Remedios Zafra: «La tecnología no ha conseguido el objetivo de darnos más tiempo para nosotros»

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“Para una toma de conciencia planetaria necesitas escuchar a gente que vea con claridad lo que pasa”. Por eso dice Remedos Zafra, escritora y ensayista, que César Manrique forma parte de su vida en estos últimos años, gracias a las enseñanzas de amigos más jóvenes.

Hace años que Zafra reflexiona sobre el tiempo, el trabajo creativo o la deshumanización tecnológica. Lo ha hecho en su último libro, ‘El informe. Trabajo intelectual y tristeza burocrática’ (Anagrama) y lo hizo en la conferencia ‘Razones para una escritura rebelde’, que impartió en la sala José Saramago el 9 de mayo, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’.

En ese libro habla de la transformación de los trabajos creativos o intelectuales dentro de este “mundo acelerado que habitamos” dominado ya por el tecnocapitalismo en el que hasta el tiempo de descanso debe ser organizado por tareas, en el que el tiempo “limpio” se convierte en tiempo “enlatado”. Se preguntó al inicio si no deberíamos repensar lo que llamamos vida para no irnos con la sensación de que “casi toda nuestra vida trabajamos y ya está”, que el tiempo se va.  

Como “metáfora de la vida contemporánea” expuso una obra de la artista Marta Azparren que refleja una rutina, una imagen que materializa la cadencia del bucle porque representa los movimientos de los trabajadores de una fábrica, que son casi los mismos movimientos. “Desde que nuestros trabajos están mediados por máquinas, se favorecen ciertas inercias”, señaló, “pero lo que no se ha logrado es un mundo más igualitario”. La tecnología, la mediación por pantallas, en realidad no ha conseguido el objetivo de “darnos más tiempo para nosotros”.

Zafra recordó a Simone Weil, que defendía que una organización social es buena si avanza hacia la igualdad y mala si lo hace hacia la desigualdad, pero es odiosa si favorece los comportamientos estancos. También recordó a César Manrique por la importancia que tiene “enseñar a ver”, encontrar en un rayo, un extrañamiento que nos perturba, una revelación que permite romper el bucle. “Si los libros que leemos no nos perturban, para qué los leemos”, decía Kafka. Y sin embargo los trabajos creativos se están transformando hacia la rutina.  

Esa perturbación o esa escritura rebelde nos permite decir sí y no a la vez. No a la deshumanización tecnológica, al esfuerzo por crear apariencia, al desafecto por tareas que no tienen que ver con su propósito como investigar, enseñar o crear. Y sí al tiempo propio, a los cuidados o al planeta.

Hay al menos tres razones para esa escritura rebelde. La primera es que la cultura está en lo que es difícil de narrar, lo inefable. Propone hablar de la práctica creativa desde la libertad y la motivación, no olvidar cuál es el objetivo por el que hacemos las cosas, recordar el amor por hacer las cosas con valor, su verdadero sentido. A diferencia del trabajo creativo, con muchos otros trabajos solo se logra el placer con el resoplido final. Zafra ha recogido testimonios de creadores porque es importante narrar cómo hacen lo que hacen y no solo el resultado. Esos testimonios revelan prácticas como pagar con visibilidad de su obra, la presión de agradar o la competición constante.

La segunda es que la transformación tecnológica está motivada por fuerzas monetarias. El mundo cada vez más mediado por pantallas “nos hace olvidar los cambios sobre los que se asienta la transformación digital”, que provoca la conversión del sujeto en un producto, que impulsa la precariedad de la apariencia frente al sentido, que no favorece la profundización y en el que hemos aceptado que lo más visto es lo más valioso. “Si no hay tiempo para pensar no se puede profundizar ni generar pensamiento crítico”.

En ese mundo se ha producido un giro antropológico en el que lo privado ya se ha convertido en público y estamos bajo escrutinio permanente. La profesión se eclipsa por la búsqueda de audiencia, el artista se convierte en una marca, se paga con visibilidad, se fusiona el tiempo de vida y de trabajo, se falsea la promesa de mayor disponibilidad de tiempo y las tareas más mecánicas no las hacen las máquinas, sino los trabajadores más precarios. Se ha pasado de una generación educada en la penalización del descanso a llenar los tiempos limpios con actividades bajo paquetes turísticos. En lugar de terror el vacío, hay terror al vago, al que intenta no hacer nada.

La tercera es la crisis ecosocial planetaria. Si la vida se convierte en un concurso, los compañeros son rivales. Zafra expone el vínculo necesario entre cultura y comunidad frente a esta crisis: la cultura como costura comunitaria. Cambiar esa sumisión “implica vernos entre nosotros”. La sororidad y los cuidados aparecen como ejemplos para ese reto, dadas las similitudes entre el patriarcado y el tecnocapitalismo. Ambos hacen a los sujetos responsables de su subordinación, autoexplotación, rivalidad o aislamiento. En lugar del capital afectivo como pago aparece el capital simbólico. “No se trata de resignarnos a tener un rato de descanso y volver a lo mismo, sino de renegociar los tiempos y que el planeta no sea un lugar de producción sino de cuidados”. Salvar un concepto de la vida. “Se trata de mirar al futuro”, tener conciencia crítica y construir una alternativa limpia, basada en la calidad de la vida porque, aludió a las palabras de César Manrique “el futuro nunca está conseguido”.

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Fernández Polanco: «Crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente»

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A grandes pasos, “calzando las botas de siete leguas”, la catedrática de Historia del Arte, Aurora Fernández Polanco, recorrió con su conferencia “La naturaleza como no-paisaje: acciones, estudios y labores desde el arte contemporáneo” el camino de la separación entre la cultura y la naturaleza desde el siglo XVIII. Fue un camino convertido en comedia del arte en tres actos: el primero, para contar el nacimiento de esa distancia, el segundo con las escenas que se apropian del territorio como lugar y el tercer acto, “aterrizados ya en la tierra”, en el que expuso las prácticas actuales desde la conciencia de la colaboración necesaria entre todas las disciplinas.

