La FCM publica un nuevo título en su colección de poesía Péñola Blanca: „En la hondura del tiempo“, de la poeta mexicana Coral Bracho

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La Fundación César Manrique (FCM) publica un nuevo título dentro de su colección de poesía Péñola Blanca, que inició su andadura hace 30 años, en 1995: En la hondura del tiempo, de Coral Bracho (Ciudad de México, 1951). Se trata de la decimosexta entrega dentro de esta colección de libros inéditos, de tipo bibliófilo, cuya cuidada edición fue diseñada originalmente por Alberto Corazón. En la hondura del tiempo reúne 37 poemas. La tirada es de 400 ejemplares, numerados, los cien primeros firmados por la autora.

En palabras de Coral Bracho, “la poesía es una forma única de abrir caminos a la sensibilidad y de adentrarse en los deslumbrantes territorios del lenguaje para acercarnos al mundo que nos rodea, e incidir sobre él”. La autora mexicana, que mereció el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2023 “por su continua indagación en la politicidad de la poesía y el peso de la palabra escrita” afirma, al abordar las claves de su escritura, que “la libertad de expresión poética ha sido y sigue siendo para mí una necesidad, pero siempre he sentido también que aun los poemas más libres están sujetos a exigencias rítmicas y sonoras, aunque éstas sean mucho menos perceptibles para los lectores”.

En la “Breve poética” que acompaña a los poemas incluidos en su nuevo libro, Coral Bracho escribe, entre otras reflexiones, lo siguiente: “Cuando comencé a escribir poesía todavía convivían el verso libre y el verso medido, y formas más coloquiales con otras más complejas que se describieron como «neobarrocas» en Latinoamérica. Yo siempre he disfrutado la lectura de todo tipo de poesía, y nunca he sentido que haya formas poéticas que sean mejores que otras”.

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José Mª Fernández-Palacios: «Los bosques termófilos son el aspecto mediterráneo de Canarias»

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Los bosques termófilos. Canarias, Madeira y Cabo Verde (Macaronesia Editorial) es un libro coral en el que participan doce profesores e investigadores de diferentes universidades, y ha sido coordinado por el catedrático de Ecología de la Universidad de La Laguna, José María Fernández-Palacios. El estudio —que consta de 280 páginas, 70 fotografías, 60 mapas, 32 tablas, 25 cuadros y 25 fichas, y está formado por 7 capítulos y una clave final para poder distinguir y determinar las especies de árboles y arbustos si diésemos un paseo por los bosques termófilos— se presentó el jueves 2 de octubre en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

Fernández-Palacios comenzó por explicar a qué llamamos Macaronesia, un término con el significado de “islas felices”, acuñado por el botánico y naturalista inglés Philip Barker Webb en el siglo XIX y que comprende a los archipiélagos del este del Atlántico: Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde. Hay varios elementos, o paleoelementos, que vertebran a estos archipiélagos: por un lado, los restos de la geoflora paleotropical del mar de Tetis, anterior al Mediterráneo y, por otro, la rand flora africana —que ha quedado en los bordes de dicho continente—, que también constituye la base de los bosques termófilos. El tercer elemento son los endemismos. Según Fernández-Palacios, cuando los botánicos europeos viajan a Canarias y visitan ciertos paisajes, hacen un viaje en el tiempo, porque ven “cómo era su continente hace veinte o treinta millones de años”.

El libro revisa la percepción que han tenido los distintos autores a lo largo de la historia sobre los bosques termófilos, desde Leopold Von Buch en 1819 hasta Del Arco y Rodríguez Delgado en 2018. Algunos, describieron estos bosques con una identidad propia; otros no los identificaron como tales. Se habla, en cualquier caso, de bosques termófilos canarios, en plural, y no del bosque termófilo canario, en singular. En su estructura tienen especies como palmeras, dragos, lentiscos, acebuches, sabinas, almácigos, etc., cuyas ilustraciones han sido incorporadas a los escudos de muchos ayuntamientos de Canarias como Arona, La Oliva, Alajeró o Antigua. “Los bosques termófilos son el aspecto mediterráneo del archipiélago canario”, aseguró.

En los bosques termófilos hay unas 49.600 especies y comprende a 320 millones de habitantes, distribuidos entre la cuenca mediterránea, California, Chile, Sudáfrica y Australia, en todos los lugares donde se cultivan viñas, aunque también hay higueras y olivos como elementos comunes. Entre Canarias y Madeira hay especies exclusivas, vicariantes y compartidas, muchos elementos comunes. En cuanto a bosques termófilos, “Madeira se comporta como una isla canaria más”. En Azores, sin embargo, no hay bosque termófilo, pero sí en Cabo Verde.

El clima mediterráneo (veranos calurosos e inviernos lluviosos), por otra parte, no tiene un análogo en el pasado, es bastante reciente. El autor explicó cómo durante la crisis salina del Messiniense se evaporó el Mediterráneo tras el cierre del estrecho de Gibraltar y cómo después cambió el clima del planeta por el cierre del Canal de Panamá, y acabó dando lugar al clima mediterráneo. Antes de eso, Canarias ocupaba una superficie mucho mayor. Las comunidades o especies que conforman el bioma mediterráneo, como sabinares, acebuchales, palmerales, dragonales o lentiscales, están incluidas en los puntos calientes de biodiversidad del Planeta. Es una naturaleza privilegiada, pero está amenazada. El hábitat de los bosques termófilos es con el que más especies contribuye a la lista roja.

Con el poblamiento de Canarias, se deteriora mucho el bosque termófilo, porque es el hábitat que se usa para cultivos y pastos por sus características de humedad, terreno y lejanía de la costa. En Lanzarote tan solo quedan tres o cuatro manchas en el Risco de Famara, solamente en los puntos más altos, un 0,17 por ciento de lo que hubo, mientras que en otras islas queda aún un poco más, como en La Gomera, donde se acerca al treinta por ciento de lo que en su día existió. En Canarias, en general queda poco más de un diez por ciento. “Es una mala noticia, se han perdido muchas especies”.

El coordinador del libro terminó explicando que Macaronesia Editorial es una “editorial familiar”, creada con el objetivo de realizar libros con un diseño muy cuidado y de alta divulgación acerca de la naturaleza macaronésica. Después de La Laurisilva. Canarias, Madeira y Azores, este es el segundo título que se completará con un tercer libro sobre el pinar.

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Jaime Puig: «Dorotea de Armas tuvo una vida de sencillez, austeridad y sacrificio»

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Dorotea de Armas. La última locera de El Mojón, escrito por Jaime Puig, hace el número 9 de la colección Islas de Memoria, editada por la Fundación César Manrique con el objetivo de rescatar personajes que hayan contribuido a construir la historia contemporánea de Lanzarote. Esta investigación —presentada el 25 de septiembre en la sala José Saramago— es la primera dedicada a una mujer dentro de esta serie de libros que, recientemente, también protagonizó Antonio Corujo, para el que al comienzo del acto se tuvieron unas palabras de recuerdo, pues había fallecido el día anterior. Así mismo, una vela encendida como símbolo de protesta y una luz de esperanza por Gaza presidió el acto.

