Amancio Prada: «En el arte es importante revivir el momento cuando nacen las cosas»

El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz ha acompañado a Amancio Prada desde que el músico tenía veinte años. El cantante berciano abrió la programación cultural de la Fundación César Manrique, prevista para 2025, el 13 de marzo en Taro de Tahíche con “El hilo del Cántico”, asegurando que esta era su “primera conferencia”.  

Para explicar el origen de ese Cántico, al que él mismo puso música, recurrió a sus vivencias personales, que comienzan en el otoño de 1969, cuando estaba “arrancando patatas” en la tierra de su tía Manuela, poco antes de coger un tren a París para estudiar sociología y hacer una tesis sobre la agricultura a tiempo parcial en El Bierzo. “En el arte es importante revivir el momento cuando nacen las cosas”, afirmó el compositor.

Llegó a la capital francesa con “cuatro mudas” y cuatro libros, uno de Rosalía de Castro, otro de Lorca y dos de Tagore. Por aquel entonces, Amancio ya tenía experiencia en la música y “una gran afición”. Había debutado con una orquesta con el pasodoble Tengo miedo, torero y había compuesto su primera canción sobre el poema de Lorca La guitarra, que aprovechó para cantar brevemente en mitad de la conferencia. “Siempre me recuerdo cantando”, aseguró. En cualquier caso, no se planteaba hacer canciones “porque quería cantar lo que leía, lo sentía así”.

Durante su estancia en Paris, acabó viviendo en una chambre de bonne en el boulevard “de las malas hierbas” entre su compañero Silicio Félix Pardo, que ocupaba una estancia a un lado y una “francesita”, al otro lado. Ahí está el origen del Cántico. Ella “era tan expansiva cuando hacía el amor… con su novio” que le inspiraba a tocar la guitarra y a cantar, lo que a su vez provocó en Silicio el impulso de regalarle a Amancio el libro Vida y obra de San Juan de la Cruz, para que se dedicara a la lectura. 

“Toda la poesía de San Juan son veinte páginas, ningún poeta llegó tan alto habiendo escrito tan poco”, sentenció el intérprete. Prada fue explicando el Cántico, que tiene “búsqueda, encuentro y consumación”. Cuando llegó al encuentro pensó: “Esto es lo que está pasando aquí al lado”. Y se preguntó: “¿Cómo hay tanto erotismo, tanta sensibilidad?”. El texto del poeta es “un texto de amor humano” ya que “un místico no tiene otras palabras para expresar el amor divino”. Y comenzó a componer el Cántico.

En aquel momento, Prada ya había descubierto a Paco Ibáñez, “que era Dios” y tuvo la suerte de cantar junto a él en un Festival de los pueblos ibéricos en Francia, ante 4.000 personas. Después estrenó una parte del Cántico en el programa de France Culture, Libre Parcours Récital. Iba a cantar junto a María del Mar Bonet pero ella se desmarcó finalmente. “Se lo agradezco porque tomé la decisión de hacer yo las dos voces y eso da unidad a la obra”.

Tras los cinco años que vivió en París, Amancio Prada se trasladó a Segovia porque, según confesó, se había enamorado de la ciudad el verano anterior. Allí encontró un libro de Gerald Brenan sobre San Juan que le ayudó a entender al poeta: “Fui aprendiendo dónde me había metido”. Grabó el Cántico en 1977, en un solo día.

Prada explicó entonces “el grito de angustia original” del poeta para escribir el Cántico, cuando se sintió abandonado por Dios después de que lo raptaran tras su acercamiento a Santa Teresa de Jesús y lo metieran durante nueve meses en una celda minúscula en Toledo, donde le propinaban latigazos, y de donde, finalmente, pudo escapar.

Después de otros cinco años en Segovia, “que es lo que dura el amor eterno”, se fue a Madrid gracias a la invitación de José Luis Gómez para que interpretase el Cántico en el Teatro Español. En ese momento, comenzó a llover en Taro de Tahíche y Prada interrumpió su conferencia para interpretar su canción titulada La lluvia, antes de afrontar el final del hilo, que terminó con el inicio del Cántico, con Prada a la voz y la guitarra.

También contó su encuentro con María Zambrano, a la que le había entusiasmado la grabación. Él no sabía quién era pero le pidió un texto para el programa de mano del teatro y ella se lo envió. Prada se comprometió a cantar para ella cuando volviera a Madrid, y así lo hizo, en casa de la filósofa, el 20 de noviembre de 1984.

Cuando terminó, después de un largo silencio, le dijo: “¿Cómo no te has muerto? ¿Después de esto qué vas a cantar?”. Él contestó que quería seguir cantando y que estaba buscando algo. “Lo encontrarás porque veo sobre tu cabeza una paloma” contestó ella.

Como una premonición, Amancio Prada descubrió poco después los Sonetos del amor oscuro de Lorca, que tienen una influencia indudable de San Juan de la Cruz. Más tarde, el poeta Juan Gil-Albert, que conoció a Lorca, le contó que él había sido el “culpable” de esos versos porque regaló a Lorca una paloma enjaulada.

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Grabación de la conferencia: Grabación

Anatxu Zabalbeascoa: «Una acera es la verdadera democracia»

Una de las ventajas de ser periodista es la de ver el mundo con un gran angular, de lo micro a lo macro. “Por eso acabamos elaborando una idea conectada de las cosas”. Esa visión periodística es la que expuso Anatxu Zabalbeascoa en su conferencia ‘Reconquista y renaturalización del espacio público’, el día 7 de noviembre. Un recorrido apoyado en imágenes sobre “cómo hemos pasado de construir ciudades a destruirlas” que añadió también iniciativas esperanzadoras.

Tras ese cambio destructivo se esconden varios motivos: el fundamental es el económico, la mercantilización del espacio público, pero también la relación con la naturaleza, que antes era algo temible “y después pasó a ser algo de lo que cuidar sin darnos cuenta de que nosotros también somos naturaleza”.

El coche es otro de los grandes problemas. Ha tenido un éxito incontestable y las ciudades se han adaptado a los vehículos, pero en toda ciudad llega un momento en que genera más problemas que soluciones. Y muchas de las cosas que ocurren localmente acaban ocurriendo globalmente.

Otro cambio es el paso de la ciudad informal a la ciudad formal. En España convivían las dos formas, pero la informal se ha ido borrando. “La manera informal de vivir tiene algunas ventajas que nosotros hemos perdido”.

