Fernández Polanco: «Crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente»

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A grandes pasos, “calzando las botas de siete leguas”, la catedrática de Historia del Arte, Aurora Fernández Polanco, recorrió con su conferencia “La naturaleza como no-paisaje: acciones, estudios y labores desde el arte contemporáneo” el camino de la separación entre la cultura y la naturaleza desde el siglo XVIII. Fue un camino convertido en comedia del arte en tres actos: el primero, para contar el nacimiento de esa distancia, el segundo con las escenas que se apropian del territorio como lugar y el tercer acto, “aterrizados ya en la tierra”, en el que expuso las prácticas actuales desde la conciencia de la colaboración necesaria entre todas las disciplinas.

El camino comenzó por pensadores como Rousseau y su obsesión por la totalidad, que ya enmarca la naturaleza como paisaje, o Goethe que se mudó a una casa en el campo, o Kant que “si hubiera tomado tierra, otro gallo nos hubiera cantado”, señaló Fernández Polanco. Son autores influidos por lo que Almudena Hernando denomina la fantasía de la individualidad, “como si no dependiéramos unos de otros”. Es un momento de sublimación en el que domina la estética de “lo pintoresco que alegra el ojo”, pero no es una mirada inocente porque existe relación entre el paisaje y la ideología, y entre el paisaje y el poder. La conferenciante puso diversos ejemplos de cómo se separa el paisaje de la naturaleza. Esos paisajes, por otra parte, se encargan de hacer invisibles los procesos de industrialización que no aparecen en los cuadros de la época. “El impresionismo cumple esa función de enmascarar la industria”. Dicho de manera más gráfica: convierte el humo en nubes.

El segundo acto: el “chispazo del como no”, haciendo alusión al título de la conferencia. Fernández Polanco puso ejemplos del siglo XX de destrucción y construcción del territorio, miradas de artistas que ponen su atención en lo que ocurría en la periferia y el exceso de construcción. Ya se considera el territorio como espacio vivido. Se trata de “ir más allá de las apariencias y aproximarse a las experiencias”, alejarse de la naturaleza como paisaje.

Y después de la naturaleza enmarcada y el territorio vivido, llega el tercer acto, el de “tomar tierra” o sentir la piedra del territorio en el zapato. Este último acto es una búsqueda de soluciones a la crisis ecosocial a través de un cruce entre los saberes populares y académicos y entre diferentes disciplinas. “La naturaleza no es exterior ni inerte” y en este acto se cuestionan las dicotomías anteriores.

Fernández Polanco destacó el trabajo de Jaime Vindel, doctor en Historia del Arte, cuya obra pone el dedo en la llaga sobre cuáles son los imaginarios “que nos han llevado a la estética de lo fósil” con el objetivo de salir de ese marco. La autora puso algunos ejemplos de trabajos de estudiantes de Bellas Artes que ya toman ese camino, con mecanismos de apropiación de espacios y “ganas de humanizar las ciudades”, como la propuesta de ‘A tomar la fresca, que es verano’, talleres de fabricación de bancos o el trabajo de la Fundación Antonino y Cinia en el pueblo leonés de Cerezales del Condado. Este tipo de proyectos toman el paisaje como un medio, no como un fin. En esa misma línea está la iniciativa titulada “El aula de las maravillas”, de Bárbara Fluxá, aparentemente un aula paleobotánica sobre las minas de Fabero que desafía la lógica dualista y en la que se cruzan la modernidad y la naturaleza, que acabó convertida en unas jornadas de diálogo. También expuso el proyecto de agrociudad de Amelie Aranguren sobre Roma y la videocreación Barruntaremos de Asunción Molinos Gordo, que habla de las Cabañuelas como método tradicional de predicción meteorológica.

Los tres actos, en definitiva, se funden en una sola preocupación: conocer y amar la pequeña parte del mundo que pisamos. Fernández Polanco terminó su intervención señalando que tanto los academicistas como aquellos que representan el saber popular, “están en el mismo saco” y estarían de acuerdo tanto en el Manifiesto por la sostenibilidad de Lanzarote de la Fundación César Manrique como en que “crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente”.

