Guía para abordar el alquiler vacacional: soluciones urbanísticas, fiscales y turísticas

Alquiler vacacional. ¿Qué hacemos? Una realidad y una pregunta que abordó este seminario celebrado en la sala José Saramago los días 17 y 18 de mayo con la intervención de cinco profesoras de Derecho público de varias universidades. El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, abrió el seminario recordando que el tema supone “uno de los asuntos más candentes de interés público” sobre el que hay “una fuerte controversia”. Los datos que afectan a Canarias hablan de que este tipo de oferta supone el 23 por ciento de la total y un impacto de 1.500 millones de euros, mientras que en Lanzarote hay unas 72.500 plazas turísticas tradicionales oficiales, y se calcula que están en el mercado unas 31.000 camas en este tipo de viviendas. Gómez Aguilera dijo que asistimos a “signos de ruptura del modelo tradicional” y que se están generando problemas de convivencia, gentrificación, escasez de viviendas, economía sumergida o una confrontación con un derecho fundamental, como es el derecho a la vivienda digna. Apostó por buscar equilibrios: “El juego está cambiando y debe haber nuevas reglas”.

Ester Machancoses, Joana Socias, Ana Mª. de la Encarnación, Alba Nogueira y Mariola Rodríguez Font

Regulación

Alba Nogueira, de la Universidad de Santiago de Compostela, habló de la distribución de competencias en la regulación. Afirmó que era la primera vez que asistía a un encuentro en el que todas las ponentes eran mujeres y avanzó que el de la vivienda vacacional es un “panorama competencial complejo y difícil de regular con voluntades políticas contradictorias”. Hay que ordenar y hay que hacerlo en función de los objetivos de desarrollo sostenible y la economía circular, que aparecen en la nueva Agenda urbana de Naciones Unidas. Y hay que hacerlo con la Directiva Bolkenstein vigente, que obliga a demostrar que cualquier limitación para ofrecer servicios debe pasar el triple test: que las medidas sean proporcionadas, necesarias y de interés general. En España, las normas de transposición de esta directiva son aún más liberales, por lo que “las autoridades españolas están por no controlar salvo causas muy justificadas”. Así pues, quienes han intentado regular, o limitar, son las comunidades autónomas y algunas ciudades, y la respuesta ha llegado de la mano de la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC) recurriendo esas regulaciones porque limitan la competencia. Para Nogueira, “los decretos autonómicos pecan de un excesivo enfoque turístico”. La clave es saber qué medidas hay que tomar, y Nogueira apuntó dos tipos: las relacionadas con la ordenación territorial y las que tienen que ver con el derecho a la vivienda. En el primer caso, ya hay una sentencia en Holanda que avala estas medidas que prohibían que se instalara el comercio tradicional en las afueras con el fin de que el centro no se quede vacío y que sea más seguro. También se puede alegar el desarrollo sostenible como límite al crecimiento. En cuanto al derecho a la vivienda, el Tribunal Constitucional se está alineando “de forma clara” con la visión más liberalizadora. Para Nogueira, en definitiva, hay un papel impropio de la CNMC y una dejación del Estado, y hay que hacer normas más exhaustivas, que pasen el triple test.

En Cataluña

Mariola Rodríguez Font, de la Universidad de Barcelona, expuso la experiencia reguladora en Cataluña, que se remonta al año 2012 y que ahora se va a modificar. Habló del nacimiento de la figura del “prosumidor” (productor y consumidor), ya que los ciudadanos se ponen del lado de la oferta y de la demanda, y el reto es darles cobertura legal. “La cesión de viviendas se ha hecho siempre —señaló—, el problema es el auge”. Las plataformas de intercambio, sin embargo, se han llenado de profesionales, y hay que diferenciar el ejercicio profesional, del ocasional. En Cataluña, en cuanto a los hogares compartidos o “homesharing”, se proponen varias medidas para su regulación pero fuera de la normativa turística, con una intervención mínima. Se plantea un registro voluntario aunque quedan dudas sobre si sólo se puede alquilar por habitaciones o la casa entera. Por otra parte, Cataluña sugiere un proyecto de Decreto de reglamento de turismo con el objetivo de simplificar y en el que los profesionales de la vivienda vacacional deban someterse a la regulación turística porque compiten con los tradicionales. Las dudas, según Rodríguez Font, son contrarias al principio de seguridad jurídica “porque el marco no es predecible ni estable”. Apostó por valorar, a nivel estatal, si se deben establecer o no unos criterios comunes que aclaren, o también poner unas condiciones a las plataformas, como actores clave, para mantener un control. Señaló que es vital esta colaboración público-privada y que es imprescindible dictar una normativa que establezca la obligación de supervisión sobre las plataformas.

Urbanismo

Ana María de la Encarnación

Las soluciones urbanísticas para el alquiler vacacional las analizó Ana María de la Encarnación, de la Universidad de Valencia. Señaló, en primer lugar, que el aumento de la oferta se debe a tres razones: la crisis económica, el gran número de casas vacías y las nuevas tecnologías, y que Airbnb está presente en 65.000 ciudades y en 191 países. La situación jurídica actual provoca tensiones entre el Gobierno y las comunidades autónomas que regulan. “Es un caos”. Además, la regulación no ha frenado el aumento de la oferta y ya hay ciudades que están preparando una moratoria. Para evitar lo que ha pasado, que es la turistificación y gentrificación de algunos barrios de algunas ciudades, “hay que buscar un equilibrio” y planificar para primar el derecho a la vivienda, al descanso, a la intimidad, a la ciudad… “La normativa actual no responde a una planificación previa ni a una estrategia, es un parcheado sin reflexión”, destacó, y apostó por una regulación integral, coordinando la normativa turística con la administrativa y la urbanística, porque el turismo influye en la configuración de las ciudades. Analizó los principales intentos de regulación. En primer lugar el Plan de Barcelona, el PEUAT, que afecta también a los hoteles, establece dos licencias, divide la ciudad en cuatro zonas en función de su saturación y prohíbe en la más saturada renovar los permisos. En Baleares, la Ley 6/2017, que modifica la Ley de Turismo, también zonifica, fija un máximo de plazas y tiene otros dos instrumentos: entre ellos el Plan de Palma que considera saturada a toda la ciudad. En la Comunidad Valenciana hay un borrador de anteproyecto de ley de ocio, turismo y hospitalidad, y finalmente, en París y Londres se dan dos modelos diferentes. Londres se nombra capital de la economía colaborativa y facilita el alquiler turístico sin poner obligaciones si la casa se alquila menos de noventa días al año, y la capital francesa es más restrictiva y prima el bienestar de los parisinos. De la Encarnación dejó sobre la mesa varias propuestas: diferenciar entre actividad económica y aprovechamiento de vivienda habitual, fijar límites y requisitos, aportar criterios urbanísticos, como actuar de forma coordinada entre las administraciones y dotar a los ayuntamientos de competencias en esta materia, modificar las leyes para incluir esta modalidad, tener en cuenta a los terceros afectados (a los vecinos) y mejorar el funcionamiento de la inspección y el control.

Fiscalidad

Ester Machancoses, de la Universidad de Valencia, habló sobre los aspectos fiscales. Dijo que las plataformas no estaban pensadas para desarrollarse como lo han hecho y han perdido el ideal romántico que tenían. Por ejemplo, en Madrid, el tres por ciento de los ofertantes controlan el 14 por ciento de las ofertas. Señaló que primero hay que documentar los efectos para saber qué medidas hay que tomar y analizó los impuestos que se pagan o se pueden pagar. En cuanto al IRPF, los propietarios de las casas pueden tributar por actividad económica o por rendimiento de capital inmobiliario. Habló de la posibilidad de poner un impuesto sobre estancias turísticas, como la ecotasa, que en Cataluña ya existe y no ha afectado a que los turistas quieran seguir visitando la región. Respecto a las plataformas, señaló que el reto es conseguir que tributen más que ahora. En la actualidad, solo pagan en España si tienen un establecimiento permanente. Airbnb facturó el año pasado 35 millones de euros y pagó 80.000. Francia, Italia, Alemania o España están buscando la fórmula para que tributen más pero no puede ser una solución individual, sino de todos los países de la Unión Europea, y hay países, como Luxemburgo o Irlanda “que no van a querer”. Propuso dos medidas: la llamada tasa google, que se pagaría en función del valor que generan los usuarios, y otras más a largo plazo, como cambiar el concepto de establecimiento permanente. También propone la colaboración de las plataformas para que en ellas se anuncien sólo particulares y no empresas, como ha hecho Amsterdam en una de ellas.

Ester Machancoses y Joana Socias

Modelo insostenible

La última ponente fue Joana Socias, de la Universidad de Baleares. Destacó, en primer lugar, que el Derecho público, del que son profesoras las cinco ponentes, tiene mucho que decir en este caso en favor del interés general. Dijo que es innegable que el alquiler vacacional es un modelo de negocio y que en algunas partes, como Venecia, Amsterdam o Palma se ha vuelto “casi insostenible” e interfiere en la economía de la ciudad, y que, frente a esto, hacen falta “negocios y ciudades “con alma”. Esta forma de turismo no sólo altera el modelo turístico sino que penetra en el tejido de la ciudad y la transforma y aunque genera riqueza y se reparte, también genera contaminación, gentrificación, falta de dotaciones y causa problemas en el acceso a la vivienda. Como afecta a muchos sectores se pueden poner límites, como la zonificación, fijar un techo de plazas, prohibirlos en edificios plurifamiliares o en viviendas que tengan menos de cinco años… El Consell insular de Mallorca está preparando unas normas que vincularán a los ayuntamientos. Pero además de las competencias urbanísticas es necesario cambiar las estructuras internas porque sigue habiendo una gran carencia, por ejemplo, de inspectores. Sobre la regulación en Canarias, dijo que es una de las más conflictivas porque no quiere afrontar la situación, sino favorecer a la oferta ya implantada. Socias considera que el Estado debe implicarse porque hasta ahora se ha limitado a recurrir, a través de la CNMC, las leyes autonómicas, que no suelen justificar bien su regulación en la exposición de motivos en la que hay que aludir a razones de interés general. De todas formas, las sentencias en contra sólo anulan algunos aspectos de esas leyes, pero la mayoría de los artículos siguen en vigor.

Algunas soluciones

El seminario terminó con una mesa redonda con todas las ponentes en la que se abordaron posibles soluciones desde diversos puntos de vista. En primer lugar, se planteó la necesidad de diferenciar entre particulares y empresas e incrementar los requisitos para éstas con el fin de limitar la oferta o igualarla al resto de la oferta turística. También se habló de la exigencia de tomar otras medidas en políticas de vivienda para garantizar el acceso de los ciudadanos. Se apuntó la condición de colaborar con las plataformas y sacar a los profesionales de ese ámbito, de adaptar la regulación a la realidad de cada ciudad o comunidad autónoma y de la importancia de coordinar las medidas entre las diferentes administraciones.

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La riqueza etnobotánica de Lanzarote: “Lo árido tiene sus sorpresas”

 

En el año 2000, Jaime Gil y Marta Peña, ingenieros agrícolas, comenzaron a recoger el conocimiento popular sobre las plantas silvestres de Lanzarote. Gran parte de ese conocimiento se ha plasmado en dos libros: Los cultivos tradicionales de la isla de Lanzarote y Usos culturales de las yerbas en los campos de Lanzarote, y están preparando la Guía visual de la flora de Lanzarote. Ambos impartieron en la sala José Saramago, los días 20 y 21 de febrero de 2018, el taller Lanzarote, ilusión botánica. Etnoflora de una isla desértica. El director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, destacó en la presentación que uno de los objetivos del taller es el de poner en valor el medio natural de la Isla y ayudar a ver lo que no se ve a simple vista. Citó al poeta Amadou Hampaté Ba, “el más grande recopilador de historias africanas”, que como Gil y Peña, transmitía el saber de pastores y agricultores, y decía que “en África, cuando muere un anciano, arde una biblioteca”. En este caso, Gil y Peña han estado “anticipándose a las cenizas”.

El director del curso, Jaime Gil, comenzó la primera de sus intervenciones señalando que Lanzarote no es tan desértica como parece: “Lo árido tiene sus sorpresas”, dijo, y comparó La Palma, paradigma de la frondosidad, con 850 especies diferentes, con la árida Lanzarote, con 720. En Lanzarote se cuentan como endemismos doce especies, cinco subespecies y cinco variedades, aunque no son las que tienen mayor uso etnobotánico. Algunos de estos endemismos, como Gymnosporia, de la que sólo se encuentran seis ejemplares en la Isla, están en peligro de extinción.

