Esquirol: «El ser humano, como hondura abierta profunda, traspasada por lo que le acontece»

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El filósofo Josep María Esquirol expuso el 23 de octubre de 2025, en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique, su pensamiento antropológico filosófico —basado en la comprensión de lo humano— con la intención de acercar al público a la “situación humana fundamental” o lo que se ha llamado también la condición humana.

“El pensamiento es una manera de procurar responder a lo que ocurre en la sociedad”, comenzó señalando Esquirol. Siempre ha habido y hay mucha violencia, y su intención de fondo es “responder a esta violencia que filosóficamente se vincula con lo que se llama el nihilismo”. Cuando prevalece el nihilismo emerge el dominio de la fuerza, explicó. Por eso, su vocación filosófica es “un intento de hacer frente a este nihilismo”. En otras palabras, de hallar las raíces de lo que tiene sentido.

Aunque definir lo humano no es posible, porque solo se define aquello que se domina, sí nos podemos aproximar, declaró el pensador. Se ha definido al ser humano tradicionalmente como el que tiene capacidad racional, o como animal técnico, capaz de transformar la situación radicalmente o, como manifestaba Nietzsche: aquel animal al que le es lícito hacer promesas. “El mañana es impredecible. Cuando una persona promete algo a otra es porque dice algo como: vaya como vaya el mañana, yo estaré. La presencia ya es una promesa”. El ejemplo más claro es una madre, que para una hija es una promesa.

En todas estas definiciones el énfasis está puesto en el poder y Esquirol quiere encontrar una manera de caracterizar al ser humano que no siga esa línea. A partir del ejemplo de la madre y la hija se preguntó de dónde surge este poder de prometer. Y la respuesta es que la madre promete porque está profundamente afectada por la hija. “Si esto es así, significa que el humano puede quedar profundamente afectado por algo”.

A esta posibilidad de quedar afectado se le puede llamar de formas distintas: apertura, sensibilidad, vulnerabilidad o aceptabilidad, incluso pasividad. Todas indican la porosidad del ser humano. El ser humano está tan abierto que puede quedar muy profundamente tocado. De ahí que Esquirol eligiese como título para su conferencia “El ser humano como hondura abierta”, porque esa apertura es al mismo tiempo una hondura que va de la piel al corazón.

La dicotomía entre interior y exterior en el ser humano no termina de funcionar para caracterizar al ser humano, “en cambio si hablamos de una hondura abierta, no hay interior y exterior, es una hondura que viene caracterizada precisamente porque está traspasada por lo que le acontece”, matizó. “Una manera de caracterizar esta hondura es a través de lo que podríamos llamar el sentir”, dijo el filósofo. El sentir se ha ampliado tanto que resuena, como si se plegara sobre sí mismo. Es decir, vivir es sentirse viviendo, encontrarse, que es en realidad la definición de la vida humana y del yo.

En este sentido, Esquirol expuso cómo el ser humano está afectado por cuatro experiencias fundamentales: el sentir, que es una autoafectación; el tú, la experiencia del mundo y la experiencia de la muerte. Sentirse se expresa como claridad y calidez. Sentirse, estar dándose cuenta, es estar en una especie de claridad que es al mismo tiempo calidez. El intelecto o la razón serían categorías relacionadas con la claridad, pero el sentimiento, emoción o afecto serían relativos a la calidez. La claridad y la calidez son aspectos de la misma cosa ya que una inteligencia sin calidez es como algo arbitrario. Como pista: en todas las narraciones en donde sale un sabio, siempre es alguien amable.

El humano está tan abierto, la apertura de su sentir está tan abierta, que lo que le acontece, lo que le afecta, incluso es infinito. Le afecta la nada de la muerte. Desde que se siente el aguijón de la finitud, en edades muy tempranas, todo cambia. Esta afectación es determinante. ¿Cómo es que el humano está afectado por la nada siendo la nada infinita?, se cuestionó Esquirol. “Porque la apertura es infinita”, sentenció.

Respecto a la infinitud del tú, la relación con alguien es realmente la relación con todo, pues el otro se presenta como una infinitud. El filósofo aseguró que, “en cierto modo, cada uno de nosotros podría describir su vida como una serie de encuentros fundamentales con el tú, la biografía de una persona es la biografía de sus encuentros”. Y queda la experiencia fundamental del mundo, que es el horizonte de todos los horizontes. La infinitud del mundo, aquello que realmente nos toca en el mundo, es el hecho de ser, de que las cosas son. En el ser de las cosas hay una infinitud, igual que en la nada.

Así, prosiguió el conferenciante, el ser humano es una hondura abierta traspasada por infinitos, afectada por experiencias fundamentales. Es una hondura abierta y excedida. Nos pasan y nos traspasan, añadió. El humano se encuentra con una situación en la que debe hacer frente a esto que le pasa, está traspasado por infinitudes y debe responder. Responder, no superar, “que eso es para la autoayuda”. Las infinitudes que nos traspasan jamás se superan, “en el mejor de los casos, nos enfrentamos y respondemos a ellas”. No es una huida, es ir poco a poco haciendo frente. Poder ir respondiendo es la salud. Hay una especie de salud espiritual que es al mismo tiempo salud mental. Cuando se produce una situación mórbida o patológica es cuando el humano es incapaz de responder a lo que profundamente le ocurre. Por esta dificultad de responder se pide ayuda, “y todos nos ayudamos unos a otros a responder”.

El ser humano está excedido por lo infinito y despliega, por este motivo, un anhelo infinito, que se traduce al mismo tiempo como un empeño, un esfuerzo por ir juntando las cosas buenas del día a día. “Hay un anhelo infinito y un anhelo que se proyecta en el día a día, siempre hacia adelante, que no es una huida del presente, sino la posibilidad de que haya presente”.

“Para que haya presente, lo que hacemos los humanos es responder de modo que haya un día tras otro, una palabra tras otra…”. “Cuando se produce un encuentro, ¿qué esperas? Un reencuentro”. “Sin duda este es un buen encuentro. Me gustaría que hubiera un reencuentro”, finalizó. 

Mas información: Nota de prensa

Antonio Valero: «Estamos esclavizando a la naturaleza porque se deja, pero hay que gestionarla»

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En 1987, Antonio Valero, catedrático emérito de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Zaragoza, viajó a Estados Unidos a visitar a Nicolás Georgescu-Roegen, “el mejor economista ecológico que ha existido”, según sus palabras. Pionero en integrar la termodinámica en la economía, Georgescu defendía que la escasez de los recursos establece el límite a la supervivencia de la humanidad, ya que el reciclaje nunca puede ser completo pues todos los recursos naturales se degradan irreversiblemente y, por lo tanto, acabarán agotándose en algún momento. Con esta premisa, Antonio Valero dio comienzo a su conferencia titulada: “La irreversibilidad como valor natural de las materias primas. En busca de la sombra física de la economía”, impartida en la sala José Saramago el jueves 18 de septiembre de 2025.

Partiendo del concepto de que la economía se basa en la escasez, Valero pronosticó: “La Naturaleza se va a poner cara”. A su juicio, nos encaminamos a un futuro colapso inevitable. La cuestión es saber cuándo. Un paso para conocerlo sería “combinar la termodinámica con la economía”. El ingeniero explicó cómo aunque la energía no se cree ni se destruya, sí que cambia de calidad, es decir, se degrada. Igual que nosotros nos mantenemos gracias a que consumimos recursos, pero vamos a morir, al planeta le pasa lo mismo, que se degrada poco a poco y “estamos acelerando esa degradación”.

