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Luis Antonio de Villena: «La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales»

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Luis Antonio de Villena comenzó su intervención titulada “Un nuevo paganismo” el día 7 de mayo en la Sala José Saramago, recordando a César Manrique, al que conoció en Las Palmas de Gran Canaria, junto a Pepe Dámaso. Lo calificó como “un hombre de carácter. Ese elemento impositivo que estaba en el carácter de César ha sido muy bueno para Lanzarote”, señaló.

El “nuevo paganismo” al que hace referencia el título de su conferencia tiene que ver con “no sentirse encuadrado” dentro de una moral católica que forma parte del poder y suele ser muy restrictiva respecto a la libertad individual. Señaló que casi siempre se habla de una libertad colectiva y “ese es el primer error” porque la libertad es “esencial, primeramente y primariamente, individual”. “La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales. De la misma forma, si no se produce esa libertad individual y solo hay libertad colectiva, el individuo no es libre”.

Puso como ejemplo la eutanasia, la “buena muerte”, la renuncia a una vida vegetativa que es vida, pero no es vida humana, ya que esta requiere pensar y tomar decisiones. Si solo hay libertad colectiva, la sociedad, regida por una moral católica, le va a decir “que usted no es el responsable de su vida, sino que el responsable es Dios. Sería un horror que la eutanasia fuera impuesta y sería un horror también que no hubiera esa posibilidad”. Por eso, insistió Villena, la libertad individual está por encima de la libertad colectiva y ésta se organiza cuando varias personas que han optado por esa libertad se unen. Como decía Ortega, “todos somos en algún momento masa y en algún momento minoría”.

En ese sentido, ahora aparece el hombre-masa, “que no sabe, pero cree que sabe de todo. Esto supone un mal terrible si se impone este tipo de hombre que cree que tiene derecho a todo y es igual que todos, lo cual es cierto en sentido general pero no lo es en sentido particular. De ahí la necesidad de saber, de estudiar, de conocer…, a pesar de la mala calidad actual de la enseñanza”.

El poeta recitó algunos poemas de su último libro publicado, Miserable vejez, confrontando el discurso oficial de la tranquilidad, la experiencia, la sabiduría que ofrece la vejez, al “no oficial” que revela que no se sabe qué hacer con los viejos mientras el cuerpo se va deteriorando. Los poemas hablan de un sentido de sabiduría “que tiene que ver con cierta idea del paganismo, del valor del perdedor o de la necesidad de la unión entre la vejez y la juventud, lejos de los discursos oficiales que convierten esas necesidades o ideas, en realidades intangibles y tenazmente separadas, como si el viejo fuera a manchar al joven”.

Por algunas de esas cuestiones, como “la ignorancia que va supliendo todo” o la preponderancia del hombre-masa, al poeta le asiste la sensación de que, en este momento, “el mundo está gobernado por locos”. Abordó el autor la superpoblación, la natalidad y, en cierto modo, la inmigración. “Se dice que vivimos un planeta superpoblado, que el planeta no va a tener recursos para alimentar a tanta gente, pero al mismo tiempo se fomenta la natalidad por razones económicas, no por humanismo o por amor a la familia”. “Bastaría traer a quien corresponda, porque siempre ha habido gente que ha buscado horizontes mejores para su vida”.

De Villena aseguró que es una persona optimista, aunque no lo parezca, pero pesimista en este sentido: “Creo que se está produciendo una destrucción del mundo y a lo mejor en algún momento esta dirección cambia, y dentro de cincuenta años se ve un mundo distinto y mejor”. No obstante, “el mundo siempre ha sido malo, siempre ha habido guerras y desastres, y los grandes genios que han existido no llenan el inmenso espacio de los que han destruido porque los que han destruido son muchos más que los que han edificado”.

Finalizó con un poema, una idea o meditación, que nació contemplando la desembocadura del río Magdalena, en Colombia, donde se unen dos aguas. Tras el poema señaló que “la poesía y la literatura, son un placer. Nos tiene que gustar, nos tiene que mover, pero también va dejando semillas de preguntas que el autor no tiene que responder o responde solo de manera ocasional, y de repente esas semillas aparecen y crean en nosotros pensamientos nuevos y nuevos sentimientos. Eso es lo mejor de la literatura, esa creación que se produce en nosotros después del placer de la lectura”, concluyó.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia: Próximamente disponible

lundi 11 mai 2026