La segunda parte de la primera jornada se centró en mostrar la metodología del trabajo etnobotánico. Para ello, definieron en primer lugar la etnobotánica, que es la disciplina que estudia la relación de las plantas con el ser humano y está “a caballo entre las ciencias naturales y las humanas”. En Canarias, esta disciplina está en manos de etnógrafos, principalmente, y en el pasado se dedicaron a ella maestros de escuela. “Es una cultura amplísima que abarca todos los aspectos de la vida”, señaló Gil. Por su parte, Peña explicó el trabajo de campo, que consiste en entrevistar a personas de avanzada edad para que transmitan el conocimiento sobre los usos de las plantas en su niñez, y remontarse así lo más atrás posible en el tiempo. Para la entrevista, recogen muestras de yerbas cercanas y se las muestran. Después se transcriben las entrevistas y, si se puede, se sale al campo con estas personas. Luego está la fase de herborización, con recogida de muestras, lo que permite vincular los nombres vernáculos con los científicos, porque es “muy importante una correcta determinación botánica”.

Gil abordó el origen de los nombres populares de las plantas, que son “de una riqueza extremada”. Distinguió entre nombre vernáculo, que es de los antepasados y nombre común, que puede ser reciente. Por ejemplo, se ha popularizado el aloe frente a su denominación como sábila, o la amapola por la majapola. En Lanzarote hay una gran presencia de nombres con sonoridad aborigen y también hay nombres distintos en cada isla para la misma especie. La rilla en Lanzarote es la collejera en Fuerteventura o el jarrabuey en El Hierro. Los nombres populares nacían por varios motivos: están los que se ponen porque su forma, principalmente la del fruto, se parece a algún objeto, los que se parecen a formas de animales, los que aluden a alguna cualidad o característica de la planta, a sus propiedades sanadoras, a su sabor… “Siempre son nombres prácticos, señaló.

La segunda jornada del taller se centró en los usos de las plantas. Primero en los usos alimenticios, que están asociados a épocas de hambruna. En Canarias se consumen unas cien especies, aunque no todas con la misma importancia en la dieta. Es común, por vergüenza, que las personas admitan que comían esas plantas, pero siempre señalan que lo hacían otros. Una de las más importantes es el cosco, con cuyas diminutas semillas se hacía gofio, y que provocó algún enfrentamiento porque no sólo era una planta de supervivencia sino que también se exportaba para fabricar piedra barrilla. Otras semillas comestibles de uso común eran las del cardo de burro y la majapola de corneta. De menor importancia, “tipo snack”, eran la chinipilla, la chabusquera, los frutos del moralillo, del espino o la vinagrera, las hojas de las cerrajas, del jaramago o del jediondo, muy parecido a la rúcula, y las papas crías. La tabaiba no se comía pero se recolectó con fines industriales para hacer chicles, y hubo una marca muy famosa, en Barcelona, que llegó a patrocinar un equipo de la Vuelta Ciclista a España en los años cuarenta: Chicles Tabay.

Como gran parte de la población no tenía acceso a médicos, buscaban un uso medicinal en las plantas. Peña advirtió que “las plantas no son inocuas” y que “el umbral entre el beneficio y el daño es muy pequeño”. Una característica que se repite en el Archipiélago es que, tanto las mezclas de varias yerbas, como las dosis, siempre son números impares: tres, cinco o siete.

Entre las plantas más usadas estaba el tajosé, que puede tener propiedades abortivas. Otras para el aparato reproductor, alivio de dolores menstruales o expulsión de la placenta, son el amuley, la servilleta o la alhucema. Para el aparato respiratorio se usaban la yerba clin, “para las puntadas de pulmonía”, la brotona, para catarros, la borraja, ya desaparecida de Lanzarote o la doradilla. Para la fiebre se usaba la estrella de mar o la sanguinaria. La cerraja, para los golpes y aliviar el dolor de muelas y el bobo, cuyas hojas son muy tóxicas, para cataplasmas y para curar bultos. Para las infecciones de orina se usaba la malva o el marrubio, y las majapolas para afecciones nerviosas.

Las plantas también servían para los animales. El uso veterinario lo han transmitido los pastores, que hacían “encañaos” para las fracturas de las patas de las cabras con palos de jiguerilla y usaban muchas otras plantas similares a las que se aplicaban a las personas. Y también sabían las que eran malas. La triguera es peligrosa para burros y caballos, otras provocan hemorragias porque acumulan nitrógeno, como el agonal o el cenizo, y otras, como el romerillo, son buenas en seco pero en verde “son un veneno”. Gil señaló que entre las plantas forrajeras, las más apreciadas por los ganaderos son las que tienen sonoridad aborigen, y probablemente ya las usaban los mahos.

Después de trabajar en todas las islas, Gil y Peña han podido comprobar que el conocimiento popular sobre las plantas en las islas orientales, que no tienen árboles, es mayor que en las otras islas que son más verdes. Gil señaló, al finalizar el taller, que uno de sus objetivos era que los asistentes, más de setenta personas, salieran más sensibles de lo que entraron. Y otro, dignificar estos conocimientos populares.

contenidos y horarios taller etnobotánica

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Taller: “ECO-ESTéTICAS. El arte como medio para repensar la ecología” impartido por Blanca de la Torre los días 27 y 28 de noviembre

Blanca de la Torre aborda en Ecoestéticas las propuestas artísticas más relevantes sobre la ecología

“El desbordamiento de los límites del Planeta nos sitúa en un cambio de ciclo histórico que afecta a la médula ósea de la vida”. El director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, abrió el taller Ecoestéticas. El arte como medio para repensar la ecología, impartido por la comisaria de arte Blanca de la Torre los días 27 y 28 de noviembre en la sala José Saramago. “Nuestros patrones de consumo dicen que así la vida no aguanta”, señaló. En este contexto, el arte se hace eco de estos desafíos, dialoga con ellos y sirve como herramienta para plantear preguntas. Pero el tiempo apremia “y el Planeta no puede esperar por nuestra pasividad, hay que avanzar a escenarios más democráticos, más justos y más sostenibles”.

Blanca de la Torre comenzó con una cita sobre la urgencia, la advertencia de Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, de que 2017 sería el año en que la puerta se cerraría para impedir que la temperatura del Planeta subiera dos grados centígrados. De la Torre considera que la única forma de entender la ecología es a través de la ecología política y aseguró que el arte es necesario para afrontar la crisis ecológica por su capacidad de comunicación y porque puede activar cambios de comportamiento. “No basta con comprender los datos científicos”.

Primero expuso los precedentes de la ecología en el arte contemporáneo, desde 1843 con el primer libro ilustrado con fotografías de cianotipos de algas, de Anna Atkins, la primera fotógrafa, a otras manifestaciones artísticas, como el cuadro En el tiempo de la armonía (1893) de Paul Signac, la casa Dymaxion de Fuller en 1945 o La primavera silenciosa (1962), de Rachel Carson, un libro que advertía de los peligros para el medio ambiente y en el que se trató, por primera vez, el efecto que tiene la aplicación de insecticidas en los seres vivos, constituyendo un “punto de partida del pensamiento ecológico contemporáneo”.

Hybris

La directora del taller expuso durante la primera jornada distintas miradas de artistas sobre los problemas medioambientales, reunidas en la exposición Hybris. Una posible aproximación ecoestética, de la que ella misma es la comisaria y que se expone en el MUSAC de León. La exposición está dividida en tres capítulos. El primero es Soluciones, dedicado a intervenciones que aportan soluciones prácticas a problemas ecológicos. Están incluidos Alan Sonfist, Patricia Johanson o el proyecto de los 7.000 robles de Joseph Beuys en Kassel en 1982, pero también Zigor Barayazarra y sus abrigos vivos, Santiago Morilla con su “bicihuerta” para crear espacios verdes, Amy Balkin, que solicita la inclusión de la atmósfera como patrimonio a proteger o Nicole Dextras y sus jardines portátiles. Reutilizaciones es el segundo capítulo, que recoge obras realizadas con materiales naturales o encontrados en la basura, como los de Herman Prigann, que recupera espacios degradados, Carmen Casulá y su banco de memoria de agricultores, el ecografitti en forma de rana de Juan Zamora o la instalación de Juan Carrión que denuncia la sangre derramada para lograr el coltán que se usa en los teléfonos móviles. Otras propuestas son las de Jorge Barbi y sus fotos de excrementos de gaviotas, o los discos de agua congelada de glaciares de Islandia, de Kathy Paterson, que se derriten tras escucharlos una sola vez.

El tercer capítulo es el de Acciones, con la participación de Regina José Galindo, Fernando García-Dory, Agnes Denes, que creó una montaña artificial con 11.000 plantas sembradas por 11.000 personas, Nilo Gallego y Felipe Quintana con un coro de 3.000 ovejas o Hiroshi Sunairi, que recogió semillas de árboles supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima y las reparte por el mundo.

Teorías

La segunda parte de la primera jornada estuvo dedicada a las principales teorías en torno a la ecología en el pensamiento contemporáneo. Entre los principales teóricos están Félix Guattari, Gregory Bateson y su concepto de salud ética e incluso Ortega y Gasset, que ya advierte que el hombre adapta la naturaleza a sus necesidades. Otros clásicos son Murray Bookchain, que vincula la ecología social al anarquismo, Henry David Thoreau, que se fue a vivir a una cabaña en el bosque construida por él mismo en 1845 y Aldo Leopold, otro de los pioneros con su obra Almanac, en la que explica la necesidad de que la humanidad practique una ética natural. De la Torre también citó a Arne Naess y el concepto de ecología profunda, que critica las soluciones que siguen aplicando estrategias del capitalismo, o Timoty Morton, que aborda el problema desde la ironía y plantea renunciar a la idea de naturaleza para dar cabida a la ecocrítica y la cultura ambiental. Más actuales y más cercanos son Jorge Riechmann o Joan Martínez-Alier y su ecologismo de los pobres, o David Harvey que habla de la acumulación por desposesión, Rob Nixon que apunta la violencia lenta que reciben las capas más desfavorecidas de la sociedad y Razmig Keucheyan y el Movimiento por la justicia ambiental. Junto a estos, autoras ligadas al ecofeminismo, como la escritora Arundhati Roy, Vandana Shiva, que habla de la explotación de la naturaleza como la opresión de la mujer o Alicia Puleo, de la Universidad de Valladolid. Y finalmente, autores de la teoría del decrecimiento como Bruno Latour o Carlos Taibo, que plantean que en un Planeta con recursos limitados no puede haber un crecimiento ilimitado.

Imbalance

La segunda jornada se abrió con otra exposición colectiva, Imbalance, comisariada también por De la Torre en la ciudad polaca de Gdansk, dividida en cuatro ejes y presidida por la Mesa de negociación de Antoni Muntadas, una mesa con doce mapas del reparto de la riqueza del mundo. La primera parte de la muestra, Domesticación del paisaje, muestra obras como las de Sergio Belinchón, que fotografía extrarradios de ciudades o el fotógrafo Xavier Ribas, que muestra los efectos secundarios del ocio en los modos de ocupación del territorio de las sociedades contemporáneas. La segunda parte, Catástrofes medioambientales, cuestiona que se trate de hechos naturales y no motivados por el ser humano. Incluye las obras de Allan Sekula sobre el Prestige, Jun Nguyen-Hatsushiba, denunciando las enfermedades por contaminación por mercurio en la región japonesa de Minamata, Máximo González y su proyecto para la reutilización de vehículos obsoletos, como maceteros de árboles frutales, después de la desaparición del petróleo. En la tercera parte, Gestión de recursos y hábitos de consumo, están las propuestas de Chus García Fraile o Andreas Gursky, y la cuarta, Mirando al Sur Global, está inspirada en teorías como la del ecologismo de los pobres, en quienes recae la mayor parte de las consecuencias negativas, con las obras de Marjetica Potrč y su Caracas House o el colectivo Superflex que construyeron en África unidades móviles para hacer gas metano a partir de la basura doméstica.

Otros aspectos

La última parte del taller estuvo dirigida a intervenciones artísticas que abordan diferentes aspectos de la ecología. En el apartado de derechos de los campesinos, De la Torre expuso las propuestas alternativas de Asunción Molinos-Gordo, basada en ejercicios de caligrafía en países de Oriente Próximo, Critical art ensemble para eliminar la agricultura multinacional, o Inland, un proyecto de aldea reconstruida en Asturias con el lema “arte, agricultura y territorio” o las propuestas de la mexicana Minerva Cuevas contra famosas marcas comerciales.

El racismo ambiental lo trata Mel Chin, que realizó un proyecto de creación de dinero en escuelas sacudidas por el huracán de Nueva Orleans que después fue cambiado por dinero real para donaciones. Sobre el petróleo y el gas trabajan Oilwatch, una red de resistencia a actividades petroleras, el colectivo Platform que actúa contra el arte esponsorizado por la industria petrolera o The yes men y su película The yes men are revolting en la que ridiculizan a directivos de grandes corporaciones. Por otra parte, Diego Arribas, Edgard Aragón, Ursula Biemann y Paulo Tavares trabajan sobre los efectos de la minería.