Más información: Nota de prensa

Grabación de la conferencia: Grabación

Alegaciones de la FCM a las jaulas marinas para la explotación intensiva en Lanzarote

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La Fundación César Manrique ha presentado alegaciones al proyecto de la empresa Yaizatún, S.A. para el otorgamiento de una concesión acuícola en la zona de interés situada en el ámbito marino de la ZIA-LZ-2. 

Entre los argumentos para su rechazo destaca el impacto negativo y posible afección sobre especies vulnerables como los sebadales y la fauna costera canaria. Así mismo, se alude a la alteración paisajística por la presencia de las jaulas de engorde y el riesgo de contaminación del agua para el baño en varias playas del entorno. Es importante, además, destacar el amplio consenso social en contra de este proyecto. A juicio de la FCM, su implantación supondría ir en contra de lo establecido en las normas y directivas europeas en cuanto a decisiones de protección de la naturaleza. En definitiva, un proyecto desaconsejable para Lanzarote.

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Sergio Ramírez: «En América las leyes justas pasan a ser la mentira y el poder arbitrario, la realidad»

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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez inauguró la programación cultural de la Fundación César Manrique (FCM) en 2024. Lo hizo, en una renovada sala José Saramago, con un relato sobre la realidad y la imaginación, la crónica y la narración, la verdad y la mentira, que tituló “La literatura y sus fantasmas”. Tuvo sus primeras palabras de recuerdo para el escritor portugués, a quien visitó en la Isla en 1998, unos meses antes de que le concedieran el Premio Nobel.

Comenzó su intervención por Heródoto, considerado el primero de los historiadores, pero también narrador literario y periodista. Pertenece a una época en la que era imposible diferenciar el relato de los hechos verídicos del nacido de la imaginación. No había reglas para diferenciar la verdad de la mentira y las fronteras eran difusas. Heródoto descartaba la mentira y cumplía la primera regla del narrador, que es creer en la autenticidad de lo que cuenta. La dificultad, no obstante, reside en discernir los hechos reales de los imaginados. No se cuestionaban los relatos de los héroes ni de los dioses.

Las cosas no han cambiado demasiado. “Después de tantos siglos, no podemos afirmar que los hechos hayan ganado una claridad como para ubicarse en el terreno de la verdad objetiva”, señaló Ramírez. No podemos despojarlos de ese velo subjetivo, ese sesgo político, ideológico o religioso.

La Historia se comenzó a escribir a favor o en contra, y en ocasiones por encargo del interesado, como hizo Hernán Cortés, narrada por Francisco López de Gómara en su Crónica de la conquista de Nueva España, que provocó la publicación, por imprecisa, de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo. “Pero en todo caso es su visión de los hechos”. “La memoria es a la vez invención”, dijo Ramírez: “se altera lo que se recuerda. Dos personas que recuerdan los mismos hechos lo hacen de manera distinta”.

Los conquistadores eran hijos de la lectura de los libros de caballerías, y el “más descollante” de los cronistas imaginativos fue el propio Cristóbal Colón, que dio noticias de personas con cola de perro, de sirenas y de unicornios con pelo de búfalo y cabeza de jabalí. “La mentira, para ser verídica, tiene que estar muy bien detallada”. Cristóbal de Acuña también relató indígenas con los pies del revés en el Amazonas, y tres siglos más tarde, Alexander von Humboldt, ofrece otra visión más científica “pero la textura de su relato también se tiñe de imaginación”.

En el Nuevo Mundo, los inventores de historias entran en la Historia. El lenguaje de esos contadores de historias, ese estilo y esa exageración, pasa a ser una herencia de América, que llega hasta la literatura de García Márquez. La literatura no se ocupa de lo general, sino de lo específico, de la anormalidad, y en América se da una gran anomalía: “que las leyes justas pasan a ser la mentira, y el poder arbitrario, la realidad. Cuando el poder se vuelve anormal actúa como una deidad deshonesta y crea el miedo y silencio, pero al final también crea la rebeldía”.

