Marcos Vaquer: “En España debería haber una sola política del territorio con varias competencias”

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Presentación del libro Derecho del Territorio

El jueves 15 de noviembre, a las 20,00 horas, en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique, tuvo lugar el acto de presentación del libro Derecho del Territorio, de Marcos Vaquer.

Una de las principales razones por las que Marcos Vaquer se decidió a escribir el libro Derecho del territorio (editorial Tirant lo Blanch) es la sensación “de que en España tenemos una pobre cultura del territorio”. “No es una sensación solo mía”, señaló, ya que en 2006 el Colegio de Geógrafos de Madrid elaboró un Manifiesto por una nueva cultura del territorio. “Esto es especialmente grave en un país que vive de los recursos territoriales, tanto en el sector inmobiliario como en el turismo”, aseguró el autor. Afirmó que “hemos ido depredando el territorio” porque entre 1987 y 2011 hemos “artificializado” o “urbanizado” casi tanto terreno como en los 3.000 años anteriores.

Vaquer señaló que esta insensibilidad con el territorio se da especialmente entre los juristas; y que el derecho del territorio es una disciplina “fragmentaria e inmadura” porque se ha creado una materia como la ordenación del territorio pero no se ha desarrollado. Canarias, Baleares y Euskadi son las comunidades pioneras en la ordenación, sin embargo, Cataluña no tiene un desarrollo de ordenación territorial y Madrid tiene una ley pero no cuenta con ningún plan supramunicipal. “Hay una esclerosis institucional” y el territorio se ordena de forma fragmentaria. El libro pretende establecer qué instituciones deberían regir “el tiempo del mundo finito”, como definió Paul Valery a este tiempo en el que ha finalizado “la era de la expansión libre” y cada pedazo del territorio del Planeta pertenece a algún país.

Para explicar un problema actual, el autor recurrió a la película americana Mar de hierba, un western protagonizado por Katherine Hepburn y Spencer Tracy en el que él es propietario de una gran extensión de terreno, defiende, sin saberlo, el desarrollo sostenible y se enfrenta a los colonos que apuestan por el aprovechamiento intensivo de esas tierras. Ella es urbanita y donde él ve país, ella solo ve paisaje. “Este es un problema, señaló, porque cuatro de cada cinco personas vivimos en una ciudad y no percibimos el hábitat como lugar sino como paisaje, no hay conexión vital con el territorio”.

Hasta aquí el porqué del libro. El para qué tiene que ver con los administrativistas, “una subespecie triste y gris” de los juristas a la que dijo pertenecer el autor y cuya misión, según Eduardo García Enterría, es la de “convertir la metafísica en técnica”. El territorio es el espacio en el que las personas ejercen su jurisdicción y hay que distinguir entre territorio y suelo. El territorio no es objeto de apropiación e incluye tierra, aire y mar, las llamadas aguas territoriales. Incluye al suelo pero no sólo es suelo y es necesario emancipar un concepto del otro.

Por otro lado, en España, en la actualidad, la planificación es una suma de ordenaciones urbanísticas, principalmente de cada una de las comunidades autónomas, pero la ordenación de una influye en las demás. No hay una cohesión territorial y esto genera graves problemas de desigualdad y de despoblamiento. Por eso, el objeto de las políticas públicas debería girar en torno a dos elementos. El primero es una propuesta, un principio de gobierno del territorio como principio vertebrador en lugar de varias políticas. Ahora al Estado, en realidad, no se le permite ordenar el territorio pero sí desordenarlo con proyectos ajenos al planeamiento (por ejemplo, aeropuertos, grandes infraestructuras viarias, puertos, etc.). Vaquer es partidario de una sola política del territorio con varias competencias, porque todo ente territorial debería poder decir algo en esta materia.

El otro elemento sería el del derecho territorial y urbano sostenible, que actualmente está siendo considerado de forma favorable por el Tribunal Supremo, que tiende a aumentar la protección del territorio, del medio ambiente, anulando, por ejemplo, planeamientos que no justifican los motivos para eliminar zonas verdes. También analiza en el libro la ordenación del territorio y su relación con el urbanismo. En España hay un “injustificado divorcio entre la legislación de espacios naturales y la de bienes culturales mientras la Unión Europea está marcando el camino “por el que debemos superar este divorcio”. El autor está perplejo con el nuevo Convenio europeo del paisaje, que no está claro si es el culmen de la civilización o el principio de la decadencia. En cualquier caso, asegura que “no tenemos claro cómo ordenar los paisajes”.

Estaba previsto que participara en la presentación el magistrado del Tribunal Supremo José Suay, que llegó al final del acto por problemas en el aeropuerto. Suay destacó la solvencia del autor como “excelente urbanista”. En el turno de preguntas, Vaquer reflexionó sobre el caso de Canarias y su nueva Ley del Suelo. Aseguró que, después de ser pionera en la ordenación, ahora relaja los usos en suelo rústico donde se permiten todo tipo de usos complementarios.

