César Rendueles: un lenguaje de esperanza frente a la desesperación del futuro
César Rendueles, científico en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), expuso su impresión sobre la existencia de “un cambio profundo en nuestros afectos políticos” el 14 de mayo en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. “Hemos pasado, en los últimos años, del ’sí se puede‘ a una sensación de pérdida del futuro, de cualquier futuro”. De esta manera dio comienzo a su conferencia titulada “La pérdida del futuro. Tecnología catastrófica, guerra cultural y postdemocracia”.
Según explicó el filósofo, “hay épocas en las que parece que todos somos más igualitarios o más libres, en las que se vislumbra un mundo más justo, y otras, como la actual, en las que parece que todo el mundo es más autoritario o más conservador y se convive con una sensación de impotencia colectiva, con unos afectos tristes que nos vuelven pasivos ante un mundo que se descompone”. En este sentido, continuó detallando cómo, de pronto, “la tierra es fértil para que prosperen fuerzas autoritarias y los estilos de vida se convierten en un campo de batalla. Parece que todo va mal cuando antes todo iba bien, aunque una mirada más realista revela que la sensación anterior era un efecto óptico y que vivimos la resaca de la degradación de la democracia. Las élites siguen acumulando poder y se mantienen los procesos de mercantilización”, precisó.

El filósofo húngaro Karl Polanyi consideraba la crisis de los años treinta del siglo pasado no como una anomalía, sino como el desenlace previsible. Así parece, igualmente, la crisis que se inicia en el año 2008, derivada del neoliberalismo, una apuesta por reducir la soberanía democrática y el momento en que la derecha incendia el espacio del multiculturalismo. “De repente, la primacía de lo laboral o lo económico tiene un escaso impacto electoral y se ve desplazada por una batalla cultural en la que se dibuja el enfrentamiento como inevitable y la convivencia como imposible. Incluso se da la paradoja de que muchas personas consideran que su situación económica ha mejorado pero la del país ha empeorado”, argumentó Rendueles.
La diferencia con los años treinta es, en parte, la desarticulación de la política. “Las amenazas a la libertad y la dominación no son peores que antes, pero sí son más confusas” a su juicio. La ultraderecha impugna las bases de nuestra civilización y apela a discursos radicales bíblicos, extraños, pintorescos o exagerados. Además, se produce un uso sistémico de los bulos como herramienta de movilización política y la cultura de la conspiración se convierte en una ideología. “La eliminación del futuro nos lleva a lo que Marina Garcés llama la ‚condición póstuma‘, es decir, vivir en un mundo que estuviera acabado, habitar una prórroga histórica sin horizonte”.
En la segunda parte de su ponencia, Rendueles se centró en la falta de alternativas de progreso que ha construido la izquierda ante este escenario. Por una parte, las críticas a la idea de progreso son lúcidas o pertinentes, pero tienen un coste. Frente a la postura hegeliana de que la historia es unidireccional, tiene un significado y existe un sentido de avance, otros autores plantean que la idea de progreso no es más que un consenso, que no hay un todo histórico ni una historia universal y solo existen progresos parciales. Esta crítica a la idea de progreso nos coloca al borde del nihilismo político.

Rendueles finalizó analizando dos escenarios actuales. El primero es el de la tecnología digital. Inicialmente estaba dominada por una narrativa en la que la tecnología era la solución para todo, en la que Internet y las redes sociales eran la cara amable de la globalización neoliberal. De ahí se ha pasado a una narrativa catastrófica, que es una perspectiva tan ingenua como la anterior. “Tenemos una relación fetichista con la tecnología, como si no tuviéramos ninguna capacidad de influencia”, señaló el conferenciante. La tecnología nos vuelve dóciles, incapaces de pensar en escenarios positivos sobre lo que se está creando.
El segundo escenario es la crisis medioambiental, que se plantea como inevitable, aunque para el filósofo no lo es y considera que no estamos condenados al colapso. De hecho, señala que hay “vientos a favor”, tanto en China, como en Europa o en el Sur global, con algunas propuestas sólidas y una revolución tecnológica en marcha. Sin embargo, eso “no lo pensamos como un horizonte posible para impulsar la acción colectiva”. Se señalan los límites y las incoherencias de la transición ecológica por delante de la posibilidad de que prospere esa transición. “Señalamos que la ideología del progreso está en el ADN del ecocidio, y es una reflexión lúcida, pero nos empuja a un escenario de pasividad”, sostuvo.
Rendueles consideró, para finalizar, que, aunque las señales de cambio de época estén presentes, es necesario aplicar “un lenguaje de esperanza” y asumir que siempre viajamos a tientas. Es una versión de la esperanza no como certeza, sino como la capacidad que tenemos para cultivar la idea de progreso mediante la práctica individual. Una idea sin garantías, como sostuvo Raymond Williams, que decía que “ser verdaderamente radical significa hacer posible la esperanza, en lugar de convencer de la desesperación”.

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Grabación de la conferencia: Grabación
Freitag, der 15. Mai 2026