Inaugurada la exposición «César Manrique. 100 años de vida» en San Bartolomé

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La exposición itinerante “César Manrique. 100 años de vida”, producida por la Fundación César Manrique (FCM) y comisariada por Adonay Bermúdez, se exhibe desde ayer, 14 de noviembre, en la sala la Bodeguita de la Casa Cerdeña ubicada en  San Bartolomé. La entrada es gratuita y el aforo limitado.

A la inauguración de la muestra, que ofrece una lectura cronológica y divulgativa sobre la vida y la obra de César Manrique con el objetivo de que todas las personas se acerquen a la figura del artista lanzaroteño más universal, acudió el presidente de la FCM, José Juan Ramírez; el alcalde de San Bartolomé, Alexis Tejera; el comisario de la muestra, Adonay Bermúdez; el concejal de Cultura del municipio, Isidro Pérez, así como otros ediles de la Corporación.

Esta actividad, desarrollada en colaboración con el Ayuntamiento de San Bartolomé, forma parte del programa de actividades conmemorativas del centenario del nacimiento de César Manrique (Lanzarote, 1919-1992) que desarrolla la Fundación que lleva su nombre.

José Juan Ramírez, Adonay Bermúdez y Alexis Tejera

Esta actividad, desarrollada en colaboración con el Ayuntamiento de San Bartolomé, forma parte del programa de actividades conmemorativas del centenario del nacimiento de César Manrique (Lanzarote, 1919-1992) que desarrolla la Fundación que lleva su nombre.

Así mismo, la exposición se enmarca dentro un monográfico que el Ayuntamiento de San Bartolomé ha dedicado a César Manrique con motivo de su centenario. Se trata de tres jornadas que giran en torno a la figura del artista aunando teatro, arte y música.

La exposición permanecerá abierta al público en los siguientes horarios: viernes 15 de noviembre de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 19:00 horas; sábado 16 y domingo 17 de 10:00 a 14:00 horas y lunes 18 el horario de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 19:00 horas.

„César Manrique. 100 años de vida“ está compuesta por una treintena de paneles con imágenes y textos que incluyen no solo la obra pictórica del artista, sino también su obra pública y escultórica. Además, la muestra tiene una parte en la que se resalta la labor de protección medioambiental y el carácter activista, a través de las propias palabras del artista.

La Casa Cerdeña de San Bartolomé es el quinto espacio que acoge esta exposición desde que comenzase su itinerancia el pasado 7 de junio en la sede de Correos de Arrecife y se haya mostrado en la Biblioteca Municipal de La Laguna, en la Sociedad Democracia de Arrecife y en la nueva terminal de pasajeros de la naviera Fred. Olsen Express en el Puerto de Los Mármoles.

Programa del homenaje a Manrique en el Ayuntamiento de San Bartolomé:

Cristina Almeida: „La igualdad jurídica siempre está amenazada por la igualdad real“

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Cristina Almeida comenzó su intervención el día 7 de noviembre, ante una sala abarrotada, acordándose de la última tragedia de una patera llegada a las costas de la Isla: “La insolidaridad no puede ser un avance de las naciones, y menos en este país”, dijo. También contó su relación con César Manrique, a quien conoció a causa del centro comercial La Vaguada, cuando ella era la concejal de distrito de Fuencarral, donde se construyó dicho centro.

Almeida habló sobre la evolución de la mujer española en los años de democracia. Comparó esa evolución con una carrera. Es la misma distancia para hombres y mujeres, pero para los hombres son cien metros lisos, y para las mujeres cien metros vallas. Se remontó primero a la II República, que tuvo las leyes más progresistas, y que no se recuperaron hasta los años ochenta. “Si se hubieran mantenido, a lo mejor ahora seríamos de los países más avanzados de Europa”, señaló. Habló de las olas feministas y de que de cada ola queda algo positivo: de la lucha por la ciudadanía, la lucha por el derecho al voto, los años sesenta y la ola actual, que sería la cuarta ola feminista.

Recordó que su madre se empeñó en que sus hijas tuvieran estudios universitarios. “Mi madre me decía: hija, sé muy lista pero que no te lo noten los hombres, que a ellos les gustan tontas”. Estudió Derecho y, cuando terminó la carrera comenzó a defender a presos políticos y trabajadores, pero no se percató de la discriminación a la mujer hasta que quiso denunciar al director de la cárcel de Jaén por negarle la entrada. Era recién casada, y en la comisaría le dijeron que debía tener el permiso de su marido para denunciar porque en 1968 aún era su representante legal. “Para marido lo he probado y me vale, pero de representante legal no”, dijo, entre las risas del público. “Tú le das tu amor y él se queda con tus derechos”. El franquismo derogó la licencia marital en 1975, en el Año internacional de la mujer.

Lo que llaman discriminación positiva, para ella son “acciones positivas”. “Tenemos obstáculos que otros se los saltan por derecho”, señaló. En 1978 se despenalizan los anticonceptivos, el adulterio y el amancebamiento. Es el mismo año en que se aprobó la Constitución, “que tuvo muchos padres aunque, al parecer, ninguna madre”. “Pero la discriminación no desaparece porque lo ponga la Constitución”. Hasta 1977, el domicilio conyugal se llamaba „la casa del marido“. En 1981 llegó la Ley del divorcio y después se crea el Instituto de la Mujer, cuya primera presidenta fue Carlota Bustelo, y entonces se empieza a saber la realidad de los problemas de las mujeres y surgen los términos como brecha salarial, distinción entre paro femenino y el paro masculino, o la violencia “porque se feminizan las estadísticas”. “Para luchar contra los problemas hay que conocerlos”. Los malos tratos y la violación no entran en el Código penal hasta 1989.