Denunciando la situación de los bosques trabaja Green belt movement, fundada por Wantari Matai en 1977 y que desde entonces ha plantado 51 millones de árboles y ha logrado que 31.000 mujeres se capaciten en la silvicultura, o el movimiento Chipko, precursor del ecofeminismo, que surgió en el Himalaya en 1973 para evitar la tala de árboles, abrazándolos. La polaca Cecylia Malik realizó una propuesta similar mediante fotografías, que se acaba convirtiendo en una acción colectiva. Otro movimiento destacado es el Seringueiro, de los recolectores de caucho en Brasil.

Aosis es una coalición de islas que denuncia los peligros del calentamiento global y la subida del nivel del mar. Re-locate Kivalina, en Alaska, es un proyecto para realojar una isla afectada por la erosión. En el apartado de refugiados climáticos, categoría aún no recogida por Acnur, trabaja el colectivo Argos, y sobre las semillas, alza la voz Vandana Shiva, contra Monsanto y su biopiratería y su política de propiedad intelectual de las semillas, que ha provocado en India el suicidio de muchos campesinos obligados a endeudarse. Se refirió De la Torre a la “cheap fashion” y la concienciación sobre la moda a bajo precio, el cultivo y el manejo del algodón, que esclaviza a las comunidades. Los problemas del agua, o de su escasez, los abordan Ichi Ikeda y Navjot Altaf, que crea una estructura para generar fuentes donde no hay acceso al agua.

El taller terminó con las aportaciones de los alumnos, con propuestas de alternativas ecológicas, un balance de las dos jornadas, y con esta frase de Ernst Bloch: “Incluso en los tiempos más oscuros, el arte proporciona al espectador la visión latente de la utopía”.

Más información, horarios y objetivos del TALLER, en PDF:

objetivos y horarios taller ECO-ESTéTICAS

Nota de prensa en PDF:

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Taller “La vida en las calles. De los coches a las personas”, impartido por Màrius Navazo los días 15 y 16 de noviembre

Los días 15 y 16 de noviembre, la Fundación César Manrique (FCM) organizó el taller La vida en las calles. De los coches a las personas que tuvo lugar en la Sala José Saramago (La Plazuela, Arrecife) de la FCM, impartido por Màrius Navazo, geógrafo y asesor en planificación urbana. El taller estuvo dirigido, especialmente, a arquitectos, gestores públicos, integrantes de oficinas técnicas con responsabilidad en gestión urbanística y miembros de colectivos sociales.

El taller La vida en las calles. De los coches a las personas, de 6 horas de duración, se impartió en dos sesiones de tarde en las que hubo una parte teórica y un tiempo para debate, en cada una de las sesiones.

“Abordar los problemas de la movilidad es una tradición en la programación de la Fundación César Manrique, que lleva dos décadas trabajando sobre movilidad alternativa… Aunque no hemos tenido mucha fortuna”, señaló el director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera en la presentación del Taller. La movilidad vuelve a estar en el centro de atención en Lanzarote, con el debate sobre la peatonalización de la Avenida de Arrecife. Gómez Aguilera señaló que “el coche no puede ordenar la vida de los ciudadanos, no puede ser el gran urbanista de las ciudades”, y para ello hay que construir nuevas relaciones de ciudadanía y “reapropiarnos del espacio público”, que es el espacio de la democracia y de la equidad. Con el fin de humanizar la calle y que la persona sea el centro “hace falta un cambio de paradigma con ambición política”.

Qué hacer con los coches

Màrius Navazo trabaja habitualmente en planes y proyectos de movilidad en municipios de Cataluña pero también ha trabajado en Boston y Cambridge: “Soy técnico de movilidad pero lo que me apasiona es la vida en las calles”, afirmó. Comenzó señalando que el reto consiste en qué hacer con los coches y señaló que hay un marco legal que hay que cumplir y que tiene que ver principalmente con la salud pública; pero también hay otros retos como la autonomía de las personas, los vínculos entre estas y su entorno urbano o la seguridad ciudadana, que no son obligatorios pero son deseables. “Necesitamos un cambio de modelo y lo esencial es que hace falta aminorar el número de coches y de motos”.

En Cataluña hay una Asociación para la promoción del transporte público que organiza carreras urbanas entre medios de transporte: autobús, coche, metro, moto, bici o peatón, “cumpliendo todas las normas”. En Barcelona, de doce carreras, el coche fue último o penúltimo en nueve de ellas. Ganaron el peatón o la bici y en alguna ocasión la moto o el transporte público. En Hospitalet, de cinco carreras, el coche fue último en dos, y en Sabadell fue el más lento en las cuatro carreras. ¿Y por qué el coche no es el más rápido? Porque tiene que aparcar, porque hay semáforos y porque hay muchos coches. “Se demuestra que la velocidad baja y constante es más veloz que una que pueda ir rápido pero tenga que parar mucho”.

El coche “es maravilloso si hay pocos”, dijo Navazo, y tiene una característica que no tiene el resto: es el único que congestiona su propia infraestructura. Si se construyen más carreteras o más carriles, lo que se hace es invitar a usar el coche, y se acaban congestionando todas. Otros medios no colapsan sus infraestructuras y si éstas se crean, aparecen los usuarios. El sistema de bicicletas públicas en Barcelona se puso como objetivo para su primer año alcanzar los 15.000 usuarios y se consiguieron 100.000.

De la calle pasillo a la calle habitación

Por lo tanto, para no llegar al umbral en que el coche deja de ser eficiente, hay que llevar a cabo medidas de disuasión del coche y eso sólo se consigue dificultando la circulación y el aparcamiento. “El derecho es la accesibilidad, poder llegar a los sitios que se quiere llegar”, pero no necesariamente en coche. El aparcamiento, a su vez, influye decisivamente en las calles, y tampoco es un derecho, sino que ocupar un espacio público gratis con un bien privado, es un privilegio. Navazo explicó que actualmente la mayoría de las calles están diseñadas sólo para pasar por ellas y para que se vaya rápido con el coche. “Hemos trasladado el mundo predecible de las carreteras interurbanas al centro urbano, donde las calles son impredecibles”. Hay tres reglas de oro para que los coches vayan rápido: rectitud de la calzada, anchura generosa y que las calzadas esté bien segregadas de los peatones. El coche, en un centro urbano, debe tener otras reglas del juego, y para que haya seguridad en esas calles hay que circular más lento y “subrayar que son impredecibles”. “La presencia de personas es lo que hace que se calme el tráfico. Si la calle está vacía se corre más”, señaló Navazo, que plantea pasar de la calle pasillo a la calle habitación, haciendo lo contrario de lo que marcan las tres reglas de oro anteriores. En una calle habitación, el coche es el invitado, no el anfitrión y su papel el de “un invitado que pasa con pudor”. Ese objetivo de calmar el tráfico se consigue con medidas, con intervenciones “que tienen más relación con el arte que con la ingeniería”.

Convertir espacios en lugares

La segunda jornada del taller dejó atrás el coche para poner el foco en la vida en las calles, “el fondo del asunto”, según Navazo, que planteó cómo es posible que hayamos logrado crear espacios tan poco acogedores, y expuso las conclusiones del trabajo de William H. Whyte. Este investigador colocó cámaras en algunos rincones de Nueva York para observar y analizar cómo se comporta la gente y que espacios funcionan socialmente y cuáles no. Las conclusiones con previsibles. La presencia de asientos, sol y sombra, árboles, agua o puestos de comida favorece la vida en las calles.

Otro arquitecto, Jan Gehl, autor de la publicación La vida social en los pequeños espacios urbanos, habla del concepto de ‘placemaking’, hacer lugares, o convertir espacios en lugares, que no es lo mismo que el diseño urbano. Para cambiar esos lugares, primero hay que saber qué usos quiere la comunidad que los disfruta, y después plantear estrategias que sean “ligeras, rápidas y baratas”. El último paso sería la gestión del lugar.

En Granollers eran los comerciantes quienes querían que se peatonalizaran las calles. Cuando se peatonalizó el centro, aquellos que tenían sus comercios en la antigua carretera general pidieron que se siguiera por esa zona. Como no había presupuesto, se cerró la carretera al tráfico durante los fines de semana y los comerciantes instalaban su propio mobiliario urbano. Es un ejemplo de una intervención rápida y barata.

La calle Ricomá, también en Granollers, es otro ejemplo inspirador de actuaciones de este tipo. Navazo trabajó en esa calle como consultor. Era una calle pasillo, estrecha, con coches aparcados a un lado y poca vida. Se cambió sin coste. Se pusieron dos piezas de cemento en mitad de la longitud de la calle, con lo cual los coches podían llegar hasta esa mitad pero no traspasarla, se colocó un banco y la gente empezó a llenar el espacio público: los niños jugaban en la calle, los bares sacaron terrazas, la gente se sentaba en su puerta… A los dos meses decidieron que querían seguir así, cambiaron el cemento por un árbol, y poco después, vecinos que no se conocían unos meses antes, organizaron en la calle una castañada, y después una calçotada y una butifarrada. Nueva York y París son otros dos ejemplos. Pusieron en marcha programas para que fueran los vecinos los que se implicaran. En Nueva York, las asociaciones podían solicitar la peatonalización, “y así la administración pasa a ser un árbitro”, y en París iniciaron un programa de apadrinamiento de un rincón verde.

Medidas para calmar el tráfico

“Si cambiamos las reglas del juego y priorizamos el espacio para el peatón conseguimos una infraestructura de transporte mejor que la que teníamos”, dijo Navazo, porque la calle no sólo sirve para los coches, sino para bicis, motos, peatones y para permanecer en ella. El director del taller planteó un “proceso de tanteo y error”: transformar la calle, dejar que pasen tres meses y valorar después la transformación. “Hacerlo así permite limar las reticencias al cambio”, y la decisión final de si se deja o se vuelve para atrás es de los ciudadanos. “Una vez que pasas a la acción aparecen aliados”, señaló.

El objetivo de calmar el tráfico, en todo caso, es que los coches vayan más lento y el peligro sea menor pero también conseguir más equidad, salud y convivencia. Hay que determinar en qué calles se interviene. Tres de cada cuatro calles no forman parte de la red viaria principal, y en estas, para calmar el tráfico, se pueden cambiar los sentidos, modificar los semáforos, poner obstáculos, hacer cambios en las intersecciones, estrechar la calzada, romper la linealidad o actuar pintando sobre el asfalto, entre otras muchas medidas que expuso Navazo con explicaciones y un amplio abanico de imágenes.

 

Información Taller. Horarios y objetivos. PDF:

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Nota de prensa del Taller en PDF:

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El taller de Cine y audiovisual de usuario facilita las herramientas para “hablar” este lenguaje

Alejandro Krawietz es socio fundador del Aula de Creación Audiovisual AUcrea, director del Festival de documentales MiradasDoc, asesor del Festival de cine medioambiental de Canarias, agente cultural y poeta. “Un gran conocedor de las claves de la cultura en Canarias, tanto pública como privada”, según señaló el director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera, durante la presentación del taller Cine y audiovisual de usuario que Krawietz impartió en la Sala José Saramago los días 18 y 19 de abril de 2017.

Gómez Aguilera avanzó que la FCM pretende abordar esta materia en sucesivas ocasiones porque se trata de una herramienta de comunicación y un lenguaje que se impone, “ofrece muchas posibilidades” y “tiene sus propios códigos” a pesar de su cotidianeidad. El lenguaje audiovisual también puede ayudar, según el director de la FCM, a elaborar y distribuir contenidos tanto desde el asociacionismo como ejerciendo simplemente el papel de ciudadano.

El director del taller explicó que su contenido supone una iniciación, un encuentro “con un lenguaje que hay que empezar a hablar ya”, tal y como pasó con la informática de usuario. Afirmó que la posibilidad de comprender este lenguaje, incluso en su versión “más audaz”, ya está “en nuestros genes”. “Pero no basta con comprender sino que hay que empezar a hablarlo”, dijo Krawietz, que aseguró que hace sólo diez años el taller hubiera sido imposible porque los costes no permitían su desarrollo doméstico. Sin embargo, desde hace unos años, tanto en la producción como en la distribución, en Internet y las redes sociales, “el mundo audiovisual se está democratizando”.

En el taller participaron veinte personas, algunas familiarizadas ya con el lenguaje audiovisual, antes y después de la era digital, y otras animadas por la curiosidad. Las dos sesiones tuvieron un carácter práctico, aunque el primer día comenzó, tras el visionado de varios fragmentos de piezas documentales, con algunas nociones teóricas sobre las partes que componen el lenguaje audiovisual o los tipos de planos.

El método para introducir a los alumnos en el lenguaje audiovisual se basa en la creación de una pieza breve. Krawietz destacó que, como en el caso de la literatura, donde la mayor parte de las creaciones se decantan por la novela frente a la poesía o el ensayo, en el lenguaje audiovisual también, a pesar de las numerosas posibilidades, la mayoría se decanta por la ficción. Sin embargo, considera que el documental es más asequible, y que “genera ensueño”, porque “dan ganas de hacer uno cuando se ven documentales”. Su coste también es mucho menor: una media de entre 30.000 y 120.000 euros frente a los seis millones, de media, que cuesta una producción de ficción en España.

