César Rendueles: un lenguaje de esperanza frente a la desesperación del futuro

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César Rendueles, científico en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), expuso su impresión sobre la existencia de “un cambio profundo en nuestros afectos políticos” el 14 de mayo en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. “Hemos pasado, en los últimos años, del ‘sí se puede’ a una sensación de pérdida del futuro, de cualquier futuro”. De esta manera dio comienzo a su conferencia titulada “La pérdida del futuro. Tecnología catastrófica, guerra cultural y postdemocracia”.

Según explicó el filósofo, “hay épocas en las que parece que todos somos más igualitarios o más libres, en las que se vislumbra un mundo más justo, y otras, como la actual, en las que parece que todo el mundo es más autoritario o más conservador y se convive con una sensación de impotencia colectiva, con unos afectos tristes que nos vuelven pasivos ante un mundo que se descompone”. En este sentido, continuó detallando cómo, de pronto, “la tierra es fértil para que prosperen fuerzas autoritarias y los estilos de vida se convierten en un campo de batalla. Parece que todo va mal cuando antes todo iba bien, aunque una mirada más realista revela que la sensación anterior era un efecto óptico y que vivimos la resaca de la degradación de la democracia. Las élites siguen acumulando poder y se mantienen los procesos de mercantilización”, precisó.

El filósofo húngaro Karl Polanyi consideraba la crisis de los años treinta del siglo pasado no como una anomalía, sino como el desenlace previsible. Así parece, igualmente, la crisis que se inicia en el año 2008, derivada del neoliberalismo, una apuesta por reducir la soberanía democrática y el momento en que la derecha incendia el espacio del multiculturalismo. “De repente, la primacía de lo laboral o lo económico tiene un escaso impacto electoral y se ve desplazada por una batalla cultural en la que se dibuja el enfrentamiento como inevitable y la convivencia como imposible. Incluso se da la paradoja de que muchas personas consideran que su situación económica ha mejorado pero la del país ha empeorado”, argumentó Rendueles.

La diferencia con los años treinta es, en parte, la desarticulación de la política. “Las amenazas a la libertad y la dominación no son peores que antes, pero sí son más confusas” a su juicio. La ultraderecha impugna las bases de nuestra civilización y apela a discursos radicales bíblicos, extraños, pintorescos o exagerados. Además, se produce un uso sistémico de los bulos como herramienta de movilización política y la cultura de la conspiración se convierte en una ideología. “La eliminación del futuro nos lleva a lo que Marina Garcés llama la ‘condición póstuma’, es decir, vivir en un mundo que estuviera acabado, habitar una prórroga histórica sin horizonte”.

En la segunda parte de su ponencia, Rendueles se centró en la falta de alternativas de progreso que ha construido la izquierda ante este escenario. Por una parte, las críticas a la idea de progreso son lúcidas o pertinentes, pero tienen un coste. Frente a la postura hegeliana de que la historia es unidireccional, tiene un significado y existe un sentido de avance, otros autores plantean que la idea de progreso no es más que un consenso, que no hay un todo histórico ni una historia universal y solo existen progresos parciales. Esta crítica a la idea de progreso nos coloca al borde del nihilismo político.

Rendueles finalizó analizando dos escenarios actuales. El primero es el de la tecnología digital. Inicialmente estaba dominada por una narrativa en la que la tecnología era la solución para todo, en la que Internet y las redes sociales eran la cara amable de la globalización neoliberal. De ahí se ha pasado a una narrativa catastrófica, que es una perspectiva tan ingenua como la anterior. “Tenemos una relación fetichista con la tecnología, como si no tuviéramos ninguna capacidad de influencia”, señaló el conferenciante. La tecnología nos vuelve dóciles, incapaces de pensar en escenarios positivos sobre lo que se está creando.

El segundo escenario es la crisis medioambiental, que se plantea como inevitable, aunque para el filósofo no lo es y considera que no estamos condenados al colapso. De hecho, señala que hay “vientos a favor”, tanto en China, como en Europa o en el Sur global, con algunas propuestas sólidas y una revolución tecnológica en marcha. Sin embargo, eso “no lo pensamos como un horizonte posible para impulsar la acción colectiva”. Se señalan los límites y las incoherencias de la transición ecológica por delante de la posibilidad de que prospere esa transición. “Señalamos que la ideología del progreso está en el ADN del ecocidio, y es una reflexión lúcida, pero nos empuja a un escenario de pasividad”, sostuvo.

Rendueles consideró, para finalizar, que, aunque las señales de cambio de época estén presentes, es necesario aplicar “un lenguaje de esperanza” y asumir que siempre viajamos a tientas. Es una versión de la esperanza no como certeza, sino como la capacidad que tenemos para cultivar la idea de progreso mediante la práctica individual. Una idea sin garantías, como sostuvo Raymond Williams, que decía que “ser verdaderamente radical significa hacer posible la esperanza, en lugar de convencer de la desesperación”.

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Luis Antonio de Villena: «La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales»

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Luis Antonio de Villena comenzó su intervención titulada “Un nuevo paganismo” el día 7 de mayo en la Sala José Saramago, recordando a César Manrique, al que conoció en Las Palmas de Gran Canaria, junto a Pepe Dámaso. Lo calificó como “un hombre de carácter. Ese elemento impositivo que estaba en el carácter de César ha sido muy bueno para Lanzarote”, señaló.

El “nuevo paganismo” al que hace referencia el título de su conferencia tiene que ver con “no sentirse encuadrado” dentro de una moral católica que forma parte del poder y suele ser muy restrictiva respecto a la libertad individual. Señaló que casi siempre se habla de una libertad colectiva y “ese es el primer error” porque la libertad es “esencial, primeramente y primariamente, individual”. “La libertad colectiva es la unión de muchas libertades individuales. De la misma forma, si no se produce esa libertad individual y solo hay libertad colectiva, el individuo no es libre”.

