«César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo»

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Eduardo Prieto, doctor arquitecto internacional, impartió el jueves 27 de noviembre, la conferencia titulada “El futuro del pasado. César Manrique y la arquitectura popular” en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique. Comenzó describiendo a César Manrique como una figura “paradójica” de la arquitectura popular ya que, según el ponente, a través de su libro Lanzarote. Arquitectura inédita tuvo el empeño de “documentar una arquitectura a la cual no se había prestado demasiada atención” y utilizarla como un modo de construir “cierta modernidad, la utopía, el futuro”. En este sentido, Prieto habló de la doble mirada de César sobre la arquitectura popular: la de quien conoce su entorno y la de quien lo redescubre después de haber viajado. Su estancia en Nueva York y su contacto con las vanguardias son fundamentales, consideró. A César le interesa “ese valor intemporal de la arquitectura popular y el modo en que esa arquitectura se inserta en el paisaje”. En España es pionero en ese tipo de trabajo, afirmó el arquitecto.

Para revelar el secreto de la relación de Manrique con la arquitectura popular, Prieto se remontó a otros ejemplos, a otras islas que ayudan al artista a anticipar ideas, conceptos y visiones. La primera es Capri, la síntesis de lo mediterráneo que atrajo tanto a Goethe, como a Schinkel o a Herder, porque se trata de una arquitectura que habla de cierto modo de vida más sencillo y en contacto con la naturaleza. “En parte, la modernidad arquitectónica se inventa a través del descubrimiento de la arquitectura popular”, señaló. La segunda isla es Ibiza, que va a ser para los españoles lo que Capri para los europeos y también seduce a Walter Benjamin, Le Corbusier o Walter Gropius, el fundador de la Bauhaus. Volviendo a Lanzarote, Prieto destacó que, para César, la belleza es clave.

Prieto explicó cómo César Manrique construye la mirada sobre lo que es Lanzarote y, a su vez, esa mirada le construye a él mismo. En la obra del artista —matizó—planea una dicotomía complementaria: la arquitectura como elemento que construye el territorio y al mismo tiempo es construida por ese territorio. A juicio del conferenciante, el libro, publicado en 1974, se puede leer también como un manifiesto incluso retroactivo de lo que se había hecho antes en la Isla, y encierra una mirada “que va a convertir la arquitectura en expresión de algo más”, una expresión social, etnográfica, de las costumbres. Le interesa esta arquitectura no tanto como un registro del pasado, sino como una proyección hacia el futuro, una arquitectura moderna pero anclada en la tradición, además de una mirada sobre la esencia de Lanzarote, manifestó.

Durante la conferencia, Prieto afirmó que Lanzarote. Arquitectura inédita “no es simplemente un trabajo etnográfico, sino un trabajo propositivo”, y destacó dos posibles precedentes: el libro El genio nativo en la arquitectura anónima de Norteamérica, de Sibyl Moholy-Nagy y, sobre todo, la exposición «Arquitectura sin arquitectos», que se inauguró en 1964 en el MoMA, comisariada por Bernard Rudofsky y que incluía una foto de La Geria. Esas miradas e influencias van a confluir en la manera en que César Manrique trabaja una arquitectura social, con base etnográfica, de vanguardia y ligada al contexto peculiar de Lanzarote. Cuando se plantea esta arquitectura, en España hay arquitectos que están pensando de manera parecida, como Alejandro de la Sota, Miguel Fisac, Coderch o Fernández del Amo.

A César Manrique “no le interesa la arquitectura popular como una receta, aunque luego se haya convertido en una receta en el caso de Lanzarote”, indicó Eduardo Prieto para luego explicar que “le interesa, fundamentalmente, como un material que puede ser reprogramado en clave moderna para hacer un arte distinto, y también de manera social” porque no la construye un individuo, sino la sociedad en su conjunto. “En realidad —señaló Prieto—, para el artista, la arquitectura popular no es solamente un documento para hacer la Lanzarote que él pensaba y su futuro, no es solo un pegamento social con el cual todo el mundo se puede reconocer o una herramienta para construir un estilo nuevo, una arquitectura moderna, sino que es la materia a la cual se le puede dar forma para construir lo propio”. Lanzarote. Arquitectura inédita cumple todas estas funciones, pero, además, “se tiene que entender por el personaje que lo ideó, lo concibió y que utilizó el libro como un programa utópico”, concluyó Prieto.

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Esquirol: «El ser humano, como hondura abierta profunda, traspasada por lo que le acontece»

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El filósofo Josep María Esquirol expuso el 23 de octubre de 2025, en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique, su pensamiento antropológico filosófico —basado en la comprensión de lo humano— con la intención de acercar al público a la “situación humana fundamental” o lo que se ha llamado también la condición humana.

“El pensamiento es una manera de procurar responder a lo que ocurre en la sociedad”, comenzó señalando Esquirol. Siempre ha habido y hay mucha violencia, y su intención de fondo es “responder a esta violencia que filosóficamente se vincula con lo que se llama el nihilismo”. Cuando prevalece el nihilismo emerge el dominio de la fuerza, explicó. Por eso, su vocación filosófica es “un intento de hacer frente a este nihilismo”. En otras palabras, de hallar las raíces de lo que tiene sentido.

Aunque definir lo humano no es posible, porque solo se define aquello que se domina, sí nos podemos aproximar, declaró el pensador. Se ha definido al ser humano tradicionalmente como el que tiene capacidad racional, o como animal técnico, capaz de transformar la situación radicalmente o, como manifestaba Nietzsche: aquel animal al que le es lícito hacer promesas. “El mañana es impredecible. Cuando una persona promete algo a otra es porque dice algo como: vaya como vaya el mañana, yo estaré. La presencia ya es una promesa”. El ejemplo más claro es una madre, que para una hija es una promesa.

En todas estas definiciones el énfasis está puesto en el poder y Esquirol quiere encontrar una manera de caracterizar al ser humano que no siga esa línea. A partir del ejemplo de la madre y la hija se preguntó de dónde surge este poder de prometer. Y la respuesta es que la madre promete porque está profundamente afectada por la hija. “Si esto es así, significa que el humano puede quedar profundamente afectado por algo”.

A esta posibilidad de quedar afectado se le puede llamar de formas distintas: apertura, sensibilidad, vulnerabilidad o aceptabilidad, incluso pasividad. Todas indican la porosidad del ser humano. El ser humano está tan abierto que puede quedar muy profundamente tocado. De ahí que Esquirol eligiese como título para su conferencia “El ser humano como hondura abierta”, porque esa apertura es al mismo tiempo una hondura que va de la piel al corazón.