La Historia, en cualquier caso es una palabra que sigue siendo demasiado genérica. La esencia de la escritura surge de la curiosidad de informador e informado, en la historia y en la literatura. Suetonio describe el asesinato de Julio César con todo detalle: las 23 puñaladas, la posición del brazo… Hace lo que hace un escritor, “fijarse en lo que parece irrelevante pero que da vida a la narración”, como cuando García Márquez escribe que en Macondo “llovió cuatro años, once meses y dos días” o como el afán de informar con exactitud de Bernal Díaz del Castillo o de Humboldt que explica con precisión cuánto comen los indios del Alto Orinoco.

La novela no solo supone un relato de hechos ficticios sino también una técnica: el suspense, las trabas al lector, la administración de la información que se ofrece, aunque se trate de hechos verdaderos. “En la novela cabe todo”, dice Ramírez. Las novelas hablan de los hechos anómalos de la historia, pero la crónica de hoy también tiene que ver con la anormalidad, la ocupan hechos como el narcotráfico, las pateras o la corrupción. Son temas que la novela reclama y disputa con la crónica, es un género híbrido. La delgada línea entre literatura, historia y ficción. Una mezcla de géneros que nace con Cervantes.

Sergio Ramírez, a quien le han despojado de su nacionalidad nicaragüenese y cuyos libros están prohibidos en su país, finalizó señalando que “por este oficio vale la pena pagar un precio” y que “el cronista no debe dejar de hacer su oficio”. A preguntas del público y del director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, dijo que de Nicaragua se han ido al exilio todos los escritores y artistas y que ya no existen periódicos propios y todas las noticias llegan desde fuera. Explicó que para que un escritor se meta en política, como hizo él mismo, hace falta una conmoción, como una dictadura, pero que en América han salido perdiendo los intelectuales metidos al oficio del poder.

Los temas en literatura siempre son los mismos: amor, locura, muerte y poder, con sus subdivisiones. Señaló que él puede escribir sobre el poder porque lo conoció por dentro, y que el poder “en cualquier sistema, tiene las mismas reglas porque las ideologías no cambian el sistema del poder”. Respecto a la prohibición de sus libros en Nicaragua, señaló que tiene la suerte de que escribe en español: “Es imposible hacerme desaparecer como escritor”.

Más información: Nota de prensa

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Alegaciones de la FCM a la macrorrotonda en la entrada sur a Arrecife

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El pasado 14 de diciembre, la Fundación César Manrique (FCM) presentó alegaciones al “Proyecto de enlace de la carretera LZ-2 con la LZ-3, remodelación del enlace de conexión entre las carreteras LZ-2 y LZ-3, isla de Lanzarote” elaborado por el Gobierno de Canarias.

La FCM rechaza con argumentos el proyecto y propone una alternativa más conveniente para Lanzarote desde el punto de vista ambiental, social y económico, así como más coherente con las exigencias de transición ecológica y los propios planes climáticos y de movilidad tanto del Gobierno de Canarias como del Cabildo de Lanzarote. La propuesta de la FCM supone ocupar menos suelo, tiene menor impacto visual, sirve para gestionar los flujos de tráficos e implica menor coste para las arcas públicas.

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La FCM publica Antonio Corujo. Siglos de arena y sal, escrito por Gregorio Cabrera

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La FCM publica Antonio Corujo. Siglos de arena y sal, escrito por Gregorio Cabrera. Está prologado por Saúl García y editado por el Departamento de Publicaciones de la FCM dentro de su colección “Islas de Memoria”.

En los años ochenta del siglo pasado, Antonio Corujo llevó a cabo una de sus grandes aportaciones al conocimiento de la cultura popular lanzaroteña con la difusión entre la comunidad educativa de las coplas de Víctor Fernández, el Salinero, a quien escuchó por primera vez en su infancia. Su sello está presente en varios discos y ha actuado en escenarios de Canarias, la Península y el extranjero.

