Cine medioambiental en la FCM

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La FCM acoge por quinto año una selección de películas del FICMEC de Garachico

Es el quinto año que el Festival internacional de cine medioambiental de Canarias (FICMEC) llega a Lanzarote, a la Sala José Saramago. FICMEC alcanza su vigésima edición aunque es heredero del Festival de cine ecológico que nació en Puerto de la Cruz en 1982. Ahora su sede está en Garachico pero la itinerancia ya lo ha llevado este mismo año al Espacio Cultural de Cajacanarias de Santa Cruz de Tenerife, a Montevideo y a Lanzarote, gracias a la colaboración de la Fundación César Manrique.

En la jornada inaugural, el director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, recordó que César Manrique fue uno de los impulsores de aquel primer festival, mientras que Ani González, coordinadora del FICMEC, señaló que para ellos es “muy importante tener el apoyo de la Fundación”. González aseguró que los promotores del Festival fueron “adelantados a su tiempo” y que “tenían razón en luchar por la conservación del medio ambiente”. “Deberíamos haberles escuchado”, afirmó. Otro de los impulsores fue Pepe Dámaso, hoy presidente de honor de FICMEC. González contó que en una charla que dio el pintor este año en el Festival, mucha gente joven quería preguntarle por César Manrique. “Cuando ves que hay jóvenes que tienen ese interés, nos sentimos satisfechos con el trabajo”.

En la programación que ha llegado a Lanzarote hay siete cortometrajes, tres de ellos de ficción y el resto, documentales, así como tres largometrajes documentales y uno de ficción. Los espectadores pudieron disfrutar de dos de las cintas ganadoras de este año: Invisible Blanket, ganadora como corto de ficción y Refugiados, como mejor corto documental. Durante los tres días del Festival se programaron dos jornadas matinales con cuatro proyecciones para escolares a partir de 11 años, de sexto de primaria y de secundaria, del documental Sobre ruedas, una película que trata sobre las consecuencias sociales y ambientales del automóvil. En las proyecciones estuvo presente el director de la cinta, Óscar Clemente, con quien debatieron los alumnos.

Clemente les planteó cómo las infraestructuras, en lugar de resolver los atascos, provocan que se genere más tráfico y les instó a que consultaran periódicos de 1960 en los que en Arrecife ya se hablaba de que había atascos y se decía que la solución era crear carreteras más grandes. “Es un problema que nunca se ha solucionado porque cuanto más grandes son las carreteras, más coches circulan por ellas, y llevamos así cuarenta años”, aseguró. “Para reducir el tráfico hay que darle menos facilidades”.

En el debate posterior a la película se habló de tráfico pero también de la seguridad en las calles, de educación y de responsabilidad. “Todo está relacionado”, según Clemente que afirmó que “hemos dado todo el poder a los coches”, que cada vez son más seguros para el que va dentro y más peligrosos para el que está fuera. Muchos niños afirmaron que sí siguen jugando en la calle y que van solos por la ciudad aunque también plantearon que se juega más en casa por la proliferación de aparatos tecnológicos. Clemente dijo que en los parques los niños juegan enjaulados, al igual que los linces en cautividad y que el diseño de las ciudades obliga a los padres a ser “carceleros” de sus hijos. “Lo que más seguridad da a las calles es la presencia de niños”, afirmó, y abrió el debate sobre el miedo a ser secuestrado a pesar de que los datos demuestran que es un riesgo muy remoto y que el 95 por ciento de los secuestros se producen en el entorno familiar. “La ciudad -señaló Clemente- se ha convertido en el bosque de los cuentos infantiles”.

Información sobre FICMEC 2018 en Lanzarote

Programación de FICMEC en Lanzarote

Taller « Lanzarote. Los pueblos enterrados por las erupciones históricas »

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José de León desentierra la historia de los pueblos sepultados por el volcán

Desde la cima de Montaña Ortiz se puede dar una clase práctica sobre cómo era Lanzarote antes de las erupciones históricas. Desde allí se podía ver el poblado de Chimanfaya, frente al Volcán de Los Cuervos o de La Lapa. Girando hacia el Norte, se podía contemplar el pueblo de Mancha Blanca en su antigua ubicación, y más allá el Cortijo de Iniguadén, que fue propiedad de los Marqueses, y después de Luis de Betancort Ayala, probablemente el hombre que acumuló más terrenos en la Isla. Y ese paisaje, y la mirada, lo cruzaba un enorme barranco que corría hasta Mozaga y después se bifurcaba en dos: el barranco de la arena y el del jable. Y haciendo el giro completo se podía ver el Pago de Candelaria, que no estaba en Tías, y las aldeas de Masintafe y de Testeina, donde aún se conserva un taro y se aprecian, entre la lava, los muros de una casa en el lugar donde tenía la suya Domingo Hernández Fajardo, el abuelo de Clavijo y Fajardo. “Así que nos podemos imaginar que en este lugar jugó Clavijo y Fajardo cuando venía a la casa de sus abuelos”. Quien insta a este ejercicio evocador es el arqueólogo José de León, que impartió en la Fundación César Manrique, los días 9, 10 y 11 de octubre, el taller Lanzarote. Los pueblos enterrados por las erupciones históricas y que terminó precisamente con una jornada de visita a Testeina y subiendo a Montaña Ortiz.