La dicotomía entre interior y exterior en el ser humano no termina de funcionar para caracterizar al ser humano, “en cambio si hablamos de una hondura abierta, no hay interior y exterior, es una hondura que viene caracterizada precisamente porque está traspasada por lo que le acontece”, matizó. “Una manera de caracterizar esta hondura es a través de lo que podríamos llamar el sentir”, dijo el filósofo. El sentir se ha ampliado tanto que resuena, como si se plegara sobre sí mismo. Es decir, vivir es sentirse viviendo, encontrarse, que es en realidad la definición de la vida humana y del yo.

En este sentido, Esquirol expuso cómo el ser humano está afectado por cuatro experiencias fundamentales: el sentir, que es una autoafectación; el tú, la experiencia del mundo y la experiencia de la muerte. Sentirse se expresa como claridad y calidez. Sentirse, estar dándose cuenta, es estar en una especie de claridad que es al mismo tiempo calidez. El intelecto o la razón serían categorías relacionadas con la claridad, pero el sentimiento, emoción o afecto serían relativos a la calidez. La claridad y la calidez son aspectos de la misma cosa ya que una inteligencia sin calidez es como algo arbitrario. Como pista: en todas las narraciones en donde sale un sabio, siempre es alguien amable.

El humano está tan abierto, la apertura de su sentir está tan abierta, que lo que le acontece, lo que le afecta, incluso es infinito. Le afecta la nada de la muerte. Desde que se siente el aguijón de la finitud, en edades muy tempranas, todo cambia. Esta afectación es determinante. ¿Cómo es que el humano está afectado por la nada siendo la nada infinita?, se cuestionó Esquirol. “Porque la apertura es infinita”, sentenció.

Respecto a la infinitud del tú, la relación con alguien es realmente la relación con todo, pues el otro se presenta como una infinitud. El filósofo aseguró que, “en cierto modo, cada uno de nosotros podría describir su vida como una serie de encuentros fundamentales con el tú, la biografía de una persona es la biografía de sus encuentros”. Y queda la experiencia fundamental del mundo, que es el horizonte de todos los horizontes. La infinitud del mundo, aquello que realmente nos toca en el mundo, es el hecho de ser, de que las cosas son. En el ser de las cosas hay una infinitud, igual que en la nada.

Así, prosiguió el conferenciante, el ser humano es una hondura abierta traspasada por infinitos, afectada por experiencias fundamentales. Es una hondura abierta y excedida. Nos pasan y nos traspasan, añadió. El humano se encuentra con una situación en la que debe hacer frente a esto que le pasa, está traspasado por infinitudes y debe responder. Responder, no superar, “que eso es para la autoayuda”. Las infinitudes que nos traspasan jamás se superan, “en el mejor de los casos, nos enfrentamos y respondemos a ellas”. No es una huida, es ir poco a poco haciendo frente. Poder ir respondiendo es la salud. Hay una especie de salud espiritual que es al mismo tiempo salud mental. Cuando se produce una situación mórbida o patológica es cuando el humano es incapaz de responder a lo que profundamente le ocurre. Por esta dificultad de responder se pide ayuda, “y todos nos ayudamos unos a otros a responder”.

El ser humano está excedido por lo infinito y despliega, por este motivo, un anhelo infinito, que se traduce al mismo tiempo como un empeño, un esfuerzo por ir juntando las cosas buenas del día a día. “Hay un anhelo infinito y un anhelo que se proyecta en el día a día, siempre hacia adelante, que no es una huida del presente, sino la posibilidad de que haya presente”.

“Para que haya presente, lo que hacemos los humanos es responder de modo que haya un día tras otro, una palabra tras otra…”. “Cuando se produce un encuentro, ¿qué esperas? Un reencuentro”. “Sin duda este es un buen encuentro. Me gustaría que hubiera un reencuentro”, finalizó. 

Mas información: Nota de prensa

Romero: «Los bancales, un legado que debemos conservar»

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En 2019, se celebró en Canarias el IV Congreso mundial de la asociación ITLA (Asociación Internacional de Estudiosos de Terrazas), “Territorios de terrazas y bancales: Re-encantar bancales”. Para aquella ocasión, la geógrafa Lidia E. Romero le encargó a su amigo, el verseador Yeray Rodríguez, que compusiera unos versos sobre los bancales, un texto que tituló Asombros, esfuerzo y metáfora, con cuya grabación comenzó la conferencia titulada “Paisajes de bancales: herencia viva y retos de futuro”, impartida por Romero el 9 de octubre en la sala José Saramago de la Fundación César Manrique.

Los bancales son el resultado de la intervención humana sobre vertientes y/o cauces para construir superficies llanas donde antes no las había con el fin de cultivar alimentos, principalmente. En ocasiones, se hacen con muros de piedra seca y hay quien los llama los “paisajes del hambre”, aunque esta definición no incluye la realidad de todos ellos. Romero señaló que, para hacernos una idea sobre la importancia de los bancales en Canarias, la cantidad de piedra seca que hay en La Gomera tiene el mismo volumen en metros cuadrados que las treinta principales pirámides de Egipto.

Los bancales también son sistemas socioecológicos complejos. Tienen una relación directa entre la sociedad y el territorio. Hay una tipología amplia, con muchos tipos de terrazas y variadas denominaciones: bancales de bolsillo, cadenas, nateros, traveseros, etc. Existe una gran cantidad de términos en todo el mundo, y en Canarias hay hasta 13 nombres diferentes, a los que se suman muchas otras formas de designarlos en cada isla. En cuanto a su antigüedad y dispersión, existen varios focos, no un único origen, pero se remontan a 3.000 años antes de Cristo en algunos lugares, mientras que en Europa, en Italia y Creta, se han llegado a datar en más de 4.000 años.

Estos sistemas presentan muchos beneficios. El primero es el aprovisionamiento de alimentos, pero también sirven para regular el agua, de muchas maneras diferentes. Son antierosivos, tienen una función geomorfológica, retienen el suelo y, además, sirven como cortafuegos contra los incendios. Tienen una inercia, que hace que, aunque estén abandonados, sigan sirviendo como contenedores de suelo. Los muros, por otra parte, son auténticos jardines verticales, reservorios de biodiversidad y llevan a cabo servicios ecosistémicos de resiliencia.

Por otro lado, también tienen funciones culturales, son retazos de historia. Para componerlos hace falta tener un gran conocimiento del territorio. También son fuentes de inspiración para artistas, como escritores poetas, pintores o escultores. Son un patrimonio de todos, un legado, y “tenemos la obligación de conservarlos”, señaló Romero.

