El impacto del modelo eólico: «No se deben sustituir unos impactos por otros»

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La Fundación César Manrique (FCM) presentó el jueves 25 de junio el informe titulado: “Diagnóstico del impacto potencial del desarrollo eólico integral en las islas Canarias y, en particular, en la isla de Lanzarote”, un estudio encargado en 2025 con el objetivo de analizar las posibles repercusiones ambientales, sociales y económicas del despliegue de la energía eólica en el Archipiélago. La investigación ha sido dirigida por Rosa María Regueiro, profesora titular del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) e integrante del Grupo de Bioeconomía. El equipo investigador se completa con Torcuato Teixeira, abogado y especialista en Economía Pesquera por la USC, y Damiano Volpi, técnico ambiental.

El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, abrió la presentación explicando las razones que llevaron a la institución a encargar este diagnóstico sobre el desarrollo eólico integral en Lanzarote. «Queríamos saber en qué punto nos encontrábamos y si realmente disponíamos de una estrategia en materia de energías renovables», afirmó. Durante su intervención, subrayó que la descarbonización constituye un objetivo necesario y deseable, aunque advirtió de que el proceso de transición energética no está exento de conflictos. En este sentido, señaló que el cambio de un modelo energético a otro afecta, al menos, a cuatro ámbitos fundamentales: la tecnología empleada para la generación de energía; la implantación de las infraestructuras necesarias para su producción y distribución, junto con los impactos que estas conllevan; el desarrollo y la aplicación de las tecnologías que posibilitan su consumo; y, finalmente, el modelo de producción y de propiedad de la energía. Por tanto, continuó explicando, “emergen desafíos y conflictos medioambientales, productivos y territoriales que no deben desatenderse” y que afectan, en gran medida, al sector primario.

La FCM respalda el contexto global de transición energética, pero eso no implica la aceptación acrítica de que la transición se desarrolle en ausencia de discusión y de deliberación ciudadana. La implantación acelerada de infraestructuras de energías renovables no puede abordarse únicamente desde criterios técnicos o climáticos, dijo al respecto Gómez Aguilera. El informe advierte de que una expansión no suficientemente planificada de los parques eólicos terrestres podría comprometer la superficie agraria útil disponible en la isla. Por otra parte, matizó que “no se trata de enfrentar energía, agua y agricultura o de contraponer transición energética y pesca” e hizo —en nombre de la Institución— una invitación a las administraciones a consensuar un modelo de desarrollo eólico integral con participación social activa y “con el mayor respeto hacia el territorio y la sociedad”. Ese modelo, explicó, debería estar basado en seis elementos: una planificación energética sistemática y a largo plazo que tenga en cuenta la realidad del territorio y el impacto, la protección de la propiedad local, un enfoque integral garantizado por ley en el que estén representados y participen activamente todos los agentes, la existencia mecanismos de garantía que permitan visibilizar los impactos globales, la integración de la estrategia energética en el marco del planeamiento insular e incentivar un proceso de I+D+I.

A continuación, los tres integrantes del equipo redactor explicaron las líneas generales del informe, comenzando por los aspectos socioeconómicos y energéticos de Lanzarote, después la eólica terrestre, seguida de la marina y, por último, las conclusiones y recomendaciones. En primer lugar, Regueiro puso sobre la mesa los indicadores socioeconómicos de la Isla, expresando que no existen datos fiables sobre la creación de empleo en el sector eólico: es un sector intensivo en cuanto al capital, pero no en cuanto al empleo que genera, sentenció. En Lanzarote, el 90 por ciento de la generación eléctrica sigue siendo fósil y aún no se puede apostar por una tecnología de generación intermitente sin resolver la gestión de sus picos de producción y consumo. El ciclo integral del agua consume más del 13 por ciento de la energía anual producida y Lanzarote es la única isla en la que la hostelería consume más energía que los hogares. Indicó también que la función de la eólica y la fotovoltaica sigue siendo complementaria dentro del sistema energético y que ninguna tecnología tiene un impacto cero. Por último, destacó la importancia de la participación pública en el modelo eólico y comparó la eólica marina, que no se asienta sobre el sector público y la terrestre, que en Lanzarote de momento está en su mayoría en manos públicas.

Por su parte, Damiano Volpi habló sobre la afectación del territorio, señalando que los parques eólicos terrestres afectarían casi al 5 por ciento “de una superficie agraria útil de una isla que ya ha perdido 1.323 hectáreas cultivables en los últimos treinta años”. Y dijo que, para las Zonas de Aceleración de Renovables (ZAR) se plantea una ocupación del 3,7 por ciento del territorio, cuando el informe estima que bastaría con el 0,23 por ciento para cumplir los objetivos de descarbonización. La delimitación de las ZAR apenas incorpora variables como el paisaje o la participación pública, recalcó. El informe recomienda que antes de sacrificar suelo agrícola y paisaje haya una repotenciación de los parques eólicos existentes, se instale energía fotovoltaica sobre los techos urbanos e industriales, se aprovechen las zonas ya degradadas y se impulsen las comunidades energéticas locales.

Torcuato Teixeira expresó la importancia de poner el foco en la eólica marina por parte de la FCM, ya que afecta al sector pesquero que está desprotegido. Afirmó que los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo proyectan dos posibles parques eólicos en la Isla, que tienen un gran impacto, tanto en el medio como visual. “Los parques eólicos son un polígono industrial instalado en el mar”, precisó el experto en Economía Pesquera. Y continuó explicando que, las zonas elegidas se solapan con las áreas de mayor densidad de esfuerzo pesquero y no se ha tenido en cuenta para su elaboración a este, que puede verse reducido por su impacto: “La flota artesanal es invisible en los mapas oficiales”. Se trata de un modelo extractivista y con una participación deficiente, añadió. El tamaño de los molinos que se proyectan en Lanzarote “es una barbaridad”, de unos 260 metros de altura —casi de la altura de la Torre Eiffel— y a menos de dos kilómetros de la costa. Propuso una estrategia defensiva en seis fases, con el recurso a los tribunales si fuera necesario. Para concluir, Teixeira dejó claro que la transición energética es irrenunciable, no obstante, su legitimidad dependerá de cómo y dónde se haga, y de que nadie pague un precio desproporcionado para que otros cobren el beneficio.

