Fernández Polanco: «Crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente»

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A grandes pasos, “calzando las botas de siete leguas”, la catedrática de Historia del Arte, Aurora Fernández Polanco, recorrió con su conferencia “La naturaleza como no-paisaje: acciones, estudios y labores desde el arte contemporáneo” el camino de la separación entre la cultura y la naturaleza desde el siglo XVIII. Fue un camino convertido en comedia del arte en tres actos: el primero, para contar el nacimiento de esa distancia, el segundo con las escenas que se apropian del territorio como lugar y el tercer acto, “aterrizados ya en la tierra”, en el que expuso las prácticas actuales desde la conciencia de la colaboración necesaria entre todas las disciplinas.

El camino comenzó por pensadores como Rousseau y su obsesión por la totalidad, que ya enmarca la naturaleza como paisaje, o Goethe que se mudó a una casa en el campo, o Kant que “si hubiera tomado tierra, otro gallo nos hubiera cantado”, señaló Fernández Polanco. Son autores influidos por lo que Almudena Hernando denomina la fantasía de la individualidad, “como si no dependiéramos unos de otros”. Es un momento de sublimación en el que domina la estética de “lo pintoresco que alegra el ojo”, pero no es una mirada inocente porque existe relación entre el paisaje y la ideología, y entre el paisaje y el poder. La conferenciante puso diversos ejemplos de cómo se separa el paisaje de la naturaleza. Esos paisajes, por otra parte, se encargan de hacer invisibles los procesos de industrialización que no aparecen en los cuadros de la época. “El impresionismo cumple esa función de enmascarar la industria”. Dicho de manera más gráfica: convierte el humo en nubes.

El segundo acto: el “chispazo del como no”, haciendo alusión al título de la conferencia. Fernández Polanco puso ejemplos del siglo XX de destrucción y construcción del territorio, miradas de artistas que ponen su atención en lo que ocurría en la periferia y el exceso de construcción. Ya se considera el territorio como espacio vivido. Se trata de “ir más allá de las apariencias y aproximarse a las experiencias”, alejarse de la naturaleza como paisaje.

Y después de la naturaleza enmarcada y el territorio vivido, llega el tercer acto, el de “tomar tierra” o sentir la piedra del territorio en el zapato. Este último acto es una búsqueda de soluciones a la crisis ecosocial a través de un cruce entre los saberes populares y académicos y entre diferentes disciplinas. “La naturaleza no es exterior ni inerte” y en este acto se cuestionan las dicotomías anteriores.

Fernández Polanco destacó el trabajo de Jaime Vindel, doctor en Historia del Arte, cuya obra pone el dedo en la llaga sobre cuáles son los imaginarios “que nos han llevado a la estética de lo fósil” con el objetivo de salir de ese marco. La autora puso algunos ejemplos de trabajos de estudiantes de Bellas Artes que ya toman ese camino, con mecanismos de apropiación de espacios y “ganas de humanizar las ciudades”, como la propuesta de ‘A tomar la fresca, que es verano’, talleres de fabricación de bancos o el trabajo de la Fundación Antonino y Cinia en el pueblo leonés de Cerezales del Condado. Este tipo de proyectos toman el paisaje como un medio, no como un fin. En esa misma línea está la iniciativa titulada “El aula de las maravillas”, de Bárbara Fluxá, aparentemente un aula paleobotánica sobre las minas de Fabero que desafía la lógica dualista y en la que se cruzan la modernidad y la naturaleza, que acabó convertida en unas jornadas de diálogo. También expuso el proyecto de agrociudad de Amelie Aranguren sobre Roma y la videocreación Barruntaremos de Asunción Molinos Gordo, que habla de las Cabañuelas como método tradicional de predicción meteorológica.

Los tres actos, en definitiva, se funden en una sola preocupación: conocer y amar la pequeña parte del mundo que pisamos. Fernández Polanco terminó su intervención señalando que tanto los academicistas como aquellos que representan el saber popular, “están en el mismo saco” y estarían de acuerdo tanto en el Manifiesto por la sostenibilidad de Lanzarote de la Fundación César Manrique como en que “crecer indefinidamente ya es retroceder indefinidamente”.

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Sergio Ramírez: «En América las leyes justas pasan a ser la mentira y el poder arbitrario, la realidad»

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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez inauguró la programación cultural de la Fundación César Manrique (FCM) en 2024. Lo hizo, en una renovada sala José Saramago, con un relato sobre la realidad y la imaginación, la crónica y la narración, la verdad y la mentira, que tituló “La literatura y sus fantasmas”. Tuvo sus primeras palabras de recuerdo para el escritor portugués, a quien visitó en la Isla en 1998, unos meses antes de que le concedieran el Premio Nobel.

Comenzó su intervención por Heródoto, considerado el primero de los historiadores, pero también narrador literario y periodista. Pertenece a una época en la que era imposible diferenciar el relato de los hechos verídicos del nacido de la imaginación. No había reglas para diferenciar la verdad de la mentira y las fronteras eran difusas. Heródoto descartaba la mentira y cumplía la primera regla del narrador, que es creer en la autenticidad de lo que cuenta. La dificultad, no obstante, reside en discernir los hechos reales de los imaginados. No se cuestionaban los relatos de los héroes ni de los dioses.

Las cosas no han cambiado demasiado. “Después de tantos siglos, no podemos afirmar que los hechos hayan ganado una claridad como para ubicarse en el terreno de la verdad objetiva”, señaló Ramírez. No podemos despojarlos de ese velo subjetivo, ese sesgo político, ideológico o religioso.

La Historia se comenzó a escribir a favor o en contra, y en ocasiones por encargo del interesado, como hizo Hernán Cortés, narrada por Francisco López de Gómara en su Crónica de la conquista de Nueva España, que provocó la publicación, por imprecisa, de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo. “Pero en todo caso es su visión de los hechos”. “La memoria es a la vez invención”, dijo Ramírez: “se altera lo que se recuerda. Dos personas que recuerdan los mismos hechos lo hacen de manera distinta”.

Los conquistadores eran hijos de la lectura de los libros de caballerías, y el “más descollante” de los cronistas imaginativos fue el propio Cristóbal Colón, que dio noticias de personas con cola de perro, de sirenas y de unicornios con pelo de búfalo y cabeza de jabalí. “La mentira, para ser verídica, tiene que estar muy bien detallada”. Cristóbal de Acuña también relató indígenas con los pies del revés en el Amazonas, y tres siglos más tarde, Alexander von Humboldt, ofrece otra visión más científica “pero la textura de su relato también se tiñe de imaginación”.