Son paisajes culturales, algunos aún vivos, en uso, y otros no. Unos pocos, son sitios históricos, monumentos o patrimonio inmaterial. En Canarias los hay en todas las islas, al menos “el arte y el oficio de los muros de piedra seca”, aunque no se hayan declarado Bien de Interés Cultural. Existen 119 paisajes culturales en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, de los que el 27 por ciento esconde algún tipo de bancales. La mayoría de ellos están en Europa y se encuentran incluidos dentro de la red de Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). De estos, una cuarta parte son aterrazados.

Las terrazas o bancales poseen valores estéticos, turísticos, culturales y están muy amenazados por el abandono, por la erosión y por otros usos, como la ganadería. También están “olvidados o ninguneados”. “En la cartografía, los bancales están invisibilizados”, señaló Romero. En Lanzarote se pueden considerar bancales, en algunos casos, a los enarenados, el jable o las gavias, además de los nateros o los paredones. Así como a las viñas contenidas en los cráteres de volcanes. De 24 edificios volcánicos que hay en La Geria, en nueve de ellos hay “bancales de bolsillo”.

Romero explicó que existe una gran cantidad de estudios sobre los bancales en Lanzarote, Gran Canaria y La Gomera, y hay propuestas de futuro para realizar proyectos de todo tipo en torno a ellos Son muchos los retos de futuro, matizó. A juicio de la geógrafa, la reconversión de estos paisajes se podría orientar hacia la agricultura regenerativa con soluciones basadas en la naturaleza que sean “naturales y sostenibles”, o como retenedores de suelo o para adaptarse al cambio climático como sumideros de carbono. También se pueden destinar para el ecoturismo, que es “una determinada actitud frente al territorio” y para acercar, en definitiva, a la gente al mundo rural: hacer rutas, huertos urbanos y otro tipo de propuestas, con usos terapéuticos, de formación, de reunión, para hacer ferias, estrategias didácticas, etc., o iniciativas como “adopta un bancal”. Para Romero, “se puede hacer ciencia ciudadana o conciencia ciudadana”. La ciudadanía puede protegerlos recopilando datos o proponiendo proyectos para los bancales.

Más información: Nota de prensa 

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Antonio Valero: «Estamos esclavizando a la naturaleza porque se deja, pero hay que gestionarla»

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En 1987, Antonio Valero, catedrático emérito de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Zaragoza, viajó a Estados Unidos a visitar a Nicolás Georgescu-Roegen, “el mejor economista ecológico que ha existido”, según sus palabras. Pionero en integrar la termodinámica en la economía, Georgescu defendía que la escasez de los recursos establece el límite a la supervivencia de la humanidad, ya que el reciclaje nunca puede ser completo pues todos los recursos naturales se degradan irreversiblemente y, por lo tanto, acabarán agotándose en algún momento. Con esta premisa, Antonio Valero dio comienzo a su conferencia titulada: “La irreversibilidad como valor natural de las materias primas. En busca de la sombra física de la economía”, impartida en la sala José Saramago el jueves 18 de septiembre de 2025.

Partiendo del concepto de que la economía se basa en la escasez, Valero pronosticó: “La Naturaleza se va a poner cara”. A su juicio, nos encaminamos a un futuro colapso inevitable. La cuestión es saber cuándo. Un paso para conocerlo sería “combinar la termodinámica con la economía”. El ingeniero explicó cómo aunque la energía no se cree ni se destruya, sí que cambia de calidad, es decir, se degrada. Igual que nosotros nos mantenemos gracias a que consumimos recursos, pero vamos a morir, al planeta le pasa lo mismo, que se degrada poco a poco y “estamos acelerando esa degradación”.

Para contener esa inevitable degradación, lo que se puede hacer, a juicio del ponente, es gestionar los recursos biológicos y geológicos del planeta. Aquí entraría en juego la termodinámica, matizó, ya que cuantificaría la escasez, que se puede medir por parte de la Física, no por parte de la Economía. La primera idea para relacionar lo físico con lo económico es la exergía; la energía máxima de un sistema que se puede transformar en trabajo útil. La energía eléctrica, por ejemplo, tiene mucha exergía. Una mina, un río, un glaciar, también… Es una herramienta que nos permite valorar físicamente las cosas, no solo económicamente. La degradación de la energía la podemos llamar irreversibilidad así que, si medimos la exergía, estaremos midiendo la irreversibilidad de las cosas. Se convierte en algo cuantificable y se mide en kilovatios hora. Lo que es positivo para la economía es negativo para la física, matizó.

En este sentido, Valero habló de un trabajo que publicó en 1986 sobre la idea del coste energético en cuanto a la cantidad de energía que necesitamos para hacer cualquier cosa. Esa herramienta de coste tiene sentido con respecto a la economía, indicó. ¿Cuánta cantidad de energía o de exergía necesitamos para obtener recursos o materias primas? ¿Qué impacto generamos sobre el planeta? Si lo cuantificamos, tendríamos el coste para cada materia prima y sabríamos el coste para la naturaleza expresado en kWh. Es decir, lograríamos conocer el impacto integral sobre la naturaleza. ¿Qué podríamos hacer con estos costes físicos? Podríamos eliminar irreversibilidades o retrasar la degradación, señaló el catedrático emérito.

Valero considera que la sociedad valora más la eficacia —acabar algo en tiempo corto—, que la eficiencia —aprovechar al máximo los recursos utilizados—, y plantea reevaluar lo que consideramos progreso. A su juicio, habría que vivir más tranquilo, sin gastar tantos recursos y puso el siguiente ejemplo práctico: solamente duplicando la vida útil de los ordenadores y de los móviles que hay en España, habría electricidad para diez años en los hogares de la ciudad de Zaragoza.

Junto a José Manuel Naredo, Valero acuñó el término “la regla del notario”. En este sentido, explicó que, desde el punto de vista económico, el notario obtiene un gran beneficio de la construcción de una casa sin hacer apenas esfuerzo. Sin embargo, el coste de los materiales y de los recursos es mucho mayor para el planeta, mientras que en economía es la parte más barata en términos unitarios. Respecto a los minerales, cuantos más sacamos, más energía necesitamos para extraerlos. Ahora los minerales son más baratos, pero cuanto más avancemos en su extracción, se irán encareciendo. “Todas las materias primas del planeta van a subir de precio”, afirmó, y los recursos que primero se van a gastar en el planeta son los suelos fértiles, ya que los estamos degradando.