Antonio Corujo. Siglos de arena y sal es el libro número siete de la colección “Islas de Memoria” que ha dedicado títulos anteriores a Guillermo Topham, José Molina Orosa, Gabriel Fernández Martín, Miguel Pereyra de Armas, Luis Morales Padrón y Pepín Ramírez. Una serie de libros destinada a rescatar la memoria de personajes o acontecimientos de Lanzarote cuya aportación desde distintos ámbitos de la cultura, la ciencia, la sociedad o la política haya contribuido a construir el imaginario colectivo de la historia contemporánea de la Isla.

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Presentación del libro, el 24 de noviembre de 2023, en la Sala Saramago: Acto de presentación

Gregorio Cabrera: «Personas como Antonio Corujo demuestran que hay un hilo conductor entre el ayer y el presente que jamás debemos perder de vista»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió el viernes 24 de noviembre la presentación del libro Antonio Corujo. Siglos de arena y sal, escrito por Gregorio Cabrera y editado por el Departamento de Publicaciones de la FCM dentro de su colección «Islas de Memoria». El acto tuvo lugar en la sala José Saramago (La Plazuela, Arrecife) y fue retransmitido en directo a través de la web y el canal de Youtube de la institución.

El periodista Saúl García abrió el acto justificando su presencia por su amistad con Gregorio Cabrera y por ser el prologuista del libro que se presentaba. Comentó que autor y protagonista son dos personas auténticas, genuinas, que reciben la misma frecuencia, que tiene que ver con la tradición oral y el patrimonio inmaterial de la isla, y con la idiosincrasia lanzaroteña.

Señaló que Corujo es una artista innato y que, tras la lectura del libro, comprendió la importancia de Antonio Corujo como depositario de una tradición pero que además, añade el valor de hacerla suya y de transformarla, que es lo que hacen los grandes. Asimismo, señaló que se trata de un libro muy bien escrito, con el lenguaje adecuado, el tempo, la composición o el tono, y pidió que se culmine el trámite para su nombramiento como hijo predilecto de Lanzarote.

Saúl García y Gregorio Cabrera

Gregorio Cabrera comenzó señalando que hay acontecimientos que permanecen para siempre en la memoria. «Yo fui uno de aquellos niños y niñas del colegio Salinas de Arrecife a quienes avisaron un día antes de que vendría un señor a actuar en clase. Nos dijeron algo de unas coplas de El Salinero, aunque nuestra imaginación infantil pasó a otra cosa rápidamente», afirmó.

Aquel hombre, claro, era Antonio Corujo, con su cachorro, su timple y sus lapas. «Y el eco de ese timple, de esas lapas y de esas coplas resonó para siempre en nuestro interior», aseguró. «Nos entregó su arte, su verdad, su conocimiento, y es lo que ha hecho toda su vida. Por eso nadie que haya escuchado a Antonio puede olvidarlo».

Enlazó este hecho el autor del libro con la impresión que debieron llevarse los hombres que estaban en la barbería y cantina de su padre, en San Bartolomé, «aquel día que el pequeño Antonillo se arrancó a cantar y los dejó a todos con la boca abierta antes de volver a ‚ver, oír y callar‘, que era la orden que le imponía su padre mientras servía vasitos de vino de La Florida o cogía la brocha para echar espuma en los rostros de quienes iban a ser afeitados».

«Antonio, en definitiva, es un artista porque deja huella. Y también porque es incapaz de interpretar algo que no sienta como propio y porque quiebra los límites del tiempo». Cabrera narró el proceso de entrevistas con Corujo para afrontar la escritura de este libro, que supone el séptimo número de la colección «Islas de Memoria». Comenzaron dialogando en su peluquería, pero las entrevistas se veían interrumpidas por los clientes, y después en restaurantes, donde Antonio solía terminar enhebrando una copla, una seguidilla o un poema tras otro, «así que era normal que acabara llamando la atención de todo el mundo, lo cual no era lo mejor para la entrevista, pero sí suponía la mejor demostración de que donde está Antonio está el escenario», tal y como reconocen sobre él desde el escritor Antonio Hormiga hasta el timplista Domingo Rodríguez, El Colorao.