Toño Armas, ceramista e investigador de la loza pintada de El Mojón, hizo una introducción a este tipo de cerámica “desconocida, tradicional, hecha a mano, guisada al aire libre y pintada”. Dijo que el oficio de locera era exclusivamente de mujeres y apuntó que se trata de la única loza pintada realizada en Canarias, con dos centros principales de producción: el principal, El Mojón, y, posteriormente, Muñique, con los antepasados de Dorotea, que llegaron desde el pueblo de El Mojón. Este tipo de cerámica coincide con la que se hacía en el norte de África, donde también se aplicaba el tegue o teigue, que se extrae de las tierras calizas.

Toño Armas, Fundación César Manrique, 25/09/2025

Armas explicó el proceso de elaboración de esta cerámica destinada fundamentalmente a uso doméstico, que servía para dar respuesta a las necesidades básicas del hogar. Poco a poco fue desapareciendo en detrimento de otro tipo de cerámica más asequible —tanto en términos económicos como de accesibilidad—, por lo que la profesión se abandonó en los años treinta del siglo XX, hasta que Dorotea la recupera, con matices, a finales de la década de los sesenta con la llegada del turismo a Lanzarote.

Tras la exposición de Toño Armas, Myriam Ybot, prologuista del libro, mantuvo un diálogo con el autor, el periodista Jaime Puig, quien confesó haber redescubierto a Dorotea durante el proceso de investigación de su vida, previo a la escritura del libro. Señaló en este sentido que ya la había conocido en persona y entrevistado en varias ocasiones para la radio. “Había mucho material grabado, pero gran parte se perdió porque se grababa en cintas que se reutilizaban”.

Jaime explicó cómo la Dorotea que todo el mundo recuerda, “vestida de negro, tocada con sombrera, de calma mirada tras unas gafas de pasta igualmente oscuras”, ‘nace’ con casi setenta años. No se conocía su vida anterior (había nacido en 1899) y su misión fue intentar reconstruirla. Para ello, tuvo en cuenta tres aspectos: la protagonista en sí, la figura de la mujer rural, y su oficio. Aunque Dorotea no nació ni vivió en El Mojón, la memoria colectiva la vincula a este pueblo, principalmente por sus figuras más emblemáticas: los Novios de El Mojón. Siempre vivió en Las Montañetas, en Muñique. Para la escritura del libro, el autor estuvo en esa casa de Las Montañetas, hoy deshabitada, “un lugar donde ha quedado encerrada su esencia y que ahora solo son recuerdos”.

Dijo Puig que, ya que en El Mojón tampoco quedan en pie las casas de las loceras, se podría plantear ese espacio como un homenaje a la loza hecha en Lanzarote. También fue el lugar donde “ella tropieza, cae y empieza a dejar de ser feliz” y en el que se sentaba en el muro y recibía a todo el mundo, desde César Manrique a Alfredo Kraus, pero también a cualquier otra persona. Según Puig, “allí hablaba con todo el mundo”.

Jaime Puig y Myriam Ybot, Fundación César Manrique, 25/09/2025

Dorotea de Armas, tuvo una vida de “sencillez, austeridad y sacrificio”, indicó Puig, como casi todas las mujeres del campo de Lanzarote en el siglo XX. Una vida casi heroica con siete hijos a los que mantener y escasos recursos. A este respecto, Ybot afirmó que este libro resulta una especie de homenaje a la mujer rural, a lo que Puig contestó que, aunque no era su intención inicial, es imprescindible reflejar “esas penurias que pasaron sin demasiadas quejas”. No obstante, no se trata de un relato de penurias, sino de una historia llena de amor. “La familia me transmitió que Dorotea, antes que nada, era todo amor”, puntualizó el autor.

Con el auge del turismo y animada por un joven Juan Brito —interesado en aprender a elaborar loza tradicional— Dorotea volvió al oficio de locera. Lo hizo adaptándose a los nuevos tiempos, realizando las nuevas piezas que demandaban los visitantes, con gran profesionalidad. “Cambió la cerámica, pero ella no cambió”, concretaron.

A Dorotea de Armas la nombraron Importante del Turismo en 1997, a título póstumo. A juicio del autor del libro muchos de los homenajes realizados en la Isla han servido más para el lucimiento del cargo público del momento que para el homenajeado, pero cree que sí es necesario que se ponga en valor a la gente, “porque los lugares son grandes por las personas que los habitan”. A Dorotea se le hizo algún homenaje y tiene una escultura con su figura en Mancha Blanca, pero, subrayó Puig, no está reconocida como Hija predilecta de Lanzarote.

Para concluir, Myriam Ybot animó al público a leer este libro que a su juicio está lleno de poética y amor hacia la protagonista. Por su parte, el autor indicó que espera que su lectura sirva “para creernos más lo que somos”, porque en Lanzarote, “bajo esa máscara de humildad, de modestia, no tiene por qué ocultarse que tenemos cosas únicas y muy admirables que hay que poner en valor”. “La humildad no está reñida con la grandeza que tenemos”, finalizó.

Más información: Nota de prensa 

Gómez Aguilera: «Las islas necesitan refundar un modelo de futuro anclado en la cultura de los límites»

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La Fundación César Manrique (FCM) presentó el 8 de mayo de 2025 el libro-catálogo Palabra y compromiso: Al poder se le incomoda. César Manrique. ACTIVISMO en la sala José Saramago. Se trata de una publicación que explora la vertiente activista de César Manrique, vinculada a la protección del territorio y el medio ambiente. Lo hace mediante fragmentos y recortes de prensa, anotaciones manuscritas y manifiestos del artista, además, incluye trece textos críticos que ahondan en esta faceta de Manrique y la situación de Lanzarote.

El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, intervino en primer lugar para explicar el nacimiento de la publicación. Recordó que surge de la exposición homónima, inaugurada en 2019, durante el centenario de César Manrique, y que “forma parte de un proyecto de investigación más amplio que consiste en proponer un reseteo crítico de la obra y de la personalidad de César Manrique”. Una revisión “para entender al artista desde otras perspectivas no convencionales”, situada en “aquello que tiene dificultades de encaje en el campo clásico del arte, pero que despliega unas enormes energías sociales”, añadió.

