Mario Vargas Llosa visita la Fundación César Manrique

El pasado sábado 3 de octubre, el escritor peruano Mario Vargas Llosa visitó la sede de la Fundación César Manrique acompañado de su esposa Patricia Llosa y del escritor Juan Cruz. La Fundación le fue mostrada por el director de Actividades Fundacionales que, además hizo un recorrido por la isla con el escritor para mostrarle la obra de César Manrique, en la cual estaba interesado. La visita a Lanzarote del autor de “La ciudad y los perros”, que tenía carácter privado, se extendió hasta hoy lunes por la mañana. 

Vargas Llosa, que no conocía Lanzarote, visitó también Timanfaya, el Jardín de Cactus, Jameos del Agua y el Castillo de San José. Impresionado por las aportaciones paisajísticas de César Manrique y por la naturaleza de la isla, expresó el impacto emocional que le había causado la singularidad de Lanzarote, “uno de los paisajes más originales que he conocido”, según sus palabras.

El autor, acaba de presentar su último libro “Sables y utopías”, una recopilación de escritos políticos, seleccionados por Carlos Granes. A través de ensayos y artículos que Vargas Llosa ha dedicado a Latinoamérica, se hace un repaso de la trayectoria intelectual y política del autor, desde sus apoyos iniciales a la revolución de Fidel Castro hasta las conocidas posiciones liberales que hoy defiende. Un recorrido que, a juicio del escritor, se convierte en un repaso de los males históricos que han azotado a América Latina, desde el autoritarismo, al populismo o la pulsión revolucionaria, subrayando los logros en los terrenos de la literatura y el arte.

La FCM abandona el Consejo de Administración de la EPEL por su politización




La Fundación César Manrique ha comunicado al Consejo de Administración de la EPEL de los Centros de Arte, Cultura y Turismo, en la sesión celebrada hoy lunes 28 de septiembre, su renuncia a seguir participando como miembro de dicho Consejo. La institución está integrada en dicho órgano desde 2006, a propuesta de Antonio González Viéitez, autor del Diagnóstico encargado por el Cabildo para procurar resolver el conflicto planteado en su momento en los Centros Turísticos.

Los motivos expuestos por la FCM para abandonar su participación en el Consejo de Administración han sido las tensiones ajenas a los estrictos intereses de gestión de los Centros a las que ha sido y están siendo sometido su órgano de gobierno por parte de los partidos políticos. Y, asimismo y en concreto, por la politización y utilización del Consejo, en estos momentos de profunda crisis política e institucional, para fines que tienen más que ver con las estrategias de poder partidistas que con los objetivos y las políticas de gestión propios de la empresa pública.

La FCM ha instado a los miembros de la EPEL a una reflexión sobre el funcionamiento responsable de la entidad sustentado en buenas prácticas. Ha ofrecido, también, su futura colaboración para la buena marcha de los Centros Turísticos, tanto desde su posición autónoma como desde la Comisión mixta creada entre el Cabildo y esta institución para tratar cuestiones relacionadas con el mantenimiento de las obras públicas de Cesar Manrique en la isla.

Fernando Castro Borrego: César Manrique es un mito necesario

El catedrático de Historia del arte, Fernando Castro Borrego, presentó en la Sala José Saramago su libro ‘César Manrique’, junto al crítico Fernando Castro Flórez, el viceconsejero de cultura del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado y el presidente de la FCM, José Juan Ramírez.

El libro está editado por la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno canario y hace el número 46 de la ‘Biblioteca de artistas canarios’, colección que dirige el propio Castro Borrego. Se han editado dos mil ejemplares de este volumen, que significa “una valiosa contribución para entender más cabalmente la obra del artista”, en palabras del presidente de la FCM, que abrió el acto.

José Juan Ramírez recordó que uno de los objetivos de la FCM es favorecer nuevas interpretaciones y visiones críticas sobre César Manrique y señaló que su figura no ha dejado de crecer en los últimos quince años.  Por su parte, Alberto Delgado, que subrayó el carácter divulgativo de la colección, destacó al artista lanzaroteño como referente de la idea del arte total.