En una fábrica, una parte del beneficio va destinado a amortizar la maquinaria, pero ¿quién amortiza la naturaleza?, ¿cuándo consideraremos el fin de la esclavitud de la naturaleza?, se preguntó. Las renovables, por otra parte, son mejores que las energías fósiles, pero “no son tan renovables” porque también producen CO2. Además, los teléfonos móviles tienen 31 elementos químicos y duran tres años. Son imposibles de reciclar. Y los coches eléctricos tienen 55. “Somos una sociedad de usar y tirar”, sentenció.

La deuda de las personas del planeta es de 300 billones de euros, “lo que nos debemos unos a otros”. ¿Y dónde está ahí la naturaleza? No hay diálogo entre la naturaleza y el ser humano. “Estamos esclavizando a la naturaleza porque se deja, pero hay que gestionarla”. ¿Cuánta naturaleza nos hemos hipotecado de esos 300 billones? Por todo ello, Valero considera que hay que vincular la ética a la economía, porque el PIB no distingue entre procesos beneficiosos o perjudiciales para la naturaleza.

El ponente concluyó su conferencia explicando cómo, junto a un grupo internacional de investigadores, está elaborando una metodología del cálculo de las “mochilas de irreversibilidad” de todas las materias primas. Esto sería útil para dar a la economía una alternativa a través de la termodinámica ya que, en su opinión, “no podemos seguir así o, al menos, debemos saber lo que le ha costado generarlo a la naturaleza”. En último término, Antonio Valero informó sobre la creación de un comité internacional con el objetivo de cambiar la manera de ver la termodinámica e intentar influir en una política que no fomente únicamente el crecimiento económico.

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Teresa Vicente: «El Mar Menor somos todos»

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Teresa Vicente, profesora titular de Filosofía del Derecho, directora de la Cátedra de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza en la Universidad de Murcia y ganadora del Premio Goldman —considerado el Nobel de Medio Ambiente— “por idear, promover y lograr dotar de personalidad jurídica al Mar Menor”, impartió el jueves 19 de junio de 2025, en la Sala José Saramago de la FCM, la conferencia titulada “Justicia ecológica y derechos de la Naturaleza: La Ley 19/2022, de 30 de septiembre, de reconocimiento de personalidad jurídica a la laguna del Mar Menor y su cuenca”.

El acto comenzó con el “himno del Mar Menor” y, seguidamente, Teresa Vicente relató con gran detalle todo el proceso social y legal, que finalmente concluyó con la aprobación de la ley que dota a la laguna y su cuenca de los mismos derechos que tienen las personas y las corporaciones. Desde la creación de un movimiento social sin precedentes en España con la manifestación más grande que ha tenido la Región de Murcia, la recogida de firmas para la aprobación de la Iniciativa Legislativa Popular (un total de 638.800 firmas), hasta alguna anécdota relacionada con el primer juez que citó a declarar al Mar Menor, que se había criado en ese lugar y lo amaba.

El Mar Menor es el primer ecosistema de Europa con derechos propios y eso es “un gran triunfo de la ciudadanía española”, afirmó la jurista. “Cuando el Mar Menor nos dijo que se estaba muriendo, sentimos que algo también se moría con nosotros y, entonces, fuimos a luchar por su vida”, aseguró. El movimiento social se unió con el intelectual y, a partir de ese momento, empezó la lucha política. Para ello elaboraron una ley de solo siete artículos, muy sencilla para que la entendiese todo el mundo, matizó. Esa Ley pasó primero por el Ayuntamiento de Los Alcázares, donde se llevó a pleno a pesar de que había informes técnicos negativos. No obstante, nadie votó en contra “porque era el pueblo el que estaba hablando y esa es la democracia”. Posteriormente, se llevó al Congreso y al Senado en donde fue revisada, pero no se tocó nada de lo sustancial. Finalmente, obtuvo el respaldo del Tribunal Constitucional, “que deja claro que nos podemos defender en cualquier procedimiento legal, pero también frente a la Administración”.

Con respecto a los logros obtenidos desde que entrara en vigor la Ley, el 3 de octubre de 2022, el Mar Menor ha conseguido una tutoría legal integrada por 44 personas, —tiene tres tutores legales, cada uno representa a un comité: científico, de representantes y de guardianes—. Así mismo, la laguna ya tiene su firma, su cuenta bancaria y su NIF, ahora se está intentando conseguir que le otorguen un DNI. Además, el Mar Menor se encuentra personado en varios procedimientos penales y hay jueces que lo han llamado a declarar para que se defienda por los atropellos medioambientales que sufre. Refirió cómo, hace años, todo lo que rodeaba al Mar Menor eran dunas, sin embargo, la laguna y su cuenca comenzaron a degradarse a partir de los años 60 con la construcción masiva y los vertidos de los residuos de la minería, la agricultura y la ganadería intensiva.

Teresa Vicente hizo hincapié en que “el Mar Menor somos todos”, como aparece en el artículo 6 de la Ley, y esto no solo es un cambio jurídico, “sino ontológico”, es decir, “de la manera de entender quién es el ser humano y cuál es su lugar en el mundo”. Valoró la relevancia internacional de esta Ley, que fue reconocida por Naciones Unidas dentro del programa “Armonía con la Naturaleza”. Contó Vicente que les han llamado ya
abogados de Alemania para investigar si en la cuenca del Mar Menor hay agricultura intensiva de empresas alemanas para denunciarlo y juristas de Suiza “que ya le están diciendo a los bancos que no den dinero a empresas que estén explotando esa zona”.

Para finalizar, Teresa Vicente reivindicó un “nuevo modelo de justicia: la justicia ecológica, para darle dignidad a La Tierra, porque sabemos que tiene dignidad y no la hemos respetado, y cuando no se respeta, porque no se ama lo suficiente, hay que dar derechos para mantener ese equilibrio entre el explotado y el explotador”, concluyó. La jurista considera la situación actual se podría revertir, de verdad, si se fijan los derechos de la naturaleza en una declaración universal.

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Jaime Vindel y la «trampa ideológica» de las energías fósiles

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Jaime Vindel, el día 10 de abril de 2025, en la Sala José Saramago, comenzó su conferencia titulada <<Paisaje-petróleo: una historia (anti)fascista del progreso y el crimen>>, intentando responder a la pregunta de por qué la civilización industrial ha recurrido a los combustibles fósiles como energía primaria de las sociedades modernas.

Algunos autores apuntan a que “respondió a motivaciones que excedían los elementos puramente físicos o materiales de las fuentes de energía fósiles”. Entre ellos, Andreas Malm plantea que el carbón no se eligió por ser más eficiente o más barato sino “más adaptable” al nuevo régimen productivo de las ciudades y por su carácter almacenable. Hubo, por tanto, una motivación “sociopolítica”.