Fernando Gómez Aguilera

César Manrique. ACTIVISMO refleja la dimensión ecosocial y ecopolítica del artista que, según el director de la FCM, “hay que reivindicar por el extraordinario valor anticipatorio y contextual que tienen en nuestro tiempo”. A través de las declaraciones del artista, todas relacionadas con su proyecto para Lanzarote y siempre en una doble dirección —por un lado, la utopía o topofilia, el amor a su tierra, y, por otro, la distopía, el dolor por su degradación— César aparece como “un educador y moldeador de las mentalidades”. “Es un artista de intervención propositiva, a través de sus grandes obras, pero al mismo tiempo un artista crítico, que eleva la voz contra las deviaciones y los errores del desarrollismo e influye en la transformación de la sociedad”, primero con éxito y después con fracaso.

El libro recupera el testimonio pionero (años 70-80) de César Manrique sobre la crisis territorial y ambiental de Lanzarote y de Canarias, poniendo en valor la actualidad precursora de su ecología social, además de servir como antídoto contra los intentos o las pretensiones de mistificar sus ideas incómodas que no se ajustan bien a la promoción turística, señaló Gómez Aguilera. En este sentido, afirmó que Manrique defendía un turismo limitado, de “calidad cultural”, compatible con la vida de los ciudadanos y con el patrimonio natural y cultural. Rechazaba el desarrollismo, la especulación inmobiliaria, la masificación, la pérdida de calidad de vida o el deterioro patrimonial. Defendía el territorio como un patrimonio social y no como una mercancía, y entendía que el progreso es lo que mejora y socializa el bienestar. “Si fracasamos ecológicamente —planteaba— no hay posibilidad de progreso, tampoco sin equidad”.

El director de la FCM comparó la tesis de Manrique con el paradigma del cuidado propuesto por el filósofo y pedagogo colombiano Bernardo Toro, que sugiere, como alternativa al paradigma del poder, el éxito y la acumulación, el paradigma alternativo del cuidado: cuidar de uno mismo, de los otros y del planeta. En palabras de Gómez Aguilera, lo que plantea Toro es “cambiar el chip de nuestra inteligencia, pasando de ser una inteligencia competitiva a una inteligencia altruista, cooperativa”. “La inteligencia hoy consiste no en saber mucho, sino en saber acompañar y en saber pedir ayuda. La manifestación del día 18 de mayo consiste en eso: un acto en el que muchas personas se van a pedir ayuda entre sí para ayudar a las islas y para ayudarnos”, matizó.

Para concluir, el director de la FCM y responsable de la publicación que se presentaba, sentenció que “el turbocapitalismo turístico globalizado en el que vivimos produce efectos y distorsiones, nos trae riqueza, pero también genera mucha pobreza, exclusión y desigualdad” y apostó por el equilibrio, que era lo que pedía Manrique. Un modelo que, a pesar del fracaso colectivo, sigue mostrando hoy “un extraordinario capital de conocimiento y una herencia valiosísima para afrontar el futuro” de las islas. Canarias “necesita refundar un modelo de futuro anclado en la cultura de los límites y en una nueva gobernanza alejada de la corrupción, de las malas prácticas, de las malas decisiones y en una economía centrada en el bienestar de las personas”.

Saúl García

Mesa redonda

Tras la intervención de Gómez Aguilera se proyectó un vídeo de Miguel G. Morales con imágenes y palabras de César Manrique sobre la masificación urbanística, y tras él comenzó la mesa redonda, coordinada por los periodistas Saúl García y Andrea Domínguez.

Andrea Domínguez

En primer lugar, tomó la palabra la periodista Natalia G. Vargas quien destacó que “es fundamental que los medios de comunicación apuesten por dedicar recursos a denunciar aquellas cosas que se hacen de forma irregular, aportar contexto e intentar desmontar los bulos y las cortinas de humo que se generan en torno a la masificación turística”. En este sentido, recordó que “se dice que vivimos del turismo” pero un tercio de la población vive en riesgo de exclusión social y reconoció que hay malos ejemplos de periodismo, no obstante “muchos están apostando por que la gente sepa lo importante que es cuidar el entorno y poner los derechos fundamentales y la naturaleza en el centro de las informaciones”.

Natalia G. Vargas

El documentalista Felipe Ravina aseguró que “en cuanto a endemismos nos podemos comparar con Galápagos, lo que pasa es que en Galápagos se ha priorizado proteger las islas y aquí se ha priorizado destruirlas”. Habló sobre su isla, Tenerife, “es el ejemplo de lo que no hay que hacer”. Expuso como a pesar de que la isla está colapsada, hay varios proyectos en pie que degradan el territorio, como la ampliación del puerto de Los Cristianos o la urbanización Cuna del Alma, “con indicios muy claros de corrupción”. También aportó “un dato bastante preocupante”, como que “están muriendo más cachalotes por colisiones con grandes embarcaciones de las crías que están naciendo”.

Felipe Ravina

Otro de los participantes en la mesa redonda fue Jaime Coello, presidente de la Fundación Telesforo Bravo-Juan Coello, que comenzó citando unos versos de Pedro García Cabrera: Unas huertas de labor han malparido / unos metros cuadrados de cemento. Criticó que se les ponga “alfombra roja” a empresarios extranjeros para realizar proyectos en Tenerife que degradan el territorio y lo definió como “una verdadera colonización de capitales”. En otro orden de cosas, denunció los problemas que está habiendo en La Gomera para que una persona lea un manifiesto el 18M “porque quien dirige la isla, que se llama Casimiro Curbelo, está diciendo que si alguien habla, que viva las consecuencias”.

Jaime Coello

Alfredo Díaz, responsable del departamento pedagógico de la FCM, subrayó el “magisterio social espectacular de César”, entendió la singularidad de Lanzarote y la visibilizó. “Él pensaba que un paisaje árido no tiene por qué ser feo, que un paisaje quemado y calcinado por los volcanes no tiene por qué ser denostado”. Y sobre esa singularidad y su protección creó algo nuevo. “Lo que estamos perdiendo son esos valores singulares”, afirmó, e indicó que el gran reto es conservar el valor de esa singularidad.

Alfredo Díaz

Por su parte, Irma Ferrer, abogada de Transparencia Urbanística, aseguró, respecto a la evolución de la corrupción que son “incluso los mismos personajes”. Contó como “Playa Blanca se dividió entre cuatro empresarios”. Y añadió “somos nosotros los que hemos vendido nuestra isla con nuestro silencio cómplice”. Eso, “en un estado mafioso como el que vivimos se llama omertà”, afirmó. A esto hay que sumar “la desidia y el desinterés propios de sociedades caciquiles poco formadas, que pasamos del camello al Mercedes”. Comparó esta situación con la actual en relación a las viviendas vacacionales, que “lo llaman de forma muy graciosa la democratización del turismo”.