En el Nuevo Mundo, los inventores de historias entran en la Historia. El lenguaje de esos contadores de historias, ese estilo y esa exageración, pasa a ser una herencia de América, que llega hasta la literatura de García Márquez. La literatura no se ocupa de lo general, sino de lo específico, de la anormalidad, y en América se da una gran anomalía: “que las leyes justas pasan a ser la mentira, y el poder arbitrario, la realidad. Cuando el poder se vuelve anormal actúa como una deidad deshonesta y crea el miedo y silencio, pero al final también crea la rebeldía”.

La Historia, en cualquier caso es una palabra que sigue siendo demasiado genérica. La esencia de la escritura surge de la curiosidad de informador e informado, en la historia y en la literatura. Suetonio describe el asesinato de Julio César con todo detalle: las 23 puñaladas, la posición del brazo… Hace lo que hace un escritor, “fijarse en lo que parece irrelevante pero que da vida a la narración”, como cuando García Márquez escribe que en Macondo “llovió cuatro años, once meses y dos días” o como el afán de informar con exactitud de Bernal Díaz del Castillo o de Humboldt que explica con precisión cuánto comen los indios del Alto Orinoco.

La novela no solo supone un relato de hechos ficticios sino también una técnica: el suspense, las trabas al lector, la administración de la información que se ofrece, aunque se trate de hechos verdaderos. “En la novela cabe todo”, dice Ramírez. Las novelas hablan de los hechos anómalos de la historia, pero la crónica de hoy también tiene que ver con la anormalidad, la ocupan hechos como el narcotráfico, las pateras o la corrupción. Son temas que la novela reclama y disputa con la crónica, es un género híbrido. La delgada línea entre literatura, historia y ficción. Una mezcla de géneros que nace con Cervantes.

Sergio Ramírez, a quien le han despojado de su nacionalidad nicaragüenese y cuyos libros están prohibidos en su país, finalizó señalando que “por este oficio vale la pena pagar un precio” y que “el cronista no debe dejar de hacer su oficio”. A preguntas del público y del director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, dijo que de Nicaragua se han ido al exilio todos los escritores y artistas y que ya no existen periódicos propios y todas las noticias llegan desde fuera. Explicó que para que un escritor se meta en política, como hizo él mismo, hace falta una conmoción, como una dictadura, pero que en América han salido perdiendo los intelectuales metidos al oficio del poder.

Los temas en literatura siempre son los mismos: amor, locura, muerte y poder, con sus subdivisiones. Señaló que él puede escribir sobre el poder porque lo conoció por dentro, y que el poder “en cualquier sistema, tiene las mismas reglas porque las ideologías no cambian el sistema del poder”. Respecto a la prohibición de sus libros en Nicaragua, señaló que tiene la suerte de que escribe en español: “Es imposible hacerme desaparecer como escritor”.

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Bernardo Atxaga: «La fantasía es el realismo de los pobres»

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La Fundación César Manrique (FCM) acogió este jueves, 9 de noviembre, la conferencia del escritor Bernardo Atxaga, titulada «Contra los lugares comunes». Un acto celebrado en la sala José Saramago y enmarcado dentro del espacio de encuentro entre autores y público «El autor y su obra». Un foro en el que los invitados hablan sobre la relación que mantienen con su trabajo creativo y revisan las constantes que orientan su dedicación.

«Hablar de lo que uno ha sido y ha hecho parece lo más fácil del mundo aunque es una facilidad aparente» porque «cuando uno se pone a pensar casi no puede abarcar su vida», comenzó explicando el escritor vasco. El autor de «Historias de Obaba» dividió en dos partes su intervención, correspondientes a dos periodos de su vida y de su literatura: el mundo rural y el mundo de la violencia en el País Vasco.

Atxaga empezó su conferencia haciendo unas consideraciones generales. Los mapamundis antiguos, como el de Beato de Liébana, colocaban Jerusalén en el centro. A través del mapa sabemos «los valores que los lugares tenían para el beato», indicó. Jerusalén está en el centro del mundo gracias al relato de la Biblia y al apoyo de una organización como la Iglesia, mientras que otros lugares son marginales porque no cuentan con ninguno de esos dos elementos. A juicio del escritor, «los mapas de valor se hacen constantemente y en ellos hay unos lugares centrales y otros marginales». Atxaga explicó que el mapa de valor de las mujeres de hace cien años en España era marginal y puso el ejemplo de que cuando moría un hombre se hacían doce toques de campana, mientras que cuando fallecía una mujer eran ocho.

Por tanto, cuando se hace un mapa de valor se generaliza. «Es lo normal porque no podemos hablar con una precisión total, y los lugares comunes ayudan a ahorrar tiempo. En ocasiones no tienen mala intención pero, otras veces, van cargados de veneno, de agresividad o de clasismo», matizó. Y eso es lo que, en opinión del conferenciante, ocurre con el mundo rural, que en la dicotomía entre lo urbano y lo rural, se coloca lo segundo como «extremadamente negativo».

En este sentido, explicó cómo se utiliza al campesino como contrafigura del señorito de ciudad. «En el mapa de valor, el campesino está en el lugar más bajo posible». Además, ese estereotipo aún está muy vigente, de forma burda, incluso entre los escritores, comentó. Atxaga nació en Asteasu, un pequeño pueblo de Guipúzcoa: «Yo he sido situado en estos mapas de valor por el lugar en que he nacido». No solo eso. Se crea un estereotipo de estos campesinos «como si fueran homogéneos», cuando si algo caracteriza a los seres humanos «es lo diferentes que somos». 

Para Bernardo Atxaga, si el modelo para entender el mundo no fuera un mapa físico sino uno cultural, «sería muy distinto» porque «culturalmente, no hay nada en el mundo que exista de forma separada». Europa y lo que se conoce como el mundo occidental están alimentados por el cristianismo, «hay una unidad en ese sentido», del mismo modo que se nutre de la sustancia homérica que impregna los relatos de todas las lenguas.  

Hasta hace cien años, cuando las personas se desplazaban a pie o a caballo, todos los lugares eran centrales porque el radio de movimiento era de unos 15 kilómetros, y por tanto ese círculo adquiría una centralidad. «Esto hace que ese círculo, a su vez, tenga el mayor grado de diversidad que pueda existir» aunque se trate de un pueblo de apenas cien habitantes.

El estereotipo sobre lo rural también actuó negativamente sobre Atxaga, del mismo modo que el mapa de valor literario, que no aprecia la oralidad porque se asocia al primitivismo. El escritor narró un viaje a Nápoles con su madre y un grupo de jubilados en el que en las ruinas de Pompeya ve una representación de dos niñas jugando a la taba y se da cuenta de que para los juegos infantiles no ha habido cambio, se ha mantenido el hilo de miles de años entre Pompeya y Asteasu. En ese mundo antiguo se puede hablar de animales fantásticos o de fantasmas pero no de psiquiatría ni de política. Ese es el punto de partida de las «Historias de Obaba», su libro más conocido. Comentó el lenguaje que utilizó para esas narraciones y leyó algún fragmento del libro. Para ser fiel a un lugar hay que construir un relato con los elementos de ese lugar. También afirmó que «la fantasía es el realismo de los pobres».