Más información: Nota de prensa

J.J. Millás: “Es más determinante lo que se nos ocurre, que lo que nos ocurre”

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El jueves, 8 de noviembre, a las 20:00 horas, en la sede de la Fundación César Manrique, Juan José Millás habló sobre “Lectura y vida”, dentro del ciclo El autor y su obra. Encuentros con creadores.

Cuando Juan José Millás era adolescente y leía novelas de noche, a la luz de una linterna, a escondidas, no pensaba que esa actividad formara parte de su educación. Empezó a leer, como todos, para intentar comprender el mundo y partiendo de una condición, que también es común para todos: estar mal. Porque “sin conflicto no hay escritura ni lectura”: “Leemos y escribimos porque algo no funciona entre el mundo y nosotros”.

Millás leyó una conferencia en Taro de Tahíche dentro del ciclo El autor y su obra. En esa conferencia explicó, a su vez, cómo son las charlas que imparte en los institutos de enseñanza secundaria para convencer a los alumnos de los beneficios de la lectura, aunque afirmó que “una de las cosas que más daño ha hecho a la lectura es el consenso respecto a sus virtudes” ya que ahora la recomienda “hasta el Ministro del Interior” y antes “la lectura no estaba bien vista”. Había libros prohibidos y eso confirmaba a los jóvenes que leían que estaban en el buen camino. “Si yo fuera adolescente no me acercaría a la lectura, me inclinaría por los videojuegos”, dijo Millás.

Pero el escritor suele explicar a los alumnos que leer es de lo poco transgresor que se puede hacer. Lo compara con el vandalismo de fin de semana que practican algunos jóvenes que odian el sistema, destrozando mobiliario urbano. “Ese acto de rebelión -señaló- fortalece al sistema”. “La sociedad -añadió- no puede prescindir de los delincuentes, de hecho si desaparecieran sacaría oposiciones en 48 horas”. “Esos jóvenes son funcionarios que trabajan gratis para el sistema”. “Les digo que el joven peligroso de verdad es el que se queda en casa un sábado por la noche leyendo Madame Bovary o Crimen y Castigo, ése es una bomba”.

La realidad está hecha de palabras y, por tanto, el que domina las palabras domina la realidad. Según Millás, como en el cuento de El rey desnudo, “vemos lo que nos dicen que veamos, lo que esperamos ver”. Explica a los alumnos que las palabras generan una realidad y la realidad, en gran medida, es una construcción verbal. También les explica que la ausencia de palabras genera realidades y lo hace con un ejemplo. En la película Léolo, los niños, francohablantes, repasan en el aula, en inglés, las partes del cuerpo del niño Johnny y nunca llegan a la parte que más le interesa a Léolo, la polla. Por eso el niño crece convencido de que los ingleses no tienen polla.

Para Millás, “es un desatino del sistema educativo”; que se enseñen todas las partes del cuerpo pero no se explique cómo funciona el aparato de imaginar, donde se encuentra la capacidad de fantasear, que tiene una gran importancia “porque todo lo que pasa por la cabeza de alguien acaba pasando por la calle tarde o temprano”, o dicho de otra forma: “Todo lo que hay alrededor alguna vez ha sido un fantasma en la cabeza de alguien”. El escritor se pregunta si no es escandalosa la ausencia en los planes de estudio de este aparato y le parece sorprendente “ese acuerdo universal por desconocer el aparato de la imaginación”, que tiene consecuencias catastróficas porque “lo que llamamos realidad es el producto del aparato de la imaginación”. Por eso, al final sí recomienda a los alumnos la lectura, “para fortalecer el aparato de imaginar”, y porque “hay un suceso catastrófico donde se jodió todo: cuando nos dijeron que bastaba con la ciencia y los contenidos racionales para entender todo”.

Insistió en que se escribe y se lee para comprender el mundo y que saber leer “es saber leer la realidad” y estar en disposición de estar o no de acuerdo. Por si este motivo no fuera suficiente, les dice a los alumnos que lean por dinero, porque “hoy ya es absurdo disgustarse si un hijo estudia humanidades”. De hecho, crece en el mercado laboral la demanda de personas que saben leer y escribir, que son las que se necesitan para ser lo que se ha acabado llamando “proveedores de contenidos”, desde creativos de publicidad hasta guionistas o escritores de discursos, que tienen que llenar de talento los grandes conductos que tenemos “y que ahora van vacíos o llenos de materia fecal”. Y puso otro ejemplo. Hace años la Comunidad de Madrid convocó cuatro plazas de telefonista y se presentaron 60.000 personas, por lo que “estadísticamente es más fácil ser astronauta que telefonista”. El cambio también lo ejemplificó así. “Antes si querías ser escritor, si tu padre era comprensivo, además de un bofetón te daba un consejo, y te decía: saca unas oposiciones a Correos y escribes por las tardes. Ahora te dicen que te hagas escritor y si, quieres, por las tardes, te haces telefonista”.

