FICMEC invita a reflexionar sobre el daño medioambiental que genera la IA

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La Fundación César Manrique (FCM) y el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC) organizaron una nueva edición en Lanzarote. Este 2026 el lema elegido ha sido “En las nubes”, que hace referencia a la Inteligencia Artificial. Las jornadas tuvieron lugar durante tres días en la sala José Saramago de la FCM —miércoles 14, jueves 15 y viernes 16 de octubre— y, como es habitual, las proyecciones audiovisuales estuvieron vinculadas a la ecología y a la naturaleza.

Santiago Lecuona, representante del festival, presentó la nueva edición y, antes de dar paso a la coproducción cubano-española Al oeste, en Zapata, agradeció la fidelidad de la FCM hacia el festival. Asimismo, explicó que desde FICMEC este año han querido tratar el tema de la IA porque “tiene una connotación medioambiental que la mayor parte de la población no conoce”. Consume mucha energía y bastante agua, “agua potable que acaba evaporada”, para refrigerar los centros de datos. “A eso hay que sumarle otro tipo de cuestiones que tienen que ver con los recursos naturales, la extracción de minerales, la generación de residuos y otras connotaciones a nivel humano y social que son dañinas para el planeta”, indicó Lecuona.

Durante su intervención, Lecuona explicó que las consecuencias medioambientales pueden percibirse claramente en países como la República Democrática del Congo, donde la minería ilegal mantiene a quienes viven allí en unas condiciones de miseria absoluta, pero también en países occidentales, en los que el efecto es un encarecimiento de los medios informáticos y del hardware, entre otros. No obstante, añadió, la IA también tiene su parte positiva y ayuda a avanzar a la sociedad. Utilizada de forma racional “nos facilita el trabajo y la vida”.

Para concluir su presentación, Lecuona manifestó que, frente a lo anteriormente expuesto, desde el Festival este año proponen “volver a estar delante de una pantalla de una forma más social, compartir un espacio de reflexión, de crítica y ver películas que tienen que ver con el medio ambiente, a veces con cierta nostalgia, pero también con positividad y con sentido crítico”. A continuación, explicó el proceso de producción y rodaje de Al Oeste, en Zapata, una película dirigida por David Bim, que dibuja la vida de dos personas y su hijo autista en la península de Zapata, junto a Bahía de Cochinos. Él se dedica a cazar cocodrilos y ella a fabricar carbón y cuidar del hijo. Es uno de los reductos de biodiversidad del Caribe, allí no pasa nada grave a nivel ecológico más allá de la pobreza, pero la película es un retrato sobre personas que intentan relacionarse con su entorno de una forma más sostenible, más humana.

Por otro lado, el jueves 15, se exhibió el largometraje de ficción titulado DJ Ahmet, dirigido y guionizado por Georgi M. Unkovski. La película cuenta la historia de Ahmet, un quinceañero de un pueblo remoto de Macedonia del Norte, habitado por una comunidad yuruk, que encuentra refugio en la música mientras se enfrenta a las expectativas de su padre y su conservadora comunidad, así como a su primer amor: una chica que ya ha sido prometida a otra persona.

Como en ediciones anteriores, las sesiones de FICMEC en Lanzarote se organizaron en jornadas matutinas y vespertinas. Las primeras estuvieron destinadas exclusivamente a la comunidad escolar de los centros educativos convenidos a través del Departamento Pedagógico de la FCM. La proyección seleccionada en esta 28.ª edición para los centros escolares fue Amma, do giraffes cry? (Mamá, ¿las jirafas lloran?), dirigida y guionizada por Kartikeya Saxena. La película trata sobre un cineasta indio que le describe a su madre, zoóloga, las misteriosas vidas de los animales en cautividad en el Zoológico de Praga. Un gorila que teme a las cámaras, una anaconda insomne o pingüinos que se sienten asediados por su propia sombra, forman parte de este universo en el que la distancia entre madre e hijo, entre lo humano y lo animal, se evapora.

Más información: Nota de prensa

United Unknown: «Ya hemos dejado atrás la época en que la imagen y el vídeo eran sinónimos de verdad»

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Por tercer año consecutivo, el colectivo United Unknown impartió en la Sala Saramago de la Fundación César Manrique un taller sobre la generación de imágenes con inteligencia artificial. La actividad, que tuvo una duración de tres horas, se realizó el jueves 8 de octubre, y comenzó bajo la premisa de la rapidez con la que ha evolucionado esta tecnología en apenas dos años. «Algunas de las cosas que parecían imposibles, hoy se pueden hacer sin problema», aseguró Sebastián Puiggrós.

En la primera parte del taller, se repasó la trayectoria del colectivo, estrechamente vinculada a los cambios tecnológicos de los últimos años. «Nos pagan por reírnos de los políticos», explicó el ponente al recordar que comenzaron a crear memes en 2010 como una forma de terapia, una «válvula de escape ante una situación social que, de otra manera, se hacía insoportable».

Posteriormente, se profesionalizaron en el ámbito de la sátira política con trabajos para televisión. En 2018 comenzaron a producir deepfakes y, en 2022, irrumpieron los generadores de imágenes con inteligencia artificial, capaces de crearlas desde cero. Un año después llegaron los generadores de vídeo y las herramientas para clonar voces. Puiggrós mostró algunos de los trabajos realizados por el colectivo a lo largo de estos años.

«Estamos a punto de no distinguir entre una imagen real y una artificial». Esta reflexión, que el colectivo planteó en el taller de 2024, sirvió como punto de partida para demostrar hasta dónde ha avanzado esta tecnología. Puiggrós propuso a los asistentes un juego en el que debían votar si las imágenes que les mostraba eran reales o habían sido generadas mediante inteligencia artificial. El resultado evidenció la creciente dificultad para distinguir unas de otras.

Ante este escenario, insistió en la importancia de adoptar una actitud crítica a la hora de compartir imágenes y preguntarse por su contexto, quién las ha publicado y dónde. «Cada vez tenemos menos pistas y va a ser más difícil distinguir lo real de lo creado», advirtió. «Ya hemos dejado atrás la época en que la imagen y el vídeo eran sinónimos de verdad», apuntó. Frente a esta realidad, el antídoto es ejercer el sentido crítico.