El camino comenzó por pensadores como Rousseau y su obsesión por la totalidad, que ya enmarca la naturaleza como paisaje, o Goethe que se mudó a una casa en el campo, o Kant que “si hubiera tomado tierra, otro gallo nos hubiera cantado”, señaló Fernández Polanco. Son autores influidos por lo que Almudena Hernando denomina la fantasía de la individualidad, “como si no dependiéramos unos de otros”. Es un momento de sublimación en el que domina la estética de “lo pintoresco que alegra el ojo”, pero no es una mirada inocente porque existe relación entre el paisaje y la ideología, y entre el paisaje y el poder. La conferenciante puso diversos ejemplos de cómo se separa el paisaje de la naturaleza. Esos paisajes, por otra parte, se encargan de hacer invisibles los procesos de industrialización que no aparecen en los cuadros de la época. “El impresionismo cumple esa función de enmascarar la industria”. Dicho de manera más gráfica: convierte el humo en nubes.

El segundo acto: el “chispazo del como no”, haciendo alusión al título de la conferencia. Fernández Polanco puso ejemplos del siglo XX de destrucción y construcción del territorio, miradas de artistas que ponen su atención en lo que ocurría en la periferia y el exceso de construcción. Ya se considera el territorio como espacio vivido. Se trata de “ir más allá de las apariencias y aproximarse a las experiencias”, alejarse de la naturaleza como paisaje.

Y después de la naturaleza enmarcada y el territorio vivido, llega el tercer acto, el de “tomar tierra” o sentir la piedra del territorio en el zapato. Este último acto es una búsqueda de soluciones a la crisis ecosocial a través de un cruce entre los saberes populares y académicos y entre diferentes disciplinas. “La naturaleza no es exterior ni inerte” y en este acto se cuestionan las dicotomías anteriores.

Fernández Polanco destacó el trabajo de Jaime Vindel, doctor en Historia del Arte, cuya obra pone el dedo en la llaga sobre cuáles son los imaginarios “que nos han llevado a la estética de lo fósil” con el objetivo de salir de ese marco. La autora puso algunos ejemplos de trabajos de estudiantes de Bellas Artes que ya toman ese camino, con mecanismos de apropiación de espacios y “ganas de humanizar las ciudades”, como la propuesta de ‘A tomar la fresca, que es verano’, talleres de fabricación de bancos o el trabajo de la Fundación Antonino y Cinia en el pueblo leonés de Cerezales del Condado. Este tipo de proyectos toman el paisaje como un medio, no como un fin. En esa misma línea está la iniciativa titulada “El aula de las maravillas”, de Bárbara Fluxá, aparentemente un aula paleobotánica sobre las minas de Fabero que desafía la lógica dualista y en la que se cruzan la modernidad y la naturaleza, que acabó convertida en unas jornadas de diálogo. También expuso el proyecto de agrociudad de Amelie Aranguren sobre Roma y la videocreación Barruntaremos de Asunción Molinos Gordo, que habla de las Cabañuelas como método tradicional de predicción meteorológica.

Los tres actos, en definitiva, se funden en una sola preocupación: conocer y amar la pequeña parte del mundo que pisamos. Fernández Polanco terminó su intervención señalando que tanto los academicistas como aquellos que representan el saber popular, “están en el mismo saco” y estarían de acuerdo tanto en el Manifiesto por la sostenibilidad de Lanzarote de la Fundación César Manrique como en que “crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente”.

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Gregorio Cabrera: «Personas como Antonio Corujo demuestran que hay un hilo conductor entre el ayer y el presente que jamás debemos perder de vista»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió el viernes 24 de noviembre la presentación del libro Antonio Corujo. Siglos de arena y sal, escrito por Gregorio Cabrera y editado por el Departamento de Publicaciones de la FCM dentro de su colección «Islas de Memoria». El acto tuvo lugar en la sala José Saramago (La Plazuela, Arrecife) y fue retransmitido en directo a través de la web y el canal de Youtube de la institución.

El periodista Saúl García abrió el acto justificando su presencia por su amistad con Gregorio Cabrera y por ser el prologuista del libro que se presentaba. Comentó que autor y protagonista son dos personas auténticas, genuinas, que reciben la misma frecuencia, que tiene que ver con la tradición oral y el patrimonio inmaterial de la isla, y con la idiosincrasia lanzaroteña.

Señaló que Corujo es una artista innato y que, tras la lectura del libro, comprendió la importancia de Antonio Corujo como depositario de una tradición pero que además, añade el valor de hacerla suya y de transformarla, que es lo que hacen los grandes. Asimismo, señaló que se trata de un libro muy bien escrito, con el lenguaje adecuado, el tempo, la composición o el tono, y pidió que se culmine el trámite para su nombramiento como hijo predilecto de Lanzarote.

Saúl García y Gregorio Cabrera

Gregorio Cabrera comenzó señalando que hay acontecimientos que permanecen para siempre en la memoria. «Yo fui uno de aquellos niños y niñas del colegio Salinas de Arrecife a quienes avisaron un día antes de que vendría un señor a actuar en clase. Nos dijeron algo de unas coplas de El Salinero, aunque nuestra imaginación infantil pasó a otra cosa rápidamente», afirmó.

Aquel hombre, claro, era Antonio Corujo, con su cachorro, su timple y sus lapas. «Y el eco de ese timple, de esas lapas y de esas coplas resonó para siempre en nuestro interior», aseguró. «Nos entregó su arte, su verdad, su conocimiento, y es lo que ha hecho toda su vida. Por eso nadie que haya escuchado a Antonio puede olvidarlo».

Enlazó este hecho el autor del libro con la impresión que debieron llevarse los hombres que estaban en la barbería y cantina de su padre, en San Bartolomé, «aquel día que el pequeño Antonillo se arrancó a cantar y los dejó a todos con la boca abierta antes de volver a ‘ver, oír y callar’, que era la orden que le imponía su padre mientras servía vasitos de vino de La Florida o cogía la brocha para echar espuma en los rostros de quienes iban a ser afeitados».

«Antonio, en definitiva, es un artista porque deja huella. Y también porque es incapaz de interpretar algo que no sienta como propio y porque quiebra los límites del tiempo». Cabrera narró el proceso de entrevistas con Corujo para afrontar la escritura de este libro, que supone el séptimo número de la colección «Islas de Memoria». Comenzaron dialogando en su peluquería, pero las entrevistas se veían interrumpidas por los clientes, y después en restaurantes, donde Antonio solía terminar enhebrando una copla, una seguidilla o un poema tras otro, «así que era normal que acabara llamando la atención de todo el mundo, lo cual no era lo mejor para la entrevista, pero sí suponía la mejor demostración de que donde está Antonio está el escenario», tal y como reconocen sobre él desde el escritor Antonio Hormiga hasta el timplista Domingo Rodríguez, El Colorao.

