Carmen Marina Barreto: «La canariedad no es una sustancia que se posee sino un acontecimiento que sucede día a día»
La Fundación César Manrique (FCM) acogió el 18 de junio, en la sala José Saramago, la conferencia “Las islas como simulacro: estéticas identitarias y el consumo del pasado”, impartida por Carmen Marina Barreto Vargas, profesora de Antropología Social y Cultural de la Universidad de La Laguna. Durante su intervención, la antropóloga abordó las paradojas que rodean el concepto de identidad cultural y sostuvo que esta noción se encuentra actualmente desestabilizada por diversos procesos característicos del mundo contemporáneo, entre ellos la creciente movilidad social, el flujo incesante del capital, el desarrollo de las tecnologías de la información y la progresiva emocionalización del sentido de pertenencia a un territorio.
Barreto señaló que la identidad suele concebirse como una noción fija que proporciona seguridad y sirve de base para la movilización política de los nacionalismos. Sin embargo, defendió que debe entenderse como un proceso dinámico, en permanente construcción y transformación, „sin posibilidad de solidez“.

En este contexto, cuestionó la idea de que la globalización suponga únicamente una amenaza para las culturas locales. Como ejemplo, explicó que en Canarias, lejos de provocar la desaparición de las prácticas culturales, las últimas tres décadas han estado marcadas por un notable incremento de tradiciones, así como por la invención y reinvención de manifestaciones vinculadas a las fiestas populares y a la indumentaria tradicional. Por ello, destacó que „la identidad cultural es más un producto de la globalización que víctima de ella“.
La antropóloga sostuvo que, en el Archipiélago, la identidad se construye y consume a través de dos grandes mecanismos. El primero es la constante evocación del pasado aborigen, alimentada por la fascinación por un supuesto „paraíso perdido“. El segundo es la nostalgia por una naturaleza idealizada y concebida como pura e intacta. A su juicio, entender la naturaleza como un paraíso irrecuperable del pasado „nos quita la responsabilidad y la confianza en nuestra capacidad para reivindicar la sociedad de forma colectiva y libre, colocándonos en un espacio romántico que nos paraliza“.
Asimismo, explicó que la identidad cultural continúa siendo objeto de una fuerte estetización, asociada a narrativas de exotismo que han contribuido históricamente a la construcción de la imagen turística de Canarias. En paralelo, afirmó que el discurso político del Archipiélago sigue girando, en gran medida, en torno a las cuestiones identitarias. Barreto defendió que la continuidad cultural no depende de una preservación rígida de las tradiciones, sino de su capacidad para transformarse y adaptarse a nuevos contextos. Como ejemplo, el eslogan de “hacer política al modo canario”, alejado de la crispación o la polarización, o “viajar al modo canario”, como propone la aerolínea Binter.

El arte, la música, la literatura, la moda o la gastronomía tienen que pasar por el filtro de la metrópoli “para que sean considerados algo más que folclore, cultura popular o mera artesanía”, “desenredar la esencialidad para convertirla en un objeto de consumo y valor de cambio”, reflexionó la antropóloga.
Barreto añadió que este proceso contribuye a fabricar identidad canaria como un producto industrial que no solo la convierte en un objeto ideológico, sino también en un producto fósil. La antropóloga habló extensamente sobre la indumentaria y los productos textiles, en cuyas colecciones coexisten bordados meticulosos y patrones clásicos con textiles tecnológicos avanzados, “demostrando que la innovación no borra la artesanía”. Aparece otra paradoja entre tradición, innovación e identidad en el contexto de la transformación del patrimonio canario.
Las artesanías tradicionales han recuperado importancia, pero la innovación demuestra ser indispensable “para la preservación sostenida de los 38 oficios tradicionales catalogados oficiales en Canarias como conceptos vitales de la cultura regional o nacional” afirmó la antropóloga. No obstante, mientras la artesanía se adapta a las exigencias del mercado mediante la incorporación de nuevos diseños y avances tecnológicos, en el museo se convierte en un objeto estático, desprovisto de su funcionalidad y de su contexto original. El traje tradicional se traslada al espacio museístico para ser exhibido como una pieza sin vida, teatralizando el pasado y proyectando una imagen de la identidad canaria domesticada, pacífica, amable y conciliadora.
Barreto se preguntó cuál es el fenómeno que permite que tantas paradojas vivan sin aparente contradicción. Se trata de “la construcción de la identidad cultural como fetiche”, entendida ahora de forma positiva, a través del concepto del “como si”. Se es plenamente consciente de haber fabricado un artefacto o pensamiento, pero se opta por actuar colectivamente como si estos poseyeran una autoridad o agencia autónoma. Un traje de mago o de maga carece de funcionalidad en la vida cotidiana, pero mediante un proceso de patrimonialización, la sociedad canaria extrae estas prendas de la lógica de consumo y las eleva a categoría de metavalores. El traje deja de ser simple tela para convertirse en un contenedor de la identidad colectiva del pasado agrícola y del orgullo canario. Sin este consenso social se degradaría o perdería su significado social.

Para concluir, Carmen Marina Barreto señaló que la idea de la identidad ha sido el modo más moderno y exitoso de orquestar el sentimiento de pertenencia, pero que la complejidad de la globalización no garantiza que esta forma de identificación sea indefinida. Por eso, “es muy difícil entender que exista una identidad, una canariedad”. Solamente podemos aspirar a una representación o a una recreación, ya que la identidad es una imagen que crea su propia realidad.
A juicio de la ponente, la solución no consiste en buscar una certeza identitaria, sino en asumir que toda identidad es un simulacro construido colectivamente, en cuya configuración intervienen políticos, etnógrafos, folcloristas, antropólogos, etnólogos, cronistas y artistas, quienes desempeñan el papel de «cuidadores del fuego sagrado» en un permanente proceso de interpretación, negociación y debate sobre las representaciones culturales. “Solo podemos seguir experimentando con lo que creemos que es nuestra identidad. Es un juego totalmente fantasmagórico, porque la canariedad no es una sustancia que se posee sino un acontecimiento que sucede día a día”, concluyó.
Más información: Nota de prensa
Grabación de la conferencia: Grabación