Puso como ejemplo la eutanasia, la “buena muerte”, la renuncia a una vida vegetativa que es vida, pero no es vida humana, ya que esta requiere pensar y tomar decisiones. Si solo hay libertad colectiva, la sociedad, regida por una moral católica, le va a decir “que usted no es el responsable de su vida, sino que el responsable es Dios. Sería un horror que la eutanasia fuera impuesta y sería un horror también que no hubiera esa posibilidad”. Por eso, insistió Villena, la libertad individual está por encima de la libertad colectiva y ésta se organiza cuando varias personas que han optado por esa libertad se unen. Como decía Ortega, “todos somos en algún momento masa y en algún momento minoría”.

En ese sentido, ahora aparece el hombre-masa, “que no sabe, pero cree que sabe de todo. Esto supone un mal terrible si se impone este tipo de hombre que cree que tiene derecho a todo y es igual que todos, lo cual es cierto en sentido general pero no lo es en sentido particular. De ahí la necesidad de saber, de estudiar, de conocer…, a pesar de la mala calidad actual de la enseñanza”.

El poeta recitó algunos poemas de su último libro publicado, Miserable vejez, confrontando el discurso oficial de la tranquilidad, la experiencia, la sabiduría que ofrece la vejez, al “no oficial” que revela que no se sabe qué hacer con los viejos mientras el cuerpo se va deteriorando. Los poemas hablan de un sentido de sabiduría “que tiene que ver con cierta idea del paganismo, del valor del perdedor o de la necesidad de la unión entre la vejez y la juventud, lejos de los discursos oficiales que convierten esas necesidades o ideas, en realidades intangibles y tenazmente separadas, como si el viejo fuera a manchar al joven”.

Por algunas de esas cuestiones, como “la ignorancia que va supliendo todo” o la preponderancia del hombre-masa, al poeta le asiste la sensación de que, en este momento, “el mundo está gobernado por locos”. Abordó el autor la superpoblación, la natalidad y, en cierto modo, la inmigración. “Se dice que vivimos un planeta superpoblado, que el planeta no va a tener recursos para alimentar a tanta gente, pero al mismo tiempo se fomenta la natalidad por razones económicas, no por humanismo o por amor a la familia”. “Bastaría traer a quien corresponda, porque siempre ha habido gente que ha buscado horizontes mejores para su vida”.

De Villena aseguró que es una persona optimista, aunque no lo parezca, pero pesimista en este sentido: “Creo que se está produciendo una destrucción del mundo y a lo mejor en algún momento esta dirección cambia, y dentro de cincuenta años se ve un mundo distinto y mejor”. No obstante, “el mundo siempre ha sido malo, siempre ha habido guerras y desastres, y los grandes genios que han existido no llenan el inmenso espacio de los que han destruido porque los que han destruido son muchos más que los que han edificado”.

Finalizó con un poema, una idea o meditación, que nació contemplando la desembocadura del río Magdalena, en Colombia, donde se unen dos aguas. Tras el poema señaló que “la poesía y la literatura, son un placer. Nos tiene que gustar, nos tiene que mover, pero también va dejando semillas de preguntas que el autor no tiene que responder o responde solo de manera ocasional, y de repente esas semillas aparecen y crean en nosotros pensamientos nuevos y nuevos sentimientos. Eso es lo mejor de la literatura, esa creación que se produce en nosotros después del placer de la lectura”, concluyó.

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Yayo Aznar y los peligros de la gestión de la memoria: manipulación, banalización o mercantilización

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La sala José Saramago de la Fundación César Manrique acogió el 30 de abril la conferencia titulada “(Des)velar la melancolía: arte, memoria y gestión política”, que fue impartida por Yayo Aznar, catedrática de Historia del Arte de la UNED. En su análisis de la gestión actual de las memorias recuperadas y su visibilización —tanto en el espacio público como por parte del mundo del arte—, la historiadora afirmó que nos encontramos instalados dentro de la sociedad de la memoria, lo “que nos hace sentir bien” y percibirnos como miembros de “una sociedad justa”, sin embargo, no estamos “en el camino más fructífero”.

Aznar explicó cómo por un lado, nosotros, como sociedad, corremos el riesgo de caer en la autocomplacencia, mientras que la memoria corre varios peligros más como su capitalización, manipulación política “por todas partes”, la banalización y la mercantilización, es decir, hacer de ella un comercio de la nostalgia. Estos son los riesgos aparentes, matizó, aunque los hay más profundos, como caer en el hastío por sobredosis, al que está expuesto una generación “con un futuro negro” que le hace añorar tiempos pasados que no conoció, o bien la falta de eficacia de las políticas sobre la memoria, entre las que destacan “una profusión de memoriales que no ayudan a tomar la memoria más en serio”.

Durante su conferencia, Aznar abordó la cuestión anteriormente expuesta a través de ejemplos. El primero de ellos: el Memorial de Berlín, un monumento en memoria de los judíos asesinados en Europa “que no es inocente en nada,” y se centra en las víctimas, en el horror. El contexto en el que nació es importante: la cuestionada visita al cementerio de Bitburg de Ronald Reagan, en 1985, en un homenaje a miembros de las SS; con Helmut Kohl en la presidencia alemana, en un momento en el que en ese país se debatía sobre la necesidad de historizar el pasado y plantear el problema de la identidad, aunque en realidad es un debate sobre la autocomplacencia. En primer lugar, la línea conservadora que planteaba el nazismo como una especie de paréntesis y, en segundo lugar, una línea de pensamiento —en la que se encontraba el filósofo Jürgen Habermas— que lo consideraba como una culminación de las ideas nacionalistas. En ese contexto, se propone un concurso público para el Memorial al que se presenta una propuesta que plantea volar la Puerta de Brandeburgo, no por negar el pasado, sino con la visión de que siempre quede inconcluso para poder discutir sobre él permanentemente. Finalmente, no salió seleccionada; se elige la propuesta de Peter Eisenman, que impone una narración que ayuda a normalizar un “incómodo pasado”.

También, Yayo Aznar se refirió al Valle de los Caídos y el último intento de resignificación bajo el nombre de Cuelgamuros, un nuevo proyecto en el que no desaparece ni la gran cruz ni la basílica, pero donde se pretende crear un centro de documentación y memoria “sin contenido real”, y sobre el que considera que existe “una débil discusión”. Aznar señaló que, para muchas personas, los monumentos en ruinas sirven para seguir reivindicando que la ruina recuerda “un pasado glorioso al que se puede volver en algún momento”.