Acercándose al final de su intervención, afirmó que las charlas ante estudiantes de secundaria suelen hacer efecto, pero que la lectura no es una conquista fácil aunque “cuando uno lo logra ya no la abandona”. Terminó relatando dos anécdotas que demuestran que “no hay nada tan real como lo que calificamos de irreal”, que “es más determinante lo que se nos ocurre que lo que nos ocurre” y que tiene una gran importancia “el peso de la existencia de las cosas que no existen”. De hecho, “hoy seguimos matando por entelequias como Dios, o la patria”. A los alumnos acaba pidiéndoles que lean literatura para acercarse a esas zonas de la realidad donde no se llega de otro modo, y de la misma manera, al público que asistió a la Fundación César Manrique les pidió lo mismo: “Lean aunque no me lean a mí”.

Más información: Nota de prensa

“César Manrique. Rojo, negro, blanco”

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Espectáculo de narración oral, de Cristina Temprano y Ayoze Rodríguez

El sábado 27 de octubre a las 11:00 h, tuvo lugar en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (La Plazuela, Arrecife), la representación del espectáculo “César Manrique. Rojo, negro, blanco”, abierto al público familiar. Se trata de un espectáculo de narración con música de piano y clarinete, creado e interpretado por la narradora de historias Cristina Temprano, en cuya puesta en escena participa Ayoze Rodríguez, creador e intérprete de música.

Este espectáculo, que ha sido encargado y producido por la Fundación César Manrique (FCM), intenta acercar a la población escolar de la isla el placer de la creación artística mediante una narración oral que sigue la pauta de la vida de César Manrique. Para ello, la actividad se ha desarrollado, además, a través de un programa de representaciones para escolares coordinado por el Departamento Pedagógico de la FCM, al que se ha invitado a distintos centros de enseñanza primaria y secundaria de Lanzarote. Se concertó un total de 8 sesiones para escolares los días 24, 25, 26 y 29 de octubre (dos sesiones cada día en horario de mañana), de modo que más de 700 alumnos y profesores disfrutaron de la teatralización sobre la vida y las creaciones del artista lanzaroteño, a través del proyecto de Cristina Temprano producido por la FCM.

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Lanzamiento nacional de libros relacionados con la recepción del Premio Nobel de José Saramago

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El pasado jueves 25 de octubre, a las 20:00 horas, en la sede de la FCM de Taro de Tahíche, tuvo lugar el lanzamiento nacional de los libros El cuaderno del año del Nobel, de José Saramago y de Un país levantado en alegría de Ricardo Viel.

En el acto estuvieron presentes Pilar del Río, Ricardo Viel, Pilar Reyes —directora editorial de Alfaguara, Taurus y Publicaciones Académicas— y Fernando Gómez Aguilera, que mantuvieron una conversación en torno a las obras presentadas.

El cuaderno del año del Nobel: el diario perdido de Saramago

“Traspasando la ausencia nos ha regalado un nuevo libro”. Así se refirió el director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, a José Saramago y su libro póstumo El cuaderno del año del Nobel (Alfaguara), que se presentó en Taro de Tahíche, junto a un libro hermano, Un país levantado en alegría, del periodista Ricardo Viel, que narra cómo vivieron Saramago y su entorno durante 1998, el año en que ganó el Premio Nobel de Literatura. En la mesa del coloquio de presentación, además de Gómez Aguilera y Viel, participaron Pilar del Río, traductora y presidenta de la Fundación José Saramago y Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara.

Pilar Reyes, Ricardo Viel, Pilar del Río, Fernando Gómez Aguilera

Este “libro durmiente alojado en el vientre de la ballena”, que en este caso era el ordenador Acer del despacho del Nobel, es el protagonista de los actos de conmemoración del veinte aniversario de ese premio, que se van repitiendo por España y Portugal desde el 6 de octubre. De la existencia del libro, el sexto Cuaderno de Lanzarote, dejó noticia el autor en 2001 pero “el propio Saramago lo olvidó”, señalo Gómez Aguilera antes de preguntar a Pilar Reyes cómo recibió la noticia del hallazgo. La recibió como un regalo. “He encontrado algo que se nos escapó a todos, no entiendo por qué no se publicó”, le dijo Pilar del Río. “José está jugando contigo”, contestó Reyes.

El libro contiene las entradas del diario correspondientes a 1998, dos más de 1999 y cuatro conferencias del Nobel. Según Reyes, este diario “no es tan cotidiano como los cinco anteriores” y hay un libro hasta el 8 de octubre, cuando recibe la noticia del Nobel y otro después, porque “le era casi imposible escribir”. De hecho, el día que recibe la noticia, la entrada del diario es la siguiente: “Aeropuerto de Frankfurt. Premio Nobel. La azafata. Teresa Cruz. Entrevistas.”

El periodista brasileño Ricardo Viel nunca conoció a Saramago ni habló con él ni estrechó su mano. Tan sólo lo vio una vez de lejos en el Foro de Portoalegre. “Aún así es una persona presente en mi vida, tengo muy presente su obra”, dijo. Cuando era estudiante compró La balsa de piedra, pero cuando le quedaban dos capítulos olvidó el libro en el autobús. Como no tenía más dinero, fue a la librería donde lo había comprado y leyó el final allí, de pie. “Esa media hora no hubo nada más importante en mi vida”. Cuando terminó el libro “ya era otra persona”.

