César Rendueles: un lenguaje de esperanza frente a la desesperación del futuro

César Rendueles, científico en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), expuso su impresión sobre la existencia de “un cambio profundo en nuestros afectos políticos” el 14 de mayo en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. “Hemos pasado, en los últimos años, del ‘sí se puede’ a una sensación de pérdida del futuro, de cualquier futuro”. De esta manera dio comienzo a su conferencia titulada “La pérdida del futuro. Tecnología catastrófica, guerra cultural y postdemocracia”.

Según explicó el filósofo, “hay épocas en las que parece que todos somos más igualitarios o más libres, en las que se vislumbra un mundo más justo, y otras, como la actual, en las que parece que todo el mundo es más autoritario o más conservador y se convive con una sensación de impotencia colectiva, con unos afectos tristes que nos vuelven pasivos ante un mundo que se descompone”. En este sentido, continuó detallando cómo, de pronto, “la tierra es fértil para que prosperen fuerzas autoritarias y los estilos de vida se convierten en un campo de batalla. Parece que todo va mal cuando antes todo iba bien, aunque una mirada más realista revela que la sensación anterior era un efecto óptico y que vivimos la resaca de la degradación de la democracia. Las élites siguen acumulando poder y se mantienen los procesos de mercantilización”, precisó.

El filósofo húngaro Karl Polanyi consideraba la crisis de los años treinta del siglo pasado no como una anomalía, sino como el desenlace previsible. Así parece, igualmente, la crisis que se inicia en el año 2008, derivada del neoliberalismo, una apuesta por reducir la soberanía democrática y el momento en que la derecha incendia el espacio del multiculturalismo. “De repente, la primacía de lo laboral o lo económico tiene un escaso impacto electoral y se ve desplazada por una batalla cultural en la que se dibuja el enfrentamiento como inevitable y la convivencia como imposible. Incluso se da la paradoja de que muchas personas consideran que su situación económica ha mejorado pero la del país ha empeorado”, argumentó Rendueles.

La diferencia con los años treinta es, en parte, la desarticulación de la política. “Las amenazas a la libertad y la dominación no son peores que antes, pero sí son más confusas” a su juicio. La ultraderecha impugna las bases de nuestra civilización y apela a discursos radicales bíblicos, extraños, pintorescos o exagerados. Además, se produce un uso sistémico de los bulos como herramienta de movilización política y la cultura de la conspiración se convierte en una ideología. “La eliminación del futuro nos lleva a lo que Marina Garcés llama la ‘condición póstuma’, es decir, vivir en un mundo que estuviera acabado, habitar una prórroga histórica sin horizonte”.

En la segunda parte de su ponencia, Rendueles se centró en la falta de alternativas de progreso que ha construido la izquierda ante este escenario. Por una parte, las críticas a la idea de progreso son lúcidas o pertinentes, pero tienen un coste. Frente a la postura hegeliana de que la historia es unidireccional, tiene un significado y existe un sentido de avance, otros autores plantean que la idea de progreso no es más que un consenso, que no hay un todo histórico ni una historia universal y solo existen progresos parciales. Esta crítica a la idea de progreso nos coloca al borde del nihilismo político.

Rendueles finalizó analizando dos escenarios actuales. El primero es el de la tecnología digital. Inicialmente estaba dominada por una narrativa en la que la tecnología era la solución para todo, en la que Internet y las redes sociales eran la cara amable de la globalización neoliberal. De ahí se ha pasado a una narrativa catastrófica, que es una perspectiva tan ingenua como la anterior. “Tenemos una relación fetichista con la tecnología, como si no tuviéramos ninguna capacidad de influencia”, señaló el conferenciante. La tecnología nos vuelve dóciles, incapaces de pensar en escenarios positivos sobre lo que se está creando.

El segundo escenario es la crisis medioambiental, que se plantea como inevitable, aunque para el filósofo no lo es y considera que no estamos condenados al colapso. De hecho, señala que hay “vientos a favor”, tanto en China, como en Europa o en el Sur global, con algunas propuestas sólidas y una revolución tecnológica en marcha. Sin embargo, eso “no lo pensamos como un horizonte posible para impulsar la acción colectiva”. Se señalan los límites y las incoherencias de la transición ecológica por delante de la posibilidad de que prospere esa transición. “Señalamos que la ideología del progreso está en el ADN del ecocidio, y es una reflexión lúcida, pero nos empuja a un escenario de pasividad”, sostuvo.

Rendueles consideró, para finalizar, que, aunque las señales de cambio de época estén presentes, es necesario aplicar “un lenguaje de esperanza” y asumir que siempre viajamos a tientas. Es una versión de la esperanza no como certeza, sino como la capacidad que tenemos para cultivar la idea de progreso mediante la práctica individual. Una idea sin garantías, como sostuvo Raymond Williams, que decía que “ser verdaderamente radical significa hacer posible la esperanza, en lugar de convencer de la desesperación”.

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Luis Antonio de Villena: «La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales»

Luis Antonio de Villena comenzó su intervención titulada “Un nuevo paganismo” el día 7 de mayo en la Sala José Saramago, recordando a César Manrique, al que conoció en Las Palmas de Gran Canaria, junto a Pepe Dámaso. Lo calificó como “un hombre de carácter. Ese elemento impositivo que estaba en el carácter de César ha sido muy bueno para Lanzarote”, señaló.

El “nuevo paganismo” al que hace referencia el título de su conferencia tiene que ver con “no sentirse encuadrado” dentro de una moral católica que forma parte del poder y suele ser muy restrictiva respecto a la libertad individual. Señaló que casi siempre se habla de una libertad colectiva y “ese es el primer error” porque la libertad es “esencial, primeramente y primariamente, individual”. “La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales. De la misma forma, si no se produce esa libertad individual y solo hay libertad colectiva, el individuo no es libre”.