Para finalizar, el equipo redactor expuso las conclusiones y recomendaciones del informe, la más urgente y necesaria, es a su juicio, realizar un estudio científico de las afectaciones sobre el entorno, flora y fauna, “para conocer el impacto global del negocio eólico”. También se hizo hincapié en la democratización del acceso a la energía, con un modelo sustentable y equitativo, y prevenir su privatización mediante la aplicación de una participación activa que priorice la seguridad y la soberanía alimentaria. En el caso de la eólica marina, los expertos plantean solicitar la suspensión cautelar de los proyectos. Lanzarote “es un territorio frágil”, sostuvo Regueiro, quien defendió que no se deben sustituir unos impactos por otros, ni convertir a las comunidades costeras en zonas de sacrificio del nuevo modelo energético. “La tierra y el mar son sustento, memoria, cultura y atractivo turístico”, concluyó.

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Informe. Diagnóstico del impacto potencial del desarrollo eólico integral en las islas Canarias y, en particular, en la isla de Lanzarote

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió el pasado jueves 25 de junio la presentación del informe titulado: “Diagnóstico del impacto potencial del desarrollo eólico integral en las islas Canarias y, en particular, en la isla de Lanzarote”, encargado por la institución en 2025 —para ser desarrollado entre marzo de 2025 y junio de 2026—. La investigación ha sido dirigida por Rosa María Regueiro, profesora titular en el Departamento de Economía Aplicada de la USC (Grupo de Bioeconomía), en cuyo equipo han participado Torcuato Teixeira, abogado y especialista en Economía Pesquera por la USC, y Damiano Volpi, técnico ambiental.

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Carmen Marina Barreto: «La canariedad no es una sustancia que se posee sino un acontecimiento que sucede día a día»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió el 18 de junio, en la sala José Saramago, la conferencia “Las islas como simulacro: estéticas identitarias y el consumo del pasado”, impartida por Carmen Marina Barreto Vargas, profesora de Antropología Social y Cultural de la Universidad de La Laguna. Durante su intervención, la antropóloga abordó las paradojas que rodean el concepto de identidad cultural y sostuvo que esta noción se encuentra actualmente desestabilizada por diversos procesos característicos del mundo contemporáneo, entre ellos la creciente movilidad social, el flujo incesante del capital, el desarrollo de las tecnologías de la información y la progresiva emocionalización del sentido de pertenencia a un territorio.

Barreto señaló que la identidad suele concebirse como una noción fija que proporciona seguridad y sirve de base para la movilización política de los nacionalismos. Sin embargo, defendió que debe entenderse como un proceso dinámico, en permanente construcción y transformación, „sin posibilidad de solidez“.

En este contexto, cuestionó la idea de que la globalización suponga únicamente una amenaza para las culturas locales. Como ejemplo, explicó que en Canarias, lejos de provocar la desaparición de las prácticas culturales, las últimas tres décadas han estado marcadas por un notable incremento de tradiciones, así como por la invención y reinvención de manifestaciones vinculadas a las fiestas populares y a la indumentaria tradicional. Por ello, destacó que „la identidad cultural es más un producto de la globalización que víctima de ella“.

La antropóloga sostuvo que, en el Archipiélago, la identidad se construye y consume a través de dos grandes mecanismos. El primero es la constante evocación del pasado aborigen, alimentada por la fascinación por un supuesto „paraíso perdido“. El segundo es la nostalgia por una naturaleza idealizada y concebida como pura e intacta. A su juicio, entender la naturaleza como un paraíso irrecuperable del pasado „nos quita la responsabilidad y la confianza en nuestra capacidad para reivindicar la sociedad de forma colectiva y libre, colocándonos en un espacio romántico que nos paraliza“.

Asimismo, explicó que la identidad cultural continúa siendo objeto de una fuerte estetización, asociada a narrativas de exotismo que han contribuido históricamente a la construcción de la imagen turística de Canarias. En paralelo, afirmó que el discurso político del Archipiélago sigue girando, en gran medida, en torno a las cuestiones identitarias. Barreto defendió que la continuidad cultural no depende de una preservación rígida de las tradiciones, sino de su capacidad para transformarse y adaptarse a nuevos contextos. Como ejemplo, el eslogan de “hacer política al modo canario”, alejado de la crispación o la polarización, o “viajar al modo canario”, como propone la aerolínea Binter.

El arte, la música, la literatura, la moda o la gastronomía tienen que pasar por el filtro de la metrópoli “para que sean considerados algo más que folclore, cultura popular o mera artesanía”, “desenredar la esencialidad para convertirla en un objeto de consumo y valor de cambio”, reflexionó la antropóloga.

Barreto añadió que este proceso contribuye a fabricar identidad canaria como un producto industrial que no solo la convierte en un objeto ideológico, sino también en un producto fósil. La antropóloga habló extensamente sobre la indumentaria y los productos textiles, en cuyas colecciones coexisten bordados meticulosos y patrones clásicos con textiles tecnológicos avanzados, “demostrando que la innovación no borra la artesanía”. Aparece otra paradoja entre tradición, innovación e identidad en el contexto de la transformación del patrimonio canario.

Las artesanías tradicionales han recuperado importancia, pero la innovación demuestra ser indispensable “para la preservación sostenida de los 38 oficios tradicionales catalogados oficiales en Canarias como conceptos vitales de la cultura regional o nacional” afirmó la antropóloga. No obstante, mientras la artesanía se adapta a las exigencias del mercado mediante la incorporación de nuevos diseños y avances tecnológicos, en el museo se convierte en un objeto estático, desprovisto de su funcionalidad y de su contexto original. El traje tradicional se traslada al espacio museístico para ser exhibido como una pieza sin vida, teatralizando el pasado y proyectando una imagen de la identidad canaria domesticada, pacífica, amable y conciliadora.