La segunda jornada del taller comenzó con la exposición a los alumnos de las diferentes herramientas con las que pueden trabajar, desde cámaras digitales, diversos micrófonos, focos y equipos de iluminación, trípodes, etc., y las técnicas de rodaje. “Hacer cine es grabar conversaciones y transiciones hacia otras conversaciones”, explicó Krawietz.

Después, los alumnos se repartieron los papeles necesarios para el trabajo. De esta forma, apareció un director, un ayudante de dirección, productores, iluminadores, sonidistas, operadores de cámara, script, encargado de la claqueta, etc… El objetivo era la creación de una breve pieza audiovisual: una entrevista para el programa ficticio Diario de actualidad a una imaginaria María Álvarez, psicóloga y socióloga, sobre la violencia en el deporte.

Mientras unos alumnos preparaban el guión de la entrevista, el resto preparaba el set de rodaje y aprendían, mediante el debate, a decidir dónde colocar la cámara, cuántos planos se ruedan y de qué tipo, si abiertos o cerrados, o dónde colocar los focos. Tras el rodaje llegó el turno del visionado, la edición o postproducción de la pieza con el programa imovie y el fin del taller. 

Nota de prensa taller Cine y audiovisual de usuario en la FCM:

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Programa del taller:

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Taller «Tejer el territorio. Una perspectiva etnográfica»

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El escritor y etnógrafo José Luis Puerto impartió el taller “Tejer el territorio. Una perspectiva etnográfica” los días 4 y 5 de abril en la sala José Saramago (Arrecife) de la Fundación César Manrique. El objetivo principal del curso era el análisis del paisaje, la conservación del patrimonio o del territorio, desde el punto de vista de la etnografía. El taller se planteó partiendo de cómo el ser humano, “ese yo grupal”, según señaló el director del curso, realiza una serie de acciones en cualquier comunidad, en el espacio en el que habita, de tal modo que ese espacio se convierte en territorio, en un espacio de cultura.

“Se habita y surge el hábitat, se edifica y surge la arquitectura tradicional, se trabaja y surgen actividades agrícolas o artesanas…”, señaló Puerto, que destacó y centró su estudio en cuatro acciones que realizan los hombres en todas las comunidades: habitar, trabajar, celebrar y descansar. “En todo territorio aparecen estas acciones del ser humano”, aseguró, destacando, que hay más acciones que caracterizan a las comunidades humanas, aunque en esta ocasión quiso poner el acento en aquellos aspectos de la cultura material y no en aquellos que conforman la tradición oral como las acciones de crear, creer o imaginar.

Cada una de las cuatro ponencias del taller estuvo dedicada a una de estas acciones, que puestas en común, dan una idea de cómo se teje el territorio a través de esos cuatro hilos y a través del tiempo, que, por una parte, es lineal (las generaciones de hombres y mujeres se van sucediendo) y por otra, está condicionado por la Naturaleza. El director del curso fue transmitiendo a los alumnos (algunos de los cuales provenían del mundo educativo, del  administrativo o del ámbito del turismo) una serie de “fogonazos, ideas o perspectivas” para que adquieran las herramientas necesarias para hacer una investigación etnográfica, para saber cómo se puede conocer el patrimonio, cómo valorarlo para preservarlo y cómo se configura una identidad, que, destacó, “nunca es cerrada sino compartida con el mundo al que pertenecemos”.

El curso ofrecía una metodología de estudio de los territorios, abordando distintos aspectos de cada uno de esos cuatro campos: los materiales, elementos decorativos o ritos referentes a la arquitectura tradicional; la vida pastoril, la agricultura; las fiestas populares, los ritos de paso o los juegos y la forma en que se emplea el tiempo de ocio, finalmente. Puerto fue introduciendo estos aspectos, primero desde un punto de vista teórico, para después pasar unas imágenes ilustrativas de aquello que se va explicando y que pertenecen, principalmente, a ejemplos de la realidad que más ha trabajado este etnógrafo, el Oeste de Castilla y León y la comarca de Las Hurdes en el Norte de Extremadura.

El estudio etnográfico se tiene que articular, según explicó José Luis Puerto, mediante dos vías, la teórica y la práctica. “Para saber en etnografía hay que leer mucho, pero hay que enterarse de la cultura tradicional, hay que ir al territorio y hacer trabajo de campo”, señaló. “Pero claro —subrayó—, este trabajo no se puede hacer de cualquier manera, hacer una tarea etnográfica no es ir con una grabadora y ver qué se le ocurre al anciano con el que me encuentro, sino que tienes que saber a qué vas, qué quieres estudiar, qué quieres documentar, no es la ocurrencia del momento”. “En etnografía, el trabajo de campo es fundamental, pero siempre ha de estar fundamentado”. Para ello puso varios ejemplos de cuestionarios, que se pueden adaptar para estudiar cada caso particular, cada territorio. Hay que volver una segunda vez al lugar de la investigación porque “te están esperando, has reactivado su memoria, la ‘memoria dormida’ y tienen más detalles que te pudieran interesar”.

Una de las conclusiones del taller es que los seres humanos se comportan de modo muy parecido en cualquier territorio, pero utilizando los elementos que tienen a su alrededor y la cultura en la que viven. “Un campesino americano va a utilizar las herramientas a su alcance para lo mismo que uno europeo o uno asiático”. “Tenemos más en común de lo que parece —señaló Puerto—, y cada uno lo adapta o lo crea a partir de su realidad”.

El estudio etnográfico de un territorio sirve para poner en valor aquellos elementos propios, pero también para desmitificar. “En Lanzarote se podría estudiar la cultura tradicional de la Isla, pero eso no quiere decir que esa cultura sea una cosa cerrada, sino que también hay una universalidad”, aseguró el director del taller, que advirtió de un peligro: la manipulación política de la etnografía, que acaba por hacer una construcción interesada del pasado. “No se puede crear o inventar —dijo— una identidad interesada de una región porque eso es una recreación, una falsificación”. “Hay que documentar lo que se produce tal cual y el gran trabajo pendiente es la posterior comparación”, añadió. Por último, alertó de otro peligro, el de la escenificación de las propias tradiciones, que se repite prácticamente en todos los territorios que reciben turistas: “eso es una profanación de la identidad”, señaló Puerto.

Más información: Nota de prensa

Taller «Recuperar la ciudad de los ciudadanos: el derecho a la ciudad»

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 Los días 1 y 2 de junio de 2009, Julio Alguacil impartió en la Sala José Saramago de Arrecife el taller “Recuperar la ciudad de los ciudadanos: el derecho a la ciudad”. El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, presentó al director del taller, Julio Alguacil, al que definió como “una de las cabezas que mejor piensan alternativas desde la izquierda española”. El profesor de la Universidad Carlos III comenzó la primera de las jornadas del taller poniendo de relieve los factores y fenómenos que motivan una nueva ciudadanía. Entre ellos se pueden destacar la pérdida de vigencia en la sociedad actual de las organizaciones tradicionales y la vuelta a una sociedad de redes, el desajuste entre las viejas normas y los nuevos valores, la pérdida de centralidad del Estado-nación en favor de las fuerzas económicas o el ensanchamiento de la brecha entre ciudadanos y políticos.  También citó Alguacil el concepto de la exclusión social que aparece a partir de los años setenta y que cambia la escala social, ya que hasta entonces los pobres estaban en la parte baja de esa escala pero pertenecían a ella, mientras que ahora, tras la deslegitimación del estado del bienestar por parte de las políticas neoliberales practicadas por los gobiernos de Thatcher y Reagan, están fuera.

Otro de los fenómenos de la nueva ciudadanía es la llamada sociedad del riesgo, según el sociólogo Ulrich Beck; una sociedad en la que todos, incluso los más poderosos, somos vulnerables.  Por último, analizó dos aspectos positivos entre estos factores: el nacimiento de novísimos movimientos sociales, como el llamado movimiento antiglobalización, que supone una vuelta al internacionalismo y que incluye a un grupo muy heterogéneo de colectivos y personas; y la emergencia de un nuevo sujeto ético con el desarrollo de dos nuevas clases de derechos: los ambientales y los culturales.

Tras esta exposición, Alguacil hizo un repaso por cómo se han generado los derechos de ciudadanía, comenzando por los civiles y políticos, los sociales y los económicos, hasta llegar a los republicanos y a los de participación, los más nuevos y los que suponen una mayor complejidad y una doble dirección: pensar globalmente y actuar localmente pero también pensar localmente y actuar globalmente.

El mejor invento
 

“La ciudad es el mejor invento de la humanidad porque es el soporte que mejor ha permitido satisfacer las necesidades humanas”, señaló Alguacil, y lo dijo en pasado porque actualmente la ciudad ya no puede satisfacer esas necesidades, ha dejado de hacerlo.  Éstas, la necesidades, son “pocas, finitas, fácilmente identificables y universales”, es decir, tenemos las mismas necesidades aquí que en otra parte del mundo y ahora que hace cinco mil años. Alguacil nombró tres clases de necesidades: la autonomía, la salud y la autonomía crítica (libertad de acción y de política) pero se centró en el esquena de Max-Neff y Antonio Elizalde, que habla de nueve necesidades: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, creación, recreo, identidad, libertad y participación, esta última tomada como necesidad transversal: sin ella no se puede satisfacer el resto. La ciudad, hasta ahora, era un satisfactor sinérgico, nos permitía dar cumplimiento a las nueve, pero ahora ya no es así. Incluso la participación se ha complicado y  parece que se ha sustituido simplemente por el consumo. La mayoría de las necesidades no se satisface, en definitiva.

 La segunda parte de la jornada comenzó con un repaso por la evolución de las  ciudades, surgidas en la primera y segunda revolución industrial a través de un sistema de acumulación de capital. En la segunda, ya se va separando la ciudad por zonas, según su uso. En la tercera, la revolución científico-técnica, surgida a partir de la crisis del petróleo de 1973, se produce la acumulación por desposesión, la privatización de los recursos naturales, la mercantilización creciente de todas las relaciones sociales, en definitiva el crecimiento económico meramente especulativo. Como ejemplo, en España hay siete millones y medio de viviendas que no están habitadas y otros siete millones de personas que tienen problemas de acceso a la vivienda.
 
Complejidad
 

La ciudad moderna está vinculada a la complejidad. En contraste con el artesano, que “produce, se reproduce y distribuye” (las funciones en una ciudad) en un mismo lugar,  surge un ciudadano que se mueve en distintos espacios mezclados. La ciudad es compleja pero a la vez es sencilla, está llena de códigos para hacerla práctica.

La ciudad, por lo tanto, comienza a deconstruirse, se zonifica, se separan las funciones urbanas y aparece la necesidad del transporte y de las zonas dedicadas a él: nace la anticiudad. Madrid, por ejemplo, es la segunda área metropolitana del mundo tras Singapur en acumular más kilómetros de autovía por habitante. Este uso ocupa más superficie que el resto de espacios dedicados a las otras funciones de la ciudad por separado. La zonificación, seña del urbanismo progresista, está ahora en entredicho.  Además, se produce la dispersión territorial: la ciudad sin límites. “Todo el globo terráqueo está al servicio de las necesidades de consumo de las ciudades”, señaló el director del taller. La ciudad moderna también es una ciudad dual: tiene dos velocidades; un centro frente a una periferia, que no necesariamente coincide con la periferia geográfica; y se produce el fenómeno de la gentrificación, que supone que la población tradicional de una zona no puede garantizar su subsistencia en ese espacio por la revalorización del espacio.

Surgen en esta ciudad actual tres tipos de barrios, que dan como resultado un abandono del espacio público: las comunidades cerradas o barrios búnker —en los que vive gente con un gran poder adquisitivo—, los barrios de adosados y las manzanas cerradas con patio interior. “Hemos roto la sociabilidad de la ciudad”, dijo Alguacil, que destacó que se rompe también la continuidad en los espacios porque se multiplican los traslados en coche. “El lugar público es un espacio de sospecha”, señaló, “que acaban ocupando los más desfavorecidos, en la actualidad los inmigrantes”. Y como el espacio público se ocupa por estas personas, pues no se invierte en él, y se acaba por destruir la ciudad.

Si la primera jornada del taller terminó con el anuncio de la destrucción de la ciudad y la evidencia de que la ciudad ya no satisface las necesidades humanas, Julio Alguacil abrió la segunda analizando las condiciones imprescindibles “para volver a la ciudad”, para poder desarrollar procesos participativos. Esas condiciones se resumen en tres dimensiones: la temporal, la espacial y la estructural.

Respecto a la primera, y sobre el esquema de André Gorz, impulsor de la jornada de 35 horas en Francia, que diferencia el trabajo heterónimo (para otros) y el autónomo (llamado ‘el arte de vivir’), destacó que es posible disminuir el tiempo de trabajo a unos niveles importantes y facilitar la participación, ya que uno de los grandes problemas para que los ciudadanos participen es la falta de tiempo. “Si no hay tiempo no se pueden aplicar los derechos de ciudadanía de forma efectiva”.

