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Romero: «Los bancales, un legado que debemos conservar»

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En 2019, se celebró en Canarias el IV Congreso mundial de la asociación ITLA (Asociación Internacional de Estudiosos de Terrazas), “Territorios de terrazas y bancales: Re-encantar bancales”. Para aquella ocasión, la geógrafa Lidia E. Romero le encargó a su amigo, el verseador Yeray Rodríguez, que compusiera unos versos sobre los bancales, un texto que tituló Asombros, esfuerzo y metáfora, con cuya grabación comenzó la conferencia titulada “Paisajes de bancales: herencia viva y retos de futuro”, impartida por Romero el 9 de octubre en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

Los bancales son el resultado de la intervención humana sobre vertientes y/o cauces para construir superficies llanas donde antes no las había con el fin de cultivar alimentos, principalmente. En ocasiones, se hacen con muros de piedra seca y hay quien los llama los “paisajes del hambre”, aunque esta definición no incluye la realidad de todos ellos. Romero señaló que, para hacernos una idea sobre la importancia de los bancales en Canarias, la cantidad de piedra seca que hay en La Gomera tiene el mismo volumen en metros cuadrados que las treinta principales pirámides de Egipto.

Los bancales también son sistemas socioecológicos complejos. Tienen una relación directa entre la sociedad y el territorio. Hay una tipología amplia, con muchos tipos de terrazas y variadas denominaciones: bancales de bolsillo, cadenas, nateros, traveseros, etc. Existe una gran cantidad de términos en todo el mundo, y en Canarias hay hasta 13 nombres diferentes, a los que se suman muchas otras formas de designarlos en cada isla. En cuanto a su antigüedad y dispersión, existen varios focos, no un único origen, pero se remontan a 3.000 años antes de Cristo en algunos lugares, mientras que en Europa, en Italia y Creta, se han llegado a datar en más de 4.000 años.

Estos sistemas presentan muchos beneficios. El primero es el aprovisionamiento de alimentos, pero también sirven para regular el agua, de muchas maneras diferentes. Son antierosivos, tienen una función geomorfológica, retienen el suelo y, además, sirven como cortafuegos contra los incendios. Tienen una inercia, que hace que, aunque estén abandonados, sigan sirviendo como contenedores de suelo. Los muros, por otra parte, son auténticos jardines verticales, reservorios de biodiversidad y llevan a cabo servicios ecosistémicos de resiliencia.

Por otro lado, también tienen funciones culturales, son retazos de historia. Para componerlos hace falta tener un gran conocimiento del territorio. También son fuentes de inspiración para artistas, como escritores poetas, pintores o escultores. Son un patrimonio de todos, un legado, y “tenemos la obligación de conservarlos”, señaló Romero.

Son paisajes culturales, algunos aún vivos, en uso, y otros no. Unos pocos, son sitios históricos, monumentos o patrimonio inmaterial. En Canarias los hay en todas las islas, al menos “el arte y el oficio de los muros de piedra seca”, aunque no se hayan declarado Bien de Interés Cultural. Existen 119 paisajes culturales en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, de los que el 27 por ciento esconde algún tipo de bancales. La mayoría de ellos están en Europa y se encuentran incluidos dentro de la red de Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). De estos, una cuarta parte son aterrazados.

Las terrazas o bancales poseen valores estéticos, turísticos, culturales y están muy amenazados por el abandono, por la erosión y por otros usos, como la ganadería. También están “olvidados o ninguneados”. “En la cartografía, los bancales están invisibilizados”, señaló Romero. En Lanzarote se pueden considerar bancales, en algunos casos, a los enarenados, el jable o las gavias, además de los nateros o los paredones. Así como a las viñas contenidas en los cráteres de volcanes. De 24 edificios volcánicos que hay en La Geria, en nueve de ellos hay “bancales de bolsillo”.

Romero explicó que existe una gran cantidad de estudios sobre los bancales en Lanzarote, Gran Canaria y La Gomera, y hay propuestas de futuro para realizar proyectos de todo tipo en torno a ellos Son muchos los retos de futuro, matizó. A juicio de la geógrafa, la reconversión de estos paisajes se podría orientar hacia la agricultura regenerativa con soluciones basadas en la naturaleza que sean “naturales y sostenibles”, o como retenedores de suelo o para adaptarse al cambio climático como sumideros de carbono. También se pueden destinar para el ecoturismo, que es “una determinada actitud frente al territorio” y para acercar, en definitiva, a la gente al mundo rural: hacer rutas, huertos urbanos y otro tipo de propuestas, con usos terapéuticos, de formación, de reunión, para hacer ferias, estrategias didácticas, etc., o iniciativas como “adopta un bancal”. Para Romero, “se puede hacer ciencia ciudadana o conciencia ciudadana”. La ciudadanía puede protegerlos recopilando datos o proponiendo proyectos para los bancales.

Más información: Nota de prensa 

Grabación de la conferencia: Grabación

Freitag, der 10. Oktober 2025