Este tipo de memoriales explicó, parten de la idea de que la inmersión en ese pasado debería alentar en sus visitantes una transformación en su actitud y provocar un sentimiento mayor de igualdad. Aznar cuestiona esa eficacia ya que quienes los visitan ya muestran interés. Por otro lado, cuando se organizan visitas con estudiantes, parece que se quiere sustituir con una visita lo que debería ser parte de una formación “que ayude a pensar”. Con los memoriales, se intenta “pacificar las relaciones sociales” pero parece que no son eficaces para la memoria y sí fomentan, en cambio, una especie de “turismo desinteresado” incluso en lugares como Auschwitz. “Es posible que solo se busque una reflexión inmediata pero que no se cuestione nada en profundidad”, señaló.

El arte contemporáneo también se preocupa por el pasado. Actualmente se elaboran una gran cantidad de lecturas sobre memoria, género o postcoloniales para cuestionar la historia. Todo esto nace de la tesis de Walter Benjamin sobre el concepto de historia, cuya idea central es entenderla como algo que no ha pasado, que siempre está presente y que, por tanto, requiere de una acción por nuestra parte y debe estar afectada por la memoria.

En este sentido, Aznar expuso los trabajos de Hans Haacke, Rogelio López Cuenca o Francesc Torres, considerándolos trabajos de documentación “necesarios” pero que no están exentos de problemas. Algunos de ellos fueron pioneros en ese campo, sin embargo, después llega una multitud de artistas que trabajan sobre la memoria de manera exhaustiva y se focalizan en las víctimas, al igual que las políticas de memoria. “Esto en realidad no hace ningún favor a las víctimas”, según Aznar, que cree importante “distinguir a las víctimas de los culpables”, y honrarlas. No obstante, a su juicio, de esto también se derivan consecuencias. En primer lugar, provoca que el pasado lo protagonice una “subjetividad sufriente”, que se dibuje el siglo XX como un matadero sin fin, cuando también fue el tiempo histórico durante el que más se estrecharon las diferencias sociales, “un siglo de esperanza” en el que con estas visiones, parece que solo fue “el siglo de la ceguera y de la derrota”, “como si solo fuera cierta la sangre derramada y el dolor inútil de las víctimas” o como si las víctimas nunca hubieran actuado y “solo padecieran”.

“Y esto también hace daño a las víctimas”, señaló Aznar, porque supone en cierto modo “darle la vuelta a Walter Benjamin” y convertir a todas las víctimas en héroes o convertir la gestión política sobre el pasado “en una simple gestión de la memoria de las víctimas”. Ante esta situación surgen muchas dudas y parece que existe “un oscuro deseo político por pasar página al que puede que esté ayudando el arte, cuando lo que las víctimas desean conseguir es verdad, justicia y reparación”.

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Margarita del Val: «Estamos más preparados que antes frente a próximas pandemias»

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La Fundación César Manrique inauguró su programación cultural para 2026 el 27 de marzo con una conferencia impartida por Margarita del Val, investigadora científica, viróloga e inmunóloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). A la pregunta con la que tituló su intervención: ¿Estamos más preparados para próximas epidemias?, la divulgadora científica respondió afirmativamente. No obstante, antes de llegar a esta conclusión, tuvo que explicar qué es una pandemia, cómo son los virus, cómo se fabrican las vacunas o cómo se ha actuado ante casos recientes y buscar una contestación basada en la evidencia científica y la experiencia adquirida.

Según Del Val, a la aparición de la próxima pandemia pueden contribuir muchos factores: la población mundial crece, concentrándose en las ciudades, a las que trasladan sus costumbres rurales de relación con los animales; nos movemos mucho, transportando animales e insectos; el clima es más suave en las zonas templadas, lo que favorece la proliferación de mosquitos y, en consecuencia, el aumento en la transmisión de enfermedades; además de que existe una mayor esperanza de vida  y los virus suelen afectar principalmente a las personas mayores. En este sentido, Europa aparece como uno de los lugares más vulnerables debido al envejecimiento de su población.

En cuanto a la evaluación del riesgo sobre un nuevo virus, lo primero, a juicio de la viróloga, es “conocer al enemigo”. Esto quiere decir que hay que saber cuál es su nivel de amenaza, nuestras defensas y el grado de inmunidad de la población. Toda esta información y su contexto, ayudará en la manera de actuar frente al virus, matizó. Posteriormente, explicó cómo se pudieron lograr las vacunas del Covid-19 —aislando a la proteína S— y trasladó las diferencias entre vacunas para virus como el del SIDA o la malaria, que son mucho más complejas.

Del Val insistió en que se han establecido pautas como la higiene de manos o del material quirúrgico, así como la potabilización del agua, que han acabado con muchas posibles infecciones y que otra acción importante a tener en cuenta es la medición de la calidad del aire, que debería llevarse a cabo en los edificios públicos. “Es importante hacer un esfuerzo en que el aire sea respirable sin compartir virus”, aseguró la investigadora antes de finalizar con la exposición de tres casos recientes de contagios para analizar cómo hemos reaccionado ante ellos, qué hemos aprendido, y poder contestar así a la pregunta de si estamos mejor preparados que antes para próximas pandemias.

El primer caso que planteó fue el del virus del Nilo occidental (Sevilla, 2020). Se registraron ocho muertes por encefalitis en 77 casos. Se pensaba que el virus venía de los caballos, pero estaba en las aves de los arrozales y las marismas, y de ahí pasaba a los mosquitos y las personas. Se fumigaron las larvas de los mosquitos para evitar la expansión. Se bloqueó a quien transmitía la infección. En los años siguientes hubo sequía, y por tanto menos mosquitos y ningún caso. Las autoridades se confiaron y en 2024, sin planes para fumigar, hubo 20 muertos de 159 casos. Al año siguiente se fumigó con antelación y se evitó la propagación. En segundo lugar, del Val habló sobre la viruela del mono, que salió en 2022 fuera de África mediante un contacto estrecho, por vía sexual. “Aprendimos que si la gente se aislaba, el contagio se frenaba”, afirmó. Y se paró así, gracias a la experiencia con el Covid-19 y al comportamiento de las personas, que no pusieron resistencia para aislarse. “Si hubiera sido diez años antes, probablemente no se hubiera podido”, manifestó. Y, por último, trató sobre la gripe aviar, afirmando que, aunque está lejos de los otros dos casos, tendría una mortalidad muy alta si se contagiara entre humanos. La preocupación reside en que se produzca ese cambio. 