«La verdad es que si no existiera un Antonio, habría que escribirlo. Por fortuna, existe, y solo ha sido necesario escribir su biografía», dijo el autor, que considera que «hablar con Antonio y contar su historia es como entrar en un túnel del tiempo», en un recorrido desde el barrio de El Jable en San Bartolomé hasta la actualidad pasando por las salinas de Janubio. «Antonio es, a su manera, una duna en la que confluyen siglos de arena y es depositario del legado de su familia».

Cabrera explicó que las coplas de Víctor Fernández Gopar El Salinero «son coplas que denunciaron las desigualdades sociales de la época, así que no es raro que encontraran el mejor eco posible en Antonio Corujo, que, como ya sabemos, no le presta su voz a nada que no encierre un significado».

Antonio Corujo siempre ha vivido en el presente, aunque lo haga desde la defensa de la tradición. Prueba de ello es que algunos de los proyectos musicales más innovadores que han tenido lugar en las últimas décadas en Canarias han contado con su colaboración. «Personas como Antonio nos demuestran que existe un hilo conductor entre el ayer y el presente que jamás debemos perder de vista. Y no como un ejercicio de nostalgia, sino porque tirar de este hilo invisible nos hará ver el presente y el futuro de una manera más clara y diferenciar entre lo que es un legado y lo que es simplemente un lastre», agregó Cabrera.

El autor finalizó su intervención hablando del proceso de escritura del libro. En este sentido explicó como su intención «ha sido transmitir parte de ese conocimiento y de esa particular manera de estar en el mundo de Antonio». Reveló que el libro surgió en la mesa de la cocina de su casa de La Isleta «donde se cocinó literalmente este texto, porque es la mesa más grande que tenemos y la única donde podíamos desplegar los cientos de folios con apuntes y recortes de prensa de cada capítulo».

Señaló que acabó saliendo airoso de ese proceso de escritura «gracias a la gran verdad que habita en Antonio Corujo». «Su autenticidad me salvó de todas las tormentas», afirmó para posteriormente cerrar el acto citando unas palabras de Antonio Corujo que ya forman parte de la banda sonora de Lanzarote: «Estamos, que no es poco, y nos seguimos mirando». Como colofón, el protagonista del libro recitó ante el público el poema Lanzarote, de Vicente C. Hernández. A continuación, y durante más de una hora, el autor y el protagonista procedieron a la firma de los ejemplares del libro.

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Íñigo Losada: «La erosión y la inundación son los dos problemas principales para la costa canaria»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió este jueves 26 de octubre, en la sala José Saramago, la conferencia Riesgos y adaptación al cambio climático en la costa canaria, pronunciada por el ingeniero hidráulico Íñigo Losada, uno de los expertos más relevantes a nivel internacional en costas, cambio climático y energía offshore.

El experto explicó que el riesgo en la costa viene determinado por tres factores: la exposición, la vulnerabilidad y la peligrosidad. Para intentar reducirlo existen dos posibles acciones: la mitigación y la adaptación. Además, es importante “tener una visión sistémica de la costa” ya que esta “no entiende de competencias ni de límites municipales”.

El nivel del mar subirá más cuantas más emisiones de CO2 se emitan a la atmósfera, ya que el océano las absorbe. El nivel del mar aumentará pero no de igual forma en todas partes. De momento, en Canarias, la subida media es de cuatro milímetros al año, lo que supone que en algunos tramos acabará subiendo el doble. La cota de inundación no es igual en todos lados y por eso es importante tener la información a escala local, matizó Losada.

En un escenario en el que apenas se reduzcan las emisiones, en el año 2100 el nivel del mar podría llegar a aumentar más de un metro en algunas zonas, con una subida media de 20 milímetros por año. “En ese caso no seríamos capaces de adaptar la costa”, sentenció. La mayor preocupación para los expertos está en los fenómenos extremos, que cada vez van a ser más frecuentes.

La erosión y la inundación son los dos problemas principales para la costa canaria. Aunque el nivel medio aumente poco, va a tener influencia en la inundación. En cuanto a la erosión, “si la playa retrocede, ya no se recupera. Por cada centímetro de aumento del nivel del mar, la playa retrocederá un metro”. La pérdida de las playas es uno de los mayores riegos para las costas canarias “si no hacemos nada”. “Y no solo sería negativo desde el punto de vista económico/turístico, sino porque si no hay playa, las olas no rompen, y, si no rompen, hay más probabilidad de inundaciones”, destacó el experto.

La adaptación de la costa, por su parte, no tiene una visión global, sino que se trata de algo muy local. El Gobierno de Canarias encargó un amplio estudio que permite conocer los indicadores del riesgo de inundación y erosión costera frente al cambio climático en Canarias. En ese estudio, realizado por Grafcan con el apoyo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y en el que también participó el Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria del que Losada es cofundador, se calculan varios escenarios futuros posibles.

El estudio, que presenta los mapas de potenciales inundaciones y se puede consultar en la web pimacostas.grafcan.es, evalúa el riesgo y da a conocer la peligrosidad a escala local. Se calcula el riesgo sobre cinco elementos: la población, el tejido productivo, el patrimonio, las infraestructuras y los ecosistemas.

Con el horizonte más crítico para 2100, con un aumento de 4ºC en la temperatura del mar, en Lanzarote se producirían retrocesos de las playas de entre 25 y 40 metros. En el informe se añade un índice con todas las posibles actuaciones de adaptación a realizar en las costas canarias, desde grandes infraestructuras a pequeñas intervenciones en función de los riesgos y de los diferentes escenarios y espacios temporales. En Lanzarote, si no se actúa, el mayor riesgo se encuentra en las zonas urbanas.

En cuanto a las adaptaciones de los lugares costeros, el profesor apuntó que en España “todo el mundo tiene competencias en las costas”, todas las administraciones, y por tanto las políticas respecto a la costa están muy fragmentadas. “La costa es transversal y hace falta una coordinación importante”, aseguró apelando a una nueva gobernanza. Para adaptar la costa se pueden llevar a cabo acciones de retirada planificada, acomodación, protección o incluso de avance.

La línea del deslinde marítimo terrestre, en cualquier caso, va a seguir avanzando hacia el interior. “Va a ser difícil mantener la costa como ahora. Tendremos que aprender a vivir con más riesgo”, o adaptarnos según Losada, que puso como ejemplo a Reino Unido, en donde se barajan escenarios en los que el Támesis suba hasta cuatro metros.