Para la segunda parte que quería abordar, la de la literatura relacionada con la violencia, comenzó diciendo que el gran cambio en su vida ocurrió en 1965 cuando se fue a vivir a Andoáin, a unos pocos kilómetros de su pueblo natal, de ese lugar sin psicología ni política. La realidad era bien distinta. Nombró una serie de personas que pertenecieron a ETA, o al Batallón vasco español o que fueron víctimas, que convivían en ese pequeño espacio y que él conoció. «Estábamos todos en el mismo baile». Respecto a la violencia, dijo que «hasta que empieza, todo es posible, pero cuando empieza es imparable».

El escritor manifestó lo difícil que es llegar a la verdad de esa situación. Por una parte, aunque sea complicado, se puede hacer ficción sin pertenecer a un mundo, pero respecto a la realidad, «cuando es tan compleja, incluso perteneciendo a esa realidad, es muy difícil construir una representación que se parezca a la verdad o a la belleza». Esa es la intención que le llevó a escribir contra el estereotipo y lo «único serio» que pretendía decir en este sentido. Se mostró «alegre» de haber dejado atrás ese mundo de violencia y ese «mundo abismal» al que dedicó tres libros. 

Bernardo Atxaga actualmente escribe «cosas más libres, más frikis», de hecho algunos han calificado sus últimos libros como «inusuales». No obstante, el autor señaló que con este tipo de registros literarios, se «ríe más» y se siente «más feliz». Para concluir, reivindicó el papel de la literatura infantil, por encontrarse marginada, y acabó afirmando que «en cualquier lugar se puede llegar a lo poético».

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Soledad Gallego-Díaz: «Es la primera vez que existen medios creados e ideados exclusivamente para la manipulación»

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La situación actual del panorama mediático es “muy complicada” a juicio de Soledad Gallego-Díaz, ex directora de El País y protagonista de la conversación titulada “El periodismo de hoy en la mesa de disección” junto con los periodistas Techy Acosta y Saúl García. “No vemos la solución a este embrollo”, matizó Gallego-Díaz para luego destacar, como lo más importante y fundamental, la recuperación de poder por parte de los periodistas dentro de las redacciones “para conseguir que se respeten los principios básicos del periodismo”.

Explicó que, tras la crisis y la desaparición del anterior modelo de negocio, se va consiguiendo un nuevo modelo gracias a la suscripción, “pero no es suficiente”, ya que, sobre todo los medios más pequeños, necesitan publicidad o que el Estado los considere como un bien social y los subvencione porque permiten crear espacios donde se pueda debatir en común, “que es una de las cosas que ha desaparecido”. 

Así mismo, la ex directora de El País señaló la importancia de diferenciar la opinión de la información y reconocer los hechos: “No es bueno que no compartamos los hechos, tenemos que hablar sobre el mismo hecho y hay medios de comunicación que los niegan sistemáticamente”. “Usted puede ser de izquierdas o de derechas y tener una línea editorial, pero no mezcle información y opinión”. A este respecto, Gallego-Díaz dijo que es la primera vez que existen medios creados e ideados exclusivamente para la manipulación y que sería importante que fuéramos capaces de expulsar de la profesión periodística a este tipo de medios “que crean una confusión enorme” y pretenden “romper la sociedad” a través de la manipulación.

¿Cómo hacer para que el ciudadano vuelva a acercarse a los medios? “También es difícil”. Una de las premisas sería que el periodismo mantenga su propia agenda y no se deje arrastrar por otros debates. En este sentido, la veterana periodista indicó que no es nuevo que alguien busque el medio que más se ajusta a sus creencias pero, insistió, en que lo novedad está en que existan medios que no respeten los hechos.

“Somos los profesionales los que vemos los problemas y decidimos lo que hay que contar”, señaló, frente al algoritmo que “no es neutral” y pretende que la gente solo reciba la información que le interesa. “¿Cómo cuentas entonces que hay una hambruna, si eso no está entre las prioridades de nadie?”, ejemplificó para explicar a continuación que los periodistas deben “intentar convencer a la gente de que este tipo de cosas afectan a su vida, aunque no quieran saber nada sobre eso”.

Con respecto a las redes sociales, Soledad Gallego-Díaz expuso que estas “no indican los problemas de la gente”, sino los temas de los que están hablando y, precisamente, los usuarios “no están hablando todo el día de sus problemas”. El problema viene cuando se habla de tonterías y “los medios entran de cabeza a contar esa tontada, dando a entender que es un tema importante y resulta que no lo es”.

Por otro lado, la ex directora de El País, también planteó la dificultad para afrontar los bulos. Explicó que The New York Times estuvo una semana desmintiendo que Hillary Clinton formara parte de un grupo de pederastas, porque se retuiteó miles de veces, en lugar de investigar a Donald Trump, y habló de la dificultad de regular a las grandes tecnológicas y su responsabilidad sobre las mentiras que se publican en sus plataformas.

Respecto a la creciente importancia del lenguaje audiovisual frente al lenguaje escrito, expresó que cuando apareció la televisión, cambió la forma de contar las cosas, pero no fue tan radical como ahora: “Habría que convencer a la gente joven de que Tik Tok puede ser muy entretenido, pero no es información”.

Durante la conversación, también se analizaron las relaciones entre la prensa y el poder y su connivencia, puso como ejemplo a Sir Robin Day, un “gran periodista británico” que trabajó con Margaret Thatcher y después volvió a la BBC y le hizo a ella la entrevista más dura posible “porque respetaba las reglas”. “Lo que hay hoy es un problema de medios dirigidos por sinvergüenzas”, sentenció.

En lo relativo a la inteligencia artificial, Gallego-Díaz manifestó su utilidad, no obstante también dijo que podía ser un peligro. A su juicio, habría que llegar a un acuerdo internacional para que la IA lleve un sello, que se identifique como una advertencia al lector de que un contenido determinado se ha producido gracias a la inteligencia artificial. “Sobre eso creo que podríamos ponernos de acuerdo sin necesidad de grandes discusiones”, aseveró.

Acerca de la prensa local, la periodista dijo considerarla fundamental por su mayor cercanía a los problemas locales y porque gracias a ella los lectores tienen la posibilidad de discutir sobre algo común, además de lo beneficiosa que resulta para los medios nacionales e internacionales. Apostó, así mismo, por la publicidad institucional local “de acuerdo a unas reglas aceptadas por todo el mundo que ayude a mantener estos medios”.  También habló, a preguntas del público, de su experiencia como defensora del lector y de los problemas que tiene la prensa en papel.