José de León dio once vueltas al sol mientras realizaba su tesis doctoral sobre la Isla que había antes de las erupciones. Es un trabajo de reconstrucción territorial mediante fuentes orales, escritas “y mucho sentido común”. La ceniza, la lava, o ambas cosas, enterraron 21 núcleos, desde pueblos hasta aldeas o pagos de tres o cuatro casas. El más grande era Tíngafa, con cerca de 500 habitantes. También quedaron bajo el volcán Chimanfaya, que fue el primero en desaparecer, El Chupadero o Santa Catalina. Eran, dice De Léon, el tercero, cuarto, quinto y sexto pueblos con más población de aquella época. La erupción sepultó tres ermitas: Santa Catalina, Candelaria y Buen Lugar, además de sillas de grano, taros, hornos de cal, casas, tahonas o corrales de pajero. Lo que hoy son las Montañas del Fuego eran llanuras donde se cultivaba cereal, Los Llanos del Bollajo. Había vegas fértiles donde pastaban “más vacas que camellos”, había pardelas, lobos marinos, zifios, tabaibas, veroles, guirres, guinchos, avutardas y unos 5.000 habitantes en toda la isla, de los que emigraron la mitad, a pesar de que en los primeros años las autoridades prohibieron la salida. La actividad volcánica no fue continua pero sí insistente. Hay constancia de que a un vecino de la época, José Aguiar, la lava le sepultó hasta tres casas en tres pueblos diferentes a lo largo de esos seis años.

José de León no sólo habló del pasado anterior a las erupciones, sino de la construcción humana del territorio posterior al volcán, de la « cultura del volcán » que se crea después: la apertura de caminos, la aparición de los enarenados, de la viña, del aguardiente y del vino. “Los vecinos de Yuco y La Vegueta -señaló- descubren que plantando con ceniza se multiplica por siete la producción”, algo que ya sabían, probablemente, los habitantes del norte de la isla. Pero sobre todo hay dos elementos característicos de esa cultura: la emigración, tanto a América como a Madeira o a Fuerteventura, y la Virgen de Los Dolores, que es la única virgen que desplaza al santo de la conquista, San Marcial: “La virgen concentra el imaginario colectivo de la erupción”. Tras esa erupción, que “atacó la zona más rica de la Isla en un momento de expansión” se dio paso a varios repartimientos de tierras, tanto comunales como privadas. Así se crea Tías, Masdache y la nueva Mancha Blanca y crecen Yaiza, Uga, Los Valles, Soo o Femés.

Pero, ¿cómo se pudo hacer esta reconstrucción del pasado? Una parte del taller se ocupó de explicarlo. De León se sirve no sólo del trabajo de René Verneau, del de Herrnández Pacheco o, más reciente, de la toponimia de Agustín Pallarés, sino también del testimonio de personas mayores que han ido recibiendo el conocimiento de sus antepasados. También le sirvieron los restos arqueológicos, “patear el territorio”, las prospecciones geofísicas o las fotos aéreas. Utilizó un sistema de localización geográfica, comparando mapas de varias épocas y eliminando los elementos que surgen después de la erupción e intentando identificar aquellos elementos que siguen manteniendo el nombre anterior. Para elaborar el mapa de los pueblos enterrados, con el que se trabajó durante el taller, el arqueólogo tuvo que dividir el territorio en cuadrículas de un kilómetro cuadrado. Lo más valioso, no obstante, son los documentos y sobre todo los protocolos notariales de venta de terrenos y de testamentos. Son “una información muy precisa” y una “referencia básica” para intentar reconstruir esa historia. Y otros documentos: el diario del cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo, las actas capitulares del Cabildo catedral de Las Palmas, lo que se encuentra en el Archivo de Simancas, en el Museo canario, en las actas del Cabildo de Fuerteventura, los archivos parroquiales de Tinajo y Yaiza o la descripción que realiza el obispo Dávila Cárdenes.

“El volcán cambia la historia de Lanzarote”, señaló José de León, que aseguró igualmente que “para lo que fue Timanfaya, la gente tiene poca información”. El arqueólogo está preparando un puzzle para enseñar en los colegios este pasado. “Tenemos una cultura importantísima, que hay que transmitir, porque lo que hizo la población por reconstruir y salir adelante fue tremendo”. Además, plantea la necesidad de que en el curriculum escolar en Canarias se incluyan contenidos para adquirir conciencia del peligro que supone el volcán. Hace casi 300 años, con aquella erupción que comenzó en 1730, aunque unos más y otros menos, “todo el mundo perdió”. Por eso terminó con esta reflexión: “El volcán es de las pocas cosas que hace que la avaricia humana tenga un tope”.