Margarita del Val concluyó su intervención asegurando que “sí estamos más preparados que antes” y recordando que la respuesta ante una pandemia depende tanto de la tecnología, como de tener buenas vacunas y de nuestro comportamiento. “Lo estamos haciendo bien”, sentenció.

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«César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo»

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Eduardo Prieto, doctor arquitecto internacional, impartió el jueves 27 de noviembre, la conferencia titulada “El futuro del pasado. César Manrique y la arquitectura popular” en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. Comenzó describiendo a César Manrique como una figura “paradójica” de la arquitectura popular ya que, según el ponente, a través de su libro Lanzarote. Arquitectura inédita tuvo el empeño de “documentar una arquitectura a la cual no se había prestado demasiada atención” y utilizarla como un modo de construir “cierta modernidad, la utopía, el futuro”. En este sentido, Prieto habló de la doble mirada de César sobre la arquitectura popular: la de quien conoce su entorno y la de quien lo redescubre después de haber viajado. Su estancia en Nueva York y su contacto con las vanguardias son fundamentales, consideró. A César le interesa “ese valor intemporal de la arquitectura popular y el modo en que esa arquitectura se inserta en el paisaje”. En España es pionero en ese tipo de trabajo, afirmó el arquitecto.

Para revelar el secreto de la relación de Manrique con la arquitectura popular, Prieto se remontó a otros ejemplos, a otras islas que ayudan al artista a anticipar ideas, conceptos y visiones. La primera es Capri, la síntesis de lo mediterráneo que atrajo tanto a Goethe, como a Schinkel o a Herder, porque se trata de una arquitectura que habla de cierto modo de vida más sencillo y en contacto con la naturaleza. “En parte, la modernidad arquitectónica se inventa a través del descubrimiento de la arquitectura popular”, señaló. La segunda isla es Ibiza, que va a ser para los españoles lo que Capri para los europeos y también seduce a Walter Benjamin, Le Corbusier o Walter Gropius, el fundador de la Bauhaus. Volviendo a Lanzarote, Prieto destacó que, para César, la belleza es clave.

Prieto explicó cómo César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo. En la obra del artista —matizó—planea una dicotomía complementaria: la arquitectura como elemento que construye el territorio y al mismo tiempo es construida por ese territorio. A juicio del conferenciante, el libro, publicado en 1974, se puede leer también como un manifiesto incluso retroactivo de lo que se había hecho antes en la Isla, y encierra una mirada “que va a convertir la arquitectura en expresión de algo más”, una expresión social, etnográfica, de las costumbres. Le interesa esta arquitectura no tanto como un registro del pasado, sino como una proyección hacia el futuro, una arquitectura moderna pero anclada en la tradición, además de una mirada sobre la esencia de Lanzarote, manifestó.

Durante la conferencia, Prieto afirmó que Lanzarote. Arquitectura inédita “no es simplemente un trabajo etnográfico, sino un trabajo propositivo”, y destacó dos posibles precedentes: el libro El genio nativo en la arquitectura anónima de Norteamérica, de Sibyl Moholy-Nagy y, sobre todo, la exposición «Arquitectura sin arquitectos», que se inauguró en 1964 en el MoMA, comisariada por Bernard Rudofsky y que incluía una foto de La Geria. Esas miradas e influencias van a confluir en la manera en que César Manrique trabaja una arquitectura social, con base etnográfica, de vanguardia y ligada al contexto peculiar de Lanzarote. Cuando se plantea esta arquitectura, en España hay arquitectos que están pensando de manera parecida, como Alejandro de la Sota, Miguel Fisac, Coderch o Fernández del Amo.

A César Manrique “no le interesa la arquitectura popular como una receta, aunque luego se haya convertido en una receta en el caso de Lanzarote”, indicó Eduardo Prieto para luego explicar que “le interesa, fundamentalmente, como un material que puede ser reprogramado en clave moderna para hacer un arte distinto, y también de manera social” porque no la construye un individuo, sino la sociedad en su conjunto. “En realidad —señaló Prieto—, para el artista, la arquitectura popular no es solamente un documento para hacer la Lanzarote que él pensaba y su futuro, no es solo un pegamento social con el cual todo el mundo se puede reconocer o una herramienta para construir un estilo nuevo, una arquitectura moderna, sino que es la materia a la cual se le puede dar forma para construir lo propio”. Lanzarote. Arquitectura inédita cumple todas estas funciones, pero, además, “se tiene que entender por el personaje que lo ideó, lo concibió y que utilizó el libro como un programa utópico”, concluyó Prieto.

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Esquirol: «El ser humano, como hondura abierta profunda, traspasada por lo que le acontece»

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El filósofo Josep María Esquirol expuso el 23 de octubre de 2025, en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique, su pensamiento antropológico filosófico —basado en la comprensión de lo humano— con la intención de acercar al público a la “situación humana fundamental” o lo que se ha llamado también la condición humana.

“El pensamiento es una manera de procurar responder a lo que ocurre en la sociedad”, comenzó señalando Esquirol. Siempre ha habido y hay mucha violencia, y su intención de fondo es “responder a esta violencia que filosóficamente se vincula con lo que se llama el nihilismo”. Cuando prevalece el nihilismo emerge el dominio de la fuerza, explicó. Por eso, su vocación filosófica es “un intento de hacer frente a este nihilismo”. En otras palabras, de hallar las raíces de lo que tiene sentido.