Una consecuencia de hacer que las ciudades sean rentables es lo que pasa con las aceras. ¿Quién las hace? Porque en algunos lugares es un lujo y, sin embargo, “una acera es la verdadera democracia”. Con la misma lógica, se va privatizando el espacio público a pesar de que la calle también es un lugar de encuentro, no solo de conexión. La calle puede ser un lugar de juegos, una extensión de la casa, una escuela… “Con gente, la calle es más segura”, señaló Zabalbeascoa. Pero, en lugar de promover el encuentro, se hacen “ciudades que pinchan”, que colocan mobiliario para evitar que la gente se siente o se tumbe, como en la Puerta del Sol de Madrid. “Se invierte dinero en vallarlo todo”.

Frente a esto, la periodista de ‘El País’ puso ejemplos de intervenciones más humanas, como una acera-calle en el Carmelo (Barcelona) o una intervención relacionada con el patrimonio en Mérida que hace posible su protección y su disfrute.

Zalbeascoa abordó la irrupción de las smart city. “Los periodistas debemos sospechar siempre, pero si ponen el nombre en inglés, ya sospecho más rápido”. Anoté que estuvo indagando durante años  cuáles serían sus grandes ventajas y no encontró muchas relevantes. “La inteligencia, en la ciudad, sería, por ejemplo, que invitara a caminar”.

Comenzó a enumerar situaciones que acaban por modificar la manera de relacionarse entre las personas en una ciudad y la transforman. Una es la gentrificación, que acaba expulsando de un barrio o una ciudad a sus habitantes más antiguos a pesar de ofrecer una aparente mejora. “Si ves una galería de arte en tu barrio, ponte a temblar”. La gentrificación provoca la desaparición de la esencia de las ciudades: la pluralidad. Otra es la densificación, el hecho de crecer en altura, que ahora se cuestiona porque se considera que las ciudades intermedias son las más adecuadas.

La ‘comodificación’ (del inglés commodity) es la conversión de la ciudad, de sus inmuebles, en un bien de inversión: comprar para invertir, no para vivir, lo que altera la ciudad, por los precios y porque muchos lugares quedan vacíos. Zabalbeascoa cuestionó el empeño en construir iconos, cuando no acaban transformando la realidad de la ciudad, sino convirtiéndose tan solo en un símbolo.

La desconexión urbanística-especulativa es otro aspecto recurrente. Apuntó el caso de la urbanización que construyó Paco el ‘Pocero’, en Seseña, en medio de la nada y junto a un vertedero de neumáticos. “La arquitectura y el urbanismo tienen una relación brutal con la corrupción”. Además de este tipo de urbanizaciones, “la lacra del siglo XXI” son los adosados, que sin el coche “no funcionan”.

El urbanismo también está contra el peatón, en muchas ocasiones, pero algunas ciudades han revertido ese idilio con el coche, como Pontevedra, Copenhague, o Broadway, en Nueva York, porque “lo que hace las ciudades son las personas”. También hay actuaciones temporales, proyectos de espacios públicos que humanizan la ciudad, como el proyecto de Santo Domingo Savio en Medellín, las iniciativas del colectivo Boa Mistura pintando la calzada o los parques logrados gracias a la presión vecinal en Barcelona y otras ciudades.

De la misma manera, la aparición de vegetación en medio de las ciudades, la necesidad de combinar naturaleza y ciudad, como el proyecto Madrid Río, un parque de siete kilómetros sobre el soterramiento de la M-30 que ha sido un éxito rotundo. “Se trata de construir a favor de la naturaleza, aunque sean plazos más largos que los plazos políticos, que son de cuatro años”.

La conferenciante, antes de señalar seis puntos que se pueden poner en práctica en todas las ciudades, citó a Baudelaire: “la forma de la ciudad cambia más rápido que el corazón de un mortal”. Esos seis puntos son: asegurar la movilidad (ahí dijo que Lanzarote tiene mucho que mejorar porque se va en coche a todos lados); asegurar la diversidad; legislar y actuar contra la comodificación; restaurar (construir de forma sensible); controlar el turismo y reparar la relación con la naturaleza. Acabó con una frase de la urbanista y activista Jane Jacobs: “Las ciudades pueden proveer algo para cada uno de nosotros simplemente porque son creadas por todos nosotros”.

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Vuelve FICMEC dedicado a la masificación turística bajo el lema «El mayor desatino»

Santiago Lecuona, representante del Festival Internacional de Cine de Medio Ambiente de Canarias (FICMEC) presentó la primera sesión abierta al público general, en la sala José Saramago, el día 16 de octubre, en la que se proyectaron cuatro cortometrajes. Recordó que al Festival y a la Fundación César Manrique no solo les unen “las mismas preocupaciones” sino que “nacen de la misma persona”, ya que César Manrique impulsó en los años ochenta el Festival en Puerto de la Cruz (Tenerife), que después se acabó trasladando a Garachico.

Destacó que, en su género, es el festival más antiguo de España y probablemente también de Europa: “Eso nos convierte en una eminencia”. Este año el festival se centra en la masificación turística bajo el lema ‘El mayor desatino’. “En los últimos años, todas las semanas leemos alguna noticia que nos acongoja –señaló Lecuona– como expolios al territorio, que se siguen produciendo”.

El lema escogido se refleja en la cartelería del festival que muestra la isla de Tenerife, o en este caso de Lanzarote, repleta de trabajadores, turistas, obras, vertidos o vehículos, y también se plasma ese concepto en otros proyectos artísticos que se programan cada año, paralelos a las proyecciones.

El Festival proyecta cortometrajes con el objetivo de ofrecer varios géneros, estilos e historias “que dialoguen entre sí”. Lecuona dijo que en otros festivales los cortos de ficción son “el patito feo” pero que en el FICMEC quieren “mimarlos”. El miércoles 16 se proyectaron cuatro cortos que hablan sobre la búsqueda de tierras raras en África, la vida en un pueblo costero de Costa Rica, la introducción de muflones en los años setenta en el Teide y el peligro de la desaparición del salmón salvaje: Terra Mater, Solo la luna comprenderá, El último muflón y Wild Summon.

Estos dos últimos cortos, presentados previamente por Lecuona, los pudieron ver, en las tres sesiones de mañana, los alumnos de Primaria y Secundaria de varios centros escolares de la Isla, a los que acompañó el departamento pedagógico de la Fundación César Manrique.

El jueves 17 de octubre se proyectó Antarctica Calling (Luc Jacquet, 2023), un largometraje documental que muestra un continente en vías de desaparición y sus habitantes. El director realizó en 1991 su primer viaje a la Antártida y vuelve treinta años después.