En cuanto a la dimensión espacial, Alguacil habló de recuperar los espacios de socialización. Expuso las escalas en la ciudad, desde el vecindario hasta la metrópoli, y puso como la escala ideal el barrio-ciudad, que podría tener entre 20.000 y 50.000 habitantes, que albergaría equipamientos cotidianos y aproximadamente la mitad de los empleos de sus vecinos. Precisaría de cierta autonomía política, de cargos electos de manera directa, y de algún elemento singular que pudiera servir de foco de atracción para habitantes de otras zonas y de orgullo para los vecinos. Sería el espacio adecuado para desarrollar de forma óptima las relaciones sociales, ya que fuera de ese ámbito las relaciones se deterioran. Por encima de él estaría la ciudad, la gran ciudad y el área metropolitana, donde es más difícil satisfacer de manera efectiva las necesidades humanas. Por último, estaría la dimensión estructural, sobre la que apuntó lo que ya comentó en la primera jornada: el desajuste entre los partidos políticos, su estructura jerárquica y la población.

Barrios-ciudad
 

Para articular estos barrios-ciudad haría falta una descentralización administrativa, ejecutada como desconcentración, descentralización y desburocratización. La primera de ellas se aborda desde un punto de vista político-económico. El gasto público en España actualmente se divide en un 45% por parte del Estado, un 40% por las comunidades autónomas y un 15% por los ayuntamientos, mientras que la Unión Europea habla de una tendencia hacia un reparto que sea del 50%, 25%  y 25%. Los ayuntamientos están mal financiados, según señaló Julio Alguacil, que denunció además la excesiva privatización de los servicios y apostó por la promoción de la economía social y la formación de cooperativas que no sólo crean empleo sino que generan confianza entre la población de distintos estratos. Asimismo, destacó la puesta en marcha de presupuestos participativos.

La descentralización, por su parte, se aborda desde el ámbito político, propiciando la elección más directa, mientras que la desburocratización requiere de la distribución social del poder y de dejar de depender de especialistas (los políticos) que acaban por inhabilitar a los demás en la toma de decisiones.

Alguacil expuso las distintas relaciones entre los actores de la ciudad. Señaló que se está dando gran importancia a los agentes económicos, que se incorporan a la gestión de la ciudad vendiéndose ésta como una marca (expos, capitalidades culturales…) para atraer inversiones que, en ocasiones, acaban por suponer un gran gasto público. Con este modo de trabajar desaparece la planificación urbana en favor de los intereses económicos. También habló de la situación del tejido asociativo, débil, atomizado y competitivo entre sí, e instrumentalizado en muchas ocasiones por la Administración.

Hay tres modelos de Administración: el burocrático, que es el clásico, el gerencial que es el que se está llevando a cabo en muchas ciudades, como Madrid, con más de quinientos gerentes, y el relacional, que es por el que apuesta Alguacil y el que analizó en profundidad. Este modelo implica un reparto del poder. En él, la calidad de vida se entiende como un proceso y hay participación no sólo por parte de los especialistas, ya que “conocer la realidad es el elemento pedagógico más importante”. La función de los políticos sería en este modelo la de incorporar a los ciudadanos a la toma de decisiones. “Un buen líder político es aquel capaz de incorporar  a los ciudadanos a la toma de decisiones y liderar esas relaciones”, dijo Alguacil.

Se necesitan, por tanto, políticos que medien entre las distintas redes sociales, técnicos implicados, trabajadores municipales corresponsables y ciudadanos activos y participativos.

Movimientos sociales
 

El reto, según Alguacil, está en las ciudades organizadas. Para él, la historia de la  modernidad es la historia de la lucha de los movimientos sociales, gracias a los cuales han llegado los derechos ciudadanos. Y ahí, en esos movimientos sociales, está la base de la alternativa. El director del taller expuso un triángulo en el que en un lado está el movimiento obrero, en otro el ecologista y en otro los movimientos antiautoritarios. En el centro, en la confluencia, está el movimiento de movimientos, el llamado movimiento antiglobalización. Alguacil preguntó y se preguntó si no sería este movimiento el nuevo sujeto histórico del cambio en una sociedad en que los partidos políticos no representan ya a las clases sociales.

Por último diferenció el movimiento antisistema, que propone una alternativa, del movimiento antisocial que sólo funciona como destructor de otro colectivo,  y destacó el crecimiento en España de los movimientos de los desesperados, como se vio en Francia hace unos años y en Los Ángeles a principios de los noventa. La base para el futuro partiría de movimientos locales, anclados a un territorio, pero unidos en una alianza global.

Más información: Nota de prensa

Taller «La ciudad de las tres ecologías»

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Los días 6 y 7 de octubre de 2008, Carlos Verdaguer dirigió el taller “La ciudad de las tres ecologías. Una posible introducción al eco-urbanismo”.

Carlos Verdaguer (Madrid, 1956) es arquitecto urbanista, consultor de la red gea 21 y profesor asociado del Departamento de Urbanismo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura (Universidad Politécnica de Madrid).

Verdaguer es experto en el diseño de proyectos integrales de sostenibilidad urbana y en la aplicación y desarrollo de metodologías de participación ciudadana asociadas al urbanismo. Entre los proyectos en que ha intervenido destacan el Ecobarrio Trinitat Nova (Barcelona), los proyectos europeos Ecocity y Steer-Snowball, el ecobarrio de Soto del Henares (Torrejón de Ardoz, Madrid). Recientemente ha participado en un concurso para el diseño de sendos ecobarrios en Logroño. Ha codirigido el Informe Diagnóstico GEO-Vitoria Gasteiz sobre la sostenibilidad urbana en el municipio y ha coordinado numerosos talleres de participación ciudadana según la metodología EASW (European Awareness Scenario Workshop) desarrollada por la Comunidad Europea.

Verdaguer es miembro del comité de seguimiento de la iniciativa CF + S Ciudades para un Futuro más sostenible (www.habitat.aq.upm.es), del GIAU + S (Grupo de Investigación para una arquitectura y un urbanismo más sostenibles), de la Comisión de Sostenibilidad del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y de la recién creada ASA (Asociación Sostenibilidad y Arquitectura, www.canalasa.es). Es también asesor del Portal Ecourbano (www.ecourbano.es), impulsado por la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona.

El director de la FCM, Fernando Gómez Aguilera, inauguró el taller ‘La ciudad de las tres ecologías: una posible introducción el eco-urbanismo’, impartido por Carlos Verdaguer, profesor universitario y arquitecto urbanista. Gómez Aguilera señaló como punto de partida que “la Humanidad se está jugando su futuro en el escenario de las ciudades” y se abre por lo tanto el reto de su “habitabilidad y su humanización”.

Las tres ecologías a las que hace referencia Verdaguer en el título del taller  son la social, la mental y la física, ninguna de las cuales tiene sentido sin las otras dos. El director del taller hizo un recorrido histórico por las ciudades, que crecen primero  como una creación anónima y colectiva, fruto de muchas mentes y de un proceso complejo y pasan posteriormente a necesitar una planificación. El cambio principal lo da la Revolución Industrial en el Siglo XIX. Se introduce la velocidad como elemento esencial. Aparece el proletariado, la calle como escenario de la vida y aparecen los “lugares inhabitables” por primera vez. Esto permite que surja el urbanismo como disciplina paliativa. La población urbana crece sin parar (del 2% de la población mundial en 1860 al 60% en 2010). “El fenómeno urbano es imparable” y el planeta adquiere “una lógica urbana”.

Con la irrupción del urbanismo nace el mito de la homogeneidad, “un modelo abocado al fracaso”, según Verdaguer, porque “lo urbano ha venido para quedarse”  y “la venganza del lugar siempre aparece”. El trazado urbano permanece, hasta en la ciudad de Hiroshima después de la bomba atómica. Sin embargo sí que desaparecen lugares en las ciudades. Verdaguer apuntó la importancia de la desaparición de la memoria  asociada a ciertos lugares y el largo plazo necesario para que surja una nueva memoria. “No hay que respetar cualquier lugar pero hay que saber lo que implica su destrucción”. El arquitecto señaló que el ecologismo no está en contra de “no tocar nada” sino que se plantea quién toma la decisión de sustituir un lugar y si es necesario.

Si no existe la planificación, la ciudad se crea a golpes de  espontaneidad del mercado y cuando se acaba esa espontaneidad aparece la espontaneidad de la desesperación, y con ella la aparición de las grandes urbes y los grandes espacios de marginación. Eso sí, según Verdaguer, “es necesario planificar pero hay que tener cuidado con la ciudad que se sueña”. “Las recetas para hacer ciudades están reñidas con la complejidad de lo real”.

El director del taller apuntó unos objetivos ideales del planeamiento aunque acabó señalando que actualmente, en la práctica, “el planeamiento se convierte en un simple mecanismo regulador del mercado inmobiliario ajeno a la creación de la ciudad”. “A veces – apuntó – es el mejor que se puede hacer”. Se preguntó en voz alta si no será hora de que el urbanismo responda a su vocación originaria y se convierta en un instrumento de cambio social y de resistencia frente al poder omnímodo del mercado.

La nueva conciencia ambiental

Verdaguer citó unos principios generales de sostenibilidad frente a  los principios básicos de un modelo en crisis que se han demostrado como falsos. Entre los primeros se puede destacar que el respeto al medio ambiente es inseparable del bienestar humano y éste a su vez lo es de la equidad y la solidaridad, así como que el proceso de agotamiento de recursos y el deterioro ambiental es exponencial, entre otros.

Expuso  también los objetivos básicos  para un nuevo urbanismo, que se pueden agrupar en tres:

    • La integración en el medio natural y artificial, partiendo de lo existente y mejorándolo, ya sea sustituyendo, renovando o conservando.
    • El ahorro de recursos energéticos y materiales.
    • La calidad de vida en términos de salud, confort y bienestar social, contando con la participación en el proceso de toma de decisiones.

 Verdaguer  dibujó con palabras el mapa de la ecociudad postindustrial y señaló que la reflexión urbano- ecológica a nivel territorial sigue siendo una asignatura pendiente porque está ligada a una transformación global del modelo energético. “Estamos abocados a velocidades más reducidas”, aseguró. A su vez, enumeró las directrices básicas de la ecorregión, que comienzan con poner límites a  la dispersión, la redistribución territorial de recursos, la gestión integrada de energía y materia, la reducción de la movilidad, el reequilibrio entre entorno natural, rural y urbanizado, el fomento de la autonomía de los núcleos urbanos y la inserción de las redes globales.

Finalmente, para acabar la primera jornada del taller, citó las condiciones básicas de la ciudad sostenible, entre las que destacó el ecobarrio como unidad principal y la rehabilitación y reutilización del Patrimonio construido como una directriz fundamental para la sostenibilidad. En España hay actualmente 24 millones de viviendas y 45 millones de habitantes. “Hay pocas justificaciones para construir una vivienda más”.

La segunda y última jornada del taller ‘La ciudad de las tres ecologías’ partió de la exposición de las herramientas básicas para un nuevo urbanismo, divididas en tres grandes ámbitos: un enfoque holístico y multidisciplinar, la participación y el control de los usuarios y la evaluación y monitorización durante y después del proceso.

El director, Carlos Verdaguer, insistió durante las dos jornadas en la importancia de avanzar en cualquier aspecto que conforme  el ecourbanismo y a la vez en que sólo se puede hablar de ecociudades o ecobarrios si se avanza en todos y cada uno de esos aspectos. Señaló que cada proyecto exige una identificación diferente en función de los objetivos que se buscan y explicó su experiencia en realizar matrices de análisis o de diagnóstico para analizar dichos proyectos. “Es necesario identificar los sectores clave para establecer los objetivos de sostenibilidad”.

En cuanto a la participación, este arquitecto urbanista parte del principio de subsidiariedad: resolver los problemas lo más cerca posible del origen. Los técnicos deben apoyar el proceso de toma de decisiones con soluciones argumentadas, pero la decisión antes calidades distintas o contradictorias no puede ser técnica. La verdadera participación – destacó – no consiste en informar ni en consultar (al estilo de las alegaciones en los planes generales). “La participación  se produce cuando puedo entrar en un sitio con la idea A y salir con al B o al menos con la A+1”. Hay dos modelos contrapuestos de participación: el habitual, de arriba abajo, que en el mejor de los casos se logra una homegeneización y el participativo, de abajo arriba. “La participación es un filón, ya que es conocimiento acumulado que puede sustituir mucha información urbanística”. Advirtió también de la importancia de no crear falsas expectativas en los procesos de participación, de integrar a todos los actores desde el inicio y de no buscar el consenso en sí mismo sino la identificación de los verdaderos conflictos.