“La igualdad no se consigue solo con las leyes”, así que hay que luchar en varios frentes. Para Almeida, es un problema de perspectiva y no se trata sólo de dar facilidades, porque la igualad jurídica siempre está amenazada por la igualdad real. “Hay que luchar por lo evidente, por conseguir no solo el derecho sino la oportunidad”, e implicar a los hombres en este proceso.

Habló de las consecuencias de una sociedad cerrada, influida por la Iglesia y la Sección Femenina, en un contexto en el que muchos obreros consideraban que lo único que tenían de su propiedad era su mujer, y por eso esas influencias son más difíciles de cambiar que las leyes. “Por eso mismo pedimos cambios en la educación, que es como se logran cambiar las cosas”, porque los modelos se aprenden educando y porque hay que plantear otro modo de vida más acorde con la igualdad a través de la educación. Entre los problemas con la educación, por ejemplo, está la educación sexual, porque ahora los jóvenes se educan a través de la pornografía. Puso sobre la mesa el dato de que España es el país que más prostitución consume de Europa. En el debate sobre el abolicionismo, del que ella es partidaria, o la regulación, señaló que el noventa por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución son víctimas de trata, “pero los hombres siempre conocen a pretty woman, o a la mujer que se prostituye por propia convicción”. La prostitución es un asunto que le preocupa mucho y no cree que sea un buen provenir el de legalizar y profesionalizar. Relató ejemplos en otros países europeos como Francia, Holanda o Alemania. Irónicamente señaló que porqué la Formación Profesional no la incluía en sus programas y opciones: “Hijas, apuntaros a estudiar el griego, el francés”, propuso de forma sarcástica. Y puntualizó: “El sexo no es un trabajo, es un placer”.

Así que “cambiar la sociedad es mas difícil que cambiar las leyes”. Habló de la nueva ultraderecha y su ofensiva por la violencia de género, de las cuotas, de las listas cremallera… Dijo que ahora no es tan importante pedir leyes de igualdad como la propia igualdad y que las luchas ya no son solo las luchas de las mujeres sino de toda la sociedad. “La lucha feminista es una lucha que absorbe muchas otras, porque todas las luchas son nuestras”.

Acabó hablando del relevo en la lucha feminista, que las jóvenes son la garantía de que la lucha de las mujeres no va a decaer, y no debe hacerlo, además, porque los derechos no se consiguen para siempre, porque en épocas de crisis “lo primero que se cuestiona son los derechos de la mujer”. Además, hay que tener presente el sacrificio de muchas mujeres, y aunque vengan relevos hay que seguir estando en la lucha. “Porque no solo se trata de derechos sino de felicidad, de cambiar la sociedad para hacer un mundo mejor, con mejores relaciones para todos: hombres y mujeres”.

Más información sobre la conferencia de Cristina Almeida

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„Por mucho que lo hayan querido dinamitar no van a poder negar la potencia de un ser tan extraordinario como César“

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El periodista Salvador Hernández, moderador de la mesa redonda „El César que conocimos“, celebrada el día 5 de noviembre, comenzó preguntando a Gueli Robayna, hoy profesora de filosofía y que trabajó como secretaria de César Manrique, cómo era el artista en su vida cotidiana. Robayna destacó que “aunque sea lo típico que se dice sobre él”, era una persona muy vital, con una energía arrolladora. Cuando ya vivía en Haría, pintaba cada mañana y por las tardes bajaba a Arrecife, al estudio frente a El Almacén, donde “irrumpía” con entusiasmo, “como un niño con un juguete nuevo”, que en su caso era un cuadro nuevo, recién terminado.

Salvador Hernández

Techy Acosta, directora del programa Buenos días Lanzarote, también moderadora de la Mesa, dio paso a Carlos Matallana, sobrino de César y pintor, que confirmó que “César era así con todo el mundo” y también entraba en la casa de su hermana gritando. “No podía ser de otra manera”. Puntualizó que tenía “sus cosas raritas y se cogía unos cabreos inmensos”. Y contó uno de ellos. Su secretario le hablaba mal de su entorno, contra su familia, y le dijo que él, que fumaba marihuana, era un drogadicto. “Me lo dijo a grito pelado y se enteró todo el mundo”, dijo Carlos, pero después su madre, Juana, “que era la única que le podía echar una bronca a César”, llamó a César para reprochárselo.