Pilar del Río contó cómo fue el hallazgo. Había mirado, “fisgoneado mil veces”, en ese ordenador pero no había abierto el archivo ‘Cuadernos’. Necesitaba encontrar un dato para el libro que prepara Fernando Gómez Aguilera sobre los escritos públicos del autor portugués. Eran las dos de la madrugada y no tenía los libros a mano. Estaban en la biblioteca que está en la casa de al lado. Así que abrió el ordenador, entró en el archivo ‘Cuadernos’ y vio seis carpetas. Pensó que eran unas notas pero rápidamente se dio cuenta de que no era así. “Esto empieza a ser demasiado fuerte”, se dijo. “¿Es posible -se preguntó en alto- que por el día a día se pierda un libro en un ordenador?”. Se respondió: “Posible no es, pero pasó”. Y añadió: “Dicen que es un invento mío. Corran la voz porque adoro que me atribuyan libros”.

Pilar Reyes dijo que en este libro hay “más reflexión literaria y política” y que “la presencia de los lectores empieza a ser muy vívida”. Recordó que “lo que provocó el Nobel no fue normal”. “La sensación es que lo había ganado una lengua, un país y casi un continente, fue un logro colectivo”, dijo: “Hizo que la gente pareciera que había crecido tres centímetros”. Tanto es así que, como contó Pilar del Río, en la asamblea del Benfica, el equipo de fútbol de Lisboa, uno de los socios tomó la palabra y dijo: “¡Hemos ganado el campeonato mundial de literatura!” Gracias al Nobel, Saramago “plantó más árboles que su abuelo, que era agricultor”, inauguró colegios, bibliotecas y hasta puentes. “Vimos que un país era capaz de levantarse de alegría”, dijo Del Río, para quien el Nobel de este año vuelve a ser de Saramago, veinte años después, porque va a quedar desierto.

Gómez Aguilera coincidió en que el libro es “rico en observaciones de carácter social y político” y apuntó que aborda asuntos como la sociedad de consumo, la iglesia, el indigenismo, el neoliberalismo o el europeísmo… Pilar del Río afirmó que Saramago no era un visionario sino sólo un pensador. El director de la FCM añadió que ya es un clásico contemporáneo.

Para escribir su libro, Viel recopiló noticias y vio decenas de horas de programas de televisión dedicados a la noticia del Nobel. También entrevistó a uno de los personajes del libro, Amadeu Batel, un profesor portugués que vivía en Estocolmo y a quien comunicaron el Nobel seis días antes de que se hiciera público. Batel llamó a la casa de Saramago, en Tías, el 7 de octubre, preguntando por el teléfono del escritor que estaba en Francfort. Pilar del Río logró sonsacarle la noticia con la promesa de no revelarlo. Lo que sí hizo fue llamar a su marido para proponerle que al día siguiente no fuera al aeropuerto, como tenía previsto, y se quedara en el hotel hasta que se supiera a quién le daban el Nobel, por si acaso. Saramago le contestó: “Claro, y pierdo el Nobel y el avión”.

Señalización de A Casa

El acto terminó con la recomendación por parte de Gómez Aguilera de algunas de las entradas del libro y la lectura de varios pasajes, muchos de ellos dedicados a Lanzarote. A continuación, hizo pública una reivindicación. Señaló que en estos momentos en que se calculan los impactos de algunas noticias sobre Lanzarote por su potencialidad como promoción turística, sería incalculable el valor de las palabras de Saramago sobre la isla. “Si alguien tiene la tentación de hacerlo, que antes señalen cómo se puede llegar a la Casa Museo de Saramago”, A Casa, ya que no hay letreros  que lo indiquen y las instituciones aluden a normativas u ordenanzas para no hacerlo. Aguilera señaló que “se refugian en la catetada” para no ayudar a llegar a un lugar “que es un faro en el mundo”. “Han perdido ya mucho tiempo -dijo interpelando a los responsables públicos-, pónganse manos a la obra sin más demora, aprovechando que vienen elecciones, e incorporen un puñado de señales viarias”. 

Más información: Nota de prensa

Cine medioambiental en la FCM

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La FCM acoge por quinto año una selección de películas del FICMEC de Garachico

Es el quinto año que el Festival internacional de cine medioambiental de Canarias (FICMEC) llega a Lanzarote, a la Sala José Saramago. FICMEC alcanza su vigésima edición aunque es heredero del Festival de cine ecológico que nació en Puerto de la Cruz en 1982. Ahora su sede está en Garachico pero la itinerancia ya lo ha llevado este mismo año al Espacio Cultural de Cajacanarias de Santa Cruz de Tenerife, a Montevideo y a Lanzarote, gracias a la colaboración de la Fundación César Manrique.