Aunque definir lo humano no es posible, porque solo se define aquello que se domina, sí nos podemos aproximar, declaró el pensador. Se ha definido al ser humano tradicionalmente como el que tiene capacidad racional, o como animal técnico, capaz de transformar la situación radicalmente o, como manifestaba Nietzsche: aquel animal al que le es lícito hacer promesas. “El mañana es impredecible. Cuando una persona promete algo a otra es porque dice algo como: vaya como vaya el mañana, yo estaré. La presencia ya es una promesa”. El ejemplo más claro es una madre, que para una hija es una promesa.

En todas estas definiciones el énfasis está puesto en el poder y Esquirol quiere encontrar una manera de caracterizar al ser humano que no siga esa línea. A partir del ejemplo de la madre y la hija se preguntó de dónde surge este poder de prometer. Y la respuesta es que la madre promete porque está profundamente afectada por la hija. “Si esto es así, significa que el humano puede quedar profundamente afectado por algo”.

A esta posibilidad de quedar afectado se le puede llamar de formas distintas: apertura, sensibilidad, vulnerabilidad o aceptabilidad, incluso pasividad. Todas indican la porosidad del ser humano. El ser humano está tan abierto que puede quedar muy profundamente tocado. De ahí que Esquirol eligiese como título para su conferencia “El ser humano como hondura abierta”, porque esa apertura es al mismo tiempo una hondura que va de la piel al corazón.

La dicotomía entre interior y exterior en el ser humano no termina de funcionar para caracterizar al ser humano, “en cambio si hablamos de una hondura abierta, no hay interior y exterior, es una hondura que viene caracterizada precisamente porque está traspasada por lo que le acontece”, matizó. “Una manera de caracterizar esta hondura es a través de lo que podríamos llamar el sentir”, dijo el filósofo. El sentir se ha ampliado tanto que resuena, como si se plegara sobre sí mismo. Es decir, vivir es sentirse viviendo, encontrarse, que es en realidad la definición de la vida humana y del yo.

En este sentido, Esquirol expuso cómo el ser humano está afectado por cuatro experiencias fundamentales: el sentir, que es una autoafectación; el tú, la experiencia del mundo y la experiencia de la muerte. Sentirse se expresa como claridad y calidez. Sentirse, estar dándose cuenta, es estar en una especie de claridad que es al mismo tiempo calidez. El intelecto o la razón serían categorías relacionadas con la claridad, pero el sentimiento, emoción o afecto serían relativos a la calidez. La claridad y la calidez son aspectos de la misma cosa ya que una inteligencia sin calidez es como algo arbitrario. Como pista: en todas las narraciones en donde sale un sabio, siempre es alguien amable.

El humano está tan abierto, la apertura de su sentir está tan abierta, que lo que le acontece, lo que le afecta, incluso es infinito. Le afecta la nada de la muerte. Desde que se siente el aguijón de la finitud, en edades muy tempranas, todo cambia. Esta afectación es determinante. ¿Cómo es que el humano está afectado por la nada siendo la nada infinita?, se cuestionó Esquirol. “Porque la apertura es infinita”, sentenció.

Respecto a la infinitud del tú, la relación con alguien es realmente la relación con todo, pues el otro se presenta como una infinitud. El filósofo aseguró que, “en cierto modo, cada uno de nosotros podría describir su vida como una serie de encuentros fundamentales con el tú, la biografía de una persona es la biografía de sus encuentros”. Y queda la experiencia fundamental del mundo, que es el horizonte de todos los horizontes. La infinitud del mundo, aquello que realmente nos toca en el mundo, es el hecho de ser, de que las cosas son. En el ser de las cosas hay una infinitud, igual que en la nada.

Así, prosiguió el conferenciante, el ser humano es una hondura abierta traspasada por infinitos, afectada por experiencias fundamentales. Es una hondura abierta y excedida. Nos pasan y nos traspasan, añadió. El humano se encuentra con una situación en la que debe hacer frente a esto que le pasa, está traspasado por infinitudes y debe responder. Responder, no superar, “que eso es para la autoayuda”. Las infinitudes que nos traspasan jamás se superan, “en el mejor de los casos, nos enfrentamos y respondemos a ellas”. No es una huida, es ir poco a poco haciendo frente. Poder ir respondiendo es la salud. Hay una especie de salud espiritual que es al mismo tiempo salud mental. Cuando se produce una situación mórbida o patológica es cuando el humano es incapaz de responder a lo que profundamente le ocurre. Por esta dificultad de responder se pide ayuda, “y todos nos ayudamos unos a otros a responder”.

El ser humano está excedido por lo infinito y despliega, por este motivo, un anhelo infinito, que se traduce al mismo tiempo como un empeño, un esfuerzo por ir juntando las cosas buenas del día a día. “Hay un anhelo infinito y un anhelo que se proyecta en el día a día, siempre hacia adelante, que no es una huida del presente, sino la posibilidad de que haya presente”.

“Para que haya presente, lo que hacemos los humanos es responder de modo que haya un día tras otro, una palabra tras otra…”. “Cuando se produce un encuentro, ¿qué esperas? Un reencuentro”. “Sin duda este es un buen encuentro. Me gustaría que hubiera un reencuentro”, finalizó. 

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Romero: «Los bancales, un legado que debemos conservar»

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En 2019, se celebró en Canarias el IV Congreso mundial de la asociación ITLA (Asociación Internacional de Estudiosos de Terrazas), “Territorios de terrazas y bancales: Re-encantar bancales”. Para aquella ocasión, la geógrafa Lidia E. Romero le encargó a su amigo, el verseador Yeray Rodríguez, que compusiera unos versos sobre los bancales, un texto que tituló Asombros, esfuerzo y metáfora, con cuya grabación comenzó la conferencia titulada “Paisajes de bancales: herencia viva y retos de futuro”, impartida por Romero el 9 de octubre en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

Los bancales son el resultado de la intervención humana sobre vertientes y/o cauces para construir superficies llanas donde antes no las había con el fin de cultivar alimentos, principalmente. En ocasiones, se hacen con muros de piedra seca y hay quien los llama los “paisajes del hambre”, aunque esta definición no incluye la realidad de todos ellos. Romero señaló que, para hacernos una idea sobre la importancia de los bancales en Canarias, la cantidad de piedra seca que hay en La Gomera tiene el mismo volumen en metros cuadrados que las treinta principales pirámides de Egipto.