Más información sobre el taller: Programa y horarios

Más información: Nota de prensa

 

Visita del presidente del Gobierno español y del primer ministro de Portugal a la FCM

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Con motivo del homenaje a José Saramago por el 20 aniversario de la entrega del Premio Nobel de Literatura, el presidente del Gobierno del reino de España, Pedro Sánchez y el primer ministro portugués, Antonio Costa, visitaron Taro de Tahíche, acompañados por el presidente de la Fundación César Manrique, José Juan Ramírez, y por su director, Fernando Gómez Aguilera.

El presidente del Gobierno español ha compartido en su Twitter la experiencia de su vista a la sede de la FCM: « Fabulosa visita junto a @antoniocostapm a la Fundación César Manrique, en Taro de Tahíche. Y fabulosa la labor que llevan a cabo mezclando la difusión de la obra de Manrique, la promoción cultural y el compromiso con el #medioambiente y el territorio ».

 

Conmemoración del 50º aniversario de la construcción de Taro de Tahíche

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El pasado día 2 de octubre se conmemoró el 50º aniversario de la colocación de la primera piedra de Taro de Tahíche, la casa del artista César Manrique desde 1969 hasta 1988, actual sede de su Fundación.

Con motivo de este aniversario, la Fundación César Manrique celebró un acto festivo, abierto a todo el público de Lanzarote, en el cual se ofreció un aperitivo con ambientación musical. Unas 700 personas acudieron para rendir homenaje a César Manrique. Durante la celebración, se pudo visitar el museo de la Fundación César Manrique, antigua casa del artista, que permaneció abierto hasta las 23:00 h.

Más información sobre el 50 aniversario casa César Manrique en Tahíche

Selena Millares: « Lanzarote, el oasis de arte de la familia Millares Sall »

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Lanzarote fue el oasis de los Millares Sall. El poeta José María Millares y su hermano Manolo, el pintor, reconocieron públicamente que su estancia en Arrecife había sido uno de los momentos más dulces de su vida. “En Arrecife se hicieron todos artistas”, señala Selena Millares, catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Madrid e hija de Totoyo, el timplista, el pequeño de los Millares Sall. Selena es autora de El Faro y la noche, las memorias de la familia en forma de novela. En la Fundación César Manrique , el día 20 de septiembre pronunció la conferencia Encrucijadas artísticas del imaginario insular: César Manrique y la familia Millares, que dividió en cuatro partes: los antecedentes del millarismo, de “una familia que era una celebración colectiva de las artes” repleta de pintores, músicos, escritores; la primera estancia de la familia en Arrecife en 1928; la segunda, entre 1936 y 1938; y finalmente, la última parte, el devenir de los artistas. El hilo conductor es el padre, el poeta y profesor de instituto Juan Millares Carló.

Esta historia de los Millares comienza con otro Millares, Agustín Millares Torres, hijo de músico de cuerda, nieto de músico de catedral, y excomulgado por el obispo debido a no rectificar su opinión sobre dos prelados. También fue novelista y poeta, amigo de Menéndez Pelayo y Pérez Galdós y autor de Historia General de las Islas Canarias y de Historia de la Inquisición en las Islas Canarias. Sus hijos fueron los Millares Cubas, dramaturgos y músicos. Uno de ellos también se llamó Agustín y tuvo otro hijo del mismo nombre y uno más que se llamó Juan: Juan Millares Carló, primo a su vez de otros artistas, Claudio y Josefina de la Torre. Su tío fue el pintor Juan Carló, gran bohemio contemporáneo de Tomás Morales, Saulo Torón o Alonso Quesada. Millares Carló se casó con la pianista Dolores Sall Bravo de Laguna y tuvieron nueve hijos, entre los que están los poetas José María, Sixto y Agustín, el pintor Manolo, la pintora Jane, Eduardo, dibujante conocido como Cho-Juaá, y los músicos Yeya y Totoyo, los más jóvenes.

En 1928 la familia se traslada a Arrecife por primera vez. El padre gana la cátedra en el Instituto de las Cuatro esquinas pero solo permanecen un curso. “Eran muchos hijos, la vida era dura y no llegaba el sustento”, asegura Selena. En Arrecife entabla amistad con el escritor Agustín Espinosa, comisario regio del instituto, con quien conversaba y bebía muchas noches. Juan era fornido y Agustín débil y algunas veladas acababan con el primero cargando en brazos al segundo y éste diciendo: “Le debo la vida”. Ambos dieron clase a César Manrique, que ya traba amistad con algunos de los hijos, también alumnos.