En la segunda parte del taller, Puiggrós explicó las herramientas y los modelos disponibles para generar imágenes y vídeos con inteligencia artificial y generó en directo un vídeo con Pedro Sánchez y Núñez Feijóo como protagonistas para demostrar cómo se puede hacer con sencillez y la calidad que se alcanza. El ponente subrayó que la IA “no es un corta y pega”, sino que “interpreta patrones y hace predicciones según los datos aprendidos”. En este proceso, la persona que la utiliza aporta su creatividad, a la que se suma la capacidad generativa de la propia tecnología.

La evolución de esta herramienta ha sido vertiginosa: en 2024 solo había tres modelos de generación de imagen, en 2025 ya eran nueve y hoy hay más de 30 plataformas y más de 30 modelos. Recomendó aquellos que se pueden descargar —que son una minoría— y permiten trabajar de forma gratuita y con menos filtros. Algunos modelos no permiten sexo, ultraviolencia, ni trabajar con personas famosas. Por eso, invitó de nuevo a la responsabilidad. También explicó los multimodales como ChatGPT, Grok o Gemini, con los que se dialoga y que tienen memoria.

Como plataformas, Puiggrós recomendó Magnific o Higgsfield, que permiten trabajar con muchos modelos diferentes dentro de ellas, y el “más artístico” es Midjourney. Para la generación de vídeos recomendó elaborar previamente una idea, un guion y un storyboard y, a partir de ahí, dar instrucciones precisas.

La tercera parte del taller la dedicó a hablar de la “cara oscura de la IA”. Aunque trabaja con ella, nota cómo todo va cambiando a su alrededor y le preocupa lo que sucede o puede suceder, porque se vende como una utopía, pero se puede convertir en una distopía: “Ya estamos viendo que hay fugas de agentes de inteligencia artificial con interacciones a cosas reales que dan miedo”, indicó.

Estas herramientas las controlan las grandes empresas tecnológicas, algo que se puede resumir en los conceptos “ultracapitalismo y poder”. La autorregulación no sirve. Uno de los lados de la cara oscura son los centros de datos: necesitan agua y energía, cada vez más, provocando cambios en el medio ambiente. “El problema no es solo de la IA, sino de nuestra sociedad”, afirmó el experto.

En el mismo sentido, la IA tiene sesgos de todo tipo, pero es la sociedad la que tiene los sesgos, la que es racista, machista o edadista. También señaló que usar estas tecnologías no impide que seamos críticos con ellas ni que nos hagamos preguntas sobre sus perjuicios.

Respecto a las cuestiones que tienen que ver con el uso de imágenes generadas por otros, aludió a la frase, atribuida a Picasso, de que “los grandes artistas copian y los genios roban”, pero que en el fondo nadie parte de cero. “Creamos en base a lo que hemos aprendido” y la IA hace algo parecido.  Si alguien pinta un cuadro como Mondrian y lo firma con su firma no pasaría nada, pero si lo firma intentando hacerse pasar por Mondrian, ya sería un intento de estafa.

Recomendó el documental Everything is a Remix de Kirby Ferguson, para abordar el debate sobre los derechos de autor y la autenticidad de las obras de arte e insistió en la ética, en la necesidad de retribuir a los artistas que contribuyen sin querer a generar los modelos de IA, en la posibilidad de estar o no dentro de esos modelos o en que haya modelos con imágenes no sujetas a derechos de autor, que ya existen… En el turno de preguntas y debate se habló sobre las redes sociales, el futuro del cine, la creatividad o la democratización de estas herramientas, entre otras cuestiones.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia: Próximamente disponible

«Todos somos edadistas porque hemos crecido en una cultura edadista»

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“El edadismo es la discriminación a cualquier persona únicamente por lo que marca su DNI”. Así comenzó Monsterrat Celdrán su intervención en la mesa redonda titulada ‘Edadismo en personas mayores. Prejuicios, discriminación y prevención’, moderada por el periodista Saúl García y en la que también participó Francisco Gómez Nadal, el día 24 de septiembre, en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

Celdrán, doctora en Psicología, comenzó hablando de conductas discriminatorias y marcó desde el principio una de las características del edadismo, el considerar a las personas mayores como un grupo homogéneo, cuando en la realidad existe una gran heterogeneidad. Anotó que las personas mayores generan en muchas ocasiones sentimientos negativos y que “aunque no es una maravilla envejecer, no podemos poner todo el peso en aquello que nos da miedo del hecho de hacernos mayores”. En cuanto a las actitudes, subrayó que “todos somos edadistas porque hemos crecido en una cultura edadista”.

Gómez Nadal, coordinador de la Universidad Permanente de Cantabria, se acercó al edadismo desde un enfoque de jerarquías de poder, por el que a las personas mayores no se las considera “del todo humanas, ya que son prescindibles desde el punto de vista de la producción”. Hizo notar que “todos los seres humanos somos dependientes desde el día que nacemos y a lo largo de toda la vida, pero, sin embargo, las personas mayores, en general, están condenadas a la condición de superfluidad, de subhumanidad, entran en la categoría de la vulnerabilidad y, todo ello, les quita la potestad de continuar ejerciendo sus derechos en plenitud”.

Montserrat Celdrán apuntó que “cuando las generaciones no tienen espacios para poder intercambiar ideas, el problema es el otro y, en ese sentido, uno de los elementos que ayuda a destruir o limitar el edadismo es el contacto entre generaciones”. “Es la primera vez en la historia que coincidimos cinco generaciones”, apostilló Gómez Nadal, para quien “la longevidad es un gran éxito social. España tiene una de las mayores esperanzas de vida del planeta, pero con mala calidad de vida en esa última etapa”.

Durante la mesa redonda, también se dialogó sobre cómo articular políticas públicas para un colectivo que no es homogéneo, en el que “pesa más la biografía que la biología”. Se abordaron, igualmente, los problemas asociados al patriarcado, las diferencias entre hombres y mujeres en edades avanzadas, los prejuicios combinados con el productivismo, los problemas asociados a la velocidad que imprime la sociedad actual, la tecnología, el urbanismo… “Para luchar contra el edadismo habría que empezar en la infancia”, se afirmó.