Soledad Gallego-Díaz finalizó pidiendo mayor formación en las escuelas para crear a ciudadanos con espíritu crítico. “Decir que todos los periodistas mienten y que los medios están vendidos debilita la democracia, forma parte también de esa manipulación de que la democracia no es útil para estos momentos, que no puede resolver los problemas”, apuntó para luego añadir: “Los periodistas somos útiles, cumplimos un papel necesario en una sociedad democrática y deberíamos defender nuestro trabajo, pero nos hemos dejado comer por los especialistas en tecnología”. Sin embargo, matizó, “el oficio que tenemos es necesario, tiene unas reglas que ustedes deben exigirlas y nosotros respetarlas”. “Ustedes presionen para que los periodistas respeten las normas y nosotros para que desaparezcan la cantidad de sinvergüenzas que hay”, concluyó dirigiéndose al público. 

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Eduardo Prieto: «La relación de isla y utopía es una relación esencial y por momentos significaron lo mismo»

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Eduardo Prieto es arquitecto y licenciado en Filosofía. Dentro del espacio de reflexión ‘Miradas divergentes’ habló en la sala José Saramago sobre islas, una “breve historia de las utopías medioambientales”.

La isla, las islas, están mediadas por dos conceptos: la utopía y el medio ambiente, entendido como concepto cultural. “La relación de isla y utopía es una relación esencial y por momentos significaron lo mismo”. La isla es una figura perfecta en sí misma, acotada, y se da en ella también la idea de autosuficiencia o autonomía. Además, la primera utopía, la de Tomás Moro, era una isla, como la idea utópica de la Atlántida de Platón. Las utopías en islas se pueden referir a territorios reales o imaginados: Citerea, Arcadia, el Reino del amor o la Isla de la coquetería.

Para los románticos, la isla encarnaba la idea del edén, del paraíso. Encontramos utopías en islas en la literatura como en “Los viajes de Gulliver” o la isla de Robinson Crusoe, y también utopías científicas con la idea de isla como laboratorio.

Prieto expuso cuatro ejemplos de islas reales como utopías a lo largo de la historia, donde las diferentes culturas presentaron en ellas sus aspiraciones. “Hay más, pero estas son posibles candidatas para identificarse con la Atlántida”, señaló.

La primera de estas islas es Rügen, una isla junto a Pomerania convertida desde el siglo XVII en símbolo de la germanidad. Pintores como Friedrich o Carus la representan en su imaginario romántico, aunque también la toman como referencia después los vanguardistas. Es una isla como espacio para la contemplación de lo sublime, de un paisaje bucólico para la contemplación absoluta. Pero “es la representación de una idea, no de un paisaje”. Después comienza a verse como la encarnación de lo eslavo, como un laboratorio ideológico. Son los nazis quienes le dan ese carácter de laboratorio eugenésico, quienes la convierten en el lugar de la felicidad del obrero alemán y proyectan y comienzan a construir un lugar de vacaciones que finalmente no culminan. El proyecto queda paralizado y aún hoy no se sabe qué hacer con ese intento. 

La segunda isla es Heligoland, también en Alemania y que acaba siendo un laboratorio de la destrucción. Es una isla nórdica que entronca con un concepto que plantea que las civilizaciones humanas provienen del hielo, que lo ario viene de lo gélido, del Polo Norte o incluso del Himalaya. Heligoland es una pequeña isla, una plataforma triangular. A principios del siglo XIX la ocupan los ingleses aunque después vuelve a manos alemanas. Se convierte, por un lado, en lugar de vacaciones, pero también en base naval. Alojó a científicos como Heisenberg y a pensadores o artistas. Acaba totalmente destruida, arrasada por mil bombarderos ingleses y finalmente minada en 1947. Es una utopía de la destrucción.

La tercera isla no esta identificada con la Atlántida pero sí con lo clásico. Se trata de Capri, junto a Nápoles. Es una utopía del clima, del sur, de un clasicismo intemporal con su imagen de lo pintoresco, lo mediterráneo, las puestas de sol, lo sublime… “pero aún así es más interesante su lado oscuro”. También representa una utopía de la salud, porque el clima perfecto genera personas perfectas. Hay un momento en el que el interés se dirige hacia la cultura y arquitectura popular, que reflejan varios pintores en sus obras. Reivindican la autenticidad de estas construcciones sencillas, incluidos los cubistas y hasta los futuristas. Es una utopía medioambiental de la salud.

El último ejemplo es Tenerife, una utopía científica encarnada por el estudio que sobre ella hace Alexander von Humboldt, personaje olvidado durante el siglo XX y reivindicado ahora de nuevo como precursor del ecologismo. Antes de su expedición a América, apoyado por España, midió las alturas de la Península Ibérica y fue el primero en darse cuenta con datos científicos de que se trataba de una meseta. En Tenerife se centra en el Teide, que representa un laboratorio vertical. No le interesa como imagen pintoresca sino para entender toda la Naturaleza, “aprender a leer la tierra” y comprender que cada especie se adapta a su clima en función de la altitud. Su visión global sobre la Naturaleza nace del estudio que llevó a cabo en Tenerife. Humboldt también unió la ciencia a la estética. Humboldt y Darwin se conocieron y, aunque a Darwin no le agradó su personalidad, sí le influyó en el viaje que realizó alrededor del mundo y en el que sentó las bases de la Teoría de la evolución. Para Darwin, las islas Galápagos fueron lo que Tenerife para Humboldt.

Prieto hizo una breve parada en Lanzarote antes de terminar su recorrido. Lanzarote como laboratorio utópico, como una isla abocada a reinventarse continuamente, una “utopía constante” en la que tiene presencia la Naturaleza, pero también la cultura, como supo ver César Manrique.

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Marta del Amo: «La sociedad es desigual y esto se replica en la tecnología»

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Las tecnologías están cambiando la forma de hacer negocios y tienen un gran impacto social. La periodista especializada en ciencia y tecnología, Marta del Amo, habló, el día 9 de marzo de 2023, en la sala José Saramago sobre ‘Web3, cripto-bros y sesgos: las nuevas tecnologías siguen excluyendo a las mujeres’, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’.

Explicó, en primer lugar, qué es la Web 3. Si la primera web servía, de forma muy resumida, para leer, y la segunda para leer y escribir, la tercera, que es una evolución y es el paraguas de la futura web, añade la capacidad de poseer, de “ser dueño de tus activos digitales”.