El crítico de arte y profesor, Fernando Castro Flórez, en una larga disertación, desveló los valores del libro de Castro Borrego. Dijo que “marca un antes y un después” y que será un libro de referencia. Para Castro Flórez, este libro aporta claves poco señaladas sobre el artista y bucea en apartados de su vida que apenas se han estudiado, como su sexualidad, sus divergencias con otros artistas o algunas vivencias personales, además de trazar una reflexión estilística o destacar su faceta como gestor cultural. Subrayó la visión integral del autor sobre Manrique, que es lo que aporta la verdadera dimensión del artista.

El crítico resaltó la labor de Manrique como educador a través de su relación entre arte y naturaleza y señaló que “Manrique tenía en potencia todas las bazas del triunfador”. Dibujó un pequeño recorrido por sus inicios como pintor y dijo de él que fue uno de los primeros artistas abstractos españoles a pesar de que no se le considera como tal. “Describió a Manrique como un alquimista porque convertía la pobreza en lujo y señaló que estaba empeñado en crear felicidad aunque no era ingenuo, ya que “conocía el baile de los corruptos”.

El autor del libro, Fernando Castro Borrego, explicó que le costó convencerse para abordar la escritura del libro a pesar de que había escrito mucho sobre Manrique en el pasado. Dijo que era necesario seguir investigando y de hecho, se dedicó a rastrear noticias sobre Manrique en hemerotecas de Madrid para completar esa investigación. Sobre el planteamiento del libro, indicó que “el gran fallo para comprender la obra de César Manrique es fraccionarlo” y señaló que la importancia del artista viene del conjunto de su obra y su vida, incluyendo su dimensión política. “Es el único artista español que ha propuesto un cambio de modelo económico para un territorio” y esto lo logró “a través de su compromiso con la belleza”. “Él no quería ser un pintor de caballete sino influir en la sociedad”, aseguró Castro, que añadió que “no ha habido nadie en Canarias con su capacidad de comunicación” y calificó al artista como un “referente espiritual en una sociedad en la que imperan los intereses materiales”. Terminó señalando que lo que él quiere transmitir con el libro, que “no es una hagiografía, a pesar de que admiraba a César sobre todo por su valor”, es la sensación de que Manrique no ha muerto: “El valor con que defiende la isla de Lanzarote es indestructible”, “César es un mito necesario”.

El catedrático de Historia del arte, Fernando Castro Borrego, presentó en la Sala José Saramago su libro ‘César Manrique’, junto al crítico Fernando Castro Flórez, el viceconsejero de cultura del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado y el presidente de la FCM, José Juan Ramírez.

El libro está editado por la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno canario y hace el número 46 de la ‘Biblioteca de artistas canarios’, colección que dirige el propio Castro Borrego. Se han editado dos mil ejemplares de este volumen, que significa “una valiosa contribución para entender más cabalmente la obra del artista”, en palabras del presidente de la FCM, que abrió el acto.

José Juan Ramírez recordó que uno de los objetivos de la FCM es favorecer nuevas interpretaciones y visiones críticas sobre César Manrique y señaló que su figura no ha dejado de crecer en los últimos quince años.  Por su parte, Alberto Delgado, que subrayó el carácter divulgativo de la colección, destacó al artista lanzaroteño como referente de la idea del arte total.

El crítico de arte y profesor, Fernando Castro Flórez, en una larga disertación, desveló los valores del libro de Castro Borrego. Dijo que “marca un antes y un después” y que será un libro de referencia. Para Castro Flórez, este libro aporta claves poco señaladas sobre el artista y bucea en apartados de su vida que apenas se han estudiado, como su sexualidad, sus divergencias con otros artistas o algunas vivencias personales, además de trazar una reflexión estilística o destacar su faceta como gestor cultural. Subrayó la visión integral del autor sobre Manrique, que es lo que aporta la verdadera dimensión del artista.

El crítico resaltó la labor de Manrique como educador a través de su relación entre arte y naturaleza y señaló que “Manrique tenía en potencia todas las bazas del triunfador”. Dibujó un pequeño recorrido por sus inicios como pintor y dijo de él que fue uno de los primeros artistas abstractos españoles a pesar de que no se le considera como tal. “Describió a Manrique como un alquimista porque convertía la pobreza en lujo y señaló que estaba empeñado en crear felicidad aunque no era ingenuo, ya que “conocía el baile de los corruptos”.