Sobre la implantación de buenas prácticas, Montserrat Celdrán recalcó la necesidad de “no edulcorar el envejecimiento y enfocar una mirada compleja de lo que implica ser mayor, así como detectar las conductas discriminatorias. “Hay iniciativas que están intentando empoderar a las personas mayores para que conozcan sus derechos y desde ahí reconstruir qué mirada queremos tener hacia esa población”. Por su parte, Gómez Nadal apuntaba que “hay experiencias, pero no soluciones mágicas”. Destacó iniciativas en Navarra, donde varios municipios trabajan en la idea de comunidad de cuidados o la apuesta por los centros comunitarios cocreados y cogestionados por las personas mayores, pero abiertos a personas adultas, jóvenes, niños y niñas. También señaló que a las personas mayores no se les considera productivas, pero que si hicieran una huelga de brazos caídos no existiría actividad cultural porque son las que sostienen el sistema. Igualmente, se abordó el tratamiento que se da a las personas mayores en los medios de comunicación, que suelen caricaturizar a la vejez.

Celdrán afirmó que en un recorrido por los periódicos o por las imágenes que aparecen en televisión sobre las personas mayores, “siempre son las mismas; sirve casi la misma persona, las mismas actividades, la petanca, mirar las obras, el banco…”, apuntó y recomendó el Glosario sobre edadismo de la Fundación la Caixa, que refleja las palabras que recoge la RAE referidas a las personas mayores con sentido despectivo y reúne palabras y expresiones edadistas recopiladas gracias a la participación de cientos de personas mayores.

Finalmente, aunque “nos da mucha vergüenza la vejez y nos han contado que es algo malo, lo importante —para Nadal— es empoderar. Que la gente decida lo que quiere hacer y pueda hablar claramente con el resto de generaciones sobre su autonomía”. Y finalizó Celdrán aludiendo a que “este tipo de actos y charlas sirven para concienciar y sensibilizar. Creo que son la mecha para ser más conscientes y tener, igual que hablamos de perspectiva de género, perspectiva de edad”.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia: Grabación

María Salgado: «Estamos sustituyendo el lenguaje por información»

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“Quiero leeros qué pienso de la poesía y luego ponerlo en práctica”, advirtió María Salgado, que estrenó, el día 17 de septiembre de 2026, un nuevo ciclo de la FCM, ‘Voces de nuestro tiempo’. Tituló a su intervención, una mezcla de teoría y práctica, de creación e investigación sobre la poesía, “Se necesita más poesía”, el mismo título de una intervención artística de Jeremy Deller, que plasmó esa frase (More poetry is needed) en la pared de un centro comercial de Gales. Según María Salgado, “esa fachada enuncia un deseo quizá ingenuo, pero no inocente ni simple. La frase está diciendo algo un poco más complejo, es una frase hecha que a su vez pide frases menos hechas: se necesita menos clichés, más rareza, más desvío, una expectativa diferente. Abre una pequeña interferencia entre lo que hay y lo que podría haber”.

Salgado propone la poesía como una urgente necesidad, “a contramano de lo que esperamos del lenguaje hoy, o de lo poco que esperamos del lenguaje”. Define la poesía como “la lengua puesta sobre la lengua; un trozo de lengua puesto sobre la lengua de un modo inclinado que hace sombra, cuyo asombro nos recuerda que el lenguaje no está pegado a las cosas que nombramos”.

Sin embargo, para Salgado, el lenguaje, la lectura y escritura, en esta sociedad hipertecnificada, tiende a convertirse en una reducción muy extremada de lo que sería: el uso de la IA como fuente primaria de búsqueda de información, la escritura homogénea o insípida o la lectura solo en términos alfabéticos. Pero no solo eso, sino que la reducción se refiere a la identificación o equiparación del lenguaje con el algoritmo: el lenguaje entendido como fórmula, la escritura entendida como cálculo de frases combinatorio y la lectura entendida como síntesis de datos. “Estamos sustituyendo el lenguaje por información”.

Se produce, por tanto, una alienación. Como ejemplos: series de tramas adictivas que enganchan precisamente por su repetición de una estructura conocida, vocabularios de autoayuda con que clasificar nuestras emociones, vocabularios teóricos ordenados sintácticamente, frases motivacionales que pretenden servir para cualquier persona, en cualquier situación, en cualquier lugar, nombres en inglés para ocultar la precariedad y no poder acceder a derechos básicos… Frente a esto, Salgado apuesta por recuperar la carnalidad, porque “no sólo nos conectamos con el otro para pasarle un mensaje. La señal verbal está llena de deseos, temblores y no saberes. No puede ser reducida a una cantidad informativa y pulverizada en unos y ceros”.

Un ejemplo de este habla replicante sería el casillero de Google, que propone completar la frase de búsqueda con lo que otras personas buscaron antes, “un eterno monólogo de la máquina consigo misma. Esa lengua de relleno de la casilla prevista reduce la infinita variación del lenguaje al amplísimo algoritmo con el que se combinan sus carcasas —señaló—, como si una cosa en el mundo siempre fuera una cosa equivalente y estable en el lenguaje, y no otra cosa”.

Ese movimiento para significar es esencialmente metafórico y ahí es donde entra la poesía “porque un poema transcurre no sólo, y casi nada, en su mensaje, sino en el material verbal en el que se traslada. La poesía no puede vivir sin la metáfora. Un poema, cualquier poema, nos recuerda que en el corazón del lenguaje hay un desvío entre las palabras y las cosas.”

Para explicar mejor esa pluralidad de lecturas leyó el ‘Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe’, de San Juan de la Cruz, que habla de la noche, pero que no se refiere exclusivamente al periodo entre anochecer y amanecer. Esa ausencia de luz está hablando de otras cosas para las que hace falta una metáfora porque se trata de una experiencia humana compleja. María Salgado subrayó que “al igual que la metáfora, hacen falta también los descartes verbales, sensoriales, energías, actitudes, gestos o sonidos que ya ni computan como lenguaje según qué teorías, pero con los que también nos comunicamos. Basta por ejemplo con pensar en cómo conectamos con canciones y poemas en idiomas que no conocemos del todo, únicamente por la vibración del cuerpo que las dice o por la sonoridad”.

Finalizó la parte teórica, antes de comenzar a la lectura de sus poemarios, indicando que “la comprensión lectora, que últimamente tanto echamos de menos, podría no depender tanto de una hipotética transparencia del lenguaje como de un cuerpo erotizado por un lenguaje y un horizonte de escucha compartidos. Si algo nos convoca y si algo nos hace vibrar, puede ser que eso también nos ayude a la comprensión lectora. Hace falta otra cosa más carnal, más situada, más afectiva y por lo tanto compartida: metáforas y cuerpos hacen falta —remarcó—, justo lo que la IA no tiene y a la poesía le sobra”.