Puso como ejemplo la eutanasia, la “buena muerte”, la renuncia a una vida vegetativa que es vida, pero no es vida humana, ya que esta requiere pensar y tomar decisiones. Si solo hay libertad colectiva, la sociedad, regida por una moral católica, le va a decir “que usted no es el responsable de su vida, sino que el responsable es Dios. Sería un horror que la eutanasia fuera impuesta y sería un horror también que no hubiera esa posibilidad”. Por eso, insistió Villena, la libertad individual está por encima de la libertad colectiva y ésta se organiza cuando varias personas que han optado por esa libertad se unen. Como decía Ortega, “todos somos en algún momento masa y en algún momento minoría”.

En ese sentido, ahora aparece el hombre-masa, “que no sabe, pero cree que sabe de todo. Esto supone un mal terrible si se impone este tipo de hombre que cree que tiene derecho a todo y es igual que todos, lo cual es cierto en sentido general pero no lo es en sentido particular. De ahí la necesidad de saber, de estudiar, de conocer…, a pesar de la mala calidad actual de la enseñanza”.

El poeta recitó algunos poemas de su último libro publicado, Miserable vejez, confrontando el discurso oficial de la tranquilidad, la experiencia, la sabiduría que ofrece la vejez, al “no oficial” que revela que no se sabe qué hacer con los viejos mientras el cuerpo se va deteriorando. Los poemas hablan de un sentido de sabiduría “que tiene que ver con cierta idea del paganismo, del valor del perdedor o de la necesidad de la unión entre la vejez y la juventud, lejos de los discursos oficiales que convierten esas necesidades o ideas, en realidades intangibles y tenazmente separadas, como si el viejo fuera a manchar al joven”.

Por algunas de esas cuestiones, como “la ignorancia que va supliendo todo” o la preponderancia del hombre-masa, al poeta le asiste la sensación de que, en este momento, “el mundo está gobernado por locos”. Abordó el autor la superpoblación, la natalidad y, en cierto modo, la inmigración. “Se dice que vivimos un planeta superpoblado, que el planeta no va a tener recursos para alimentar a tanta gente, pero al mismo tiempo se fomenta la natalidad por razones económicas, no por humanismo o por amor a la familia”. “Bastaría traer a quien corresponda, porque siempre ha habido gente que ha buscado horizontes mejores para su vida”.

De Villena aseguró que es una persona optimista, aunque no lo parezca, pero pesimista en este sentido: “Creo que se está produciendo una destrucción del mundo y a lo mejor en algún momento esta dirección cambia, y dentro de cincuenta años se ve un mundo distinto y mejor”. No obstante, “el mundo siempre ha sido malo, siempre ha habido guerras y desastres, y los grandes genios que han existido no llenan el inmenso espacio de los que han destruido porque los que han destruido son muchos más que los que han edificado”.

Finalizó con un poema, una idea o meditación, que nació contemplando la desembocadura del río Magdalena, en Colombia, donde se unen dos aguas. Tras el poema señaló que “la poesía y la literatura, son un placer. Nos tiene que gustar, nos tiene que mover, pero también va dejando semillas de preguntas que el autor no tiene que responder o responde solo de manera ocasional, y de repente esas semillas aparecen y crean en nosotros pensamientos nuevos y nuevos sentimientos. Eso es lo mejor de la literatura, esa creación que se produce en nosotros después del placer de la lectura”, concluyó.

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Yayo Aznar y los peligros de la gestión de la memoria: manipulación, banalización o mercantilización

La sala José Saramago de la Fundación César Manrique acogió el 30 de abril la conferencia titulada “(Des)velar la melancolía: arte, memoria y gestión política”, que fue impartida por Yayo Aznar, catedrática de Historia del Arte de la UNED. En su análisis de la gestión actual de las memorias recuperadas y su visibilización —tanto en el espacio público como por parte del mundo del arte—, la historiadora afirmó que nos encontramos instalados dentro de la sociedad de la memoria, lo “que nos hace sentir bien” y percibirnos como miembros de “una sociedad justa”, sin embargo, no estamos “en el camino más fructífero”.

Aznar explicó cómo por un lado, nosotros, como sociedad, corremos el riesgo de caer en la autocomplacencia, mientras que la memoria corre varios peligros más como su capitalización, manipulación política “por todas partes”, la banalización y la mercantilización, es decir, hacer de ella un comercio de la nostalgia. Estos son los riesgos aparentes, matizó, aunque los hay más profundos, como caer en el hastío por sobredosis, al que está expuesto una generación “con un futuro negro” que le hace añorar tiempos pasados que no conoció, o bien la falta de eficacia de las políticas sobre la memoria, entre las que destacan “una profusión de memoriales que no ayudan a tomar la memoria más en serio”.

Durante su conferencia, Aznar abordó la cuestión anteriormente expuesta a través de ejemplos. El primero de ellos: el Memorial de Berlín, un monumento en memoria de los judíos asesinados en Europa “que no es inocente en nada,” y se centra en las víctimas, en el horror. El contexto en el que nació es importante: la cuestionada visita al cementerio de Bitburg de Ronald Reagan, en 1985, en un homenaje a miembros de las SS; con Helmut Kohl en la presidencia alemana, en un momento en el que en ese país se debatía sobre la necesidad de historizar el pasado y plantear el problema de la identidad, aunque en realidad es un debate sobre la autocomplacencia. En primer lugar, la línea conservadora que planteaba el nazismo como una especie de paréntesis y, en segundo lugar, una línea de pensamiento —en la que se encontraba el filósofo Jürgen Habermas— que lo consideraba como una culminación de las ideas nacionalistas. En ese contexto, se propone un concurso público para el Memorial al que se presenta una propuesta que plantea volar la Puerta de Brandeburgo, no por negar el pasado, sino con la visión de que siempre quede inconcluso para poder discutir sobre él permanentemente. Finalmente, no salió seleccionada; se elige la propuesta de Peter Eisenman, que impone una narración que ayuda a normalizar un “incómodo pasado”.