La cadena de bloques (o blockchain) descentraliza, distribuye la información en varios dispositivos. Es algo así como un libro de contabilidad distribuido. Se basa en los llamados sistemas de confianza cero, ya que todos los ordenadores tienen la misma información, por lo que si alguien la manipula, se alerta al resto.

No hay que confundir la cadena con la moneda. La cadena de bloques se crea para generar el bitcoin y el entorno crypto. La intención, con el bitcoin, era la de crear una moneda descentralizada. Hoy en día, cualquier transacción económica pasa por una entidad bancaria, al mismo tiempo, cedemos mucha información sobre nosotros, muchos datos, a las grandes compañías durante la navegación por Internet. Con la cadena de bloques, la identidad digital podría ser anónima y no ofrecer tanta información.

Por otro lado están las NFT (Non Fungible Token), que son representaciones de activos digitales o activos físicos. Si la Web3 es un casino, las NFT son sus fichas (token = ficha de juego). Son certificados digitales de propiedad. Pueden ser monedas o pueden ser otra cosa. Por ejemplo, alguien compró un NFT del primer tweet (aunque todo el mundo tenga acceso a ese primer tweet). También pueden ser derechos a votar en temas de gobernanza. Otro ejemplo: un cantante crea sus propios tokens y los pone a la venta. Los fans los compran y pueden decidir o influir en función de la cantidad de tokens que tengan. Actualmente, los creadores de contenido están sometidos a las plataformas; las NFT nacen también para descentralizar ese poder.

De momento, se ha creado una gran burbuja con este mercado. En enero de 2022, las ventas de NFT rondaban los 17.000 millones de dólares, pero once meses después ese volumen se había desplomado en un 97 por ciento. En mayo de 2021, el artista Beeple había vendido en una subasta en Christie’s una obra digital titulada ‘Everydays: The First 5000’ por sesenta millones de euros. No la compran por su valor artístico, sino histórico “o en realidad para hacer relaciones públicas”. “Todo esto se empezó a esfumar”, señaló Del Amo, que considera que nos debemos hacer la pregunta sobre qué aporta la Web 3 que no se pudiera hacer ya con la Web 2. 

Por otra parte, el objetivo de la descentralización no se lleva a la práctica. La plataforma Opensea acapara el mercado de NFT. Las criptomonedas están centralizadas. La mayoría está en muy pocas manos. “No hay una descentralización del poder”. También surgen a su sombra sectas y grandes estafas porque “las tecnologías, por sí solas, no solucionan nada”. De momento, la gran aplicación estrella, en este campo, parece la de los contratos inteligentes, que facilitan intercambios de forma automática, pero no son aconsejables para grandes corporaciones por sus potenciales agujeros de seguridad.

Crypto bros

Los crypto bros son líderes digitales muy masculinizados. Encarnan el machismo 3.0. Mantienen la brecha de género en el mundo digital. “No es muy diferente a la Bolsa, es especulación”. El valor de las criptomonedas es muy volátil y es un mundo donde las mujeres son rechazadas. Si ponen su foto en su perfil las tratan de manera diferente o con propuestas sexuales. Solo el cinco por ciento de esos usuarios son mujeres. En España, de hecho, solo el 16 por ciento del alumnado de carreras tecnológicas son mujeres, mientras que en el mundo son el 35 por ciento, a pesar de que obtienen mejores resultados en esas asignaturas en Enseñanza Secundaria. De 378 empresas de criptomonedas, solo una está fundada por una mujer. “La tecnología nos excluye porque la sociedad es desigual y todo se replica en la tecnología”.

“Internet está tan sesgado que hay una IA (inteligencia artificial) que consiste en completar una cara con un cuerpo, y a los hombres los completa con traje y corbata y a las mujeres en bikini”. Los sistemas de reconocimiento facial también tienen un sesgo con las personas negras, mientras que con los blancos tienen una fiabilidad total. Los algoritmos están hechos por hombres blancos. “El algoritmo amplifica la desigualdad de los datos de base”. Son los hombres blancos los que están desarrollando el futuro de la tecnología, los líderes de las empresas tecnológicas. “Deberíamos preguntarnos si ese es el futuro que queremos”, concluyó Marta del Amo.

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El reto de Pedro Cabrera: un sistema energético más flexible y con energías renovables

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En las historias de infancia que contaba el padre de Pedro Cabrera, el café tenía sabor a sal. Ese detalle, muy común en Canarias durante una época, se le quedó grabado y motivó que, para la tesis que le permitió doctorarse como ingeniero industrial, decidiera llevar a cabo una investigación sobre la desalación. Cabrera, que fue becado por la FCM en 2006 y 2007, pronunció, el día 22 de noviembre, en la sala José Saramago la conferencia Gestión inteligente de una desaladora accionada con energía eólica.

El problema del agua, de un acceso a agua limpia y segura, no es exclusivo de Canarias y no solo depende de los recursos hídricos “sino de cuestiones complejas que tienen en cuenta problemas espaciales, temporales e institucionales”. En el Planeta, el 97 por ciento del agua es salada y por eso han surgido incontables instalaciones de desalación que tienen dos tecnologías: desalación o evaporación, y que más de la mitad de ellas funciona por ósmosis inversa. Para llevar a cabo la ósmosis hace falta una presión y, por tanto, una bomba, por lo que el problema del agua se convierte en un problema energético.

En los años setenta surgen dos tipos de desaladoras. Unas conectadas a la red eléctrica convencional y otras autónomas, que a su vez pueden ser híbridas o puras. Cabrera se centró en las puras, que necesitan muchas baterías y, por lo tanto, un gran coste y mantenimiento. Lo que propuso, por primera vez, fue conectar directamente una planta desaladora a una turbina eólica sin sistema de almacenamiento. “Nos pareció un reto, porque había un debate en la comunidad científica sobre si las plantas pueden trabajar de forma autónoma”. Los objetivos generales de ese reto eran incrementar la flexibilidad de operación de la planta para adaptar su consumo a las energías renovables y así, incrementar el uso de este tipo de energía en las desaladoras.

Primero diseñaron un prototipo y desarrollaron un sistema innovador de control de la presión y el caudal, instalando sensores en la planta. Durante la investigación se dieron cuenta de que a la planta también le afectaban las características del agua, la temperatura o la salinidad, y el sistema de control no funcionaba, así que se les ocurrió incorporar técnicas de inteligencia artificial para adaptar la potencia de la planta a una posible potencia de una turbina eólica teniendo en cuenta toda la casuística posible.