La Fundación César Manrique, que desde el año 2014 colabora con este festival medioambiental que aborda muchos aspectos relacionados con la obra y el discurso activista de César Manrique, señaló en la apertura del Festival en Lanzarote que FICMEC consolida este “ámbito reflexivo ante lo que se ha convertido en uno de los grandes temas que perturban y desafían a nuestro tiempo”. 

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Blanca de la Torre: «La cultura tiene la responsabilidad de construir relatos empoderadores para esos otros mundos que queremos habitar»

Con la conferencia “Futuros habitables, relatos curatoriales y transiciones socioecológicas”, la historiadora del arte Blanca de la Torre quiso hacer entender al público que acudió a la Sala Saramago, el día 10 de octubre, cómo es la práctica curatorial y cómo crea la estructura de sus proyectos con el objetivo de aunar teoría y práctica.

Señaló que, en los últimos años, la práctica discursiva se ha ido alejando de la parte formal, que ella pretende acortar esas distancias y que existe un exceso de imaginarios distópicos, apocalípticos, que generan “un efecto paralizante”. Por eso, considera que el sector cultural, ante el pesimismo climático, tiene la responsabilidad de estimular la acción colectiva y construir relatos empoderadores con otros imaginarios para “esos otros mundos que queremos habitar”. En definitiva, “pensar cómo construimos nuevos modelos para entender el mundo”. De esta manera, comenzó una exposición a través de sus proyectos en el que explicaba, mediante imágenes, algunas de sus metodologías.

El primer proyecto es el más reciente: “Post Naturalis”, que acababa de inaugurar esa misma tarde en El Almacén. Es un proyecto de la artista grancanaria Cristina Déniz que se apropia de la idea de un antiguo Gabinete de curiosidades para proponer “modos más empáticos de relacionarnos con los no humanos”.

El proyecto “Isla” abarca once hectáreas en la localidad madrileña de Robledo de Chavela. Es un espacio de investigación en el que se han propuesto performances o instalaciones y cuyas intervenciones se pueden replicar en museos de otras ciudades, como Madrid o Nueva York.

De la Torre es curadora principal de la XV Bienal de Cuenca (Ecuador) y comisaria jefe de la Bienal 2025 de Helsinki (Finlandia). Dos lugares muy distintos “en las antípodas de la sostenibilidad”. Le interesa repensar el modelo de bienal, huir de aquellas que ofrecen muchos espacios para poder afrontar el reto de la sostenibilidad. Se plantea cómo hacer esas bienales “en tiempos de emergencia ecológica” y traslada las pautas que practica en los museos, a toda la ciudad. Así lo hizo en Cuenca, donde la Bienal pivota sobre tres ejes: el conocimiento ancestral y tradicional, los escenarios futuribles y un ecofeminismo crítico, que a su vez se trasforman en un decálogo de sostenibilidad que incluye, entre otros aspectos, la calidad, el concepto de kilómetro cero para evitar traslados de obras o materiales, un discurso positivo, reducción de huella de carbono, el uso de materiales naturales o la economía circular. La comisaria de arte fue mostrando las distintas intervenciones en esa Bienal.

Otro de sus proyectos es “Overview effect”, en Belgrado. Ese concepto nace del choque cognitivo que sufren los astronautas cuando ven por primera vez La Tierra desde el espacio. La exposición se pregunta si es necesario salir del Planeta para tener esa perspectiva y aborda la comprensión de las complejidades de la justicia ambiental. La segunda parte de este proyecto discurre en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria en una exposición colectiva de setenta artistas en la que se cambia la perspectiva “con los pies en La Tierra”: “Si le damos la vuelta llegamos a las mismas conclusiones”. Señaló De la Torre, que en Belgrado ya había desarrollado pautas de sostenibilidad “muy radicales” que reforzó en Canarias, donde el cien por cien fue producción local y no se hizo ningún traslado de obras o materiales desde fuera de esa isla.

“Fabular un mundo diferente” nace de la propuesta de una exposición itinerante que la comisaria adapta para que cada proyecto esté relacionado con su entorno, con su contexto, partiendo de la premisa de que una exposición “no vale para cualquier sitio”. Así, planteó la muestra como una matriz que se desarrolla en cada ciudad de manera diferente. Las intervenciones tienen una base común pero recogen las características locales, como es el caso, por ejemplo, de ‘Diálogos desde la catástrofe’, que confronta el desastre del Prestige con otra catástrofe ambiental cercana al lugar donde se expone en cada ocasión.

Terminó con otro proyecto, recién inaugurado en Granada, “Hebras y urdimbres”, que explora todas las dimensiones metafóricas en torno a la idea de tejer, una práctica asociada al mundo femenino.

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Alfonso Sanz: «Las carreteras no son un fin, sino un soporte para desplegar el nuevo modelo de movilidad que necesita este territorio único»

“Si me preguntaran con qué concepto debería salir la gente de esta sala, sería el de invertir la jerarquía, completamente trastocada, en la que se ha venido proyectando el sistema viario en Lanzarote, en la que el territorio se tiene que adaptar a la carretera. Los tres conceptos que titulan este informe: territorio, movilidad y carreteras ―señaló Alfonso Sanz― no están ordenados al azar, sino como reflejo de una jerarquía que debería estar alineada a la hora de tomar decisiones, compatibles con la sociedad actual: primero el territorio, luego el sistema de movilidad y, por último, el viario”.

El redactor del informe para la Fundación César Manrique (FCM) indicó que “lamentablemente, todavía hace falta recordar que las carreteras no sirven únicamente para la circulación de los vehículos motorizados, sino que son vías de comunicación para otros modos de desplazamiento como, por ejemplo, las personas que caminan o pedalean. Obviar esas y otras funciones solo ocurre si, al pensar las carreteras, se olvida el contexto del espacio social y físico que atraviesan”.

Alfonso Sanz

Alfonso Sanz, técnico urbanista, presentó este jueves, 3 de octubre, en la sala José Saramago el informe Territorio, movilidad y carreteras. Una nueva perspectiva para Lanzarote, elaborado por encargo de la FCM. Pensar las carreteras como si no hubiera límites al crecimiento ya no es de recibo, a juicio de Sanz y de la FCM. La oleada de obras previstas en las carreteras de Lanzarote choca de frente con los compromisos ambientales y climáticos y con la identidad del paisaje insular. Se estandarizan las infraestructuras y dejan de lado la visión pionera de César Manrique y Pepín Ramírez, que Sanz llamó “modelo Manrique-Ramírez” de la relación territorio-carretera, que ha sido la marca diferencial de la isla.