También, Yayo Aznar se refirió al Valle de los Caídos y el último intento de resignificación bajo el nombre de Cuelgamuros, un nuevo proyecto en el que no desaparece ni la gran cruz ni la basílica, pero donde se pretende crear un centro de documentación y memoria “sin contenido real”, y sobre el que considera que existe “una débil discusión”. Aznar señaló que, para muchas personas, los monumentos en ruinas sirven para seguir reivindicando que la ruina recuerda “un pasado glorioso al que se puede volver en algún momento”.

Este tipo de memoriales explicó, parten de la idea de que la inmersión en ese pasado debería alentar en sus visitantes una transformación en su actitud y provocar un sentimiento mayor de igualdad. Aznar cuestiona esa eficacia ya que quienes los visitan ya muestran interés. Por otro lado, cuando se organizan visitas con estudiantes, parece que se quiere sustituir con una visita lo que debería ser parte de una formación “que ayude a pensar”. Con los memoriales, se intenta “pacificar las relaciones sociales” pero parece que no son eficaces para la memoria y sí fomentan, en cambio, una especie de “turismo desinteresado” incluso en lugares como Auschwitz. “Es posible que solo se busque una reflexión inmediata pero que no se cuestione nada en profundidad”, señaló.

El arte contemporáneo también se preocupa por el pasado. Actualmente se elaboran una gran cantidad de lecturas sobre memoria, género o postcoloniales para cuestionar la historia. Todo esto nace de la tesis de Walter Benjamin sobre el concepto de historia, cuya idea central es entenderla como algo que no ha pasado, que siempre está presente y que, por tanto, requiere de una acción por nuestra parte y debe estar afectada por la memoria.

En este sentido, Aznar expuso los trabajos de Hans Haacke, Rogelio López Cuenca o Francesc Torres, considerándolos trabajos de documentación “necesarios” pero que no están exentos de problemas. Algunos de ellos fueron pioneros en ese campo, sin embargo, después llega una multitud de artistas que trabajan sobre la memoria de manera exhaustiva y se focalizan en las víctimas, al igual que las políticas de memoria. “Esto en realidad no hace ningún favor a las víctimas”, según Aznar, que cree importante “distinguir a las víctimas de los culpables”, y honrarlas. No obstante, a su juicio, de esto también se derivan consecuencias. En primer lugar, provoca que el pasado lo protagonice una “subjetividad sufriente”, que se dibuje el siglo XX como un matadero sin fin, cuando también fue el tiempo histórico durante el que más se estrecharon las diferencias sociales, “un siglo de esperanza” en el que con estas visiones, parece que solo fue “el siglo de la ceguera y de la derrota”, “como si solo fuera cierta la sangre derramada y el dolor inútil de las víctimas” o como si las víctimas nunca hubieran actuado y “solo padecieran”.

“Y esto también hace daño a las víctimas”, señaló Aznar, porque supone en cierto modo “darle la vuelta a Walter Benjamin” y convertir a todas las víctimas en héroes o convertir la gestión política sobre el pasado “en una simple gestión de la memoria de las víctimas”. Ante esta situación surgen muchas dudas y parece que existe “un oscuro deseo político por pasar página al que puede que esté ayudando el arte, cuando lo que las víctimas desean conseguir es verdad, justicia y reparación”.

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Margarita del Val: «Estamos más preparados que antes frente a próximas pandemias»

La Fundación César Manrique inauguró su programación cultural para 2026 el 27 de marzo con una conferencia impartida por Margarita del Val, investigadora científica, viróloga e inmunóloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). A la pregunta con la que tituló su intervención: ¿Estamos más preparados para próximas epidemias?, la divulgadora científica respondió afirmativamente. No obstante, antes de llegar a esta conclusión, tuvo que explicar qué es una pandemia, cómo son los virus, cómo se fabrican las vacunas o cómo se ha actuado ante casos recientes y buscar una contestación basada en la evidencia científica y la experiencia adquirida.

Según Del Val, a la aparición de la próxima pandemia pueden contribuir muchos factores: la población mundial crece, concentrándose en las ciudades, a las que trasladan sus costumbres rurales de relación con los animales; nos movemos mucho, transportando animales e insectos; el clima es más suave en las zonas templadas, lo que favorece la proliferación de mosquitos y, en consecuencia, el aumento en la transmisión de enfermedades; además de que existe una mayor esperanza de vida  y los virus suelen afectar principalmente a las personas mayores. En este sentido, Europa aparece como uno de los lugares más vulnerables debido al envejecimiento de su población.

En cuanto a la evaluación del riesgo sobre un nuevo virus, lo primero, a juicio de la viróloga, es “conocer al enemigo”. Esto quiere decir que hay que saber cuál es su nivel de amenaza, nuestras defensas y el grado de inmunidad de la población. Toda esta información y su contexto, ayudará en la manera de actuar frente al virus, matizó. Posteriormente, explicó cómo se pudieron lograr las vacunas del Covid-19 —aislando a la proteína S— y trasladó las diferencias entre vacunas para virus como el del SIDA o la malaria, que son mucho más complejas.

Del Val insistió en que se han establecido pautas como la higiene de manos o del material quirúrgico, así como la potabilización del agua, que han acabado con muchas posibles infecciones y que otra acción importante a tener en cuenta es la medición de la calidad del aire, que debería llevarse a cabo en los edificios públicos. “Es importante hacer un esfuerzo en que el aire sea respirable sin compartir virus”, aseguró la investigadora antes de finalizar con la exposición de tres casos recientes de contagios para analizar cómo hemos reaccionado ante ellos, qué hemos aprendido, y poder contestar así a la pregunta de si estamos mejor preparados que antes para próximas pandemias.