Irma Ferrer

Coello apuntó que “nos falta cultura del territorio, precisamente lo que César intentó transmitir” y que la base está en la educación. “Tenemos el deber de formar a toda la población de Canarias sobre esos valores”, aseguró, y reivindicó la Moratoria y la adquisición de suelo para su desclasificación. “Si hay dinero para pagar conciertos, ¿cuánto dinero puede haber para pagar la recuperación de determinados espacios? No es malgastar dinero público, es reconquistar algo que es público y devolvérselo a la sociedad”.

Díaz recordó que César siempre decía que un pueblo sin educación está condenado a la ruina “y la ruina está ya, es tiempo de parar, no queda otra”. Apostó por la educación y por la acción “con ciudadanos que sean capaces de salir a la calle”.

Ferrer concluyó señalando que “hemos llegado hasta aquí porque estamos gobernados por una panda de indigentes intelectuales” y sentenció que no se puede seguir promocionando el turismo. “En Canarias, el turismo ya no es la industria que nos va a dar de comer, es la que nos va a matar”, apuntó.

Tanto la Fundación César Manrique como los ponentes de la mesa redonda invitaron a los asistentes a asistir a la manifestación contra la masificación turística que tendrá lugar el 18 de mayo en Arrecife bajo el lema “Canarias tiene un límite”.

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Eva Cruz: «Parece un libro sobre escritores, pero es sobre la amistad»

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Eva Cruz, hija de Juan Cruz, confesó el 27 de marzo de 2025, durante la presentación del libro Secreto y pasión de la literatura. Los escritores en primera persona, de Borges a Almudena Grandes, que era la primera vez que presentaba un libro de su padre, a quien definió como una persona entusiasta y sensible. “Este libro parece un libro sobre escritores, pero es sobre la amistad”, señaló Eva. Ambos, conversaron en la Sala José Saramago de la FCM sobre la última obra literaria del escritor tinerfeño: un libro, editado por Tusquets, en el que relata sus relaciones y encuentros con una larga serie de autores imprescindibles de la narrativa hispanoamericana de las últimas décadas.

Comenzaron hablando de Rafael Azcona a quien Juan Cruz deseaba conocer pese a considerarlo inaccesible. Fernando Trueba le animó a que lo telefoneara, y ese mismo día se vieron. Llamó entusiasmado a su hija —que residía en Londres en aquel momento— para comunicárselo. “Esa tarde nos emborrachamos Azcona y yo”, reveló Juan Cruz, y así fue como empezaron a cimentar una amistad. “Azcona tenía una vitalidad extraordinaria”. Cruz lo llamaba por teléfono todos los sábados “porque la gente está muy sola”, afirmó al respecto. Una vez le dijo Manuel Vicent que por qué llamaba a Azcona y a él no, y desde entonces llama a Vicent todos los domingos.

Eva comentó que, aunque se trata de un libro alegre, hay muchas despedidas en él y también se dibujan amistades entre escritores. Los escritores que figuran en el libro son, principalmente, autores de la editorial Tusquets como Jorge Luis Borges, Guillermo Cabrera Infante, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Almudena Grandes, Fernando Aramburu o Cristina Fernández Cubas, entre muchos otros perfiles.

Sobre los años de la Transición, dijo Cruz: “eran por la noche y eran muy amistosos”. “El día eran los hechos y la noche los sueños”, señaló. “Fueron años en los que teníamos la alegría de haber descubierto la posibilidad de decir no y estábamos estrenando el traje de la libertad”, explicó. En aquel tiempo, conoció a editores como Herralde, Beatriz de Moura o Carlos Barral, “que inventó un modo distinto de relacionarse con el extranjero, hizo del extranjero una parte de España”. Contó cómo conoció a De Moura en Tenerife junto a Domingo Pérez Minik, al que se le había encargado el libro sobre la revolución surrealista en Tenerife, e hizo un inciso para hablar de César Manrique “que inventó un territorio sin tocarlo”. “No rompió nada, solo puso el foco sobre lo irrompible, aunque después algo se ha roto”, añadió. 

Durante la conversación, Cruz fue contando breves anécdotas vividas con varios escritores. Desde su amistad con Almudena Grandes —recordó como en un viaje en coche a Madrid le confesó que estaba enamorada de un chico que resultó ser Luis García Montero. Dijo sobre Grandes que era la persona más generosa que había conocido—, hasta su relación con Juan Marsé. También relató como en una entrevista que hizo a Günter Grass en 2015, un mes antes de morir, el autor alemán describió casi con exactitud la situación geopolítica actual, el peligro de alejarse de Rusia y lo que podría pasar si ganaban los republicanos en Estados Unidos. “Lo sorprendente es que no veíamos lo evidente”, dijo Cruz, que aclaró que Grass decía lo que decía porque vivió la Guerra Mundial “y lo que está pasando ahora no es muy distinto por completo a aquello que vivió él”.

Con respecto a la persona más importante de su vida literaria, su madre, según el mismo manifestó, dijo encontrarse actualmente escribiendo un libro sobre ella. Explicó que sabía leer y escribir, algo que no era muy común entonces, y leía el periódico. “Yo le decía muchas veces: madre, así no se dice”. Y ella respondía: “yo sé decir hilo e hilacha y mierda pa’quien me tacha”.

García Márquez y Vargas Llosa, fueron los últimos escritores sobre los que padre e hija conversaron, repasando sus encuentros y desencuentros y de cómo se magnificó un puñetazo. Ellos tenían “relaciones laterales” a través de Carmen Balcells y de él mismo: “Me llamó Gabo para que le dijera a Vargas Llosa que La Fiesta del Chivo era un libro extraordinario y yo se lo dije”. De la misma manera, Vargas Llosa estaba en Oxford cuando se enteró de que estaban operando al escritor colombiano y le escribió un telegrama. “No eran amigos, pero tenían una relación de respeto y nunca se zahirieron después, nunca se dieron otro puñetazo”, aseguró. Cruz alabó a Vargas Llosa, de quien dijo que tiene una leyenda, una fama, por una “razón mezquina, porque es de derechas”. No obstante, matizó que ha defendido al pueblo palestino y es un adalid de la libertad. “Es una imagen injusta porque es una buena persona”.

Se preguntó Eva Cruz si hay poca generosidad entre escritores, pero su padre contó el encuentro entre Javier Cercas y Vargas Llosa, en una cena el 11 de septiembre de 2001. Cruz leyó Soldados de Salamina y se lo envió a Vargas Llosa, quien entusiasmado con lo que había leído, escribió un artículo laudatorio sobre la obra, que acabó encumbrando a Cercas: “Antes, si un escritor importante escribía sobre una obra, se hacía un bestseller, ahora da igual porque los escritores escriben para que los lea Internet”.

Eva Cruz cerró el acto, antes de la firma de ejemplares, calificando Secreto y pasión de la literatura como un libro “generoso y melancólico, pero lleno de alegría”.