Gueli Robayna

Carlos Matallana

“Proyectamos nuestra subjetividad y complementamos la percepción que tenemos sobre un artista”. Así empezó Fernando Ruiz, conservador de la Fundación César Manrique, su primera intervención. Fernando es de Gran Canaria y desde allí “militaba en el anti cesarismo” porque César era un artista que había colaborado con el franquismo “y eso nos intoxicaba la sangre”, también colaboraba con el turismo, que es “una actividad extractiva” y porque, además, Ruiz fue alumno de un catedrático “que ahora llaman biógrafo oficial” que no hablaba de César Manrique en clase. “El personaje (César) llamaba la atención y nosotros éramos una comunidad de deprimidos”, dijo Ruiz sobre César y sobre un grupo de jóvenes de izquierdas en Canarias, y añadió que además “la gente que él tenía alrededor” les parecían unos frívolos. Pero lo que le hizo cambiar fue llegar a vivir a Lanzarote y comprobar que se parecía al lugar donde él quería vivir, un sitio donde se apostaba por el bien común, cosmopolita, moderno, con respeto al medio ambiente y al patrimonio. “Encontré que César había construido una utopía y pasé de los prejuicios a la admiración”.

Techy Acosta

Mario Alberto Perdomo fue fundador del grupo ecologista El Guincho, que se creó “para luchar contra la especulación” y su relación con César era en “el tajo”, “en la trinchera”. Dijo que el acto más icónico fue el de la protesta en Los Pocillos, en la que participó César, “y trajo a Alfredo Kraus”. Dijo que fue importante que César se fijara en ellos, que eran un grupo, frente a la izquierda de la que hablaba Ruiz, más sesuda, que tenían cierta sensibilidad estética y con la naturaleza.

Carlos Matallana dijo que su abuelo Gumersindo, el padre de César, era una persona con sensibilidad, fue el primero en construir en los años 30 una casa de veraneo en la Caleta y enseñó a César a ver la belleza de Lanzarote “y a bañarse en pelotas en Famara”, que fue un lugar que a César le potenció su creatividad. César tuvo, en definitiva, una infancia maravillosa, gracias a la influencia tanto de su padre como de su madre, Frasca.

Mario Alberto Perdomo

Fernando Ruiz

Gueli Robayna recordó dos anécdotas, que le marcaron. Con la primera se dio cuenta del calado y la persuasión del personaje, incluso entre los niños. A César, que ya tenía setenta años, se le había ocurrido que tenían que ir todos a bañarse al Puente de las Bolas “y, en un rato, todos los niños estaban a su alrededor”. “Se me quedó grabado ese espíritu”. La otra tiene que ver con la primera de sus prioridades: la educación y la cultura. Le habían robado un cuadro pequeño del estudio y no sabían cómo decírselo a César. Cuando se lo dijeron, César se alegró mucho: “Por fin los ladrones se han vuelto cultos”, dijo. “Yo me quedé descuadrada -señaló Robayna-, me di cuenta de la magnitud del personaje”.

Sobre su relación con los medios de comunicación, Mario A. Perdomo dijo que César era un filón, “siempre daba un titular”. Era accesible y atraía muchos medios de comunicación extranjeros, donde aparecía el César enfadado. Para Perdomo, “siempre ha habido algún sector infame de los medios de comunicación, indecente, corrupto, que ha tratado de llevar a César a otros lugares por si podía apoyarles en alguna promoción”.

Techy Acosta, Fernando Ruiz, Mario Alberto Perdomo, Carlos Matallana, Gueli Robayna y Salvador Hernández

Por último, Ruiz afirmó que César fue una persona crucial para su vida porque le desmontó sus prejuicios y pasó de militar contra él, a defenderlo. Creó una comunidad de sentido. “Nos sentíamos parte de un proyecto, construyó un horizonte de futuro y eso fue muy importante, y más para un pueblo como Canarias, lastimado en su estima”. “César puso en marcha un proyecto de humanización -dijo Ruiz- y eso me emociona (y efectivamente se emocionó) y me puse a su disposición”. Pero esos años, los años ochenta, no parecían buenos para el artista. Le rechazaron como Hijo predilecto, le quisieron nombrar persona non grata “con el silencio clamoroso de la sociedad”, pasó por una crisis económica con una gran deuda, no sabía qué hacer con su legado, su proyecto de Lanzarote se descoyuntaba, sufrió presiones para involucrarlo en proyectos urbanísticos o para que pintara cuadros “como churros”. “Tenía abiertas muchas compuertas graves… pero nunca perdió la alegría, las ganas de vivir”, dijo Ruiz y se puso al servicio de la sociedad. Ruiz terminó: “Ese proyecto de comunidad hoy está perdido, esta batalla está perdida, la Isla tiene poca gente que la defienda. Aunque sí podemos decir que nosotros lo vimos, y que esto fue posible”. “Por mucho que lo hayan querido dinamitar no van a poder negar la potencia de un ser tan extraordinario como César”.

Techy Acosta finalizó señalando que prefería quedarse con la parte optimista y que la celebración del centenario es una prueba “porque la Fundación sigue siendo un referente de inspiración para los que sí creemos que la utopía puede ser posible en esta isla”.

Más información sobre la mesa redonda „El César que conocimos“

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Apertura al público de la exposición „César Manrique. Es un placer“

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La FCM abrió al público, con la celebración de un cóctel, el día 30 de octubre por la tarde, la exposición conmemorativa del centenario del nacimiento del artista „César Manrique. Es un placer. (Un icono popular del siglo XX)“, comisariada por el director de la institución, Fernando Gómez Aguilera, y producida por la FCM.