El primer caso que planteó fue el del virus del Nilo occidental (Sevilla, 2020). Se registraron ocho muertes por encefalitis en 77 casos. Se pensaba que el virus venía de los caballos, pero estaba en las aves de los arrozales y las marismas, y de ahí pasaba a los mosquitos y las personas. Se fumigaron las larvas de los mosquitos para evitar la expansión. Se bloqueó a quien transmitía la infección. En los años siguientes hubo sequía, y por tanto menos mosquitos y ningún caso. Las autoridades se confiaron y en 2024, sin planes para fumigar, hubo 20 muertos de 159 casos. Al año siguiente se fumigó con antelación y se evitó la propagación. En segundo lugar, del Val habló sobre la viruela del mono, que salió en 2022 fuera de África mediante un contacto estrecho, por vía sexual. “Aprendimos que si la gente se aislaba, el contagio se frenaba”, afirmó. Y se paró así, gracias a la experiencia con el Covid-19 y al comportamiento de las personas, que no pusieron resistencia para aislarse. “Si hubiera sido diez años antes, probablemente no se hubiera podido”, manifestó. Y, por último, trató sobre la gripe aviar, afirmando que, aunque está lejos de los otros dos casos, tendría una mortalidad muy alta si se contagiara entre humanos. La preocupación reside en que se produzca ese cambio. 

Margarita del Val concluyó su intervención asegurando que “sí estamos más preparados que antes” y recordando que la respuesta ante una pandemia depende tanto de la tecnología, como de tener buenas vacunas y de nuestro comportamiento. “Lo estamos haciendo bien”, sentenció.

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La FCM publica un nuevo título en su colección de poesía Péñola Blanca: «En la hondura del tiempo», de la poeta mexicana Coral Bracho

La Fundación César Manrique (FCM) publica un nuevo título dentro de su colección de poesía Péñola Blanca, que inició su andadura hace 30 años, en 1995: En la hondura del tiempo, de Coral Bracho (Ciudad de México, 1951). Se trata de la decimosexta entrega dentro de esta colección de libros inéditos, de tipo bibliófilo, cuya cuidada edición fue diseñada originalmente por Alberto Corazón. En la hondura del tiempo reúne 37 poemas. La tirada es de 400 ejemplares, numerados, los cien primeros firmados por la autora.

En palabras de Coral Bracho, “la poesía es una forma única de abrir caminos a la sensibilidad y de adentrarse en los deslumbrantes territorios del lenguaje para acercarnos al mundo que nos rodea, e incidir sobre él”. La autora mexicana, que mereció el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2023 “por su continua indagación en la politicidad de la poesía y el peso de la palabra escrita” afirma, al abordar las claves de su escritura, que “la libertad de expresión poética ha sido y sigue siendo para mí una necesidad, pero siempre he sentido también que aun los poemas más libres están sujetos a exigencias rítmicas y sonoras, aunque éstas sean mucho menos perceptibles para los lectores”.

En la “Breve poética” que acompaña a los poemas incluidos en su nuevo libro, Coral Bracho escribe, entre otras reflexiones, lo siguiente: “Cuando comencé a escribir poesía todavía convivían el verso libre y el verso medido, y formas más coloquiales con otras más complejas que se describieron como «neobarrocas» en Latinoamérica. Yo siempre he disfrutado la lectura de todo tipo de poesía, y nunca he sentido que haya formas poéticas que sean mejores que otras”.

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«César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo»

Eduardo Prieto, doctor arquitecto internacional, impartió el jueves 27 de noviembre, la conferencia titulada “El futuro del pasado. César Manrique y la arquitectura popular” en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. Comenzó describiendo a César Manrique como una figura “paradójica” de la arquitectura popular ya que, según el ponente, a través de su libro Lanzarote. Arquitectura inédita tuvo el empeño de “documentar una arquitectura a la cual no se había prestado demasiada atención” y utilizarla como un modo de construir “cierta modernidad, la utopía, el futuro”. En este sentido, Prieto habló de la doble mirada de César sobre la arquitectura popular: la de quien conoce su entorno y la de quien lo redescubre después de haber viajado. Su estancia en Nueva York y su contacto con las vanguardias son fundamentales, consideró. A César le interesa “ese valor intemporal de la arquitectura popular y el modo en que esa arquitectura se inserta en el paisaje”. En España es pionero en ese tipo de trabajo, afirmó el arquitecto.

Para revelar el secreto de la relación de Manrique con la arquitectura popular, Prieto se remontó a otros ejemplos, a otras islas que ayudan al artista a anticipar ideas, conceptos y visiones. La primera es Capri, la síntesis de lo mediterráneo que atrajo tanto a Goethe, como a Schinkel o a Herder, porque se trata de una arquitectura que habla de cierto modo de vida más sencillo y en contacto con la naturaleza. “En parte, la modernidad arquitectónica se inventa a través del descubrimiento de la arquitectura popular”, señaló. La segunda isla es Ibiza, que va a ser para los españoles lo que Capri para los europeos y también seduce a Walter Benjamin, Le Corbusier o Walter Gropius, el fundador de la Bauhaus. Volviendo a Lanzarote, Prieto destacó que, para César, la belleza es clave.

Prieto explicó cómo César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo. En la obra del artista —matizó—planea una dicotomía complementaria: la arquitectura como elemento que construye el territorio y al mismo tiempo es construida por ese territorio. A juicio del conferenciante, el libro, publicado en 1974, se puede leer también como un manifiesto incluso retroactivo de lo que se había hecho antes en la Isla, y encierra una mirada “que va a convertir la arquitectura en expresión de algo más”, una expresión social, etnográfica, de las costumbres. Le interesa esta arquitectura no tanto como un registro del pasado, sino como una proyección hacia el futuro, una arquitectura moderna pero anclada en la tradición, además de una mirada sobre la esencia de Lanzarote, manifestó.

Durante la conferencia, Prieto afirmó que Lanzarote. Arquitectura inédita “no es simplemente un trabajo etnográfico, sino un trabajo propositivo”, y destacó dos posibles precedentes: el libro El genio nativo en la arquitectura anónima de Norteamérica, de Sibyl Moholy-Nagy y, sobre todo, la exposición «Arquitectura sin arquitectos», que se inauguró en 1964 en el MoMA, comisariada por Bernard Rudofsky y que incluía una foto de La Geria. Esas miradas e influencias van a confluir en la manera en que César Manrique trabaja una arquitectura social, con base etnográfica, de vanguardia y ligada al contexto peculiar de Lanzarote. Cuando se plantea esta arquitectura, en España hay arquitectos que están pensando de manera parecida, como Alejandro de la Sota, Miguel Fisac, Coderch o Fernández del Amo.