La inteligencia artificial necesita que se le incorporen datos, así que primero entrenaron a la desaladora con un “entrenamiento humano” instalando equipos para variar la conductividad, la salinidad, la temperatura y la generación a producir. Después extrajeron esos datos, seleccionaron las variables importantes, entrenaron al algoritmo y lo incorporaron al sistema de control. “Fue todo un éxito”, aseguró Cabrera, porque la planta fue capaz de seguir la potencia marcada. “Nunca se había visto esa variación en plantas de este calibre”. Comparada con una planta con baterías, esta última producía más agua pero trabajaba con más paradas y arranques, lo que es más perjudicial para las membranas.

El trabajo se publicó en revistas científicas. Entonces se preguntaron si la solución se podía trasladar a toda una isla y para encontrar la respuesta, Pedro se trasladó a Dinamarca, “un país idílico para las renovables” donde “son un proyecto para mejorar la sociedad”. En aquel país no investigan para la desalación sino para flexibilizar otro consumo, el del calentamiento de los hogares. Allí trabajó con Henrik Lund, que ha desarrollado dos teorías fundamentales. La primera es la Teoría de la elección consciente, que enuncia que para lograr cambios en la planificación energética hay que cambiar las instituciones “porque las actuales están afectadas por intereses y cuando se plantean soluciones desde dichas instituciones, esas soluciones se plantean con falsa elección”. Eso es lo que pasó con las prospecciones petrolíferas, que se plantearon como una opción única, inevitable. Lund propone que siempre hay alternativas que deben ser estudiadas. La segunda Teoría es el concepto de Smart energy sistem, derivado de la anterior, que identifica las demandas de un sistema, sus recursos energéticos y los sectores de un lugar y hace propuestas de nuevas estrategias para integrar la generación de renovables y que todos los sectores estén interrelacionados para que el sistema sea más eficiente. Puso un ejemplo: “Si tenemos un hotel, que demanda calor, y una central eléctrica cercana, se pueden conectar los gases de escape de la central para calentar agua”.

Pero Cabrera quería estudiar la desalación e ir adaptando la demanda de agua de Gran Canaria a la generación renovable. Lund le planteó: está bien la desalación, pero ¿por qué no integrar todos los sectores? Así que se embarcó en esa tarea. Identificó las necesidades energéticas y propuso una metodología para todas las islas, con 17 estrategias. “Fue publicado y está teniendo éxito pero exige cambios radicales muy a largo plazo”, señaló Cabrera.

Como conclusiones, aseguró que se puede flexibilizar el consumo de la desalación “y estamos detectando el interés de grandes plantas en incorporar estas técnicas para flexibilizar, no todo, pero sí parte del consumo” y, por otra parte, el concepto Smart energy sistem “permite hacer un sistema energético más flexible e incrementar el uso de las energías renovables”.

Más información: Nota de prensa

J.J. Millás: “Es más determinante lo que se nos ocurre, que lo que nos ocurre”

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El jueves, 8 de noviembre, a las 20:00 horas, en la sede de la Fundación César Manrique, Juan José Millás habló sobre “Lectura y vida”, dentro del ciclo El autor y su obra. Encuentros con creadores.

Cuando Juan José Millás era adolescente y leía novelas de noche, a la luz de una linterna, a escondidas, no pensaba que esa actividad formara parte de su educación. Empezó a leer, como todos, para intentar comprender el mundo y partiendo de una condición, que también es común para todos: estar mal. Porque “sin conflicto no hay escritura ni lectura”: “Leemos y escribimos porque algo no funciona entre el mundo y nosotros”.

Millás leyó una conferencia en Taro de Tahíche dentro del ciclo El autor y su obra. En esa conferencia explicó, a su vez, cómo son las charlas que imparte en los institutos de enseñanza secundaria para convencer a los alumnos de los beneficios de la lectura, aunque afirmó que “una de las cosas que más daño ha hecho a la lectura es el consenso respecto a sus virtudes” ya que ahora la recomienda “hasta el Ministro del Interior” y antes “la lectura no estaba bien vista”. Había libros prohibidos y eso confirmaba a los jóvenes que leían que estaban en el buen camino. “Si yo fuera adolescente no me acercaría a la lectura, me inclinaría por los videojuegos”, dijo Millás.

Pero el escritor suele explicar a los alumnos que leer es de lo poco transgresor que se puede hacer. Lo compara con el vandalismo de fin de semana que practican algunos jóvenes que odian el sistema, destrozando mobiliario urbano. “Ese acto de rebelión -señaló- fortalece al sistema”. “La sociedad -añadió- no puede prescindir de los delincuentes, de hecho si desaparecieran sacaría oposiciones en 48 horas”. “Esos jóvenes son funcionarios que trabajan gratis para el sistema”. “Les digo que el joven peligroso de verdad es el que se queda en casa un sábado por la noche leyendo Madame Bovary o Crimen y Castigo, ése es una bomba”.

La realidad está hecha de palabras y, por tanto, el que domina las palabras domina la realidad. Según Millás, como en el cuento de El rey desnudo, “vemos lo que nos dicen que veamos, lo que esperamos ver”. Explica a los alumnos que las palabras generan una realidad y la realidad, en gran medida, es una construcción verbal. También les explica que la ausencia de palabras genera realidades y lo hace con un ejemplo. En la película Léolo, los niños, francohablantes, repasan en el aula, en inglés, las partes del cuerpo del niño Johnny y nunca llegan a la parte que más le interesa a Léolo, la polla. Por eso el niño crece convencido de que los ingleses no tienen polla.

Para Millás, “es un desatino del sistema educativo”; que se enseñen todas las partes del cuerpo pero no se explique cómo funciona el aparato de imaginar, donde se encuentra la capacidad de fantasear, que tiene una gran importancia “porque todo lo que pasa por la cabeza de alguien acaba pasando por la calle tarde o temprano”, o dicho de otra forma: “Todo lo que hay alrededor alguna vez ha sido un fantasma en la cabeza de alguien”. El escritor se pregunta si no es escandalosa la ausencia en los planes de estudio de este aparato y le parece sorprendente “ese acuerdo universal por desconocer el aparato de la imaginación”, que tiene consecuencias catastróficas porque “lo que llamamos realidad es el producto del aparato de la imaginación”. Por eso, al final sí recomienda a los alumnos la lectura, “para fortalecer el aparato de imaginar”, y porque “hay un suceso catastrófico donde se jodió todo: cuando nos dijeron que bastaba con la ciencia y los contenidos racionales para entender todo”.