«La verdad es que si no existiera un Antonio, habría que escribirlo. Por fortuna, existe, y solo ha sido necesario escribir su biografía», dijo el autor, que considera que «hablar con Antonio y contar su historia es como entrar en un túnel del tiempo», en un recorrido desde el barrio de El Jable en San Bartolomé hasta la actualidad pasando por las salinas de Janubio. «Antonio es, a su manera, una duna en la que confluyen siglos de arena y es depositario del legado de su familia».

Cabrera explicó que las coplas de Víctor Fernández Gopar El Salinero «son coplas que denunciaron las desigualdades sociales de la época, así que no es raro que encontraran el mejor eco posible en Antonio Corujo, que, como ya sabemos, no le presta su voz a nada que no encierre un significado».

Antonio Corujo siempre ha vivido en el presente, aunque lo haga desde la defensa de la tradición. Prueba de ello es que algunos de los proyectos musicales más innovadores que han tenido lugar en las últimas décadas en Canarias han contado con su colaboración. «Personas como Antonio nos demuestran que existe un hilo conductor entre el ayer y el presente que jamás debemos perder de vista. Y no como un ejercicio de nostalgia, sino porque tirar de este hilo invisible nos hará ver el presente y el futuro de una manera más clara y diferenciar entre lo que es un legado y lo que es simplemente un lastre», agregó Cabrera.

El autor finalizó su intervención hablando del proceso de escritura del libro. En este sentido explicó como su intención «ha sido transmitir parte de ese conocimiento y de esa particular manera de estar en el mundo de Antonio». Reveló que el libro surgió en la mesa de la cocina de su casa de La Isleta «donde se cocinó literalmente este texto, porque es la mesa más grande que tenemos y la única donde podíamos desplegar los cientos de folios con apuntes y recortes de prensa de cada capítulo».

Señaló que acabó saliendo airoso de ese proceso de escritura «gracias a la gran verdad que habita en Antonio Corujo». «Su autenticidad me salvó de todas las tormentas», afirmó para posteriormente cerrar el acto citando unas palabras de Antonio Corujo que ya forman parte de la banda sonora de Lanzarote: «Estamos, que no es poco, y nos seguimos mirando». Como colofón, el protagonista del libro recitó ante el público el poema Lanzarote, de Vicente C. Hernández. A continuación, y durante más de una hora, el autor y el protagonista procedieron a la firma de los ejemplares del libro.

Más información: Nota de prensa

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Bernardo Atxaga: «La fantasía es el realismo de los pobres»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió este jueves, 9 de noviembre, la conferencia del escritor Bernardo Atxaga, titulada «Contra los lugares comunes». Un acto celebrado en la sala José Saramago y enmarcado dentro del espacio de encuentro entre autores y público «El autor y su obra». Un foro en el que los invitados hablan sobre la relación que mantienen con su trabajo creativo y revisan las constantes que orientan su dedicación.

«Hablar de lo que uno ha sido y ha hecho parece lo más fácil del mundo aunque es una facilidad aparente» porque «cuando uno se pone a pensar casi no puede abarcar su vida», comenzó explicando el escritor vasco. El autor de «Historias de Obaba» dividió en dos partes su intervención, correspondientes a dos periodos de su vida y de su literatura: el mundo rural y el mundo de la violencia en el País Vasco.

Atxaga empezó su conferencia haciendo unas consideraciones generales. Los mapamundis antiguos, como el de Beato de Liébana, colocaban Jerusalén en el centro. A través del mapa sabemos «los valores que los lugares tenían para el beato», indicó. Jerusalén está en el centro del mundo gracias al relato de la Biblia y al apoyo de una organización como la Iglesia, mientras que otros lugares son marginales porque no cuentan con ninguno de esos dos elementos. A juicio del escritor, «los mapas de valor se hacen constantemente y en ellos hay unos lugares centrales y otros marginales». Atxaga explicó que el mapa de valor de las mujeres de hace cien años en España era marginal y puso el ejemplo de que cuando moría un hombre se hacían doce toques de campana, mientras que cuando fallecía una mujer eran ocho.