Para contener esa inevitable degradación, lo que se puede hacer, a juicio del ponente, es gestionar los recursos biológicos y geológicos del planeta. Aquí entraría en juego la termodinámica, matizó, ya que cuantificaría la escasez, que se puede medir por parte de la Física, no por parte de la Economía. La primera idea para relacionar lo físico con lo económico es la exergía; la energía máxima de un sistema que se puede transformar en trabajo útil. La energía eléctrica, por ejemplo, tiene mucha exergía. Una mina, un río, un glaciar, también… Es una herramienta que nos permite valorar físicamente las cosas, no solo económicamente. La degradación de la energía la podemos llamar irreversibilidad así que, si medimos la exergía, estaremos midiendo la irreversibilidad de las cosas. Se convierte en algo cuantificable y se mide en kilovatios hora. Lo que es positivo para la economía es negativo para la física, matizó.

En este sentido, Valero habló de un trabajo que publicó en 1986 sobre la idea del coste energético en cuanto a la cantidad de energía que necesitamos para hacer cualquier cosa. Esa herramienta de coste tiene sentido con respecto a la economía, indicó. ¿Cuánta cantidad de energía o de exergía necesitamos para obtener recursos o materias primas? ¿Qué impacto generamos sobre el planeta? Si lo cuantificamos, tendríamos el coste para cada materia prima y sabríamos el coste para la naturaleza expresado en kWh. Es decir, lograríamos conocer el impacto integral sobre la naturaleza. ¿Qué podríamos hacer con estos costes físicos? Podríamos eliminar irreversibilidades o retrasar la degradación, señaló el catedrático emérito.

Valero considera que la sociedad valora más la eficacia —acabar algo en tiempo corto—, que la eficiencia —aprovechar al máximo los recursos utilizados—, y plantea reevaluar lo que consideramos progreso. A su juicio, habría que vivir más tranquilo, sin gastar tantos recursos y puso el siguiente ejemplo práctico: solamente duplicando la vida útil de los ordenadores y de los móviles que hay en España, habría electricidad para diez años en los hogares de la ciudad de Zaragoza.

Junto a José Manuel Naredo, Valero acuñó el término “la regla del notario”. En este sentido, explicó que, desde el punto de vista económico, el notario obtiene un gran beneficio de la construcción de una casa sin hacer apenas esfuerzo. Sin embargo, el coste de los materiales y de los recursos es mucho mayor para el planeta, mientras que en economía es la parte más barata en términos unitarios. Respecto a los minerales, cuantos más sacamos, más energía necesitamos para extraerlos. Ahora los minerales son más baratos, pero cuanto más avancemos en su extracción, se irán encareciendo. “Todas las materias primas del planeta van a subir de precio”, afirmó, y los recursos que primero se van a gastar en el planeta son los suelos fértiles, ya que los estamos degradando.

En una fábrica, una parte del beneficio va destinado a amortizar la maquinaria, pero ¿quién amortiza la naturaleza?, ¿cuándo consideraremos el fin de la esclavitud de la naturaleza?, se preguntó. Las renovables, por otra parte, son mejores que las energías fósiles, pero “no son tan renovables” porque también producen CO2. Además, los teléfonos móviles tienen 31 elementos químicos y duran tres años. Son imposibles de reciclar. Y los coches eléctricos tienen 55. “Somos una sociedad de usar y tirar”, sentenció.

La deuda de las personas del planeta es de 300 billones de euros, “lo que nos debemos unos a otros”. ¿Y dónde está ahí la naturaleza? No hay diálogo entre la naturaleza y el ser humano. “Estamos esclavizando a la naturaleza porque se deja, pero hay que gestionarla”. ¿Cuánta naturaleza nos hemos hipotecado de esos 300 billones? Por todo ello, Valero considera que hay que vincular la ética a la economía, porque el PIB no distingue entre procesos beneficiosos o perjudiciales para la naturaleza.

El ponente concluyó su conferencia explicando cómo, junto a un grupo internacional de investigadores, está elaborando una metodología del cálculo de las “mochilas de irreversibilidad” de todas las materias primas. Esto sería útil para dar a la economía una alternativa a través de la termodinámica ya que, en su opinión, “no podemos seguir así o, al menos, debemos saber lo que le ha costado generarlo a la naturaleza”. En último término, Antonio Valero informó sobre la creación de un comité internacional con el objetivo de cambiar la manera de ver la termodinámica e intentar influir en una política que no fomente únicamente el crecimiento económico.

Más información: Nota de prensa

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Teresa Vicente: «El Mar Menor somos todos»

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Teresa Vicente, profesora titular de Filosofía del Derecho, directora de la Cátedra de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza en la Universidad de Murcia y ganadora del Premio Goldman —considerado el Nobel de Medio Ambiente— “por idear, promover y lograr dotar de personalidad jurídica al Mar Menor”, impartió el jueves 19 de junio de 2025, en la Sala José Saramago de la FCM, la conferencia titulada “Justicia ecológica y derechos de la Naturaleza: La Ley 19/2022, de 30 de septiembre, de reconocimiento de personalidad jurídica a la laguna del Mar Menor y su cuenca”.

El acto comenzó con el “himno del Mar Menor” y, seguidamente, Teresa Vicente relató con gran detalle todo el proceso social y legal, que finalmente concluyó con la aprobación de la ley que dota a la laguna y su cuenca de los mismos derechos que tienen las personas y las corporaciones. Desde la creación de un movimiento social sin precedentes en España con la manifestación más grande que ha tenido la Región de Murcia, la recogida de firmas para la aprobación de la Iniciativa Legislativa Popular (un total de 638.800 firmas), hasta alguna anécdota relacionada con el primer juez que citó a declarar al Mar Menor, que se había criado en ese lugar y lo amaba.

El Mar Menor es el primer ecosistema de Europa con derechos propios y eso es “un gran triunfo de la ciudadanía española”, afirmó la jurista. “Cuando el Mar Menor nos dijo que se estaba muriendo, sentimos que algo también se moría con nosotros y, entonces, fuimos a luchar por su vida”, aseguró. El movimiento social se unió con el intelectual y, a partir de ese momento, empezó la lucha política. Para ello elaboraron una ley de solo siete artículos, muy sencilla para que la entendiese todo el mundo, matizó. Esa Ley pasó primero por el Ayuntamiento de Los Alcázares, donde se llevó a pleno a pesar de que había informes técnicos negativos. No obstante, nadie votó en contra “porque era el pueblo el que estaba hablando y esa es la democracia”. Posteriormente, se llevó al Congreso y al Senado en donde fue revisada, pero no se tocó nada de lo sustancial. Finalmente, obtuvo el respaldo del Tribunal Constitucional, “que deja claro que nos podemos defender en cualquier procedimiento legal, pero también frente a la Administración”.