Alfonso Sanz analizó el marco regulatorio que afecta a la movilidad, tanto el europeo, como el estatal, autonómico e insular, para determinar cómo encajan o desentonan las actuaciones programadas en el viario de Lanzarote. En concreto, aludió más específicamente a la reducción de emisiones y de tráfico urbano como objetivo principal, mientras señaló que la política de movilidad no es una política aislada, sino que está en consonancia con muchas otras. Está afectada por leyes como la de cambio climático y transición energética, la Ley de Movilidad Sostenible o la Ley del Ruido. Advirtió que las zonas de bajas emisiones no solo afectan a ciudades de más de 50.000 habitantes, como Arrecife, sino también a territorios insulares y que Lanzarote no está actuando en este sentido.

En cuanto a las leyes autonómicas, señaló que asumen el discurso europeo y nacional, pero existe una contradicción explícita entre el marco normativo y las decisiones que se toman. Por ejemplo, un elemento “de gran opacidad” que no se trata de una planificación sino de “compadreo de intereses” es el Convenio de Carreteras Canarias-Estado, que provoca reiterados desajustes en el territorio y no contribuye a enfocar adecuadamente las políticas de movilidad. En la isla, según advirtió el redactor, el Plan Insular de Transporte y Movilidad no contiene directrices sobre la política de carreteras: “Se sustituye la planificación en movilidad por documentos que solo programan inversiones”, dijo Sanz, que pidió que se incorporen las políticas de carreteras de Cabildo y Gobierno de Canarias al marco legislativo, supeditando las inversiones a la planificación y no al revés, un asunto este clave que provoca reiteradas distorsiones.

Sanz señaló asimismo que la planificación insular pretende aumentar los desplazamientos peatonales y el transporte público sin tocar las carreteras “sin embargo, si no hay un cambio de orientación del modelo, es una meta de difícil alcance”.

Aportó datos sobre el modelo actual que revelan que Lanzarote es un espacio donde el índice de vehículos por cada mil habitantes es muy superior al de territorios con una renta mucho mayor y donde el desplazamiento en vehículo privado es superior a la media española. “Esa sobreabundancia de turismos no debe ocultar la existencia de un número no pequeño de hogares en los que no se cuenta con ningún tipo de vehículo motorizado, cifrado en un 16,4% del total”. “También es llamativa la proporción de la población de Lanzarote que no puede conducir automóviles, que asciende al 46% del total o al 30% si no se tiene en cuenta a los menores de 19 años. Si se contemplan otras circunstancias como la renta, la disponibilidad de automóvil, la condición física, la elección personal u otras razones, se puede afirmar que más de la mitad de la población lanzaroteña no tiene acceso autónomo al uso del automóvil”. Asimismo, apuntó el declive del transporte público en Arrecife que, si bien ha aumentado tras la pandemia, en conjunto ha perdido más de 200.000 viajeros en quince años. “La movilidad es el principal reto climático y ambiental de Lanzarote”, concluyó.

Las carreteras del que Sanz llamó el “modelo Manrique-Ramírez” se adaptaban al lugar, mientras que las que se proponen actualmente se superponen al territorio. Se trata de carreteras “sin contexto”, de fórmulas que aplican lógicas que sirven para cualquier lugar, absorben ingentes cantidades de recursos, mantienen criterios de diseño rígidos, obvian los requerimientos de los modos alternativos de movilidad y de adaptación al contexto climático y de descarbonización y tampoco se adaptan a lo social. Puso como ejemplo desafortunado, la reciente intervención viaria entre Nazaret y el Complejo Agroindustrial, la LZ-408, donde un colegio queda encerrado entre una rotonda y los aparcamientos contiguos.

Sanz propone contextualizar el viario en relación con el lugar y tener una nueva perspectiva para las carreteras de la isla. Esta es una corriente que ya se está extendiendo en Estados Unidos basada en tres premisas: las carreteras deben ser sensibles al contexto en el diseño y el desarrollo del proyecto; deben ser completas, es decir, que sirvan no solo al coche privado, sino también al transporte público, la bici o el peatón; y, por último, su diseño debe ser flexible. Esta corriente también ha llegado a algunos lugares de España. Se trata de una “estrategia de movilidad segura y sostenible” y supone pasar de hacer infraestructuras a hacer políticas de movilidad. “Construir infraestructuras no es un fin en sí mismo, sino un medio para asegurar la movilidad”.

Finalmente, compartió algunas conclusiones: pensar primero el territorio, repensar el modelo de movilidad, planificar las carreteras en consonancia con el territorio y la movilidad, frenar los nuevos desarrollos de carreteras que promueven el viejo modelo de movilidad anclado en la lógica del crecimiento indefinido del uso el automóvil y actualizar la perspectiva Manrique-Ramírez para la concepción y diseño de las carreteras introduciendo las nuevas tendencias que prioricen inversiones públicas destinadas a poner en práctica estos conceptos.

Alfonso Sanz y Fernando Gómez Aguilera

“Es una batalla cultural”

El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, moderó el coloquio posterior a la intervención del ponente. En su introducción, expuso que el propósito de la Fundación ha sido ampliar el debate de las carreteras en un contexto amplio: el de la necesidad de repensar la movilidad insular, y no en el de construir o no esta o aquella carretera. El problema es el uso intensivo y creciente del automóvil privado, sin prácticamente alternativas eficientes y dignas de transporte público y de otras movilidades activas. Recordó que, en 1998, la FCM ya planteó un documento que analizaba una por una las carreteras previstas, elaborado por Antonio Estevan, donde ya manifestó su oposición general al desdoblamiento de las vías, como, por ejemplo, ya entonces, a la LZ-2 y consideraba que “ahora conviene más dar soporte a la reflexión sobre una nueva forma de entender la movilidad de la isla porque hace falta cambiar el chip” para no repetir el mismo debate estéril 25 años después. En los últimos veinticinco años, la Fundación ha elaborado diversos informes de movilidad y presentado alegaciones en períodos de información pública a proyectos de infraestructuras viarias en Lanzarote, en los años 1998, 2001, 2003, 2004, 2006, 2014, 2023 y 2024.