La segunda estancia es obligada. Agustín Millares Sall había sido detenido con 19 años y enviado a un campo de concentración en Gran Canaria. Le ofrecen la alternativa del destierro y vuelve de nuevo a Arrecife toda la familia, esta vez, con dos hijos más. Había además otra razón: la depuración del padre. Juan, que en ocasiones sustituía al profesor de religión en el Instituto Pérez Galdós, fue delatado por el presbítero Manuel Socorro porque había comentado en clase que la creencia de que un Cristo de madera pudiera sudar sangre era una superchería. Ocho cartas del sacerdote en su contra acabaron por hacer efecto y Millares Carló pierde la cátedra. En Arrecife cierra el instituto y “el hogar se convierte en escuela”. Los niños dejan de tener una educación reglada y se vuelcan en el arte. El padre escribía obras de teatro cómicas que representan entre todos, dibuja para ellos y elaboran una revista familiar con poemas y dibujos que se completan de forma colectiva. Aparecen los primeros dibujos de Manolo Millares, con once años. Pero no dejó de haber problemas. Agustín fue denunciado por un chófer que escuchó una conversación sobre política. Otra vez la primera opción es el campo de concentración y, en esta ocasión, la alternativa es ingresar en Falange. Dolores tiene que vender su piano para comprar los uniformes, y tras el piano acabarán vendiendo los muebles para poder comer. La tragedia sigue: Sixto, muy debilitado, decide ingresar en el ejército para no ser una carga y muere con 19 años de tuberculosis.

Vuelven a Las Palmas y siguieron cultivando las artes. Los hermanos mantienen la amistad con César Manrique aunque Manolo y César, además de la amistad, mantienen diferencias. Y sigue la vinculación con Lanzarote: Jane expone en la Isla, Cho-Juaá hace los folletos del primer hotel, el Fariones y Manolo dedica varios poemas a la Isla. “El arte sigue siendo el centro de la vida familiar”, dice Selena. Continúan haciendo revistas familiares como La Pandilla o Viento y marea. Una de ellas, Planas de poesía, editada entre 1949 y 1951, llega hasta la Brigada político social. Detienen a José María, que fue encarcelado, interrogado acerca de una inexistente imprenta rusa y torturado. No pueden publicar nada hasta que en los años sesenta vuelven con Millares, una revista familiar, haciendo lo mismo que empezaron a hacer en Arrecife en los años treinta.

Mientras tanto, los padres, Juan y Dolores viven de manera muy pobre, en azoteas prestadas. Juan amaba la docencia pero no podía dar clase. Seguía escribiendo poemas y obras cómicas que enviaba a su familia para mantenerla unida. Después de veinte años le permiten dar clase, pero en La Palma. Sin embargo, vuelve la desgracia. Un cáncer de laringe le deja sin voz y tiene que dejar de nuevo las aulas. Muere en marzo de 1965 sin ver su obra publicada, una obra que su nieta, Selena Millares, recopila y publica. Este es su epitafio:

La mano que estas líneas escribe

en tiempo no lejano estará inerte

cuando la hora final al fin arribe

lo que haya de quedar será más fuerte. 

Más información: Nota de prensa

Nilo Palenzuela: «Me gustaría comprender que el mundo no es solo lo que vemos»

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«Animales impuros —dijo Oswaldo Guerra— es un libro muy singular». Así comenzó la introducción o contextualización de la obra, en conversación con su autor, Nilo Palenzuela, el día 28 de junio, acercando al público que asistió a la presentación en la sala José Saramago, a lo que no es el libro, que no sólo es singular en sí mismo sino también en la trayectoria de publicaciones del autor. Animales impuros tiene como características centrales: la ironía, el humor y una visión poética, en su sentido etimológico de creación.

El libro, publicado por Editorial Libros del Innombrable, se acerca a los bestiarios contemporáneos, como El libro de los seres imaginarios, de Borges, o textos de Monterroso y de Cortázar. En cuanto a su tipología textual, por tanto, podría ser un bestiario contemporáneo, pero “solo se puede ver como un bestiario de forma irónica”, así que no es un bestiario aunque se acerque. Podría ser una prosopopeya o un tratado literario de animalística, o un tratado de zoología fantástica, pero tampoco. “No es nada de esto, pero tiene partes de todo esto”, señaló Guerra. Precisamente, el libro tiene cuatro partes. La primera, Animales impuros, ofrece un acercamiento a artefactos tecnológicos como el teléfono, el ordenador, la televisión o el avión. El autor diría al finalizar la presentación que cree que son animales de verdad y que no son inofensivos. La segunda, Otros seres de entendimiento, habla de peces y aves. Rezagados sin clasificar, la tercera, es una combinación de animales y artefactos y la última, la más “poética, ética y existencial” es Arañas y recuerdos. Guerra dijo que prefiere hablar del libro como un conjunto de microrrelatos con ironía, humor y un concepto como la reificación, visto este último desde un punto de vista marxista, no como una cosificación porque se trata de cosas, sino como una alienación radical.