El autor del libro, Fernando Castro Borrego, explicó que le costó convencerse para abordar la escritura del libro a pesar de que había escrito mucho sobre Manrique en el pasado. Dijo que era necesario seguir investigando y de hecho, se dedicó a rastrear noticias sobre Manrique en hemerotecas de Madrid para completar esa investigación. Sobre el planteamiento del libro, indicó que “el gran fallo para comprender la obra de César Manrique es fraccionarlo” y señaló que la importancia del artista viene del conjunto de su obra y su vida, incluyendo su dimensión política. “Es el único artista español que ha propuesto un cambio de modelo económico para un territorio” y esto lo logró “a través de su compromiso con la belleza”. “Él no quería ser un pintor de caballete sino influir en la sociedad”, aseguró Castro, que añadió que “no ha habido nadie en Canarias con su capacidad de comunicación” y calificó al artista como un “referente espiritual en una sociedad en la que imperan los intereses materiales”. Terminó señalando que lo que él quiere transmitir con el libro, que “no es una hagiografía, a pesar de que admiraba a César sobre todo por su valor”, es la sensación de que Manrique no ha muerto: “El valor con que defiende la isla de Lanzarote es indestructible”, “César es un mito necesario”.

24 de septiembre. Presentación libro. César Manrique




El próximo jueves 24 de septiembre, a las 20,30 h., en la Sala José Saramago de Arrecife (La Plazuela), tendrá lugar la presentación del libro César Manrique, de Fernando Castro Borrego, publicado por la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, dentro de la colección “Biblioteca de artistas canarios”. En el acto de presentación participarán, además del autor del libro, el crítico de arte Fernando Castro Flórez, el viceconsejero de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado Prieto, y el presidente de la Fundación César Manrique, José Juan Ramírez. 

Fernando Castro Borrego es catedrático de Historia del Arte y profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna. Es miembro numerario de la Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, Santa Cruz de Tenerife; vocal del Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid; miembro del consejo de redacción de la revista Descubrir el arte; y miembro del Consejo Asesor de la Fundación César Manrique.

Castro Borrego es autor de las publicaciones Óscar Domínguez y el Surrealismo; Alegoría y destino. Tres hipótesis barrocas sobre el laberinto; Antología crítica del arte en Canarias; La pintura canaria del siglo XIX en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife; Juan Hernández; Pedro González; y Juan José Gil. Ha publicado, además, numerosos artículos en revistas y catálogos en relación al arte contemporáneo del siglo XX, y ha comisariado diferentes exposiciones relacionadas con el arte canario, entre las que cabe citar Luces en la escena canaria, Jerusalén; El Museo Imaginado. Arte Canario 1930-1990, Centro Atlántico de Arte Moderno, Las Palmas de Gran Canaria; y Desde el Volcán. Artistas Canarios del siglo XX, IBD Cultural Center, Washington y The Spanish Institute, Nueva York.

Fernando Castro Flórez es profesor titular de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, profesor del Máster de Teoría y Práctica del Arte Contemporáneo de la Universidad Complutense de Madrid, y profesor del Máster de Arte Contemporáneo de la Universidad Autónoma de Madrid y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. 

Es miembro del consejo de redacción de las revistas Cimal, El Urogallo, La ruta del sentido, Sibila, Creación, Sublime, Cuadernos del IVAM, Contrastes, Pasajes de Arquitectura y Crítica  y UOVO. Ha escrito en los periódicos El País, Diario 16, El Independiente, El Sol, y El Mundo y es colaborador habitual de diversas revistas artísticas y culturales.

Autor de más de una veintena de libros, Castro Flórez es miembro del Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, del Comité Asesor del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, del Comité del Museo-Fundación Nivola de Cerdeña, del Comité de Arte Público de la ciudad de Gijón y del Comité del Parque Escultórico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.

El amplio estudio de Fernando Castro Borrego realiza un recorrido por la vida de César Manrique y analiza por extenso su obra desde una perspectiva integral, atendiendo a sus diversas facetas creativas: pintor, escultor, paisajista, gestor cultural… Para elaborar su discurso, el profesor Castro utiliza numerosas fuentes directas, artículos de prensa y bibliografía crítica. Su aportación se suma, así, a las contribuciones bibliográficas que, en los últimos años, han venido revisando la figura del artista lanzaroteño y revalorizando su figura. 