A César Manrique “no le interesa la arquitectura popular como una receta, aunque luego se haya convertido en una receta en el caso de Lanzarote”, indicó Eduardo Prieto para luego explicar que “le interesa, fundamentalmente, como un material que puede ser reprogramado en clave moderna para hacer un arte distinto, y también de manera social” porque no la construye un individuo, sino la sociedad en su conjunto. “En realidad —señaló Prieto—, para el artista, la arquitectura popular no es solamente un documento para hacer la Lanzarote que él pensaba y su futuro, no es solo un pegamento social con el cual todo el mundo se puede reconocer o una herramienta para construir un estilo nuevo, una arquitectura moderna, sino que es la materia a la cual se le puede dar forma para construir lo propio”. Lanzarote. Arquitectura inédita cumple todas estas funciones, pero, además, “se tiene que entender por el personaje que lo ideó, lo concibió y que utilizó el libro como un programa utópico”, concluyó Prieto.

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Aminetu: «El Gobierno de España contribuye a perpetuar la ocupación ilegal en el Sáhara»

La Fundación César Manrique (FCM) presentó el 14 de noviembre de 2025, en la sala José Saramago, el largometraje documental titulado Aminetu: 50 años de ocupación, dirigido por Lucía Muñoz Lucena con guion de Nicolás Castellano y Sergio Rodrigo. Firmado por la productora malagueña Entrefronteras, este docuthriller trata sobre el conflicto del Sáhara Occidental y es contado a través de la figura que protagoniza la película: la activista saharaui Aminetu Haidar; con la huelga de hambre que mantuvo durante 32 días en el aeropuerto de Lanzarote tras ser expulsada sin pasaporte de El Aaiún como hilo argumental.

Tras la proyección, de 90 minutos de duración, Aminetu Haidar tomó la palabra para agradecer al pueblo lanzaroteño su solidaridad y compromiso con la justicia, en reconocimiento al apoyo recibido en 2009 cuando fue “deportada a la fuerza del Sahara Occidental por el régimen de ocupación marroquí en connivencia con el Estado español”. Denunció el sufrimiento del pueblo saharaui debido “al exilio, la represión, la tortura, la desaparición forzada y la ocupación ilegal”, y destacó la perseverancia de los saharauis pues, a pesar de la discriminación, marginalización y la privación de sus derechos mínimos, “siguen en pie”.

Con respecto al conflicto del Sahara indicó que existen tres muros que exigen una solución coordinada. El primero es el muro político y diplomático, donde la palabra referéndum ha sido sistemáticamente vaciada de contenido. Añadiendo, en este sentido, que “la reciente y ambigua resolución del Consejo de Seguridad de octubre de 2025 consolida este preocupante retroceso al tomar la propuesta de autonomía marroquí como base, sin mencionar siquiera la propuesta del Frente Polisario. España se ha convertido en facilitadora del estancamiento, normalizando un lenguaje que legitima la ocupación”.

Mientras la diplomacia se estanca, continuó exponiendo la activista, los saharauis se enfrentan a un segundo muro: el jurídico-económico. “La maquinaria extractiva marroquí genera miles de millones con los fosfatos de Bucraa, la pesca y los parques eólicos. Empresas europeas y españolas financian y legitiman la ocupación violando el derecho internacional y las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Cada saco de fosfatos, cada tomate etiquetado como ‘producto de Marruecos’ es un ladrillo más en el muro de la colonización”. Y, a juicio de Aminetu, quizás el muro más peligroso sea el tercero: La desesperanza generacional. Explicó que con más del 60% de la población nacida en el exilio, para ellos la promesa del referéndum es una historia lejana. La ayuda humanitaria cubre menos del 40% de sus necesidades alimentando el riesgo de radicalización o la emigración masiva, manifestó.

Durante su discurso, Haidar reclamó a España que “garantice la descolonización y el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui” y sostuvo que “al respaldar la autonomía bajo soberanía marroquí, el Gobierno de Pedro Sánchez contribuye a perpetuar una ocupación ilegal” y “facilita la explotación de recursos naturales como fosfatos, pesca, energías renovables y la continuidad de graves violaciones de derechos humanos”. Para concluir recordó que en los territorios ocupados “la represión es brutal y la colonización avanza” y finalizó agradeciendo el respaldo de diferentes instituciones y personalidades, como la FCM, el apoyo en su momento de José Saramago y la “incansable labor de tantas figuras del mundo de la cultura y del periodismo que han dado voz al pueblo saharaui”.

Tras las palabras de Haidar, se celebró una mesa redonda —moderada por el periodista y director de Diario de Lanzarote, Manuel Riveiro— en la que participaron la directora y los guionistas del documental. Lucía Muñoz puso de relieve la importancia de seguir hablando de la historia del Sáhara y afirmó que el pueblo saharaui no ha perdido la esperanza ni ha normalizado su situación, lamentando que su lucha haya estado silenciada por los distintos gobiernos españoles. Por su parte, Sergio Rodrigo calificó a Aminetu como “un referente de la lucha por la paz en el mundo” y puntualizó que el pueblo saharaui no ha perdido la esperanza, pero sí la confianza en el papel de España y en el derecho internacional.