Finalizó exponiendo el caso de Garachico que “ha servido como laboratorio” tras haber sufrido varias inundaciones recientes, algunas de ellas muy extremas. En Garachico no se puede retroceder, por el terreno escarpado, y tampoco es viable levantar un muro, que taparía la visión del mar. En ese pueblo, las pérdidas económicas por las inundaciones ya son de 800.000 euros, mientras que en la Macaronesia se calculan en unos 250 millones. Según Losada, que explicó las medidas que se han aplicado en Garachico, “es necesario actuar”.

Como conclusiones, la costa canaria sí que está amenazada por el cambio climático. No obstante, el Archipiélago ya ha dado un paso importante, que es haber realizado esa primera evaluación del riesgo. Es fundamental la colaboración entre administraciones, y de estas con el sector privado, y también es básica la monitorización de la evaluación del riesgo porque permitirá reducir costes, así como la mitigación y la adaptación, que harán que la costa sea más o menos resiliente a los efectos del clima.

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José Díaz Bethencourt: «El discurso sobre el paisaje en Canarias no ha cambiado mucho»

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José Díaz Bethencourt presentó en la sala José Saramago el último título de la colección Torcusa, que edita la Fundación César Manrique: Paisaje en celuloide. Canarias como decorado cinematográfico. El libro, explicó el autor, tiene su origen más remoto en su interés por el cine y en una beca del Gobierno canario. Con esa beca, realizó una tesina y, aunque tuvo una oferta para su publicación, la pospuso porque la Filmoteca canaria justo había publicado en aquel momento un trabajo similar.

Díaz fue la primera persona que comenzó a interesarse por recopilar los rodajes realizados en las Islas. Esta publicación recoge rodajes del siglo XX, centrándose en los largometrajes, aunque también incluye algún corto, sin incorporar los rodajes de series de los últimos años. En este sentido, el autor señaló que no se trata de un recorrido «detallado», sino de destacar lo más significativo, analizando su impacto en la población y cómo se reflejaron en la prensa.

Tanto el libro como la presentación del mismo que hizo su autor, siguieron un orden cronológico. En primer lugar, Díaz habló sobre los motivos que llevan a las productoras a elegir Canarias para sus rodajes cinematográficos y, «aunque sea un tópico», puntualizó, es por la gran diversidad paisajística y su climatología. «El discurso sobre el paisaje no ha cambiado mucho» en los últimos 120 años, aseguró. La labor actual de la Film Commission orientando a las productoras sobre los paisajes más convenientes para rodar según sus necesidades, ya se reflejaba en la prensa de hace cien años.

La primera producción en Canarias con capital isleño fue El ladrón de los guantes blancos (1926) y ya entonces se relacionó el paisaje y el cine como un reclamo turístico. La película se rudó en Tenerife y tuvo su contestación, dos años después, en Gran Canaria, con la realización de otra película de «peor calidad», pero de «interés etnográfico», titulada  La hija del mestre (1928), rodada en el barrio de San Cristóbal.

Después, el director alemán Douglas Sirk rodó La Habanera (1937), ambientada en el Caribe. Ese rodaje de la UFA, el estudio cinematográfico más importante de Alemania, despertó el interés en la islas por la posibilidad de rodar. Así, comenzó a rodarse cine folclórico como Tierra canaria (1941) de Rafael Gil, Alma canaria (1947), de un «tipismo empalagoso», y varios cortos del No-Do.

Llega la «época dorada» de los años cincuenta con películas españolas y extranjeras como Tirma (1954), Mara (1958), El reflejo del alma (1958) y Moby Dick (1956). Estas supusieron, según Díaz, «un acontecimiento», principalmente, el último largometraje citado, por la llegada de Gregory Peck. Es a partir de este momento cuando se empieza a pensar en la conveniencia de que lleguen más películas e incluso en que Canarias sea un lugar de producción y no solo de rodaje. Es tal el entusiasmo que se suscita, que la prensa habló incluso de la visita al Archipiélago de estrellas de Hollywood que en realidad nunca llegaron, como Marlon Brando o Spencer Tracy.

En los años sesenta se ruedan películas como Más bonita que ninguna (1965), de Rocío Dúrcal, y alguna del Dúo Dinámico y en los setenta se hace incluso cine S o porno, películas del Oeste o de James Bond. Díaz destaca entre ellas las de Jess Franco que rodó Ópalo de fuego (1978), sobre la que la prensa dijo que «destroza visualmente» Canarias ya que su ambientación era oscura.

En los años ochenta aparece el proyecto Cinematógrafo Yaiza Borges, en Santa Cruz de Tenerife, un colectivo que exhibía películas que normalmente no se veían en las salas comerciales. Esta asociación fundada por miembros de la Asamblea de Cineastas Independientes Canarias (ACIC) intentó producir la película Mararía, pero finalmente no fue posible y la acabó rodando Antonio Betancor.

Otras artes

Según Díaz Bethencourt, el primer interés por el paisaje de Canarias no vino del cine ni del arte sino de la literatura, con Guillén Peraza o Antonio de Viana. Después, «la Arcadia canaria se va reflejando en la pintura y todas las artes van recogiendo esa idea» de las islas afortunadas, hasta que Pedro García Cabrera muestra también la visión de la desnudez del paisaje de Tenerife y no solo de su exuberancia. Los surrealistas y la exposición en la que participó André Breton en Tenerife influyen también en la mitificación del paisaje isleño.

La segunda parte del libro se centra en cuatro películas rodadas en Lanzarote y un proyecto que no vio la luz. Dos de ellas son del alemán Werner Herzog, Todos los enanos empezaron pequeños (1970), rodada en un caserón en Tegoyo, «que transgrede todo y vuelve los paisajes del revés» y Fata Morgana (1969), «una cosa de locos». Las otras dos son la superproducción Hace un millón de años (1966), con Raquel Welch, y Road to salina (1969), que incluye escenas de desnudos y una historia de incesto que pasó la censura. El proyecto que no se llegó a hacer por su alto coste de rodaje fue la adaptación de la novela de Ignacio Aldecoa, Parte de una historia, que debía rodar Juan Antonio Bardem en La Graciosa y de la que llegó a escribir el guion.

El libro, finalmente, incluye bibliografía y un apartado con la filmografía citada. El autor terminó la presentación con un pequeño homenaje a César Manrique mostrando una escena de la película Mr. Arcadine, de Orson Welles, en la que aparece en el camarote de un barco un cuadro del artista lanzaroteño.