Con respecto a los logros obtenidos desde que entrara en vigor la Ley, el 3 de octubre de 2022, el Mar Menor ha conseguido una tutoría legal integrada por 44 personas, —tiene tres tutores legales, cada uno representa a un comité: científico, de representantes y de guardianes—. Así mismo, la laguna ya tiene su firma, su cuenta bancaria y su NIF, ahora se está intentando conseguir que le otorguen un DNI. Además, el Mar Menor se encuentra personado en varios procedimientos penales y hay jueces que lo han llamado a declarar para que se defienda por los atropellos medioambientales que sufre. Refirió cómo, hace años, todo lo que rodeaba al Mar Menor eran dunas, sin embargo, la laguna y su cuenca comenzaron a degradarse a partir de los años 60 con la construcción masiva y los vertidos de los residuos de la minería, la agricultura y la ganadería intensiva.

Teresa Vicente hizo hincapié en que “el Mar Menor somos todos”, como aparece en el artículo 6 de la Ley, y esto no solo es un cambio jurídico, “sino ontológico”, es decir, “de la manera de entender quién es el ser humano y cuál es su lugar en el mundo”. Valoró la relevancia internacional de esta Ley, que fue reconocida por Naciones Unidas dentro del programa “Armonía con la Naturaleza”. Contó Vicente que les han llamado ya
abogados de Alemania para investigar si en la cuenca del Mar Menor hay agricultura intensiva de empresas alemanas para denunciarlo y juristas de Suiza “que ya le están diciendo a los bancos que no den dinero a empresas que estén explotando esa zona”.

Para finalizar, Teresa Vicente reivindicó un “nuevo modelo de justicia: la justicia ecológica, para darle dignidad a La Tierra, porque sabemos que tiene dignidad y no la hemos respetado, y cuando no se respeta, porque no se ama lo suficiente, hay que dar derechos para mantener ese equilibrio entre el explotado y el explotador”, concluyó. La jurista considera la situación actual se podría revertir, de verdad, si se fijan los derechos de la naturaleza en una declaración universal.

Más información: Nota de prensa 

Óscar Carpintero: «Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas»

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“Desde cualquier perspectiva, si nos remontamos a cincuenta años atrás, ecológicamente estamos peor”. Según Óscar Carpintero, profesor de Economía de la Universidad de Valladolid, es paradójico, porque “ahora sabemos mejor por qué estamos peor” pero sin embargo “cuanto más sabemos, menos hacemos por remediarlo”. El día 27 de junio, en la sala José Saramago, Carpintero impartió la conferencia titulada ‘Límites, transición energética y escenarios postcrecimiento’, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’. “Si atendemos a las emisiones que se han producido en el periodo en que se han celebrado las últimas cumbres sobre el clima, cuanto más nos preparamos para afrontar el problema, más aumentan las emisiones: Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas”, expresó el ponente.

El cambio climático, en el fondo, no es más que una manifestación de los límites. Estamos dentro de una crisis energética, pero también en una crisis de los límites, tanto por el lado de los residuos como por el lado de los recursos. Nos enfrentamos, eso sí, a una novedad histórica. A lo largo de la Historia todas las transiciones se han saldado con un uso de energía mayor, tanto total como per capita. La novedad es que en esta transición la disponibilidad de energía va a ser menor que en el pasado. En 2035 se prevé extraer un tercio del petróleo convencional que se extraía en 2010. Incluso, aunque el petróleo no tuviera un techo, cabría preguntarse si podríamos quemar todo el petróleo que quisiéramos. La respuesta es sencilla: no, porque tenemos el límite del cambio climático.

Carpintero destacó que es esencial hablar de economía cuando nos referimos al cambio climático. La relación entre el Producto Interior Bruto (PIB) y las emisiones es muy estrecha. Es difícil reflexionar sobre el cambio climático sin profundizar en el sistema económico. De esta manera, ¿cuánto tendríamos que reducir las emisiones para no tener que sobrepasar ese aumento de 0,5 grados centígrados de temperatura media en el planeta? Aunque no hiciéramos nada, la inercia nos llevaría ya a ese escenario, pero es que no estamos reduciendo las emisiones, sino que las seguimos incrementando a un ritmo de un seis por ciento anual. Es más, si se cumplieran los planes de reducción de emisiones que han presentado los 168 países, las emisiones aumentarían entre un 19 y un 37 por ciento, porque las reducciones previstas no son totales, sino relativas, por unidad de PIB. Con este escenario, el incremento de la temperatura podría ser de entre 3 y 4 grados.

¿Qué se tendría que haber hecho en la Cumbre de París para que llegáramos a un escenario razonable? ¿Cuánto petróleo deberíamos quemar para cumplir el objetivo? ¿O cuánto deberíamos dejar de quemar para mantener la temperatura por debajo de un aumento de 0,5 grados? Deberíamos dejar de extraer el 58 por ciento del petróleo que queda, el 59 por ciento del gas y el 90 por ciento del carbón. Lo que pasa es que esos recursos pertenecen a empresas, por lo que hace falta una negociación para compensarlas, algo que no se ha abordado. De manera más coloquial: “Llevamos treinta años mareando la perdiz” en unas cumbres del clima que tienen, como dice Federico Aguilera Klink, una “función ceremonial”. La única vez que se planteó algo similar lo hizo Ecuador, que estaba dispuesto a no extraer petróleo si se le compensaba por ello. La comunidad internacional no respondió. Tan solo se cubrió el cinco por ciento del fondo de compensación previsto.

Prosiguió Carpintero que cuando hablamos de cambio climático estamos abordando un debate sobre la igualdad. Ahora, el 1 por ciento de los países que más emiten son responsables del 17 por ciento de las emisiones totales y el 10 por ciento de los países emite más del 30. En el otro lado, la mitad de la población mundial es responsable solo del 12 por ciento de las emisiones. En España deberíamos reducir el 90 por ciento de nuestras emisiones brutas, quedarnos solo con la cifra de las que hoy genera Andalucía. Eso supone “una transformación muy importante”.

La segunda parte de la conferencia de Carpintero, se centró en los escenarios posibles de la transición. Hay dos tipos de soluciones. El primero es acudir a las soluciones convencionales, como las del “pacto verde” o el “crecimiento verde”, que plantean que siga creciendo la actividad económica y el consumo pero, en lugar de con combustibles fósiles, mediante energías renovables. ¿Es factible sustituir toda la energía fósil por energía renovable? De momento, las renovables solo abarcan una cuarta parte de las necesidades energéticas y se centran principalmente en la electricidad.

“Llegamos 30 o 40 años tarde para esta sustitución”. Hay otra limitación: los costes ambientales. Con la lógica de la expansión, no se asumen los límites y “se peca de optimismo tecnológico, cuando la tecnología nunca ha sido un buen aliado ecológico”. No se tiene en cuenta que para instalar ahora y renovar después estas energías renovables, hace falta un gran consumo de energías fósiles y de materiales. Es la conocida como “trampa de la energía”. Si sustituyéramos todos los coches actuales que hay en el mundo, unos 1.400 millones, por coches eléctricos, acabaríamos con todas las reservas de aluminio, cobre, cobalto, magnesio o níquel solo para los vehículos, sin poder emplearlos en otros usos. En ese escenario, España debería dedicar toda su capacidad eléctrica solo para cargar los coches: “Cuando se hacen estas cuentas elementales, la burbuja explota”.