Nicolás Castellano, Manuel Riveiro, Lucía Muñoz y Sergio Rodrigo

En palabras de Nicolás Castellano, “Lanzarote fue un tablero de ajedrez de la política internacional”. Aseguró que, para Canarias, el Sáhara ocupa un espacio amplio en las páginas de su historia, sin embargo “es la página de la historia española más sepultada”. Hay un silencio mediático consciente ya que se expulsa a periodistas del Sáhara y no se habla de ello, apuntó. ¿Qué reciben a cambio los medios para no hablar del Sáhara occidental?, se preguntó. Manuel Riveiro recordó que, sin la connivencia del Gobierno español, Haidar no hubiera sido expulsada a Lanzarote, y dijo que fue el antecedente de la carta de Pedro Sánchez sobre el Sáhara apoyando a Marruecos. Para Castellano, el momento en que se publica esa carta de Pedro Sánchez (marzo de 2022) fue “especialmente sangrante”, ya que todo el mundo estaba mirando hacia Ucrania. “Pensamos que era un bulo”, confesó. Finalizó advirtiendo que “resulta difícil explicar por qué estamos en contra de la ocupación de Palestina y de la invasión de Ucrania y por qué guardamos silencio sobre la situación del Sáhara”.

La huelga de hambre de Aminetu, señalaron, sirvió para que todo el mundo supiera de la existencia del conflicto. Sin la presión mediática y del mundo de la cultura no se habría llegado a una resolución pacífica. En estos últimos 50 años, durante el episodio de Aminetu fue cuando España ha estado más comprometida respecto al Sáhara y quedó en evidencia “el chantaje de Marruecos y que la población apoya al pueblo saharaui”. La mesa finalizó analizando las perspectivas actuales para el pueblo saharaui, con la difícil situación bajo la presidencia de Donald Trump y su búsqueda de apoyos para Israel, como es el caso de Marruecos, porque usa el Sáhara como cromo de intercambio en la política internacional.

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Más información: Discurso completo de Aminetu Haidar en la Fundación César Manrique

«La turistificación, el estado del bienestar convertido en una falacia»

La Fundación César Manrique (FCM) acogió los días 6, 7 y 8 de noviembre la primera edición de la Escuela de Otoño Alba Sud en Lanzarote. Se trata de unas jornadas de reflexión y análisis crítico sobre los procesos de turistificación que estuvieron compuestas por cuatro mesas redondas con un total de doce ponentes y una salida de campo el último día.

Raoul Bianchi, Dulce Cairós, Carla Izcara (moderadora) y Ernest Cañada

La primera mesa redonda —en la que participaron Raoul Bianchi, profesor de Economía Política de la Universidad Metropolitana de Manchester; Dulce Cairós, profesora de Derecho de la Universidad de La Laguna y Ernest Cañada, doctor en Geografía y coordinador de Alba Sud— abordó las causas de la precariedad laboral en sector turístico, poniendo el foco en los procesos de desregulación y flexibilización, con cambios diferentes en los modelos de protección. “El Derecho del Trabajo ha respondido a la línea neoliberal” con el paso de la regulación desde las leyes a los convenios o contratos, señaló Cairós. En esta misma dirección se pronunció Bianchi, destacando cómo la fragmentación de la industria turística merma la conciencia de clase para las reivindicaciones laborales y funciona como catalizador de una política neoliberal. “El turismo es la manera más fácil de blanquear dinero”, sentenció.

También se habló sobre las consecuencias del actual modelo turístico. Las más claras: la pobreza y la desigualdad, a pesar de que los beneficios empresariales son más altos que nunca. Se advirtió de que se sigue pensando en crecer y crecer mientras en los destinos, el turismo afecta a las condiciones materiales de vida de los residentes, lo que a su vez fomenta un populismo de derechas. En este sentido, la turistificación, según Cairós, ha convertido al estado del bienestar en una falacia, provocando un deterioro generalizado de las condiciones de vida y de trabajo, con salarios poco atractivos, imposibilidad de conciliación, difícil acceso a la vivienda y problemas en el transporte. Para Cañada, la desigualdad es la consecuencia más evidente de todas y, a su juicio, donde más se está notando es en la salud de la clase trabajadora, altamente dependiente de psicofármacos y ansiolíticos. “La actividad turística genera cuerpos rotos”, aseguró.

Valerio del Rosario, Carla Izcara, Gema Martínez Gayo (moderadora) y Javier Tejera

La segunda mesa, sobre transición socioecológica y transformaciones turísticas, estuvo formada por Valerio del Rosario, director de la empresa El Cardón NaturExperience; Carla Izcara, investigadora de Alba Sud y Javier Tejera, director de Ecotouristing. Este último planteó que la transición debe girar hacia un modelo menos depredador, que tenga en cuenta los límites biofísicos de los destinos: no se trata de que “vengan pocos y gasten mucho, sino que gasten mejor” y advirtió de que el “mejor clima del mundo” puede cambiar y con ello las reglas del juego del turismo que llega a Canarias. Por su parte, Izcara señaló que el turismo de calidad no genera menos impacto y consideró que en los territorios más turistificados se debe poner en el centro a los trabajadores y tomar decisiones valientes como frenar la capacidad hotelera y no ampliar más infraestructuras para, después, decrecer de manera planificada.

Alejandro Armas. Irma Ferrer y Ernest Cañada (moderador)

Alejandro Armas, profesor de Geografía de la Universidad de La Laguna e Irma Ferrer, abogada de las asociaciones Transparencia Urbanística y Acción Cívica, hablaron sobre las consecuencias de la turistificación, principalmente respecto a la vivienda y el espacio público, en la tercera mesa de la escuela de otoño de Alba Sud. Sobre la vivienda, Armas señaló seis aspectos: la intensificación de procesos de desalojo, el aumento de extranjeros que compran vivienda, la aparición de infraviviendas, un gran número de viviendas vacías (en Canarias hay 211.000, la mayor tasa de desocupación en España), una planificación de vivienda pública inexistente y la proliferación de viviendas en el mercado del alquiler turístico. Armas apostó por desmercantilizar la vivienda, incentivar la entrada en el mercado de las viviendas vacías y retirar muchas otras del mercado vacacional, así como por una moratoria vacacional urgente “porque si no, no se podrán poner en marcha otras medidas”. Por su parte, Ferrer alertó sobre los intentos de blanquear la industria turística, a la que calificó como “criminal” y acusó de producir esclavos. Señaló la ausencia absoluta de regulación de las instituciones del Estado, recordó el intento de regulación y contención del territorio en Lanzarote y la situación actual con trabajadores del sector turístico malviviendo. “No se puede estar a favor de la industria turística tal y como la conocemos”, concluyó.