“Esto es una batalla cultural, de mentalidades y debemos actuar sobre la mentalidad colectiva”, señaló Gómez Aguilera, que destacó que las carreteras “son el síntoma de un problema mayor, que afecta a cómo organizar los desplazamientos de personas y mercancías de una forma justa y equitativa socialmente, sostenible y sensible con el territorio, de modo que los ciudadanos puedan optar por si emplean el automóvil para desplazarse o, por el contrario, si se mueven en guagua, bicicleta o a pie en condiciones favorables que rompan con el efecto inducido del uso del automóvil que provoca la continua e ineficiente ampliación de la capacidad de las carreteras”. También destacó “la cantidad de trabajadores y jóvenes de la isla obligados a tener desplazamientos de pésima calidad”, apuntando que para mejorar los desplazamientos es necesaria la estabilización y reducción del tráfico de vehículos en una primera fase, para luego demandar inversiones en mejoras sustantivas en el transporte público favoreciendo y aumentando la seguridad en los desplazamientos activos y sostenibles.

Descargar documento: Síntesis del informe: Territorio, movilidad y carreteras

Acceso al informe sobre carreteras de Lanzarote de 1998: Informe de carreteras (1998)

Grabación de la presentación: Grabación

Informe. Territorio, movilidad y carreteras

Alfonso Sanz, técnico urbanista, presentó el día 3 de octubre de 2024, en la sala José Saramago el informe Territorio, movilidad y carreteras. Una nueva perspectiva para Lanzarote, elaborado por encargo de la FCM. Pensar las carreteras como si no hubiera límites al crecimiento ya no es de recibo, a juicio de Sanz y de la FCM. La oleada de obras previstas en las carreteras de Lanzarote choca de frente con los compromisos ambientales y climáticos y con la identidad del paisaje insular. Se estandarizan las infraestructuras y dejan de lado la visión pionera de César Manrique y Pepín Ramírez, que Sanz llamó “modelo Manrique-Ramírez” de la relación territorio-carretera, que ha sido la marca diferencial de la isla.

Descargar síntesis del documento: Síntesis del informe. Territorio, movilidad y carreteras

Descargar documento completo: Informe Territorio, movilidad y carreteras. Una nueva perspectiva para Lanzarote

Presentación del informe: Crónica de la actividad

Grabación de la presentación: Grabación

Isabel Lusarreta: «Espero que este libro sirva para sacar a Antonio Álvarez de la zona de sombra en la historia de esta isla»

En las primeras fases de su investigación para la escritura del libro, a Isabel Lusarreta, autora de Antonio Álvarez. La mano izquierda de Pepín Ramírez, el nuevo volumen de la colección Islas de Memoria, le perseguía esta frase, que le repetían muchos de los entrevistados: “Antonio Álvarez no ha sido un hombre suficientemente reconocido”.

“Era un estímulo enorme escuchar aquella frase porque significaba que por fin llegaba su momento y además iba a poder contribuir a sacarlo de esa zona de sombra”, señaló la periodista en la presentación del libro en la sala José Saramago, el día 26 de septiembre, junto a los periodistas Soraya Morales y Saúl García. “Pero a la vez era un reto porque significaba que prácticamente no había nada sobre él escrito”.

Saúl García, Isabel Lusarreta y Soraya Morales

La autora comenzó narrando la vida “de novela trágica” de Álvarez, que fue vicepresidente del Cabildo durante trece años, pero que llegó por obligación a Lanzarote para poder seguir con su oficio de telegrafista. Lo hizo en 1940, con 30 años, represaliado por el régimen de Franco porque había pertenecido a la CNT y a Izquierda Republicana y después de la Guerra Civil, en la que participó en los dos bandos, y tras una infancia marcada por la pérdida de su padre y varias hermanas por culpa de la tuberculosis.

Lusarreta contó los tres momentos que le marcaron cuando preparaba el libro: la primera entrevista, que fue al hijo mayor de Antonio, quien le transmitió “el entusiasmo y el cariño por el personaje”, la primera visita a la casa familiar con su hija Marisol y “cuando aparecieron los diarios”. Álvarez escribió diarios durante la Guerra, “una línea inagotable para el proceso de documentación”. Eran de pequeño tamaño, pero de gran valor y con apuntes telegráficos sobre cómo se sentía, los cuales la autora ha incorporado al libro. Dos ejemplos: “Granollers. Llueve y tengo tristeza” o “Esto es eterno y creo que será toda mi vida”.

“Lo que justifica este libro es lo que ocurrió en la isla en los años sesenta, cuando Antonio Álvarez fue vicepresidente del Cabildo”, señaló Lusarreta, pero también se narra en esta obra el contexto de la posguerra, en el que se incluyen otras depuraciones y personas que sufrieron los rigores de la dictadura que “ayudan a entender la forma de ser de Antonio Álvarez”. “Eso explica muchos de sus silencios, de sus miedos, de sus recelos, en definitiva, mucho de su personalidad”. “¿Cómo llega un represaliado a convertirse en vicepresidente del Cabildo, a manejar sus presupuestos”?, preguntó Soraya Morales. “Sigo sin explicarme lo que acabas de plantear”, contestó Lusarreta.

Isabel Lusarreta

Otro contexto, u otro espacio que aparece en el libro es la farmacia Matallana, en la Calle Real, donde Álvarez encuentra varias cosas: un trabajo como contable, que complementa el sueldo de Telégrafos, una tertulia y una esposa, Lila Matallana, hija del farmacéutico. También conoce allí a Pepín Ramírez, que lo reclama como vicepresidente un año después de su llegada a la institución.

Álvarez fue para Ramírez un apoyo fundamental en sus deliberaciones y en sus decisiones y ambos se atrevieron a denunciar la corrupción instalada en el Cabildo, que acabó con condenas de cárcel para el interventor y el depositario. “Los dos forjaron una relación muy fuerte, eran hombres serios, rectos, cultos, formados, con muchas inquietudes en común, muy familiares también y poco dados a los eventos sociales, tímidos los dos, aunque a Antonio se le notara menos, y era el que se encargaba de hablar, de dar los discursos del Cabildo”, explicó la autora.

La denuncia fue sonada. “No es ya sólo que estuvieran denunciando a un conocido, es que era familia, yo creo que eso es ser honesto. En casos de corrupción hay un denominador común y es que nadie ataca a los suyos, y esa fue la gran diferencia que marcaron ellos. Porque al final, era el dinero de todos y Lanzarote lo necesitaba, era indispensable”, dijo Lusarreta.

Álvarez estuvo al frente de áreas como Hacienda o Turismo, que fueron “el motor de todo”, pero también de Educación y en la Comisión de Obras Públicas. “Le da mucha importancia a la educación pública y a mejorar las infraestructuras educativas y hablaba de la necesidad de construir viviendas sociales”. Y además tenía otro papel menos conocido: “Era un fiel guardián de los diseños de César”. Estaba a pie de obra, muy pendiente de cada detalle de las instrucciones para que, cuando César se ausentaba, se respetara cada particularidad. Muchos lo definieron como “la mano que movía todas las cosas, el ejecutor, el hombre de batalla, el que afianzaba las ideas y los proyectos”. El día que murió, César Manrique hizo esta anotación en su diario: “Ha muerto mi gran amigo y colaborador en el nacimiento de Lanzarote”.