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El impacto del modelo eólico: «No se deben sustituir unos impactos por otros»

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La Fundación César Manrique (FCM) presentó el jueves 25 de junio el informe titulado: “Diagnóstico del impacto potencial del desarrollo eólico integral en las islas Canarias y, en particular, en la isla de Lanzarote”, un estudio encargado en 2025 con el objetivo de analizar las posibles repercusiones ambientales, sociales y económicas del despliegue de la energía eólica en el Archipiélago. La investigación ha sido dirigida por Rosa María Regueiro, profesora titular del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) e integrante del Grupo de Bioeconomía. El equipo investigador se completa con Torcuato Teixeira, abogado y especialista en Economía Pesquera por la USC, y Damiano Volpi, técnico ambiental.

El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, abrió la presentación explicando las razones que llevaron a la institución a encargar este diagnóstico sobre el desarrollo eólico integral en Lanzarote. «Queríamos saber en qué punto nos encontrábamos y si realmente disponíamos de una estrategia en materia de energías renovables», afirmó. Durante su intervención, subrayó que la descarbonización constituye un objetivo necesario y deseable, aunque advirtió de que el proceso de transición energética no está exento de conflictos. En este sentido, señaló que el cambio de un modelo energético a otro afecta, al menos, a cuatro ámbitos fundamentales: la tecnología empleada para la generación de energía; la implantación de las infraestructuras necesarias para su producción y distribución, junto con los impactos que estas conllevan; el desarrollo y la aplicación de las tecnologías que posibilitan su consumo; y, finalmente, el modelo de producción y de propiedad de la energía. Por tanto, continuó explicando, “emergen desafíos y conflictos medioambientales, productivos y territoriales que no deben desatenderse” y que afectan, en gran medida, al sector primario.

La FCM respalda el contexto global de transición energética, pero eso no implica la aceptación acrítica de que la transición se desarrolle en ausencia de discusión y de deliberación ciudadana. La implantación acelerada de infraestructuras de energías renovables no puede abordarse únicamente desde criterios técnicos o climáticos, dijo al respecto Gómez Aguilera. El informe advierte de que una expansión no suficientemente planificada de los parques eólicos terrestres podría comprometer la superficie agraria útil disponible en la isla. Por otra parte, matizó que “no se trata de enfrentar energía, agua y agricultura o de contraponer transición energética y pesca” e hizo —en nombre de la Institución— una invitación a las administraciones a consensuar un modelo de desarrollo eólico integral con participación social activa y “con el mayor respeto hacia el territorio y la sociedad”. Ese modelo, explicó, debería estar basado en seis elementos: una planificación energética sistemática y a largo plazo que tenga en cuenta la realidad del territorio y el impacto, la protección de la propiedad local, un enfoque integral garantizado por ley en el que estén representados y participen activamente todos los agentes, la existencia mecanismos de garantía que permitan visibilizar los impactos globales, la integración de la estrategia energética en el marco del planeamiento insular e incentivar un proceso de I+D+I.

A continuación, los tres integrantes del equipo redactor explicaron las líneas generales del informe, comenzando por los aspectos socioeconómicos y energéticos de Lanzarote, después la eólica terrestre, seguida de la marina y, por último, las conclusiones y recomendaciones. En primer lugar, Regueiro puso sobre la mesa los indicadores socioeconómicos de la Isla, expresando que no existen datos fiables sobre la creación de empleo en el sector eólico: es un sector intensivo en cuanto al capital, pero no en cuanto al empleo que genera, sentenció. En Lanzarote, el 90 por ciento de la generación eléctrica sigue siendo fósil y aún no se puede apostar por una tecnología de generación intermitente sin resolver la gestión de sus picos de producción y consumo. El ciclo integral del agua consume más del 13 por ciento de la energía anual producida y Lanzarote es la única isla en la que la hostelería consume más energía que los hogares. Indicó también que la función de la eólica y la fotovoltaica sigue siendo complementaria dentro del sistema energético y que ninguna tecnología tiene un impacto cero. Por último, destacó la importancia de la participación pública en el modelo eólico y comparó la eólica marina, que no se asienta sobre el sector público y la terrestre, que en Lanzarote de momento está en su mayoría en manos públicas.

Por su parte, Damiano Volpi habló sobre la afectación del territorio, señalando que los parques eólicos terrestres afectarían casi al 5 por ciento “de una superficie agraria útil de una isla que ya ha perdido 1.323 hectáreas cultivables en los últimos treinta años”. Y dijo que, para las Zonas de Aceleración de Renovables (ZAR) se plantea una ocupación del 3,7 por ciento del territorio, cuando el informe estima que bastaría con el 0,23 por ciento para cumplir los objetivos de descarbonización. La delimitación de las ZAR apenas incorpora variables como el paisaje o la participación pública, recalcó. El informe recomienda que antes de sacrificar suelo agrícola y paisaje haya una repotenciación de los parques eólicos existentes, se instale energía fotovoltaica sobre los techos urbanos e industriales, se aprovechen las zonas ya degradadas y se impulsen las comunidades energéticas locales.

Torcuato Teixeira expresó la importancia de poner el foco en la eólica marina por parte de la FCM, ya que afecta al sector pesquero que está desprotegido. Afirmó que los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo proyectan dos posibles parques eólicos en la Isla, que tienen un gran impacto, tanto en el medio como visual. “Los parques eólicos son un polígono industrial instalado en el mar”, precisó el experto en Economía Pesquera. Y continuó explicando que, las zonas elegidas se solapan con las áreas de mayor densidad de esfuerzo pesquero y no se ha tenido en cuenta para su elaboración a este, que puede verse reducido por su impacto: “La flota artesanal es invisible en los mapas oficiales”. Se trata de un modelo extractivista y con una participación deficiente, añadió. El tamaño de los molinos que se proyectan en Lanzarote “es una barbaridad”, de unos 260 metros de altura —casi de la altura de la Torre Eiffel— y a menos de dos kilómetros de la costa. Propuso una estrategia defensiva en seis fases, con el recurso a los tribunales si fuera necesario. Para concluir, Teixeira dejó claro que la transición energética es irrenunciable, no obstante, su legitimidad dependerá de cómo y dónde se haga, y de que nadie pague un precio desproporcionado para que otros cobren el beneficio.