Barreto se preguntó cuál es el fenómeno que permite que tantas paradojas vivan sin aparente contradicción. Se trata de “la construcción de la identidad cultural como fetiche”, entendida ahora de forma positiva, a través del concepto del “como si”. Se es plenamente consciente de haber fabricado un artefacto o pensamiento, pero se opta por actuar colectivamente como si estos poseyeran una autoridad o agencia autónoma. Un traje de mago o de maga carece de funcionalidad en la vida cotidiana, pero mediante un proceso de patrimonialización, la sociedad canaria extrae estas prendas de la lógica de consumo y las eleva a categoría de metavalores. El traje deja de ser simple tela para convertirse en un contenedor de la identidad colectiva del pasado agrícola y del orgullo canario. Sin este consenso social se degradaría o perdería su significado social.

Para concluir, Carmen Marina Barreto señaló que la idea de la identidad ha sido el modo más moderno y exitoso de orquestar el sentimiento de pertenencia, pero que la complejidad de la globalización no garantiza que esta forma de identificación sea indefinida. Por eso, “es muy difícil entender que exista una identidad, una canariedad”. Solamente podemos aspirar a una representación o a una recreación, ya que la identidad es una imagen que crea su propia realidad.

A juicio de la ponente, la solución no consiste en buscar una certeza identitaria, sino en asumir que toda identidad es un simulacro construido colectivamente, en cuya configuración intervienen políticos, etnógrafos, folcloristas, antropólogos, etnólogos, cronistas y artistas, quienes desempeñan el papel de «cuidadores del fuego sagrado» en un permanente proceso de interpretación, negociación y debate sobre las representaciones culturales. “Solo podemos seguir experimentando con lo que creemos que es nuestra identidad. Es un juego totalmente fantasmagórico, porque la canariedad no es una sustancia que se posee sino un acontecimiento que sucede día a día”, concluyó.

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Lassalle: «El debate del futuro es entre quienes defienden el valor de la condición humana contra los que niegan esa autenticidad»

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José María Lassalle —experto en humanismo tecnológico y ética de la inteligencia artificial, escritor y profesor universitario— propuso, al estilo analógico, ayudado de un rotulador y una pizarra, una reflexión sobre “el tema de nuestro tiempo”: la Inteligencia Artificial (IA) y cómo afrontar una respuesta humana a este desafío, durante su conferencia titulada “La autenticidad humana como respuesta a la inteligencia artificial”, impartida el 11 de junio en la Sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

El ponente empezó explicando qué es la IA, nacida hace setenta años de la mano de Alan Turing como “algo que quiere ser alguien”. Esa es la aspiración de su diseño, insistió. Además, la IA busca pensar como un ser humano, pero sin sus defectos. Quiere ser consciente o, dicho de otro modo, llegar a pensar por sí misma, a pesar de que no tiene conciencia. Es producto de la modernización científica que no renuncia a la utopía de conseguir un aquí y un ahora permanente, sin imperfecciones. Porque el ser humano piensa, pero piensa mal, es decir, condicionado. Por eso se busca un modelo que sustituya lo humano y encuentre una abstracción de la inteligencia. De ahí nacen los algoritmos.

El diseño de la IA entronca con la modernidad científica y el pensamiento de Hobbes: “El conocimiento es poder”. Ese es el soporte del capitalismo algorítmico: conocer para tener poder de acción sobre el mundo, dentro de una modernidad política cuya acción esté desprovista de la idea de Dios. La IA es una herramienta de este ecosistema conceptual. Detrás de su creación hay una antropología que busca el poder, busca automaximizarse en el poder, con el único propósito de crear más poder, sin condicionantes morales. Por eso la IA no es neutra, porque en sí misma aloja esa soberbia que busca romper los límites. “Si no entendemos esto, nos parecerá un producto más de la técnica y no lo es”, señaló Lassalle.

Aunque la IA sea la máquina de vapor de la revolución digital, es todavía más relevante que la máquina de vapor, que fue la que en realidad enterró al Antiguo Régimen y permitió la Revolución francesa, generando tanto progreso como desigualdad. A partir de ese punto, del pacto entre capital y trabajo, el trabajo intelectual es el único que queda en la esfera del ser humano, y se multiplica. Pero ahora la IA le arrebata al ser humano el monopolio del trabajo intelectual. “Y el impacto es extraordinario”. Hay un desplazamiento cuantitativo y cualitativo que plantea un problema grave en el que no está pensando la política porque ni el capital es el mismo capital financiero productivo de antes, ni el trabajo es el que nace de la Revolución industrial.

Lassalle explicó cómo el trabajo humano se va diluyendo a favor de lo que realmente tiene valor en la actualidad: los datos, que son los que sostienen la capacidad de las plataformas para anticipar lo que nosotros vamos a desear. Además, por primera vez, se ha creado un mundo paralelo al analógico, la infoesfera, en el que pasamos una media de 6 a 10 horas al día, incluso en los países menos desarrollados. Hay 6.000 millones de personas conectadas extrayendo y volcando datos gracias a una tecnología que está diseñada para atraer nuestra atención aparentando que estamos jugando, pero que capta nuestra huella digital sobre lo que deseamos. Se perfila así al ser humano desde los dispositivos para diseñar un modelo de empresa, para atrapar nuevos bienes y servicios que condicionen aún más nuestra lógica de consumo. Esa extracción de datos es un trabajo no remunerado, disfrazado de ocio. Estamos construyendo un nuevo modelo capitalista sin regulación, como al inicio de la era industrial, sin equidad y sin control. En este modelo, la IA es imprescindible porque gestiona los datos, construye los algoritmos, se nutre de algoritmos y los diseña.