La muestra dialoga e interacciona con Taro de Tahíche (cuya colección permanente ha sido desmontada para dejar espacio a esta propuesta temporal) y presenta una lectura icónica del artista. La mañana de ese mismo día, se había inaugurado oficialmente bajo la presidencia de Su Majestad el Rey, quien manifestó a la prensa al final de la visita, que la exposición le había parecido „una maravilla“ y que era „muy recomendable“. (https://fcmanrique.org/fcm-c-acti-celebrada/inauguracion-de-exposicion-cesar-manrique-es-un-placer-presidida-por-su-majestad-el-rey/?lang=es)

Más de 400 fotografías, tanto de la esfera pública como privada del artista César Manrique, y un total de 17 audiovisuales, componen el grueso de esta exposición de gran formato, que ocupa una superficie total de 1.600 metros cuadrados.

Los audiovisuales de nueva creación son un encargo del comisario al cineasta Miguel G. Morales e incluyen 10 documentos testimoniales de nueva creación con entrevistas a personalidades de diversos ámbitos de la cultura reflexionando sobre César Manrique: Joaquín Araújo (naturalista), Alberto Corazón (diseñador gráfico y artista), Juan Cruz (escritor y periodista), Waldo Díaz Balart (pintor), Elvireta Escobio (escritora), Elvira González (galerista), Fernando Menis (arquitecto), Frei Otto (arquitecto), Fernando Prats (urbanista y arquitecto) y Wolfredo Wildpret (Catedrático de Biología).

Asimismo, se exhiben reproducciones de sus máscaras del Carnaval, cerámicas que diseñó en los años cincuenta, cuadros pintados por el artista; se ambientan distintas estancias de su casa Taro de Tahíche; y se muestran numerosos objetos pertenecientes al creador de los Jameos del Agua (maniquíes, libros, prendas de vestir, esculturas africanas…), diarios personales, carteles originales de sus exposiciones tanto nacionales como internacionales, reportajes de revistas, postales de sus viajes y álbumes-collage de gran tamaño realizados por el artista.

En palabras del comisario de la muestra, Gómez Aguilera, la exposición ofrece “un relato visual” mediante el empleo de imágenes gráficas, audiovisuales y el resto de elementos mencionados anteriormente, “para crear un argumento y encarnar una subjetividad compleja en torno a un estilo de vida, una forma de ser de un artista, César Manrique, y un modo de relación activa con un territorio, Lanzarote”.

En este sentido, el comisario del proyecto explica que Manrique, convertido en “fetiche de su isla”, “vivió en permanente idilio con la cámara fotográfica” y se presentó como “un artista hipermoderno, intuitivo, cercano, diverso, con una presencia pública vigorosa, contemporáneo de su época, aunque también anticipador de nuevos sentidos, sobre todo, en relación con el paisaje y la apertura del arte hacia comportamientos novedosos”. Y añade: “Manrique se reivindicaba como pintor, pero su deseo fue excedido por la realidad de un artista-personaje con tantos pliegues como inmersiones de una matrioska. Un verdadero desafío para la consolidación de la identidad en términos convencionales”.

Esta muestra única y singular, producida por la FCM como su exposición central del Centenario, explora “el proceso de construcción de Manrique como personaje público”, a través de una intensa proyección mediática, asociado a Lanzarote y a su casa Taro de Tahíche, “donde desarrolló una estética del placer que transformó el arte en vida y la vida en arte de habitar”. A juicio de Gómez Aguilera, “César se convierte en el logotipo de la isla, en la imagen icónica no sólo de sí mismo sino de un proyecto de modernización, transformación turística y puesta en valor de un paisaje que él abandera y simboliza inmerso en un reino de imágenes fascinantes que el artista crea mientras, a su vez, lo crean a él”.

La muestra podrá visitarse en la sede de la FCM, en Taro de Tahíche, en horario de 10:00 a 18:00 horas de lunes a domingo hasta el 26 de abril de 2020

Más información sobre la Exposición César Manrique. Es un placer

Inauguración de exposición „César Manrique. Es un placer“, presidida por Su Majestad el Rey

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Actividad desarrollada con una subvención del Gobierno de Canarias.

Al final de la visita, Don Felipe manifestó a la prensa que la exposición le había parecido „una maravilla“ y que era „muy recomendable“.

La Fundación César Manrique (FCM) inauguró oficialmente el miércoles, 30 de octubre, a las 12:00 horas, bajo la presidencia de Su Majestad el Rey, la exposición conmemorativa del centenario del nacimiento del artista “César Manrique. Es un placer. (Un icono popular del siglo XX)”, comisariada por el director de la institución, Fernando Gómez Aguilera, y producida por la FCM.

Felipe VI con los patronos de la FCM, con su presidente José Juan Ramírez y su director Fernando Gómez Aguilera y con los dos hermanos de César, Carlos y Juana, y uno de sus sobrinos

La muestra, que dialoga e interacciona con Taro de Tahíche (cuya colección permanente ha sido desmontada para dejar espacio a esta propuesta temporal) y presenta una lectura icónica del artista, se abrió al público el mismo miércoles día 30, por la tarde, a partir de las 19:00 horas, con la celebración de un cóctel.