César Manrique es el título número 46 de la colección “Biblioteca de artistas canarios”, que la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias dedica a estudiar la vida y obra de los más destacados artistas de las Islas. 

Del 1 de septiembre al 30 de octubre. Convocatoria de becas de la FCM




La Fundación César Manrique, de acuerdo con sus objetivos fundacionales, desea colaborar con la formación de los jóvenes, para lo que dota 20 becas para estudiantes universitarios y de Enseñanzas Medias. En el espíritu de estos objetivos, y como instrumento complementario de sus actividades periódicas, la FCM convoca el programa de Becas correspondientes al año 2009.

La convocatoria general de las presentes Becas se abre el día 1 de septiembre de 2009 y se cierra el día 30 de octubre de 2009.
Más información en becas@fcmanrique.org




La Fundación César Manrique, de acuerdo con sus objetivos fundacionales, desea colaborar con la formación de los jóvenes, para lo que dota 20 becas para estudiantes universitarios y de Enseñanzas Medias. En el espíritu de estos objetivos, y como instrumento complementario de sus actividades periódicas, la FCM convoca el programa de Becas correspondientes al año 2009.

La convocatoria general de las presentes Becas se abre el día 1 de septiembre de 2009 y se cierra el día 30 de octubre de 2009.
Más información en becas@fcmanrique.org

La FCM publica Novísimos aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory

La Fundación César Manrique ha publicado el libro Novísimos aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, que hace el número catorce dentro de la colección Péñola Blanca, dirigida por Fernando Gómez Aguilera.

Más información en la nota de prensa.

La Fundación César Manrique ha publicado el libro Novísimos aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, que hace el número catorce dentro de la colección Péñola Blanca, dirigida por Fernando Gómez Aguilera.

Más información en la nota de prensa.

Una nueva sentencia del TSJC zanja definitivamente la anulación del Plan Parcial Playa Blanca

El Tribunal Superior de Justicia de Canarias cita en la sentencia que la anulación conlleva la nulidad de todas las licencias concedidas en el Plan Parcial y "el restablecimiento de la realidad alterada".

Más información en la nota de prensa.El Tribunal Superior de Justicia de Canarias cita en la sentencia que la anulación conlleva la nulidad de todas las licencias concedidas en el Plan Parcial y "el restablecimiento de la realidad alterada".

Más información en la nota de prensa.

Vicente Verdú: Hay más interés en comunicar que en conocer más allá




Hubo un tiempo en que un aura mística recubría a los artistas. El escritor y periodista Vicente Verdú   recordó que en el siglo XIX se produjo una sorprendente deriva que llevó desde “la veneración religiosa al monarca” hacia la “sacralización del artista” a ojos de todos. Se transformaron en seres de los que se esperaba que navegaran por las entrañas del alma humana para descubrir sus misterios y sacarlos a la superficie. “El artista se convirtió en un creador de mundos nuevos. Se le vio, junto a la ciencia, como una aportación al conocimiento de la condición humana. Era el conocedor del sentido de la vida, el que transmitía una revelación”, apuntó el autor de El planeta americano durante su intervención en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (FCM) el 18 de junio de 2009, dentro del ciclo El autor y su obra. Curiosamente, se daba por bueno que estaban hechos casi a partes iguales de luz y de oscuridad, pues se les acomodaba en el perfil de “gente por lo general tuberculosa, que vivía penosamente, alcohólicos y que, indispensablemente, creaban con dolor”. El autor señaló que “se ha venido arrastrando la ecuación del arte basado en el dolor”.

 Pero esta figura entre mágica y tenebrosa comenzó a desdibujarse en la siguiente centuria. “En el siglo XX había sobre todo que comunicar y el artista ha ido a la par de esa evolución. No bastaba con crear, sino que tenían que ser grandes comunicadores. A día de hoy, el triunfador no es tanto el que descubre mundos, sino el que crea acontecimientos del que participan miles o millones de personas”, expuso Verdú. “El escritor contemporáneo juega con las emociones. Hay que combatir para captar. Actualmente, incluso un profesor que no sepa comunicar es un fracasado”, manifestó. “Yo tengo amigos que escribían novelas experimentales y ahora hacen novelas policiacas. Nunca han estado en una comisaría ni han traficado con estupefacientes, pero sacan libros de esos de los que se dice: ‘No lo podrás dejar’. ¿Qué tiene que ver eso con la creación? Tiene que ver con la distracción y el entretenimiento”, sentenció. “Los artistas ya inventan poco. La provocación ya no provoca, no escandaliza y hay más interés en comunicar que en el pilar de apoyo de conocer más allá. Más o menos todos estamos metidos en ello. Cada uno hace lo que puede…”.