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Soledad Gallego-Díaz: «Es la primera vez que existen medios creados e ideados exclusivamente para la manipulación»

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La situación actual del panorama mediático es “muy complicada” a juicio de Soledad Gallego-Díaz, ex directora de El País y protagonista de la conversación titulada “El periodismo de hoy en la mesa de disección” junto con los periodistas Techy Acosta y Saúl García. “No vemos la solución a este embrollo”, matizó Gallego-Díaz para luego destacar, como lo más importante y fundamental, la recuperación de poder por parte de los periodistas dentro de las redacciones “para conseguir que se respeten los principios básicos del periodismo”.

Explicó que, tras la crisis y la desaparición del anterior modelo de negocio, se va consiguiendo un nuevo modelo gracias a la suscripción, “pero no es suficiente”, ya que, sobre todo los medios más pequeños, necesitan publicidad o que el Estado los considere como un bien social y los subvencione porque permiten crear espacios donde se pueda debatir en común, “que es una de las cosas que ha desaparecido”. 

Así mismo, la ex directora de El País señaló la importancia de diferenciar la opinión de la información y reconocer los hechos: “No es bueno que no compartamos los hechos, tenemos que hablar sobre el mismo hecho y hay medios de comunicación que los niegan sistemáticamente”. “Usted puede ser de izquierdas o de derechas y tener una línea editorial, pero no mezcle información y opinión”. A este respecto, Gallego-Díaz dijo que es la primera vez que existen medios creados e ideados exclusivamente para la manipulación y que sería importante que fuéramos capaces de expulsar de la profesión periodística a este tipo de medios “que crean una confusión enorme” y pretenden “romper la sociedad” a través de la manipulación.

¿Cómo hacer para que el ciudadano vuelva a acercarse a los medios? “También es difícil”. Una de las premisas sería que el periodismo mantenga su propia agenda y no se deje arrastrar por otros debates. En este sentido, la veterana periodista indicó que no es nuevo que alguien busque el medio que más se ajusta a sus creencias pero, insistió, en que lo novedad está en que existan medios que no respeten los hechos.

“Somos los profesionales los que vemos los problemas y decidimos lo que hay que contar”, señaló, frente al algoritmo que “no es neutral” y pretende que la gente solo reciba la información que le interesa. “¿Cómo cuentas entonces que hay una hambruna, si eso no está entre las prioridades de nadie?”, ejemplificó para explicar a continuación que los periodistas deben “intentar convencer a la gente de que este tipo de cosas afectan a su vida, aunque no quieran saber nada sobre eso”.

Con respecto a las redes sociales, Soledad Gallego-Díaz expuso que estas “no indican los problemas de la gente”, sino los temas de los que están hablando y, precisamente, los usuarios “no están hablando todo el día de sus problemas”. El problema viene cuando se habla de tonterías y “los medios entran de cabeza a contar esa tontada, dando a entender que es un tema importante y resulta que no lo es”.

Por otro lado, la ex directora de El País, también planteó la dificultad para afrontar los bulos. Explicó que The New York Times estuvo una semana desmintiendo que Hillary Clinton formara parte de un grupo de pederastas, porque se retuiteó miles de veces, en lugar de investigar a Donald Trump, y habló de la dificultad de regular a las grandes tecnológicas y su responsabilidad sobre las mentiras que se publican en sus plataformas.

Respecto a la creciente importancia del lenguaje audiovisual frente al lenguaje escrito, expresó que cuando apareció la televisión, cambió la forma de contar las cosas, pero no fue tan radical como ahora: “Habría que convencer a la gente joven de que Tik Tok puede ser muy entretenido, pero no es información”.

Durante la conversación, también se analizaron las relaciones entre la prensa y el poder y su connivencia, puso como ejemplo a Sir Robin Day, un “gran periodista británico” que trabajó con Margaret Thatcher y después volvió a la BBC y le hizo a ella la entrevista más dura posible “porque respetaba las reglas”. “Lo que hay hoy es un problema de medios dirigidos por sinvergüenzas”, sentenció.

En lo relativo a la inteligencia artificial, Gallego-Díaz manifestó su utilidad, no obstante también dijo que podía ser un peligro. A su juicio, habría que llegar a un acuerdo internacional para que la IA lleve un sello, que se identifique como una advertencia al lector de que un contenido determinado se ha producido gracias a la inteligencia artificial. “Sobre eso creo que podríamos ponernos de acuerdo sin necesidad de grandes discusiones”, aseveró.

Acerca de la prensa local, la periodista dijo considerarla fundamental por su mayor cercanía a los problemas locales y porque gracias a ella los lectores tienen la posibilidad de discutir sobre algo común, además de lo beneficiosa que resulta para los medios nacionales e internacionales. Apostó, así mismo, por la publicidad institucional local “de acuerdo a unas reglas aceptadas por todo el mundo que ayude a mantener estos medios”.  También habló, a preguntas del público, de su experiencia como defensora del lector y de los problemas que tiene la prensa en papel.

Soledad Gallego-Díaz finalizó pidiendo mayor formación en las escuelas para crear a ciudadanos con espíritu crítico. “Decir que todos los periodistas mienten y que los medios están vendidos debilita la democracia, forma parte también de esa manipulación de que la democracia no es útil para estos momentos, que no puede resolver los problemas”, apuntó para luego añadir: “Los periodistas somos útiles, cumplimos un papel necesario en una sociedad democrática y deberíamos defender nuestro trabajo, pero nos hemos dejado comer por los especialistas en tecnología”. Sin embargo, matizó, “el oficio que tenemos es necesario, tiene unas reglas que ustedes deben exigirlas y nosotros respetarlas”. “Ustedes presionen para que los periodistas respeten las normas y nosotros para que desaparezcan la cantidad de sinvergüenzas que hay”, concluyó dirigiéndose al público. 

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Germán Díaz y la zanfona, “una especie de sintetizador del siglo X”

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En el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela se puede ver a dos hombres tocando el organistrum, el antecedente de la zanfona, un instrumento milenario sobre el que Germán Díaz, músico y filólogo clásico, ofreció un concierto ilustrativo en la sala José Saramago. A través de piezas clásicas y modernas, el músico vallisoletano hizo un recorrido por la historia de la zanfona. El punto de partida fue la Edad Media, un periodo en el que se mecanizaron muchos instrumentos, como fue el caso de la zanfona, que recoge el esquema del violín mecánico, pero en lugar del arco tiene una rueda sobre la que se colocan las cuerdas y una manivela que las mueve. A lo largo del instrumento hay unas espadillas que cortan las cuerdas para dar la nota correspondiente, y unas cuerdas, denominadas simpáticas, que resuenan gracias al tono de las principales. “Es una especie de sintetizador del siglo X”, afirmó Díaz.