En la jornada inaugural, el director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, recordó que César Manrique fue uno de los impulsores de aquel primer festival, mientras que Ani González, coordinadora del FICMEC, señaló que para ellos es “muy importante tener el apoyo de la Fundación”. González aseguró que los promotores del Festival fueron “adelantados a su tiempo” y que “tenían razón en luchar por la conservación del medio ambiente”. “Deberíamos haberles escuchado”, afirmó. Otro de los impulsores fue Pepe Dámaso, hoy presidente de honor de FICMEC. González contó que en una charla que dio el pintor este año en el Festival, mucha gente joven quería preguntarle por César Manrique. “Cuando ves que hay jóvenes que tienen ese interés, nos sentimos satisfechos con el trabajo”.

En la programación que ha llegado a Lanzarote hay siete cortometrajes, tres de ellos de ficción y el resto, documentales, así como tres largometrajes documentales y uno de ficción. Los espectadores pudieron disfrutar de dos de las cintas ganadoras de este año: Invisible Blanket, ganadora como corto de ficción y Refugiados, como mejor corto documental. Durante los tres días del Festival se programaron dos jornadas matinales con cuatro proyecciones para escolares a partir de 11 años, de sexto de primaria y de secundaria, del documental Sobre ruedas, una película que trata sobre las consecuencias sociales y ambientales del automóvil. En las proyecciones estuvo presente el director de la cinta, Óscar Clemente, con quien debatieron los alumnos.

Clemente les planteó cómo las infraestructuras, en lugar de resolver los atascos, provocan que se genere más tráfico y les instó a que consultaran periódicos de 1960 en los que en Arrecife ya se hablaba de que había atascos y se decía que la solución era crear carreteras más grandes. “Es un problema que nunca se ha solucionado porque cuanto más grandes son las carreteras, más coches circulan por ellas, y llevamos así cuarenta años”, aseguró. “Para reducir el tráfico hay que darle menos facilidades”.

En el debate posterior a la película se habló de tráfico pero también de la seguridad en las calles, de educación y de responsabilidad. “Todo está relacionado”, según Clemente que afirmó que “hemos dado todo el poder a los coches”, que cada vez son más seguros para el que va dentro y más peligrosos para el que está fuera. Muchos niños afirmaron que sí siguen jugando en la calle y que van solos por la ciudad aunque también plantearon que se juega más en casa por la proliferación de aparatos tecnológicos. Clemente dijo que en los parques los niños juegan enjaulados, al igual que los linces en cautividad y que el diseño de las ciudades obliga a los padres a ser “carceleros” de sus hijos. “Lo que más seguridad da a las calles es la presencia de niños”, afirmó, y abrió el debate sobre el miedo a ser secuestrado a pesar de que los datos demuestran que es un riesgo muy remoto y que el 95 por ciento de los secuestros se producen en el entorno familiar. “La ciudad -señaló Clemente- se ha convertido en el bosque de los cuentos infantiles”.

Información sobre FICMEC 2018 en Lanzarote

Programación de FICMEC en Lanzarote

Taller “Lanzarote. Los pueblos enterrados por las erupciones históricas”

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José de León desentierra la historia de los pueblos sepultados por el volcán

Desde la cima de Montaña Ortiz se puede dar una clase práctica sobre cómo era Lanzarote antes de las erupciones históricas. Desde allí se podía ver el poblado de Chimanfaya, frente al Volcán de Los Cuervos o de La Lapa. Girando hacia el Norte, se podía contemplar el pueblo de Mancha Blanca en su antigua ubicación, y más allá el Cortijo de Iniguadén, que fue propiedad de los Marqueses, y después de Luis de Betancort Ayala, probablemente el hombre que acumuló más terrenos en la Isla. Y ese paisaje, y la mirada, lo cruzaba un enorme barranco que corría hasta Mozaga y después se bifurcaba en dos: el barranco de la arena y el del jable. Y haciendo el giro completo se podía ver el Pago de Candelaria, que no estaba en Tías, y las aldeas de Masintafe y de Testeina, donde aún se conserva un taro y se aprecian, entre la lava, los muros de una casa en el lugar donde tenía la suya Domingo Hernández Fajardo, el abuelo de Clavijo y Fajardo. “Así que nos podemos imaginar que en este lugar jugó Clavijo y Fajardo cuando venía a la casa de sus abuelos”. Quien insta a este ejercicio evocador es el arqueólogo José de León, que impartió en la Fundación César Manrique, los días 9, 10 y 11 de octubre, el taller Lanzarote. Los pueblos enterrados por las erupciones históricas y que terminó precisamente con una jornada de visita a Testeina y subiendo a Montaña Ortiz.