Verdaguer hizo un repaso de algunos de los pioneros en el diseño sostenible, que aquí tan sólo se nombran: Lucien Kroll, Ralph Erskine, John F. Turner, Rod Hackney, Bernard Rudofsky, Giancarlo De Carlo, Charles Abrams, Henri Lefebvre, Félix Guattari, Michel Focault, Jim Diers, Yukio Nishimura o Christopher Alexander, entre otros.

La tercera de las grandes herramientas consiste en la necesidad y los métodos de evaluación del proceso, “para aprender del propio proceso”. Señaló en tono jocoso que “el arquitecto suele ser el que no vuelve por la escena del crimen” y volvió a insistir en la importancia de medir la complejidad  para no ‘vender’ como sostenibles proyectos que sólo cumplen una parte de los requisitos.

Una herramienta vigente: la Agenda 21

La Agenda 21 como herramienta metodológica, según el ponente, ya contiene todos los elementos necesarios para constituir la base de un nuevo urbanismo sostenible aunque en la práctica, en España, sólo ha estado a la altura de las expectativas “cuando los políticos han permitido su aplicación coherente”. Destacó que está lastrada por la inexistencia de un marco legal y que normalmente se ha quedado en la etapa de diagnóstico y en una marca de prestigio ambiental. Como ejemplo más claro de esto último citó el caso de Madrid, una ciudad claramente insostenible con Agenda 21.

Siguiendo esta línea advirtió de que el hecho de que no haya soluciones ni fórmulas únicas para medir la complejidad de los procesos no puede ser coartada para aceptar cualquier cosa como un proyecto sostenible. Puso dos visiones sobre la sostenibilidad que representan dos extremos: la de Richard Rogers, en la que el reto consiste en incorporar tecnologías sostenibles que reduzcan la contaminación y los costes de mantenimiento de los edificios y la de los que sostienen que la única arquitectura sostenible es la que no se llega a construir, porque un nuevo edificio nunca ahorra energía y toda urbanización de un nuevo suelo es antiecológica. En este sentido, según Gunther Moewes, la rehabilitación, la sustitución de edificios o el cierre de huecos entre estos es lo único válido en la actualidad. Terminó haciendo referencia al monofuncionalismo solar, es decir, a  los proyectos pensados solamente para atender a la orientación del sol, pero que en la mayoría de los casos desatienden otras necesidades y crean otros problemas.

Como colofón del curso expuso algunos de los proyectos en los que ha trabajado a través de la empresa consultora Gea 21, como el barrio de Soto del Henares en Torrejón de Ardoz, un concurso para dos ecobarrios en Logroño o el proyecto de Trinitat Nova en Barcelona, integrado en el proyecto Ecocity, del que señaló que el resultado se ha ido desviando del planteamiento realizado originariamente.

Curso «Economía, poder y megaproyectos»

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“Los megaproyectos me parecen muy bien”, señalaba el director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera en la presentación del curso ‘Economía, poder y megaproyectos’, celebrado en la FCM del 17 al 19 de octubre de 2007, que para él es al fin y al cabo un curso sobre la democracia. Se refería a megaproyectos como los Derechos Humanos, la inversión de la tendencia de la pobreza o la situación de la mujer en el mundo.

En la primera jornada del curso, en la que intervinieron José Manuel Naredo, uno de los directores, y Félix Arias, se pusieron muchos ejemplos de megaproyectos aunque no precisamente de este tipo.

Los dos ponentes desmontaron ese axioma que dice que los megaproyectos son buenos para todos los ciudadanos porque crean riqueza y puestos de trabajo que repercuten en el progreso de la sociedad donde se construyen. Naredo, por ejemplo, entre las consecuencias que traen estos megaproyectos señaló que “desplazan el poder hacia el mundo económico y empresarial”, crean un nuevo feudalismo o caciquismo “disfrazado de democracia” o logran lo contrario de lo que anuncian:que los beneficios empresariales no sólo no producen mejoras en la calidad de vida de las personas sino que son los contribuyentes quienes hacen posible, con dinero público, que se generen esos beneficios para unos pocos. De hecho, el pretexto para hacer los proyectos es el beneficio que generan, cuando todos están financiados, directamente o indirectamete, con dinero público.

En los megaproyectos, también llamados muchas veces “operaciones”, en lenguaje militar, “se inflan los beneficios y se ocultan los costes y sus daños ecológicos y sociales”.

Félix Arias, urbanista y concejal del PSOE en Madrid hasta el pasado mes de mayo, señalaba que “esa vieja idea de que son buenos para todos porque el crecimiento es bueno, está archidemostrado que no es cierta: generan desigualdad en los ciudadanos”. Arias aseguró que esos proyectos se justifican con razones globales y no hace falta “entrar en los procesos reales”. “El que pide que se cumplan las normas es el enemigo del pueblo”, señaló Arias, que dejó claro que “el modelo de ciudad que se construye a base de hacer las obras que necesita el sector inmobiliario no es es modelo sostenible”.

Ambos ponentes expusieron varios megaproyectos “ejemplares” en España que demuestran las conclusiones anteriores.

Centrales nucleares. No se trataba de generar electricidad sino de hacer el negocio construyendo la central. Se maneja a las empresas eléctricas para inflar los presupuestos de construcción y se multiplica el coste por siete, al igual que se hace con las autopistas, que tienen el precio por kilómetro más caro de Europa. Con las centrales no se hacía propaganda explícita de la energía nuclear pero se pagaba a periodistas para que hablaran bien de ellas (incluso apareció en esa lista Félix Rodríguez de la Fuente). Lo único que lo puede frenar, según Naredo, es: “información potente de lo que se traen entre manos y movilización popular”.

Trasvase del Ebro. Un trasvase se justifica por cantidad, calidad y cota. No se daba ninguna de las tres. De los diez últimos años estudiados, el Ebro no daba la cantidad suficiente de agua para trasvasar en seis de ellos, según los datos que manejaba la propia Administración. La calidad del agua tampoco era buena y además había que gastarse una gran cantidad de dinero en bombear agua desde el nivel del mar hasta casi 600 metros. Conclusión: costaba el doble que la desalación para lograr una calidad de agua similar. La clave: “forrarse en la construcción”.

Parque Warner. En Madrid. Entre la Comunidad Autónoma y las Cajas de Ahorro financian casi todo el proyecto. La Warner no pone ni un cinco por ciento de la inversión. Ha sido un fiasco. Iba a crear 3.000 puestos de trabajo y no llega ni al 10%. Además del coste, se invirtieron 84 millones en la autopista y 30 en el ferrocarril, de dinero público, por supuesto. La clave: se revalorizan los terrenos colindantes (el Parque sólo ocupa una cuarta parte de la “operación”).

 AVE a Guadalajara. El trazado del AVE llega a Guadalajara pero no entra. Hace un escorzo. La clave: la Ciudad Valdeluz construida en terrenos de un familiar de una alta responsable política. El que marca la pauta, el que atrae la inversión, es la propiedad del terreno, no la necesidad de los ciudadanos.

M-30. Gallardón se juega su prestigio porque es su gran promesa electoral. No tiene plan de movilidad ni estudio de impacto ambiental. El colapso de coches, después de las obras, es el mismo, pero invirtiendo 5.000 millones de euros, cuando se había anunciado un coste de 1.700. Eso sí, se hacen con “las tuneladoras más grandes del mundo” que, casualmente, cuando se adjudican las obras, ya están construidas. “Es la autopista más cara del mundo por kilómetro”, según dijo Arias. La clave: dar mejor acceso a las radiales de Madrid, especialmente a las de pago, y poner en valor así fincas a veinte y treinta kilómetros del centro de la ciudad.

Operación Chamartín. Es la primera operación urbanística en España que se hace por concesión. Un suelo público, de Renfe, se pasa a cederlo a una empresa. Después se multiplica por tres la superficie de la concesión sin hacer un nuevo concurso y se dobla la edificabilidad. En catorce años no se ha logrado ni aprobar el plan parcial de la operación.

Torres del Real Madrid. Se justifica todo porque “el Real Madrid es el mejor embajador de Madrid en el mundo”. En unos terrenos con uso deportivo, se inicia la idea de construir un pabellón olímpico. Se hace un convenio muy favorable para el Real Madrid (los cuatro edificios más grandes de España) y además se ceden para la nueva ciudad deportiva unos terrenos en Valdebebas que son propiedad de terceros. Para esa ciudad se le da una licencia en precario, sin plan aprobado, por la que sólo pueden construir algo desmontable. Construyen con hormigón pero presentan un aval por si hay que derribarlo.
Frente a esto, según José Manuel Naredo, sólo cabe “una refundación democrática del poder con el ejercicio pleno de la ciudadanía bien informada”.

El protagonismo de los mercados financieros afianza el carácter virtual de la riqueza

El mundo al revés. Los países ricos son los más endeudados y los países pobres los más ahorradores. Es más, los países ricos son ricos porque succionan el ahorro del resto del mundo. Tienen necesidad de financiación. Y contra toda lógica, la tasa de ahorro de los países pobres (sobre un 30%) del Producto Interior Bruto es superior a la de los países ricos (un 20%). ¿Y qué ha pasado en los últimos años? “Que los mercados financieros han tomado vida propia”. El profesor de la Universidad de Valladolid, Óscar Carpintero, trazó en la segunda jornada del Curso ‘Economía, poder y megaproyectos’ las claves del poder financiero que han adquirido los grandes grupos empresariales, los nuevos fabricantes de dinero.

Excepto Japón y Alemania, que lo que hacen con sus ahorros es financiar su estrategia de adquirir patrimonio directamente, el resto de los países ricos acude a los mercados financieros para poder expandirse. Es decir, piden dinero para comprar. Lo mismo que cualquier economía doméstica para adquirir una vivienda. Lo que ha pasado en los últimos años es que ya no se va al banco a pedir ese dinero, se acude a los mercados financieros. No obstante, “que los bancos pierdan peso no quiere decir que pierdan poder, porque lo recuperan por otro lado”. Tanto piden los ricos que tienen un déficit crónico. ¿Quién compensa este déficit? Los países pobres, principalmente China y el Sudeste asiático.

En este contexto, España tiene un papel más que destacado. Es el segundo país del mundo con mayor deuda en términos absolutos, sólo por detrás, aunque muy por detrás de Estados Unidos, que como país más rico del mundo es el más endeudado. Desde finales de los años noventa, la escalada de España, que ha pasado de país comprado a comprador, le ha colocado además en el dudoso honor de ser el más endeudado en términos relativos, respecto a su PIB. “Hemos imitado a USA superando al maestro, y sin el dólar”, según Carpintero. Ante esta situación, el ponente se hizo una pregunta: “¿Por qué no hacen lo mismo los países pobres”. Y se dio una respuesta: “porque hay desigual capacidad para emitir pasivos que admita el mercado”. Ya en el Siglo XVIII, Quesnay, economista y cirujano, intuía la respuesta, que de manera muy resumida, es ésta: a los pobres se les cobra al contado y a los ricos a crédito.

Las empresas de los países ricos, por lo tanto, se dedican a fusionar o adquirir empresas en los países pobres. En lugar de invertir para producir en esos países compran las empresas productoras. Y las compran, como se ha dicho, a través del canje de acciones. Realmente lo que están haciendo es emitir dinero: dinero financiero, virtual. Es virtual porque si alguien compra una acción, la empresa no le garantiza que cuando quiera le vaya a devolver el importe de esa acción en dinero. La emisión de este dinero financiero ya es mucho mayor que la emisión del dinero de los Estados. En el año 2000, en España, la emisión privada supuso un 21% del PIB, mientras que la pública fue negativa, se detrajo dinero. “Las empresas que lanzan una oferta de compra realmente se convierten en un banco emisor”, dijo Carpintero, que advirtió que esto genera una redistribución de la propiedad a escala nacional e internacional, afianza el carácter virtual de la riqueza, confunde la riqueza con la deuda y hace que “si la gente quiere materializar la riqueza, esta se esfuma”.

Los núcleos de poder en España son los mismos de siempre”

Albert Recio, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, contó una “historia de éxito del capitalismo español”. La historia de la oligarquía española. “Hace años ya se piensa que lo normal es que existan oligopolios: las empresas buscan seguridad y crecimiento, se basan en la fidelización, en la producción masiva y en el apoyo público”. El poder de las empresas españoles, como ya quedó claro en la anterior intervención, ha aumentado mucho. Ya hay nueve o diez entre las 500 más grandes del mundo, tres de ellas entre las cien primeras, y cuatro de esas diez eran empresas públicas.

Recio señaló que bajo el franquismo se consolidaron tres aspectos de la economía española: el status quo bancario, la intervención clientelar y el apoyo en el sector público. “Cuando llegó la democracia se vendió la moto de que la economía se iba a liberalizar: es falso”, dijo Recio. Lo que ha pasado es lo contrario. Los grandes grupos bancarios se han concentrado y la introducción de bancos extranjeros no es significativa. Además, en los años ochenta, “el Estado da unas ayudas cruciales para la reconversión bancaria”. La oligarquía económica nace y crece bajo el paraguas del Estado. Para Recio, los bancos tienen además un papel muy importante en la burbuja inmobiliaria, que es la que tira de la economía española, “ya que el banco genera la oferta y la demanda”.