Gema martínez Gayo, Atteneri Rivero, Anne Striewe, Alejandro Armas (moderador) y Raül Valls

La última mesa redonda giró en torno a los conflictos socioecológicos provocados por el turismo, en ella participaron Gema Martínez Gayo, doctora en Sociología; Atteneri Rivero, bióloga botánica; Anne Striewe, directora general de la Fundación Canarina y el filósofo Raül Valls. Para Rivero, los conflictos existentes actualmente, no son conflictos aislados, sino síntomas de un modelo territorial al límite. Explicó que ahora los conflictos ya no se ven solo como ecológicos, sino también sociales, y esto es consecuencia de la turistificación. Striewe apuntó que el discurso ecologista ha ido calando en una parte de la sociedad que antes era ajena, porque la turistificación ha superado todos los límites y la masificación ha llegado a todos los espacios. Martínez Gayo habló, desde un punto de vista global, de los efectos lentos y progresivos que hacen que la sociedad cada vez sea más vulnerable a la turistificación, generando problemas ecológicos y sociales de todo tipo, y con los turistas compitiendo por los recursos con los residentes. En cuanto a las barreras a las que se enfrentan los movimientos sociales, apuntó lo que “cuesta materializar la preocupación del cambio climático en medidas concretas en el sector turístico”; la escasa efectividad, de momento, en la descarbonización, la dificultad para introducir mecanismos redistributivos; y un contexto político mundial que no parece ahora mismo el más adecuado. Finalmente calificó a los movimientos sociales como necesarios, ya que, a su modo de ver, son una forma de dar visibilidad y respuesta, de difundir y fortalecer la democracia y crear “una sociedad más justa, democrática y sostenible”.

Díptico: Programa Escuela Alba Sud

Más información: Nota de prensa 

 

Esquirol: «El ser humano, como hondura abierta profunda, traspasada por lo que le acontece»

El filósofo Josep María Esquirol expuso el 23 de octubre de 2025, en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique, su pensamiento antropológico filosófico —basado en la comprensión de lo humano— con la intención de acercar al público a la “situación humana fundamental” o lo que se ha llamado también la condición humana.

“El pensamiento es una manera de procurar responder a lo que ocurre en la sociedad”, comenzó señalando Esquirol. Siempre ha habido y hay mucha violencia, y su intención de fondo es “responder a esta violencia que filosóficamente se vincula con lo que se llama el nihilismo”. Cuando prevalece el nihilismo emerge el dominio de la fuerza, explicó. Por eso, su vocación filosófica es “un intento de hacer frente a este nihilismo”. En otras palabras, de hallar las raíces de lo que tiene sentido.

Aunque definir lo humano no es posible, porque solo se define aquello que se domina, sí nos podemos aproximar, declaró el pensador. Se ha definido al ser humano tradicionalmente como el que tiene capacidad racional, o como animal técnico, capaz de transformar la situación radicalmente o, como manifestaba Nietzsche: aquel animal al que le es lícito hacer promesas. “El mañana es impredecible. Cuando una persona promete algo a otra es porque dice algo como: vaya como vaya el mañana, yo estaré. La presencia ya es una promesa”. El ejemplo más claro es una madre, que para una hija es una promesa.

En todas estas definiciones el énfasis está puesto en el poder y Esquirol quiere encontrar una manera de caracterizar al ser humano que no siga esa línea. A partir del ejemplo de la madre y la hija se preguntó de dónde surge este poder de prometer. Y la respuesta es que la madre promete porque está profundamente afectada por la hija. “Si esto es así, significa que el humano puede quedar profundamente afectado por algo”.

A esta posibilidad de quedar afectado se le puede llamar de formas distintas: apertura, sensibilidad, vulnerabilidad o aceptabilidad, incluso pasividad. Todas indican la porosidad del ser humano. El ser humano está tan abierto que puede quedar muy profundamente tocado. De ahí que Esquirol eligiese como título para su conferencia “El ser humano como hondura abierta”, porque esa apertura es al mismo tiempo una hondura que va de la piel al corazón.

La dicotomía entre interior y exterior en el ser humano no termina de funcionar para caracterizar al ser humano, “en cambio si hablamos de una hondura abierta, no hay interior y exterior, es una hondura que viene caracterizada precisamente porque está traspasada por lo que le acontece”, matizó. “Una manera de caracterizar esta hondura es a través de lo que podríamos llamar el sentir”, dijo el filósofo. El sentir se ha ampliado tanto que resuena, como si se plegara sobre sí mismo. Es decir, vivir es sentirse viviendo, encontrarse, que es en realidad la definición de la vida humana y del yo.

En este sentido, Esquirol expuso cómo el ser humano está afectado por cuatro experiencias fundamentales: el sentir, que es una autoafectación; el tú, la experiencia del mundo y la experiencia de la muerte. Sentirse se expresa como claridad y calidez. Sentirse, estar dándose cuenta, es estar en una especie de claridad que es al mismo tiempo calidez. El intelecto o la razón serían categorías relacionadas con la claridad, pero el sentimiento, emoción o afecto serían relativos a la calidez. La claridad y la calidez son aspectos de la misma cosa ya que una inteligencia sin calidez es como algo arbitrario. Como pista: en todas las narraciones en donde sale un sabio, siempre es alguien amable.

El humano está tan abierto, la apertura de su sentir está tan abierta, que lo que le acontece, lo que le afecta, incluso es infinito. Le afecta la nada de la muerte. Desde que se siente el aguijón de la finitud, en edades muy tempranas, todo cambia. Esta afectación es determinante. ¿Cómo es que el humano está afectado por la nada siendo la nada infinita?, se cuestionó Esquirol. “Porque la apertura es infinita”, sentenció.