Este “algo que quiere ser alguien”, por otra parte, está atrapado en una hipercompetencia entre Estados Unidos y China. Por un lado, porque para que la inteligencia artificial desarrolle toda su potencia de cálculo sobre la información, necesita que ese cálculo que libera no genere tanta huella de calor como la que puede llegar a destruir un teléfono. Cuanto más cálculo, más energía es necesaria y hace falta una energía de enfriamiento que da lugar también a una gran disputa geopolítica entre ambos países. Es un conflicto agónico que solo se detendrá cuando una logre antes que la otra que la inteligencia artificial sea plenamente consciente “y alcance eso que se denomina la singularidad”: una inteligencia artificial capaz de ser autoconsciente y desbordar las capacidades humanas de pensar tal como las hemos entendido hasta ahora. Quien gane, tendrá las armas más letales del Planeta y los mecanismos de control. Podrá tener un imperio global que someta a toda la especie humana, aclaró el experto.

A este respecto, Lassalle advirtió que en Silicon Valley hay oligarcas que hablan abiertamente de esto, como Alex Karp o Peter Thiel, dueños de Palantir, que conforman, junto a otros, la llamada ilustración oscura y aspiran a ese imperio global al que le sobra la democracia. Defienden el supremacismo blanco y el transhumanismo, que pretende eliminar todo aquello que nos hace humanos, así como el aceleracionismo, que nos permitirá ser como dioses y aspirar a la vida eterna gracias a la técnica, que necesita, eso sí, un poder sin reglas, sin condicionamientos morales, en el que no exista la democracia. En China, por otra parte, buscan algo similar desde otra óptica. Esto ha provocado que incluso el Papa hable en su última encíclica de los peligros de estos tecnooligarcas y del transhumanismo. “Esta es la realidad que debemos tener presente”, señaló Lassalle.

Lo que sí destacó el experto es la capacidad ventajosa del ser humano frente a la IA. La IA puede gestionar todos los datos pasados e históricos con que haya sido alimentada, en cambio el ser humano, aunque no tenga todo ese conocimiento completo, sí que puede inferir y proyectar el futuro, según su conocimiento y su experiencia, cosa que no puede hacer la IA.

Lassalle apeló a Hannah Arendt, que insistía en que respetar la esencia simbólica de la condición humana es el fundamento imprescindible para entender la dignidad de la persona. “No hay personas sin condición humana y esto es algo que debemos trabajar”. La IA, por primera vez, hace que un humano comparta con la máquina el trabajo y genere un producto híbrido que ni es humano ni es artificial o es ambas cosas. La autoría queda cuestionada. Desde el punto de vista de los clásicos, el autor es lo que completa la obra. Y la autoridad es el verdadero poder de la sabiduría humana, que nace de las dudas, no de la afirmación. La IA no duda, solo afirma. Se genera así una criatura que nos aliena de nuestra autoridad. La dificultad de identificar qué trabajo es nuestro y cuál no, es un problema grande, afirmó.

“En las sociedades automatizadas, los humanos que no aporten valor irán a la renta básica, con servicios digitales gratuitos. La paz social estará garantizada, pero no habrá democracia. Este horizonte distópico debemos tenerlo en mente, porque vamos de cabeza si no ponemos remedio”, señaló. En este punto, Lassalle propuso recuperar el valor de la autenticidad humana y “enderezar los modelos de IA, porque no es verdad que solo exista este modelo”. Cree que ahí los europeos, latinoamericanos, africanos o el mundo árabe, “todos los que tienen una mirada de poder poner en valor la condición humana”, podemos decir algo, aunque eso requiere una masa crítica. Mientras tanto, comentó, la política está atrapada en su tiempo real, y desfasada. Según Lassalle, la frontera entre derecha e izquierda ha desaparecido y la siguiente frontera será entre los que defienden el valor de la condición humana contra los que niegan esa autenticidad. “O nos concienciamos de que este es el debate o nos va a sobrepasar porque la realidad nos va a aplastar”. Primero nos sustituirá y luego nos cancelará, sentenció.

Para finalizar, el experto en IA planteó que lo importante es nutrir nuestro pensamiento crítico y simbólico, acudir a la cultura, y empezar por una reforma profunda de la educación desde la base, girar hacia el aprendizaje del ser. “La última batalla es la de la conciencia, que es el soporte de la civilización”. La IA puede ser maravillosa si se le añaden límites o reglas: el límite de la equidad frente al poder del fuego de Prometeo, puntualizó.

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César Rendueles: un lenguaje de esperanza frente a la desesperación del futuro

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César Rendueles, científico en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), expuso su impresión sobre la existencia de “un cambio profundo en nuestros afectos políticos” el 14 de mayo en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. “Hemos pasado, en los últimos años, del ’sí se puede‘ a una sensación de pérdida del futuro, de cualquier futuro”. De esta manera dio comienzo a su conferencia titulada “La pérdida del futuro. Tecnología catastrófica, guerra cultural y postdemocracia”.

Según explicó el filósofo, “hay épocas en las que parece que todos somos más igualitarios o más libres, en las que se vislumbra un mundo más justo, y otras, como la actual, en las que parece que todo el mundo es más autoritario o más conservador y se convive con una sensación de impotencia colectiva, con unos afectos tristes que nos vuelven pasivos ante un mundo que se descompone”. En este sentido, continuó detallando cómo, de pronto, “la tierra es fértil para que prosperen fuerzas autoritarias y los estilos de vida se convierten en un campo de batalla. Parece que todo va mal cuando antes todo iba bien, aunque una mirada más realista revela que la sensación anterior era un efecto óptico y que vivimos la resaca de la degradación de la democracia. Las élites siguen acumulando poder y se mantienen los procesos de mercantilización”, precisó.