En la construcción hay seis grandes empresas: ACS, Ferrovial FCC, Acciona, Sacyr Vallehermoso y OHL, además de Abengoa, más dedicada al montaje. Entre estas empresas hacen la mitad de toda la obra pública en España, tanto de Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y el propio Estado. La mayoría de ellas tiene su origen más remoto en los primeros años del franquismo y surge gracias al apoyo público, de concesiones públicas. “Hay una continuidad”, señaló Recio, que explicó más detalladamente la trayectoria de los creadores de estas empresas. “Estos núcleos de poder son los mismos de siempre” pero se han ido adaptando a las nuevas reglas de juego.

Estas grandes empresas invierten no sólo en la construcción, sino también en el sector inmobiliario, en concesiones, medio ambiente, servicios sociales, montaje, industria, transporte, “y ahora al asalto de la energía”. Y todas esas compras las financian los bancos. Las empresas se han hecho tan fuertes que han pasado de expandirse de América Latina a comprar en el mercado europeo. Y se han hecho tan fuertes “que están cambiando los modelos de gestión de lo público”. “Se saca a concurso la gestión de cárceles y hospitales durante treinta años”, dijo Recio. ¿Las consecuencias? Un modelo de elevados costes sociales, ecológicos o laborales: desigualdades, precariedad, corrupción, desequilibrio, mala calidad del servicio… “Un modelo de capitalismo canalla”, terminó Recio.

El objetivo económico es la acumulación de capital para poder seguir acumulando capital”.

“Sevilla, la construcción de un sueño”. Así se llamó una operación urbanística promovida por la empresa Heineken en la capital andaluza. La operación y cómo se llegó a ella sirve de ejemplo de actuación del “reacomodo de las viejas oligarquías andaluzas y los nuevos poderes transnacionales”, título de la ponencia del catedrático Manuel Delgado, que abrió la última jornada del curso ‘Economía, poder y megaproyectos’. Para llegar a interpretar ese ‘sueño’ hay que explicar previamente cómo llega Heineken a ser promotor de 2.000 viviendas de lujo en el centro de Sevilla gracias a una recalificación de un suelo industrial a residencial con un alto coeficiente de edificabilidad y con un proyecto avalado por Jean Nouvel, Foster e Isozaki. El solar del que hablamos es la antigua fábrica de la cerveza Cruzcampo, un emblema de la economía sevillana.

Antes de ser comprada por Heineken, fue la cerveza Guinness quien adquiere Cruzcampo. Por el camino y gracias a la supuesta inversión, se reestructura la producción y se pierde una cuarta parte del empleo de Cruzcampo, se compran marcas de cerveza locales y sus redes de distribución. Finalmente se presiona al Ayuntamiento para que recalifique la antigua fábrica y en la operación se ganan 300 millones de euros, la mitad de los que costó la compra. “Todo esto se incluye dentro de un plan que tiene como pilar básico la participación ciudadana”, como explica Delgado. Hay más detalles aún pero con estos ya se pueden explicar algunas de las características comunes de ese reacomodo del viejo poder oligárquico en Andalucía:“el capital se libera del peso de la gestión de lo real”, “se alimenta la marca y las acciones se orientan al marketing” y se busca “fabricar barato donde sea”. El resultado es que las viejas empresas locales se van desvinculando de su lugar de nacimiento.

Por una parte, esas viejas oligarquías se reacomodan dentro del capital internacional: unas se dejan comprar directamente, otras mantienen sus acciones dentro del paraguas de la marca internacional y otras sirven como franquicias del capital global. Delgado destaca que hay “una apropiación y desposesión de lo local desde lo global bajo el predominio de la financiarización”, una característica que ya indicó en su conferencia dentro del curso el profesor de la Universidad de Valladolid, Óscar Carpintero.

El ejemplo de Heineken no es el único, claro. El caso de Pernod Ricard es similar. Compra la empresa Larios, de larga tradición malagueña y se lleva la producción a Madrid, mantiene el nombre de la marca pero económicamente se desvincula por completo de Andalucía. “Es una corporación vacía, una empresa virtual que se separa de lo físico”, señala Delgado. Pernaud finalmente absorbe Allied-Domecq, formada a su vez por una fusión de una empresa internacional y una de las empresas de más arraigo andaluzas. Esa desvinculación con lo local le pasa igual a González Byass o a Osborne, mientras que como ejemplo del desmantelamiento de la producción podemos señalar la compra de Marcos Eguizábal de las viejas bodegas del casco histórico de Jerez para convertirlas en centros comerciales.

En el caso de las empresas de construcción, Delgado señaló el protagonismo del PSOE alimentando ciertas operaciones a través de las Cajas de Ahorro, controladas por el partido. “Quienes debían impedir los desmanes urbanísticos son quienes los promueven”. Como conclusión: la extensión de esa lógica de la acumulación depredadora que acaba por destruir el tejido social y los ecosistemas. “El objetivo económico es la acumulación de capital para poder seguir acumulando capital”.

A cada megaproyecto le corresponde su megamentira: el camino hacia la desobediencia civil

Federico Aguilera Klink, codirector del curso, recogió el testigo de la intervención anterior. “Los auténticos damnificados de esto son las pequeñas y medianas empresas”. Aguilera comenzó diciendo que las grandes empresas “no quieren competir”. Citó a Adam Smith, el padre del liberalismo , que ya decía en el Siglo XVIII que “sólo quieren ampliar el mercado y reducir la competencia”. Smith decía que los que dictan las reglas del juego son los que tienen más interés en defraudar o que la regulación del comercio siempre es un engaño. “Prohibido ver lo evidente”, señaló Aguilera Klink parafraseando una viñeta de El Roto. El director del curso advirtió que no se enseña economía incluyendo la influencia que tiene el poder sobre ella. “No se puede estudiar economía excluyendo al poder “ya que es el poder el que explica lo que ocurre”.

Para hablar de la situación actual, Aguilera recurrió al pasado. Comenzó con Smith y siguió con Galbraith, que en 1973 decía que “la corporación moderna controla, fija precios, soborna y es una influencia dominante en el Estado”. Se da, pues, una confusión entre el interés privado y el público. De hecho, el primero acaba por transformarse en el segundo. Como ejemplo: el eje transinsular que se quiere construir para unir las siete islas. A mayor escala, el Plan Hidrológico Nacional, que se llegó a presentar en la sede de la patronal de la construcción en Murcia. “Prohibido ver lo evidente”. ¿Qué capitalismo es este que piensa que los fondos públicos son suyos?, se pregunta en alto Aguilera Klink, y lo hacía tras explicar que el Plan de Infraestructuras y Transportes destina 250.000 millones de euros a obras, como una especie de compensación por derogar el trasvase del Ebro. Más ejemplos de la transformación del interés privado en público: el AVE, que a 350 kilómetros por hora gasta tanta energía como una ciudad de 25.000 habitantes mientras se desmantela la red de ferrocarril y se construye un país cuyo futuro es tener la mayor densidad de kilómetros de autopista por habitante.

Aguilera Klink relaciona megaproyectos con megamentiras:se deroga el trasvase del Ebro pero se mantienen las sobreestimaciones de la demanda de agua, aunque altos cargos del Gobierno reconocen que se había sobreestimado esa demanda. “No hay cálculos fiables ni honestos y menos de los expertos”, dijo Aguilera, que volvió a recalcar las características de los megaproyectos que destacó José Manuel Naredo el primer día del curso:“se sobreestiman los beneficios, se subestiman los costes y se ignoran los impacto ambientales”. Como gran ejemplo de megamentira puso todo el proceso para intentar construir el puerto de Granadilla y cómo se va cambiando de mentira según se va desmontando la anterior. “Ahora están con el gas y con Kyoto para justificarlo”. En este contexto ni siquiera Bruselas, el Parlamento Europeo, es una esperanza. “La presión de los lobbies es terrible, ya no es una esperanza”.

Para hacer frente a este capitalismo “gansteril” que crea precariedad salarial y saqueo de fondos públicos, el director del curso propuso: más independencia judicial, más fiscales de medio ambiente y anticorrupción, más democracia, una sociedad civil más activa y por último: desobediencia civil. “Hay que usarla de manera pacífica, seria e inteligente, pero empezar a usarla ya”.

Más información: Nota de prensa

Curso «Algunas claves de la corrupción urbanística en España»

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-“¿Qué recibiría yo?”

-“Pues resolver tu vida, la de tus hijos y de veinte generaciones tuyas. Esto es un filón, esto es oro, oro y oro”.

Esta conversación entre una concejal de un pueblo de Sevilla y un promotor inmobiliario que necesita su voto para aprobar una operación urbanística sirvió a Fernando Jiménez, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad de Murcia, para arrancar la primera jornada del curso ‘Algunas claves de la corrupción urbanística en España, que dirigió en la Fundación César Manrique del 26 al 28 de septiembre de 2007.

Jiménez fijó brevemente tres tipos de factores generales que pueden dar como resultado la corrupción: una frontera poco definida entre Estado y mercado, tolerancia social hacia esas prácticas y un mal funcionamiento de los mecanismos de control. De manera especial: la dependencia financiera que tienen los Ayuntamientos en el urbanismo para financiarse, un modelo asentado sobre la especulación legal, la alta rentabilidad de la inversión inmobiliaria (el precio medio de la vivienda ha subido un 175% en diez años mientras que los costes de construcción sólo un 35%), una política de vivienda basada en la compra y unos tipos de interés muy reducidos.

El director de la Fundación, Fernando Gómez Aguilera, había recordado previamente que un informe de la ONU de 2006 ya advertía de que en el urbanismo en España “las prácticas no éticas se han convertido en la norma”. Lamentó tener que dedicar un curso a la corrupción urbanística en lugar de hablar de la función pública y creadora que debería tener ese urbanismo y justificó el curso señalando que “el urbanismo no es una actividad desvinculada de la vida de las personas y del funcionamiento sostenible del planeta”.

La especulación legal

Fernando Jiménez tuvo que suplir al ex Director general de urbanismo de Valencia, Gerardo Roger, que tenía previsto hablar sobre el modelo urbanístico español. La conferencia se titulaba ‘La especulación legalizada del suelo’. “Hemos pasado de que cada español quiera ser seleccionador de fútbol a que cada español lleva dentro un concejal de urbanismo”, expresó el profesor Jiménez. El escenario de la corrupción exige tres factores: una oferta con un producto que genere elevadas plusvalías, una demanda muy alta y un mercado restringido, monopolístico y opaco. En España se dan las tres.

La primera, con un ejemplo: para la operación urbanística más modesta, de VPO y con baja edificabilidad, en el paso de rústico a urbanizable de ese suelo, el propietario del mismo obtiene, en un día, sin invertir, sin arriesgar y de manera legal, una plusvalía como mínimo del 900%. Esta circunstancia es exclusiva del sistema urbanístico español. No se da en ningún otro.

La segunda: a la demanda de los que quieren comprar una vivienda formar un hogar se suman los residentes extranjeros, los que quieren una casa como inversión y los que quieren blanquear dinero. Mucha competencia. La tercera: en el mercado se cede la iniciativa al sector privado y las decisiones políticas suelen ser poco transparentes. Jiménez terminó poniendo su esperanza de cambio en el  funcionamiento de la nueva Ley del Suelo, aprobada recientemente.

Plan General con derechos de autor

Marylène Albentosa, alcaldesa de Guardamar del Segura (Alicante, 16.000 habitantes), aportó la visión del problema desde una alcaldía. Ganó las elecciones en mayo de 2003 y se encontró con un Plan General aprobado cuatro días antes aunque aún no publicado y que triplicaba el suelo urbanizable que había hasta entonces. Los funcionarios municipales no conocían el Plan General. El de Guardamar es un claro ejemplo de cómo dejar el diseño urbanístico de un municipio a la iniciativa privada.

El Plan se dividía en catorce sectores para los que se podían presentar opciones de urbanización. Las propuestas fueron presentadas durante los meses de agosto de 2001 y 2002, El ‘agosticidio’, lo llamaron los vecinos. El Plan lo redactaba un equipo externo al Ayuntamiento, donde se suponía estaban los planos. Cuando Albentosa toma posesión como alcaldesa se encuentra sin información sobre el planeamiento y con un equipo redactor que le dice que no puede usar ese plan porque tiene derechos de autor. Al conseguir, finalmente, los planos, se encuentra con que no hay previstas zonas educativas, no se han diseñado puentes o rotondas para sortear una carretera nacional y ha desaparecido una zona protegida, un humedal, para lo que tuvo que dar su visto bueno el Gobierno regional en contra de su propio planeamiento. Logra corregir algunos errores, no sin dificultad, porque se produce la oposición de promotores y Gobierno regional.