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Isabel Lusarreta: «Espero que este libro sirva para sacar a Antonio Álvarez de la zona de sombra en la historia de esta isla»

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En las primeras fases de su investigación para la escritura del libro, a Isabel Lusarreta, autora de Antonio Álvarez. La mano izquierda de Pepín Ramírez, el nuevo volumen de la colección Islas de Memoria, le perseguía esta frase, que le repetían muchos de los entrevistados: “Antonio Álvarez no ha sido un hombre suficientemente reconocido”.

“Era un estímulo enorme escuchar aquella frase porque significaba que por fin llegaba su momento y además iba a poder contribuir a sacarlo de esa zona de sombra”, señaló la periodista en la presentación del libro en la sala José Saramago, el día 26 de septiembre, junto a los periodistas Soraya Morales y Saúl García. “Pero a la vez era un reto porque significaba que prácticamente no había nada sobre él escrito”.

Saúl García, Isabel Lusarreta y Soraya Morales

La autora comenzó narrando la vida “de novela trágica” de Álvarez, que fue vicepresidente del Cabildo durante trece años, pero que llegó por obligación a Lanzarote para poder seguir con su oficio de telegrafista. Lo hizo en 1940, con 30 años, represaliado por el régimen de Franco porque había pertenecido a la CNT y a Izquierda Republicana y después de la Guerra Civil, en la que participó en los dos bandos, y tras una infancia marcada por la pérdida de su padre y varias hermanas por culpa de la tuberculosis.

Lusarreta contó los tres momentos que le marcaron cuando preparaba el libro: la primera entrevista, que fue al hijo mayor de Antonio, quien le transmitió “el entusiasmo y el cariño por el personaje”, la primera visita a la casa familiar con su hija Marisol y “cuando aparecieron los diarios”. Álvarez escribió diarios durante la Guerra, “una línea inagotable para el proceso de documentación”. Eran de pequeño tamaño, pero de gran valor y con apuntes telegráficos sobre cómo se sentía, los cuales la autora ha incorporado al libro. Dos ejemplos: “Granollers. Llueve y tengo tristeza” o “Esto es eterno y creo que será toda mi vida”.

“Lo que justifica este libro es lo que ocurrió en la isla en los años sesenta, cuando Antonio Álvarez fue vicepresidente del Cabildo”, señaló Lusarreta, pero también se narra en esta obra el contexto de la posguerra, en el que se incluyen otras depuraciones y personas que sufrieron los rigores de la dictadura que “ayudan a entender la forma de ser de Antonio Álvarez”. “Eso explica muchos de sus silencios, de sus miedos, de sus recelos, en definitiva, mucho de su personalidad”. “¿Cómo llega un represaliado a convertirse en vicepresidente del Cabildo, a manejar sus presupuestos”?, preguntó Soraya Morales. “Sigo sin explicarme lo que acabas de plantear”, contestó Lusarreta.

Isabel Lusarreta

Otro contexto, u otro espacio que aparece en el libro es la farmacia Matallana, en la Calle Real, donde Álvarez encuentra varias cosas: un trabajo como contable, que complementa el sueldo de Telégrafos, una tertulia y una esposa, Lila Matallana, hija del farmacéutico. También conoce allí a Pepín Ramírez, que lo reclama como vicepresidente un año después de su llegada a la institución.

Álvarez fue para Ramírez un apoyo fundamental en sus deliberaciones y en sus decisiones y ambos se atrevieron a denunciar la corrupción instalada en el Cabildo, que acabó con condenas de cárcel para el interventor y el depositario. “Los dos forjaron una relación muy fuerte, eran hombres serios, rectos, cultos, formados, con muchas inquietudes en común, muy familiares también y poco dados a los eventos sociales, tímidos los dos, aunque a Antonio se le notara menos, y era el que se encargaba de hablar, de dar los discursos del Cabildo”, explicó la autora.

La denuncia fue sonada. “No es ya sólo que estuvieran denunciando a un conocido, es que era familia, yo creo que eso es ser honesto. En casos de corrupción hay un denominador común y es que nadie ataca a los suyos, y esa fue la gran diferencia que marcaron ellos. Porque al final, era el dinero de todos y Lanzarote lo necesitaba, era indispensable”, dijo Lusarreta.

Álvarez estuvo al frente de áreas como Hacienda o Turismo, que fueron “el motor de todo”, pero también de Educación y en la Comisión de Obras Públicas. “Le da mucha importancia a la educación pública y a mejorar las infraestructuras educativas y hablaba de la necesidad de construir viviendas sociales”. Y además tenía otro papel menos conocido: “Era un fiel guardián de los diseños de César”. Estaba a pie de obra, muy pendiente de cada detalle de las instrucciones para que, cuando César se ausentaba, se respetara cada particularidad. Muchos lo definieron como “la mano que movía todas las cosas, el ejecutor, el hombre de batalla, el que afianzaba las ideas y los proyectos”. El día que murió, César Manrique hizo esta anotación en su diario: “Ha muerto mi gran amigo y colaborador en el nacimiento de Lanzarote”.

Isabel Lusarreta con los hijos de Antonio Álvarez

Para muchos era o sigue siendo Antonio el telegrafista. También fue responsable de la Radio Costera, que le ayudó a tomar el pulso a la sociedad lanzaroteña, “a esa sociedad pobre y ese mundo de pescadores”. Al final de su vida, con setenta años, participó además en las reuniones de la primera asociación ecologista que hubo en la isla, junto a personas mucho más jóvenes que él.  

Lusarreta finalizó explicando que el título “surgió solo”. “Tenía claro que había sido la mano derecha de Pepín Ramírez, pero al ir a escribirlo me salió añadir: o quizá la izquierda”. No solo era un hombre de izquierdas, un demócrata convencido, sino que aglutinaba bastante bien a distintos sectores y cuando había un tema polémico de debate en el pleno, solía mediar. “Vamos, que tenía mano izquierda”.

El final de la intervención se centró en la necesidad de que sea reconocido su papel institucionalmente. “Es un personaje entrañable y ha sido muy injusto este olvido”. Era un gran admirador de Manuel Azaña y Lusarreta quiso terminar con una frase del que fuera presidente de la República, que decía que en España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro. “Espero que con este libro no pase lo mismo y que sirva para sacar a Antonio Álvarez de esa zona de sombra y ocupe el lugar que le corresponde en la historia de esta isla”.

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Gregorio Cabrera: «Personas como Antonio Corujo demuestran que hay un hilo conductor entre el ayer y el presente que jamás debemos perder de vista»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió el viernes 24 de noviembre la presentación del libro Antonio Corujo. Siglos de arena y sal, escrito por Gregorio Cabrera y editado por el Departamento de Publicaciones de la FCM dentro de su colección «Islas de Memoria». El acto tuvo lugar en la sala José Saramago (La Plazuela, Arrecife) y fue retransmitido en directo a través de la web y el canal de Youtube de la institución.