Por otra parte, el carbón permitía a la clase obrera mantener cierta influencia por la posibilidad de bloquear el suministro, mientras que el auge del petróleo, que no requiere de tanta mano de obra, va minando esos derechos.

Vindel abordó la dimensión estética y cultural de la energía fósil. Ideas y conceptos como la libertad o la abundancia están muy ligadas a esta industria. “La relación que mantenemos con la energía y particularmente con la energía fósil se encuentra mediada por la producción de toda una serie de imágenes y de narrativas”, señaló.

El conferenciante expuso una serie de imágenes y películas que tienen una mirada pintoresca sobre el paisaje fósil, que naturalizan “una determinada relación con la energía que ha sido funcional al poder industrial, a los poderes económicos y a los políticos hegemónicos”. 

“Esa naturalización por la cual el humo de los combustibles fósiles se confunde con las nubes no deja ser una trampa ideológica, porque en realidad habría habido otros motivos para poder recurrir a otras fuentes de energía para el desarrollo de la modernidad industrial”, aseguró. Las infraestructuras energéticas aparecen en ocasiones como garantes de una paz social frente a los grandes enfrentamientos sociales y políticos.

Se refirió a la “desaparición de las luciérnagas” anunciada por Pier Paolo Passolini, tanto en sentido literal como metafórico, una especie de “genocidio cultural” ante el avance del petróleo como una nueva forma de poder y que además se alineaba en la Italia de los años 60 y 70 con nuevas formas de fascismo. Passolini denunciaba cómo las alianzas entre empresas y entes estatales configuraban un nuevo poder.

Se filmaron en aquellos años una serie de películas que trataban de funcionar como propaganda de  esas empresas y que pretendían que el progreso energético hiciera olvidar el conflicto entre fascismo y antifascismo. En esas películas se incluían elementos costumbristas o populares dentro de una narrativa energética y se intentaban presentar cómo esos recursos aseguraban el bienestar de los italianos.

Vindel expuso el caso de Enrico Mattei, presidente del Ente Nazionale Idrocarburi (ENI) que fue tejiendo unas alianzas con la Unión Soviética o Argelia y terminó siendo víctima de un complot que acabó con su vida. Fue una época turbulenta en Italia en la que crece la extrema derecha, se van conformando nuevas formas de poder económico y político en torno al petróleo y emergen nuevos movimientos sociales. También mencionó el desastre de la planta química de Seveso en 1976, “el Hiroshima italiano”, que dio lugar incluso a un protocolo a nivel europeo para la regulación de la seguridad en esas plantas.

Terminó acercando el asunto a la actualidad, al vínculo “entre el neofascismo fósil y un cierto sadismo social” que está conformando “una suerte de pulsión de muerte que puede ayudar a explicar la aparición de ciertos fenómenos políticos contemporáneos” como el caso de Donald Trump.

En ese sentido, “Petróleo”, el libro póstumo de Passolini relaciona la denuncia de esas nuevas formas de fascismo con el desarrollo de la industria fósil en Italia y el sadismo social. Vindel considera que el vínculo entre el neofascismo fósil y el sadismo social también se encuentra en la base del apoyo a Trump, principalmente por parte de sectores “masculinos blancos heterosexuales en Occidente” (la petromasculinidad), que lo apoyan, incluso siendo conscientes de los daños que puede provocar la quema de combustibles fósiles, “la perpetuación de la ideología fósil” que resulta “ecocida y genocida en un contexto de calentamiento global”. 

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Amancio Prada: «En el arte es importante revivir el momento cuando nacen las cosas»

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El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz ha acompañado a Amancio Prada desde que el músico tenía veinte años. El cantante berciano abrió la programación cultural de la Fundación César Manrique, prevista para 2025, el 13 de marzo en Taro de Tahíche con “El hilo del Cántico”, asegurando que esta era su “primera conferencia”.  

Para explicar el origen de ese Cántico, al que él mismo puso música, recurrió a sus vivencias personales, que comienzan en el otoño de 1969, cuando estaba “arrancando patatas” en la tierra de su tía Manuela, poco antes de coger un tren a París para estudiar sociología y hacer una tesis sobre la agricultura a tiempo parcial en El Bierzo. “En el arte es importante revivir el momento cuando nacen las cosas”, afirmó el compositor.

Llegó a la capital francesa con “cuatro mudas” y cuatro libros, uno de Rosalía de Castro, otro de Lorca y dos de Tagore. Por aquel entonces, Amancio ya tenía experiencia en la música y “una gran afición”. Había debutado con una orquesta con el pasodoble Tengo miedo, torero y había compuesto su primera canción sobre el poema de Lorca La guitarra, que aprovechó para cantar brevemente en mitad de la conferencia. “Siempre me recuerdo cantando”, aseguró. En cualquier caso, no se planteaba hacer canciones “porque quería cantar lo que leía, lo sentía así”.

Durante su estancia en Paris, acabó viviendo en una chambre de bonne en el boulevard “de las malas hierbas” entre su compañero Silicio Félix Pardo, que ocupaba una estancia a un lado y una “francesita”, al otro lado. Ahí está el origen del Cántico. Ella “era tan expansiva cuando hacía el amor… con su novio” que le inspiraba a tocar la guitarra y a cantar, lo que a su vez provocó en Silicio el impulso de regalarle a Amancio el libro Vida y obra de San Juan de la Cruz, para que se dedicara a la lectura. 

“Toda la poesía de San Juan son veinte páginas, ningún poeta llegó tan alto habiendo escrito tan poco”, sentenció el intérprete. Prada fue explicando el Cántico, que tiene “búsqueda, encuentro y consumación”. Cuando llegó al encuentro pensó: “Esto es lo que está pasando aquí al lado”. Y se preguntó: “¿Cómo hay tanto erotismo, tanta sensibilidad?”. El texto del poeta es “un texto de amor humano” ya que “un místico no tiene otras palabras para expresar el amor divino”. Y comenzó a componer el Cántico.

En aquel momento, Prada ya había descubierto a Paco Ibáñez, “que era Dios” y tuvo la suerte de cantar junto a él en un Festival de los pueblos ibéricos en Francia, ante 4.000 personas. Después estrenó una parte del Cántico en el programa de France Culture, Libre Parcours Récital. Iba a cantar junto a María del Mar Bonet pero ella se desmarcó finalmente. “Se lo agradezco porque tomé la decisión de hacer yo las dos voces y eso da unidad a la obra”.

Tras los cinco años que vivió en París, Amancio Prada se trasladó a Segovia porque, según confesó, se había enamorado de la ciudad el verano anterior. Allí encontró un libro de Gerald Brenan sobre San Juan que le ayudó a entender al poeta: “Fui aprendiendo dónde me había metido”. Grabó el Cántico en 1977, en un solo día.