Palenzuela comenzó su intervención manifestando su preferencia por no hablar de sí mismo y sacudirse la erudición como hace un perro cuando sale del agua. Avanzó, eso sí, que cree que con este libro se va volviendo “algo legible” y que el humor, en la obra, como la amistad, “abrazan e invitan a comprender de otra manera”.

Guerra abrió la conversación preguntando el porqué del interés por los peces y por las aves. Palenzuela contestó que las aves le fascinan desde que era un niño, y los peces le interesan por su presencia en diferentes ritos y en la pintura. “No sé explicarlo, es enigmático”. La primera parte que escribió del libro fue Arañas y recuerdos. Por las arañas siente temor y atracción desde que le picó una de ellas, en su infancia, cuando estaba con su hermano gemelo en el granero de su casa. “Las arañas construyen geometrías extraordinarias” y tienen relación con la condición humana. “Me gustaría comprender que el mundo no es solo lo que vemos”, dijo Palenzuela, y la conversación siguió por los caminos de la memoria, del viaje, del desplazamiento, del asombro…

Al autor, que leyó varios fragmentos del libro durante la presentación, también le es extraño el término microrrelato. El libro surge por necesidad y porque su estilo siempre es fragmentario. Según su propia definición, no es un escritor de fondo, de maratón, sino de los que se cansa en cuatro metros y queda asfixiado, “medio asmático”. “No hay voluntad de estilo, sale lo que sale y uno es lo que es”. De la misma forma, admira a la gente que es capaz de creer en algo y entusiasmarse, “pero yo soy de entusiasmo corto”, concluyó.

Más información: Nota de prensa

El 28 de junio se presentará el libro « Animales Impuros »

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El jueves 28 de junio, a las 20,00 horas, en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (La Plazuela, Arrecife), tendrá lugar el acto de presentación del libro Animales impuros, del escritor y catedrático de Literatura, Nilo Palenzuela. En el acto estarán presentes el autor, y el escritor y profesor titular de Literatura, Oswaldo Guerra, que mantendrán una conversación en torno a la obra presentada.

Más información: Nota de prensa

El universo de las artes digitales: ciencia, tecnología, archivos, feminismos, big data, propuestas e instalaciones

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El historiador y gestor cultural, Jaume Reus, demostró empíricamente el título del taller: “Artes digitales hoy, más que interactividad” durante las dos jornadas, los días 19 y 20 de junio, en que lo dirigió. El director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, lo presentó señalando que la cuestión digital es un gran campo público, con impacto en muchos ámbitos, al que hay que estar atento. Reus destacó que en un principio parecía que la interactividad era la única característica del arte digital, pero que hay una gran variedad. “Es algo expandido e interdisciplinario”. Hay mucha experimentación, y también, en muchos casos, solo hay tecnología sin relato, “sin nada que decir”. La unidad mínima en este arte es el píxel y su precedente en pintura fue el puntillismo, o neoimpresionismo, de artistas como Seurat.

El taller se dividió en cuatro ponencias y dos sesiones prácticas de trabajo. La primera de las ponencias se centró en la relación entre el arte y la tecnología. Reus expuso propuestas como la de la Fundación Sorigué y su relación con el Festival Sonar. De esa unión expuso cuatro proyectos o instalaciones arriesgadas. La de Carsten Nicolai, Unidisplay, “una realidad inmersiva”, la del estudio británico Semiconductor, Earthworks, una instalación que es “un salto cuántico” y que muestra datos sismográficos (de movimientos del Planeta) convertidos en sonidos e imágenes que no dejan de moverse, y Phosphere, la esfera de luz y danza de Daito Manabe. Otros ejemplos de obras destacadas por Jaume Reus son los de Ryoichi Kurokawa, una instalación sofisticada que une el arte de este japonés con la figura de Ramón Llull, en el 700 aniversario del nacimiento de este último. Ambos autores se maravillan ante la naturaleza, uno a través de Dios y otro, de la ciencia.La tecnología permite un desafío a la naturaleza”, señaló Reus, que también hizo un repaso a las revistas digitales que se encargan de este arte, como la de la Universitat Oberta de Catalunya, Art Nodes, dirigida por Pau Alsina, o la del IMT de Boston, Leonardo, la más prestigiosa en el ámbito internacional, o en el ámbito doméstico el blog El arte en la edad del silicio, de Roberta Bosco y Stefano Caldana.

Repasó otras exposiciones como la colectiva Real Time, arte en tiempo real, en la que las instalaciones solo funcionan si están conectadas a Internet y que reflejan el número de tuits por ciudades o muestran las películas que se están descargando, el sonido asociado a algunas calles o un contador de tiempo que recoge los segundos y minutos que el público observa el propio contador.