El periodista Saúl García abrió el acto justificando su presencia por su amistad con Gregorio Cabrera y por ser el prologuista del libro que se presentaba. Comentó que autor y protagonista son dos personas auténticas, genuinas, que reciben la misma frecuencia, que tiene que ver con la tradición oral y el patrimonio inmaterial de la isla, y con la idiosincrasia lanzaroteña.

Señaló que Corujo es una artista innato y que, tras la lectura del libro, comprendió la importancia de Antonio Corujo como depositario de una tradición pero que además, añade el valor de hacerla suya y de transformarla, que es lo que hacen los grandes. Asimismo, señaló que se trata de un libro muy bien escrito, con el lenguaje adecuado, el tempo, la composición o el tono, y pidió que se culmine el trámite para su nombramiento como hijo predilecto de Lanzarote.

Saúl García y Gregorio Cabrera

Gregorio Cabrera comenzó señalando que hay acontecimientos que permanecen para siempre en la memoria. «Yo fui uno de aquellos niños y niñas del colegio Salinas de Arrecife a quienes avisaron un día antes de que vendría un señor a actuar en clase. Nos dijeron algo de unas coplas de El Salinero, aunque nuestra imaginación infantil pasó a otra cosa rápidamente», afirmó.

Aquel hombre, claro, era Antonio Corujo, con su cachorro, su timple y sus lapas. «Y el eco de ese timple, de esas lapas y de esas coplas resonó para siempre en nuestro interior», aseguró. «Nos entregó su arte, su verdad, su conocimiento, y es lo que ha hecho toda su vida. Por eso nadie que haya escuchado a Antonio puede olvidarlo».

Enlazó este hecho el autor del libro con la impresión que debieron llevarse los hombres que estaban en la barbería y cantina de su padre, en San Bartolomé, «aquel día que el pequeño Antonillo se arrancó a cantar y los dejó a todos con la boca abierta antes de volver a ‚ver, oír y callar‘, que era la orden que le imponía su padre mientras servía vasitos de vino de La Florida o cogía la brocha para echar espuma en los rostros de quienes iban a ser afeitados».

«Antonio, en definitiva, es un artista porque deja huella. Y también porque es incapaz de interpretar algo que no sienta como propio y porque quiebra los límites del tiempo». Cabrera narró el proceso de entrevistas con Corujo para afrontar la escritura de este libro, que supone el séptimo número de la colección «Islas de Memoria». Comenzaron dialogando en su peluquería, pero las entrevistas se veían interrumpidas por los clientes, y después en restaurantes, donde Antonio solía terminar enhebrando una copla, una seguidilla o un poema tras otro, «así que era normal que acabara llamando la atención de todo el mundo, lo cual no era lo mejor para la entrevista, pero sí suponía la mejor demostración de que donde está Antonio está el escenario», tal y como reconocen sobre él desde el escritor Antonio Hormiga hasta el timplista Domingo Rodríguez, El Colorao.

«La verdad es que si no existiera un Antonio, habría que escribirlo. Por fortuna, existe, y solo ha sido necesario escribir su biografía», dijo el autor, que considera que «hablar con Antonio y contar su historia es como entrar en un túnel del tiempo», en un recorrido desde el barrio de El Jable en San Bartolomé hasta la actualidad pasando por las salinas de Janubio. «Antonio es, a su manera, una duna en la que confluyen siglos de arena y es depositario del legado de su familia».

Cabrera explicó que las coplas de Víctor Fernández Gopar El Salinero «son coplas que denunciaron las desigualdades sociales de la época, así que no es raro que encontraran el mejor eco posible en Antonio Corujo, que, como ya sabemos, no le presta su voz a nada que no encierre un significado».

Antonio Corujo siempre ha vivido en el presente, aunque lo haga desde la defensa de la tradición. Prueba de ello es que algunos de los proyectos musicales más innovadores que han tenido lugar en las últimas décadas en Canarias han contado con su colaboración. «Personas como Antonio nos demuestran que existe un hilo conductor entre el ayer y el presente que jamás debemos perder de vista. Y no como un ejercicio de nostalgia, sino porque tirar de este hilo invisible nos hará ver el presente y el futuro de una manera más clara y diferenciar entre lo que es un legado y lo que es simplemente un lastre», agregó Cabrera.

El autor finalizó su intervención hablando del proceso de escritura del libro. En este sentido explicó como su intención «ha sido transmitir parte de ese conocimiento y de esa particular manera de estar en el mundo de Antonio». Reveló que el libro surgió en la mesa de la cocina de su casa de La Isleta «donde se cocinó literalmente este texto, porque es la mesa más grande que tenemos y la única donde podíamos desplegar los cientos de folios con apuntes y recortes de prensa de cada capítulo».

Señaló que acabó saliendo airoso de ese proceso de escritura «gracias a la gran verdad que habita en Antonio Corujo». «Su autenticidad me salvó de todas las tormentas», afirmó para posteriormente cerrar el acto citando unas palabras de Antonio Corujo que ya forman parte de la banda sonora de Lanzarote: «Estamos, que no es poco, y nos seguimos mirando». Como colofón, el protagonista del libro recitó ante el público el poema Lanzarote, de Vicente C. Hernández. A continuación, y durante más de una hora, el autor y el protagonista procedieron a la firma de los ejemplares del libro.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia: Grabación

José Díaz Bethencourt: «El discurso sobre el paisaje en Canarias no ha cambiado mucho»

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José Díaz Bethencourt presentó en la sala José Saramago el último título de la colección Torcusa, que edita la Fundación César Manrique: Paisaje en celuloide. Canarias como decorado cinematográfico. El libro, explicó el autor, tiene su origen más remoto en su interés por el cine y en una beca del Gobierno canario. Con esa beca, realizó una tesina y, aunque tuvo una oferta para su publicación, la pospuso porque la Filmoteca canaria justo había publicado en aquel momento un trabajo similar.

Díaz fue la primera persona que comenzó a interesarse por recopilar los rodajes realizados en las Islas. Esta publicación recoge rodajes del siglo XX, centrándose en los largometrajes, aunque también incluye algún corto, sin incorporar los rodajes de series de los últimos años. En este sentido, el autor señaló que no se trata de un recorrido «detallado», sino de destacar lo más significativo, analizando su impacto en la población y cómo se reflejaron en la prensa.

Tanto el libro como la presentación del mismo que hizo su autor, siguieron un orden cronológico. En primer lugar, Díaz habló sobre los motivos que llevan a las productoras a elegir Canarias para sus rodajes cinematográficos y, «aunque sea un tópico», puntualizó, es por la gran diversidad paisajística y su climatología. «El discurso sobre el paisaje no ha cambiado mucho» en los últimos 120 años, aseguró. La labor actual de la Film Commission orientando a las productoras sobre los paisajes más convenientes para rodar según sus necesidades, ya se reflejaba en la prensa de hace cien años.