Millones de coches duermen en la calle en nuestro país. Para poder recargar esos coches durante la noche haría falta poner un poste eléctrico cada cinco metros de acera aproximadamente. Si fueran postes de 22KW, como los que quiere instalar el gobierno en las gasolineras, en ciento veinticinco metros de calle habría que tender un cableado junto con los postes para poder suministrar más de un megavatio (MW) de potencia. Una ciudad como Madrid, con más de mil kilómetros de calles, necesitaría cableados, subestaciones eléctricas y sistemas de control para disponer de unos 8GW de potencia (es decir, como todas las centrales nucleares de España). Si extrapolamos estos datos para el resto de España, estaríamos hablando de más de 100GW (igual que la capacidad eléctrica máxima de España). (Antonio Turiel, 2020, en Petrocalipsis, p. 145)

El segundo tipo de soluciones son las basadas en el decrecimiento o el post crecimiento, que no son sencillas pero “al menos miran el problema a la cara”. Carpintero dejó claro que es una propuesta que se hace a los países ricos, no a los países que aún no cubren sus necesidades. Para llegar a este este escenario es necesario hacer políticas de prevención del empleo y de reparto del trabajo, una reforma fiscal y del sistema financiero profunda y llevar a cabo una macroeconomía ecológica porque el PIB no es un buen objetivo ya que no tiene relación con el bienestar. Hace falta medir la economía de otra manera.

Carpintero recordó la “teoría de la rosquilla”, de la economista inglesa Kate Raworth, según la cual hay que buscar un espacio seguro y justo, tanto desde el punto de vista ecológico como social, que tenga en cuenta los límites ecológicos y el suelo social. Actualmente, ningún país entra dentro de estos parámetros. En el año 2050, para estar dentro de los límites de esa rosquilla, el consumo energético debería estar entre 13 y 18 gigajulios por habitante, y ahora está entre 5 y 200. En España está cerca de 100. Sería necesario un descenso en los niveles de consumo del 60 por ciento cuando va a haber un 30 por ciento más de población.

Como consideraciones finales, Carpintero señaló que “la distancia entre lo que tendríamos que hacer y lo que parece probable políticamente es muy grande”. También dijo que es muy improbable que asistamos a una transición tranquila y que puede haber un colapso, que no sería “de un día para otro”. Si se dirige la acción hacia un escenario de post crecimiento, que es un escenario a contracorriente, habrá que gestionar los conflictos. Acabó la conferencia solicitando no perder nunca la perspectiva global, poner el foco en la investigación, asumir la naturaleza humana y evitar la ilusión del optimismo tecnológico. “La solución óptima es minimizar los remordimientos futuros”.

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Remedios Zafra: «La tecnología no ha conseguido el objetivo de darnos más tiempo para nosotros»

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“Para una toma de conciencia planetaria necesitas escuchar a gente que vea con claridad lo que pasa”. Por eso dice Remedos Zafra, escritora y ensayista, que César Manrique forma parte de su vida en estos últimos años, gracias a las enseñanzas de amigos más jóvenes.

Hace años que Zafra reflexiona sobre el tiempo, el trabajo creativo o la deshumanización tecnológica. Lo ha hecho en su último libro, ‘El informe. Trabajo intelectual y tristeza burocrática’ (Anagrama) y lo hizo en la conferencia ‘Razones para una escritura rebelde’, que impartió en la sala José Saramago el 9 de mayo, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’.

En ese libro habla de la transformación de los trabajos creativos o intelectuales dentro de este “mundo acelerado que habitamos” dominado ya por el tecnocapitalismo en el que hasta el tiempo de descanso debe ser organizado por tareas, en el que el tiempo “limpio” se convierte en tiempo “enlatado”. Se preguntó al inicio si no deberíamos repensar lo que llamamos vida para no irnos con la sensación de que “casi toda nuestra vida trabajamos y ya está”, que el tiempo se va.  

Como “metáfora de la vida contemporánea” expuso una obra de la artista Marta Azparren que refleja una rutina, una imagen que materializa la cadencia del bucle porque representa los movimientos de los trabajadores de una fábrica, que son casi los mismos movimientos. “Desde que nuestros trabajos están mediados por máquinas, se favorecen ciertas inercias”, señaló, “pero lo que no se ha logrado es un mundo más igualitario”. La tecnología, la mediación por pantallas, en realidad no ha conseguido el objetivo de “darnos más tiempo para nosotros”.

Zafra recordó a Simone Weil, que defendía que una organización social es buena si avanza hacia la igualdad y mala si lo hace hacia la desigualdad, pero es odiosa si favorece los comportamientos estancos. También recordó a César Manrique por la importancia que tiene “enseñar a ver”, encontrar en un rayo, un extrañamiento que nos perturba, una revelación que permite romper el bucle. “Si los libros que leemos no nos perturban, para qué los leemos”, decía Kafka. Y sin embargo los trabajos creativos se están transformando hacia la rutina.  

Esa perturbación o esa escritura rebelde nos permite decir sí y no a la vez. No a la deshumanización tecnológica, al esfuerzo por crear apariencia, al desafecto por tareas que no tienen que ver con su propósito como investigar, enseñar o crear. Y sí al tiempo propio, a los cuidados o al planeta.

Hay al menos tres razones para esa escritura rebelde. La primera es que la cultura está en lo que es difícil de narrar, lo inefable. Propone hablar de la práctica creativa desde la libertad y la motivación, no olvidar cuál es el objetivo por el que hacemos las cosas, recordar el amor por hacer las cosas con valor, su verdadero sentido. A diferencia del trabajo creativo, con muchos otros trabajos solo se logra el placer con el resoplido final. Zafra ha recogido testimonios de creadores porque es importante narrar cómo hacen lo que hacen y no solo el resultado. Esos testimonios revelan prácticas como pagar con visibilidad de su obra, la presión de agradar o la competición constante.

La segunda es que la transformación tecnológica está motivada por fuerzas monetarias. El mundo cada vez más mediado por pantallas “nos hace olvidar los cambios sobre los que se asienta la transformación digital”, que provoca la conversión del sujeto en un producto, que impulsa la precariedad de la apariencia frente al sentido, que no favorece la profundización y en el que hemos aceptado que lo más visto es lo más valioso. “Si no hay tiempo para pensar no se puede profundizar ni generar pensamiento crítico”.

En ese mundo se ha producido un giro antropológico en el que lo privado ya se ha convertido en público y estamos bajo escrutinio permanente. La profesión se eclipsa por la búsqueda de audiencia, el artista se convierte en una marca, se paga con visibilidad, se fusiona el tiempo de vida y de trabajo, se falsea la promesa de mayor disponibilidad de tiempo y las tareas más mecánicas no las hacen las máquinas, sino los trabajadores más precarios. Se ha pasado de una generación educada en la penalización del descanso a llenar los tiempos limpios con actividades bajo paquetes turísticos. En lugar de terror el vacío, hay terror al vago, al que intenta no hacer nada.

La tercera es la crisis ecosocial planetaria. Si la vida se convierte en un concurso, los compañeros son rivales. Zafra expone el vínculo necesario entre cultura y comunidad frente a esta crisis: la cultura como costura comunitaria. Cambiar esa sumisión “implica vernos entre nosotros”. La sororidad y los cuidados aparecen como ejemplos para ese reto, dadas las similitudes entre el patriarcado y el tecnocapitalismo. Ambos hacen a los sujetos responsables de su subordinación, autoexplotación, rivalidad o aislamiento. En lugar del capital afectivo como pago aparece el capital simbólico. “No se trata de resignarnos a tener un rato de descanso y volver a lo mismo, sino de renegociar los tiempos y que el planeta no sea un lugar de producción sino de cuidados”. Salvar un concepto de la vida. “Se trata de mirar al futuro”, tener conciencia crítica y construir una alternativa limpia, basada en la calidad de la vida porque, aludió a las palabras de César Manrique “el futuro nunca está conseguido”.

