrítico, sólo el artista y punto”, y comparó esta visión, de nuevo, con la situación de la FCM, de la que dijo que si se dedicara a las artes plásticas y a promocionar la Isla en el exterior, no tendría ningún problema.

Por aquellos años, llegó un momento en que a Díaz Pallarés le daba pena que Manrique no se fuera de la Isla, “para que no estuviera perdiendo el tiempo”. El líder ecologista criticó a los políticos insulares, que se aprovecharon de las condiciones que creó César en la Isla para ganar dinero muy fácil. “César estaba muy cabreado”. Carlos Matallana recordó que en esos años, los últimos de su vida, abandonó la pintura por el activismo social y algunos de sus amigos se lo echaban en cara. Frente a esto, Perdomo dijo que Lanzarote se convirtió en su “lienzo total” que se empeñó en seguir pintando pese a todas las dificultades.

Una última fecha: la manifestación de Los Pocillos en 1988. A Matallana le sorprendió ver tanta gente, y cree que muchas cosas se hubieran parado en Lanzarote si César hubiera seguido vivo aunque afirmó que César, en el fondo, era muy ingenuo porque creía que tan sólo explicando las cosas, la gente las iba a asumir. Díaz Pallarés dijo que “ahí —en Los Pocillos— teníamos que habernos muerto, yo no le desearía a César que viera esto”, opinando que tras la muerte de César, la FCM ha mejorado mucho y “ha frenado más la FCM, probablemente, que César”. Perdomo terminó coincidiendo con sus compañeros en lo cabreado que seguía César en sus últimos años y recordó el discurso (póstumo) que iba a dar el Día del Turismo en los Jameos, que era incendiario. “Hoy estaría dando una rueda de prensa en Alemania indignado por las prospecciones petrolíferas… y los canarios estarían orgullosos de él”, concluyó.

Joaquín Araújo: «Renunciar al petróleo no provocaría un colapso, porque el colapso ya lo ha provocado este modelo energético»

El problema del petróleo en Canarias es “crucial y urgente” porque supone “plantearse si debemos seguir por la vía de la trampa con nosotros mismos o entregarnos más a los designios de los devoradores que lo saquean todo”. Así comenzó Joaquín Araújo su conferencia ‘Hacia la transparencia. Canarias sin prospecciones: un nuevo modelo energético’, dentro del espacio de reflexión Fronteras y direcciones del progreso. Para el naturalista, que inauguró las actividades de la Fundación César Manrique (FCM) este año, al igual que ya lo hiciera en 2007, la FCM se alinea en la pelea más importante del momento, la de la transparencia. “Devorados los elementos básicos de la economía, descuartizado el territorio, comprometido de forma irracional el porvenir, el último asalto es hacia las ciudadelas de la inteligencia”, dijo Araújo, que considera que lo que le ocurre al aire no se puede desligar de lo que ocurre a lo social, lo político o lo cultural porque “la contaminación del aire es vírica y se contagia a los espíritus”. La transparencia, para él, es más que básica, porque es la primera materia prima de casi todo lo que importa. “No hay un solo proceso esencial para la vida que no tenga como primer manantial la transparencia”, señaló. Y al igual que la transparencia es materia prima, también lo es la comprensión, para la comunicación, que está amenazada de una opacidad creciente.

Por lo tanto, no se puede comprender sin partir de la transparencia, mientras que su carencia, “el encadenamiento de mentiras”, es precisamente el punto de partida de la crisis, que ha puesto en el filo de la navaja al proyecto de una civilización entera. “La transgresión de las normas —según Araújo— es lo que nos lleva a esta situación” y de forma paralela “no le pasa nada distinto al medio ambiente de lo que sucede a su sociedad y su modelo energético”. Para definir a ese modelo recurrió a María Zambrano, que afirmaba que “toda exacerbación acaba por negar lo que pretendía afirmar”, porque “a fuerza de buscar la comodidad y la velocidad hemos llegado a esta situación. Nuestro modelo energético es bulímico, es un insaciable consumidor de muchísima más energía de la necesaria y eso se ha considerado imprescindible”. Según el naturalista, se puede hacer lo mismo consumiendo un cincuenta por ciento menos de energía. No haberlo logrado supone también un fracaso de la tecnología, por no haber alcanzado a imitar la eficiencia de la Naturaleza, que consigue mucho con muy poco. Las máquinas consiguen una eficiencia energética del diez por ciento, las personas del sesenta y la mayoría de los animales del ochenta. El mosquitero musical, un pájaro de siete gramos de peso, es 30.000 veces más eficiente que los cohetes que propulsan naves al espacio. 