Podría decirse que Verdú, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona, miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard, colaborador habitual del diario El País, donde ocupó los cargos de Jefe de Opinión y de Cultura, y escritor de éxito, ha hecho bastante en el proceloso mar de las letras. Tenía un escritor dentro. “Es una voz poderosa que te conduce en esa dirección y si no lo cumples tienes un sentimiento de culpa tremendo. Otros piensan que si escriben serán más queridos, pero no piensan que a lo mejor te odian el doble. Y hay también quien dice que no sabe hacer otra cosa”, comentó. Parafraseando a Marañón, matizó que “hay mucha gente que siente esa voz, pero es necesario que se cruce con el talento”. La certeza de su aptitud le vino a Verdú por un camino un tanto retorcido: “Ya estoy harto. O me dices de quién copias o se lo digo al prefecto”, le amenazó un tutor en su etapa de estudiante. “Me estaba alabando dudando de mi capacidad”, subrayó Verdú.

 Este hombre con un escritor encerrado en su interior cursó antes una ingeniería, carrera que no llegó a culminar: “Le dije a mi padre: Mira, no quiero ser ingeniero. Y mi padre, que era abogado, se llevó una alegría. Me pasé a Económicas y obtuve magníficas calificaciones. Y todos decidieron que tenía que ser economista. Pero tenía dudas, lo cual me llevó a suspender cinco asignaturas y a desconcertar a los demás”. En esta deriva se encontraba cuando le surgió la oportunidad de hacer un curso en la Sorbona. Allí se fraguó una decisión vital. “Cuando tuve que volver a España me grabé lo siguiente en la cabeza: no vivirás sino de la escritura. Y me hice periodista. Primero escribía sobre la bolsa, pero como yo lo que quería era escribir poesía pues tarbada en hacer el artículo unas dos horas y media. Hasta que un día el director me dijo: ‘Escribir bien es escribir bien deprisa’. Siempre me despedían por rojo y porque cerraban a menudo”, rememoró.

Con la beca Nieman, y tras su etapa como Jefe de Opinión de El País, se escapó a Estados Unidos. De su experiencia en este país nació El planeta americano. “Todos los libros tienen que ver con la biografía”, afirmó. De sus propias experiencias han surgido también Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso o Nuevos amores, nuevas familias. En cuanto a su estilo, Verdú reconoció que “el periodismo te enseña a ser claro”.




Hubo un tiempo en que un aura mística recubría a los artistas. El escritor y periodista Vicente Verdú   recordó que en el siglo XIX se produjo una sorprendente deriva que llevó desde “la veneración religiosa al monarca” hacia la “sacralización del artista” a ojos de todos. Se transformaron en seres de los que se esperaba que navegaran por las entrañas del alma humana para descubrir sus misterios y sacarlos a la superficie. “El artista se convirtió en un creador de mundos nuevos. Se le vio, junto a la ciencia, como una aportación al conocimiento de la condición humana. Era el conocedor del sentido de la vida, el que transmitía una revelación”, apuntó el autor de El planeta americano durante su intervención en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (FCM) el 18 de junio de 2009, dentro del ciclo El autor y su obra. Curiosamente, se daba por bueno que estaban hechos casi a partes iguales de luz y de oscuridad, pues se les acomodaba en el perfil de “gente por lo general tuberculosa, que vivía penosamente, alcohólicos y que, indispensablemente, creaban con dolor”. El autor señaló que “se ha venido arrastrando la ecuación del arte basado en el dolor”.