José de León dio once vueltas al sol mientras realizaba su tesis doctoral sobre la Isla que había antes de las erupciones. Es un trabajo de reconstrucción territorial mediante fuentes orales, escritas “y mucho sentido común”. La ceniza, la lava, o ambas cosas, enterraron 21 núcleos, desde pueblos hasta aldeas o pagos de tres o cuatro casas. El más grande era Tíngafa, con cerca de 500 habitantes. También quedaron bajo el volcán Chimanfaya, que fue el primero en desaparecer, El Chupadero o Santa Catalina. Eran, dice De Léon, el tercero, cuarto, quinto y sexto pueblos con más población de aquella época. La erupción sepultó tres ermitas: Santa Catalina, Candelaria y Buen Lugar, además de sillas de grano, taros, hornos de cal, casas, tahonas o corrales de pajero. Lo que hoy son las Montañas del Fuego eran llanuras donde se cultivaba cereal, Los Llanos del Bollajo. Había vegas fértiles donde pastaban “más vacas que camellos”, había pardelas, lobos marinos, zifios, tabaibas, veroles, guirres, guinchos, avutardas y unos 5.000 habitantes en toda la isla, de los que emigraron la mitad, a pesar de que en los primeros años las autoridades prohibieron la salida. La actividad volcánica no fue continua pero sí insistente. Hay constancia de que a un vecino de la época, José Aguiar, la lava le sepultó hasta tres casas en tres pueblos diferentes a lo largo de esos seis años.

José de León no sólo habló del pasado anterior a las erupciones, sino de la construcción humana del territorio posterior al volcán, de la “cultura del volcán” que se crea después: la apertura de caminos, la aparición de los enarenados, de la viña, del aguardiente y del vino. “Los vecinos de Yuco y La Vegueta -señaló- descubren que plantando con ceniza se multiplica por siete la producción”, algo que ya sabían, probablemente, los habitantes del norte de la isla. Pero sobre todo hay dos elementos característicos de esa cultura: la emigración, tanto a América como a Madeira o a Fuerteventura, y la Virgen de Los Dolores, que es la única virgen que desplaza al santo de la conquista, San Marcial: “La virgen concentra el imaginario colectivo de la erupción”. Tras esa erupción, que “atacó la zona más rica de la Isla en un momento de expansión” se dio paso a varios repartimientos de tierras, tanto comunales como privadas. Así se crea Tías, Masdache y la nueva Mancha Blanca y crecen Yaiza, Uga, Los Valles, Soo o Femés.

Pero, ¿cómo se pudo hacer esta reconstrucción del pasado? Una parte del taller se ocupó de explicarlo. De León se sirve no sólo del trabajo de René Verneau, del de Herrnández Pacheco o, más reciente, de la toponimia de Agustín Pallarés, sino también del testimonio de personas mayores que han ido recibiendo el conocimiento de sus antepasados. También le sirvieron los restos arqueológicos, “patear el territorio”, las prospecciones geofísicas o las fotos aéreas. Utilizó un sistema de localización geográfica, comparando mapas de varias épocas y eliminando los elementos que surgen después de la erupción e intentando identificar aquellos elementos que siguen manteniendo el nombre anterior. Para elaborar el mapa de los pueblos enterrados, con el que se trabajó durante el taller, el arqueólogo tuvo que dividir el territorio en cuadrículas de un kilómetro cuadrado. Lo más valioso, no obstante, son los documentos y sobre todo los protocolos notariales de venta de terrenos y de testamentos. Son “una información muy precisa” y una “referencia básica” para intentar reconstruir esa historia. Y otros documentos: el diario del cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo, las actas capitulares del Cabildo catedral de Las Palmas, lo que se encuentra en el Archivo de Simancas, en el Museo canario, en las actas del Cabildo de Fuerteventura, los archivos parroquiales de Tinajo y Yaiza o la descripción que realiza el obispo Dávila Cárdenes.

“El volcán cambia la historia de Lanzarote”, señaló José de León, que aseguró igualmente que “para lo que fue Timanfaya, la gente tiene poca información”. El arqueólogo está preparando un puzzle para enseñar en los colegios este pasado. “Tenemos una cultura importantísima, que hay que transmitir, porque lo que hizo la población por reconstruir y salir adelante fue tremendo”. Además, plantea la necesidad de que en el curriculum escolar en Canarias se incluyan contenidos para adquirir conciencia del peligro que supone el volcán. Hace casi 300 años, con aquella erupción que comenzó en 1730, aunque unos más y otros menos, “todo el mundo perdió”. Por eso terminó con esta reflexión: “El volcán es de las pocas cosas que hace que la avaricia humana tenga un tope”.

Más información sobre el taller: Programa y horarios

Más información: Nota de prensa

 

Visita del presidente del Gobierno español y del primer ministro de Portugal a la FCM

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Con motivo del homenaje a José Saramago por el 20 aniversario de la entrega del Premio Nobel de Literatura, el presidente del Gobierno del reino de España, Pedro Sánchez y el primer ministro portugués, Antonio Costa, visitaron Taro de Tahíche, acompañados por el presidente de la Fundación César Manrique, José Juan Ramírez, y por su director, Fernando Gómez Aguilera.

El presidente del Gobierno español ha compartido en su Twitter la experiencia de su vista a la sede de la FCM: “Fabulosa visita junto a @antoniocostapm a la Fundación César Manrique, en Taro de Tahíche. Y fabulosa la labor que llevan a cabo mezclando la difusión de la obra de Manrique, la promoción cultural y el compromiso con el #medioambiente y el territorio”.