La primera producción en Canarias con capital isleño fue El ladrón de los guantes blancos (1926) y ya entonces se relacionó el paisaje y el cine como un reclamo turístico. La película se rudó en Tenerife y tuvo su contestación, dos años después, en Gran Canaria, con la realización de otra película de «peor calidad», pero de «interés etnográfico», titulada  La hija del mestre (1928), rodada en el barrio de San Cristóbal.

Después, el director alemán Douglas Sirk rodó La Habanera (1937), ambientada en el Caribe. Ese rodaje de la UFA, el estudio cinematográfico más importante de Alemania, despertó el interés en la islas por la posibilidad de rodar. Así, comenzó a rodarse cine folclórico como Tierra canaria (1941) de Rafael Gil, Alma canaria (1947), de un «tipismo empalagoso», y varios cortos del No-Do.

Llega la «época dorada» de los años cincuenta con películas españolas y extranjeras como Tirma (1954), Mara (1958), El reflejo del alma (1958) y Moby Dick (1956). Estas supusieron, según Díaz, «un acontecimiento», principalmente, el último largometraje citado, por la llegada de Gregory Peck. Es a partir de este momento cuando se empieza a pensar en la conveniencia de que lleguen más películas e incluso en que Canarias sea un lugar de producción y no solo de rodaje. Es tal el entusiasmo que se suscita, que la prensa habló incluso de la visita al Archipiélago de estrellas de Hollywood que en realidad nunca llegaron, como Marlon Brando o Spencer Tracy.

En los años sesenta se ruedan películas como Más bonita que ninguna (1965), de Rocío Dúrcal, y alguna del Dúo Dinámico y en los setenta se hace incluso cine S o porno, películas del Oeste o de James Bond. Díaz destaca entre ellas las de Jess Franco que rodó Ópalo de fuego (1978), sobre la que la prensa dijo que «destroza visualmente» Canarias ya que su ambientación era oscura.

En los años ochenta aparece el proyecto Cinematógrafo Yaiza Borges, en Santa Cruz de Tenerife, un colectivo que exhibía películas que normalmente no se veían en las salas comerciales. Esta asociación fundada por miembros de la Asamblea de Cineastas Independientes Canarias (ACIC) intentó producir la película Mararía, pero finalmente no fue posible y la acabó rodando Antonio Betancor.

Otras artes

Según Díaz Bethencourt, el primer interés por el paisaje de Canarias no vino del cine ni del arte sino de la literatura, con Guillén Peraza o Antonio de Viana. Después, «la Arcadia canaria se va reflejando en la pintura y todas las artes van recogiendo esa idea» de las islas afortunadas, hasta que Pedro García Cabrera muestra también la visión de la desnudez del paisaje de Tenerife y no solo de su exuberancia. Los surrealistas y la exposición en la que participó André Breton en Tenerife influyen también en la mitificación del paisaje isleño.

La segunda parte del libro se centra en cuatro películas rodadas en Lanzarote y un proyecto que no vio la luz. Dos de ellas son del alemán Werner Herzog, Todos los enanos empezaron pequeños (1970), rodada en un caserón en Tegoyo, «que transgrede todo y vuelve los paisajes del revés» y Fata Morgana (1969), «una cosa de locos». Las otras dos son la superproducción Hace un millón de años (1966), con Raquel Welch, y Road to salina (1969), que incluye escenas de desnudos y una historia de incesto que pasó la censura. El proyecto que no se llegó a hacer por su alto coste de rodaje fue la adaptación de la novela de Ignacio Aldecoa, Parte de una historia, que debía rodar Juan Antonio Bardem en La Graciosa y de la que llegó a escribir el guion.

El libro, finalmente, incluye bibliografía y un apartado con la filmografía citada. El autor terminó la presentación con un pequeño homenaje a César Manrique mostrando una escena de la película Mr. Arcadine, de Orson Welles, en la que aparece en el camarote de un barco un cuadro del artista lanzaroteño.

Más información: Nota de prensa

La FCM publica el libro Perspectiva Manrique, un mosaico de aproximaciones multidisciplinares firmado por 31 autores

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La Fundación César Manrique (FCM) publica Perspectiva Manrique, un libro que recoge las reflexiones de una treintena de profesionales vinculados a diversos ámbitos de la cultura, que ejercen su actividad en Canarias. El conjunto de lecturas ofrece un mosaico de aproximaciones multidisciplinares a César Manrique, que amplían la compresión e interpretación de aspectos específicos de la subjetividad del artista y de su universo creativo, ya sea la pintura, las obras ambientales o el activismo.
 

En concreto, el libro consta de 31 textos cuyos autores, entre los que se incluyen profesores universitarios, escritores, artistas, arquitectos y críticos, son: Teresa Arozena, María Laura Benavente, Luna Bengoechea, Adonay Bermúdez, Rafael-José Díaz, Carlos Díaz-Bertrana, José María Fernández-Palacios, Carmela García, Oswaldo Guerra, José Herrera, Míchel Jorge Millares, Moneiba Lemes, Pablo Ley, Alicia Llarena, José Manuel Marrero, Fernando Menis, Rosa Mesa, Nilo Palenzuela, Luis Palmero, Yolanda Peralta, Flora Pescador, Antonio Puente, Sara Robayna, Dalia de la Rosa, Fernando Sabaté, Juan Sánchez, Andrés Sánchez Robayna, Lázaro Santana, Ernesto Suárez, Mónica Trujillo y Carmelo Vega de la Rosa.

Gómez Aguilera: «En Lanzarote, Saramago se resetea como escritor, inicia una nueva vida literaria»

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El acto conmemorativo de la Fundación César Manrique (FCM) para celebrar el centenario del nacimiento de José Saramago se celebró el día 7 de octubre de 2022 en la sede de Tahíche y comenzó con la presentación del libro José Saramago. El pájaro que pía posado en el rinoceronte (editorial La Umbría y la Solana) escrito por el director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, y se cerró con la mesa redonda titulada ‘Saramago. Conciencia de la palabra inagotable’ en la que participaron Sami Naïr, Pilar del Río, Juan Cruz, Pepa Bueno y el propio Gómez Aguilera.