La zanfona aparece reflejada en muchas iglesias y catedrales, a lo largo del Camino de Santiago, de la Ribera del Duero o de la Magna Vía Francigena en la isla de Sicilia. Hoy en día quedan muchos vestigios visibles. Actualmente, este instrumento ha disminuido su tamaño y lo toca una sola persona. Díaz bromeó con las causas, con el hecho de que “el de la manivela no podía más”. Además, es un instrumento vinculado con las primeras polifonías. Fue muy importante para desarrollar ese tipo de canto. También era codiciado para aprender a cantar en solitario, sin ayuda de un profesor.

En todas las grandes ciudades europeas, de Norte a Sur y de Este a Oeste, está presente la zanfona. Era una tradición viva en toda Europa. Posteriormente, se desarrolla también fuera del ámbito litúrgico y se  vincula a la llamada literatura de cordel. Los ciegos se paseaban de pueblo en pueblo contando historias escabrosas o truculentas que vendían en pliegos y que acompañaban tocando la zanfona. Para Díaz, resulta increíble que fuera un ciego quien tocara este instrumento por la precisión que requieren sus cuidados, entre los que destacan el uso de resina para la manivela y la colocación de algodones en las cuerdas, además de tenerse que afinar constantemente.

La zanfona está relacionada con las historias truculentas, así como con lo esotérico o con las historias mágicas y parece emparentada con las músicas orientales, aseguró el músico. De hecho, una tesis doctoral  afirmaba que la introdujeron los árabes en Europa, hasta que se supo que la traducción no se correspondía con el original. Fue un instrumento de Corte en la Francia del XVIII. Recientemente, tuvo un gran auge a partir de los años setenta, principalmente gracias a Valentin Clastrier, que le incorpora el sonido electroacústico.

En su recorrido musical, Germán Díaz se acompañó en algunas piezas de otros instrumentos mecánicos, como la caja de música programable, que lee una tarjeta perforada o la rolmónica cromática, que tuvo gran éxito en Estados Unidos a partir de los años veinte.  El músico interpretó un total de once piezas, algunas clásicas y otras modernas, tanto composiciones propias como ajenas. La primera de ellas fue La rosa florece, seguida de Cirro, Romance de la casada en lejanas tierras, una pieza del Cancionero Popular de Burgos, de Federico Olmeda, del Der Leiermann (El zanfonista) de Schubert, una muestra de una pieza acompañada de canto difónico (varias notas con una sola garganta), Perfume de gitano, La rueda de la vida, una de la banda sonora de la película La eternidad y un día, de Eleni Karaindrou y el bis, que fue un tema propio, Rue de Bègles, una calle de Burdeos a la que llegó en medio de un viaje por toda Europa para transportar el único ejemplar que queda de la lira organizzata o zanfona órgano.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia-concierto: Grabación

Orencio Boix: «César es pionero a la hora de utilizar el arte como un medio pedagógico y de toma de conciencia»

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“En el volcán. Manrique: Jameos del Agua / Casa Tahíche” es un videoensayo dirigido por Orencio Boix y coproducido por el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca (CDAN) y la Fundación César Manrique (FCM) en el marco de la celebración del centenario del nacimiento del artista. Juan Guardiola, exdirector del CDAN y que actualmente dirige la Fundación Díaz-Caneja de Palencia, explicó que la película surge del interés de hacer un proyecto en el CDAN sobre los primeros trabajos de César Manrique, pero “no sabía por dónde empezar”. Después recibió una invitación de la FCM para participar en los actos del centenario del artista, durante el cual se tenía que haber estrenado la película.

La realización del videoensayo se le encargó a Orencio Boix, que ya había realizado anteriormente películas similares como “Notas de la Aljafería”, “La Casa Ena” y “Estancias” en las que aborda el papel que juega la arquitectura en la construcción de las sociedades. Además, se daba la casualidad de que aún siendo de Huesca, conocía la existencia de César Manrique desde su infancia pues era amigo de un nieto de Antonio Álvarez, el que fuera vicepresidente del Cabildo, y relató como en casa de su amigo se notaba la admiración que sentían por Lanzarote y por el artista.

La película, que tiene una duración de 32 minutos, está formada por una serie de imágenes, acompañadas por un texto escrito y una pieza musical. El director pensó en incluir una voz en off en lengua amazigh, pero comentó que tras las pruebas vieron que “no funcionaba”. Así mismo, Boix señaló que este trabajo nació para ser proyectado en bucle en una sala del CDAN, no obstante la pieza también se ha proyectado en otros espacios y festivales más convencionales.

En la sala Saramago, los asistentes a la presentación pudieron ver la película, en primer lugar, y tras ella Boix y Guardiola explicaron estos detalles y conversaron sobre su trabajo. También alabaron ambos la labor de la FCM  calificándola como “inaudita”, por admirable, así como “coherente” o “consecuente”.

Uno de los temas que aborda la película es el land art desde un punto de vista que contribuya a romper con la interpretación más habitual, que es anglocéntrica. Cuando surge esta corriente artística, que intenta sacar la obra de arte de su contexto y que su relación con la Naturaleza no fuera solo la de representarla, César ya había inaugurado la primera fase de Jameos del Agua. Aún no se había acuñado el término del que después “se adueñaron unos pocos”. La primera exposición en la que aparece es en Londres en octubre de 1968. Boix y Guardiola querían “ampliar la genealogía” de esta corriente a otros discursos y otros autores, a mujeres y a artistas de otras latitudes. “César había trabajado esto de manera intuitiva, trabaja en el land art desde el medio ambiente y la ecología, y lo hace antes”.

Otro de los asuntos a tratar en la película tiene que ver con el hecho de que los espacios dedicados al placer están denostados “por frívolos”. Guardiola partió de la idea de César de hacer “el mejor night club del mundo” en Jameos. Por su parte, Boix señaló que lugares como bares, cafeterías, cabarets o discotecas, no solo eran espacios de baile o diversión, sino que de ahí surgieron movimientos estéticos muy disruptivos y también movimientos sociales y políticos. Son “espacios de creación y lugares de lucha política” que germinaron en muchas ciudades del mundo como Londres, Viena, París, Roma o Nueva York. En España tenemos solo dos ejemplos: Bocaccio, en Barcelona, y Jameos del Agua, en Lanzarote. “Hay muy pocos ejemplos que de manera tan clara transformen la mentalidad de un colectivo social” como el caso de Lanzarote, afirmó Guardiola para luego añadir: “César es pionero a la hora de utilizar el arte como un medio pedagógico y de toma de conciencia”.