Para finalizar, el equipo redactor expuso las conclusiones y recomendaciones del informe, la más urgente y necesaria, es a su juicio, realizar un estudio científico de las afectaciones sobre el entorno, flora y fauna, “para conocer el impacto global del negocio eólico”. También se hizo hincapié en la democratización del acceso a la energía, con un modelo sustentable y equitativo, y prevenir su privatización mediante la aplicación de una participación activa que priorice la seguridad y la soberanía alimentaria. En el caso de la eólica marina, los expertos plantean solicitar la suspensión cautelar de los proyectos. Lanzarote “es un territorio frágil”, sostuvo Regueiro, quien defendió que no se deben sustituir unos impactos por otros, ni convertir a las comunidades costeras en zonas de sacrificio del nuevo modelo energético. “La tierra y el mar son sustento, memoria, cultura y atractivo turístico”, concluyó.

Más información: Nota de prensa

Descargar Informe Ejecutivo: Informe de la FCM

Informe. Diagnóstico del impacto potencial del desarrollo eólico integral en las islas Canarias y, en particular, en la isla de Lanzarote

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió el pasado jueves 25 de junio la presentación del informe titulado: “Diagnóstico del impacto potencial del desarrollo eólico integral en las islas Canarias y, en particular, en la isla de Lanzarote”, encargado por la institución en 2025 —para ser desarrollado entre marzo de 2025 y junio de 2026—. La investigación ha sido dirigida por Rosa María Regueiro, profesora titular en el Departamento de Economía Aplicada de la USC (Grupo de Bioeconomía), en cuyo equipo han participado Torcuato Teixeira, abogado y especialista en Economía Pesquera por la USC, y Damiano Volpi, técnico ambiental.

Descargar Informe Ejecutivo: Informe de la FCM

Carmen Marina Barreto: «La canariedad no es una sustancia que se posee sino un acontecimiento que sucede día a día»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió el 18 de junio, en la sala José Saramago, la conferencia “Las islas como simulacro: estéticas identitarias y el consumo del pasado”, impartida por Carmen Marina Barreto Vargas, profesora de Antropología Social y Cultural de la Universidad de La Laguna. Durante su intervención, la antropóloga abordó las paradojas que rodean el concepto de identidad cultural y sostuvo que esta noción se encuentra actualmente desestabilizada por diversos procesos característicos del mundo contemporáneo, entre ellos la creciente movilidad social, el flujo incesante del capital, el desarrollo de las tecnologías de la información y la progresiva emocionalización del sentido de pertenencia a un territorio.

Barreto señaló que la identidad suele concebirse como una noción fija que proporciona seguridad y sirve de base para la movilización política de los nacionalismos. Sin embargo, defendió que debe entenderse como un proceso dinámico, en permanente construcción y transformación, “sin posibilidad de solidez”.

En este contexto, cuestionó la idea de que la globalización suponga únicamente una amenaza para las culturas locales. Como ejemplo, explicó que en Canarias, lejos de provocar la desaparición de las prácticas culturales, las últimas tres décadas han estado marcadas por un notable incremento de tradiciones, así como por la invención y reinvención de manifestaciones vinculadas a las fiestas populares y a la indumentaria tradicional. Por ello, destacó que “la identidad cultural es más un producto de la globalización que víctima de ella”.

La antropóloga sostuvo que, en el Archipiélago, la identidad se construye y consume a través de dos grandes mecanismos. El primero es la constante evocación del pasado aborigen, alimentada por la fascinación por un supuesto “paraíso perdido”. El segundo es la nostalgia por una naturaleza idealizada y concebida como pura e intacta. A su juicio, entender la naturaleza como un paraíso irrecuperable del pasado “nos quita la responsabilidad y la confianza en nuestra capacidad para reivindicar la sociedad de forma colectiva y libre, colocándonos en un espacio romántico que nos paraliza”.

Asimismo, explicó que la identidad cultural continúa siendo objeto de una fuerte estetización, asociada a narrativas de exotismo que han contribuido históricamente a la construcción de la imagen turística de Canarias. En paralelo, afirmó que el discurso político del Archipiélago sigue girando, en gran medida, en torno a las cuestiones identitarias. Barreto defendió que la continuidad cultural no depende de una preservación rígida de las tradiciones, sino de su capacidad para transformarse y adaptarse a nuevos contextos. Como ejemplo, el eslogan de “hacer política al modo canario”, alejado de la crispación o la polarización, o “viajar al modo canario”, como propone la aerolínea Binter.

El arte, la música, la literatura, la moda o la gastronomía tienen que pasar por el filtro de la metrópoli “para que sean considerados algo más que folclore, cultura popular o mera artesanía”, “desenredar la esencialidad para convertirla en un objeto de consumo y valor de cambio”, reflexionó la antropóloga.

Barreto añadió que este proceso contribuye a fabricar identidad canaria como un producto industrial que no solo la convierte en un objeto ideológico, sino también en un producto fósil. La antropóloga habló extensamente sobre la indumentaria y los productos textiles, en cuyas colecciones coexisten bordados meticulosos y patrones clásicos con textiles tecnológicos avanzados, “demostrando que la innovación no borra la artesanía”. Aparece otra paradoja entre tradición, innovación e identidad en el contexto de la transformación del patrimonio canario.

Las artesanías tradicionales han recuperado importancia, pero la innovación demuestra ser indispensable “para la preservación sostenida de los 38 oficios tradicionales catalogados oficiales en Canarias como conceptos vitales de la cultura regional o nacional” afirmó la antropóloga. No obstante, mientras la artesanía se adapta a las exigencias del mercado mediante la incorporación de nuevos diseños y avances tecnológicos, en el museo se convierte en un objeto estático, desprovisto de su funcionalidad y de su contexto original. El traje tradicional se traslada al espacio museístico para ser exhibido como una pieza sin vida, teatralizando el pasado y proyectando una imagen de la identidad canaria domesticada, pacífica, amable y conciliadora.