Feliciano Novoa, editor del libro, explicó que la razón para publicarlo es simple, ya que la editorial se dedica a la literatura portuguesa. Dijo que Gómez Aguilera es la persona que mejor conoce la obra del autor portugués. Pilar del Río, autora del prólogo, avanzó que este libro, editado ya en lengua portuguesa, será fundamental para estudiar la obra de Saramago “en el mundo entero”. Sami Naïr afirmó que se trata de un libro original y profundo en el que el autor demuestra su dominio sobre las metodologías del análisis literario, pero no las muestra, como las suelen exhibir los críticos. El libro, “un trabajo de reconstrucción de la arquitectura de las obras” de Saramago, tiene una estructura “ágil, fluida, sutil y poética” y consagra el encuentro entre dos creadores: Gómez Aguilera y Saramago, que fue, para Naïr, “un infatigable investigador en su proceso creativo”, que lo desarrolla en el campo de las ficciones y no de los discursos analíticos, aunque en su literatura no se pueda separar la ficción del ensayo: “No busca los hechos sino que los usa como materia prima para crear algo superior, una alegoría de la realidad”. Para el ensayista francés, “hacer pensar al lector no es imponerle una ideología, es despertarle del sueño de la razón”.

Fernando Gómez Aguilera, Feliciano Novoa, Sami Naïr y Pilar del Río

El autor del libro, después de unos extensos agradecimientos, dijo que este libro quiere ser “un aliado de la buena memoria”. El título parte de la imagen del picabueyes piquirrojo, un ave centinela sobre el que hay una controversia: si avisa al rinoceronte del peligro de la presencia del hombre o al revés. Para Aguilera, esto pone de manifiesto que el punto de vista es central, y también lo es en la obra de Saramago, que es un autor que insta permanentemente a abrir los ojos, a no resignarse. “Levanta las piedras para que el lector vea lo que hay debajo”. ¿Qué es el libro? Se pregunta el propio autor. En primer lugar, expresa el privilegio de su amistad con el autor portugués y es un tributo a ese camino. Está escrito partiendo de la admiración por el autor y su obra y con la intención de penetrar en su lógica y mostrar su metabolismo.

Saramago escribió en Lanzarote una veintena de libros, la mitad de su obra. “En Lanzarote se resetea como escritor”, inicia una nueva vida literaria que él mismo reconoce calificándola como una “ruptura radical” en su literatura. Cierra el gran angular de la historia, bucea en las relaciones entre la ficción y la historia y en cómo la ficción puede contribuir a cambiar la mirada sobre el sujeto histórico y a rellenar espacios y borrar la oscuridad. En Lanzarote empieza a explorar las relaciones entre el individuo y la sociedad y “cómo la deshumanización nos destruye”. Entendió, según Aguilera, que el espacio de la realidad lo ocupaban ya los medios y entonces, para hablar de esa realidad, opta por la construcción de alegorías.

El director de la FCM desveló que aún queda mucho material inédito de Saramago, que guardaba en cuatro cajas de cartón: hay cuatro apuntes sobre novelas o novelas iniciadas, cuatro obras de teatro, cuentos y poemas. Ya en 1953, en una de ellas, ‘Os emparedados’, “una invitación a perseverar”, Saramago escribe que le falta todo para ser escritor pero se preguntaba qué haría si no lo fuera. “Su obra está iluminada por el principio de insatisfacción; no es un nihilista, es inconformista”.

Mesa redonda Saramago. Conciencia de la palabra inagotable

“Saramago era un pesimista confeso”, comenzó la periodista Isabel Lusarreta, que ejerció de moderadora y quiso saber si era un entrevistado incómodo. La directora de ‘El País’, Pepa Bueno, dijo que hablaba “claro, cortito y por derecho”. “Una bendición”. Comentó asimismo que era un visionario, pero no un chamán. Leyó intervenciones fragmentos de artículos que escribió en ‘El País’ sobre cuestiones que se han confirmado después. Ya en el año 2001 decía que “estamos en La Caverna de Platón, mirando pantallas creyendo que es la realidad”.

Juan Cruz, Sami Naïr, Pilar del Río, Isabel Lusarreta, Pepa Bueno y Fernando Gómez Aguilera

Sami Naïr resaltó que Saramago vivió en dos épocas: una en la que se pensaba que era posible la transformación de la sociedad y otra en la que los grandes relatos estallaron. “Vivimos una colectividad humana que no tiene idea del futuro, todo el sistema está basado solo en el presente”. El escritor pasó de una época a la otra sin abandonar su paradigma, aunque sí lo adaptó. Saramago dice que hay que intervenir en los problemas del mundo y hacerlo en nombre de la justicia y la igualdad, en defensa de todos los seres humanos frente a los poderes, que lo dominan todo. Creía que esa realidad, según Naïr, se puede superar con una idea de compromiso con los seres humanos.

Pilar del Río contó que quiso añadir la palabra “cabreado” a su epitafio y que no era un santo ni un profeta sino una persona que pensaba y escribía y que afirmaba que “él no era pesimista, que es el mundo el que es pésimo”. Destacó su capacidad de observar y que fue un hombre que se formó a sí mismo. Recordó algunas colaboraciones en periódicos nacidas de la indignación y señaló que lo último que escribió o dictó en su vida fue esta entrada en su blog: “Obrigado, Mankell”, agradeciendo la presencia del escritor sueco como participante en la flotilla de la libertad, que transportaba material escolar y sanitario hacia Palestina y que fue atacada.

Para Juan Cruz, José Saramago siempre fue un periodista. Diferenció el escritor que escribe y el escritor que mira y dijo que cada uno de ellos está en un libro: uno en el de Pilar del Río, “La intuición de la Isla”, que trasmite una enorme capacidad de sosiego, y otro en el libro de Gómez Aguilera “José Saramago. El pájaro que pía posado en el rinoceronte”. Recordó que, tras la traumática salida de Portugal del escritor, Cruz le preguntó mientras miraba hacia Fuerteventura y hacia el monumento a Unamuno, cómo se encontraba, y dijo que bien, “mirando a Unamuno y mirando al futuro: esa gente no me va a quitar el aire de Lanzarote”.

Pepa Bueno, sin embargo, señaló que la mirada de Saramago no era de periodista, sino de intelectual, porque actuaba con el imperativo cívico de intervenir y porque siempre miró la vida desde el mismo sitio.

Gómez Aguilera señaló que, ciertamente la actitud y la actuación del Nobel portugués no coincidía con la de un periodista, pero que, en cualquier caso, no se le puede explicar sin los periódicos. Subrayó que lo que nos fascina de José “es que era un tipo decente”. “Hoy es algo insólito en el espacio público, es extraordinario y genera fascinación”. Saramago “no mutó ni traicionó sus principios de origen. Hizo de la coherencia y la lealtad una regla moral inviolable. Era decente por muchas razones, entre otras, porque ejercía el papel de intelectual en sentido puro: quien reflexiona libremente y expresa en público y ante los poderes lo que piensa sin medir las consecuencias, sin transar. De ahí su credibilidad”. 

Naïr abundó en que no consiguió sus éxitos haciendo concesiones. “Era uno de los nuestros y su regla de vida era disentir, era indomable”. Lusarreta pidió alguna palabra más que definiera a Saramago. Del Río dijo que era un tipo “simpático” y Bueno cerró señalando que encarna la “dignidad” del ser humano”.