“Al final no soy yo la que consigue aprobar el plan sino todos los intereses que había en el camino”, reconoce la alcaldesa que, por cierto, volvió a ganar las elecciones el pasado mes de mayo, con 300 votos de diferencia.

“La reacción contra la corrupción debe ser tan compleja como la propia corrupción”.

La segunda jornada del curso ‘Algunas claves sobre la corrupción urbanística en España’ tuvo un carácter heterogéneo. Abordó el papel de la prensa, de las asociaciones ecologistas y de una organización no gubernamental como Transparencia Internacional.

El de la prensa lo puso sobre la mesa Pachi Larrosa, hoy Jefe de edición de ‘La Verdad de Murcia’ y en los años noventa director de la edición burgalesa de ‘Diario 16’. En esa etapa protagonizó, como informador, el caso de la construcción de Burgos, un caso con diferencias “únicamente climatológicas con Marbella”. El caso terminó con la condena de siete años de cárcel para el constructor Méndez Pozo, la inhabilitación del alcalde y varios concejales, con 20.000 vecinos residiendo en casas con licencias de construcción anuladas y con ríos de tinta vertidos en una cabecera creada, como reconoció Larrosa, con la intención de sostener mediáticamente el proceso, denunciado en Fiscalía por la Asociación de la construcción burgalesa. Al contrario de lo que suele ser habitual, “los periodistas poníamos el freno del rigor a las ansias de la propiedad” del periódico por aumentar el escándalo.

Entre este caso particular y la valoración final del papel de la prensa regional en la denuncia de casos de corrupción urbanística en España, Larrosa hizo algunas consideraciones de tipo más general. “Todo fenómeno de corrupción es en sí mismo un arma política”. “Es difícil descubrir algo que se quiere ocultar”, que describe la dificultad o la fortuna de encontrar una fuente que destape un escándalo. El periodista relacionó directamente el aumento en el número de casos de corrupción que se conocen actualmente con la mayor importancia que ha adquirido la prensa local y regional, en general y en la denuncia de estos casos en particular. La cercanía entre el lugar de redacción y el de corrupción afecta a la prensa local para sostener los casos, y lo hace como fortaleza y como riesgo.

Las ventajas, frente a la prensa nacional, estriban en una mayor credibilidad, al estar habitualmente menos ideologizada o politizada, el potente atractivo de las informaciones al enfocar directamente a los poderosos locales pasando por dificultades y cierta independencia conseguida gracias a la concentración de varias cabeceras en grupos de comunicación potentes, principalmente en Prensa Ibérica y Vocento, donde la cúpula empresarial está desplazada del lugar de los hechos. Según Larrosa: “la prensa regional  mantiene la presión sobre los corruptos y obliga a la Administración a mantener su atención”.

Cómo se mide la transparencia

Jeús Lizcano es el presidente de ‘Transparencia Internacional’ España, una organización  creada por un ex alto cargo del Banco Mundial que está presente en multitud de países y que tiene como objetivo fomentar la transparencia en el sector público, los mercados, los partidos políticos, las empresas, las religiones o las universidades. Todo ello con el fin de lograr una mayor equidad social y eficiencia económica. Lizcano, que se centró en exponer la labor de la organización que dirige, señaló que la dimensión globalizada de la corrupción hace que ésta necesite una solución pactada. Uno de esos pactos es la convención de la ONU contra la corrupción, firmada por 140 países, entre ellos España, que deben ahora adaptar sus legislaciones  a ese acuerdo.

‘Transparencia Internacional’ desarrolla instrumentos de medición de la transparencia y la integridad respecto a entidades públicas y empresas. Publica cuatro informes anuales. El primero de estos informes, cuyos resultados se han conocido esta misma semana, es el ‘Índice de percepción de la corrupción’. Como conclusión general, Lizcano destaca que hay una “fuerte correlación entre corrupción y pobreza”. En este índice, en el que suspenden tres de cada cuatro países, España se sitúa en el puesto 25 de 180. Eso sí, la causa principal de la percepción de corrupción entre los ciudadanos españoles se debe la corrupción urbanística”, por lo que Lizcano augura un punto de inflexión ante una recesión en el sector de la construcción. El Barómetro global es el segundo informe. Evalúa catorce sectores en 62 países. En España, el peor valorado son los partidos políticos, mientras que la prensa se sitúa en el tercer puesto, algo atípico. El Informe sobre fuentes de soborno evalúa a empresas de las treinta economías más exportadoras del mundo. España aparece en el puesto número trece. Por último se elabora un Informe global de la corrupción en el Mundo, que aúna cada informe que se hace en cada país y que cada año se dedica especialmente a un sector. Por último, promueve un Pacto de Estado contra la corrupción y de momento ya se ha conseguido una resolución del Congreso de los Diputados instando al Gobierno a liderar ese pacto.

La comprensión para ejercer presión

El final de la jornada deparó una exhaustiva, hilarante y apabullante intervención de Juan Sánchez García, subdirector del Centro de Estudios Ecosociales de la Universidad de la Laguna, miembro de la Coordinadora El Rincón, profesor de Economía y un “escéptico ilusionado frente a la corrupción”. Su ponencia estaba anunciada como ‘El caso de la playa de las Teresitas: una reflexión sobre el papel de las organizaciones ecologistas”, aunque ya anunció desde el principio que había cambiado el título para usar el caso de la playa tinerfeña “como excusa para un debate más amplio”. Encaró la charla desde tres visiones distintas, las que le otorgan esas tres facetas que se han mencionado más arriba y sin perder el humor en ninguna de las tres. Recordó todo el proceso ciudadano para lograr la aprobación en el Parlamento del Plan Especial de El Rincón (Tenerife) y habló de corrupción pasiva por la “falta de voluntad política” para aplicar lo logrado. Contó otros dos casos más: el conjunto Atlante en el casco histórico de La Orotava y Las Teresitas. A los tres les une que son el resultado de un “ejercicio de cuentas social”, iniciativas populares o movilizaciones públicas.

El Centro de Estudios Ecosociales de la Universidad de La Laguna se creó para aprovechar la relación entre la Universidad y la sociedad. “Es un centro de investigación orientado a la comunidad”, según Sánchez García, que entre otras cosas, favorece la relación entre diversas disciplinas o hace una llamada a la responsabilidad social del mundo universitario. Desde ese punto de vista, el ponente resaltó que se ha puesto el acento en intervenir de manera directa, es decir, legislando sobre el uso del suelo pero no tanto en hacerlo de manera indirecta, esto es, a través del mercado. Advirtió de que la corrupción no es la ausencia de reglas, sino que es un sistema normalizado que puede hacer que se cambien las reglas desde la autoridad pública y se consoliden a través de la cooperación y la confianza. “Comprendiendo el fenómeno podemos ejercer una presión continua”, señaló. El mecanismo que puede romper el tejido corrupto se basa en la cooperación, en la interacción entre todos los actores, desde los movimientos ciudadanos, a las universidades, las instituciones, las distintas figuras jurídicas… “El efecto de estimulación e ilusión es muy importante para disolver la democracia corrupta”, afirmó, para terminar parafraseando al Nobel de Economía Joseph Stiglitz: “La reacción contra la corrupción debe ser tan compleja y variopinta como la propia corrupción”. Incluyendo el humor, el buen humor, claro.

“Las irregularidades más graves se cumplen en el ámbito de lo lícito”.

Si la corrupción urbanística es un iceberg, la parte que sobresale podría ser el caso de Marbella. La otra parte, la que no flota, mucho mayor que la que se ve, serían las corruptelas por el ejercicio discrecional de las funciones urbanísticas por parte de los Ayuntamientos. “Esa discrecionalidad es inevitable en el ejercicio del urbanismo porque decidir es gobernar. Es peligroso que sea un juez quien controle esas decisiones porque puede acabar sustituyendo el interés general por su propio criterio”. Frente a la ilegalidad manifiesta, Germán Fernández Farreres, catedrático de Derecho Administrativo, señaló en la última jornada del curso ‘Algunas claves sobre la corrupción urbanística”, su preocupación por aquella que es más sutil: “La discrecionalidad es el mejor caldo de cultivo de corrupciones”. Farreres, que habló sobre “Las dificultades de la jurisdicción contenciosa para el control de la actividad urbanística”, coincidió con el segundo ponente de la tarde, el también catedrático José Suay, en esa idea: “Las irregularidades más graves se cumplen en el ámbito de lo lícito”, señaló éste.

“Si las sentencias no se ejecutan es porque los jueces incumplen la ley de lo contencioso”.

Fernández Farreres señaló la lentitud como el gran problema de la jurisdicción contencioso administrativa. Considera que es un problema “endémico” y que su agilización no depende ni del tipo de procedimiento ni de la escasez de jueces.  Es un problema social, no legal. “La lentitud de la Justicia es colectivamente soportable porque el retraso perjudica a una parte pero beneficia a la otra”, dijo. La beneficiada suele ser la Administración, porque los actos que permite (la construcción de inmuebles gracias a las licencias que otorga), no suelen quedar suspendidos. De esta manera, para Farreres, en un contencioso administrativo, “el recurso se gana cuando el juez decide la suspensión”, La Justicia cautelar sería, pues, el único modo de  evitar ciertos desmanes, pero para eso se requieren “jueces muy afinados” y  muy preparados. Además  las medidas cautelares tienen el peligro, como  ya se ha dicho más arriba, de sustituir el criterio del juez por el de una administración elegida democráticamente. Destacó que “se ha ido muy lejos en el entendimiento de la autonomía municipal” y apostó por establecer mecanismos,  no de tutela pero sí de control de las administraciones locales. “Si intervienen dos instancias, mejor que si interviene unan sola”, señaló.

La última parada del recorrido del contencioso administrativo es la ejecución de la sentencia. Farreres, como en el resto de su intervención, fue claro: “si las sentencias no se ejecutan es porque los jueces incumplen la ley de lo contencioso”. Es entendible que no se ejecuten porque “hay que tener un gran valor”. ¿Quién está dispuesto a llegar a las últimas consecuencias”, se preguntó el ex letrado del Tribunal Constitucional, para  sufrir un acoso social por derribar una construcción ilegal. En Marbella, dijo, hay veinte sentencias de derribo y “no se va a derribar nada”. “En el avance del nuevo Plan general se legaliza todo”, aseguró.

“El que cumple le ley piensa que es tonto”.

La conferencia de José Suay llevaba por título “Los problemas y las carencias de la disciplina urbanística en Canarias”. Explicó que hay dos tipos de mecanismos represores: las medidas para restablecer la legalidad y las sanciones. El marco legal de Canarias, en cuanto a la disciplina urbanística, según Suay, “se hizo rápido” y deja un doble sistema sancionador, único en España. Dentro de lo positivo, Suay señaló la creación de la Agencia de protección del medio urbano y natural o la inclusión de algunas sanciones ejemplarizantes. El negativo, que “el móvil que impulsó la reforma (de 2006) fue una especie de amnistía general”, lo que tiene da como resultado, según Suay, que “aquel que cumple la ley piensa que es tonto”. Se quejó, como la mayoría de los ponentes del curso, de la “impotencia en el control de los actos de iniciación”, es decir, del otorgamiento de licencias, y puso su confianza en el fomento de los instrumentos de transparencia y en una mayor aplicación de sanciones  a cargos públicos. Apostó, finalmente, por una reforma del Derecho penal, que contempla multas de baja cuantía y plazos de preinscripción muy breves, además de avanzar en la figura de la prevaricación por omisión y aplicar la responsabilidad patrimonial sobre los cargos públicos condenados.

“Los notarios son los primeros en saber que se va a hacer una parcelación ilegal”.

Ana Linares, Fiscal de Medio Ambiente y Urbanismo de Sevilla, fue la última ponente del curso. Ya había participado en la primera jornada en la mesa redonda abierta al público. Se ciñó al título de su conferencia: “Los instrumentos de la fiscalía en la lucha contra la corrupción”. Esos instrumentos son el Derecho penal, la cooperación institucional, la coordinación interna y la intervención preventiva. En medio de su enumeración de los delitos más comunes relacionados con el urbanismo afirmó que “los alcaldes y concejales hacen una defensa verdaderamente pobre de manera frecuente”. Habló de su experiencia de colaboración con otras instituciones para perseguir los delitos, lo que considera fundamental y dio un toque de atención a los notarios, de quienes dijo que son los primeros en saber que se va a hacer una parcelación, y, en ocasiones no sólo no advierten de que es una ilegalidad y lo comunican a la Fiscalía, sino que además  la registran. Señaló, finalmente, que se abre una puerta a una posible impugnación de convenios urbanísticos o de otros planeamientos por parte de los fiscales, algo imposible hasta ahora.

El debate final con los asistentes cerró el curso. Fernández Farreres, que había comenzado su intervención señalando que ante la corrupción “mejor no ponerse en riesgo”, terminó afirmando que “de la corrupción urbanística no estamos libres casi nadie”. “Es El Dorado”.