La segunda ponencia comenzó con la postfotografía, planteada por Joan Fontcuberta, que desmonta que la imagen sea igual a la verdad. También habló Reus de las imágenes pobres, que habitan la Red, son de poca calidad y se usan muchas veces, pero se prefieren, incluso por la prensa, por su inmediatez. Planteó la acumulación de imágenes: a Facebook se suben 250 millones de imágenes al día y en Flickr hay ocho millones de puestas de sol. Se gasta más tiempo en captar imágenes que en verlas. En la postfotografía, la toma de la imagen es solo el primer paso antes de la postproducción. Hay fotógrafos que son más prescriptores que fabricantes de imágenes, son apropiacionistas, reciclan imágenes.

El proyecto The file room, un archivo internacional de censura, de Antoni Muntadas, dio pie para hablar sobre la censura en el arte digital, con el ejemplo de la obra retirada en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid, ARCO, titulada Presos políticos, de Ricardo Sierra. En España, dijo Reus, hay 13 artistas encarcelados, más que en China o Irán. “Estamos en el top”. “Parece que el arte digital está en otro universo, que es evasivo, y no es así, hay artistas implicados”, señaló.

La segunda jornada comenzó con los archivos o colecciones digitales. En primer lugar, la Colección BEEP, de las tiendas de informática del mismo nombre. Cada año, convocan un premio y compran una obra digital en ARCO, además de fomentar la creación de otras obras, de artistas como Daniel Canogar, Rafael Lozano Hemmer, Paul Friedlander o Ricardo Iglesias. Otro archivo es el del MEIAC – Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, que incorpora dos colecciones, Turbulence y NETescopio. A estos se añade el archivo ADA, el de la Asociación de arte electrónico y experimental o el trabajo de Soliman López, creador de Harddiskmuseum, un disco duro que, en sí mismo, es un museo en el que invita a artistas. También Jaume Reus destacó Rhizome, una de las grandes plataformas de arte digital; MIDECiant – Museo Internacional de Electrografía de Cuenca, un centro asociado a la Universidad de Cuenca y promovido por José Ramón Alcalá; eTOPIA, en Zaragoza, un centro municipal de arte y tecnología o el proyecto de Archivo Español de Media Art; Jodi.org es el archivo de dos artistas, dos hackers “que juegan con el error”, o Art Futura, una propuesta desde 1995 que profundiza en la cognición aumentada, que consiste en usar la tecnología para aumentar nuestras capacidades cognitivas y conectar mejor con los demás. Por último: MADATAC (la Muestra Internacional de Arte Digital Audiovisual y Tecnologías Acontemporáneas), un evento internacional en el Centro Conde Duque de Madrid.

El taller siguió con una mirada a la perspectiva de género, poniendo sobre la mesa el Ensayo sobre género y ciberespacio, el Manifiesto ciberfeminista en el Siglo XXI o la web obn.org de women hackers. Según Reus, “a nivel creativo y de gestión cultural, la presencia de la mujer va creciendo pero sigue habiendo muy poca visibilidad”. Así mismo, “en el mundo del arte más tradicional había poca presencia de la mujer y eso se mantiene en el mundo digital”. Una de las teóricas más destacadas en este campo, el del arte, redes y ciberfeminismos, es Remedios Zafra.

La última visión es el Big Data, ya que “hoy todo es susceptible de ser datificado”. Entre las plataformas y centros de interés, está la exposición del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, Big Bang Data, de José Luis de Vicente y Olga Subirós, la Bienal online Thewrong.org, el ZKM (Centro de Arte y Medios Tecnológicos), uno de los centros de cultura digital de referencia, más importantes del mundo, en Karlsruhe (Alemania), y el Ars Electronica Center de Austria, el otro gran centro relacionado con la ciencia y la investigación que otorga los Golden Nica, los premios más importantes del mundo de arte electrónico. Otros proyectos relacionados con la ciencia y arte digital son la plataforma para arte y cultura digital, Ars Electronica (aec.at), el sitio web de arte vanguardista ubu.com, el estudio de artistas visuales de Mar Canet y Varvara Guljajeva (varvarag), el grupo japonés TeamLab, o Arts.cern, el proyecto artístico del acelerador de partículas de Ginebra que dirige Mónica Bello. El taller finalizó con otra sesión práctica sobre el arte post-Internet y la inmaterialidad del arte digital.