Don Felipe, acompañado durante la visita por una comitiva de autoridades entre las que se encontraba la ministra de educación y portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, el presidente del Parlamento de Canarias, Gustavo Matos, la presidenta del Cabildo de Lanzarote, Loli Corujo, y los siete alcaldes y alcaldesas de Lanzarote entre otros cargos públicos

Más de 400 fotografías, tanto de la esfera pública como privada del artista César Manrique, y un total de 17 audiovisuales, componen el grueso de esta exposición de gran formato, que ocupa una superficie total de 1.600 metros cuadrados.

Los audiovisuales de nueva creación son un encargo del comisario al cineasta Miguel G. Morales e incluyen 10 documentos testimoniales de nueva creación con entrevistas a personalidades de diversos ámbitos de la cultura reflexionando sobre César Manrique: Joaquín Araújo (naturalista), Alberto Corazón (diseñador gráfico y artista), Juan Cruz (escritor y periodista), Waldo Díaz Balart (pintor), Elvireta Escobio (escritora), Elvira González (galerista), Fernando Menis (arquitecto), Frei Otto (arquitecto), Fernando Prats (urbanista y arquitecto) y Wolfredo Wildpret (Catedrático de Biología).

Asimismo, se exhiben reproducciones de sus máscaras del Carnaval, cerámicas que diseñó en los años cincuenta, cuadros pintados por el artista; se ambientan distintas estancias de su casa Taro de Tahíche; y se muestran numerosos objetos pertenecientes al creador de los Jameos del Agua (maniquíes, libros, prendas de vestir, esculturas africanas…), diarios personales, carteles originales de sus exposiciones tanto nacionales como internacionales, reportajes de revistas, postales de sus viajes y álbumes-collage de gran tamaño realizados por el artista.

En palabras del comisario de la muestra, Gómez Aguilera, la exposición ofrece “un relato visual” mediante el empleo de imágenes gráficas, audiovisuales y el resto de elementos mencionados anteriormente, “para crear un argumento y encarnar una subjetividad compleja en torno a un estilo de vida, una forma de ser de un artista, César Manrique, y un modo de relación activa con un territorio, Lanzarote”.


 
En este sentido, el comisario del proyecto explica que Manrique, convertido en “fetiche de su isla”, “vivió en permanente idilio con la cámara fotográfica” y se presentó como “un artista hipermoderno, intuitivo, cercano, diverso, con una presencia pública vigorosa, contemporáneo de su época, aunque también anticipador de nuevos sentidos, sobre todo, en relación con el paisaje y la apertura del arte hacia comportamientos novedosos”. Y añade: “Manrique se reivindicaba como pintor, pero su deseo fue excedido por la realidad de un artista-personaje con tantos pliegues como inmersiones de una matrioska. Un verdadero desafío para la consolidación de la identidad en términos convencionales”.

Esta muestra única y singular, producida por la FCM como su exposición central del Centenario, explora “el proceso de construcción de Manrique como personaje público”, a través de una intensa proyección mediática, asociado a Lanzarote y a su casa Taro de Tahíche, “donde desarrolló una estética del placer que transformó el arte en vida y la vida en arte de habitar”. A juicio de Gómez Aguilera, “César se convierte en el logotipo de la isla, en la imagen icónica no sólo de sí mismo sino de un proyecto de modernización, transformación turística y puesta en valor de un paisaje que él abandera y simboliza inmerso en un reino de imágenes fascinantes que el artista crea mientras, a su vez, lo crean a él”.

La muestra podrá visitarse en la sede de la FCM, en Taro de Tahíche, en horario de 10:00 a 18:00 horas de lunes a domingo hasta el 26 de abril de 2020

Más información Exposición César Manrique. Es un placer

 

 

Benito Cabrera y Pedro Guerra en el centenario del nacimiento de César Manrique

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Benito Cabrera dialogó musicalmente con el cantautor Pedro Guerra el viernes, 11 de octubre, en la sala de teatro del Cine Atlántida, en Arrecife, dentro del marco de la programación de actividades que la FCM conmemora por el centenario del nacimiento de César Manrique.

Pedro Guerra y Benito Cabrera compartieron, cuando eran muy jóvenes, un espacio común en torno al nacimiento del Centro de la Cultura Popular Canaria. Fueron compañeros de estudios musicales de la mano del maestro Silvestre Álvarez y han mantenido, a lo largo de los años, cierto nivel de colaboración en grabaciones y espectáculos. En esta ocasión, ambos aportaron la visión de la cultura musical canaria desde la óptica de su generación.

Durante el espectáculo, Benito Cabrera y Pedro Guerra interpretaron composiciones de uno y otro, añadiendo al repertorio temas con influencias latinoamericanas, caboverdianos, del folclore canario, etc.

Más información Diálogo musical Benito Cabrera y Pedro Guerra

Manuel Vicent: „El artículo ideal es aquel que, tras su lectura, el lector cree que ha pensado“

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Las primeras palabras de Manuel Vicent, en su „Travesía literaria“ de Taro de Tahíche, el día 10 de octubre, fueron para Lanzarote, a la que reconoció como una “ínsula extraña”, que decía San Juan de la Cruz. “Ser hoy extraño, no parecerse a nadie, es ir por el buen camino, así que dejemos que Lanzarote sea Lanzarote”.