El filósofo húngaro Karl Polanyi consideraba la crisis de los años treinta del siglo pasado no como una anomalía, sino como el desenlace previsible. Así parece, igualmente, la crisis que se inicia en el año 2008, derivada del neoliberalismo, una apuesta por reducir la soberanía democrática y el momento en que la derecha incendia el espacio del multiculturalismo. “De repente, la primacía de lo laboral o lo económico tiene un escaso impacto electoral y se ve desplazada por una batalla cultural en la que se dibuja el enfrentamiento como inevitable y la convivencia como imposible. Incluso se da la paradoja de que muchas personas consideran que su situación económica ha mejorado pero la del país ha empeorado”, argumentó Rendueles.

La diferencia con los años treinta es, en parte, la desarticulación de la política. “Las amenazas a la libertad y la dominación no son peores que antes, pero sí son más confusas” a su juicio. La ultraderecha impugna las bases de nuestra civilización y apela a discursos radicales bíblicos, extraños, pintorescos o exagerados. Además, se produce un uso sistémico de los bulos como herramienta de movilización política y la cultura de la conspiración se convierte en una ideología. “La eliminación del futuro nos lleva a lo que Marina Garcés llama la ‚condición póstuma‘, es decir, vivir en un mundo que estuviera acabado, habitar una prórroga histórica sin horizonte”.

En la segunda parte de su ponencia, Rendueles se centró en la falta de alternativas de progreso que ha construido la izquierda ante este escenario. Por una parte, las críticas a la idea de progreso son lúcidas o pertinentes, pero tienen un coste. Frente a la postura hegeliana de que la historia es unidireccional, tiene un significado y existe un sentido de avance, otros autores plantean que la idea de progreso no es más que un consenso, que no hay un todo histórico ni una historia universal y solo existen progresos parciales. Esta crítica a la idea de progreso nos coloca al borde del nihilismo político.

Rendueles finalizó analizando dos escenarios actuales. El primero es el de la tecnología digital. Inicialmente estaba dominada por una narrativa en la que la tecnología era la solución para todo, en la que Internet y las redes sociales eran la cara amable de la globalización neoliberal. De ahí se ha pasado a una narrativa catastrófica, que es una perspectiva tan ingenua como la anterior. “Tenemos una relación fetichista con la tecnología, como si no tuviéramos ninguna capacidad de influencia”, señaló el conferenciante. La tecnología nos vuelve dóciles, incapaces de pensar en escenarios positivos sobre lo que se está creando.

El segundo escenario es la crisis medioambiental, que se plantea como inevitable, aunque para el filósofo no lo es y considera que no estamos condenados al colapso. De hecho, señala que hay “vientos a favor”, tanto en China, como en Europa o en el Sur global, con algunas propuestas sólidas y una revolución tecnológica en marcha. Sin embargo, eso “no lo pensamos como un horizonte posible para impulsar la acción colectiva”. Se señalan los límites y las incoherencias de la transición ecológica por delante de la posibilidad de que prospere esa transición. “Señalamos que la ideología del progreso está en el ADN del ecocidio, y es una reflexión lúcida, pero nos empuja a un escenario de pasividad”, sostuvo.

Rendueles consideró, para finalizar, que, aunque las señales de cambio de época estén presentes, es necesario aplicar “un lenguaje de esperanza” y asumir que siempre viajamos a tientas. Es una versión de la esperanza no como certeza, sino como la capacidad que tenemos para cultivar la idea de progreso mediante la práctica individual. Una idea sin garantías, como sostuvo Raymond Williams, que decía que “ser verdaderamente radical significa hacer posible la esperanza, en lugar de convencer de la desesperación”.

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Luis Antonio de Villena: «La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales»

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Luis Antonio de Villena comenzó su intervención titulada “Un nuevo paganismo” el día 7 de mayo en la Sala José Saramago, recordando a César Manrique, al que conoció en Las Palmas de Gran Canaria, junto a Pepe Dámaso. Lo calificó como “un hombre de carácter. Ese elemento impositivo que estaba en el carácter de César ha sido muy bueno para Lanzarote”, señaló.

El “nuevo paganismo” al que hace referencia el título de su conferencia tiene que ver con “no sentirse encuadrado” dentro de una moral católica que forma parte del poder y suele ser muy restrictiva respecto a la libertad individual. Señaló que casi siempre se habla de una libertad colectiva y “ese es el primer error” porque la libertad es “esencial, primeramente y primariamente, individual”. “La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales. De la misma forma, si no se produce esa libertad individual y solo hay libertad colectiva, el individuo no es libre”.

Puso como ejemplo la eutanasia, la “buena muerte”, la renuncia a una vida vegetativa que es vida, pero no es vida humana, ya que esta requiere pensar y tomar decisiones. Si solo hay libertad colectiva, la sociedad, regida por una moral católica, le va a decir “que usted no es el responsable de su vida, sino que el responsable es Dios. Sería un horror que la eutanasia fuera impuesta y sería un horror también que no hubiera esa posibilidad”. Por eso, insistió Villena, la libertad individual está por encima de la libertad colectiva y ésta se organiza cuando varias personas que han optado por esa libertad se unen. Como decía Ortega, “todos somos en algún momento masa y en algún momento minoría”.

En ese sentido, ahora aparece el hombre-masa, “que no sabe, pero cree que sabe de todo. Esto supone un mal terrible si se impone este tipo de hombre que cree que tiene derecho a todo y es igual que todos, lo cual es cierto en sentido general pero no lo es en sentido particular. De ahí la necesidad de saber, de estudiar, de conocer…, a pesar de la mala calidad actual de la enseñanza”.

El poeta recitó algunos poemas de su último libro publicado, Miserable vejez, confrontando el discurso oficial de la tranquilidad, la experiencia, la sabiduría que ofrece la vejez, al “no oficial” que revela que no se sabe qué hacer con los viejos mientras el cuerpo se va deteriorando. Los poemas hablan de un sentido de sabiduría “que tiene que ver con cierta idea del paganismo, del valor del perdedor o de la necesidad de la unión entre la vejez y la juventud, lejos de los discursos oficiales que convierten esas necesidades o ideas, en realidades intangibles y tenazmente separadas, como si el viejo fuera a manchar al joven”.