Barreto se preguntó cuál es el fenómeno que permite que tantas paradojas vivan sin aparente contradicción. Se trata de “la construcción de la identidad cultural como fetiche”, entendida ahora de forma positiva, a través del concepto del “como si”. Se es plenamente consciente de haber fabricado un artefacto o pensamiento, pero se opta por actuar colectivamente como si estos poseyeran una autoridad o agencia autónoma. Un traje de mago o de maga carece de funcionalidad en la vida cotidiana, pero mediante un proceso de patrimonialización, la sociedad canaria extrae estas prendas de la lógica de consumo y las eleva a categoría de metavalores. El traje deja de ser simple tela para convertirse en un contenedor de la identidad colectiva del pasado agrícola y del orgullo canario. Sin este consenso social se degradaría o perdería su significado social.

Para concluir, Carmen Marina Barreto señaló que la idea de la identidad ha sido el modo más moderno y exitoso de orquestar el sentimiento de pertenencia, pero que la complejidad de la globalización no garantiza que esta forma de identificación sea indefinida. Por eso, “es muy difícil entender que exista una identidad, una canariedad”. Solamente podemos aspirar a una representación o a una recreación, ya que la identidad es una imagen que crea su propia realidad.

A juicio de la ponente, la solución no consiste en buscar una certeza identitaria, sino en asumir que toda identidad es un simulacro construido colectivamente, en cuya configuración intervienen políticos, etnógrafos, folcloristas, antropólogos, etnólogos, cronistas y artistas, quienes desempeñan el papel de «cuidadores del fuego sagrado» en un permanente proceso de interpretación, negociación y debate sobre las representaciones culturales. “Solo podemos seguir experimentando con lo que creemos que es nuestra identidad. Es un juego totalmente fantasmagórico, porque la canariedad no es una sustancia que se posee sino un acontecimiento que sucede día a día”, concluyó.

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Grabación de la conferencia: Grabación

Lassalle: «El debate del futuro es entre quienes defienden el valor de la condición humana contra los que niegan esa autenticidad»

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José María Lassalle —experto en humanismo tecnológico y ética de la inteligencia artificial, escritor y profesor universitario— propuso, al estilo analógico, ayudado de un rotulador y una pizarra, una reflexión sobre “el tema de nuestro tiempo”: la Inteligencia Artificial (IA) y cómo afrontar una respuesta humana a este desafío, durante su conferencia titulada “La autenticidad humana como respuesta a la inteligencia artificial”, impartida el 11 de junio en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

El ponente empezó explicando qué es la IA, nacida hace setenta años de la mano de Alan Turing como “algo que quiere ser alguien”. Esa es la aspiración de su diseño, insistió. Además, la IA busca pensar como un ser humano, pero sin sus defectos. Quiere ser consciente o, dicho de otro modo, llegar a pensar por sí misma, a pesar de que no tiene conciencia. Es producto de la modernización científica que no renuncia a la utopía de conseguir un aquí y un ahora permanente, sin imperfecciones. Porque el ser humano piensa, pero piensa mal, es decir, condicionado. Por eso se busca un modelo que sustituya lo humano y encuentre una abstracción de la inteligencia. De ahí nacen los algoritmos.

El diseño de la IA entronca con la modernidad científica y el pensamiento de Hobbes: “El conocimiento es poder”. Ese es el soporte del capitalismo algorítmico: conocer para tener poder de acción sobre el mundo, dentro de una modernidad política cuya acción esté desprovista de la idea de Dios. La IA es una herramienta de este ecosistema conceptual. Detrás de su creación hay una antropología que busca el poder, busca automaximizarse en el poder, con el único propósito de crear más poder, sin condicionantes morales. Por eso la IA no es neutra, porque en sí misma aloja esa soberbia que busca romper los límites. “Si no entendemos esto, nos parecerá un producto más de la técnica y no lo es”, señaló Lassalle.

Aunque la IA sea la máquina de vapor de la revolución digital, es todavía más relevante que la máquina de vapor, que fue la que en realidad enterró al Antiguo Régimen y permitió la Revolución francesa, generando tanto progreso como desigualdad. A partir de ese punto, del pacto entre capital y trabajo, el trabajo intelectual es el único que queda en la esfera del ser humano, y se multiplica. Pero ahora la IA le arrebata al ser humano el monopolio del trabajo intelectual. “Y el impacto es extraordinario”. Hay un desplazamiento cuantitativo y cualitativo que plantea un problema grave en el que no está pensando la política porque ni el capital es el mismo capital financiero productivo de antes, ni el trabajo es el que nace de la Revolución industrial.

Lassalle explicó cómo el trabajo humano se va diluyendo a favor de lo que realmente tiene valor en la actualidad: los datos, que son los que sostienen la capacidad de las plataformas para anticipar lo que nosotros vamos a desear. Además, por primera vez, se ha creado un mundo paralelo al analógico, la infoesfera, en el que pasamos una media de 6 a 10 horas al día, incluso en los países menos desarrollados. Hay 6.000 millones de personas conectadas extrayendo y volcando datos gracias a una tecnología que está diseñada para atraer nuestra atención aparentando que estamos jugando, pero que capta nuestra huella digital sobre lo que deseamos. Se perfila así al ser humano desde los dispositivos para diseñar un modelo de empresa, para atrapar nuevos bienes y servicios que condicionen aún más nuestra lógica de consumo. Esa extracción de datos es un trabajo no remunerado, disfrazado de ocio. Estamos construyendo un nuevo modelo capitalista sin regulación, como al inicio de la era industrial, sin equidad y sin control. En este modelo, la IA es imprescindible porque gestiona los datos, construye los algoritmos, se nutre de algoritmos y los diseña.

Este “algo que quiere ser alguien”, por otra parte, está atrapado en una hipercompetencia entre Estados Unidos y China. Por un lado, porque para que la inteligencia artificial desarrolle toda su potencia de cálculo sobre la información, necesita que ese cálculo que libera no genere tanta huella de calor como la que puede llegar a destruir un teléfono. Cuanto más cálculo, más energía es necesaria y hace falta una energía de enfriamiento que da lugar también a una gran disputa geopolítica entre ambos países. Es un conflicto agónico que solo se detendrá cuando una logre antes que la otra que la inteligencia artificial sea plenamente consciente “y alcance eso que se denomina la singularidad”: una inteligencia artificial capaz de ser autoconsciente y desbordar las capacidades humanas de pensar tal como las hemos entendido hasta ahora. Quien gane, tendrá las armas más letales del Planeta y los mecanismos de control. Podrá tener un imperio global que someta a toda la especie humana, aclaró el experto.