Por tanto, cuando se hace un mapa de valor se generaliza. «Es lo normal porque no podemos hablar con una precisión total, y los lugares comunes ayudan a ahorrar tiempo. En ocasiones no tienen mala intención pero, otras veces, van cargados de veneno, de agresividad o de clasismo», matizó. Y eso es lo que, en opinión del conferenciante, ocurre con el mundo rural, que en la dicotomía entre lo urbano y lo rural, se coloca lo segundo como «extremadamente negativo».

En este sentido, explicó cómo se utiliza al campesino como contrafigura del señorito de ciudad. «En el mapa de valor, el campesino está en el lugar más bajo posible». Además, ese estereotipo aún está muy vigente, de forma burda, incluso entre los escritores, comentó. Atxaga nació en Asteasu, un pequeño pueblo de Guipúzcoa: «Yo he sido situado en estos mapas de valor por el lugar en que he nacido». No solo eso. Se crea un estereotipo de estos campesinos «como si fueran homogéneos», cuando si algo caracteriza a los seres humanos «es lo diferentes que somos». 

Para Bernardo Atxaga, si el modelo para entender el mundo no fuera un mapa físico sino uno cultural, «sería muy distinto» porque «culturalmente, no hay nada en el mundo que exista de forma separada». Europa y lo que se conoce como el mundo occidental están alimentados por el cristianismo, «hay una unidad en ese sentido», del mismo modo que se nutre de la sustancia homérica que impregna los relatos de todas las lenguas.  

Hasta hace cien años, cuando las personas se desplazaban a pie o a caballo, todos los lugares eran centrales porque el radio de movimiento era de unos 15 kilómetros, y por tanto ese círculo adquiría una centralidad. «Esto hace que ese círculo, a su vez, tenga el mayor grado de diversidad que pueda existir» aunque se trate de un pueblo de apenas cien habitantes.

El estereotipo sobre lo rural también actuó negativamente sobre Atxaga, del mismo modo que el mapa de valor literario, que no aprecia la oralidad porque se asocia al primitivismo. El escritor narró un viaje a Nápoles con su madre y un grupo de jubilados en el que en las ruinas de Pompeya ve una representación de dos niñas jugando a la taba y se da cuenta de que para los juegos infantiles no ha habido cambio, se ha mantenido el hilo de miles de años entre Pompeya y Asteasu. En ese mundo antiguo se puede hablar de animales fantásticos o de fantasmas pero no de psiquiatría ni de política. Ese es el punto de partida de las «Historias de Obaba», su libro más conocido. Comentó el lenguaje que utilizó para esas narraciones y leyó algún fragmento del libro. Para ser fiel a un lugar hay que construir un relato con los elementos de ese lugar. También afirmó que «la fantasía es el realismo de los pobres».

Para la segunda parte que quería abordar, la de la literatura relacionada con la violencia, comenzó diciendo que el gran cambio en su vida ocurrió en 1965 cuando se fue a vivir a Andoáin, a unos pocos kilómetros de su pueblo natal, de ese lugar sin psicología ni política. La realidad era bien distinta. Nombró una serie de personas que pertenecieron a ETA, o al Batallón vasco español o que fueron víctimas, que convivían en ese pequeño espacio y que él conoció. «Estábamos todos en el mismo baile». Respecto a la violencia, dijo que «hasta que empieza, todo es posible, pero cuando empieza es imparable».

El escritor manifestó lo difícil que es llegar a la verdad de esa situación. Por una parte, aunque sea complicado, se puede hacer ficción sin pertenecer a un mundo, pero respecto a la realidad, «cuando es tan compleja, incluso perteneciendo a esa realidad, es muy difícil construir una representación que se parezca a la verdad o a la belleza». Esa es la intención que le llevó a escribir contra el estereotipo y lo «único serio» que pretendía decir en este sentido. Se mostró «alegre» de haber dejado atrás ese mundo de violencia y ese «mundo abismal» al que dedicó tres libros. 