Por algunas de esas cuestiones, como “la ignorancia que va supliendo todo” o la preponderancia del hombre-masa, al poeta le asiste la sensación de que, en este momento, “el mundo está gobernado por locos”. Abordó el autor la superpoblación, la natalidad y, en cierto modo, la inmigración. “Se dice que vivimos un planeta superpoblado, que el planeta no va a tener recursos para alimentar a tanta gente, pero al mismo tiempo se fomenta la natalidad por razones económicas, no por humanismo o por amor a la familia”. “Bastaría traer a quien corresponda, porque siempre ha habido gente que ha buscado horizontes mejores para su vida”.

De Villena aseguró que es una persona optimista, aunque no lo parezca, pero pesimista en este sentido: “Creo que se está produciendo una destrucción del mundo y a lo mejor en algún momento esta dirección cambia, y dentro de cincuenta años se ve un mundo distinto y mejor”. No obstante, “el mundo siempre ha sido malo, siempre ha habido guerras y desastres, y los grandes genios que han existido no llenan el inmenso espacio de los que han destruido porque los que han destruido son muchos más que los que han edificado”.

Finalizó con un poema, una idea o meditación, que nació contemplando la desembocadura del río Magdalena, en Colombia, donde se unen dos aguas. Tras el poema señaló que “la poesía y la literatura, son un placer. Nos tiene que gustar, nos tiene que mover, pero también va dejando semillas de preguntas que el autor no tiene que responder o responde solo de manera ocasional, y de repente esas semillas aparecen y crean en nosotros pensamientos nuevos y nuevos sentimientos. Eso es lo mejor de la literatura, esa creación que se produce en nosotros después del placer de la lectura”, concluyó.

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Yayo Aznar y los peligros de la gestión de la memoria: manipulación, banalización o mercantilización

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La sala José Saramago de la Fundación César Manrique acogió el 30 de abril la conferencia titulada “(Des)velar la melancolía: arte, memoria y gestión política”, que fue impartida por Yayo Aznar, catedrática de Historia del Arte de la UNED. En su análisis de la gestión actual de las memorias recuperadas y su visibilización —tanto en el espacio público como por parte del mundo del arte—, la historiadora afirmó que nos encontramos instalados dentro de la sociedad de la memoria, lo “que nos hace sentir bien” y percibirnos como miembros de “una sociedad justa”, sin embargo, no estamos “en el camino más fructífero”.

Aznar explicó cómo por un lado, nosotros, como sociedad, corremos el riesgo de caer en la autocomplacencia, mientras que la memoria corre varios peligros más como su capitalización, manipulación política “por todas partes”, la banalización y la mercantilización, es decir, hacer de ella un comercio de la nostalgia. Estos son los riesgos aparentes, matizó, aunque los hay más profundos, como caer en el hastío por sobredosis, al que está expuesto una generación “con un futuro negro” que le hace añorar tiempos pasados que no conoció, o bien la falta de eficacia de las políticas sobre la memoria, entre las que destacan “una profusión de memoriales que no ayudan a tomar la memoria más en serio”.

Durante su conferencia, Aznar abordó la cuestión anteriormente expuesta a través de ejemplos. El primero de ellos: el Memorial de Berlín, un monumento en memoria de los judíos asesinados en Europa “que no es inocente en nada,” y se centra en las víctimas, en el horror. El contexto en el que nació es importante: la cuestionada visita al cementerio de Bitburg de Ronald Reagan, en 1985, en un homenaje a miembros de las SS; con Helmut Kohl en la presidencia alemana, en un momento en el que en ese país se debatía sobre la necesidad de historizar el pasado y plantear el problema de la identidad, aunque en realidad es un debate sobre la autocomplacencia. En primer lugar, la línea conservadora que planteaba el nazismo como una especie de paréntesis y, en segundo lugar, una línea de pensamiento —en la que se encontraba el filósofo Jürgen Habermas— que lo consideraba como una culminación de las ideas nacionalistas. En ese contexto, se propone un concurso público para el Memorial al que se presenta una propuesta que plantea volar la Puerta de Brandeburgo, no por negar el pasado, sino con la visión de que siempre quede inconcluso para poder discutir sobre él permanentemente. Finalmente, no salió seleccionada; se elige la propuesta de Peter Eisenman, que impone una narración que ayuda a normalizar un “incómodo pasado”.

También, Yayo Aznar se refirió al Valle de los Caídos y el último intento de resignificación bajo el nombre de Cuelgamuros, un nuevo proyecto en el que no desaparece ni la gran cruz ni la basílica, pero donde se pretende crear un centro de documentación y memoria “sin contenido real”, y sobre el que considera que existe “una débil discusión”. Aznar señaló que, para muchas personas, los monumentos en ruinas sirven para seguir reivindicando que la ruina recuerda “un pasado glorioso al que se puede volver en algún momento”.

Este tipo de memoriales explicó, parten de la idea de que la inmersión en ese pasado debería alentar en sus visitantes una transformación en su actitud y provocar un sentimiento mayor de igualdad. Aznar cuestiona esa eficacia ya que quienes los visitan ya muestran interés. Por otro lado, cuando se organizan visitas con estudiantes, parece que se quiere sustituir con una visita lo que debería ser parte de una formación “que ayude a pensar”. Con los memoriales, se intenta “pacificar las relaciones sociales” pero parece que no son eficaces para la memoria y sí fomentan, en cambio, una especie de “turismo desinteresado” incluso en lugares como Auschwitz. “Es posible que solo se busque una reflexión inmediata pero que no se cuestione nada en profundidad”, señaló.

El arte contemporáneo también se preocupa por el pasado. Actualmente se elaboran una gran cantidad de lecturas sobre memoria, género o postcoloniales para cuestionar la historia. Todo esto nace de la tesis de Walter Benjamin sobre el concepto de historia, cuya idea central es entenderla como algo que no ha pasado, que siempre está presente y que, por tanto, requiere de una acción por nuestra parte y debe estar afectada por la memoria.