Respecto a la infinitud del tú, la relación con alguien es realmente la relación con todo, pues el otro se presenta como una infinitud. El filósofo aseguró que, “en cierto modo, cada uno de nosotros podría describir su vida como una serie de encuentros fundamentales con el tú, la biografía de una persona es la biografía de sus encuentros”. Y queda la experiencia fundamental del mundo, que es el horizonte de todos los horizontes. La infinitud del mundo, aquello que realmente nos toca en el mundo, es el hecho de ser, de que las cosas son. En el ser de las cosas hay una infinitud, igual que en la nada.

Así, prosiguió el conferenciante, el ser humano es una hondura abierta traspasada por infinitos, afectada por experiencias fundamentales. Es una hondura abierta y excedida. Nos pasan y nos traspasan, añadió. El humano se encuentra con una situación en la que debe hacer frente a esto que le pasa, está traspasado por infinitudes y debe responder. Responder, no superar, “que eso es para la autoayuda”. Las infinitudes que nos traspasan jamás se superan, “en el mejor de los casos, nos enfrentamos y respondemos a ellas”. No es una huida, es ir poco a poco haciendo frente. Poder ir respondiendo es la salud. Hay una especie de salud espiritual que es al mismo tiempo salud mental. Cuando se produce una situación mórbida o patológica es cuando el humano es incapaz de responder a lo que profundamente le ocurre. Por esta dificultad de responder se pide ayuda, “y todos nos ayudamos unos a otros a responder”.

El ser humano está excedido por lo infinito y despliega, por este motivo, un anhelo infinito, que se traduce al mismo tiempo como un empeño, un esfuerzo por ir juntando las cosas buenas del día a día. “Hay un anhelo infinito y un anhelo que se proyecta en el día a día, siempre hacia adelante, que no es una huida del presente, sino la posibilidad de que haya presente”.

“Para que haya presente, lo que hacemos los humanos es responder de modo que haya un día tras otro, una palabra tras otra…”. “Cuando se produce un encuentro, ¿qué esperas? Un reencuentro”. “Sin duda este es un buen encuentro. Me gustaría que hubiera un reencuentro”, finalizó. 

Mas información: Nota de prensa

FICMEC, un espacio donde «pensar, sentir y actuar juntos por un futuro más justo, más humano y más sostenible»

La Sala José Saramago de la Fundación César Manrique (FCM) acogió un año más el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC), que contó con tres jornadas de proyecciones audiovisuales —martes 14, miércoles 15 y jueves 16 de octubre—, todas ellas vinculadas a la ecología y a la naturaleza. Como en ediciones anteriores, las sesiones de proyección se organizaron en jornadas matutinas y vespertinas. Las primeras, exclusivamente reservadas a la comunidad escolar de los centros convenidos a través del Departamento Pedagógico de la FCM, mientras que las sesiones de tarde estuvieron abiertas al público en general.

Durante la presentación del Festival, Santiago Lecuona —representante de FICMEC— puso en valor la importancia de crear espacios de colaboración y cooperación “que permitan compartir ideas y avanzar hacia una mejor protección del medio ambiente”. Este es el caso de la colaboración creada hace ya once años entre el Festival y la FCM, “dos instituciones que comparten y mantienen vivo el espíritu de César Manrique a lo largo del tiempo”, explicó, para luego concretar, que se trata de generar un espacio de reflexión y disfrute en torno al medio ambiente, a la sociedad y al cine, mediante “un cine diferente, que invita a pensar y que propone otras formas de entender el ocio, más alejado de los circuitos comerciales”.

Esta XXVII edición del Festival lleva como lema “Adaptación al cambio climático”. Al respecto, Lecuona señaló que esto no significa haber perdido “la esperanza ni la voluntad de seguir luchando por el Planeta” sino que, por el contrario, “seguimos creyendo, como hacía César Manrique, que no todo vale y que debemos continuar defendiendo las mismas causas justas por las que él tanto trabajó durante muchos años”. Continuó afirmando que, “tal vez, el verdadero problema sea que, décadas después, muchas cosas han cambiado y lo que entonces podíamos prevenir, hoy se ha convertido en un desafío más difícil de revertir”. No obstante, “no todo está perdido, aunque el cambio climático sea cada vez más evidente y haga la vida en La Tierra más compleja”, matizó.

El representante de FICMEC finalizó asegurando que “es precisamente ahí donde reside la verdadera fuerza de este tipo de encuentros, cuando el cine se convierte en una herramienta para mirar el mundo con otros ojos, entonces sí estamos generando el cambio que necesitamos”, y terminó proponiendo “seguir creando espacios como este, lugares donde pensar, sentir y actuar juntos por un futuro más justo, más humano y más sostenible”.

Tras la presentación se proyectó el largometraje Hanami, de la directora Denise Fernandes, una coproducción de Suiza, Portugal y Cabo Verde. Narra la historia de Nana, que vive en una remota isla volcánica de la que todos sus habitantes quieren irse. De hecho, poco después de su nacimiento, su madre Nia, que padece una misteriosa enfermedad, se marcha. Cuando Nana tiene fiebre alta, la hacen ir al pie de un volcán para recibir un tratamiento. Allí se encuentra con un mundo suspendido entre los sueños y la realidad.

En la jornada del miércoles se exhibió una selección de tres cortometrajes: Lanawaru, Audio y el caimán y Zona wao. El Festival concluyó con el largometraje de animación dirigido por el cineasta y animador letón Gints Zilbaldodis, titulado Flow. En él se narra un mundo repleto de vestigios de la presencia humana que parece estar llegando a su fin. “Gato” es un animal solitario, pero cuando su hogar es destruido por una inmensa inundación, se refugia en un barco tripulado por diversas especies y tendrá que colaborar con ellas a pesar de sus diferencias.

Más información: Nota de prensa