 

Conmemoración del 50º aniversario de la construcción de Taro de Tahíche

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El pasado día 2 de octubre se conmemoró el 50º aniversario de la colocación de la primera piedra de Taro de Tahíche, la casa del artista César Manrique desde 1969 hasta 1988, actual sede de su Fundación.

Con motivo de este aniversario, la Fundación César Manrique celebró un acto festivo, abierto a todo el público de Lanzarote, en el cual se ofreció un aperitivo con ambientación musical. Unas 700 personas acudieron para rendir homenaje a César Manrique. Durante la celebración, se pudo visitar el museo de la Fundación César Manrique, antigua casa del artista, que permaneció abierto hasta las 23:00 h.

Más información sobre el 50 aniversario casa César Manrique en Tahíche

Selena Millares: “Lanzarote, el oasis de arte de la familia Millares Sall”

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Lanzarote fue el oasis de los Millares Sall. El poeta José María Millares y su hermano Manolo, el pintor, reconocieron públicamente que su estancia en Arrecife había sido uno de los momentos más dulces de su vida. “En Arrecife se hicieron todos artistas”, señala Selena Millares, catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Madrid e hija de Totoyo, el timplista, el pequeño de los Millares Sall. Selena es autora de El Faro y la noche, las memorias de la familia en forma de novela. En la Fundación César Manrique , el día 20 de septiembre pronunció la conferencia Encrucijadas artísticas del imaginario insular: César Manrique y la familia Millares, que dividió en cuatro partes: los antecedentes del millarismo, de “una familia que era una celebración colectiva de las artes” repleta de pintores, músicos, escritores; la primera estancia de la familia en Arrecife en 1928; la segunda, entre 1936 y 1938; y finalmente, la última parte, el devenir de los artistas. El hilo conductor es el padre, el poeta y profesor de instituto Juan Millares Carló.

Esta historia de los Millares comienza con otro Millares, Agustín Millares Torres, hijo de músico de cuerda, nieto de músico de catedral, y excomulgado por el obispo debido a no rectificar su opinión sobre dos prelados. También fue novelista y poeta, amigo de Menéndez Pelayo y Pérez Galdós y autor de Historia General de las Islas Canarias y de Historia de la Inquisición en las Islas Canarias. Sus hijos fueron los Millares Cubas, dramaturgos y músicos. Uno de ellos también se llamó Agustín y tuvo otro hijo del mismo nombre y uno más que se llamó Juan: Juan Millares Carló, primo a su vez de otros artistas, Claudio y Josefina de la Torre. Su tío fue el pintor Juan Carló, gran bohemio contemporáneo de Tomás Morales, Saulo Torón o Alonso Quesada. Millares Carló se casó con la pianista Dolores Sall Bravo de Laguna y tuvieron nueve hijos, entre los que están los poetas José María, Sixto y Agustín, el pintor Manolo, la pintora Jane, Eduardo, dibujante conocido como Cho-Juaá, y los músicos Yeya y Totoyo, los más jóvenes.

En 1928 la familia se traslada a Arrecife por primera vez. El padre gana la cátedra en el Instituto de las Cuatro esquinas pero solo permanecen un curso. “Eran muchos hijos, la vida era dura y no llegaba el sustento”, asegura Selena. En Arrecife entabla amistad con el escritor Agustín Espinosa, comisario regio del instituto, con quien conversaba y bebía muchas noches. Juan era fornido y Agustín débil y algunas veladas acababan con el primero cargando en brazos al segundo y éste diciendo: “Le debo la vida”. Ambos dieron clase a César Manrique, que ya traba amistad con algunos de los hijos, también alumnos.

La segunda estancia es obligada. Agustín Millares Sall había sido detenido con 19 años y enviado a un campo de concentración en Gran Canaria. Le ofrecen la alternativa del destierro y vuelve de nuevo a Arrecife toda la familia, esta vez, con dos hijos más. Había además otra razón: la depuración del padre. Juan, que en ocasiones sustituía al profesor de religión en el Instituto Pérez Galdós, fue delatado por el presbítero Manuel Socorro porque había comentado en clase que la creencia de que un Cristo de madera pudiera sudar sangre era una superchería. Ocho cartas del sacerdote en su contra acabaron por hacer efecto y Millares Carló pierde la cátedra. En Arrecife cierra el instituto y “el hogar se convierte en escuela”. Los niños dejan de tener una educación reglada y se vuelcan en el arte. El padre escribía obras de teatro cómicas que representan entre todos, dibuja para ellos y elaboran una revista familiar con poemas y dibujos que se completan de forma colectiva. Aparecen los primeros dibujos de Manolo Millares, con once años. Pero no dejó de haber problemas. Agustín fue denunciado por un chófer que escuchó una conversación sobre política. Otra vez la primera opción es el campo de concentración y, en esta ocasión, la alternativa es ingresar en Falange. Dolores tiene que vender su piano para comprar los uniformes, y tras el piano acabarán vendiendo los muebles para poder comer. La tragedia sigue: Sixto, muy debilitado, decide ingresar en el ejército para no ser una carga y muere con 19 años de tuberculosis.