En este sentido, Aznar expuso los trabajos de Hans Haacke, Rogelio López Cuenca o Francesc Torres, considerándolos trabajos de documentación “necesarios” pero que no están exentos de problemas. Algunos de ellos fueron pioneros en ese campo, sin embargo, después llega una multitud de artistas que trabajan sobre la memoria de manera exhaustiva y se focalizan en las víctimas, al igual que las políticas de memoria. “Esto en realidad no hace ningún favor a las víctimas”, según Aznar, que cree importante “distinguir a las víctimas de los culpables”, y honrarlas. No obstante, a su juicio, de esto también se derivan consecuencias. En primer lugar, provoca que el pasado lo protagonice una “subjetividad sufriente”, que se dibuje el siglo XX como un matadero sin fin, cuando también fue el tiempo histórico durante el que más se estrecharon las diferencias sociales, “un siglo de esperanza” en el que con estas visiones, parece que solo fue “el siglo de la ceguera y de la derrota”, “como si solo fuera cierta la sangre derramada y el dolor inútil de las víctimas” o como si las víctimas nunca hubieran actuado y “solo padecieran”.

“Y esto también hace daño a las víctimas”, señaló Aznar, porque supone en cierto modo “darle la vuelta a Walter Benjamin” y convertir a todas las víctimas en héroes o convertir la gestión política sobre el pasado “en una simple gestión de la memoria de las víctimas”. Ante esta situación surgen muchas dudas y parece que existe “un oscuro deseo político por pasar página al que puede que esté ayudando el arte, cuando lo que las víctimas desean conseguir es verdad, justicia y reparación”.

Más información: Nota de prensa

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Margarita del Val: «Estamos más preparados que antes frente a próximas pandemias»

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La Fundación César Manrique inauguró su programación cultural para 2026 el 27 de marzo con una conferencia impartida por Margarita del Val, investigadora científica, viróloga e inmunóloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). A la pregunta con la que tituló su intervención: ¿Estamos más preparados para próximas epidemias?, la divulgadora científica respondió afirmativamente. No obstante, antes de llegar a esta conclusión, tuvo que explicar qué es una pandemia, cómo son los virus, cómo se fabrican las vacunas o cómo se ha actuado ante casos recientes y buscar una contestación basada en la evidencia científica y la experiencia adquirida.

Según Del Val, a la aparición de la próxima pandemia pueden contribuir muchos factores: la población mundial crece, concentrándose en las ciudades, a las que trasladan sus costumbres rurales de relación con los animales; nos movemos mucho, transportando animales e insectos; el clima es más suave en las zonas templadas, lo que favorece la proliferación de mosquitos y, en consecuencia, el aumento en la transmisión de enfermedades; además de que existe una mayor esperanza de vida  y los virus suelen afectar principalmente a las personas mayores. En este sentido, Europa aparece como uno de los lugares más vulnerables debido al envejecimiento de su población.

En cuanto a la evaluación del riesgo sobre un nuevo virus, lo primero, a juicio de la viróloga, es “conocer al enemigo”. Esto quiere decir que hay que saber cuál es su nivel de amenaza, nuestras defensas y el grado de inmunidad de la población. Toda esta información y su contexto, ayudará en la manera de actuar frente al virus, matizó. Posteriormente, explicó cómo se pudieron lograr las vacunas del Covid-19 —aislando a la proteína S— y trasladó las diferencias entre vacunas para virus como el del SIDA o la malaria, que son mucho más complejas.

Del Val insistió en que se han establecido pautas como la higiene de manos o del material quirúrgico, así como la potabilización del agua, que han acabado con muchas posibles infecciones y que otra acción importante a tener en cuenta es la medición de la calidad del aire, que debería llevarse a cabo en los edificios públicos. “Es importante hacer un esfuerzo en que el aire sea respirable sin compartir virus”, aseguró la investigadora antes de finalizar con la exposición de tres casos recientes de contagios para analizar cómo hemos reaccionado ante ellos, qué hemos aprendido, y poder contestar así a la pregunta de si estamos mejor preparados que antes para próximas pandemias.

El primer caso que planteó fue el del virus del Nilo occidental (Sevilla, 2020). Se registraron ocho muertes por encefalitis en 77 casos. Se pensaba que el virus venía de los caballos, pero estaba en las aves de los arrozales y las marismas, y de ahí pasaba a los mosquitos y las personas. Se fumigaron las larvas de los mosquitos para evitar la expansión. Se bloqueó a quien transmitía la infección. En los años siguientes hubo sequía, y por tanto menos mosquitos y ningún caso. Las autoridades se confiaron y en 2024, sin planes para fumigar, hubo 20 muertos de 159 casos. Al año siguiente se fumigó con antelación y se evitó la propagación. En segundo lugar, del Val habló sobre la viruela del mono, que salió en 2022 fuera de África mediante un contacto estrecho, por vía sexual. “Aprendimos que si la gente se aislaba, el contagio se frenaba”, afirmó. Y se paró así, gracias a la experiencia con el Covid-19 y al comportamiento de las personas, que no pusieron resistencia para aislarse. “Si hubiera sido diez años antes, probablemente no se hubiera podido”, manifestó. Y, por último, trató sobre la gripe aviar, afirmando que, aunque está lejos de los otros dos casos, tendría una mortalidad muy alta si se contagiara entre humanos. La preocupación reside en que se produzca ese cambio. 

Margarita del Val concluyó su intervención asegurando que “sí estamos más preparados que antes” y recordando que la respuesta ante una pandemia depende tanto de la tecnología, como de tener buenas vacunas y de nuestro comportamiento. “Lo estamos haciendo bien”, sentenció.