Insistió en que se escribe y se lee para comprender el mundo y que saber leer “es saber leer la realidad” y estar en disposición de estar o no de acuerdo. Por si este motivo no fuera suficiente, les dice a los alumnos que lean por dinero, porque “hoy ya es absurdo disgustarse si un hijo estudia humanidades”. De hecho, crece en el mercado laboral la demanda de personas que saben leer y escribir, que son las que se necesitan para ser lo que se ha acabado llamando “proveedores de contenidos”, desde creativos de publicidad hasta guionistas o escritores de discursos, que tienen que llenar de talento los grandes conductos que tenemos “y que ahora van vacíos o llenos de materia fecal”. Y puso otro ejemplo. Hace años la Comunidad de Madrid convocó cuatro plazas de telefonista y se presentaron 60.000 personas, por lo que “estadísticamente es más fácil ser astronauta que telefonista”. El cambio también lo ejemplificó así. “Antes si querías ser escritor, si tu padre era comprensivo, además de un bofetón te daba un consejo, y te decía: saca unas oposiciones a Correos y escribes por las tardes. Ahora te dicen que te hagas escritor y si, quieres, por las tardes, te haces telefonista”.

Acercándose al final de su intervención, afirmó que las charlas ante estudiantes de secundaria suelen hacer efecto, pero que la lectura no es una conquista fácil aunque “cuando uno lo logra ya no la abandona”. Terminó relatando dos anécdotas que demuestran que “no hay nada tan real como lo que calificamos de irreal”, que “es más determinante lo que se nos ocurre que lo que nos ocurre” y que tiene una gran importancia “el peso de la existencia de las cosas que no existen”. De hecho, “hoy seguimos matando por entelequias como Dios, o la patria”. A los alumnos acaba pidiéndoles que lean literatura para acercarse a esas zonas de la realidad donde no se llega de otro modo, y de la misma manera, al público que asistió a la Fundación César Manrique les pidió lo mismo: “Lean aunque no me lean a mí”.

Más información: Nota de prensa

Selena Millares: “Lanzarote, el oasis de arte de la familia Millares Sall”

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Lanzarote fue el oasis de los Millares Sall. El poeta José María Millares y su hermano Manolo, el pintor, reconocieron públicamente que su estancia en Arrecife había sido uno de los momentos más dulces de su vida. “En Arrecife se hicieron todos artistas”, señala Selena Millares, catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Madrid e hija de Totoyo, el timplista, el pequeño de los Millares Sall. Selena es autora de El Faro y la noche, las memorias de la familia en forma de novela. En la Fundación César Manrique , el día 20 de septiembre pronunció la conferencia Encrucijadas artísticas del imaginario insular: César Manrique y la familia Millares, que dividió en cuatro partes: los antecedentes del millarismo, de “una familia que era una celebración colectiva de las artes” repleta de pintores, músicos, escritores; la primera estancia de la familia en Arrecife en 1928; la segunda, entre 1936 y 1938; y finalmente, la última parte, el devenir de los artistas. El hilo conductor es el padre, el poeta y profesor de instituto Juan Millares Carló.

Esta historia de los Millares comienza con otro Millares, Agustín Millares Torres, hijo de músico de cuerda, nieto de músico de catedral, y excomulgado por el obispo debido a no rectificar su opinión sobre dos prelados. También fue novelista y poeta, amigo de Menéndez Pelayo y Pérez Galdós y autor de Historia General de las Islas Canarias y de Historia de la Inquisición en las Islas Canarias. Sus hijos fueron los Millares Cubas, dramaturgos y músicos. Uno de ellos también se llamó Agustín y tuvo otro hijo del mismo nombre y uno más que se llamó Juan: Juan Millares Carló, primo a su vez de otros artistas, Claudio y Josefina de la Torre. Su tío fue el pintor Juan Carló, gran bohemio contemporáneo de Tomás Morales, Saulo Torón o Alonso Quesada. Millares Carló se casó con la pianista Dolores Sall Bravo de Laguna y tuvieron nueve hijos, entre los que están los poetas José María, Sixto y Agustín, el pintor Manolo, la pintora Jane, Eduardo, dibujante conocido como Cho-Juaá, y los músicos Yeya y Totoyo, los más jóvenes.

En 1928 la familia se traslada a Arrecife por primera vez. El padre gana la cátedra en el Instituto de las Cuatro esquinas pero solo permanecen un curso. “Eran muchos hijos, la vida era dura y no llegaba el sustento”, asegura Selena. En Arrecife entabla amistad con el escritor Agustín Espinosa, comisario regio del instituto, con quien conversaba y bebía muchas noches. Juan era fornido y Agustín débil y algunas veladas acababan con el primero cargando en brazos al segundo y éste diciendo: “Le debo la vida”. Ambos dieron clase a César Manrique, que ya traba amistad con algunos de los hijos, también alumnos.

La segunda estancia es obligada. Agustín Millares Sall había sido detenido con 19 años y enviado a un campo de concentración en Gran Canaria. Le ofrecen la alternativa del destierro y vuelve de nuevo a Arrecife toda la familia, esta vez, con dos hijos más. Había además otra razón: la depuración del padre. Juan, que en ocasiones sustituía al profesor de religión en el Instituto Pérez Galdós, fue delatado por el presbítero Manuel Socorro porque había comentado en clase que la creencia de que un Cristo de madera pudiera sudar sangre era una superchería. Ocho cartas del sacerdote en su contra acabaron por hacer efecto y Millares Carló pierde la cátedra. En Arrecife cierra el instituto y “el hogar se convierte en escuela”. Los niños dejan de tener una educación reglada y se vuelcan en el arte. El padre escribía obras de teatro cómicas que representan entre todos, dibuja para ellos y elaboran una revista familiar con poemas y dibujos que se completan de forma colectiva. Aparecen los primeros dibujos de Manolo Millares, con once años. Pero no dejó de haber problemas. Agustín fue denunciado por un chófer que escuchó una conversación sobre política. Otra vez la primera opción es el campo de concentración y, en esta ocasión, la alternativa es ingresar en Falange. Dolores tiene que vender su piano para comprar los uniformes, y tras el piano acabarán vendiendo los muebles para poder comer. La tragedia sigue: Sixto, muy debilitado, decide ingresar en el ejército para no ser una carga y muere con 19 años de tuberculosis.

Vuelven a Las Palmas y siguieron cultivando las artes. Los hermanos mantienen la amistad con César Manrique aunque Manolo y César, además de la amistad, mantienen diferencias. Y sigue la vinculación con Lanzarote: Jane expone en la Isla, Cho-Juaá hace los folletos del primer hotel, el Fariones y Manolo dedica varios poemas a la Isla. “El arte sigue siendo el centro de la vida familiar”, dice Selena. Continúan haciendo revistas familiares como La Pandilla o Viento y marea. Una de ellas, Planas de poesía, editada entre 1949 y 1951, llega hasta la Brigada político social. Detienen a José María, que fue encarcelado, interrogado acerca de una inexistente imprenta rusa y torturado. No pueden publicar nada hasta que en los años sesenta vuelven con Millares, una revista familiar, haciendo lo mismo que empezaron a hacer en Arrecife en los años treinta.