Bernardo Atxaga actualmente escribe «cosas más libres, más frikis», de hecho algunos han calificado sus últimos libros como «inusuales». No obstante, el autor señaló que con este tipo de registros literarios, se «ríe más» y se siente «más feliz». Para concluir, reivindicó el papel de la literatura infantil, por encontrarse marginada, y acabó afirmando que «en cualquier lugar se puede llegar a lo poético».

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Íñigo Losada: «La erosión y la inundación son los dos problemas principales para la costa canaria»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió este jueves 26 de octubre, en la sala José Saramago, la conferencia Riesgos y adaptación al cambio climático en la costa canaria, pronunciada por el ingeniero hidráulico Íñigo Losada, uno de los expertos más relevantes a nivel internacional en costas, cambio climático y energía offshore.

El experto explicó que el riesgo en la costa viene determinado por tres factores: la exposición, la vulnerabilidad y la peligrosidad. Para intentar reducirlo existen dos posibles acciones: la mitigación y la adaptación. Además, es importante “tener una visión sistémica de la costa” ya que esta “no entiende de competencias ni de límites municipales”.

El nivel del mar subirá más cuantas más emisiones de CO2 se emitan a la atmósfera, ya que el océano las absorbe. El nivel del mar aumentará pero no de igual forma en todas partes. De momento, en Canarias, la subida media es de cuatro milímetros al año, lo que supone que en algunos tramos acabará subiendo el doble. La cota de inundación no es igual en todos lados y por eso es importante tener la información a escala local, matizó Losada.

En un escenario en el que apenas se reduzcan las emisiones, en el año 2100 el nivel del mar podría llegar a aumentar más de un metro en algunas zonas, con una subida media de 20 milímetros por año. “En ese caso no seríamos capaces de adaptar la costa”, sentenció. La mayor preocupación para los expertos está en los fenómenos extremos, que cada vez van a ser más frecuentes.

La erosión y la inundación son los dos problemas principales para la costa canaria. Aunque el nivel medio aumente poco, va a tener influencia en la inundación. En cuanto a la erosión, “si la playa retrocede, ya no se recupera. Por cada centímetro de aumento del nivel del mar, la playa retrocederá un metro”. La pérdida de las playas es uno de los mayores riegos para las costas canarias “si no hacemos nada”. “Y no solo sería negativo desde el punto de vista económico/turístico, sino porque si no hay playa, las olas no rompen, y, si no rompen, hay más probabilidad de inundaciones”, destacó el experto.

La adaptación de la costa, por su parte, no tiene una visión global, sino que se trata de algo muy local. El Gobierno de Canarias encargó un amplio estudio que permite conocer los indicadores del riesgo de inundación y erosión costera frente al cambio climático en Canarias. En ese estudio, realizado por Grafcan con el apoyo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y en el que también participó el Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria del que Losada es cofundador, se calculan varios escenarios futuros posibles.

El estudio, que presenta los mapas de potenciales inundaciones y se puede consultar en la web pimacostas.grafcan.es, evalúa el riesgo y da a conocer la peligrosidad a escala local. Se calcula el riesgo sobre cinco elementos: la población, el tejido productivo, el patrimonio, las infraestructuras y los ecosistemas.

Con el horizonte más crítico para 2100, con un aumento de 4ºC en la temperatura del mar, en Lanzarote se producirían retrocesos de las playas de entre 25 y 40 metros. En el informe se añade un índice con todas las posibles actuaciones de adaptación a realizar en las costas canarias, desde grandes infraestructuras a pequeñas intervenciones en función de los riesgos y de los diferentes escenarios y espacios temporales. En Lanzarote, si no se actúa, el mayor riesgo se encuentra en las zonas urbanas.

En cuanto a las adaptaciones de los lugares costeros, el profesor apuntó que en España “todo el mundo tiene competencias en las costas”, todas las administraciones, y por tanto las políticas respecto a la costa están muy fragmentadas. “La costa es transversal y hace falta una coordinación importante”, aseguró apelando a una nueva gobernanza. Para adaptar la costa se pueden llevar a cabo acciones de retirada planificada, acomodación, protección o incluso de avance.