A este respecto, Lassalle advirtió que en Silicon Valley hay oligarcas que hablan abiertamente de esto, como Alex Karp o Peter Thiel, dueños de Palantir, que conforman, junto a otros, la llamada ilustración oscura y aspiran a ese imperio global al que le sobra la democracia. Defienden el supremacismo blanco y el transhumanismo, que pretende eliminar todo aquello que nos hace humanos, así como el aceleracionismo, que nos permitirá ser como dioses y aspirar a la vida eterna gracias a la técnica, que necesita, eso sí, un poder sin reglas, sin condicionamientos morales, en el que no exista la democracia. En China, por otra parte, buscan algo similar desde otra óptica. Esto ha provocado que incluso el Papa hable en su última encíclica de los peligros de estos tecnooligarcas y del transhumanismo. “Esta es la realidad que debemos tener presente”, señaló Lassalle.

Lo que sí destacó el experto es la capacidad ventajosa del ser humano frente a la IA. La IA puede gestionar todos los datos pasados e históricos con que haya sido alimentada, en cambio el ser humano, aunque no tenga todo ese conocimiento completo, sí que puede inferir y proyectar el futuro, según su conocimiento y su experiencia, cosa que no puede hacer la IA.

Lassalle apeló a Hannah Arendt, que insistía en que respetar la esencia simbólica de la condición humana es el fundamento imprescindible para entender la dignidad de la persona. “No hay personas sin condición humana y esto es algo que debemos trabajar”. La IA, por primera vez, hace que un humano comparta con la máquina el trabajo y genere un producto híbrido que ni es humano ni es artificial o es ambas cosas. La autoría queda cuestionada. Desde el punto de vista de los clásicos, el autor es lo que completa la obra. Y la autoridad es el verdadero poder de la sabiduría humana, que nace de las dudas, no de la afirmación. La IA no duda, solo afirma. Se genera así una criatura que nos aliena de nuestra autoridad. La dificultad de identificar qué trabajo es nuestro y cuál no, es un problema grande, afirmó.

“En las sociedades automatizadas, los humanos que no aporten valor irán a la renta básica, con servicios digitales gratuitos. La paz social estará garantizada, pero no habrá democracia. Este horizonte distópico debemos tenerlo en mente, porque vamos de cabeza si no ponemos remedio”, señaló. En este punto, Lassalle propuso recuperar el valor de la autenticidad humana y “enderezar los modelos de IA, porque no es verdad que solo exista este modelo”. Cree que ahí los europeos, latinoamericanos, africanos o el mundo árabe, “todos los que tienen una mirada de poder poner en valor la condición humana”, podemos decir algo, aunque eso requiere una masa crítica. Mientras tanto, comentó, la política está atrapada en su tiempo real, y desfasada. Según Lassalle, la frontera entre derecha e izquierda ha desaparecido y la siguiente frontera será entre los que defienden el valor de la condición humana contra los que niegan esa autenticidad. “O nos concienciamos de que este es el debate o nos va a sobrepasar porque la realidad nos va a aplastar”. Primero nos sustituirá y luego nos cancelará, sentenció.

Para finalizar, el experto en IA planteó que lo importante es nutrir nuestro pensamiento crítico y simbólico, acudir a la cultura, y empezar por una reforma profunda de la educación desde la base, girar hacia el aprendizaje del ser. “La última batalla es la de la conciencia, que es el soporte de la civilización”. La IA puede ser maravillosa si se le añaden límites o reglas: el límite de la equidad frente al poder del fuego de Prometeo, puntualizó.

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César Rendueles: un lenguaje de esperanza frente a la desesperación del futuro

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César Rendueles, científico en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), expuso su impresión sobre la existencia de “un cambio profundo en nuestros afectos políticos” el 14 de mayo en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. “Hemos pasado, en los últimos años, del ‘sí se puede’ a una sensación de pérdida del futuro, de cualquier futuro”. De esta manera dio comienzo a su conferencia titulada “La pérdida del futuro. Tecnología catastrófica, guerra cultural y postdemocracia”.

Según explicó el filósofo, “hay épocas en las que parece que todos somos más igualitarios o más libres, en las que se vislumbra un mundo más justo, y otras, como la actual, en las que parece que todo el mundo es más autoritario o más conservador y se convive con una sensación de impotencia colectiva, con unos afectos tristes que nos vuelven pasivos ante un mundo que se descompone”. En este sentido, continuó detallando cómo, de pronto, “la tierra es fértil para que prosperen fuerzas autoritarias y los estilos de vida se convierten en un campo de batalla. Parece que todo va mal cuando antes todo iba bien, aunque una mirada más realista revela que la sensación anterior era un efecto óptico y que vivimos la resaca de la degradación de la democracia. Las élites siguen acumulando poder y se mantienen los procesos de mercantilización”, precisó.

El filósofo húngaro Karl Polanyi consideraba la crisis de los años treinta del siglo pasado no como una anomalía, sino como el desenlace previsible. Así parece, igualmente, la crisis que se inicia en el año 2008, derivada del neoliberalismo, una apuesta por reducir la soberanía democrática y el momento en que la derecha incendia el espacio del multiculturalismo. “De repente, la primacía de lo laboral o lo económico tiene un escaso impacto electoral y se ve desplazada por una batalla cultural en la que se dibuja el enfrentamiento como inevitable y la convivencia como imposible. Incluso se da la paradoja de que muchas personas consideran que su situación económica ha mejorado pero la del país ha empeorado”, argumentó Rendueles.

La diferencia con los años treinta es, en parte, la desarticulación de la política. “Las amenazas a la libertad y la dominación no son peores que antes, pero sí son más confusas” a su juicio. La ultraderecha impugna las bases de nuestra civilización y apela a discursos radicales bíblicos, extraños, pintorescos o exagerados. Además, se produce un uso sistémico de los bulos como herramienta de movilización política y la cultura de la conspiración se convierte en una ideología. “La eliminación del futuro nos lleva a lo que Marina Garcés llama la ‘condición póstuma’, es decir, vivir en un mundo que estuviera acabado, habitar una prórroga histórica sin horizonte”.