Prada explicó entonces “el grito de angustia original” del poeta para escribir el Cántico, cuando se sintió abandonado por Dios después de que lo raptaran tras su acercamiento a Santa Teresa de Jesús y lo metieran durante nueve meses en una celda minúscula en Toledo, donde le propinaban latigazos, y de donde, finalmente, pudo escapar.

Después de otros cinco años en Segovia, “que es lo que dura el amor eterno”, se fue a Madrid gracias a la invitación de José Luis Gómez para que interpretase el Cántico en el Teatro Español. En ese momento, comenzó a llover en Taro de Tahíche y Prada interrumpió su conferencia para interpretar su canción titulada La lluvia, antes de afrontar el final del hilo, que terminó con el inicio del Cántico, con Prada a la voz y la guitarra.

También contó su encuentro con María Zambrano, a la que le había entusiasmado la grabación. Él no sabía quién era pero le pidió un texto para el programa de mano del teatro y ella se lo envió. Prada se comprometió a cantar para ella cuando volviera a Madrid, y así lo hizo, en casa de la filósofa, el 20 de noviembre de 1984.

Cuando terminó, después de un largo silencio, le dijo: “¿Cómo no te has muerto? ¿Después de esto qué vas a cantar?”. Él contestó que quería seguir cantando y que estaba buscando algo. “Lo encontrarás porque veo sobre tu cabeza una paloma” contestó ella.

Como una premonición, Amancio Prada descubrió poco después los Sonetos del amor oscuro de Lorca, que tienen una influencia indudable de San Juan de la Cruz. Más tarde, el poeta Juan Gil-Albert, que conoció a Lorca, le contó que él había sido el “culpable” de esos versos porque regaló a Lorca una paloma enjaulada.

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Anatxu Zabalbeascoa: «Una acera es la verdadera democracia»

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Una de las ventajas de ser periodista es la de ver el mundo con un gran angular, de lo micro a lo macro. “Por eso acabamos elaborando una idea conectada de las cosas”. Esa visión periodística es la que expuso Anatxu Zabalbeascoa en su conferencia ‘Reconquista y renaturalización del espacio público’, el día 7 de noviembre. Un recorrido apoyado en imágenes sobre “cómo hemos pasado de construir ciudades a destruirlas” que añadió también iniciativas esperanzadoras.

Tras ese cambio destructivo se esconden varios motivos: el fundamental es el económico, la mercantilización del espacio público, pero también la relación con la naturaleza, que antes era algo temible “y después pasó a ser algo de lo que cuidar sin darnos cuenta de que nosotros también somos naturaleza”.

El coche es otro de los grandes problemas. Ha tenido un éxito incontestable y las ciudades se han adaptado a los vehículos, pero en toda ciudad llega un momento en que genera más problemas que soluciones. Y muchas de las cosas que ocurren localmente acaban ocurriendo globalmente.

Otro cambio es el paso de la ciudad informal a la ciudad formal. En España convivían las dos formas, pero la informal se ha ido borrando. “La manera informal de vivir tiene algunas ventajas que nosotros hemos perdido”.

Una consecuencia de hacer que las ciudades sean rentables es lo que pasa con las aceras. ¿Quién las hace? Porque en algunos lugares es un lujo y, sin embargo, “una acera es la verdadera democracia”. Con la misma lógica, se va privatizando el espacio público a pesar de que la calle también es un lugar de encuentro, no solo de conexión. La calle puede ser un lugar de juegos, una extensión de la casa, una escuela… “Con gente, la calle es más segura”, señaló Zabalbeascoa. Pero, en lugar de promover el encuentro, se hacen “ciudades que pinchan”, que colocan mobiliario para evitar que la gente se siente o se tumbe, como en la Puerta del Sol de Madrid. “Se invierte dinero en vallarlo todo”.

Frente a esto, la periodista de ‘El País’ puso ejemplos de intervenciones más humanas, como una acera-calle en el Carmelo (Barcelona) o una intervención relacionada con el patrimonio en Mérida que hace posible su protección y su disfrute.

Zalbeascoa abordó la irrupción de las smart city. “Los periodistas debemos sospechar siempre, pero si ponen el nombre en inglés, ya sospecho más rápido”. Anoté que estuvo indagando durante años  cuáles serían sus grandes ventajas y no encontró muchas relevantes. “La inteligencia, en la ciudad, sería, por ejemplo, que invitara a caminar”.

Comenzó a enumerar situaciones que acaban por modificar la manera de relacionarse entre las personas en una ciudad y la transforman. Una es la gentrificación, que acaba expulsando de un barrio o una ciudad a sus habitantes más antiguos a pesar de ofrecer una aparente mejora. “Si ves una galería de arte en tu barrio, ponte a temblar”. La gentrificación provoca la desaparición de la esencia de las ciudades: la pluralidad. Otra es la densificación, el hecho de crecer en altura, que ahora se cuestiona porque se considera que las ciudades intermedias son las más adecuadas.

La ‘comodificación’ (del inglés commodity) es la conversión de la ciudad, de sus inmuebles, en un bien de inversión: comprar para invertir, no para vivir, lo que altera la ciudad, por los precios y porque muchos lugares quedan vacíos. Zabalbeascoa cuestionó el empeño en construir iconos, cuando no acaban transformando la realidad de la ciudad, sino convirtiéndose tan solo en un símbolo.

La desconexión urbanística-especulativa es otro aspecto recurrente. Apuntó el caso de la urbanización que construyó Paco el ‘Pocero’, en Seseña, en medio de la nada y junto a un vertedero de neumáticos. “La arquitectura y el urbanismo tienen una relación brutal con la corrupción”. Además de este tipo de urbanizaciones, “la lacra del siglo XXI” son los adosados, que sin el coche “no funcionan”.

El urbanismo también está contra el peatón, en muchas ocasiones, pero algunas ciudades han revertido ese idilio con el coche, como Pontevedra, Copenhague, o Broadway, en Nueva York, porque “lo que hace las ciudades son las personas”. También hay actuaciones temporales, proyectos de espacios públicos que humanizan la ciudad, como el proyecto de Santo Domingo Savio en Medellín, las iniciativas del colectivo Boa Mistura pintando la calzada o los parques logrados gracias a la presión vecinal en Barcelona y otras ciudades.

De la misma manera, la aparición de vegetación en medio de las ciudades, la necesidad de combinar naturaleza y ciudad, como el proyecto Madrid Río, un parque de siete kilómetros sobre el soterramiento de la M-30 que ha sido un éxito rotundo. “Se trata de construir a favor de la naturaleza, aunque sean plazos más largos que los plazos políticos, que son de cuatro años”.