Los bancales también son sistemas socioecológicos complejos. Tienen una relación directa entre la sociedad y el territorio. Hay una tipología amplia, con muchos tipos de terrazas y variadas denominaciones: bancales de bolsillo, cadenas, nateros, traveseros, etc. Existe una gran cantidad de términos en todo el mundo, y en Canarias hay hasta 13 nombres diferentes, a los que se suman muchas otras formas de designarlos en cada isla. En cuanto a su antigüedad y dispersión, existen varios focos, no un único origen, pero se remontan a 3.000 años antes de Cristo en algunos lugares, mientras que en Europa, en Italia y Creta, se han llegado a datar en más de 4.000 años.

Estos sistemas presentan muchos beneficios. El primero es el aprovisionamiento de alimentos, pero también sirven para regular el agua, de muchas maneras diferentes. Son antierosivos, tienen una función geomorfológica, retienen el suelo y, además, sirven como cortafuegos contra los incendios. Tienen una inercia, que hace que, aunque estén abandonados, sigan sirviendo como contenedores de suelo. Los muros, por otra parte, son auténticos jardines verticales, reservorios de biodiversidad y llevan a cabo servicios ecosistémicos de resiliencia.

Por otro lado, también tienen funciones culturales, son retazos de historia. Para componerlos hace falta tener un gran conocimiento del territorio. También son fuentes de inspiración para artistas, como escritores poetas, pintores o escultores. Son un patrimonio de todos, un legado, y “tenemos la obligación de conservarlos”, señaló Romero.

Son paisajes culturales, algunos aún vivos, en uso, y otros no. Unos pocos, son sitios históricos, monumentos o patrimonio inmaterial. En Canarias los hay en todas las islas, al menos “el arte y el oficio de los muros de piedra seca”, aunque no se hayan declarado Bien de Interés Cultural. Existen 119 paisajes culturales en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, de los que el 27 por ciento esconde algún tipo de bancales. La mayoría de ellos están en Europa y se encuentran incluidos dentro de la red de Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). De estos, una cuarta parte son aterrazados.

Las terrazas o bancales poseen valores estéticos, turísticos, culturales y están muy amenazados por el abandono, por la erosión y por otros usos, como la ganadería. También están “olvidados o ninguneados”. “En la cartografía, los bancales están invisibilizados”, señaló Romero. En Lanzarote se pueden considerar bancales, en algunos casos, a los enarenados, el jable o las gavias, además de los nateros o los paredones. Así como a las viñas contenidas en los cráteres de volcanes. De 24 edificios volcánicos que hay en La Geria, en nueve de ellos hay “bancales de bolsillo”.

Romero explicó que existe una gran cantidad de estudios sobre los bancales en Lanzarote, Gran Canaria y La Gomera, y hay propuestas de futuro para realizar proyectos de todo tipo en torno a ellos Son muchos los retos de futuro, matizó. A juicio de la geógrafa, la reconversión de estos paisajes se podría orientar hacia la agricultura regenerativa con soluciones basadas en la naturaleza que sean “naturales y sostenibles”, o como retenedores de suelo o para adaptarse al cambio climático como sumideros de carbono. También se pueden destinar para el ecoturismo, que es “una determinada actitud frente al territorio” y para acercar, en definitiva, a la gente al mundo rural: hacer rutas, huertos urbanos y otro tipo de propuestas, con usos terapéuticos, de formación, de reunión, para hacer ferias, estrategias didácticas, etc., o iniciativas como “adopta un bancal”. Para Romero, “se puede hacer ciencia ciudadana o conciencia ciudadana”. La ciudadanía puede protegerlos recopilando datos o proponiendo proyectos para los bancales.

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Antonio Valero: «Estamos esclavizando a la naturaleza porque se deja, pero hay que gestionarla»

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En 1987, Antonio Valero, catedrático emérito de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Zaragoza, viajó a Estados Unidos a visitar a Nicolás Georgescu-Roegen, “el mejor economista ecológico que ha existido”, según sus palabras. Pionero en integrar la termodinámica en la economía, Georgescu defendía que la escasez de los recursos establece el límite a la supervivencia de la humanidad, ya que el reciclaje nunca puede ser completo pues todos los recursos naturales se degradan irreversiblemente y, por lo tanto, acabarán agotándose en algún momento. Con esta premisa, Antonio Valero dio comienzo a su conferencia titulada: “La irreversibilidad como valor natural de las materias primas. En busca de la sombra física de la economía”, impartida en la sala José Saramago el jueves 18 de septiembre de 2025.

Partiendo del concepto de que la economía se basa en la escasez, Valero pronosticó: “La Naturaleza se va a poner cara”. A su juicio, nos encaminamos a un futuro colapso inevitable. La cuestión es saber cuándo. Un paso para conocerlo sería “combinar la termodinámica con la economía”. El ingeniero explicó cómo aunque la energía no se cree ni se destruya, sí que cambia de calidad, es decir, se degrada. Igual que nosotros nos mantenemos gracias a que consumimos recursos, pero vamos a morir, al planeta le pasa lo mismo, que se degrada poco a poco y “estamos acelerando esa degradación”.

Para contener esa inevitable degradación, lo que se puede hacer, a juicio del ponente, es gestionar los recursos biológicos y geológicos del planeta. Aquí entraría en juego la termodinámica, matizó, ya que cuantificaría la escasez, que se puede medir por parte de la Física, no por parte de la Economía. La primera idea para relacionar lo físico con lo económico es la exergía; la energía máxima de un sistema que se puede transformar en trabajo útil. La energía eléctrica, por ejemplo, tiene mucha exergía. Una mina, un río, un glaciar, también… Es una herramienta que nos permite valorar físicamente las cosas, no solo económicamente. La degradación de la energía la podemos llamar irreversibilidad así que, si medimos la exergía, estaremos midiendo la irreversibilidad de las cosas. Se convierte en algo cuantificable y se mide en kilovatios hora. Lo que es positivo para la economía es negativo para la física, matizó.