El escritor nació en una casa junto al mar, en Villa Alegría, en 1936, “cuando las cigarras enmudecieron”. La guerra le llevó a otro pueblo pero se le quedó grabado la “inconsciencia del mar” junto a las primeras caricias de su madre. “Una felicidad inconsciente aplastada por una guerra fratricida”. De la siguiente casa recuerda los olores de la despensa, los rezos y los sonidos densos de los bombardeos. En su infancia jugaba entre las ruinas de un balneario destruido. “A los niños nos contaban que debajo había una mujer desnuda”. Y la había. Era un mosaico con la Venus de Botticelli rodeada de delfines. “Desarrollé el cerebro previo al uso de razón sobre esos escombros”, dijo. Esa belleza bajo la destrucción se incorporó a su forma de ver el mundo y dio forma, junto a la belleza del mar, a la semilla del escritor que es.

Manuel Vicent en la Fundación César Manrique

Vicent señaló que tenemos tres cerebros. Uno es el de reptil (“porque aún somos reptiles”) que nos gobierna el hambre la sed, el sexo o el territorio, “y por eso somos territoriales”. Otro es el límbico, donde están las emociones, los sentimientos, la oscuridad, el miedo, Dios, los dogmas, los símbolos o los mitos. “Lo que imprimimos ahí antes de tener uso de razón (sobre los 7-8 años de edad) no se olvida jamás” y por eso “la Iglesia quiere ese cerebro para ella”. El tercero es el neocórtex.

Como escritor, no ha podido salir de esa semilla. “Dicen que el escritor siempre escribe el mismo libro, y yo doy vueltas y vueltas y vuelvo al mar y a los sonidos de mi infancia”, aseguró. Todos esos recuerdos están en su novela Contra Paraíso, escrita con cincuenta años, “cuando uno empieza a hablar de su memoria”, pero no son experiencias personales sino compartidas. Con Tranvía a la Malvarrosa, que para él retrata el viaje del héroe y Jardín de Villa Valeria completó una trilogía sobre su memoria.

“Nada está en el cerebro que no esté primero en los sentidos”. Y los cinco sentidos corporales conforman su método de trabajo. Rafael Azcona le decía que cuando leía una de sus novelas le daban ganas de coger tenedor y cuchillo. “El estómago -dijo Vicent- es más exigente que el cerebro”. La comida pasa por los sentidos y si al estómago no le gusta lo que le llega lo acaba expulsando, “pero al cerebro le puedes meter basura, que la admite toda”. “Lo más degradante es comer un pollo hormonado viendo un telediario, la comida basura interactúa con la casquería del informativo”.

El escritor nunca pensó en escribir en periódicos, pero después del éxito de una de sus novelas, acudió con un amigo al diario Madrid y le pidieron que enviara algo. Ya había publicado una novela pero vio la repercusión de su artículo y pensó que la novela “cogía polvo” en un escaparate mientras que el artículo “estaba vivo” y fue muy leído, así que pensó que estaría bien seguir escribiendo si le dejaban hacer literatura. Desde entonces, excepto información pura y dura, ha escrito todos los géneros. Cree que si en el futuro “la gente quiere saber cómo éramos tendrá que leer los periódicos” porque “el gran periodismo es la sustancia de nuestras vidas”.

Tuvo la suerte de hacer las crónicas parlamentarias de los primeros años de la democracia, con políticos que venían de la guerra, o de la cárcel y que fueron modulando su odio mutuo para afrontar el periodo histórico de la Transición. Se remontó a una época anterior: “Se dice que Gil Robles y Prieto nunca hablaron entre ellos, y también se dice, y yo me lo creo, que si hubieran tomado juntos un café se habría evitado la guerra civil”. También avanzó hasta la época actual: “Con estos líderes políticos no hubiera sido posible la Transición”.

“¿Qué es un buen artículo?”, se preguntó. Aquel que, tras su lectura, el lector crea que ha pensado. Como publica los domingos, piensa que no tiene derecho a amargarle el día a los lectores y por eso escribe sobre algo anodino, pero dándole la vuelta al espejo para que el lector vea la realidad desde otro punto de vista inesperado. “Se trata de captar algo que pasa y ofrecérselo de otra forma. Ese es el artículo ideal”.

En el otro lado están las redes sociales. “Las redes son el anticristo; pueden destruir el alma de la humanidad”, aseguró tajante, aunque matizó que tampoco pasaría nada porque pudiera desaparecer el ser humano “y los pájaros seguirían cantando”. Explicó que la alta tecnología permite hacer una operación, un trasplante, por vía satélite, pero también es un drama porque, al mismo tiempo, la idiotez encuentra una forma de expandirse, ya que la misma tecnología que tiene alguien que es Premio Nobel está al alcance de un idiota, “que para desgracia, hay muchos” y como el pensamiento profundo vuela menos “la batalla está perdida”. “No es que vengamos del mono, es que vamos al mono”, dijo, en referencia a que los niños ahora “piensan con los dedos”, por su manejo de la tecnología. “A lo mejor esto rompe hacia un estado de felicidad, pero de momento son el anticristo”.

En el turno de preguntas del público habló sobre el pecado original, que sí se transmite, y que éste es la inteligencia; y de las olas del mar como metáfora para afrontar la vida. Si un náufrago piensa en todo el mar, se ahoga pero si piensa en una ola y después en otra, se puede salvar. Con la vida es igual, si se piensa de hora en hora o de día en día. “La vida -dijo- es un película en la que Gary Cooper muere siempre y además de mala manera”. Acabó hablando sobre la exhumación de Franco, “un cadáver que tutela la democracia”. “Sacarlo de allí será fácil, lo difícil será sacarlo del inconsciente colectivo de este país”, aseguró.

