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Remedios Zafra: «La tecnología no ha conseguido el objetivo de darnos más tiempo para nosotros»

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“Para una toma de conciencia planetaria necesitas escuchar a gente que vea con claridad lo que pasa”. Por eso dice Remedos Zafra, escritora y ensayista, que César Manrique forma parte de su vida en estos últimos años, gracias a las enseñanzas de amigos más jóvenes.

Hace años que Zafra reflexiona sobre el tiempo, el trabajo creativo o la deshumanización tecnológica. Lo ha hecho en su último libro, ‘El informe. Trabajo intelectual y tristeza burocrática’ (Anagrama) y lo hizo en la conferencia ‘Razones para una escritura rebelde’, que impartió en la sala José Saramago el 9 de mayo, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’.

En ese libro habla de la transformación de los trabajos creativos o intelectuales dentro de este “mundo acelerado que habitamos” dominado ya por el tecnocapitalismo en el que hasta el tiempo de descanso debe ser organizado por tareas, en el que el tiempo “limpio” se convierte en tiempo “enlatado”. Se preguntó al inicio si no deberíamos repensar lo que llamamos vida para no irnos con la sensación de que “casi toda nuestra vida trabajamos y ya está”, que el tiempo se va.  

Como “metáfora de la vida contemporánea” expuso una obra de la artista Marta Azparren que refleja una rutina, una imagen que materializa la cadencia del bucle porque representa los movimientos de los trabajadores de una fábrica, que son casi los mismos movimientos. “Desde que nuestros trabajos están mediados por máquinas, se favorecen ciertas inercias”, señaló, “pero lo que no se ha logrado es un mundo más igualitario”. La tecnología, la mediación por pantallas, en realidad no ha conseguido el objetivo de “darnos más tiempo para nosotros”.

Zafra recordó a Simone Weil, que defendía que una organización social es buena si avanza hacia la igualdad y mala si lo hace hacia la desigualdad, pero es odiosa si favorece los comportamientos estancos. También recordó a César Manrique por la importancia que tiene “enseñar a ver”, encontrar en un rayo, un extrañamiento que nos perturba, una revelación que permite romper el bucle. “Si los libros que leemos no nos perturban, para qué los leemos”, decía Kafka. Y sin embargo los trabajos creativos se están transformando hacia la rutina.  

Esa perturbación o esa escritura rebelde nos permite decir sí y no a la vez. No a la deshumanización tecnológica, al esfuerzo por crear apariencia, al desafecto por tareas que no tienen que ver con su propósito como investigar, enseñar o crear. Y sí al tiempo propio, a los cuidados o al planeta.

Hay al menos tres razones para esa escritura rebelde. La primera es que la cultura está en lo que es difícil de narrar, lo inefable. Propone hablar de la práctica creativa desde la libertad y la motivación, no olvidar cuál es el objetivo por el que hacemos las cosas, recordar el amor por hacer las cosas con valor, su verdadero sentido. A diferencia del trabajo creativo, con muchos otros trabajos solo se logra el placer con el resoplido final. Zafra ha recogido testimonios de creadores porque es importante narrar cómo hacen lo que hacen y no solo el resultado. Esos testimonios revelan prácticas como pagar con visibilidad de su obra, la presión de agradar o la competición constante.

La segunda es que la transformación tecnológica está motivada por fuerzas monetarias. El mundo cada vez más mediado por pantallas “nos hace olvidar los cambios sobre los que se asienta la transformación digital”, que provoca la conversión del sujeto en un producto, que impulsa la precariedad de la apariencia frente al sentido, que no favorece la profundización y en el que hemos aceptado que lo más visto es lo más valioso. “Si no hay tiempo para pensar no se puede profundizar ni generar pensamiento crítico”.

En ese mundo se ha producido un giro antropológico en el que lo privado ya se ha convertido en público y estamos bajo escrutinio permanente. La profesión se eclipsa por la búsqueda de audiencia, el artista se convierte en una marca, se paga con visibilidad, se fusiona el tiempo de vida y de trabajo, se falsea la promesa de mayor disponibilidad de tiempo y las tareas más mecánicas no las hacen las máquinas, sino los trabajadores más precarios. Se ha pasado de una generación educada en la penalización del descanso a llenar los tiempos limpios con actividades bajo paquetes turísticos. En lugar de terror el vacío, hay terror al vago, al que intenta no hacer nada.

La tercera es la crisis ecosocial planetaria. Si la vida se convierte en un concurso, los compañeros son rivales. Zafra expone el vínculo necesario entre cultura y comunidad frente a esta crisis: la cultura como costura comunitaria. Cambiar esa sumisión “implica vernos entre nosotros”. La sororidad y los cuidados aparecen como ejemplos para ese reto, dadas las similitudes entre el patriarcado y el tecnocapitalismo. Ambos hacen a los sujetos responsables de su subordinación, autoexplotación, rivalidad o aislamiento. En lugar del capital afectivo como pago aparece el capital simbólico. “No se trata de resignarnos a tener un rato de descanso y volver a lo mismo, sino de renegociar los tiempos y que el planeta no sea un lugar de producción sino de cuidados”. Salvar un concepto de la vida. “Se trata de mirar al futuro”, tener conciencia crítica y construir una alternativa limpia, basada en la calidad de la vida porque, aludió a las palabras de César Manrique “el futuro nunca está conseguido”.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia: Grabación

vendredi 10 mai 2024