En este sentido, Valero habló de un trabajo que publicó en 1986 sobre la idea del coste energético en cuanto a la cantidad de energía que necesitamos para hacer cualquier cosa. Esa herramienta de coste tiene sentido con respecto a la economía, indicó. ¿Cuánta cantidad de energía o de exergía necesitamos para obtener recursos o materias primas? ¿Qué impacto generamos sobre el planeta? Si lo cuantificamos, tendríamos el coste para cada materia prima y sabríamos el coste para la naturaleza expresado en kWh. Es decir, lograríamos conocer el impacto integral sobre la naturaleza. ¿Qué podríamos hacer con estos costes físicos? Podríamos eliminar irreversibilidades o retrasar la degradación, señaló el catedrático emérito.

Valero considera que la sociedad valora más la eficacia —acabar algo en tiempo corto—, que la eficiencia —aprovechar al máximo los recursos utilizados—, y plantea reevaluar lo que consideramos progreso. A su juicio, habría que vivir más tranquilo, sin gastar tantos recursos y puso el siguiente ejemplo práctico: solamente duplicando la vida útil de los ordenadores y de los móviles que hay en España, habría electricidad para diez años en los hogares de la ciudad de Zaragoza.

Junto a José Manuel Naredo, Valero acuñó el término “la regla del notario”. En este sentido, explicó que, desde el punto de vista económico, el notario obtiene un gran beneficio de la construcción de una casa sin hacer apenas esfuerzo. Sin embargo, el coste de los materiales y de los recursos es mucho mayor para el planeta, mientras que en economía es la parte más barata en términos unitarios. Respecto a los minerales, cuantos más sacamos, más energía necesitamos para extraerlos. Ahora los minerales son más baratos, pero cuanto más avancemos en su extracción, se irán encareciendo. “Todas las materias primas del planeta van a subir de precio”, afirmó, y los recursos que primero se van a gastar en el planeta son los suelos fértiles, ya que los estamos degradando.

En una fábrica, una parte del beneficio va destinado a amortizar la maquinaria, pero ¿quién amortiza la naturaleza?, ¿cuándo consideraremos el fin de la esclavitud de la naturaleza?, se preguntó. Las renovables, por otra parte, son mejores que las energías fósiles, pero “no son tan renovables” porque también producen CO2. Además, los teléfonos móviles tienen 31 elementos químicos y duran tres años. Son imposibles de reciclar. Y los coches eléctricos tienen 55. “Somos una sociedad de usar y tirar”, sentenció.

La deuda de las personas del planeta es de 300 billones de euros, “lo que nos debemos unos a otros”. ¿Y dónde está ahí la naturaleza? No hay diálogo entre la naturaleza y el ser humano. “Estamos esclavizando a la naturaleza porque se deja, pero hay que gestionarla”. ¿Cuánta naturaleza nos hemos hipotecado de esos 300 billones? Por todo ello, Valero considera que hay que vincular la ética a la economía, porque el PIB no distingue entre procesos beneficiosos o perjudiciales para la naturaleza.

El ponente concluyó su conferencia explicando cómo, junto a un grupo internacional de investigadores, está elaborando una metodología del cálculo de las “mochilas de irreversibilidad” de todas las materias primas. Esto sería útil para dar a la economía una alternativa a través de la termodinámica ya que, en su opinión, “no podemos seguir así o, al menos, debemos saber lo que le ha costado generarlo a la naturaleza”. En último término, Antonio Valero informó sobre la creación de un comité internacional con el objetivo de cambiar la manera de ver la termodinámica e intentar influir en una política que no fomente únicamente el crecimiento económico.

Más información: Nota de prensa

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Teresa Vicente: «El Mar Menor somos todos»

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Teresa Vicente, profesora titular de Filosofía del Derecho, directora de la Cátedra de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza en la Universidad de Murcia y ganadora del Premio Goldman —considerado el Nobel de Medio Ambiente— “por idear, promover y lograr dotar de personalidad jurídica al Mar Menor”, impartió el jueves 19 de junio de 2025, en la Sala José Saramago de la FCM, la conferencia titulada “Justicia ecológica y derechos de la Naturaleza: La Ley 19/2022, de 30 de septiembre, de reconocimiento de personalidad jurídica a la laguna del Mar Menor y su cuenca”.

El acto comenzó con el “himno del Mar Menor” y, seguidamente, Teresa Vicente relató con gran detalle todo el proceso social y legal, que finalmente concluyó con la aprobación de la ley que dota a la laguna y su cuenca de los mismos derechos que tienen las personas y las corporaciones. Desde la creación de un movimiento social sin precedentes en España con la manifestación más grande que ha tenido la Región de Murcia, la recogida de firmas para la aprobación de la Iniciativa Legislativa Popular (un total de 638.800 firmas), hasta alguna anécdota relacionada con el primer juez que citó a declarar al Mar Menor, que se había criado en ese lugar y lo amaba.

El Mar Menor es el primer ecosistema de Europa con derechos propios y eso es “un gran triunfo de la ciudadanía española”, afirmó la jurista. “Cuando el Mar Menor nos dijo que se estaba muriendo, sentimos que algo también se moría con nosotros y, entonces, fuimos a luchar por su vida”, aseguró. El movimiento social se unió con el intelectual y, a partir de ese momento, empezó la lucha política. Para ello elaboraron una ley de solo siete artículos, muy sencilla para que la entendiese todo el mundo, matizó. Esa Ley pasó primero por el Ayuntamiento de Los Alcázares, donde se llevó a pleno a pesar de que había informes técnicos negativos. No obstante, nadie votó en contra “porque era el pueblo el que estaba hablando y esa es la democracia”. Posteriormente, se llevó al Congreso y al Senado en donde fue revisada, pero no se tocó nada de lo sustancial. Finalmente, obtuvo el respaldo del Tribunal Constitucional, “que deja claro que nos podemos defender en cualquier procedimiento legal, pero también frente a la Administración”.