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Simón Marchán: „Taro de Tahíche, Jameos y el Mirador del Río son obras de primerísimo orden en cualquier lugar“

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“Esta no es una actividad más”, señaló Fernando Gómez Aguilera en la presentación de la conferencia El embellecimiento de una isla: la obra de arte total en César Manrique, de Simón Marchán, el día 3 de octubre. El director de la FCM manifestó el afecto de la institución por el conferenciante y valoró su presencia como uno de los expertos “más reconocidos e influyentes en estética, arquitectura y arte” en España, un maestro de maestros.

Marchán hizo una larga introducción en la que explicó cómo conoció a César Manrique en 1973, en un congreso pionero sobre arte público organizado por el Colegio de arquitectos en Santa Cruz de Tenerife al que César no estaba invitado pero que “alborotaba un poco por allí”. Cinco años después, lo conoció más, a él y a Pepe Dámaso, y se dio cuenta de que a César entre los pintores sí se le aceptaba pero no así entre los arquitectos, y que los ambientalistas “ni existían”. “Los parámetros culturales no eran los que luego tuvimos, había una escisión entre lo culto y el arte popular” y el debate entre alta y baja cultura aún no había llegado. A César en la universidad no se le hacía mucho caso, señaló Marchán. “Lo que llamaba la atención de César es que no era un teórico, era una persona intuitiva con gran sensibilidad”, dijo.

Simón Marchán

El crítico de arte basó su exposición en una sucesión de imágenes comparadas que fue comentando. Comenzó por la identificación con el territorio. Señaló que Manrique primero quiso ser como Millares, después también como Pollock y luego fue activista “aunque no era un revolucionario”. Afirmó la “complejidad” de la existencia del artista, que no defendía la idea de conservar el territorio, “que entonces era algo reaccionario en términos políticos”. El arte, para Marchán, contiene elementos que pueden modificar los comportamientos, aunque no afecta al contenido de la conciencia. Y César en Lanzarote logra modificar el comportamiento. “César era un intempestivo”. Operaba de forma reformista e intentaba modificar lo que estaba viendo.

Otra de sus facetas es la de espectador, por cómo percibe a la Isla. “Todo espectador es un artista potencial”. Y en este sentido, es muy importante el libro de Manrique Lanzarote, arquitectura inédita. Marchán destacó a todos los coautores del libro pero especialmente a Juan Ramírez de Lucas, un “personaje por descubrir”, que debió influir mucho en César en cuanto al descubrimiento de lo popular. Para Marchán, el libro está dirigido a arquitectos y ambientalistas, y enlaza con el ideal krausista sobre el embellecimiento de la tierra y con el expresionismo, sobre la construcción de la tierra. En él aparece el inconsciente óptico de la Isla, “aquello que no vemos pero que está ahí”.

Marchán habló sobre el land art y las distintas formas que adopta en cada país, y señaló que César sitúa su enclave, su descubrimiento de la Isla, en la geología, y así enlaza con una tradición, en la que también entra Humboldt, Haeckel, Espinosa o Novalis. “César incluye fotos de las salinas en ese libro porque se da cuenta de que aquello era verdaderamente importante para la isla”. En esa línea de la geometría del territorio, también incluye una foto de los zocos de La Geria en el libro y eso le abre las puertas del ámbito internacional ya que se puede ver en Nueva York en una exposición sobre ‚arquitectura sin arquitectos‘, en 1964.

El crítico de arte habló de la arquitectura mediterránea y de la estancia de Raoul Hausmann en Ibiza, que fue el primero en vehicular la arquitectura como algo artístico. También habló de otros movimientos españoles que influyeron en César, de quien dijo que tiene elementos sublimes y elementos kitsch. “Es un ecléctico nato”, señaló. Comienza uniéndose en los años 50 a la figuración geometrizante de Zabaleta y acaba pareciéndose a Miró. Los juguetes del viento, que estaban en la línea del arte populista, también viran hacia el arte cinético ambiental. “Y luego está la vertiente de lo lúdico”, añadió.

Para Marchán, al arte público no le hace falta ser original, sino “que esté en el sitio adecuado” y subrayó que Taro de Tahíche, Jameos y el Mirador del Río “son obras de primerísimo orden en cualquier lugar”. El Mirador, por dentro, es organicismo puro, Jameos es una auténtica catedral de piedra, apuntó, y de Taro de Tahíche le fascina la conexión entre las burbujas volcánicas. La de César es una arquitectura “por fusión completa con la naturaleza”, señaló.

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Manuel Rivas: „El principal instrumento de la escritura es la escucha“

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“Tengo la sensación de estar en un auténtico lugar… porque la Fundación César Manrique es pionera en muchas cosas que ahora forman parte de una conversación común”. “Como la poesía protege a los suyos, el nombre de la Fundación César Manrique protege a su gente”. El escritor Manuel Rivas comenzó su conferencia, el día 1 de octubre, sobre “la boca de la literatura” haciendo referencia al lugar en el que se encontraba, “un lugar para renovar ese pacto secreto entre generaciones que nos permite reconocer las injusticias”, la sala José Saramago, y recordó que le hizo al Nobel portugués una de las últimas entrevistas que concedió en la que le recordó que la muerte también devora las palabras, y que las palabras le habían ayudado a ponerse en pie.