Mientras tanto, los padres, Juan y Dolores viven de manera muy pobre, en azoteas prestadas. Juan amaba la docencia pero no podía dar clase. Seguía escribiendo poemas y obras cómicas que enviaba a su familia para mantenerla unida. Después de veinte años le permiten dar clase, pero en La Palma. Sin embargo, vuelve la desgracia. Un cáncer de laringe le deja sin voz y tiene que dejar de nuevo las aulas. Muere en marzo de 1965 sin ver su obra publicada, una obra que su nieta, Selena Millares, recopila y publica. Este es su epitafio:

La mano que estas líneas escribe

en tiempo no lejano estará inerte

cuando la hora final al fin arribe

lo que haya de quedar será más fuerte. 

Más información: Nota de prensa

Joaquín Estefanía: “Lo peor no es el retroceso sino que se han roto las expectativas materiales y emocionales de muchos jóvenes”

A Joaquín Estefanía se le ocurrió la metáfora de los topos releyendo El 18 de brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx. De ahí el título de la conferencia que ofreció el pasado 14 de junio, en la Fundación César Manrique: La tribu de los topos. Jóvenes rebeldes, dentro del espacio de reflexión Fronteras y direcciones del progreso. Sólo tres días antes de la conferencia, Estefanía había sido nombrado director adjunto de El País.

El ponente habló de los movimientos juveniles que han marcado la historia en los últimos cincuenta años y que, como acción, han provocado una reacción para regresar al statu quo. Los tres hitos son 1968, 1999 y 2011. La primera fecha no fue sólo mayo y no fue solo París, y tampoco fue solo un movimiento juvenil. Fue el año de la invasión de Checoslovaquia “que acabó con la esperanza de un socialismo de rostro humano”, fue el año de la represión a los estudiantes en México que aún hoy no se sabe cuántas víctimas mortales provocó y fue el año, en Francia, de la huelga general “más importante de Europa”. A esa acción le sobrevino la reacción conservadora de Thatcher y Reagan que pretendió acabar con los valores del estado del bienestar.

El segundo hito, 1999, fue el del “mal llamado movimiento antiglobalización”, que surgió en Seattle en la asamblea de la Organización Mundial del Comercio, con la reacción consiguiente de los neocons, entre los que se contaban algunos de los jóvenes de mayo de 1968, recordó Estefanía. Y el tercer hito, el de 2011, el de los indignados, “que no fue solo español, porque se da en todo el mundo, con menos presencia pero con gran influencia”, como el movimiento Occupy Wall Street, que genera la candidatura de Bernie Sanders en el Partido Demócrata. La reacción a este movimiento es la presidencia de Donald Trump.

El último libro de Estefanía se titula Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018). No alude al sentido estricto de revolución inmediata “sino a un sentido blando”, de protestas colectivas que acaban cambiando cosas. Estefanía considera que hasta 1968 los cambios eran patrimonio de la clase obrera pero después la juventud compite como sujeto histórico con el movimiento obrero. En 1968, lo que unía a los jóvenes era su odio al marxismo que provenía de la URSS (eran maoístas, trotskistas, seguidores del Che…). En los movimientos posteriores no hay ni un país, ni una clase de referencia y tampoco una ideología cerrada, son menos dogmáticos “y con una mezcla de ideologías logran entenderse y son capaces de trabajar entre sí”. Los factores que tienen en común es que son movimientos globales y antiautoritarios que reivindican más la Revolución francesa que la bolchevique. También tienen dos características nuevas: se fijan en la desigualdad, no tanto en la pobreza, y denuncian que la capacidad de influencia la ostentan poderes fácticos no elegidos (como los mercados o el sistema financiero). No obstante, la lucha de clases no ha desaparecido y además ahora emerge otro sujeto histórico para el cambio, que va a ser central, y es el de las mujeres.

El final de esos movimientos se encuentra en el capítulo de las diferencias entre aquel 1968 y la actualidad. Mayo del 68 acabó por dos razones: la primera son los acuerdos de Grenelle firmados entre el gobierno francés y los sindicatos, que lograron una subida salarial, la jornada de cuarenta horas y la presencia de los sindicatos en la empresa. “Obtienen eso pero los desarman”, señaló Estefanía. La segunda es más prosaica aún: para el movimiento estudiantil llegaron las vacaciones de verano. ¿Qué aprendieron los indignados de esto? Que la calle cansa, y que debían entrar en las instituciones. Así acaba el 15-M. Estefanía relató que se dio cuenta de la esperanza que generó ese movimiento viendo la película Libre te quiero, de Basilio Martín Patino, y también se dio cuenta de las grandes diferencias que había con su incorporación posterior a la política: “En las instituciones se pierde la épica”, pero el movimiento no fracasó sino que “hay que darle tiempo y distancia”. Frente a esa acción llegó la reacción, y a Estefanía le preocupa Trump pero también le preocupa Europa, “un continente frenado, que no sabe estar quieto y por ello, cuando no avanza, retrocede”. Considera que, ahora, las ideas de la extrema derecha no sólo están presentes en los partidos de extrema derecha sino que están impregnando las ideas del resto. “Ahora no se puede ser muy optimista pero si se mira con distancia, los valores de esos movimientos, como el ecologismo, feminismo, pacifismo, respeto a las minorías, no discriminación o lucha contra la desigualdad, aún permanecen”, aseguró.

El director adjunto de El País considera que la generación más beneficiada por todo esto es la suya, la de los nacidos en los años 40 y 50. Es la primera que no ha vivido una guerra, siempre han tenido un puesto de trabajo, no han vivido una precariedad estructural y han mantenido el estado del bienestar hasta la jubilación. “Nuestros hijos no van a vivir peor, sino que ya viven peor —señaló— y lo peor no es lo que se ha retrocedido sino que se han roto las expectativas materiales y emocionales de muchos jóvenes”. Hoy hay más pobres que en 2008, la desigualdad es estructural, la precariedad es una forma de vida, el estado del bienestar es más frágil y hay una crisis de representación política: “Hay una desconfianza de los jóvenes ante todo lo que está a su alrededor”. Y se suma otro factor: “Antes, la democracia era la mayor utopía y ahora es un factor instrumental; no importa mirar hacia países autoritarios”.

Estefanía acabó poniendo sobre la mesa el programa de mínimos, con solo tres puntos, por el que se podría luchar ahora: la igualdad de oportunidades, porque ahora el bienestar depende más de la renta de los padres que del esfuerzo de los jóvenes; los derechos humanos, incluidos derechos ciudadanos, políticos, civiles y sociales; y la lucha contra el cambio climático, “el principal problema al que se enfrenta la Humanidad”.

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