Más información del taller: Programa y horarios

Más información: Nota de prensa

Joaquín Estefanía: “Lo peor no es el retroceso sino que se han roto las expectativas materiales y emocionales de muchos jóvenes”

A Joaquín Estefanía se le ocurrió la metáfora de los topos releyendo El 18 de brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx. De ahí el título de la conferencia que ofreció el pasado 14 de junio, en la Fundación César Manrique: La tribu de los topos. Jóvenes rebeldes, dentro del espacio de reflexión Fronteras y direcciones del progreso. Sólo tres días antes de la conferencia, Estefanía había sido nombrado director adjunto de El País.

El ponente habló de los movimientos juveniles que han marcado la historia en los últimos cincuenta años y que, como acción, han provocado una reacción para regresar al statu quo. Los tres hitos son 1968, 1999 y 2011. La primera fecha no fue sólo mayo y no fue solo París, y tampoco fue solo un movimiento juvenil. Fue el año de la invasión de Checoslovaquia “que acabó con la esperanza de un socialismo de rostro humano”, fue el año de la represión a los estudiantes en México que aún hoy no se sabe cuántas víctimas mortales provocó y fue el año, en Francia, de la huelga general “más importante de Europa”. A esa acción le sobrevino la reacción conservadora de Thatcher y Reagan que pretendió acabar con los valores del estado del bienestar.

El segundo hito, 1999, fue el del “mal llamado movimiento antiglobalización”, que surgió en Seattle en la asamblea de la Organización Mundial del Comercio, con la reacción consiguiente de los neocons, entre los que se contaban algunos de los jóvenes de mayo de 1968, recordó Estefanía. Y el tercer hito, el de 2011, el de los indignados, “que no fue solo español, porque se da en todo el mundo, con menos presencia pero con gran influencia”, como el movimiento Occupy Wall Street, que genera la candidatura de Bernie Sanders en el Partido Demócrata. La reacción a este movimiento es la presidencia de Donald Trump.

El último libro de Estefanía se titula Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018). No alude al sentido estricto de revolución inmediata “sino a un sentido blando”, de protestas colectivas que acaban cambiando cosas. Estefanía considera que hasta 1968 los cambios eran patrimonio de la clase obrera pero después la juventud compite como sujeto histórico con el movimiento obrero. En 1968, lo que unía a los jóvenes era su odio al marxismo que provenía de la URSS (eran maoístas, trotskistas, seguidores del Che…). En los movimientos posteriores no hay ni un país, ni una clase de referencia y tampoco una ideología cerrada, son menos dogmáticos “y con una mezcla de ideologías logran entenderse y son capaces de trabajar entre sí”. Los factores que tienen en común es que son movimientos globales y antiautoritarios que reivindican más la Revolución francesa que la bolchevique. También tienen dos características nuevas: se fijan en la desigualdad, no tanto en la pobreza, y denuncian que la capacidad de influencia la ostentan poderes fácticos no elegidos (como los mercados o el sistema financiero). No obstante, la lucha de clases no ha desaparecido y además ahora emerge otro sujeto histórico para el cambio, que va a ser central, y es el de las mujeres.

El final de esos movimientos se encuentra en el capítulo de las diferencias entre aquel 1968 y la actualidad. Mayo del 68 acabó por dos razones: la primera son los acuerdos de Grenelle firmados entre el gobierno francés y los sindicatos, que lograron una subida salarial, la jornada de cuarenta horas y la presencia de los sindicatos en la empresa. “Obtienen eso pero los desarman”, señaló Estefanía. La segunda es más prosaica aún: para el movimiento estudiantil llegaron las vacaciones de verano. ¿Qué aprendieron los indignados de esto? Que la calle cansa, y que debían entrar en las instituciones. Así acaba el 15-M. Estefanía relató que se dio cuenta de la esperanza que generó ese movimiento viendo la película Libre te quiero, de Basilio Martín Patino, y también se dio cuenta de las grandes diferencias que había con su incorporación posterior a la política: “En las instituciones se pierde la épica”, pero el movimiento no fracasó sino que “hay que darle tiempo y distancia”. Frente a esa acción llegó la reacción, y a Estefanía le preocupa Trump pero también le preocupa Europa, “un continente frenado, que no sabe estar quieto y por ello, cuando no avanza, retrocede”. Considera que, ahora, las ideas de la extrema derecha no sólo están presentes en los partidos de extrema derecha sino que están impregnando las ideas del resto. “Ahora no se puede ser muy optimista pero si se mira con distancia, los valores de esos movimientos, como el ecologismo, feminismo, pacifismo, respeto a las minorías, no discriminación o lucha contra la desigualdad, aún permanecen”, aseguró.