La casa de Taro de Tahíche conecta, para Boix, con la relación con los estudios poscoloniales y decoloniales, por su paralelismo con la cultura aborigen de la Isla y las casas hondas de los mahos, enterradas como la que hizo César, quien incluye iconografía aborigen en sus primeros murales. En la casa de Tahíche la arquitectura vernácula dialoga con la moderna, además de con la Naturaleza. “La casa –según Guardiola– es un espacio doméstico, pero también de experimentación”, un “showroom”, un “lugar de creación de una identidad que César vive como espectáculo” y que ya ensayó en los años 50 en Madrid en su casa de la calle Covarrubias. Nace esa casa en un contexto en el que habían surgido o surgen otras casas “como manifiestos” como las de Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe, Le Corbusier o Gaudí. Guardiola la comparó con la casa se Portlligat de Dalí y puso como influencias la Casa Pedregal de Luis Barragán en México o la Casa Sin Fin de Kiesler.

En la película se dice que hay dos tipos de islas, las que se separan del continente y las que surgen del océano. Boix añadió que hay un tercer tipo, que son las mejanas, islas que nacen en medio de los ríos y lo hacen por sedimentación. Señaló que la obra de César está muy interpretada pero que le gusta pensar que la película es como ese tercer tipo de isla y que todas las referencias sobre la obra de César se han depositado en ella formando “una isla mejana espectral de imágenes”.

Más información: Nota de prensa

Joan Nogué: «El paisaje es la hermana pobre de la ordenación del territorio»

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Joan Nogué, el día 21 de septiembre de 2022, dividió el taller ‘El poder del paisaje. De la mirada individual a la acción colectiva’ en tres bloques: el paisaje como bien común, el reencuentro con el lugar y educar la mirada para conseguir una ética colectiva. Nogué es ya un habitual en la Fundación César Manrique. El geógrafo, exdirector del Observatorio del Paisaje de Cataluña, tenía previsto impartir este taller en marzo de 2020 y se congratuló de que la Fundación César Manrique optara por recuperarlo tras la pandemia.

El bien común. Según Nogué, es la tercera vía entre la propiedad privada y la pública, los dos polos que instauró la modernidad, cuyo peso varía, pero que son los dos pilares de la retórica moderna. “Durante años, nos han dicho que no hay otra forma, pero la restitución del bien común choca de lleno contra esta concepción y es evidente que hay otras alternativas”, señaló. El bien común se puede referir al agua, a espacios públicos o al paisaje, a algo material y a algo inmaterial. Es tangible e intangible a la vez. “Concebir el paisaje como bien común es un salto hacia adelante”. Es de todos y no es de nadie. De ahí la dificultad para su gestión y también los intentos del poder de mantener al paisaje como una mera cuestión estética. Sin embargo, aunque el paisaje sea subjetivo, tiene un componente social. “Se argumenta que si es subjetivo no puede ser objeto de la ordenación por parte del sector público, y normalmente se hace para justificar estructuras pesadas en el territorio”. De hecho, según Nogué, el paisaje es la hermana pobre de la ordenación territorial. Es cierto que la percepción es sesgada, pero se puede llegar a objetivar. El paisaje tiene valores sociales, históricos y estéticos, tiene valores objetivos. “Sabemos cuándo traspasamos una línea roja de destrucción del paisaje”. Comentó que cuando hay intervenciones que fracturan el territorio y degradan el paisaje “se usa el argumento de que todo es cuestión de acostumbrarse, y no es verdad. Si aceptamos esto estamos perdidos”.

El reencuentro con el lugar. Ese reencuentro se produce a través de nuevas fórmulas porque las relaciones de la gente con los lugares están cambiando de forma muy positiva. “Ya no basta con paisajes sublimes, sino que se trata de vivir en paz con los paisajes cotidianos; en armonía”. Es un cambio de paradigma en nuestra relación con el territorio. El espacio geográfico también es existencial y hay múltiples ejemplos que ilustran este cambio. Van surgiendo nuevas ruralidades, una vuelta, o una incorporación al campo. También proliferan circuitos alternativos de producción y de consumo que generan miles de microcambios que después generarán macrocambios. Se está viendo una reinvención de antiguas profesiones como estrategia para recuperar el carácter de un lugar, como, por ejemplo, una escuela de pastores. Además, asistimos a una recuperación de la esencia del lugar como fórmula de revitalización económica y cambio cultural. Uno de los ejemplos más claros en este sentido es la comarca del Priorat, que experimentó la vuelta de jóvenes que se habían marchado y de personas relacionadas con el mundo de la cultura que “tienen claro que el tema central debe ser el paisaje”. Por otro lado, está la revitalización de áreas marginales despobladas a través de proyectos culturales de calidad, como el Centre d’art i natura de Farrera, que nació hace más de veinte años, cuando solo quedaban dos personas en el pueblo. Hay más ejemplos: nuevas formas de gestión del territorio de carácter horizontal y no recogidas por la legislación vigente, como las redes de custodia del territorio, o nuevas formas de gobernanza local, como las que surgen en la región italiana de Abruzzos, destruida por un terremoto y cuya reconstrucción va más allá de lo físico. También en Italia, la iniciativa Luoghi di valoi (lugares con valor) que recopila durante diez años espacios importantes para los ciudadanos que no coinciden precisamente con los señalados por Patrimonio, o la red local ‘Territorios por el paisaje’ o la iniciativa colectiva Wikipedra. “En todas ellas, el paisaje tiene un papel como eje vertebrador”.

Educar la mirada para conseguir una ética colectiva. ¿Cuál es el papel de la sociedad civil en los procesos de patrimonialización de lugares y paisajes? ¿Cuál es el papel de los expertos? ¿Quién decide lo que es patrimonio y lo que no lo es? No se trata, explica Nogué, de catalogar todo, sino de tener en cuenta al paisaje. El director del taller expuso, de nuevo, otras iniciativas ciudadanas que ponen este hecho de manifiesto, como el ‘Museo en la calle’, que recoge elementos significativos de la calle que se acaban perdiendo, o el proyecto ‘Carreteras, paisaje y turismo’, que revela que las carreteras, las más antiguas, también son un valor patrimonial, que permiten entender el paisaje y que no hace falta ampliarlas. Mostró una iniciativa de la Administración, el Mapa de unidades de paisaje, que traspasa la división municipal o administrativa y agrupa los lugares en porciones de territorio con un mismo carácter. “Los mapas -dice Nogué- marcan nuestra percepción del mundo, educan la mirada, son un instrumento de poder extraordinario, pero son una selección arbitraria de la realidad y no hay que sacralizarlos”.