La conferenciante, antes de señalar seis puntos que se pueden poner en práctica en todas las ciudades, citó a Baudelaire: “la forma de la ciudad cambia más rápido que el corazón de un mortal”. Esos seis puntos son: asegurar la movilidad (ahí dijo que Lanzarote tiene mucho que mejorar porque se va en coche a todos lados); asegurar la diversidad; legislar y actuar contra la comodificación; restaurar (construir de forma sensible); controlar el turismo y reparar la relación con la naturaleza. Acabó con una frase de la urbanista y activista Jane Jacobs: “Las ciudades pueden proveer algo para cada uno de nosotros simplemente porque son creadas por todos nosotros”.

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Blanca de la Torre: «La cultura tiene la responsabilidad de construir relatos empoderadores para esos otros mundos que queremos habitar»

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Con la conferencia “Futuros habitables, relatos curatoriales y transiciones socioecológicas”, la historiadora del arte Blanca de la Torre quiso hacer entender al público que acudió a la Sala Saramago, el día 10 de octubre, cómo es la práctica curatorial y cómo crea la estructura de sus proyectos con el objetivo de aunar teoría y práctica.

Señaló que, en los últimos años, la práctica discursiva se ha ido alejando de la parte formal, que ella pretende acortar esas distancias y que existe un exceso de imaginarios distópicos, apocalípticos, que generan “un efecto paralizante”. Por eso, considera que el sector cultural, ante el pesimismo climático, tiene la responsabilidad de estimular la acción colectiva y construir relatos empoderadores con otros imaginarios para “esos otros mundos que queremos habitar”. En definitiva, “pensar cómo construimos nuevos modelos para entender el mundo”. De esta manera, comenzó una exposición a través de sus proyectos en el que explicaba, mediante imágenes, algunas de sus metodologías.

El primer proyecto es el más reciente: “Post Naturalis”, que acababa de inaugurar esa misma tarde en El Almacén. Es un proyecto de la artista grancanaria Cristina Déniz que se apropia de la idea de un antiguo Gabinete de curiosidades para proponer “modos más empáticos de relacionarnos con los no humanos”.

El proyecto “Isla” abarca once hectáreas en la localidad madrileña de Robledo de Chavela. Es un espacio de investigación en el que se han propuesto performances o instalaciones y cuyas intervenciones se pueden replicar en museos de otras ciudades, como Madrid o Nueva York.

De la Torre es curadora principal de la XV Bienal de Cuenca (Ecuador) y comisaria jefe de la Bienal 2025 de Helsinki (Finlandia). Dos lugares muy distintos “en las antípodas de la sostenibilidad”. Le interesa repensar el modelo de bienal, huir de aquellas que ofrecen muchos espacios para poder afrontar el reto de la sostenibilidad. Se plantea cómo hacer esas bienales “en tiempos de emergencia ecológica” y traslada las pautas que practica en los museos, a toda la ciudad. Así lo hizo en Cuenca, donde la Bienal pivota sobre tres ejes: el conocimiento ancestral y tradicional, los escenarios futuribles y un ecofeminismo crítico, que a su vez se trasforman en un decálogo de sostenibilidad que incluye, entre otros aspectos, la calidad, el concepto de kilómetro cero para evitar traslados de obras o materiales, un discurso positivo, reducción de huella de carbono, el uso de materiales naturales o la economía circular. La comisaria de arte fue mostrando las distintas intervenciones en esa Bienal.

Otro de sus proyectos es “Overview effect”, en Belgrado. Ese concepto nace del choque cognitivo que sufren los astronautas cuando ven por primera vez La Tierra desde el espacio. La exposición se pregunta si es necesario salir del Planeta para tener esa perspectiva y aborda la comprensión de las complejidades de la justicia ambiental. La segunda parte de este proyecto discurre en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) de Las Palmas de Gran Canaria en una exposición colectiva de setenta artistas en la que se cambia la perspectiva “con los pies en La Tierra”: “Si le damos la vuelta llegamos a las mismas conclusiones”. Señaló De la Torre, que en Belgrado ya había desarrollado pautas de sostenibilidad “muy radicales” que reforzó en Canarias, donde el cien por cien fue producción local y no se hizo ningún traslado de obras o materiales desde fuera de esa isla.

“Fabular un mundo diferente” nace de la propuesta de una exposición itinerante que la comisaria adapta para que cada proyecto esté relacionado con su entorno, con su contexto, partiendo de la premisa de que una exposición “no vale para cualquier sitio”. Así, planteó la muestra como una matriz que se desarrolla en cada ciudad de manera diferente. Las intervenciones tienen una base común pero recogen las características locales, como es el caso, por ejemplo, de ‘Diálogos desde la catástrofe’, que confronta el desastre del Prestige con otra catástrofe ambiental cercana al lugar donde se expone en cada ocasión.

Terminó con otro proyecto, recién inaugurado en Granada, “Hebras y urdimbres”, que explora todas las dimensiones metafóricas en torno a la idea de tejer, una práctica asociada al mundo femenino.

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Óscar Carpintero: «Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas»

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“Desde cualquier perspectiva, si nos remontamos a cincuenta años atrás, ecológicamente estamos peor”. Según Óscar Carpintero, profesor de Economía de la Universidad de Valladolid, es paradójico, porque “ahora sabemos mejor por qué estamos peor” pero sin embargo “cuanto más sabemos, menos hacemos por remediarlo”. El día 27 de junio, en la sala José Saramago, Carpintero impartió la conferencia titulada ‘Límites, transición energética y escenarios postcrecimiento’, dentro del Foro de reflexión ‘Fronteras y direcciones del progreso’. “Si atendemos a las emisiones que se han producido en el periodo en que se han celebrado las últimas cumbres sobre el clima, cuanto más nos preparamos para afrontar el problema, más aumentan las emisiones: Dan ganas de pedir que no haya más cumbres climáticas”, expresó el ponente.

El cambio climático, en el fondo, no es más que una manifestación de los límites. Estamos dentro de una crisis energética, pero también en una crisis de los límites, tanto por el lado de los residuos como por el lado de los recursos. Nos enfrentamos, eso sí, a una novedad histórica. A lo largo de la Historia todas las transiciones se han saldado con un uso de energía mayor, tanto total como per capita. La novedad es que en esta transición la disponibilidad de energía va a ser menor que en el pasado. En 2035 se prevé extraer un tercio del petróleo convencional que se extraía en 2010. Incluso, aunque el petróleo no tuviera un techo, cabría preguntarse si podríamos quemar todo el petróleo que quisiéramos. La respuesta es sencilla: no, porque tenemos el límite del cambio climático.