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Joaquín Araújo: «Renunciar al petróleo no provocaría un colapso, porque el colapso ya lo ha provocado este modelo energético»

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El problema del petróleo en Canarias es “crucial y urgente” porque supone “plantearse si debemos seguir por la vía de la trampa con nosotros mismos o entregarnos más a los designios de los devoradores que lo saquean todo”. Así comenzó Joaquín Araújo su conferencia ‘Hacia la transparencia. Canarias sin prospecciones: un nuevo modelo energético’, dentro del espacio de reflexión Fronteras y direcciones del progreso. Para el naturalista, que inauguró las actividades de la Fundación César Manrique (FCM) este año, al igual que ya lo hiciera en 2007, la FCM se alinea en la pelea más importante del momento, la de la transparencia. “Devorados los elementos básicos de la economía, descuartizado el territorio, comprometido de forma irracional el porvenir, el último asalto es hacia las ciudadelas de la inteligencia”, dijo Araújo, que considera que lo que le ocurre al aire no se puede desligar de lo que ocurre a lo social, lo político o lo cultural porque “la contaminación del aire es vírica y se contagia a los espíritus”. La transparencia, para él, es más que básica, porque es la primera materia prima de casi todo lo que importa. “No hay un solo proceso esencial para la vida que no tenga como primer manantial la transparencia”, señaló. Y al igual que la transparencia es materia prima, también lo es la comprensión, para la comunicación, que está amenazada de una opacidad creciente.

Por lo tanto, no se puede comprender sin partir de la transparencia, mientras que su carencia, “el encadenamiento de mentiras”, es precisamente el punto de partida de la crisis, que ha puesto en el filo de la navaja al proyecto de una civilización entera. “La transgresión de las normas —según Araújo— es lo que nos lleva a esta situación” y de forma paralela “no le pasa nada distinto al medio ambiente de lo que sucede a su sociedad y su modelo energético”. Para definir a ese modelo recurrió a María Zambrano, que afirmaba que “toda exacerbación acaba por negar lo que pretendía afirmar”, porque “a fuerza de buscar la comodidad y la velocidad hemos llegado a esta situación. Nuestro modelo energético es bulímico, es un insaciable consumidor de muchísima más energía de la necesaria y eso se ha considerado imprescindible”. Según el naturalista, se puede hacer lo mismo consumiendo un cincuenta por ciento menos de energía. No haberlo logrado supone también un fracaso de la tecnología, por no haber alcanzado a imitar la eficiencia de la Naturaleza, que consigue mucho con muy poco. Las máquinas consiguen una eficiencia energética del diez por ciento, las personas del sesenta y la mayoría de los animales del ochenta. El mosquitero musical, un pájaro de siete gramos de peso, es 30.000 veces más eficiente que los cohetes que propulsan naves al espacio. 

Frente a estas materias primas, “algunos convierten la mentira en su materia prima” y dicen que “está bien destruir la transparencia porque es rentable”. Según Araújo, para comenzar a contemplar las cosas con transparencia no se puede argumentar permanentemente que la renuncia al petróleo provocaría un colapso, porque el colapso ya está provocado por este modelo energético “y es demostrable científicamente”. Araújo se preguntó cuánto dinero se habría ahorrado Japón si hubiera cerrado su última central nuclear hace un año y no ahora, y trasladó esa misma lógica a las prospecciones en Canarias, advirtiendo de que ante un accidente de segundo o tercer orden, ya hay que poner en la contabilidad cuánto se merma de lo esencial, de las comunidades vivientes. Dijo que aunque el petróleo haya traído beneficios indiscutibles, desde el punto de vista de la economía ecológica, no ha obtenido beneficios. “Sólo con restar las vidas humanas que este modelo energético se ha llevado por delante ya no salen las cuentas”, subrayó el conferenciante, que cree que apostar por no erradicar este modelo energético ya nos puede estar costando mucho, y puso varios ejemplos. El primero, el del economista Nicholas Stern, que trabajó para el Banco Mundial y el Gobierno británico y concluyó en un informe en el que informaba que si no dedicamos el uno por ciento del Producto Interior Bruto al cambio de modelo energético, en treinta años el cambio climático hará que merme entre el quince y el veinte por ciento la economía mundial. El segundo: en la década de los setenta las compañías de seguros pagaron 40.000 millones de euros por catástrofes relacionadas con el petróleo mientras que en la primera década del Siglo XXI esa cifra llega hasta los 740.000. Y el tercer ejemplo: España pagó a la Unión Europea el año pasado 1.600 millones de euros por incumplir con la contaminación atmosférica. Araújo insistió en que “lo que le hacemos a la atmósfera genera una deuda económica directa con la sociedad”. En la historia de la industria petrolera ha habido 2.500 accidentes, 200 de ellos graves y 20 han sido catástrofes “y nos dicen que es seguro, como nos dicen que son seguros el sistema financiero y las centrales nucleares”.

Para Araújo, este modelo energético también es injusto y perverso porque los que no contraen deudas con la Naturaleza también son deudores: el noventa por ciento de las catástrofes ocurre en países pobres, que son los que menos contaminan, además del daño social y político, ya que la estrategia bélica de Estados Unidos está basada en el control del petróleo. Por eso aboga por una radicalidad necesaria: elegir entre el alfa y el omega, porque en unos cuarenta años el clima no podrá soportar la contaminación, “y el clima es la ubre de todo lo que palpita en este mundo”. “No podemos vivir sin clima pero podemos vivir sin petróleo”.

Para terminar, este naturalista y escritor recordó que el modelo energético está basado en la ocultación y es una forma más de atentar contra la transparencia. Frente a esto señaló que “pelear por la transparencia de aguas y aires es igual que pedir más democracia y más visibilidad en las decisiones” y que necesitamos otra materia prima fundamental, que es la de la convivencia. Aseguró que planta cada año mil árboles “porque son fábricas de transparencia —que es la búsqueda hallada de la lucidez— porque es sensato y no se pueden agotar”. “El mejor descubrimiento que he hecho en la ética —señaló — es la palabra honesto, traducida del chino al español, que es ‘el que se alegra al contemplar el agua limpia’. No hay honestidad en este mundo si no lo somos con la transparencia del aire y el agua”.

Emilio Ontiveros: Si lo que queremos es salvar la unión monetaria hay que dejar al margen nacionalismos económicos y asumir un presupuesto común

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El presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi), Emilio Ontiveros, inauguró las actividades de la Fundación César Manrique del año 2011 con la conferencia Recuperación y modernización económica en España, dentro del ciclo ‘Fronteras y direcciones del progreso’. Ontiveros comenzó con un elogio a la labor de la Fundación César Manrique, de la que dijo que “ayuda a vertebrar el país” y que es “una referencia en España y fuera de ella de lo que una institución civil puede hacer para mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos”.