En la segunda parte de su ponencia, Rendueles se centró en la falta de alternativas de progreso que ha construido la izquierda ante este escenario. Por una parte, las críticas a la idea de progreso son lúcidas o pertinentes, pero tienen un coste. Frente a la postura hegeliana de que la historia es unidireccional, tiene un significado y existe un sentido de avance, otros autores plantean que la idea de progreso no es más que un consenso, que no hay un todo histórico ni una historia universal y solo existen progresos parciales. Esta crítica a la idea de progreso nos coloca al borde del nihilismo político.

Rendueles finalizó analizando dos escenarios actuales. El primero es el de la tecnología digital. Inicialmente estaba dominada por una narrativa en la que la tecnología era la solución para todo, en la que Internet y las redes sociales eran la cara amable de la globalización neoliberal. De ahí se ha pasado a una narrativa catastrófica, que es una perspectiva tan ingenua como la anterior. “Tenemos una relación fetichista con la tecnología, como si no tuviéramos ninguna capacidad de influencia”, señaló el conferenciante. La tecnología nos vuelve dóciles, incapaces de pensar en escenarios positivos sobre lo que se está creando.

El segundo escenario es la crisis medioambiental, que se plantea como inevitable, aunque para el filósofo no lo es y considera que no estamos condenados al colapso. De hecho, señala que hay “vientos a favor”, tanto en China, como en Europa o en el Sur global, con algunas propuestas sólidas y una revolución tecnológica en marcha. Sin embargo, eso “no lo pensamos como un horizonte posible para impulsar la acción colectiva”. Se señalan los límites y las incoherencias de la transición ecológica por delante de la posibilidad de que prospere esa transición. “Señalamos que la ideología del progreso está en el ADN del ecocidio, y es una reflexión lúcida, pero nos empuja a un escenario de pasividad”, sostuvo.

Rendueles consideró, para finalizar, que, aunque las señales de cambio de época estén presentes, es necesario aplicar “un lenguaje de esperanza” y asumir que siempre viajamos a tientas. Es una versión de la esperanza no como certeza, sino como la capacidad que tenemos para cultivar la idea de progreso mediante la práctica individual. Una idea sin garantías, como sostuvo Raymond Williams, que decía que “ser verdaderamente radical significa hacer posible la esperanza, en lugar de convencer de la desesperación”.

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Luis Antonio de Villena: «La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales»

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Luis Antonio de Villena comenzó su intervención titulada “Un nuevo paganismo” el día 7 de mayo en la Sala José Saramago, recordando a César Manrique, al que conoció en Las Palmas de Gran Canaria, junto a Pepe Dámaso. Lo calificó como “un hombre de carácter. Ese elemento impositivo que estaba en el carácter de César ha sido muy bueno para Lanzarote”, señaló.

El “nuevo paganismo” al que hace referencia el título de su conferencia tiene que ver con “no sentirse encuadrado” dentro de una moral católica que forma parte del poder y suele ser muy restrictiva respecto a la libertad individual. Señaló que casi siempre se habla de una libertad colectiva y “ese es el primer error” porque la libertad es “esencial, primeramente y primariamente, individual”. “La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales. De la misma forma, si no se produce esa libertad individual y solo hay libertad colectiva, el individuo no es libre”.

Puso como ejemplo la eutanasia, la “buena muerte”, la renuncia a una vida vegetativa que es vida, pero no es vida humana, ya que esta requiere pensar y tomar decisiones. Si solo hay libertad colectiva, la sociedad, regida por una moral católica, le va a decir “que usted no es el responsable de su vida, sino que el responsable es Dios. Sería un horror que la eutanasia fuera impuesta y sería un horror también que no hubiera esa posibilidad”. Por eso, insistió Villena, la libertad individual está por encima de la libertad colectiva y ésta se organiza cuando varias personas que han optado por esa libertad se unen. Como decía Ortega, “todos somos en algún momento masa y en algún momento minoría”.

En ese sentido, ahora aparece el hombre-masa, “que no sabe, pero cree que sabe de todo. Esto supone un mal terrible si se impone este tipo de hombre que cree que tiene derecho a todo y es igual que todos, lo cual es cierto en sentido general pero no lo es en sentido particular. De ahí la necesidad de saber, de estudiar, de conocer…, a pesar de la mala calidad actual de la enseñanza”.

El poeta recitó algunos poemas de su último libro publicado, Miserable vejez, confrontando el discurso oficial de la tranquilidad, la experiencia, la sabiduría que ofrece la vejez, al “no oficial” que revela que no se sabe qué hacer con los viejos mientras el cuerpo se va deteriorando. Los poemas hablan de un sentido de sabiduría “que tiene que ver con cierta idea del paganismo, del valor del perdedor o de la necesidad de la unión entre la vejez y la juventud, lejos de los discursos oficiales que convierten esas necesidades o ideas, en realidades intangibles y tenazmente separadas, como si el viejo fuera a manchar al joven”.

Por algunas de esas cuestiones, como “la ignorancia que va supliendo todo” o la preponderancia del hombre-masa, al poeta le asiste la sensación de que, en este momento, “el mundo está gobernado por locos”. Abordó el autor la superpoblación, la natalidad y, en cierto modo, la inmigración. “Se dice que vivimos un planeta superpoblado, que el planeta no va a tener recursos para alimentar a tanta gente, pero al mismo tiempo se fomenta la natalidad por razones económicas, no por humanismo o por amor a la familia”. “Bastaría traer a quien corresponda, porque siempre ha habido gente que ha buscado horizontes mejores para su vida”.

De Villena aseguró que es una persona optimista, aunque no lo parezca, pero pesimista en este sentido: “Creo que se está produciendo una destrucción del mundo y a lo mejor en algún momento esta dirección cambia, y dentro de cincuenta años se ve un mundo distinto y mejor”. No obstante, “el mundo siempre ha sido malo, siempre ha habido guerras y desastres, y los grandes genios que han existido no llenan el inmenso espacio de los que han destruido porque los que han destruido son muchos más que los que han edificado”.

Finalizó con un poema, una idea o meditación, que nació contemplando la desembocadura del río Magdalena, en Colombia, donde se unen dos aguas. Tras el poema señaló que “la poesía y la literatura, son un placer. Nos tiene que gustar, nos tiene que mover, pero también va dejando semillas de preguntas que el autor no tiene que responder o responde solo de manera ocasional, y de repente esas semillas aparecen y crean en nosotros pensamientos nuevos y nuevos sentimientos. Eso es lo mejor de la literatura, esa creación que se produce en nosotros después del placer de la lectura”, concluyó.

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