Más información: Nota de prensa 

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La FCM publica un nuevo título en su colección de poesía Péñola Blanca: „En la hondura del tiempo“, de la poeta mexicana Coral Bracho

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La Fundación César Manrique (FCM) publica un nuevo título dentro de su colección de poesía Péñola Blanca, que inició su andadura hace 30 años, en 1995: En la hondura del tiempo, de Coral Bracho (Ciudad de México, 1951). Se trata de la decimosexta entrega dentro de esta colección de libros inéditos, de tipo bibliófilo, cuya cuidada edición fue diseñada originalmente por Alberto Corazón. En la hondura del tiempo reúne 37 poemas. La tirada es de 400 ejemplares, numerados, los cien primeros firmados por la autora.

En palabras de Coral Bracho, “la poesía es una forma única de abrir caminos a la sensibilidad y de adentrarse en los deslumbrantes territorios del lenguaje para acercarnos al mundo que nos rodea, e incidir sobre él”. La autora mexicana, que mereció el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2023 “por su continua indagación en la politicidad de la poesía y el peso de la palabra escrita” afirma, al abordar las claves de su escritura, que “la libertad de expresión poética ha sido y sigue siendo para mí una necesidad, pero siempre he sentido también que aun los poemas más libres están sujetos a exigencias rítmicas y sonoras, aunque éstas sean mucho menos perceptibles para los lectores”.

En la “Breve poética” que acompaña a los poemas incluidos en su nuevo libro, Coral Bracho escribe, entre otras reflexiones, lo siguiente: “Cuando comencé a escribir poesía todavía convivían el verso libre y el verso medido, y formas más coloquiales con otras más complejas que se describieron como «neobarrocas» en Latinoamérica. Yo siempre he disfrutado la lectura de todo tipo de poesía, y nunca he sentido que haya formas poéticas que sean mejores que otras”.

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«César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo»

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Eduardo Prieto, doctor arquitecto internacional, impartió el jueves 27 de noviembre, la conferencia titulada “El futuro del pasado. César Manrique y la arquitectura popular” en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. Comenzó describiendo a César Manrique como una figura “paradójica” de la arquitectura popular ya que, según el ponente, a través de su libro Lanzarote. Arquitectura inédita tuvo el empeño de “documentar una arquitectura a la cual no se había prestado demasiada atención” y utilizarla como un modo de construir “cierta modernidad, la utopía, el futuro”. En este sentido, Prieto habló de la doble mirada de César sobre la arquitectura popular: la de quien conoce su entorno y la de quien lo redescubre después de haber viajado. Su estancia en Nueva York y su contacto con las vanguardias son fundamentales, consideró. A César le interesa “ese valor intemporal de la arquitectura popular y el modo en que esa arquitectura se inserta en el paisaje”. En España es pionero en ese tipo de trabajo, afirmó el arquitecto.

Para revelar el secreto de la relación de Manrique con la arquitectura popular, Prieto se remontó a otros ejemplos, a otras islas que ayudan al artista a anticipar ideas, conceptos y visiones. La primera es Capri, la síntesis de lo mediterráneo que atrajo tanto a Goethe, como a Schinkel o a Herder, porque se trata de una arquitectura que habla de cierto modo de vida más sencillo y en contacto con la naturaleza. “En parte, la modernidad arquitectónica se inventa a través del descubrimiento de la arquitectura popular”, señaló. La segunda isla es Ibiza, que va a ser para los españoles lo que Capri para los europeos y también seduce a Walter Benjamin, Le Corbusier o Walter Gropius, el fundador de la Bauhaus. Volviendo a Lanzarote, Prieto destacó que, para César, la belleza es clave.

Prieto explicó cómo César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo. En la obra del artista —matizó—planea una dicotomía complementaria: la arquitectura como elemento que construye el territorio y al mismo tiempo es construida por ese territorio. A juicio del conferenciante, el libro, publicado en 1974, se puede leer también como un manifiesto incluso retroactivo de lo que se había hecho antes en la Isla, y encierra una mirada “que va a convertir la arquitectura en expresión de algo más”, una expresión social, etnográfica, de las costumbres. Le interesa esta arquitectura no tanto como un registro del pasado, sino como una proyección hacia el futuro, una arquitectura moderna pero anclada en la tradición, además de una mirada sobre la esencia de Lanzarote, manifestó.

Durante la conferencia, Prieto afirmó que Lanzarote. Arquitectura inédita “no es simplemente un trabajo etnográfico, sino un trabajo propositivo”, y destacó dos posibles precedentes: el libro El genio nativo en la arquitectura anónima de Norteamérica, de Sibyl Moholy-Nagy y, sobre todo, la exposición «Arquitectura sin arquitectos», que se inauguró en 1964 en el MoMA, comisariada por Bernard Rudofsky y que incluía una foto de La Geria. Esas miradas e influencias van a confluir en la manera en que César Manrique trabaja una arquitectura social, con base etnográfica, de vanguardia y ligada al contexto peculiar de Lanzarote. Cuando se plantea esta arquitectura, en España hay arquitectos que están pensando de manera parecida, como Alejandro de la Sota, Miguel Fisac, Coderch o Fernández del Amo.

A César Manrique “no le interesa la arquitectura popular como una receta, aunque luego se haya convertido en una receta en el caso de Lanzarote”, indicó Eduardo Prieto para luego explicar que “le interesa, fundamentalmente, como un material que puede ser reprogramado en clave moderna para hacer un arte distinto, y también de manera social” porque no la construye un individuo, sino la sociedad en su conjunto. “En realidad —señaló Prieto—, para el artista, la arquitectura popular no es solamente un documento para hacer la Lanzarote que él pensaba y su futuro, no es solo un pegamento social con el cual todo el mundo se puede reconocer o una herramienta para construir un estilo nuevo, una arquitectura moderna, sino que es la materia a la cual se le puede dar forma para construir lo propio”. Lanzarote. Arquitectura inédita cumple todas estas funciones, pero, además, “se tiene que entender por el personaje que lo ideó, lo concibió y que utilizó el libro como un programa utópico”, concluyó Prieto.

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