Ontiveros analizó las causas y la situación de la crisis en el mundo, en Europa y en España y trazó los fundamentos de lo que podría ser la modernización de la economía española. Aseguró que “lo peor de la crisis en las economías avanzadas ya ha pasado” y la situó como la segunda en importancia después la Gran Depresión tras el crash bursátil de 1929. Desde la Segunda Guerra Mundial nunca se había entrado en recesión. La singularidad de esta crisis se manifiesta, entre otras razones, por el número de empresas que está expulsando el mercado, por el número y tipos de economías afectadas y porque “nunca una crisis fue tan selectiva con los ricos”. De hecho, Ontiveros aseguró que los llamados países emergentes como China, India o Brasil, se han beneficiado de la situación.

Las 32 economías más avanzadas del mundo entraron en recesión. “Lo nunca visto”. Tampoco se había visto nunca una crisis que tuviera su epicentro en Wall Street. Más cosas nunca vistas: el alto nivel de desempleo y las terapias aplicadas, que han aportado unos niveles bajísimos del tipo de interés. Recurrió a una anécdota que le sucedió al Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, a quien un alumno le preguntó qué pasaría si los tipos de interés estuvieran a cero y hubiera que seguir estimulando la economía: “Suban las sacas de dólares a los helicópteros y láncenlos”, fue la repuesta. “Pues eso es lo que están haciendo los bancos centrales, poner mucha liquidez en manos de los bancos”, dijo Ontiveros. Estados Unidos puso en circulación muchos dólares a pesar del riesgo de que cayera su valor, como así ocurrió, y sin embargo, su economía está creciendo.

Explicó cómo los gobiernos, incluido el de Estados Unidos, han puesto dinero del contribuyente para socorrer a los bancos por sus malas prácticas, y ahora, lógicamente hay más deuda pública, y al anticipar todo ese dinero público, “que se devolverá”, los gobiernos tienen menos margen de maniobra para manejar la deuda. El profesor de la Universidad Autónoma de Madrid también aseguró que los bancos optaron por contraer la financiación y que ahora, hasta que no haya una normalización en la actividad interbancaria mayorista, no llegará la recuperación. Por otra parte, la economía mundial ya está creciendo al cuatro por ciento, pero con desigualdad. Mientras los países emergentes crecen al 6,5 por ciento, otros crecen al dos por ciento, y este hecho va a tener implicaciones en la distribución del poder mundial.

En Europa, la crisis se caracteriza por la contracción del Producto Interior Bruto, la elevada tasa de paro y una alta tasa de mortalidad empresarial. “El mayor coste de la crisis en Europa —señaló Ontiveros— es el zarandeo a las instituciones europeas”, ya que es la primera vez que se cuestiona el euro, que es la principal realización de la integración europea. El profesor considera que lo que ha puesto la crisis de manifiesto es la necesidad de fortalecer las instituciones europeas, y sólo hay dos opciones: la fragmentación o el fortalecimiento y aceleración de la integración, es decir, llegar a gobernar la región económicamente, lo que supondría hacer cesiones de soberanía por parte de los países. “Si lo que queremos es salvar la unión monetaria hay que dejar al margen nacionalismos económicos y asumir un presupuesto común”. España, en ese caso, como el resto de los países, tendría que someter su presupuesto a Bruselas.

 
ESPAÑA

El autor de España en contraste. Crecimiento económico, comenzó analizando la situación de España por el peso específico de su sector inmobiliario, que es un sector tecnológicamente poco cualificado, lo que la hizo más vulnerable a la economía. A esto se sumaba el gran endeudamiento privado, incluida la deuda interbancaria. Lo que falló, según explicó Ontiveros, fue el eslabón interbancario. Se cerraron los mercados financieros y comenzaron los problemas para devolver los préstamos. Al depender de un sólo sector aumentó el paro, lo que dificultó aún más la devolución del crédito. “Nunca como hasta ahora son más convergentes los intereses de los bancos y los de los parados”, afirmó, ya que si no se presta dinero no crecerá el empleo.

En España no hay una excesiva deuda pública pero el exceso de la privada puede acabar por convertirla en pública ya que el Estado se ve obligado a gastar más. En todo caso, desde el mes de mayo de 2010, según Ontiveros, el Gobierno ya no tiene una política presupuestaria propia, desde que fue advertido que si quería alcanzar la estabilidad de la deuda pública debía reducir el nivel de gasto y subir algunos impuestos indirectos. “No cabe esperar más estímulos de las autoridades”, aseguró, así que “para la recuperación sólo cabe confiar en el sector exterior”, e hizo especial hincapié en el “bendito turismo” porque “por fortuna”, clientes como Alemania están creciendo más y es posible que esa renta la empleen en hacer turismo. “En eso hay que confiar”, señaló, aunque advirtió que no será suficiente para asentar la recuperación española ya que hace falta una inflexión en la tasa de paro “y esto al menos hasta el año 2012 no lo veremos”. España, en todo caso, no volverá a crecer por encima del 2,5 por ciento en muchos años, dijo Ontiveros, aunque matizó que probablemente “el crecimiento será menor pero será mejor”.

Para finalizar, Ontiveros habló de la posible modernización de la economía española. “Basta con que la tracción de la economía sea más homogénea”, para lo cual hay dos itinerarios: emplear a mucha gente o hacer las cosas bien, con una mayor productividad, “que no es sacarle el jugo al trabajador”. Habló de la importancia de rodear al trabajador de las mejores herramientas pero también de la necesidad de mejorar el capital humano y el capital tecnológico. Respecto a las infraestructuras dijo que “tenemos el país alicatado hasta el techo”, mientras que el capital humano es mejorable. También señaló la necesidad de mejorar el gobierno de las organizaciones y la figura del emprendedor. “Lo peor de esta crisis es que cercena la capacidad para emprender”, porque hay empresas que podrían ser viables y que sin embargo, no tienen acceso a crédito, y sin crédito no se puede innovar.

Por último destacó la importancia de ligar el crédito a las universidades. En España no hay fondos de capital riesgo arraigados en las universidades mientras que en Estados Unidos todas las grandes empresas de los últimos años han nacido con fondos de capital riesgo, incluida Microsoft. Es más, el sesenta por ciento de las empresas de Silicon Valley crece en las universidades y las financian personas y entidades privadas. Concluyó con una visón optimista porque en España “hemos mejorado a las personas y vemos gente con inquietud próxima a la asunción de riesgos, además de una mejor sociedad civil”.

La conferencia terminó con un turno de preguntas en el que el conferenciante se refirió al proceso de concentración de las cajas de ahorro; la diferencia entre los sistemas de financiación de Europa y Estados Unidos; el papel de los mercados en la crisis; la confianza del resto de países en la salud económica de España; la incapacidad de los dos grandes partidos para llegar a puntos de acuerdo para salir de la crisis o la necesidad de especializar el producto turístico en Canarias, para vender menos pero más caro, apostar por la calidad en vez de por la cantidad y en la viabilidad de hacer compatible la sostenibilidad y el bienestar con la eficiencia de las estructuras productivas turísticas.