Isabel Lusarreta con los hijos de Antonio Álvarez

Para muchos era o sigue siendo Antonio el telegrafista. También fue responsable de la Radio Costera, que le ayudó a tomar el pulso a la sociedad lanzaroteña, “a esa sociedad pobre y ese mundo de pescadores”. Al final de su vida, con setenta años, participó además en las reuniones de la primera asociación ecologista que hubo en la isla, junto a personas mucho más jóvenes que él.  

Lusarreta finalizó explicando que el título “surgió solo”. “Tenía claro que había sido la mano derecha de Pepín Ramírez, pero al ir a escribirlo me salió añadir: o quizá la izquierda”. No solo era un hombre de izquierdas, un demócrata convencido, sino que aglutinaba bastante bien a distintos sectores y cuando había un tema polémico de debate en el pleno, solía mediar. “Vamos, que tenía mano izquierda”.

El final de la intervención se centró en la necesidad de que sea reconocido su papel institucionalmente. “Es un personaje entrañable y ha sido muy injusto este olvido”. Era un gran admirador de Manuel Azaña y Lusarreta quiso terminar con una frase del que fuera presidente de la República, que decía que en España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro. “Espero que con este libro no pase lo mismo y que sirva para sacar a Antonio Álvarez de esa zona de sombra y ocupe el lugar que le corresponde en la historia de esta isla”.

Más información: Nota de prensa

Óscar Carpintero: «Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas»

“Desde cualquier perspectiva, si nos remontamos a cincuenta años atrás, ecológicamente estamos peor”. Según Óscar Carpintero, profesor de Economía de la Universidad de Valladolid, es paradójico, porque “ahora sabemos mejor por qué estamos peor” pero sin embargo “cuanto más sabemos, menos hacemos por remediarlo”. El día 27 de junio, en la sala José Saramago, Carpintero impartió la conferencia titulada ‘Límites, transición energética y escenarios postcrecimiento’, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’. “Si atendemos a las emisiones que se han producido en el periodo en que se han celebrado las últimas cumbres sobre el clima, cuanto más nos preparamos para afrontar el problema, más aumentan las emisiones: Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas”, expresó el ponente.

El cambio climático, en el fondo, no es más que una manifestación de los límites. Estamos dentro de una crisis energética, pero también en una crisis de los límites, tanto por el lado de los residuos como por el lado de los recursos. Nos enfrentamos, eso sí, a una novedad histórica. A lo largo de la Historia todas las transiciones se han saldado con un uso de energía mayor, tanto total como per capita. La novedad es que en esta transición la disponibilidad de energía va a ser menor que en el pasado. En 2035 se prevé extraer un tercio del petróleo convencional que se extraía en 2010. Incluso, aunque el petróleo no tuviera un techo, cabría preguntarse si podríamos quemar todo el petróleo que quisiéramos. La respuesta es sencilla: no, porque tenemos el límite del cambio climático.

Carpintero destacó que es esencial hablar de economía cuando nos referimos al cambio climático. La relación entre el Producto Interior Bruto (PIB) y las emisiones es muy estrecha. Es difícil reflexionar sobre el cambio climático sin profundizar en el sistema económico. De esta manera, ¿cuánto tendríamos que reducir las emisiones para no tener que sobrepasar ese aumento de 0,5 grados centígrados de temperatura media en el planeta? Aunque no hiciéramos nada, la inercia nos llevaría ya a ese escenario, pero es que no estamos reduciendo las emisiones, sino que las seguimos incrementando a un ritmo de un seis por ciento anual. Es más, si se cumplieran los planes de reducción de emisiones que han presentado los 168 países, las emisiones aumentarían entre un 19 y un 37 por ciento, porque las reducciones previstas no son totales, sino relativas, por unidad de PIB. Con este escenario, el incremento de la temperatura podría ser de entre 3 y 4 grados.

¿Qué se tendría que haber hecho en la Cumbre de París para que llegáramos a un escenario razonable? ¿Cuánto petróleo deberíamos quemar para cumplir el objetivo? ¿O cuánto deberíamos dejar de quemar para mantener la temperatura por debajo de un aumento de 0,5 grados? Deberíamos dejar de extraer el 58 por ciento del petróleo que queda, el 59 por ciento del gas y el 90 por ciento del carbón. Lo que pasa es que esos recursos pertenecen a empresas, por lo que hace falta una negociación para compensarlas, algo que no se ha abordado. De manera más coloquial: “Llevamos treinta años mareando la perdiz” en unas cumbres del clima que tienen, como dice Federico Aguilera Klink, una “función ceremonial”. La única vez que se planteó algo similar lo hizo Ecuador, que estaba dispuesto a no extraer petróleo si se le compensaba por ello. La comunidad internacional no respondió. Tan solo se cubrió el cinco por ciento del fondo de compensación previsto.

Prosiguió Carpintero que cuando hablamos de cambio climático estamos abordando un debate sobre la igualdad. Ahora, el 1 por ciento de los países que más emiten son responsables del 17 por ciento de las emisiones totales y el 10 por ciento de los países emite más del 30. En el otro lado, la mitad de la población mundial es responsable solo del 12 por ciento de las emisiones. En España deberíamos reducir el 90 por ciento de nuestras emisiones brutas, quedarnos solo con la cifra de las que hoy genera Andalucía. Eso supone “una transformación muy importante”.

La segunda parte de la conferencia de Carpintero, se centró en los escenarios posibles de la transición. Hay dos tipos de soluciones. El primero es acudir a las soluciones convencionales, como las del “pacto verde” o el “crecimiento verde”, que plantean que siga creciendo la actividad económica y el consumo pero, en lugar de con combustibles fósiles, mediante energías renovables. ¿Es factible sustituir toda la energía fósil por energía renovable? De momento, las renovables solo abarcan una cuarta parte de las necesidades energéticas y se centran principalmente en la electricidad.