 Pero esta figura entre mágica y tenebrosa comenzó a desdibujarse en la siguiente centuria. “En el siglo XX había sobre todo que comunicar y el artista ha ido a la par de esa evolución. No bastaba con crear, sino que tenían que ser grandes comunicadores. A día de hoy, el triunfador no es tanto el que descubre mundos, sino el que crea acontecimientos del que participan miles o millones de personas”, expuso Verdú. “El escritor contemporáneo juega con las emociones. Hay que combatir para captar. Actualmente, incluso un profesor que no sepa comunicar es un fracasado”, manifestó. “Yo tengo amigos que escribían novelas experimentales y ahora hacen novelas policiacas. Nunca han estado en una comisaría ni han traficado con estupefacientes, pero sacan libros de esos de los que se dice: ‘No lo podrás dejar’. ¿Qué tiene que ver eso con la creación? Tiene que ver con la distracción y el entretenimiento”, sentenció. “Los artistas ya inventan poco. La provocación ya no provoca, no escandaliza y hay más interés en comunicar que en el pilar de apoyo de conocer más allá. Más o menos todos estamos metidos en ello. Cada uno hace lo que puede…”.

Podría decirse que Verdú, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona, miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard, colaborador habitual del diario El País, donde ocupó los cargos de Jefe de Opinión y de Cultura, y escritor de éxito, ha hecho bastante en el proceloso mar de las letras. Tenía un escritor dentro. “Es una voz poderosa que te conduce en esa dirección y si no lo cumples tienes un sentimiento de culpa tremendo. Otros piensan que si escriben serán más queridos, pero no piensan que a lo mejor te odian el doble. Y hay también quien dice que no sabe hacer otra cosa”, comentó. Parafraseando a Marañón, matizó que “hay mucha gente que siente esa voz, pero es necesario que se cruce con el talento”. La certeza de su aptitud le vino a Verdú por un camino un tanto retorcido: “Ya estoy harto. O me dices de quién copias o se lo digo al prefecto”, le amenazó un tutor en su etapa de estudiante. “Me estaba alabando dudando de mi capacidad”, subrayó Verdú.

 Este hombre con un escritor encerrado en su interior cursó antes una ingeniería, carrera que no llegó a culminar: “Le dije a mi padre: Mira, no quiero ser ingeniero. Y mi padre, que era abogado, se llevó una alegría. Me pasé a Económicas y obtuve magníficas calificaciones. Y todos decidieron que tenía que ser economista. Pero tenía dudas, lo cual me llevó a suspender cinco asignaturas y a desconcertar a los demás”. En esta deriva se encontraba cuando le surgió la oportunidad de hacer un curso en la Sorbona. Allí se fraguó una decisión vital. “Cuando tuve que volver a España me grabé lo siguiente en la cabeza: no vivirás sino de la escritura. Y me hice periodista. Primero escribía sobre la bolsa, pero como yo lo que quería era escribir poesía pues tarbada en hacer el artículo unas dos horas y media. Hasta que un día el director me dijo: ‘Escribir bien es escribir bien deprisa’. Siempre me despedían por rojo y porque cerraban a menudo”, rememoró.

Con la beca Nieman, y tras su etapa como Jefe de Opinión de El País, se escapó a Estados Unidos. De su experiencia en este país nació El planeta americano. “Todos los libros tienen que ver con la biografía”, afirmó. De sus propias experiencias han surgido también Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso o Nuevos amores, nuevas familias. En cuanto a su estilo, Verdú reconoció que “el periodismo te enseña a ser claro”.

25 de junio a 18 de octubre. Exposición. Souvenir, souvenir. La colección de [los] turistas




El próximo jueves 25 de junio, a las 20,30 h., en la sede de la Fundación César Manrique de Taro de Tahíche, tendrá lugar la inauguración de la exposición Souvenir Souvenir. La colección de [los] turistas,que podrá verse hasta el 18 de octubre. La muesta está coproducida por la FCM y el Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHAT), y cuenta con el patrocinio de La Caja de Canarias.

La exposición, que se desarrolla en dos espacios expositivos paralelos y complementarios, la FCM y el MHAT (donde se inaugura el viernes 26 de junio), está comisariada por Fernando Estévez, Mayte Henríquez y Mariano de Santa Ana. Fernando Estévez es profesor titular de Antropología Social de la Universidad de La Laguna y coordinador del MHAT; Mayte Henríquez es antropóloga y subdirectora del MHAT; y Mariano de Santa Ana es periodista e historiador del arte.