Víctor Gómez Pin. Contra la barbarie: la filosofía educadora de la humanidad

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“Voy a hacer apología de la filosofía”. Así comenzó Víctor Gómez Pin la conferencia titulada Contra la barbarie: la filosofía educadora de la humanidad, que ofreció en la Sala José Saramago de Arrecife el 19 de marzo, con la que la FCM inauguró su programa de actividades de 2009, y que puede verse desde el archivo de emisiones en www.tv.fcmanrique.org

 

“Es difícil convencer a la gente de que los filósofos hablan de cosas que conciernen a todos, y si hiciéramos una encuesta”, introdujo Gómez Pin, “y preguntáramos a la gente qué es un filósofo, la respuesta seguramente sería esta: una persona que se ocupa de asuntos que no interesan a nadie (o sólo a ellos mismos) y lo hacen además con una terminología oscura que no se entiende”. Una idea que es injusta, a juicio del conferenciante, pero que a veces ha sido provocada por los propios filósofos.

 

Gómez Pin dedicó buena parte de su reflexión al filósofo griego Aristóteles, el primer biólogo y físico de la Historia, que redactó la Constitución de Atenas, recolectó proverbios, hizo tratados de Lógica, de Cosmología… y de Metafísica. “Las primeras quince líneas de la Metafísica aristotélica explican qué diferencia al hombre del resto de animales: todos los humanos desean / aspiran / necesitan, por su propia condición y naturaleza, la lucidez”, afirmó el profesor Gómez Pin, quien añadió que “una sociedad que no permite alcanzar esa lucidez está mutilando nuestra propia condición. Nuestros genes exigen lucidez, y donde no hay lucidez, hay síntoma, eso lo sabe cualquier psiquiatra”. Para el conferenciante, “el hombre, además, a diferencia del resto del mundo animal, es el único al que le gusta saber por saber, al margen de sus necesidades de subsistencia; nos gustan los sentidos por ellos mismos; lo que nos gusta no es tanto adecuarnos a la vida, sino contemplarla”.

 

Ahondando en las características que definen al hombre como tal, Gómez Pin señaló la capacidad de raciocinio y el uso de la técnica como los dos elementos fundamentales que nos diferencian de los animales. Una capacidad de raciocinio que, según el filósofo y escritor, “hace que nos relacionemos con el mundo a través de conceptos e ideas, con las que hacemos juicios y nos hace, por tanto, seres de juicio”.

 

Otra de las características singularizadoras y específicas del ser humano es el lenguaje. Para el conferenciante, “mientras el resto de animales tienen códigos de señales, el hombre convirtió el instrumento del lenguaje en un fin en sí mismo”, lo que llevó al filósofo a afirmar que “quien instrumentaliza la palabra pierde su dignidad como hombre”, y que “un poeta es alguien que renuncia a usar la palabra como instrumento y se pone al servicio de la palabra”.

 

Para finalizar su intervención, Gómez Pin señaló que “barbarie es no luchar por las condiciones necesarias para que toda la humanidad pueda realizarse encontrando la lucidez; y la libertad y la fertilidad del espíritu humano está por encima de todas las prioridades”.

Victor Gómez Pin es catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde enseña Teoría del Conocimiento e Introducción al Pensamiento matemático. Desde muy joven se trasladó a la Sorbona de Paris donde alcanzó el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Tras años de docencia en universidades francesas se incorporó a la Universidad del País Vasco de cuyo Departamento de Filosofía fue el primer director.

Victor Gómez Pin es Cordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas ediciones desde hace 16 años han merecido el patrocinio de la UNESCO.

Autor de casi una treintena de libros, ha obtenido entre otros los Premios Anagrama de Ensayo y Espasa de Ensayo. Entre sus obras destacan El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Su último libro publicado es Filosofía: Interrogaciones que a todos conciernen, en 2008.

Daniel Innerarity. Un mundo desincronizado

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Daniel Innerarity participó en el espacio de reflexión "Fronteras y direcciones del progreso" el 30 de octubre de 2008.

Primero Daniel Innerarity marcó los tiempos de su conferencia ‘Un mundo desincronizado’. Tres partes, tres tiempos. Se propuso (y lo consiguió) explicar por qué las guerras actuales son conflictos de tiempo y ya no de espacio. Después explicó por qué en la sociedad hay muchos tiempos diversos y finalmente expuso su concepto de cronopolítica: cómo entender la política como una gestión de los tiempos.

“Todos sabemos que quien manda es quien controla el tiempo”, comenzó Innerarity, que lanzó preguntas al público: ¿quién controla el tiempo?, ¿cuál es la velocidad correcta? Su hipótesis es que los conflictos actuales, desde los domésticos a la geopolítica, son conflictos de tiempo. “En geopolítica antes se ocupaba espacio y ahora lo interesante es hacerse con el tiempo”. “La cronopolítica es más interesante que la geoestrategia”.

“En el fondo luchamos por quitar el tiempo a otros”, según Innerarity que considera que la manera moderna de exclusión es acelerar los procesos sociales, que imponiendo velocidades se crean fronteras. Según el filósofo, hay que volver a la idea del marginado, que es una idea espacial, como el retrasado. El marginado vive hoy en otro tiempo. ¿Y cuáles son las dos instancias que tratan de imponer sus tiempos al resto? La economía financiera y los medios de comunicación.

Los sistemas más rápidos imponen su tiempo

Así llegó a la segunda parte, al segundo tiempo de la conferencia, la explicación de la policronía actual: cómo personas que viven en el mismo espacio, lo hacen en tiempos distintos. “Hay tantas velocidades que no hay una instancia  natural de las cosas”, señaló. Cada uno de nosotros reivindicamos nuestro ritmo. Existen, a la vez, los tiempos de las personas y los tiempos de los grupos.  Y hay choques. Hay lógicas temporales antagónicas y hay, por supuesto, lógicas temporales que pretenden imponerse sobre el resto.

Ese choque es especialmente importante entre los subsistemas sociales: la Economía, el Derecho, la Religión, la Política, los medios de comunicación… “Todos tienen tiempos muy diversos y chocan continuamente”. En esos choques, en esa “guerra desigual”, los sistemas más débiles, los más lentos, ven cómo los más rápidos les imponen su tiempo. Entre los más rápidos están—insistió Innerarity— la economía financiera y los medios de comunicación y entre los más débiles está la ecología (el tiempo de reposición natural es muy lento comparado con el tiempo del consumo), el Derecho (muy lento frente a los avances tecnológicos) o la política que necesita de la deliberación, de la búsqueda de razones.

“Se ha pensado que los progresos se armonizaban y el progreso se ha astillado: hay muchos avances en unos subsistemas y en otros no”. Dos ejemplos: la Unión Europea, de la que se pensó que el mercado único llevaría a una unión política, y China, que avanza hacia el capitalismo pero no hacia los Derechos Humanos. Y una desincronización clara respecto a las fuentes de energía: “hay ciclos naturales de regeneración que no están a la altura de la capacidad de uso de esos ciclos”. La velocidad de consumo es enorme.

La política debe democratizar el tiempo

Y llegó el tercer tiempo. ¿Cómo pensar un tiempo democrático? Esta es la función principal de la política, según Innerarity: democratizar el tiempo. Hay dos supuestos de la democracia moderna que hoy ya no son válidos: el concepto de la unidad del tiempo histórico y la compatibilidad entre el tiempo político y el tiempo social. “Nadie pensó que fueran incompatibles”.