“Llegamos 30 o 40 años tarde para esta sustitución”. Hay otra limitación: los costes ambientales. Con la lógica de la expansión, no se asumen los límites y “se peca de optimismo tecnológico, cuando la tecnología nunca ha sido un buen aliado ecológico”. No se tiene en cuenta que para instalar ahora y renovar después estas energías renovables, hace falta un gran consumo de energías fósiles y de materiales. Es la conocida como “trampa de la energía”. Si sustituyéramos todos los coches actuales que hay en el mundo, unos 1.400 millones, por coches eléctricos, acabaríamos con todas las reservas de aluminio, cobre, cobalto, magnesio o níquel solo para los vehículos, sin poder emplearlos en otros usos. En ese escenario, España debería dedicar toda su capacidad eléctrica solo para cargar los coches: “Cuando se hacen estas cuentas elementales, la burbuja explota”.

Millones de coches duermen en la calle en nuestro país. Para poder recargar esos coches durante la noche haría falta poner un poste eléctrico cada cinco metros de acera aproximadamente. Si fueran postes de 22KW, como los que quiere instalar el gobierno en las gasolineras, en ciento veinticinco metros de calle habría que tender un cableado junto con los postes para poder suministrar más de un megavatio (MW) de potencia. Una ciudad como Madrid, con más de mil kilómetros de calles, necesitaría cableados, subestaciones eléctricas y sistemas de control para disponer de unos 8GW de potencia (es decir, como todas las centrales nucleares de España). Si extrapolamos estos datos para el resto de España, estaríamos hablando de más de 100GW (igual que la capacidad eléctrica máxima de España). (Antonio Turiel, 2020, en Petrocalipsis, p. 145)

El segundo tipo de soluciones son las basadas en el decrecimiento o el post crecimiento, que no son sencillas pero “al menos miran el problema a la cara”. Carpintero dejó claro que es una propuesta que se hace a los países ricos, no a los países que aún no cubren sus necesidades. Para llegar a este este escenario es necesario hacer políticas de prevención del empleo y de reparto del trabajo, una reforma fiscal y del sistema financiero profunda y llevar a cabo una macroeconomía ecológica porque el PIB no es un buen objetivo ya que no tiene relación con el bienestar. Hace falta medir la economía de otra manera.

Carpintero recordó la “teoría de la rosquilla”, de la economista inglesa Kate Raworth, según la cual hay que buscar un espacio seguro y justo, tanto desde el punto de vista ecológico como social, que tenga en cuenta los límites ecológicos y el suelo social. Actualmente, ningún país entra dentro de estos parámetros. En el año 2050, para estar dentro de los límites de esa rosquilla, el consumo energético debería estar entre 13 y 18 gigajulios por habitante, y ahora está entre 5 y 200. En España está cerca de 100. Sería necesario un descenso en los niveles de consumo del 60 por ciento cuando va a haber un 30 por ciento más de población.

Como consideraciones finales, Carpintero señaló que “la distancia entre lo que tendríamos que hacer y lo que parece probable políticamente es muy grande”. También dijo que es muy improbable que asistamos a una transición tranquila y que puede haber un colapso, que no sería “de un día para otro”. Si se dirige la acción hacia un escenario de post crecimiento, que es un escenario a contracorriente, habrá que gestionar los conflictos. Acabó la conferencia solicitando no perder nunca la perspectiva global, poner el foco en la investigación, asumir la naturaleza humana y evitar la ilusión del optimismo tecnológico. “La solución óptima es minimizar los remordimientos futuros”.

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Grabación de la conferencia: Grabación

Rosa María Regueiro: «El modelo eólico alienta la participación de las empresas, deja de lado a las comunidades y provoca inseguridad jurídica»

El modelo eólico español actual alienta la participación de las empresas, deja de lado a los agentes implicados en su desarrollo y provoca inseguridad jurídica, afirmó el jueves 20 de junio, Rosa María Regueiro, experta en economía ecológica, durante el taller titulado: «El desarrollo eólico en el contexto de crisis ecosocial», impartido en la sala José Saramago de la FCM. En este sentido, la profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela, matizó que nos encontramos ante «una crisis energética provocada por un modelo que ha cambiado, sustituyendo parte de la energía fósil, para seguir igual».

Esta crisis es multifactorial, a diferencia de las anteriores que estaban basadas solo en la oferta y la demanda. Al modelo hegemónico fósil nunca le ha importado el entorno ni los límites de la biosfera y “es importante señalar que los recursos no se originan a la misma velocidad que los consumimos”. Por otro lado, sigue habiendo personas que no disponen de electricidad, incluso en España, donde existe pobreza energética, que es una situación provocada por el propio modelo. Regueiro también indicó la importancia de conocer las relaciones de poder derivadas de la propiedad de la energía ya que están detrás de las decisiones políticas y geoestratégicas. España, y la Unión Europea, en general, tienen una gran dependencia energética del exterior.

Hay otro elemento relevante: las energías renovables no son sustitutivas del modelo hegemónico fósil, están diseñadas para que sean complementarias. Tienen la ventaja de que no producen emisiones pero su construcción, mantenimiento y desmantelamiento no es inocuo. El sistema fósil sigue siendo hegemónico, queda mucho camino para que deje de serlo y es difícil que cambie porque va de la mano del modelo productivo. No es factible que cambie de forma sustancial en los próximos treinta años. Regueiro señaló que ya se habla, no de la Agenda 2030, sino del horizonte de 2050 o 2070: “La adaptación no está siendo tan rápida y esto tiene que ver con la limitación de los recursos”. El pico máximo de petróleo disponible de calidad ocurrió ya en el año 2010. Puede haber reservas por descubrir, pero su coste de extracción es mucho más caro, al igual que pasa con el gas natural y con otros materiales imprescindibles. “Así que tenemos que cambiar”, dijo.

Los países que importan energía tienen ese problema, el de la dependencia energética. Desde 2021 India juega un papel estratégico en silencio. Compra energía a Rusia y la vende a Europa. Las cifras de compra y venta indican el juego de poder y el dominio de quien tiene los recursos frente a quien los necesita. En un futuro próximo será clave lo que ocurra en el Estrecho de Ormuz. Si hay problemas que dificulten el transporte en esa zona, el precio del barril de Brent subirá mucho “y muchos países van a tener un serio problema”. El 43 por ciento del gas natural de la Unión Europea venía de Rusia antes del conflicto con Ucrania. Cada país, no obstante, tiene unas dependencias diferentes. España depende más de Argelia que de Rusia. Por otra parte, el gas licuado, que es más caro, puede venir por barco desde Estados Unidos. “Hay que ser conscientes de las implicaciones que se derivan del acopio energético”.