La línea del deslinde marítimo terrestre, en cualquier caso, va a seguir avanzando hacia el interior. “Va a ser difícil mantener la costa como ahora. Tendremos que aprender a vivir con más riesgo”, o adaptarnos según Losada, que puso como ejemplo a Reino Unido, en donde se barajan escenarios en los que el Támesis suba hasta cuatro metros.

Finalizó exponiendo el caso de Garachico que “ha servido como laboratorio” tras haber sufrido varias inundaciones recientes, algunas de ellas muy extremas. En Garachico no se puede retroceder, por el terreno escarpado, y tampoco es viable levantar un muro, que taparía la visión del mar. En ese pueblo, las pérdidas económicas por las inundaciones ya son de 800.000 euros, mientras que en la Macaronesia se calculan en unos 250 millones. Según Losada, que explicó las medidas que se han aplicado en Garachico, “es necesario actuar”.

Como conclusiones, la costa canaria sí que está amenazada por el cambio climático. No obstante, el Archipiélago ya ha dado un paso importante, que es haber realizado esa primera evaluación del riesgo. Es fundamental la colaboración entre administraciones, y de estas con el sector privado, y también es básica la monitorización de la evaluación del riesgo porque permitirá reducir costes, así como la mitigación y la adaptación, que harán que la costa sea más o menos resiliente a los efectos del clima.

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FICMEC llega de nuevo a Lanzarote: «Es esencial establecer pautas de reflexión a través del cine»

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La sala José Saramago de la Fundación César Manrique acogió de nuevo varias proyecciones del Festival Internacional de cine medioambiental de Canarias (FICMEC) que cumple ya 25 ediciones. Alfredo Díaz, del departamento pedagógico de la FCM, destacó la trayectoria y recordó la participación de César Manrique en el origen del festival, cuando se celebraba en Puerto de la Cruz y se convirtió en el primero de este tipo en España y uno de los primeros de Europa.

La colaboración con la FCM se hace de forma ininterrumpida desde el año 2014, exhibiendo películas de todo el mundo cuyo denominador común es el de llevar una reflexión sobre lo que está pasando en el Planeta. “Desde una mirada negativa, todo parece caos, y eso existe, pero también hay comunidades en el mundo que tienen una relación fabulosa con la vida y son capaces de responder de forma eficaz a los retos de nuestro tiempo, y tenemos mucho que aprender de ellas”, señaló Díaz.

El lema de esta edición es “la sexta extinción”. Alfredo Díaz destacó en la presentación que “el tiempo se ha acabado” y que ya estamos dentro de una emergencia climática. Invitó al público asistente a hacer una reflexión a partir de la selección de películas del festival para dar la vuelta a esta situación “a través de un trabajo colectivo”.

Santiago Lecuona, representante del festival, señaló que “lo esencial es cooperar con otras islas y establecer pautas de reflexión a través del cine”. Hizo un breve recorrido por la historia de este festival, que no solo exhibe películas, sino que lleva a cabo otras actividades como conciertos, talleres, charlas o excursiones.

Lecuona dijo que incluye películas documentales y de ficción, aunque “encontrar ficción sobre medioambiente es más complicado”. Destacó, asimismo, que algunas de estas películas no tienen una temática común pero que, sin embargo, son capaces de dialogar entre ellas. Afirmó que que la sesión de cortometrajes es la de mayor afluencia de público que ha visto en todas las ediciones.

En la primera sesión, del martes 17 de octubre, se proyectaron cuatro cortometrajes y una película. Entre ellos, dos de los cortos que forman parte del palmarés de este año, el Premio Brote al mejor cortometraje documental y al mejor cortometraje ficción y animación, que son Agur Artzai, de Julen Zubiete e Island, de Michael Faust, respectivamente. El miércoles 18 se proyectó un largometraje documental y otro de ficción.

También se han llevado a cabo dos sesiones matinales para escolares con alumnado de 3º y 4º de Primaria del CEO Argana y con alumnos y alumnas de Secundaria del IES Blas Cabrera y del IES.  Agustín Espinosa. Participaron unos 270 alumnos y profesores.

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