Frente a estas materias primas, “algunos convierten la mentira en su materia prima” y dicen que “está bien destruir la transparencia porque es rentable”. Según Araújo, para comenzar a contemplar las cosas con transparencia no se puede argumentar permanentemente que la renuncia al petróleo provocaría un colapso, porque el colapso ya está provocado por este modelo energético “y es demostrable científicamente”. Araújo se preguntó cuánto dinero se habría ahorrado Japón si hubiera cerrado su última central nuclear hace un año y no ahora, y trasladó esa misma lógica a las prospecciones en Canarias, advirtiendo de que ante un accidente de segundo o tercer orden, ya hay que poner en la contabilidad cuánto se merma de lo esencial, de las comunidades vivientes. Dijo que aunque el petróleo haya traído beneficios indiscutibles, desde el punto de vista de la economía ecológica, no ha obtenido beneficios. “Sólo con restar las vidas humanas que este modelo energético se ha llevado por delante ya no salen las cuentas”, subrayó el conferenciante, que cree que apostar por no erradicar este modelo energético ya nos puede estar costando mucho, y puso varios ejemplos. El primero, el del economista Nicholas Stern, que trabajó para el Banco Mundial y el Gobierno británico y concluyó en un informe en el que informaba que si no dedicamos el uno por ciento del Producto Interior Bruto al cambio de modelo energético, en treinta años el cambio climático hará que merme entre el quince y el veinte por ciento la economía mundial. El segundo: en la década de los setenta las compañías de seguros pagaron 40.000 millones de euros por catástrofes relacionadas con el petróleo mientras que en la primera década del Siglo XXI esa cifra llega hasta los 740.000. Y el tercer ejemplo: España pagó a la Unión Europea el año pasado 1.600 millones de euros por incumplir con la contaminación atmosférica. Araújo insistió en que “lo que le hacemos a la atmósfera genera una deuda económica directa con la sociedad”. En la historia de la industria petrolera ha habido 2.500 accidentes, 200 de ellos graves y 20 han sido catástrofes “y nos dicen que es seguro, como nos dicen que son seguros el sistema financiero y las centrales nucleares”.

Para Araújo, este modelo energético también es injusto y perverso porque los que no contraen deudas con la Naturaleza también son deudores: el noventa por ciento de las catástrofes ocurre en países pobres, que son los que menos contaminan, además del daño social y político, ya que la estrategia bélica de Estados Unidos está basada en el control del petróleo. Por eso aboga por una radicalidad necesaria: elegir entre el alfa y el omega, porque en unos cuarenta años el clima no podrá soportar la contaminación, “y el clima es la ubre de todo lo que palpita en este mundo”. “No podemos vivir sin clima pero podemos vivir sin petróleo”.

Para terminar, este naturalista y escritor recordó que el modelo energético está basado en la ocultación y es una forma más de atentar contra la transparencia. Frente a esto señaló que “pelear por la transparencia de aguas y aires es igual que pedir más democracia y más visibilidad en las decisiones” y que necesitamos otra materia prima fundamental, que es la de la convivencia. Aseguró que planta cada año mil árboles “porque son fábricas de transparencia —que es la búsqueda hallada de la lucidez— porque es sensato y no se pueden agotar”. “El mejor descubrimiento que he hecho en la ética —señaló — es la palabra honesto, traducida del chino al español, que es ‘el que se alegra al contemplar el agua limpia’. No hay honestidad en este mundo si no lo somos con la transparencia del aire y el agua”.