Con los minerales pasa lo mismo: escasean y sus precios suben. El litio, por ejemplo, es fundamental no solo para los móviles o los automóviles, sino para construir aerogeneradores. De ahí la importancia de que se puedan reciclar e incorporarlos a una economía circular. En este mercado, las empresas dedicadas a la eficiencia energética y a las bajas emisiones son las mismas que las que venden petróleo. Hay cuatro grandes fondos de inversión que dominan el mercado del modelo fósil energético en el mundo.

Para Regueiro, “un detalle preocupante es la situación de pobreza energética” en España, donde el número de hogares que no puede mantener una buena temperatura creció entre 2015 y 2021 un 3,6 por ciento frente a una subida media menor en Europa, del 2,7. La profesora de la Universidad de Santiago también explicó el funcionamiento del sistema marginalista de fijación de precios, que es complejo y en el que el precio lo marca la última tecnología que entra en la red. Es un modelo que genera distorsiones: las energías renovables perciben una sobrerremuneración y el gas y el petróleo se compran por su precio futuro. Las mismas empresas que venden electricidad son las que compran, y el mercado, en el fondo, se ha convertido en un mercado financiero.

El cambio climático tiene la capacidad de alterar las posibilidades de obtención de energías renovables al modificarse las condiciones de sol, lluvia y viento. China es la primera potencia eólica mundial, seguida de lejos por Estados Unidos, Alemania, India, España y Reino Unido. La eólica marina está despegando, pero China también está a la cabeza.

El modelo pionero en la eólica fue el de Dinamarca, que comenzó en 1973. Se trata de un modelo que “no dejó a nadie fuera”, desde las grandes empresas a los consumidores, y esa fue su baza para el triunfo. Promovió un modelo asociacionista de propietarios, que tenían derecho a una remuneración acorde al beneficio que se iba a obtener. Eso dio garantías jurídicas a los propietarios y les dio la oportunidad de entrar en el sistema.

Mientras que otros países sí adoptaron algunas de las características del modelo eólico danés, en España esto no se dio. En Dinamarca, el 85 por ciento del negocio está en manos de los propietarios. “Es importante incluir la protección del entorno y de las comunidades locales y por ello deberían recibir un beneficio y cerrar así las puertas a la especulación”, señaló Regueiro. En este sentido, explicó cómo en Japón, mediante fondos soberanos, el 70 por ciento de los parques eólicos está en manos de amas de casa o en Bélgica hay una cooperativa con 24.000 socios y en Dakota (EE.UU.) otra que surte de energía a 2,8 millones de personas.

El modelo eólico en España es un “no modelo”, según Regueiro. En Galicia, de setenta proyectos en marcha, sesenta están parados por el Tribunal Superior de Justicia ya que incumplen la declaración de impacto ambiental. En España no hay una norma eólica integral, sino una sucesión de normas con alcance parcial y cada comunidad autónoma se rige por su norma. Mientras que la eólica marina depende del Ministerio, la terrestre, si es de menos de 50 megavatios, depende de las comunidades autónomas, con lo cual se produce “la trampa de los 50 megavatios” porque se trocean los proyectos, entre otros controles, para evitar la evaluación ambiental.

Para instalar un parque eólico es necesaria la inversión de mucho capital, sin embargo no se ve reflejado en la generación de empleo. Un megavatio cuesta aproximadamente un millón de euros. Durante su construcción crea unos trece empleos por año y megavatio mientras que, para su mantenimiento, solo es necesario un empleo por cada cinco megavatios. En Canarias, de momento, la penetración de la energía eólica está en el 16,2 por ciento, mientras que en España es del 22,4. Es un modelo muy productivista que alienta la participación del sector empresarial y deja de lado a las comunidades y los pequeños propietarios, provocando inseguridad jurídica. “La duda es si se va a trasladar este modelo a la eólica marina”.

Finalmente, Regueiro abordó los retos, como la afectación ambiental sobre el territorio —tanto de la eólica terrestre como de la marina— que también tiene un impacto multifactorial: hidrodinámicas, sonidos, materiales de construcción actividad naval, impacto visual… Hay que estudiar todas esas afecciones, al igual que las sociales, al entorno o a la vida tradicional: hay conflictos entre vecinos, ocupación de áreas de ocio, etc. En casi todos los modelos, también fuera de España, existe “falta de credibilidad, compromiso y transparencia”. Hay inconvenientes provocados por la instalación de la energía eólica en todo el mundo.  En lugar de fijarse en el modelo danés, que es el que más experiencia posee, “parece un proceso de neocolonización”.

Respecto a la eólica marina hay un informe del Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) del año 2023 que advierte sobre sus posibles efectos adversos. Alerta sobre la posible generación de problemas prácticos, que aún no han tenido atención, y pide evitar esos conflictos a la vez que se protege el medio ambiente, garantizando así la convivencia con otras actividades. En España, el Real Decreto 150/2023 define cinco zonas de uso prioritario para la instalación de parques eólicos marinos. De los 40 proyectos previstos en territorio español, 21 están en la provincia de Las Palmas.

A pesar de la ausencia de datos claros en más del 80 por ciento de estos proyectos, lo seguro es que escasearán los materiales para su construcción, y su instalación tendrá un impacto visual. Además, se puede dar otra “trampa” y es que la extracción de materiales necesarios para su montaje y su fabricación consuman tanta energía y se produzcan tantas emisiones como las que se pretenden ahorrar con su puesta funcionamiento. “Seguimos haciendo mal el proceso de extracción de esos materiales y, por otro lado, no debemos olvidar que la economía circular de reciclaje nos puede ayudar”.

Como consideraciones finales, Regueiro aseguró que “el triálogo energía-biosfera-materiales es imprescindible” y no se puede aplazar hasta el año 2050. “Cambiar el modelo de producción y de consumo es inaplazable”. Sigue siendo un modelo asimétrico, no inclusivo y que está dominado por los fondos de inversión, pero no hay aceptación social. “No dupliquemos este modelo en la eólica marina porque no ha funcionado en las anteriores”, demandó Regueiro en su apuesta por poder contar con instrumentos conceptuales que nos permitan obtener información sobre los materiales disponibles porque es esencial contabilizar y gestionar el capital mineral del planeta.

En este sentido, el Derecho Internacional tendría algo que decir sobre el impacto global de la degradación causada por el modelo energético. También hace falta una transición política, económica y cultural “porque si no perdemos todos, hasta los que creen que ganan”. La Unión Europea sigue dependiendo mucho del petróleo, tiene una gran debilidad energética, las renovables siguen siendo complementarias, no hay un modelo inclusivo y hay que prevenir la pobreza energética. En definitiva, “hay que aprender de las lecciones recientes”.

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