La articulación del debate en torno al pasado, presente y futuro y la dicotomía entre conservador y progresista “hoy ya no está tan clara”. Es un anacronismo. “Ser progresista o conservador hoy significa poco”. Es más: “un reaccionario no es alguien que quiera conservar algo del pasado, es lo contrario”. “Un reaccionario destruye el futuro a través de la aceleración en nombre del futuro”. Como ejemplo, la batalla electoral entre Royal y Sarkozy: la izquierda es la del ritmo lento y la derecha la del ritmo rápido. “La lógica de la izquierda hoy es conservacionista”, mientras que los conservadores están a favor de la aceleración.

Y aquí señaló que “la aceleración dificulta y debilita la capacidad de deliberación y decisión del sistema político”. O dicho de otro modo: “La dinámica de la aceleración de la sociedad es una amenaza para la política porque dificulta la autodeterminación democrática”. Ese énfasis en agilizar las decisiones puede acabar siendo una coartada para tomar decisiones sin trámites democráticos. Así pues, la sociedad se va despolitizando. “Hoy el problema—señaló Innerarity—no es gobernar bien o mal, es gobernar. “El 90% de lo que hace un político es gestionar la reparación de los daños: la política es melancólica”. Llegamos a una democracia despolitizada en la que algunos pretenden que la política sea un anacronismo. Así que el desafío se traduce en cómo defender la democracia defendiendo las propiedades temporales de la democracia, cómo defenderse frente a los tiempos de la economía financiera y los medios de comunicación.

Innerarity, que miró varias veces su reloj, aseguró durante la conferencia que el tiempo de atención que una persona puede dedicar a escuchar a otra no suele pasar los cincuenta minutos. El ponente habló y contestó a las preguntas del público durante más de una hora y media. 

José María Ridao. Inmigración y Estado de Derecho

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La soluciones para evitar que continúe el fenómeno inmigratorio tal y lo conocemos se deben tomar en el terreno económico. La primera pasa por liberalizar el comercio internacional, principalmente el agrícola y la segunda por hacer que salga a la superficie toda la economía sumergida que bucea en el sector de la construcción y en los servicios.

Al menos son las que da el ex diplomático y escritor José María Ridao, que participó el 21 de junio de 2007 en el Foro ‘Fronteras y direcciones del progreso’ en la Fundación César Manrique con la conferencia ‘Inmigración y Estado de Derecho’. Ridao, que de hecho prefiere llamar a la inmigración “ajuste del mercado laboral internacional”, mucho antes de las soluciones, esbozadas en el coloquio tras la charla, basó su discurso en el análisis de las causas y las consecuencias futuras.

Para explicar este fenómeno prefiere poner el foco en los países desarrollados antes que en los países de los que vienen los inmigrantes. Estos sufren la misma situación desde hace varias décadas, bajo dictaduras o en guerra. Por lo tanto eso no explica por qué el fenómeno se multiplica. “El cálculo que hacen es que siempre encontrarán un empleo más rentable que en su país”, señala Ridao. Esto es así tanto si llegan de manera legal como ilegal. Y la reacción de los países ricos ha consistido en abordar este asunto desde planteamientos ideológicos y no económicos. “Si no se pretenden tomar medidas económicas, el terreno de juego para abordar la inmigración acaba siendo el Estado de Derecho”. Con los peligros que eso conlleva. Resumiéndolo mucho, si se altera el Estado de Derecho para hacer frente a este fenómeno se altera el principio de la igualdad ante la Ley. Las leyes de extranjería, por ejemplo, “que son leyes de excepción”: no se aplican a todas las personas de un territorio sino que lo hacen en función de las condiciones personales de los individuos. De manera sencilla: los españoles, en democracia, sólo podemos estar libres o privados de libertad con mandato judicial. Los inmigrantes sin papeles pueden estar cuarenta días “retenidos” y pueden ser deportados, incluso a un país que no es el suyo. Se les obliga a sobrevivir en la economía sumergida y si se les sorprende se les castiga. “Es como querer acabar con la esclavitud persiguiendo al esclavo y no al esclavista”, según Ridao. “Por querer tratarlo desde el Estado de Derecho y no desde la Economía estamos haciendo que nuestras sociedades cada vez sean más de carácter identitario”.

En el dibujo del proceso que comienza a caminar cuando cae el Muro de Berlín y que desemboca en la situación actual, el escritor y articulista traza tres causas que aquí sólo se perfilan: la consideración como sinónimos de desregulación y liberalización (“la libertad no surge de la ausencia de normas sino en el seno de normas buenas”), el “adelgazamiento” del Estado (se confunde sector público con las instituciones básicas del Estado). Aquí hay que señalar que, como dijo Ridao, “el volumen de recursos del sector público no decrece sino que se aplican de manera distinta”. Lo que iba, por ejemplo, a sanidad o a educación hoy se destina a seguridad o al Ejército. Es el proceso hacia un “Estado penal”. Además se da la paradoja de que mientras parece que el Estado nacional está condenado a su fin, se multiplican el número de Estados. Y la tercera: desaparece la regulación de los flujos financieros internacionales y se liberaliza la industria pero no la agricultura, que es donde pueden competir los países pobres.

Ridao habló de manera extensa sobre el problema cultural que se plantea con la llegad de los inmigrantes. Resaltó en primer lugar la pérdida progresiva de la noción de cultura ilustrada, que se define en contraposición a la ignorancia, en favor de la cultura romántica, que estima como cultura”toda manifestación cotidiana de los individuos”. En este caso, la cultura no se opone a la ignorancia sino a otra cultura. De este punto de vista, en el mejor de los casos, se plantea la “integración del inmigrante”. El problema es definir en qué se integra ese inmigrante. “No vale con cumplir la Ley, hay que aceptar los valores (que nadie sabe lo que son ) de esa sociedad”. Ridao puso el ejemplo de Sarkozy y su deriva identitaria que le lleva a querer obligar a todos los inmigrantes a conocer los valores y la lengua francesa. “Es una iniciativa peligrosa: si se fijan normativamente los valores de Francia puede pasar que se deje fuera a muchos franceses”. Se crean ciudadanos de primera y de segunda categoría, se conforman nuevas castas internacionales cuando se habla de inmigrantes de segunda o tercera generación, que resulta que no han emigrado nunca.

Finalmente dio dos puntos de vista para abordar este fenómeno desde los gobiernos de los países ricos: si lo que quieren  es solventar la contratación ilegal de trabajadores deben poner el énfasis en las inspecciones de trabajo y en avanzar en terminar con la economía sumergida. Si, por el contrario, lo que quieren es solventar la contratación de trabajadores ilegales, que pongan el énfasis en más policía, más seguridad y más controles.

José María Ridao nació en Madrid en 1961 y es licenciado en filología árabe y en derecho. En 1987 ingresó en la carrera diplomática, que lo llevó a ejercer en Angola, la Unión Soviética, Guinea Ecuatorial y Francia. En el año 2000 decidió abandonarla para dedicarse exclusivamente a la reflexión y la literatura. En sus ensayos cuestiona los moldes de pensamiento establecidos por la historiografía tradicional. Ha incursionado también en la novelística. Es autor de la novela Agosto en el Paraíso (1998) y del libro de relatos Excusas para el doctor Huarte (1999). Ha recogido sus artículos periodísticos en el volumen La desilusión permanente (2000).