Con respecto a los logros obtenidos desde que entrara en vigor la Ley, el 3 de octubre de 2022, el Mar Menor ha conseguido una tutoría legal integrada por 44 personas, —tiene tres tutores legales, cada uno representa a un comité: científico, de representantes y de guardianes—. Así mismo, la laguna ya tiene su firma, su cuenta bancaria y su NIF, ahora se está intentando conseguir que le otorguen un DNI. Además, el Mar Menor se encuentra personado en varios procedimientos penales y hay jueces que lo han llamado a declarar para que se defienda por los atropellos medioambientales que sufre. Refirió cómo, hace años, todo lo que rodeaba al Mar Menor eran dunas, sin embargo, la laguna y su cuenca comenzaron a degradarse a partir de los años 60 con la construcción masiva y los vertidos de los residuos de la minería, la agricultura y la ganadería intensiva.

Teresa Vicente hizo hincapié en que “el Mar Menor somos todos”, como aparece en el artículo 6 de la Ley, y esto no solo es un cambio jurídico, “sino ontológico”, es decir, “de la manera de entender quién es el ser humano y cuál es su lugar en el mundo”. Valoró la relevancia internacional de esta Ley, que fue reconocida por Naciones Unidas dentro del programa “Armonía con la Naturaleza”. Contó Vicente que les han llamado ya
abogados de Alemania para investigar si en la cuenca del Mar Menor hay agricultura intensiva de empresas alemanas para denunciarlo y juristas de Suiza “que ya le están diciendo a los bancos que no den dinero a empresas que estén explotando esa zona”.

Para finalizar, Teresa Vicente reivindicó un “nuevo modelo de justicia: la justicia ecológica, para darle dignidad a La Tierra, porque sabemos que tiene dignidad y no la hemos respetado, y cuando no se respeta, porque no se ama lo suficiente, hay que dar derechos para mantener ese equilibrio entre el explotado y el explotador”, concluyó. La jurista considera la situación actual se podría revertir, de verdad, si se fijan los derechos de la naturaleza en una declaración universal.

Más información: Nota de prensa 

Jaime Vindel y la «trampa ideológica» de las energías fósiles

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Jaime Vindel, el día 10 de abril de 2025, en la Sala José Saramago, comenzó su conferencia titulada <<Paisaje-petróleo: una historia (anti)fascista del progreso y el crimen>>, intentando responder a la pregunta de por qué la civilización industrial ha recurrido a los combustibles fósiles como energía primaria de las sociedades modernas.

Algunos autores apuntan a que “respondió a motivaciones que excedían los elementos puramente físicos o materiales de las fuentes de energía fósiles”. Entre ellos, Andreas Malm plantea que el carbón no se eligió por ser más eficiente o más barato sino “más adaptable” al nuevo régimen productivo de las ciudades y por su carácter almacenable. Hubo, por tanto, una motivación “sociopolítica”.

Por otra parte, el carbón permitía a la clase obrera mantener cierta influencia por la posibilidad de bloquear el suministro, mientras que el auge del petróleo, que no requiere de tanta mano de obra, va minando esos derechos.

Vindel abordó la dimensión estética y cultural de la energía fósil. Ideas y conceptos como la libertad o la abundancia están muy ligadas a esta industria. “La relación que mantenemos con la energía y particularmente con la energía fósil se encuentra mediada por la producción de toda una serie de imágenes y de narrativas”, señaló.

El conferenciante expuso una serie de imágenes y películas que tienen una mirada pintoresca sobre el paisaje fósil, que naturalizan “una determinada relación con la energía que ha sido funcional al poder industrial, a los poderes económicos y a los políticos hegemónicos”. 

“Esa naturalización por la cual el humo de los combustibles fósiles se confunde con las nubes no deja ser una trampa ideológica, porque en realidad habría habido otros motivos para poder recurrir a otras fuentes de energía para el desarrollo de la modernidad industrial”, aseguró. Las infraestructuras energéticas aparecen en ocasiones como garantes de una paz social frente a los grandes enfrentamientos sociales y políticos.

Se refirió a la “desaparición de las luciérnagas” anunciada por Pier Paolo Passolini, tanto en sentido literal como metafórico, una especie de “genocidio cultural” ante el avance del petróleo como una nueva forma de poder y que además se alineaba en la Italia de los años 60 y 70 con nuevas formas de fascismo. Passolini denunciaba cómo las alianzas entre empresas y entes estatales configuraban un nuevo poder.

Se filmaron en aquellos años una serie de películas que trataban de funcionar como propaganda de  esas empresas y que pretendían que el progreso energético hiciera olvidar el conflicto entre fascismo y antifascismo. En esas películas se incluían elementos costumbristas o populares dentro de una narrativa energética y se intentaban presentar cómo esos recursos aseguraban el bienestar de los italianos.

Vindel expuso el caso de Enrico Mattei, presidente del Ente Nazionale Idrocarburi (ENI) que fue tejiendo unas alianzas con la Unión Soviética o Argelia y terminó siendo víctima de un complot que acabó con su vida. Fue una época turbulenta en Italia en la que crece la extrema derecha, se van conformando nuevas formas de poder económico y político en torno al petróleo y emergen nuevos movimientos sociales. También mencionó el desastre de la planta química de Seveso en 1976, “el Hiroshima italiano”, que dio lugar incluso a un protocolo a nivel europeo para la regulación de la seguridad en esas plantas.

Terminó acercando el asunto a la actualidad, al vínculo “entre el neofascismo fósil y un cierto sadismo social” que está conformando “una suerte de pulsión de muerte que puede ayudar a explicar la aparición de ciertos fenómenos políticos contemporáneos” como el caso de Donald Trump.

En ese sentido, “Petróleo”, el libro póstumo de Passolini relaciona la denuncia de esas nuevas formas de fascismo con el desarrollo de la industria fósil en Italia y el sadismo social. Vindel considera que el vínculo entre el neofascismo fósil y el sadismo social también se encuentra en la base del apoyo a Trump, principalmente por parte de sectores “masculinos blancos heterosexuales en Occidente” (la petromasculinidad), que lo apoyan, incluso siendo conscientes de los daños que puede provocar la quema de combustibles fósiles, “la perpetuación de la ideología fósil” que resulta “ecocida y genocida en un contexto de calentamiento global”. 

Más información: Nota de prensa 

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