Aunque la exposición ocupa simultáneamente dos instalaciones, en Lanzarote y Tenerife, ambas están integradas visualmente mediante webcams, de tal modo que el visitante de una sede puede observar en tiempo real un aspecto de la otra mediante estos dispositivos. Dos espacios que, aun compartiendo un mismo esquema conceptual, son, sin embargo, totalmente autónomos desde el punto de vista expositivo, donde se muestran las muy ricas y diferentes dimensiones de ese objeto universal, el más significativo del consumo turístico, que es el souvenir,  el más ubicuo de los objetos viajeros que presenta, detrás de su atribuida banalidad, una sorprendente complejidad.

El turismo es una de las prácticas culturales que caracterizan a las sociedades contemporáneas, pero el prejuicio de considerarlo como mera actividad de ocio ha minimizado el estudio de su naturaleza, alcance e impacto ocultando su carácter complejo y multidimensional.

En lugares como Canarias, en los que la industria del viaje es el principal recurso económico, no habría que justificar exposiciones sobre el turismo; sin embargo, en raras ocasiones el turismo ha sido objeto de tratamiento museístico. En contra de esa tendencia, Souvenir, souvenir. La colección de [los] turistas se fundamenta en la oportunidad de realizar no sólo una exposición para que puedan ser visitadas por los turistas sino, desde una perspectiva más amplia, para que también los nativos se vean y reconozcan a sí mismos en su condición de turistas en su propia tierra, para que los turistas se vean vistos desde la óptica de los nativos, y para que los museos, asumiendo que viven del turismo, contribuyan a su mejor conocimiento y se conviertan en una abierta “zona de contacto” entre los diferentes agentes de esta industria. En esa línea, se toma el souvenir justamente para mostrar cómo, más allá de su aparente trivialidad, este objeto aglutina todos los trasuntos que operan en las relaciones turistas-nativos, articuladas en un vasto terreno de negociación, apropiación, adaptación y resistencia.           

Este proyecto toma a Canarias como un cronotopo, una constelación espacio-temporal en la que ocurren particulares interacciones entre turistas y nativos, expresadas en y a través de los souvenirs. En ese cronotopo, y a partir de una colección de souvenirs como encarnación de los deseos y proyecciones del turista, se muestran algunos de los aspectos más relevantes de la sociedad contemporánea, con su incesante tráfico transcultural en el que se desvanecen las viejas y nítidas fronteras entre arte y artesanía, historia y relato, realidad y ficción.

Souvenir, souvenir.La colección de [los] turistas asume, desde esa perspectiva, que los souvenirs no pueden ser entendidos como creaciones de los nativos que, inspirados en su cultura, se venden a los turistas que los adquieren en tanto que condensación material de la cultura local y constatación de su estancia en un lugar. Por el contrario, es el turismo el que induce a los nativos a elaborar souvenirs con arreglo a las visiones estereotipadas, previamente establecidas, de la cultura nativa. De esta forma, el turista satisface su demanda, no la de la cultura local que visita sino de ésta tal y como la percibe y le gusta consumirla. Por ello mismo, el souvenir dice más sobre el turista que sobre la cultura del lugar a la que supuestamente representa. De esta forma, una colección de souvenirs no es, en último término, otra cosa que una colección de turistas.

El montaje de cada una de las exposiciones se inspira en dos diferentes metáforas que aluden, en un sentido genérico, a la industria y al consumo turístico, y sobre las que se desarrollan los distintos ámbitos temáticos. Así, en la Fundación César Manrique, se apela al “museo” como uno de los espacios más recurrentes del turismo cultural, mientras que en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife la instalación recrea un “comedor” de hotel en tanto que un lugar prominente del consumo turístico.

Finalmente, las dos exposiciones enfatizan la pertinencia del tratamiento museístico del souvenir turístico. Al incrustar los souvenirs -los objetos banales del turismo- en el seno del museo, se desestabilizan tanto las visiones estereotipadas de los visitantes sobre la objetividad, imparcialidad y cientificidad de los museos, como la autocomplacencia de los museos en su otorgada autoridad cultural. Souvenir, souvenir.La colección de [los] turistas contribuye así no sólo a que los nativos sean vistos como turistas y los turistas como nativos, sino a asumir la naturaleza esencialmente turística del museo en la modernidad tardía.