El director adjunto de El País considera que la generación más beneficiada por todo esto es la suya, la de los nacidos en los años 40 y 50. Es la primera que no ha vivido una guerra, siempre han tenido un puesto de trabajo, no han vivido una precariedad estructural y han mantenido el estado del bienestar hasta la jubilación. “Nuestros hijos no van a vivir peor, sino que ya viven peor —señaló— y lo peor no es lo que se ha retrocedido sino que se han roto las expectativas materiales y emocionales de muchos jóvenes”. Hoy hay más pobres que en 2008, la desigualdad es estructural, la precariedad es una forma de vida, el estado del bienestar es más frágil y hay una crisis de representación política: “Hay una desconfianza de los jóvenes ante todo lo que está a su alrededor”. Y se suma otro factor: “Antes, la democracia era la mayor utopía y ahora es un factor instrumental; no importa mirar hacia países autoritarios”.

Estefanía acabó poniendo sobre la mesa el programa de mínimos, con solo tres puntos, por el que se podría luchar ahora: la igualdad de oportunidades, porque ahora el bienestar depende más de la renta de los padres que del esfuerzo de los jóvenes; los derechos humanos, incluidos derechos ciudadanos, políticos, civiles y sociales; y la lucha contra el cambio climático, “el principal problema al que se enfrenta la Humanidad”.

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Agustín Hernández Aja: « La resiliencia urbana: enfocar los problemas como palancas de transformación »

“De la vulnerabilidad a la resiliencia urbana”. Un camino aún por recorrer que transitó Agustín Hernández Aja en la sala José Saramago el día 7 de junio. El destino de ese camino, la resiliencia, es un concepto aún novedoso para el urbanismo, donde no tiene una definición clara, pero que sí aparece en las políticas nacionales e internacionales. El ponente señaló que “podemos aprovechar en esa ambigüedad del término para realizar nuestro análisis”. Dentro del planeamiento urbanístico, apostó por centrar ese análisis en buscar soluciones complejas, no solo locales, y que se puedan mantener en el tiempo.

La resiliencia es la capacidad de volver al estado original después de haberse provocado una deformación o un trauma, aunque en lo social no está claro cuál es ese estado original. Aplicada a una ciudad o espacio urbano, podría ser la capacidad de un espacio para volver a ser funcional, o al menos de mantener su estructura social. El concepto se ha incorporado a los 17 objetivos de desarrollo sostenible en la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Está en el objetivo número 11, que habla de lograr que los asentamientos urbanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Por otro lado, instituciones y empresas ya han incorporado estos 17 objetivos “que antes eran considerados inadecuados pero ahora están revestidos del lenguaje que da el documento aprobado por la ONU; es una marea que ya ha llegado a todos los sitios”.

Hernández Aja, profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, estudia la vulnerabilidad urbana en los barrios desde los años noventa. En esos estudios se analizan tres parámetros: población sin estudios, desempleo, y viviendas sin servicio o infraviviendas, y en base a esos estudios periódicos obtiene herramientas suficientes para determinar la vulnerabilidad: todos los problemas pero también todas las oportunidades de cada barrio. “Algunos autores —señaló el ponente— sugieren que la resiliencia y la vulnerabilidad son polos opuestos del mismo continuo”. Es una forma de ver los problemas como palancas de transformación.

A esos problemas hay que incorporar también los problemas ambientales, y el reto sería saber qué hay que hacer para acercarse a un equilibrio en recursos y en residuos, ya que gran parte de los problemas sociales ocurren por falta de recursos, porque se han superado los límites, y se han originado ciudades, lugares y territorios vulnerables y degradados. Hernández Aja señaló que van a realizar un estudio sobre la construcción institucional para la sostenibilidad urbana y el derecho a la ciudad, que aporte las herramientas en accesibilidad, movilidad, bienestar o paisaje urbano… para poder actuar en todas las categorías de regeneración urbana.

Sobre la participación ciudadana, señaló que hay que huir de la “cultura del ‘post-it”, que supone que varias personas se reúnen y plantean una serie de soluciones escribiéndolas en esos pequeños cuadrados de papel de color amarillo, pero sin información y sin estructura, tan sólo fijándose en sus necesidades personales o de su colectivo. Hernández Aja dijo que la participación ciudadana “es una negociación en base a una información” y que necesita que haya confianza sobre la información de que se dispone. “La participación es un compromiso del que llama a la participación, y debe aportar sus objetivos y la información que tiene”.

El proceso de participación también es un proceso de resiliencia porque permite conocer a los ciudadanos. La resiliencia puede ser un motor de la transición, pero también tiene unos peligros asociados a ese concepto. Entre ellos, la adaptación como resignación a las agresiones, el abandono de políticas para solucionar problemas y sustitución de ellas por programas para paliar sus efectos, tener una visión conformista o renunciar al potencial transformador de la sociedad. Frente a esto, una “resiliencia fuerte”, según el ponente, sería hablar de oportunidades y no de problemas, articular dimensiones frente a la crisis ecosocial, tener capacidad para adaptarse a los cambios, contar con equidad, información, una conciencia de los límites ambientales y el respeto a los ciclos naturales. La polarización, señaló Hernández Aja, entre lo actual y lo posible, que necesita a su vez de la participación.

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