Manuel Rivas

Rivas, socio fundador de Greenpeace y siempre preocupado por el medio ambiente, señaló que “somos un planeta acantilado con la sensación de que nos roban la línea del horizonte” y avanzó que el proceso de degradación de la naturaleza también se da en el lenguaje: “Las palabras son como los seres más vulnerables de la naturaleza”, aunque también nos ayudan a levantarnos del suelo, cuando conforman una literatura insurgente, no una literatura “de karaoke”, “de clonación”, sino que ejerce de condición para poder luchar contra el miedo, “y el principal miedo es el miedo al abandono, que aparece en multitud de cuentos y novelas”. Los cuentos tradicionales infantiles provocan miedo. Tienen una función de adiestramiento, aparte de entretenimiento. Tú abres el libro, y el libro te abre a ti… en una especie de lucha erótica.

Manuel Rivas en la Sala José Saramago, de la Fundación César Manrique

“Pensamos que la boca de la literatura está en los libros, y sí puede estar ahí la semilla, pero a mí me gusta cuestionar esa idea”. La literatura está también en otros lugares. Rivas relató varias anécdotas referentes a dónde se ha encontrado con la boca de la literatura. La primera vez que se encontró con esa boca fue a la edad de tres años, en su casa, una casa baja en el barrio coruñés de Montealto, donde jugaba en un solar en forma de triángulo que tenía, por un lado el cementerio, al otro la cárcel, en el otro, un pasto con vacas y enfrente, la Torre de Hércules, un faro como lo fue su hermana mayor, que le avisó aquel día para que se asomara a la ventana a ver pasar un pasacalles de músicos y saltimbanquis. Dos rostros terribles se posaron contra la ventana y los niños se encerraron en el baño, con el miedo al abandono de su madre, que cuando llegó les dijo: “Eran os cabezudos; os reis católicos”. “Una frase que compendia la historia de España”. “Que nuestro primer miedo sean los reyes es predestinación, en seis palabras está la boca de la literatura”, dijo el escritor.

Su madre, de niña, frecuentaba la casa de la sobrina del cura, que tenía un loro llamado Pío Nono que hablaba latín (ora pro nobis). Como lo sacaban al balcón “entró en contacto con la boca de la literatura” y os piñeiros de Altamira le enseñaron a celebrar la anarquía. El día que se escuchó al loro decir “Viva la anarquía” fue el último día que se le vio en el balcón. Era 1936.

La boca de la literatura también estaba en la escuela. A su primer maestro lo llamaban Caballo Blanco y era un hombre temible, que les decía que hablaban mal porque hablaban en gallego. Un día les preguntó qué querían ser de mayores y uno contestó que “emigrante”. Esa respuesta desequilibró al profesor. Para Rivas, “era la boca de la literatura la que respondía, y lo primero que hace es causar un desequilibrio y poner en duda nuestras convicciones, ver aquello que no está bien visto o que está oculto”. El segundo maestro, don Antonio, suspendía las clases para llevar a los alumnos al bar a ver los combates legendarios de boxeo. “Esas fueron sus clases magistrales, que nos prepararon para la vida”. El recorrido de la boca de la literatura consigue una sutura entre la realidad y la ficción, “que es un círculo más de la realidad”.

Otra boca de la literatura es la ornitomancia, adivinar la realidad a través del comportamiento de las aves. Sus dos abuelos vivieron historias de ese tipo. Uno, encontró a dos abubillas peleándose a muerte, intentó apartarlas con el bastón pero no pudo, y días después comenzó la Guerra civil. El otro dejó de hablar después de la guerra. Solo decía “boh”, pero un día contó una historia sobre cómo un cura, del que se había burlado un grupo de jóvenes obreros, les avanzó el alzamiento: “Ya veremos cómo cantáis a mediados de mes”. “Ahí está la boca de la literatura, en el choque entre una broma obrera y su reacción airada”. También rompió su silencio para anunciar su muerte, cuando dijo. “Se o cuco non canta en marzo ou abril ou o cuco está morto ou chega o final”.

Manuel Rivas finalizó su charla señalando que el principal instrumento de la escritura es la escucha, “no hay herramienta comparable”. También apeló a la memoria, a Mnemósine, su diosa, madre de los procesos creativos. “Hablar de literatura también es hablar de memoria, no es posible ser libres sin memoria. La memoria es un proceso de rescate, es un activismo. Somos lo que recordamos, pero también lo que no recordamos”. La boca de la literatura, que nos habla en momentos decisivos de la vida, convertida en memoria, nos lleva a círculos concéntricos, a un punto que es un lugar de encuentro de los antónimos. Custodiar el sentido de las palabras en una obligación de la literatura. Aunque, como le contestó Flaubert a George Sand, que le había preguntado porqué no le consolaba con su literatura, en lugar de desconsolarle, “lo importante en la literatura es el matiz”. “El primer compromiso del escritor es escribir, a mí me apasiona, pero hay que ser sonámbulo, no hay que tener horario, y tienes que saber que cualquier cosa que escribas te va a comprometer”, concluyó Rivas.

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