Finalmente, apuntó hacia la educación: la formal y la informal. “Educar la mirada es fundamental porque la concienciación ciudadana es el primer paso para una ética colectiva y la ética colectiva, a su vez, favorece los valores individuales”. Nogué señaló la mayor satisfacción durante sus doce años al frente del Observatorio del paisaje de Cataluña: haber logrado crear ese clima ético colectivo en algunos ámbitos. Lograr la “conversión” de algún alcalde” o de gente que hasta entonces no había disfrutado de su paisaje y ahora lo ama y, por tanto, lo protege. Y, ¿cómo conseguir un clima ético colectivo? A través de la acción, con estrategias de actuación desde la sociedad civil. En el paisaje, la ética y la estética deben ir de la mano. Un paisaje precioso no es completo si sus acuíferos están contaminados. Y por último: “Si se destruye un paisaje, se destruye la identidad de un lugar”.

Más información: Nota de prensa

Más información del taller: Díptico

Un cambio de civilización y una Constitución para la Tierra para procurar que este Planeta sea más habitable

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Después de algo más de dos años sin actividad cultural por la pandemia, la Fundación César Manrique, el día 31 de marzo de 2022, volvió a llenar la Sala José Saramago para presentar los últimos trabajos de dos de los miembros del Gabinete científico de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote: José Manuel Naredo, que acaba de escribir La crítica agotada. Claves para un cambio de civilización y José Antonio Martín Pallín, con Una constitución para la Tierra. La abogada Irma Ferrer presentó el acto y condujo en su último tramo un coloquio. Alabó la fortaleza y generosidad de ambos por compartir su conocimiento con esta Isla: “Solo el conocimiento y la sabiduría nos van a permitir enfrentarnos al futuro”.

El propósito de Naredo con su último libro es el de desvelar las causas del impass sociopolítico que vivimos y los requisitos para reorientar esta crisis hacia horizontes ecológicos y saludables. La portada refleja el mito de Sísifo como metáfora de la movilización social. Para Naredo, “estamos peor, en cuanto a perspectivas de cambio, que en los años setenta”, cuando el cambio parecía plausible. Es en esa década cuando el mundo financiero se comienza a separar del mundo real y del enfoque económico ordinario. Este impass político viene acompañado de un impass ideológico y sus causas residen, por un lado, en el repunte de la economía a partir de los años ochenta, en la invención de la imagen verde y el medio ambiente y en la desorientación de la izquierda.

El libro consta de cuatro partes: la primera está dedicada al contexto de crisis civilizatoria. La segunda, a los no conceptos que agotan el discurso ecologista, la tercera a los no conceptos que agotan el discurso político, y por último a la encrucijada política actual. En los setenta comienzan a proliferar las administraciones que dicen velar por el medio ambiente aunque en realidad carecen de competencias para ello, mientras que la izquierda pierde la iniciativa y disipa sus energías en esfuerzos inútiles. “Hemos pasado del sistema económico a una economía de sistemas”. Ahora un país desarrollado es el que atrae capital. Como ejemplo, Estados Unidos, el más desarrollado, es el más endeudado. Desarrollado significa depredador. “La metáfora de la producción encubre la realidad de la adquisición”, según Naredo, que puso sobre la mesa otras falacias, como que el capitalismo sea una economía de mercado cuando en realidad tiende al monopolio. “Estamos en un capitalismo clientelar y corrupto”.

En el apartado de propuestas, Naredo considera que para que prospere un paradigma ecointegrador, hay que asumir el colapso de las viejas idolatrías, lograr una interpretación común de la evolución de la especie humana y conseguir propuestas inclusivas y atractivas, así como centrar las críticas en el núcleo duro de la ideología y las instituciones dominantes.

Una Constitución

El magistrado José Antonio Martín Pallín recordó que fue el primer ponente en España en redactar una sentencia por un delito contra el medio ambiente, lo que le llevó a interesarse por este asunto. Dijo que son las comunidades indígenas las que saben el futuro que le espera a la humanidad y que los textos constitucionales de Ecuador y Bolivia integran el respeto por la Tierra, que tiene derechos  que deben ser ejercitados a través de los tribunales para que sean efectivos y reales. “Pero el Derecho puede hacer poco si no hay convicción de la necesidad de poner coto a este desarrollo descontrolado”.

Recordó también que el nacimiento de los parques nacionales, primero en Estados Unidos, se debió a la carta de un jefe indio por la tala de unas secuoias y que la intervención del Derecho penal por un delito de medio ambiente se produce tras el desastre de Bophal, en India, con 30.000 muertos. Martín Pallín considera que el movimiento ecologista ha avanzado en el empeño de inculcar el amor a la Tierra, pero con el riesgo de que se convierta en una religión o un club ideológico porque debe ser “un objetivo más allá de las ideologías”.

En el campo del Derecho se han ido imponiendo las personas jurídicas a las personas físicas y aún se puede avanzar, por tanto, hacia los derechos de la Tierra. Va calando la idea de que la biodiversiad, las plantas y los animales, son sujetos de Derecho y seres sintientes. Se ha avanzado en casos como el caso Morton contra Disney para proteger los derechos de un río, o por los derechos de los árboles en un caso de deforestación contra Chevron. Incluso el Tribunal Penal Internacional considera un crimen de guerra aquel que genera daños contra el medio ambiente.

Por todo esto, Martín Pallín esboza en este libro lo que podría ser una Constitución para la Tierra, que después necesitará mecanismos para que sus derechos sean reales y efectivos. Lo prioritario, apuntó, es que prevalezca la vida de las personas frente a los recursos económicos y que se incluya como obligatoria en todos los ciclos de la enseñanza una materia que enseñe los valores de la ecología “para garantizar la habitabilidad del Planeta”. “Este movimiento tiene que ir calando y es imprescindible”. Y como hay algunas constituciones que incluyen la bandera y el himno, propone que el himno sea la Canción de la Tierra de Mahler. “¡Movilizaos antes de que sea tarde!”, concluyó.

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