Vuelven a Las Palmas y siguieron cultivando las artes. Los hermanos mantienen la amistad con César Manrique aunque Manolo y César, además de la amistad, mantienen diferencias. Y sigue la vinculación con Lanzarote: Jane expone en la Isla, Cho-Juaá hace los folletos del primer hotel, el Fariones y Manolo dedica varios poemas a la Isla. “El arte sigue siendo el centro de la vida familiar”, dice Selena. Continúan haciendo revistas familiares como La Pandilla o Viento y marea. Una de ellas, Planas de poesía, editada entre 1949 y 1951, llega hasta la Brigada político social. Detienen a José María, que fue encarcelado, interrogado acerca de una inexistente imprenta rusa y torturado. No pueden publicar nada hasta que en los años sesenta vuelven con Millares, una revista familiar, haciendo lo mismo que empezaron a hacer en Arrecife en los años treinta.

Mientras tanto, los padres, Juan y Dolores viven de manera muy pobre, en azoteas prestadas. Juan amaba la docencia pero no podía dar clase. Seguía escribiendo poemas y obras cómicas que enviaba a su familia para mantenerla unida. Después de veinte años le permiten dar clase, pero en La Palma. Sin embargo, vuelve la desgracia. Un cáncer de laringe le deja sin voz y tiene que dejar de nuevo las aulas. Muere en marzo de 1965 sin ver su obra publicada, una obra que su nieta, Selena Millares, recopila y publica. Este es su epitafio:

La mano que estas líneas escribe

en tiempo no lejano estará inerte

cuando la hora final al fin arribe

lo que haya de quedar será más fuerte. 

Más información: Nota de prensa

Nilo Palenzuela: «Me gustaría comprender que el mundo no es solo lo que vemos»

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«Animales impuros —dijo Oswaldo Guerra— es un libro muy singular». Así comenzó la introducción o contextualización de la obra, en conversación con su autor, Nilo Palenzuela, el día 28 de junio, acercando al público que asistió a la presentación en la sala José Saramago, a lo que no es el libro, que no sólo es singular en sí mismo sino también en la trayectoria de publicaciones del autor. Animales impuros tiene como características centrales: la ironía, el humor y una visión poética, en su sentido etimológico de creación.

El libro, publicado por Editorial Libros del Innombrable, se acerca a los bestiarios contemporáneos, como El libro de los seres imaginarios, de Borges, o textos de Monterroso y de Cortázar. En cuanto a su tipología textual, por tanto, podría ser un bestiario contemporáneo, pero “solo se puede ver como un bestiario de forma irónica”, así que no es un bestiario aunque se acerque. Podría ser una prosopopeya o un tratado literario de animalística, o un tratado de zoología fantástica, pero tampoco. “No es nada de esto, pero tiene partes de todo esto”, señaló Guerra. Precisamente, el libro tiene cuatro partes. La primera, Animales impuros, ofrece un acercamiento a artefactos tecnológicos como el teléfono, el ordenador, la televisión o el avión. El autor diría al finalizar la presentación que cree que son animales de verdad y que no son inofensivos. La segunda, Otros seres de entendimiento, habla de peces y aves. Rezagados sin clasificar, la tercera, es una combinación de animales y artefactos y la última, la más “poética, ética y existencial” es Arañas y recuerdos. Guerra dijo que prefiere hablar del libro como un conjunto de microrrelatos con ironía, humor y un concepto como la reificación, visto este último desde un punto de vista marxista, no como una cosificación porque se trata de cosas, sino como una alienación radical.

Palenzuela comenzó su intervención manifestando su preferencia por no hablar de sí mismo y sacudirse la erudición como hace un perro cuando sale del agua. Avanzó, eso sí, que cree que con este libro se va volviendo “algo legible” y que el humor, en la obra, como la amistad, “abrazan e invitan a comprender de otra manera”.

Guerra abrió la conversación preguntando el porqué del interés por los peces y por las aves. Palenzuela contestó que las aves le fascinan desde que era un niño, y los peces le interesan por su presencia en diferentes ritos y en la pintura. “No sé explicarlo, es enigmático”. La primera parte que escribió del libro fue Arañas y recuerdos. Por las arañas siente temor y atracción desde que le picó una de ellas, en su infancia, cuando estaba con su hermano gemelo en el granero de su casa. “Las arañas construyen geometrías extraordinarias” y tienen relación con la condición humana. “Me gustaría comprender que el mundo no es solo lo que vemos”, dijo Palenzuela, y la conversación siguió por los caminos de la memoria, del viaje, del desplazamiento, del asombro…

Al autor, que leyó varios fragmentos del libro durante la presentación, también le es extraño el término microrrelato. El libro surge por necesidad y porque su estilo siempre es fragmentario. Según su propia definición, no es un escritor de fondo, de maratón, sino de los que se cansa en cuatro metros y queda asfixiado, “medio asmático”. “No hay voluntad de estilo, sale lo que sale y uno es lo que es”. De la misma forma, admira a la gente que es capaz de creer en algo y entusiasmarse, “pero yo soy de entusiasmo corto”, concluyó.

Más información: Nota de prensa