Carpintero destacó que es esencial hablar de economía cuando nos referimos al cambio climático. La relación entre el Producto Interior Bruto (PIB) y las emisiones es muy estrecha. Es difícil reflexionar sobre el cambio climático sin profundizar en el sistema económico. De esta manera, ¿cuánto tendríamos que reducir las emisiones para no tener que sobrepasar ese aumento de 0,5 grados centígrados de temperatura media en el planeta? Aunque no hiciéramos nada, la inercia nos llevaría ya a ese escenario, pero es que no estamos reduciendo las emisiones, sino que las seguimos incrementando a un ritmo de un seis por ciento anual. Es más, si se cumplieran los planes de reducción de emisiones que han presentado los 168 países, las emisiones aumentarían entre un 19 y un 37 por ciento, porque las reducciones previstas no son totales, sino relativas, por unidad de PIB. Con este escenario, el incremento de la temperatura podría ser de entre 3 y 4 grados.

¿Qué se tendría que haber hecho en la Cumbre de París para que llegáramos a un escenario razonable? ¿Cuánto petróleo deberíamos quemar para cumplir el objetivo? ¿O cuánto deberíamos dejar de quemar para mantener la temperatura por debajo de un aumento de 0,5 grados? Deberíamos dejar de extraer el 58 por ciento del petróleo que queda, el 59 por ciento del gas y el 90 por ciento del carbón. Lo que pasa es que esos recursos pertenecen a empresas, por lo que hace falta una negociación para compensarlas, algo que no se ha abordado. De manera más coloquial: “Llevamos treinta años mareando la perdiz” en unas cumbres del clima que tienen, como dice Federico Aguilera Klink, una “función ceremonial”. La única vez que se planteó algo similar lo hizo Ecuador, que estaba dispuesto a no extraer petróleo si se le compensaba por ello. La comunidad internacional no respondió. Tan solo se cubrió el cinco por ciento del fondo de compensación previsto.

Prosiguió Carpintero que cuando hablamos de cambio climático estamos abordando un debate sobre la igualdad. Ahora, el 1 por ciento de los países que más emiten son responsables del 17 por ciento de las emisiones totales y el 10 por ciento de los países emite más del 30. En el otro lado, la mitad de la población mundial es responsable solo del 12 por ciento de las emisiones. En España deberíamos reducir el 90 por ciento de nuestras emisiones brutas, quedarnos solo con la cifra de las que hoy genera Andalucía. Eso supone “una transformación muy importante”.

La segunda parte de la conferencia de Carpintero, se centró en los escenarios posibles de la transición. Hay dos tipos de soluciones. El primero es acudir a las soluciones convencionales, como las del “pacto verde” o el “crecimiento verde”, que plantean que siga creciendo la actividad económica y el consumo pero, en lugar de con combustibles fósiles, mediante energías renovables. ¿Es factible sustituir toda la energía fósil por energía renovable? De momento, las renovables solo abarcan una cuarta parte de las necesidades energéticas y se centran principalmente en la electricidad.

“Llegamos 30 o 40 años tarde para esta sustitución”. Hay otra limitación: los costes ambientales. Con la lógica de la expansión, no se asumen los límites y “se peca de optimismo tecnológico, cuando la tecnología nunca ha sido un buen aliado ecológico”. No se tiene en cuenta que para instalar ahora y renovar después estas energías renovables, hace falta un gran consumo de energías fósiles y de materiales. Es la conocida como “trampa de la energía”. Si sustituyéramos todos los coches actuales que hay en el mundo, unos 1.400 millones, por coches eléctricos, acabaríamos con todas las reservas de aluminio, cobre, cobalto, magnesio o níquel solo para los vehículos, sin poder emplearlos en otros usos. En ese escenario, España debería dedicar toda su capacidad eléctrica solo para cargar los coches: “Cuando se hacen estas cuentas elementales, la burbuja explota”.

Millones de coches duermen en la calle en nuestro país. Para poder recargar esos coches durante la noche haría falta poner un poste eléctrico cada cinco metros de acera aproximadamente. Si fueran postes de 22KW, como los que quiere instalar el gobierno en las gasolineras, en ciento veinticinco metros de calle habría que tender un cableado junto con los postes para poder suministrar más de un megavatio (MW) de potencia. Una ciudad como Madrid, con más de mil kilómetros de calles, necesitaría cableados, subestaciones eléctricas y sistemas de control para disponer de unos 8GW de potencia (es decir, como todas las centrales nucleares de España). Si extrapolamos estos datos para el resto de España, estaríamos hablando de más de 100GW (igual que la capacidad eléctrica máxima de España). (Antonio Turiel, 2020, en Petrocalipsis, p. 145)

El segundo tipo de soluciones son las basadas en el decrecimiento o el post crecimiento, que no son sencillas pero “al menos miran el problema a la cara”. Carpintero dejó claro que es una propuesta que se hace a los países ricos, no a los países que aún no cubren sus necesidades. Para llegar a este este escenario es necesario hacer políticas de prevención del empleo y de reparto del trabajo, una reforma fiscal y del sistema financiero profunda y llevar a cabo una macroeconomía ecológica porque el PIB no es un buen objetivo ya que no tiene relación con el bienestar. Hace falta medir la economía de otra manera.

Carpintero recordó la “teoría de la rosquilla”, de la economista inglesa Kate Raworth, según la cual hay que buscar un espacio seguro y justo, tanto desde el punto de vista ecológico como social, que tenga en cuenta los límites ecológicos y el suelo social. Actualmente, ningún país entra dentro de estos parámetros. En el año 2050, para estar dentro de los límites de esa rosquilla, el consumo energético debería estar entre 13 y 18 gigajulios por habitante, y ahora está entre 5 y 200. En España está cerca de 100. Sería necesario un descenso en los niveles de consumo del 60 por ciento cuando va a haber un 30 por ciento más de población.

Como consideraciones finales, Carpintero señaló que “la distancia entre lo que tendríamos que hacer y lo que parece probable políticamente es muy grande”. También dijo que es muy improbable que asistamos a una transición tranquila y que puede haber un colapso, que no sería “de un día para otro”. Si se dirige la acción hacia un escenario de post crecimiento, que es un escenario a contracorriente, habrá que gestionar los conflictos. Acabó la conferencia solicitando no perder nunca la perspectiva global, poner el foco en la investigación, asumir la naturaleza humana y evitar la ilusión del optimismo tecnológico. “La solución óptima es minimizar los remordimientos futuros”.

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